He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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domingo, 24 de agosto de 2025

Entrevista en Granada Hoy acerca de "Estigia", por Andrés Cárdenas

El gran Andrés Cárdenas me entrevista en Granada Hoy a propósito de al publicación de "Estigia" (Eolas Ediciones). 



Ángel Olgoso: “La muerte es lo único que le baja los humos a una humanidad arrogante”

El escritor publica ‘Estigia’, el tercer volumen de sus más de 700 relatos escritos en 44 años
Andrés Cárdenas
24 de agosto 2025

Tras abandonar la ficción -unos 700 relatos escritos en 44 años- e ir por otros senderos narrativos más híbridos, el escritor Ángel Olgoso (Cúllar Vega 1961), ha recopilado dichos relatos por temas. Ya han aparecido los dos primeros volúmenes en la editorial Eolas, en su colección Las Puertas de lo Posible. El primero fue ‘Bestiario’, que son relatos protagonizados por animales o relacionados con ellos. El segundo fue ‘Sideral’, que son relatos de ciencia ficción. El tercero está a punto de estar en las librerías y se llama ‘Estigia’, que son relatos con el tema de la muerte.

Pregunta.¿Qué es ‘Estigia’?

R.’Estigia’ es el tercer volumen temático, de un total de seis, de mis relatos completos. En este libro el lector podrá encontrar una larga serie de ‘mementos mori’ protagonizados por suicidas, resucitados, fantasmas, vivos dados por muertos, vivos que ignoran que están muertos, muertos tímidos, muertos que se niegan a serlo o que dan testimonio de su estado; asistirá a velatorios y rituales singulares, muertes sorprendentes y miedos cervales, asesinatos bíblicos y cementerios planetarios, reencarnaciones y organizaciones de posteridad, enterramientos erróneos y escenas bélicas extremas. Aquí están agavilladas, de entre las setecientas que escribí en cuarenta años, todas las ficciones que se acomodaron a ese escenario sombrío, desde lo más metafísico a lo más físico, desde la ironía a la sátira, desde lo macabro a lo mítico y simbólico.

P.El gusto por lo sombrío parece haber sido una marca de la casa...

R.Es cierto, hasta mi último libro de relatos, ‘Devoraluces’, siempre ha predominado una querencia y un respeto por lo extraño y lo insólito, por la morbosidad del ‘Romanticismo negro’, por la oscuridad luminosa, y el tema de la muerte es el más sombrío de todos, el mayor misterio, el último acto y a la vez el único argumento de la obra. Este es el humus de ‘Estigia’, el terrible problema de una creación cuya vida se asienta sobre la muerte. Todos los escritores están obsesionados, de una forma u otra, con la Gran Oscuridad. Con el tiempo -y sobre todo a la hora de reunir y espigar estos relatos- me he dado cuenta de que la muerte es un tema que me provoca, que me incita, que me obsesiona de una manera casi lorquiana, porque siempre está ahí como una sombra, rodeándote sin que te des cuenta, una presencia en sordina y, cuando de pronto se repara en ella con un escalofrío, uno se siente como perdiendo pie, como tanteando en lo oscuro. Pero también los lectores tienen en vida relación con lo fantasmagórico, están como los autores en contacto con espectros impalpables: los personajes de ficción.

P.Como ha señalado antes, en el libro asoma el humor. ¿Reírse de la muerte ayuda a relativizarla?

R.Cómo soportar la vida si no. Es imprescindible para poder ir tirando. Nuestro cerebro nos protege de la locura con la imposibilidad de pensar cada día en la proximidad de la muerte, ya que la extinción, al ser paradójicamente el centro de la vida, nos acompaña como una sombra. El arte en mi caso proviene de los sueños y de las visiones, pero también de las fricciones con la realidad, de donde saltan las chispas del absurdo, del escalofrío o del humor. Soy un escritor tanto microscópico como telescópico: adecúo la lente a cada historia, a veces los detalles dominan la narración y otras el fondo, la visión de conjunto. Es decir, intento contar historias que nos representen a cada uno de nosotros, a la humanidad en singular, pero también a todos como especie. Y el humor -negro en este caso- es una herramienta poderosa, fresca y empática de la que me valgo con frecuencia (en especial en los textos escritos durante los ochenta y noventa).

P.¿Son quizá el arte y el amor los únicos contrapesos de la muerte?

R.Lo tengo clarísimo. Quien no goza de ningún tipo de creencia religiosa (la fe se nutre de la desesperación, del dolor y, como principal activo, del miedo a la muerte), toma conciencia más aguzada de lo azaroso, de lo efímero, de que seamos una casualidad pasajera, una máquina de languidecer. Por eso soy más de la opinión de Leonardo da Vinci, "la belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte", y de contemplar a la creación artística o la dulzura de los afectos humanos como sustitutos viables de la eternidad. La muerte es exponerse al vacío; y cada uno entretiene la espera a su modo: trabajos, familia, solidaridad, consumo, codicia, aficiones varias, los viajes, las pantallas o la algarabía ensordecedora de las redes sociales. Yo tengo la suerte de convivir con Marina Tapia y de progresar en la propia poética, aunque eso conlleve el peligro de encerrarse en un mundo demasiado personal.

P.¿La realidad es lo único que mata?

R.Básicamente. Ya sabemos que todo muere aquí, incluso las estrellas. Y ya lo aclaró inmejorablemente Cicerón, “la vida entera es una preparación para la muerte”. Escribir estos relatos me permitió hacerme preguntas, reflexionar sobre esa carga: la angustiosa incertidumbre de no saber qué vendrá después. También sobre las infinitas formas en que el ser humano (única especie consciente de su finitud) va al encuentro de la muerte. Benjamin decía de manera preciosa y emocionante que, en la literatura, el lector puede calentar su vida helada al calor de otras muertes. Tal vez el narrador sea el único que puede bajar hasta el Hades como Orfeo y sacar de allí a todos los demás, relatando la ‘memoria passionis’ humana, su alegría o su sufrimiento, su respirar en el mundo. Creo, en definitiva, que las historias combaten con fiereza la muerte, la postergan de algún modo al escuchar la voz singular de cada hombre, al hacer que por las palabras circule la sangre. Incluso las historias que tienen calidad de ganga apuntalan nuestros pies en la vida.

P.¿Tiene sentido la vida sin la muerte?

R.La atroz indiferencia de la muerte y el sinsentido de la vida parecen estar unidos indisolublemente. Supongo que hay que aceptar los retos de la vida dentro de los límites de la muerte, el hecho de que nuestros cuerpos no sean más que castillos de arena. Pero, al igual que Elías Canetti alzó su puño contra la cosa que verdaderamente más odiaba, su enemigo la muerte, y hasta intentó escribir un libro titulado ‘El libro contra la muerte’, a mí personalmente también me hiere la imagen del hombre como estrella fugaz, que brilla apenas un instante y se desliza enseguida hacia lo oscuro. Me subleva la imagen de esa dama democrática que a todos iguala -ideal barroco del justicia y venganza simbolizado en el género de la ‘vanitas’-, de esa Gran Señora que calumnia a la vida y se lo lleva todo, me indigna que se nos imbuya la muerte como un hecho natural, como el fin de un ciclo individual. ¿Para qué hacer entonces cosas hermosas?, podríamos preguntarnos.

P.¿No será la muerte simplemente el otro lado?

R.Esa explicación supone una verdadera tentación, un faro inesquivable que me ha atraído durante décadas: la muerte no es nada. Sencillamente, un lugar donde recostar la cabeza y descansar, una rutina metódica e inexorable, el eslabón de una cadena sin comienzo ni fin. O, todo lo más, un simulacro de misterio, como sostenía Cioran. Pero tampoco es que un servidor sea médico, eclesiástico o documentalista, sólo un pobre escritor al que le gusta adobar artísticamente la realidad en crudo con la que nos tenemos que enfrentar. Sí, prefiero creer que el arte penetra mucho más allá que la teología o la ciencia especulativa, conseguir una intensidad exacerbada mediante el artificio, sentir que la realidad no se agota en aquello que el ojo no puede ver. Lo único claro es que la muerte parece ser lo único que le baja los humos a una humanidad arrogante, y la otra certeza es que nuestro mundo contemporáneo no sabe qué diablos hacer con la Parca. Ya ni siquiera se oye doblar a las campanas. Ni tanto ni tan calvo: en el siglo XIV aparecieron manuales para bien morir, y el amortajamiento y la conducción del cadáver se convirtieron en ‘la gran obra de arte’ del siglo para concluir en el XV en el culto a lo macabro. Supongo que, más allá de su burocracia y escenificación, del maquillaje superficial del luto y los ritos funerarios, sigue habiendo ahora una angustia ante la muerte propia e intransferible.

P.-¿Qué lugar ocupa ‘Estigia’ entre los libros que esperan turno?

R.Tras ‘Estigia’, confío en que se vayan publicando con regularidad los tres siguientes volúmenes temáticos de mis cuentos completos: ‘Holobionte’, relatos sobre el prójimo y la sociedad, y que ya atesora un prólogo de Raúl Brasca; ‘Ánfora’, relatos de ambientación histórica; y ‘Maelstrom’, relatos acerca de lo fantástico y las manifestaciones culturales. Espero, además, que pronto se edite por fin ‘La sombra de la sombra. Microrrelatos completos (2020-1978)’, libro que recopila absolutamente todos los micros, incluyendo algunos inéditos.

martes, 13 de junio de 2023

"Olgoso, poeta en prosa", por César Requesens

Artículo de César Requesens en Granada Hoy a propósito de “Nubes de piedra”. 



OLGOSO, POETA EN PROSA

Autor periférico que voluntariamente se aparta de la realidad para que no mate su imaginación tan pura, Ángel Olgoso convierte cada presentación de uno de sus libros en una clase de literatura de esa que sigue teniendo más de ejercicio humanista que de venta de papel al kilo manchado con letras.

El prologuista José Luis Gärtner, escirtor inquieto, diverso, retrata perfectamente en la invitación a degustar este nuevo título, ‘Nubes de piedra’ (Fagus Editorial, 2023, con ilustraciones de Marina Tapia), las claves ocultas detrás de esta edición de unos relatos que un joven Olgoso aún ingenuo y animoso se lanzó a escribir en sus comienzos para aportar algo a este tiempo y a la literatura del cambio de milenio.

Y sí. Sus textos son para leerlos de a poco. Cada línea está reducida a lo esencial; las palabras son certeras sin ser rebuscadas; la historia se cuenta casi a sí misma siempre desde una perspectiva inesperada o novedosa; hay vocación de estilo sin ahogar la historia siempre sorprendente en la perspectiva elegida o el desenlace; hay, en fin, trabajo, reposo, calado en cada historia y es por eso que se saborea con gusto por el poso que deja y la reflexión que provoca.

Pero lo realmente inquietante en Olgoso es que su promoción corre a cargo de los demás. Así lo confirmamos los que acudimos a abarrotar la librería Picasso para escucharle. Él, con hacer buenos relatos y disfrutar escribiéndolos y, si el perfeccionismo le deja también hasta disfrutar del resultado, ya tiene suficiente. Ama la literatura y como prueba esas muchas décadas de cultivar el oficio donde se debe, en lo oculto, sin alharacas ni guateques.

Para muchos que perseveramos en esto de escribir, aunque sea con sangre, es un referente. Nos deja tranquilos ver que alguien sigue teniendo fe en la capacidad redentora de la palabra escrita que aspira a ser arte y ensancharnos la mente.

Este libro fresco pero ya maduro nos ofrece el primer Olgoso ahora, cuando él mismo está quebrando la esquina de su carrera de escritor esforzado y generoso. Está este maestro granadino de cuento (al que algunos ya encuadran entre Borges y Cortázar) cerrando un ciclo para dedicarse a cosas nuevas, otra vuelta de tuerca de un artista de esos que no se conforman con lo ya hecho y publicado sino que sigue arriesgando y afrontando terrenos nuevos.

Todo un referente por la estela dejada y por seguir enarbolando la bandera de esa creatividad que solo se complace en recrearse a sí misma.



sábado, 24 de octubre de 2020

La brújula de Olgoso

Compartimos el cariñoso y reivindicativo artículo que el escritor y periodista César Requesens publicó en el periódico Granada Hoy a propósito de la reedición ilustrada de Astrolabio.
 


LA BRÚJULA DE OLGOSO

(César Requesens)



No puedo ser objetivo al escribir sobre mi amigo Ángel Olgoso y su exquisito libro Astrolabio (Reino de Cordelia, 2020), primorosa reedición ilustrada por la artista Marina Tapia, que presentó en el Cuarto Real el viernes tarde arropado de una nutrida caterva de enmascarados a lo Covid que no éramos otros que sus muchos amigos, admiradores de una trayectoria literaria generosa en la entrega a la escritura y en la renuncia al oropel por el que otros pierden el alma para ganar no se sabe bien qué y si ese qué compensa.

Lo que sí que compensa es escuchar a Olgoso releer sus cuentos y disfrutar de esa su concisión milimétrica macerada con los años de oficio, esa su forma abnegada de construir una gran obra, con líneas propias y coherentes, marcando un camino que luego siguen y seguirán otros muchos tras los pasos de la 'brújula' que es este escritor ya imprescindible de las letras hispanas.

Es envidiable su paciencia, de la cual yo carezco. Porque uno, en su modesta pretensión literaria, aspira tan sólo y como mucho a recoger la espuma de los días lo mejor que puede mientras que otros, como es su caso, son capaces de ponerle puertas al mar apresando en sus palabras hasta el mismo rumor del oleaje. Admirable.

Cada relato de Astrolabio es una voz lanzada entre las montañas que reverbera devolviendo el eco de otras grandes voces a las que da gusto distinguir entreveradas con la voz tan pura y medida de este escritor de aquí.

Ocurre con Olgoso que, al contrario de muchos, no es él quien se hace el panegírico. Bien al contrario, su modestia le lleva a que tengamos que ser otros escritores, casi todos, los que ensalcemos su obra rica y variada, diversa y compacta, en lo que supone ya un lugar común en las letras actuales ese decir sin dudarlo: "Qué bien escribe Olgoso".

Estando ya en la cima de su obra, extraña que no se editen más sus obras, que la oficialidad cultural no caiga en la obviedad de que tenemos entre nosotros a un grande que no va de nada más que de Ángel, salvo para los que le tenemos por lo que es, un destello de luz entre la espesura, un autor que deja su estela de sincero buscador de estrellas en libros que quedan como un alarde en la forja de lo imaginario, metal blando entre las manos de este titán que me dedicaba su Astrolabio al borde mismo de la noche.


domingo, 10 de junio de 2018

Prólogo de El acero y la seda


Os traigo el prólogo que Ángel Olgoso compuso para el libro de relatos El acero y la seda, de José Abad, excelente escritor granadino y también profesor en su Universidad, donde imparte entre otras la materia «Cine y sociedad en Italia». Entre sus novelas publicadas están Nunca apuestes con el diablo y Del infierno, y otro libro de relatos, King Kong y yo. En el campo del ensayo ha centrado su atención en la literatura y el cine, destacando Las cenizas de Maquiavelo, El vampiro en el espejo (sobre el que Ángel escribió un artículo para el diario Granada Hoy que colgaremos más adelante) y Mario Bava. El cine de las tinieblas.

domingo, 26 de marzo de 2017

Entrevista en Granada Hoy

A pesar de que Ángel Olgoso ha sido siempre un escritor discreto, casi huidizo, acaba de aparecer en Granada Hoy esta divertida entrevista (selfie incluido) que le ha hecho el periodista y también escritor Andrés Cárdenas, centrada sobre todo en la literatura y en la Patafísica. Y aunque Ángel siempre ha estimado un arte hoy poco cultivado, el de desaparecer, me consta que, al menos en este caso, ha cumplido de buena gana -incluso disfrutado- esos a menudo penosos menesteres que obligan a hablar de uno mismo.