He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve y de la literatura fantástica.

(Marina Tapia)

jueves, 30 de marzo de 2017

Reseña de Nocturnario en Quimera

Os dejo con la reseña sobre Nocturnario que ha aparecido en la revista Quimera.







AL OESTE DE LOS POEMAS
Elena Gené

Más que un libro, Nocturnario (101 imágenes y 101 escrituras), editado por la editorial Nazarí, es un festín literario en el que textos e imágenes sumergen al lector en un onírico e inquietante universo.
Prologado por José María Merino -artífice junto a Ángel Olgoso de esta joya literaria-, desfilan por sus páginas importantes figuras del panorama literario actual (Fernando Aramburu, Fernando Iwasaki, Andrés Neuman, Gustavo Martín Garzo, Ana Merino, Ana María Shua o Manuel Vilas son algunos de ellos), haciendo del libro una atractiva miscelánea donde logra aflorar lo invisible y en la que la nómina de escritores comparece inspirándose en las imágenes que acompañan sus textos. Imágenes creadas por Ángel Olgoso -escritor de larga trayectoria- y enmarcadas en la tradición surrealista de Gustave Doré o Max Ernst, que en un momento de ayuno literario le ayudaron a dar salida a su faceta creativa.
Además de la originalidad de los collages, sobresale el estilo refinado que acuna las historias y el imaginario fantástico desde el que se invoca a personajes y autores de la literatura universal como Joseph Conrad, Daniel Defoe, James Joyce o William Shakespeare, y desde el que se ofrecen singulares versiones, como un final desechado por el propio Leopoldo Alas Clarín para La Regenta, con íncubo incluido; o una original réplica del personaje fraguado en sueños, del cuento "Las ruinas circulares", de Jorge Luis Borges.
Ciento un textos transidos de misterio y fantasía que, evocando en ocasiones leyendas mitológicas y relatos universales, transcurren en torreones góticos, criptas palaciegas o allá donde lo recóndito e inverosímil se vuelve posible.
Ciento un escritores -entre los que también se incluyen Ángel Olgoso y José María Merino- que nos sumergen magistralmente en atmósferas cenicientas donde se cuelan la muerte, la locura o la enfermedad, en la que "sentimos nuestra existencia como el filo de un cuchillo". Otros textos ofrecen una irónica versión de los males de la sociedad moderna, la condena al tributo de la falsa virtud, o la predilección animal en la dialéctica entre este y el hombre que se cree civilizado sin serlo. La felicidad como espectro, futuros proscritos, estatuas decapitadas, leviatanes y alegorías marinas conviven en este libro junto a hidalgos sagaces y metáforas sirvientes de un escritor que las detesta.
En Nocturnario la literatura está muy presente, no sólo por la evocación constante de pasajes universales, sino por el reflejo de las ventajas o tribulaciones propias del escritor, como por ejemplo la imposibilidad de dejar de serlo. Así, le lector se topará con escritores que deambulan eternos y desafiantes travestidos de animal, o con sus cabezas de poeta suspicaz bajo el brazo. Relatos donde todos los elementos engarzan a la perfección, haciendo un todo inolvidable y perturbador.
En definitiva, imágenes e historias, hipnóticas en fondo y forma, redondean una obra que acaba siendo un alarde de desbordante imaginación en la que se integran con naturalidad diferentes géneros como la poesía, el microrrelato, el cuento o el ensayo.

Un libro exquisitamente editado, cuyos derechos de autor se destinarán a la ONG Médicos sin Fronteras.


domingo, 26 de marzo de 2017

Entrevista en Granada Hoy

A pesar de que Ángel Olgoso ha sido siempre un escritor discreto, casi huidizo, acaba de aparecer en Granada Hoy esta divertida entrevista (selfie incluido) que le ha hecho el periodista y también escritor Andrés Cárdenas, centrada sobre todo en la literatura y en la Patafísica. Y aunque Ángel siempre ha estimado un arte hoy poco cultivado, el de desaparecer, me consta que, al menos en este caso, ha cumplido de buena gana -incluso disfrutado- esos a menudo penosos menesteres que obligan a hablar de uno mismo.






-¿Cómo estás, Ángel?


-Un caballero nunca deprime a sus amigos contándoles sus pejigueras, pero ahora que nadie nos oye te puedo confesar que me siento a la vez indecentemente feliz y trastornado, es decir, lo que sucede después de que pase sobre ti un tornado.

-¿Sabes? Yo también me he apuntado a lo breve. Ahora hago entrevistas por guasap en las que exijo repuestas cortas.

-Es que la esencia tira mucho. Aunque ya hace treinta años que un pajarito me dijo que no hay que confundir la brevedad con la facilidad. Oye, ¿no será ésta una de esas entrevistas?, lo digo porque no tengo Whatsapp…

-A ti no te será difícil contestar sabiendo que eres un maestro del relato breve.

-Que conste que también he escrito relatos de treinta o cuarenta páginas. Esas condenadas etiquetas parece que las pegaran con Loctite.

-Antes que seguir, ¿qué es la Patafisica?

-La cabeza ya no me da como para reincidir en el intento de definirla: tendrás que leer las quince páginas de mi “Aproximación imposible a la Patafísica”.

-¿Cómo se te ocurrió fundar el Institutum Pataphysicum Granatensis?

-Echaba de menos un conciliábulo de gente imaginativa, libérrima, extravagante, ingeniosa, sin obligaciones ni dobleces, que desconfiara del conocimiento aristotélico y se mofara -de una manera vivificante- del saber tradicional. Tardé diez años en decidirme, hasta que Miguel Arnas me dio un empujón.

-Por lo visto a lo que hay que aspirar en la Patafísica es a ser sátrapa trascendente, ¿no?

-En la Ciencia de las Soluciones Imaginarias no hay que aspirar a nada. De hecho, la Patafísica no sólo es una disciplina declarada de inutilidad pública, sino una excepción del mismísimo Universo. Si éste dejara de existir, la Patafísica proseguiría su camino sola e imperturbable.

-Dicen los expertos que también eres un maestro del relato fantástico.

-Siento decepcionarlos: no soy maestro de nada (quizá sólo de nefelibatismo, de andar con la cabeza en las nubes), me gusta pensar que me limito a expresar aquello que quiero decir de la mejor manera posible.

-Hay quien te ha comparado con Borges.

-Sí, con el tito Jorge Luis, con papá Franz (Kafka) y con el abuelo Edgar (Poe): una prueba más de la cercanía del fin de la civilización.

-¿Te consideras un autor de culto?

-Más bien un autor o-culto, más invisible que el Hombre Invisible. Siempre me he justificado diciendo que se puede ser sin ser percibido, pero en el fondo es jodidillo. Preferiría menos culto y más lectores.

-¿Hace falta mucho cuento para andar por la vida?

-Para andar por la vida basta con haber nacido y poseer el usual par de extremidades inferiores. Para sobrevivir a la vida, me temo, hace falta mucho más que cuento.

-¿Nunca te ha apetecido escribir una novela?

-Ni se me ocurriría: comparada conmigo, la Esfinge es una charlatana. Además, no me gusta perder por completo el hilo, ni necesitar un plan de batalla para levantar un texto, y prefiero que la llama creativa arda al rojo vivo.

-¿Te encuentras mejor en la realidad o en la ficción?

-La realidad quizá sea un buen lugar para pasar una temporadita, pero no para quedarse a vivir en él. Aunque según qué circunstancias y compañías, puedes convertirlo en un rinconcillo muy grato. Sin embargo, al fin y al cabo, ¿qué es lo mejor de todo? Aquello que no existe.

-¿Las palabras tienen sabor y olor?

-Obviamente. La literatura es como el cine: en la pantalla la realidad parece más real que ella misma. Bigger Than Life.

-¿Dónde encuentras tú las palabras con sustancia narrativa?

-Con proverbial dificultad en el fondo de mi magín, a la izquierda, segundo estante empezando por arriba.

-¿Estás preparando un nuevo libro?

-Llevo más de tres años ultimando el nuevo libro de relatos, “Devoraluces”, como un horizonte que nunca se alcanza. Pero hace que transcurra el día.

-Has dicho por ahí que escribes con mucha brevedad por cortesía al lector.

-También por eso, pero en realidad sólo escribo bajo las condiciones que me impone cada historia cuando me apunta en la sien con su pistola.

-De estar en twitter tendrías un montón de seguidores.

-Lloro en las noches de invierno lamentándolo. 

-Te he buscado en Facebook y he visto que tienes una página de la que no te ocupas ¿Te llevas mal con las nuevas tecnologías?

-Suele incomodarme caer atrapado en una red y la exposición pública de intimidades. Pese a esto, el amigo e ilustrador argentino Santiago Caruso se empeñó en hacerme una página de Facebook, que descubrí horrorizado a posteriori. Y Marina Tapia, con su primorosa generosidad, acaba de crearme un blog de lo más interesante. Cuando algo se ha tomado la molestia en ocurrir es mejor considerarlo inevitable.

-Cuéntame en dos líneas un cuento que no le hayas contado a nadie.

-Los escritores no entendemos de literatura más de lo que las aves entienden de ornitología.

-Cuéntame una anécdota divertida que haya pasado durante las Reuniones Estacionales del I.P.G.

-Cualquier acto de presencia de Andrés Sopeña o de Gärt. La interpretación a capela, por parte de todos los Sátrapas, del Himno del Regimiento de Camellería Pataphysica. La defenestración de un servidor mediante golpe de estado incruento, mi alivio, y mi resignación al ser repuesto como Rector cinco minutos después.

-¿Qué tengo que hacer para ingresar en el Instituto patafísico?

-Bien fácil: sobornarme con un jamón de 24 meses de curación que lleve como vitola un billete de diez mil agapitercios, moneda patafísica.

-Uno de los libros tuyos que más me gustan es “Almanaque de asombros”.

-Me asombra que te guste y al mismo tiempo no me extraña nada: la mezcla del castellano del siglo XVI de aquella gavilla de rarezas y portentos con las ilustraciones de Claudio resultó, en verdad, deliciosa.

-Una vez fui a la presentación de un libro tuyo y no te presentaste. ¿Es que se te olvidó?

-La invisibilidad es la condición esencial de la elegancia. Y la timidez, de esas cosas que los dioses, en su sabiduría, hicieron pero se olvidaron de decirnos por qué.

-Termina este microrrelato: Cuando desperté…. 

-El Frente de Liberación de Enanos de Jardín todavía estaba allí.


miércoles, 22 de marzo de 2017

La muerte desordena

Os dejo con otra muestra olgosiana, perteneciente en esta ocasión a "Breviario negro", en la que vuelve a demostrarse que lo estremecedor y lo poético pueden convivir literariamente con naturalidad.


LA MUERTE DESORDENA


Victor Delhez


De niños, estudiábamos juntos, comíamos nueces y nos reíamos con ganas. Clara era pequeña, asustadiza. Yo la llamaba Ardilla. En verano íbamos a nadar a la poza. O nos tendíamos en la hierba y mirábamos hacia lo alto picoteado de pájaros. Clara tenía el pelo corto y los calcetines bien tirantes. Yo, un bozo castaño sobre el labio. Clara olía a lápices de colores. Yo iba por ahí haciendo garabatos con su nombre. Lo trazaba con la puntera en la tierra de la plaza. Lo grababa a navajita en los troncos de la alameda. Lo dibujaba en el aire con un ascua del brasero sujeta entre dos palitos. Clara dijo que nos casaríamos. Yo dije que sí con la cabeza. Después de nuestro pacto secreto llovió afuera. Se levantó viento y saltaron chispas en los cables de la cuesta. Esas mismas centellas, blancas de pura maravilla, me calentaron por dentro durante años. Hice la mili. Sólo aplastaba chinches, fregaba platos, miraba los ollares de los caballos echar vaho como chimeneas. Volví al lado de Ardilla. Trabajé en un taller. Luego en la Planta Azucarera. Un día sentí mucho frío, como si me hubieran enterrado de golpe la cara en la nieve. O chapuzado en la poza en invierno. O caído en el tanque de carbonatación de la fábrica. Pareció una chuscada de Amador, mi hermano grande. Si pienso en él, lo único que recuerdo es un abejorreo de risas y coscorrones alrededor mío. Desde el día del frío, el mundo no sabe más a Clara. Tampoco tuve tiempo de hacer la maleta. Ni de devolverle la llave del que sería nuestro piso. Algo me arrojó al otro lado. A un lugar sin polvo en el que nada sucede. Sólo me llegan ecos. Sé que vinieron los vecinos. Que se inclinaron sobre mis padres, achatados en el borde de las sillas de anea del comedor. Y estaban las lágrimas. Gordas como espejos de mano quebrándose sobre el terrazo. Desde el día del frío no he vuelto a ver a Clara. Pero sé que un dolor quiere subirse a ella como quien intenta tomar un tranvía. Un dolor redondo como una nuez y afilado como un lapicero de colores. Ardilla no lo deja entrar. Sé que para Clara aún ocupo el mismo espacio de costumbre. Cree que nadamos juntos, que nos reímos con ganas, que nos tumbamos en la hierba boca arriba. Cree que todavía se sube los calcetines blancos y que yo ando por ahí escribiendo su nombre. Me reclama para partir nueces y besarme tras las tapias del cementerio. Dice que nada nos separará. Que está unida a mí, para siempre, como al hormigueo de una extremidad fantasma.


viernes, 17 de marzo de 2017

Gabinete de maravillas


En el libro ilustrado Gabinete de curiosidades. Mis cuadernos, colecciones y otras obsesiones (Norma Editorial), el cineasta mexicano Guillermo del Toro reproduce la impresionante ilustración que el artista argentino Santiago Caruso realizó expresamente para el relato de Ángel Olgoso Gabinete de maravillas, incluido en Los demonios del lugar. El cuadro es ahora propiedad de este maestro del cine fantástico y cuelga en su mansión de Los Ángeles: la literatura, la pintura y el cine hermanados por medio de tres creadores dueños de un imaginario poderoso e inquietante.







lunes, 13 de marzo de 2017

Reseña de Cuentos de otro mundo

Reseña en cicutadry.


Cuentos de otro mundo. 
Ángel Olgoso: el asombro de lo cotidiano


Publicado por: Jaime Molina


He decir que hasta hace muy poco Ángel Olgoso era un autor completamente desconocido para mí y, como sucede con bastante frecuencia, llegó a mis oídos a través de recomendaciones o, más concretamente, mediante la recomendación de mi amigo Ismael, sobre cuyo gusto y criterio literario tengo confianza sobrada. Así pues, tras apuntarme el nombre del escritor y algunos de sus títulos, me lancé en su busca y el primer libro que encontré en una librería fue este "Cuentos del otro mundo". Creo que no exagero si digo que Olgoso es un autor que deslumbra desde la primera página. El libro en cuestión es una colección inusualmente extensa de cuentos, alrededor de noventa, si no recuerdo mal, normalmente de tamaño bastante corto, siendo algunos de ellos microrrelatos, pero independientemente de su tamaño, aunque tengan solo unas pocas líneas, cada una de las historias que se narran rezuman literatura en estado puro, y están escritas con un estilo muy personal, depurado y formal, con un vocabulario tremendamente preciso y elegante, pero sin que este resulte cargante ni tedioso. Incluso en los textos de formato más corto, recomiendo al lector que no se precipite en la lectura, sino que paladee despacio cada frase, pues el autor juega con el lenguaje de un modo extraordinario, utilizando de forma impecable y con absoluto dominio la sintaxis y el léxico, sin resultar alambicado, pero demostrando un amplio conocimiento y gusto por el idioma, en cierto modo a la manera de aquellos escritores hispanoamericanos que a partir de mediados del siglo XX comenzaron a revolucionar la concepción de la literatura y del uso del lenguaje. Olgoso es, como lo fueron muchos de esos escritores, una especie de experimentador del lenguaje que no solo nos sorprende por su manera de usarlo, sino por su manera de construir historias y desarrollarlas.

Los relatos de este libro están divididos en tres partes, cuyos títulos ya nos anuncian el carácter extraordinario de los relatos con los que vamos a enfrentarnos: “Mundo murciélago”, “Nuevos cuentos del Folio Club” y “Cuentos alrededor de una mesita de té en el vientre de una ballena”. Muchos de los cuentos que se engloban en estas secciones son de un formato muy breve, microrrelatos que ni siquiera llegan a ocupar una página. La temática general de las historias es, como se sugiere a través del título, de índole fantástica. Sin que existan claras reminiscencias a los autores hispanoamericanos que tanto exploraron este género, cada uno de los relatos de Olgoso es como un pequeño bombón con el que conviene deleitarse sin prisas, no solo para disfrutar con su construcción, sino para no perder ni un solo detalle, pues son muchos los que se esconden en cada párrafo y algunos resultan claves para entender el desenlace.

El tratamiento que Ángel Olgoso hace del cuento fantástico es extremadamente personal, y pese a las analogías con la literatura hispanoamericana que antes he mencionado, y aunque en cierta manera el estilo de estos cuentos pueda considerarse deudor de la narrativa fantástica hispanoamericana, sus historias no deben considerarse, para nada, meras imitaciones de cuentistas como, por ejemplo, Borges, Cortázar, Bioy, Arreola, Monterroso, etc. Creo que "Cuentos de otro mundo" tiene poco que ver, desde una perspectiva formal, con las de esos autores, en el sentido de que si, por poner un ejemplo, mientras que Borges se decanta en sus narraciones por temas con un cierto componente erudito, falsas bibliografías, etcétera, Ángel Olgoso parece sentirse más cómodo con asuntos cotidianos, en los que a menudo le gusta introducir un componente humorístico, a veces con matices jocosamente negros. Como creo que dijo el propio Borges en una ocasión, para construir un buen cuento hay que tratar de buscar ese asombro en lo cotidiano ya que es ahí, en esas historias aparentemente triviales, donde precisamente por ese carácter tan insustancial, tan común, resulta más fácil sorprenderse con un giro inesperado. En ese sentido, sí puede afirmarse que Olgoso sigue fielmente el consejo del maestro Borges, y consigue triunfar con cuentos verdaderamente brillantes, deslumbrantes. De hecho, los cuentos de Ángel Olgoso pueden considerarse como ejercicios para despertar la imaginación, huir del tedio de esa normalidad o cotidianidad y sumergir al lector en ese mundo fantástico, nunca bien comprendido y mal apreciado de los relatos cortos. Recomiendo vivamente a todos aquellos lectores que aún no conozcan estas pequeñas joyas literarias que lean los relatos de este singular cuentista. No se arrepentirán.


Con Paolo Remorini y José Luis Gärtner, durante la presentación granadina de "Cuentos de otro mundo" en el salón de plenos del Ayuntamiento de Granada.

viernes, 10 de marzo de 2017

Designaciones


Quizá se podría decir de los relatos de Ángel Olgoso lo que Werner Herzog decía del cine, que tienen estratos de verdad más profundos, que son verdades poéticas, misteriosas, elusivas, y que sólo se pueden alcanzar a través de un trabajo conformado por la imaginación y la estilización. Entre otros muchísimos posibles ejemplos en su obra, sirva el siguiente relato, perteneciente a "Las frutas de la luna":


DESIGNACIONES

Levantó una casa y a ese hecho lo llamó hogar. Se rodeó de prójimos y lo llamó familia. Tejió su tiempo con ausencias y lo llamó trabajo. Llenó su cabeza de proyectos incumplidos y lo llamó costumbre. Bebió el jugo negro de la envidia y lo llamó injusticia. Se sacudió sin miramientos a sus compañeros y lo llamó oportunidad. Mantuvo en suspenso sus afectos y lo llamó dedicación profesional. Se encastilló en los celos y lo llamó amor devoto. Sucumbió a las embestidas del resentimiento y lo llamó escrúpulos. Erigió murallas ante sus hijos y lo llamó defensa propia. Emborronó de vejaciones a su mujer y lo llamó desagravio. Consumió su vida como se calcina un monte y lo llamó dispendio. Se vistió con las galas de la locura y lo llamó soltar amarras. Descargó todos los cartuchos sobre los suyos y lo llamó la mejor de las salidas. Mojó sus dedos en aquella sangre y lo llamó condecoración. Precintó herméticamente el garaje y lo llamó penitencia. Se encerró en el coche encendido y lo llamó ataúd.




lunes, 6 de marzo de 2017

Revista Ínsula: Kafka en España


Ángel Olgoso aparece entre los escritores españoles consultados en el monográfico sobre Kafka que ha publicado la veterana revista Ínsula.


KAFKA Y LA LITERATURA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA.
ENCUESTA A ESCRITORES.
Javier Sánchez Zapatero



-¿Cuál cree que ha sido la principal aportación de Kafka a la literatura contemporánea?

Significó un calado en profundidad en la condición humana. Kafka excavó, minuciosa y pacientemente, sirviéndose de afiladas cucharillas como la lucidez, la sensibilidad extrema o la tradición judía, un túnel aún sin boca de salida, pero iluminado a trechos por fulgores puntuales, lo que explica la textura de pesadilla, de sonambulismo que envuelve el territorio kafkiano. El lector encuentra un mundo prolijamente demarcado, de manera a la vez analítica y onírica, donde todo parece sufrir un proceso de envilecimiento deliberado; un torrente interior de intuiciones racionales y de visiones verbales; una mente al mismo tiempo temerosa y sedienta de amor, sometida a la culpa pero liberada por un humor paradójico. Las páginas de Kafka muestran, sobre todo, extrañeza ante un universo que ya no tiene un sentido superior -ni siquiera un sentido-, a excepción del hombre que, según Camus, es el único ser que exige un sentido. La amnesia aparece también como otra constante en sus textos: todos se han olvidado de quién es el agrimensor que viene en busca del castillo.

-¿Cuál es la obra de Kafka que más le ha marcado, y por qué?

Sus colecciones de textos breves La condena y La muralla china, sencillamente porque fueron mis primeras lecturas de su obra, las que iniciaron el idilio, las que me descubrieron la pureza, la retórica y la imaginación singulares de un ser singular. Luego he sentido especial debilidad por sus Diarios.

-¿Reconoce alguna influencia kafkiana en su obra?

Cuando comencé a leerlo en la adolescencia, Kafka se convirtió de forma instantánea en una especie de hermano mayor: no es que me identificara exactamente con él como lo hice con “mi abuelo” Poe o con el joven Chateaubriand -el romántico avant la lettre de los primeros capítulos de Memorias de ultratumba-, sino que me contagió su manera de representar el mundo, más que de percibirlo. Con el paso de los años, Kafka se fue metamorfoseando en un padre severo, desconcertantemente irónico y de pensamientos trascendentales. El reto estribó entonces en distanciarse de la imponente presencia de un padre al que se teme y se admira más allá de toda medida, mientras intentaba definir un estilo personal. Su influencia ha sido palpable desde los textos primerizos recogidos en Nubes de piedra y en la recopilación de mis quince años iniciales de cultivo del cuento, Los líquenes del sueño, hasta relatos posteriores que traslucen la gramática kafkiana o la homenajean: Anfiteatro, El espanto, Geometría, Una velada (en Los demonios del lugar); Los reconocerás, Los despeñaderos (en Astrolabio). He llegado incluso a escribir narraciones (Carta al hijo, en Breviario negro) en las que me permití el atrevimiento de suplantar a su padre Herman, o al mismísimo Franz (La primera muerte de Kafka, en Los demonios del lugar) aprovechando los huecos dejados por unas fechas que no aparecían consignadas en sus Diarios.



domingo, 5 de marzo de 2017

El baile de los silenos

El baile de los silenos, el blog del profesor y magnífico escritor Antonio Serrano Cueto, se hace eco hoy del nacimiento de este blog. Antonio y Ángel presentaron juntos en la Biblioteca de Andalucía de Granada la interesantísima antología Después de Troya. Microrrelatos hispánicos de tradición clásica (Menoscuarto) el 19 de mayo de 2015. 




Y en su libro París en corto, "un mosaico de relatos donde nada es lo que parece, de los que surge un París insólito, menos conocido para el viajero pero igualmente fascinante, una ciudad inquietante y seductora a partes iguales", Antonio Serrano Cueto incluye el siguiente texto:



EL DUELO

A Ángel Olgoso

Sus padrinos han elegido una parcela umbría del bosque de Vincennes. La hojarasca cubre el suelo en la mañana fijada en el calendario. El Hombre Rebelde, sobrio incluso en lo imprescindible, apenas desayuna. Está algo deprimido y le sudan las manos. En cambio, el Filósofo Marxista toma varios de esos cafés minúsculos que beben los parisinos con excesiva liturgia, acompañado de un croissant con mantequilla, y luego se entrega al placer humeante de su pipa. Poco después dos vehículos se detienen en el límite del bosque y sendos grupos de hombres con semblante grave descienden, consultan sus relojes, caminan hacia el punto de encuentro. Comienza a llover sobre París, o quizá llueva únicamente sobre la arboleda que acoge este trance existencialista. Los padrinos revisan las pistolas, recuerdan las normas elementales del duelo, colocan a los contendientes espalda contra espalda y se retiran de la línea de fuego. Veinte pasos separan las diestras firmes que empuñan las armas. La lluvia contiene la respiración en ese instante supremo.

Mientras fuma después del desayuno, el Filósofo Marxista pagaría cuanto fuese necesario para que aconteciera esa cita lluviosa en el bosque de Vincennes y que el corazón del Hombre Rebelde dejase de latir traspasado por su bala certera. Pero la historia es insobornable y tiene reservada para el Hombre Rebelde otra cita, esta vez mortífera, en una carretera de Villeblerin.

(Antonio Serrano Cueto, París en corto, Valparaíso Ediciones)