He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

domingo, 8 de febrero de 2026

Reseña de "Cronotopos" por Albert Torés en Todoliteratura.es

Muy agradecido a Albert Torés por su espléndida reseña de “Cronotopos” en Todoliteratura.es. El libro, ilustrado por el maestro Antonio Madrigal y publicado en Sevilla por Ediciones Pandora, es el n.º 20 de la colección Relatos del Desertor del Presidio:


<<El humor gráfico, el dibujo y los colores conforman el enfoque multidisciplinar que impregna el pintor Antonio Madrigal a su obra, reflejada en numerosas publicaciones, desde la inolvidable revista La Codorniz, pasando por Diario 16, El País, ABC y un largo listado que confirma su labor incontestable, sincera y honesta. De igual modo, ha colaborado en varias ediciones de Pedro Tabernero. El volumen que nos ocupa hoy, “Cronotopos”, es una magnífica muestra de ello. Su pintura es reconocible, personal y con ciertas resonancias expresionistas y neocubistas. Desde luego, el color es esencial, con tonos fuertes, vibrantes y piden constantemente nuestra atención. Su narrativa visual es para sugerir su interpretación de otro trabajo magistral, como es el relato de Ángel Olgoso, pleno de intensidad e imaginación, como acertadamente señala, Marina Tapia en su introducción. Si atendemos a su bibliografía y al reconocimiento crítico que ha recibido, de inmediato constatamos que estamos ante un narrador de primera dimensión, un auténtico ‘Sir Galahad de la escritura’. En “Cronotopos” percibimos un cuidado estilo literario revestido de lirismo, lo que dota a su relato de mayor equilibrio, emoción y originalidad. El propio autor considera que un escritor verdadero tiene que detenerse o arrancar en la poesía, especialmente porque la belleza estética es consustancial a la literatura. De esta suerte, la palabra, el peso histórico y simbólico de la palabra es el fundamento capital de su arte narrativo. La conciencia lingüística, enfatizada por ese buscar y desentrañar lo bello, marca una poliédrica perspectiva no ya en la variedad lexical, sino también en sus registros, así por ejemplo, los ammonites, talasinoides o belemnites conviven con semáforos, flyers comerciales o elegantes silvuplés; la poesía de Barahona de Soto frente al legendario personaje de Juncal, ‘el jodío fumeque’. Aunque para vicio exuberante, el de Amador Niebla (con nombre y apellido tan lúdicos que cuando capturaron a Ricardo Marcén, solo se fumó 12 cajas de cigarillos). El antes y el ahora, sus límites más débiles y la certeza de la palabra como acto supremo. Entre otras muchas muestras, resaltamos en la página 74: ‘lo que llenó el salón día y noche fueron las sombras y la embriaguez arrulladora de las palabras’.

Todo ello, a resultas de la profundidad de los diálogos de los protagonistas, Ricardo Marcén, ‘el hombre que quizá vio al primer neandertal que levantó la cabeza hacia la noche estrellada’ y Amador Niebla, agente, casi como cazador de recompensas emocionales, que decide contarse la historia a sí mismo para no omitir detalles. La voluntad escritural se fija desde un primer momento.

Las conversaciones filosóficas, interdisciplinares, brillantes sobre tiempo, espacio, presente, pasado, belleza, materia, suceso, vida, luz, percepción, lo antropológico, lo histórico, la transfiguración de real, lo patafísico en definitiva, por buscar una morada natural, pues su interés por la Ciencia de las Soluciones imaginarias que propuso el dramaturgo Alfred Jarry, constituye por sí mismo la trama de un relato extraordinario. Marina Tapia, titula su introducción como ‘Domesticador de relámpagos’ que a todas luces certifica el discurrir escritural de Ángel Olgoso, es decir, la imaginación recorre su camino de visiones y símbolos y el escritor debe saber atraparlo, seducirlo, llevarlo a la página en blanco y, en esa traslación se incrustan dos elementos reveladores: el humor y el compromiso social que impregnan de certeza su autenticidad como escritor. Paralelamente al domesticador de relámpagos, se verifica la participación del escritor como ‘gusano de seda’, que palabra a palabra forma una historia y la transforma en un brote armónico, un nuevo ser si se quiere que reafirma ese humor patafísico, a saber, ‘me esfuerzo de buena gana en pensar cosas en las que pienso que los demás no pensarán’, dice el Príncipe de la Patafísica y genial artista, Boris Vian.

El título del relato, “Cronotopos”, en cierta manera, aplica de manera sobresaliente las propuestas de Batjín sobre las formas en las que la novela establece relaciones entre el tiempo y el espacio en escenarios dialógicos. El núcleo son las tesis y antítesis de los personajes sobre el tiempo y el espacio: El tiempo es una ilusión para que nos ocurran cosas y el espacio para que no ocurran al mismo tiempo, escribe Ángel Olgoso, el tiempo es la distancia entre nuestros recuerdos, sigue escribiendo Ángel Olgoso, el tiempo es un depredador alfa, una magnitud absoluta e irreversible. Con ello, quiere llegar a la relevancia del humor que vuelve a surgir con la idea del tiempo que escapa en el ahora que es lo único certero, ‘una sensación de eternidad que solo puede tenerse si estás pagando una hipoteca’. La simultaneidad se expresa en la imagen del museo que congela momentos de la historia para que ciudadanos del futuro saboreen instantes pretéritos.

Descripciones desde las boticas secretas de libertinos franceses, todos son actos físicos y emocionales, con infinitivos como recetario o programación, destaco ‘espiar al aplicado Covarrubias mientras redacta con su gracia habitual algunas de las etimologías del Tesoro de la lengua castellana’. “La berenjena produce melancolía” no solo refleja las creencias de la época, también el culmen del humor sabio y poético. Las resonancias de Poe, Blake, Diderot, Nabokov, Schalken, MR James y su cuento El grabado”, “El Castillo de la Indolencia", poema alegórico del autor escocés James Thomson, o pinturas de Richard Dadd como “El magistral golpe del leñador mágico" conocida por su detalle obsesivo y su temática fantástica y mitológica, pinturas vivientes ‘el asombro le permite a uno no envejecer, movimiento y cambio permanente de manera inequívoca, variaba la frondosidad de las ramas, salía el sol tras la tormenta’, muestran la gran versatilidad así como derroche imaginativo, la sabiduría por condensar mundos fantásticos, inquietantes y diversos en miniaturas o pocas palabras. Las relaciones entre pintura y poesía han sido suficientemente estudiadas, pero habría que incidir en esas particulares relaciones que definen el estilo de Ángel Olgoso. Un relato espléndido que se ve enriquecido, todavía más si cabe, por su pasión lectora que va dejando semillas. Lectoras y lectores tienen ante los ojos una obra que nos obliga a citar a Juan Rulfo ‘No sé cómo has podido entrar cuando no existe llave para abrir esta puerta’, mientras la destrucción amenaza la hora en que el universo se hará frío y oscuro, y como Cortázar en sus Cronopios, las esperanzas se abrazan entre líneas>>.

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