He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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lunes, 26 de febrero de 2024

Reseña de "Nubes de piedra" en Libros de Cíbola

Muy agradecido por esta magnífica reseña de “Nubes de piedra” en el exquisito blog cultural Libros de Cíbola.




Fagus es una pequeña editorial radicada en Manzanares (Ciudad Real) cuya existencia desconocía hasta que publicaron a mediados del pasado año Nubes de piedra, el «último» libro de cuentos del Ángel Olgoso. El entrecomillado es pertinente, puesto que en realidad se trata de una reedición de un volumen de narraciones juveniles de Olgoso publicado en Granada en 1999 en edición no venal y que se encontraba totalmente inencontrable. Ya hemos dicho en varias ocasiones que Ángel Olgoso es uno de los mejores cultivadores españoles del cuento antirrealista, con una larga lista de títulos esenciales dentro del género breve. Olgoso, desde sus inicios como escritor, siempre se ha movido entre el microrrelato y el relato corto, y esa predilección es tanto teórica como práctica: «Estoy condenado a la brevedad, por convicción, por gusto, por respeto al lector y porque no sé hacerlo de otra manera. No se trata de escribir mucho o poco, sino tener el don de encontrar la extensión exacta».
El autor ha declarado en una entrevista a propósito de este libro: «Lo escribí a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, y creo que ya está presente el germen de los principales temas de mis libros posteriores: lo extraño, lo sorprendente, la ironía o incluso la sátira, las premisas extravagantes, las composiciones pesadillescas o vertiginosas, las propuestas asombrosas, los retos compositivos. Creo que los 35 relatos de Nubes de piedra viven en ese estado fronterizo entre el sueño y la realidad, entre la humorada y la insolencia propia de la primera juventud, entre la fantasía y una incipiente exigencia formal». Pero debemos preguntarnos ante una recuperación como ésta es si los textos de Nubes de piedra son unos meros ejercicios de aprendizaje (el libro recoge piezas escritas entre los 17 y los 22 años, es decir, estamos hablando de un autor casi adolescente), o bien prefiguran y cimentan las obras posteriores de Olgoso. Pues bien, sorprende que los temas, los procedimientos y el lenguaje están totalmente asentados en el autor, que muestra una inesperada madurez y continuidad en el resto de su obra.

EL LIBRO DEL BATIR DE PALMAS DE LAS MEDUSAS

Había una vez un rico erudito italiano, Lucca Cappodicazzo, que quiso reunir en la biblioteca de su mansión todos los libros raros, heterodoxos y de temas imposibles que habían sido escritos en el mundo. El resto de su vida, a partir del momento de aquella decisión, lo dedicó a coleccionar dolorosamente papiros, tablillas, códices, manuales, cosmogonías, monografías, catálogos, demonologías, miles de volúmenes de caracteres casi indescifrables que hablaban de reinos escondidos, de lluvias de perros, de estrellas que reían, de elixires y talismanes mágicos, de una trenza infinita hecha con horizontes, del toro de cuatro mil ojos que sostenía la Tierra, de teosofías y signos fatales, del Mirmecoleón, de los animales de los espejos, de las arquitecturas del aire, del origen y final de los tiempos… La noche del noventa y nueve cumpleaños de Lucca Cappodicazzo, una chispa furtiva que escapó de la chimenea quemó su mansión hasta los cimientos. La tempestad de fuego y lapislázuli redujo a la nada los centenares de estantes rebosantes de valiosísimas maravillas. El viejo murió olvidado. Su vida fue uno de esos libros imposibles que nadie podría ya nunca leer y coleccionar.

Como digo, ya se pueden observar algunas características reconocibles en la escritura de Ángel Olgoso: cierto barroquismo en su prosa (rico vocabulario, habitual empleo de largas enumeraciones), escasa o nula acción, ausencia de diálogos, predominio del monólogo discursivo, uso de la ironía, erudiciones inventadas; en definitiva, un estilo literario muy trabajado que se aparta de manera radical del coloquialismo imperante. Por más que Olgoso admita su admiración y deuda con algunos grandes maestros (Poe, Kafka, Borges, Schwob, Buzzati, Cunqueiro, entre otros), lo cierto es que el universo olgosiano no se parece a ningún otro; también en este aspecto radica uno de sus mayores atractivos. Lo expresa el prologuista, José Luis Gärtner, de forma inmejorable: «Al igual que deberíamos ser capaces de identificar a Bach en unas cuantas notas, uno lee un párrafo de Ángel Olgoso y reconoce que es de su autoría aunque sea la primera vez que lo afronta».

Los argumentos y procedimientos de los cuentos son muy diversos, destacando el empleo del humor negro y el sarcasmo en grado mayor que en volúmenes posteriores. Precisamente esa tendencia a lo surrealista y casi grotesco es una de las características del fantástico en lengua española (basta recordar la obra de Javier Tomeo o Gonzalo Suárez), que pocas veces desemboca en lo verdaderamente terrorífico o en lo cerebral. En general, me han gustado más los textos cortos o microrrelatos, que considero más perfectos y memorables que lo cuentos más largos, aunque entre estos últimos merece citarse El Club de los Novecientos Flautistas, un delicioso relato plagado de fantasía y humor.

Quizá Nubes de piedra no es el libro que recomendaría para iniciarse por primera vez en la lectura de Olgoso. Yo indicaría más bien títulos como La máquina de languidecer, Los demonios del lugar o Breviario negro; en cambio, para los veteranos seguidores olgosianos este libro será un nueva ocasión de dicha. En cualquier caso, el interés intrínseco de estos cuentos y la belleza de la edición y de las ilustraciones a carboncillo de Marina Tapia lo hace apetecible para cualquier aficionado al relato.

«Ojalá el lector que se acerque a esta historias las recuerde luego como sueños», señala el autor en la citada entrevista. Forjar sueños para que el lector los asuma como propios; no creo que haya mayor felicidad y recompensa para un escritor.


martes, 3 de octubre de 2023

Reseña de "Nubes de piedra" por Lilian Cheruse

 


    “Aún movilizada por la emoción de la lectura de ‘Nubes de piedra’ (el primer libro escrito por Ángel Olgoso, oportuna y felizmente recuperado por Fagus Editorial), un nido de su juventud rubia y talentosa, he visto en él ya encarnada su creatividad y su capacidad narrativa, algunos temas tal cual los ha desarrollado en sus libros posteriores. Uno podría presagiar que iba a encontrarse con la simiente, con el germen de quien se convertiría con los años en la mano maestra que es pero, en este caso, me he deslumbrado con un escritor crecido aun recién nacido. Un autor que ha leído en días de más de veinticuatro horas y que ha macerado los conocimientos con inteligencia y con criterio, los que su potente memoria ha mantenido en uso creativo permanente. La lectura de grandes escritores, y de la Patafisica, rondan esta prosa que relata cómodamente, que describe escenografías y aventuras extrañas, algunas horrorosas o repugnantes, otras sedosas, de mágico lirismo, sensual o erótico. Algunas con estilo romántico o aventurero, y también como una brisa oriental. Pasamos de una escena a otra transformando la vicisitud o mutando el personaje, jugando como cómplice del lector y sorprendiéndolo con el final inesperado, con la ironía, con el sarcasmo. Ángel señala el poder de la fantasía y de la destreza narrativa, testifica además la sinrazón de la violencia y la crueldad, de la injusticia, del espíritu cruento del ser humano disfrazado con el traje de la civilización. Celebro los títulos no convencionales de estos relatos, los personajes con nombres posibles o insólitos, los capítulos marcados por la acción, por la irreverencia, por lo absurdo de lo cotidiano, por las descripciones que enfocan a lo inusual e inesperado. Le hago una reverencia por esa leyenda que ha creado, ‘El encantamiento de la argolla de oro’: Ángel me ha encantado con su exquisita palabra, con su mirada a la mujer y con ese equilibrio de los elementos que se refleja en su narrativa. Este relato bien podría encajar en ‘Las frutas de la luna’. Destaco la historia y la estética sensual y fresca de ‘Primula Veris’, que bien podría formar parte de alguno de sus libros posteriores; al igual el cuento que cierra el libro, ‘El otro diluvio’, donde ya aparece una de sus célebres enumeraciones, que desarrollará ampliamente como aporte estético olgosiano en sus volúmenes siguientes. La estructura de este cuento breve hace gala de una increíble descripción visual y auditiva de esa masa líquida creciente. El texto presagia con su sorprendente final lo que puede venir en dácadas si el ‘homo sapiens no sacude su modorra del poder’”.



lunes, 18 de septiembre de 2023

Reseña de "Nubes de piedra" por Diego Prado

Breve semblanza a cargo de Diego Prado en la revista Librújula a raíz de la publicación de “Nubes de piedra” (Fagus Editorial).



“No descubro nada si digo que Ángel Olgoso (Granada, 1961) es, junto a Hipólito G. Navarro (nacido el mismo año), uno de los más importantes e insobornables cultivadores del cuento en su vertiente más ampliamente fantástica. Los días subterráneos, su primer libro publicado, data de 1991, un momento de eclosión del cuento español no realista tras décadas de arrastrar el yugo del realismo social, y que ya había ido asomando la década anterior en autores como Merino o Fernández Cubas. Fiel desde sus primeros relatos a una poética donde lo insólito, lo anómalo, lo inquietante y lo fabuloso constituyen el eje de su obra, Olgoso asume y asimila muy pronto la voz de los maestros (claramente Cunqueiro, Calvino, Perucho, algo de Cortázar, de Borges, de Quiroga, del surrealismo y la patafísica). Nubes de piedra, cuya primera versión se editó en Granada en 1999, reúne cuentos escritos entre los 17 y los 22 años de su autor, una arqueología literaria que no solo demuestra una inventiva y madurez estilística sorprendentemente precoz, sino que asentó los cimientos sobre los que ha ido alzando un castillo de fantasías, terrores y prodigios que alcanza ya la altura de una veintena de libros. Olgoso es un maestro en lo suyo y este libro, bellamente ilustrado por Marina Tapia, resulta el mejor portón para adentrarse en su peculiar mundo!”.

(Diego Prado)

lunes, 4 de septiembre de 2023

Reseña de "Nubes de piedra" por Luis Cerón

Agradecido a Luis Cerón por su estupenda reseña de “Nubes de piedra”, aparecida en Todoliteratura.es.




FULGENTES DESTELLOS DE HACES
(Luis Cerón Marín)


La creación literaria no es otra cosa que la caracterización de una prolongación de la vida. Y si para este cometido nos centramos en la ficción como artífice constructivo, ésta nos permite disponer de un sinfín de matices, texturas y variaciones de lo más nutrido para escribir una obra, ya sea un relato, una novela, un poemario o una obra de teatro. El género es lo de menos. Lo realmente importante es la eclosión de la ficción como componente literario. De ahí en adelante podremos modelar nuestro texto a nuestro albedrío, dejando aparte -por ahora- las correcciones morfológicas, sintácticas y semánticas. Todo eso es secundario. Lo que pretendo destacar en este momento es el estilo.

"Nubes de piedra" (2023) es el título del nuevo libro de relatos de Ángel Olgoso, que la editorial Fagus ha tenido a bien publicar. “Nuevo” en alusión a su reciente aparición, ya que éste recoge treinta y cinco relatos correspondientes a la incipiente obra literaria del autor, fechados entre finales de los años setenta y principios de los ochenta. En ellos se plasman las inquietudes literarias de Olgoso junto a su afán prolífico de pergeñar historias con un sello singular tan propio como inalienable. Sus relatos dan fe de una orbe que solo los grandes autores literarios han conseguido -y aún consiguen- gestar, macerar y transmitir sin tacha. Pues bien, el autor que nos ocupa es uno de ellos. Se trata de un escritor que, aun visto lo visto, todavía podría ansiar más en torno a su cénit literario. Si se lee cualquiera de sus libros anteriores, comprobaremos el porqué de su reconocimiento literario a nivel nacional -e incluso más allá- en lo que a relato breve se refiere. Y si comprobamos el contenido de Nubes de piedra, quedaremos atónitos ante el nivel alcanzado en sus primeros escritos, los cuales se abordaron junto a un tenue proceso de creación poética.

Estos relatos corresponden a su incipiencia más curiosa, la adolescente, esa que es consecuencia de la curiosidad más boyante y de las lecturas más gozosas. Fruto de esa plenitud son estos escritos, cuya inspiración principal no es otra que la gran imaginación de la que hace gala el autor que nos ocupa. Ésta resulta fundamental para crear todo tipo de personajes, para enhebrar tramas y para crear atmósferas inimaginables a simple vista; la imaginación nos permite vivir más de una vida y, además, nos facilita la tarea a la hora de sintetizar una historia en muy pocas líneas. Podría poner varios ejemplos de ello… Entretanto, vaya por delante este fragmento de ‘La extraña caja de lápices del señor Wots’: “Mi nombre no importa… Confieso que al escribir este relato abrigo aún la esperanza de ser creído […]” Pues bien, en este trozo de cierto corte autobiográfico, Olgoso logra aunar todos estos elementos para crear un universo mágico en el que no hay lugar para la percepción ambivalente. Su cosmogonía está creada a conciencia, por y para hacer justicia a un solo instante vital, para tornarlo literario. Nada queda al azar: “Alfa y omega. Íncubo y súcubo. Tus dolores son una cancerosa catedral varada en el fango de la eternidad” (‘Tierra de cáscaras y demonios’). En esta ocasión se nos muestra, pues, una impronta arcana envuelta en una entelequia barroquizante. Sin embargo, cuando creemos hallar un mísero segundo de paz ante tanta ebullición lingüística, nuestro autor nos sacude con diversos ejemplos de una importante vis cómica: “-Debo suplicarle al señor que cuide sus juanetes -me aconsejó Agostiño… Naturalmente, me importaban un pimiento…” (‘Pulstar’). Así, a vuela pluma, puede inducirnos a la risa, a la reflexión o a ambas cosas; pero no hay duda de que nos mantiene despiertos ante la magnífica fruición con la que emplea el lenguaje, redondeando la trama que está componiendo y revitalizando la caracterización de los personajes y la descripción de los ambientes. Con todo, Olgoso conjuga realmente bien el maridaje de todos estos elementos, el cual está imbuido de matices oníricos que enriquecen las secuencias aparecidas en cada relato. Y si este autor granadino se caracteriza por dominar el relato breve, tanto mejor, ya que este género se presta al empleo de estos útiles tan plásticamente narrativos.

El libro está escrito en varias partes. Algunos relatos son muy pequeños; otros son más grandes, y otros son una apuesta literaria algo más ambiciosa, en la que se entremezclan una serie de tonos con una particularidad muy novedosa. En esta última mención, sirva citar el título de varios relatos, tales como “China”, en el que una pareja de novios visita China tanto desde un punto de vista turístico como desde un caleidoscopio soñador, acompañados de la ideal ‘familia Ping’ y aderezadas sus peripecias con varias ofrendas literarias de exótico y erótico bagaje, así como de una helénica mención de lo más épico, entre tantos otros ingredientes sugestivos; o “El Club de los Novecientos Flautistas”, cuya estructura está dividida en catorce capítulos, de cierto corte didáctico y moralizante (sic), a cual más embriagador e hilarante. En este pequeño intento de novela breve, una tríada de personajes de lo más patafísico y, por ende, borisvianés, protagonizan una serie de aventuras destinada a ensalzar el valor del absurdo. Ariel, Passalacqua y el Varón se encargarán de preconizar “la desproporción entre las medidas del cuerpo y de la inteligencia”, como agentes pertenecientes a tan selecto club que son. He aquí un fragmento del penúltimo capítulo, de proverbial traza: “Las facciones del doctor [Spitzer, malvado aprendiz de matasanos] adquirieron un excepcional color amatista luminoso, obligando al tierno cerebro que cobijaban a saltar limpiamente hacia arriba…”. Este es, pues, otro ejemplo de la irreverente tentación irónica que Olgoso nos ofrece sin ambages.

Pero eso no es todo. La poeta y artista multifacética Marina Tapia ha contribuido en la germinación de esta fascinante criatura literaria, cuya exquisita factura estaba inmersa en ingentes y profundas lecturas -José Luis Gärtner, escritor y dramaturgo, autor del prólogo también lo atestigua-, así como en un tardío acné irreverente, a través de unas ilustraciones perfectamente retrotraídas a la intención inicial. Es decir, que la autora los ha confeccionado a posteriori, ofreciéndonos así una relectura inédita de estas pétreas nubes tan singulares. Es más, sirven de colofón a varios de los relatos más insolentes y deslumbrantes. Aunque todo el libro denota unos fulgentes destellos de haces sabiamente coronados.


domingo, 6 de agosto de 2023

Entrevistas sobre "Nubes de piedra" en Ideal y Todoliteratura.es

Muy agradecido a Todoliteratura.es y al diario Ideal por esta completa entrevista acerca de "Nubes de piedra" (Fagus Editorial).




1.-¿Cómo definiría o presentaría “Nubes de piedra”?
Este libro es mi prehistoria literaria -mi prehistoria narrativa concretamente-, del que sólo han quedado fuera los primeros balbuceos en prosa tras cinco años escribiendo poesía. Lo escribí a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, y creo que ya está presente el germen de los principales temas de mis libros posteriores: lo extraño, lo sorprendente, la ironía o incluso la sátira, las premisas extravagantes, las composiciones pesadillescas o vertiginosas, las propuestas asombrosas, los retos compositivos. Creo que los 35 relatos de “Nubes de piedra” viven en ese estado fronterizo entre el sueño y la realidad, entre la humorada y la insolencia propia de la primera juventud, entre la fantasía y una incipiente exigencia formal: aquel narrador ya comenzaba a gozar con la capacidad subversiva de la escritura breve.

2.-Para usted, según ha dicho, ¿la imaginación es el bien más verdadero y liberador?
Así lo creo, tengo el convencimiento absoluto de que la imaginación proporciona un sustituto soberano a la vulgaridad cotidiana. La imaginación, que es al mismo tiempo el fermento de la experiencia y el antídoto contra el horror de la vida, nos hace poderosos siendo como somos seres insignificantes y efímeros, nos permite trascender las infinitas magnitudes del espacio y el tiempo. Vivir sólo una vida me parece una terrible prisión. Decía Pessoa que toda la literatura es un esfuerzo por hacer real la vida, que es absolutamente irreal en su realidad directa. Yo lo simplificaría aún más con la siguiente fórmula: la realidad es fantástica y la ficción real. Y la imaginación se nos presenta como un ave de grandes alas con la que podemos sobrevolar el territorio en busca de tesoros valiosos, confortadores, nutritivos. Cuando escribí “Nubes de piedra” era joven, me fascinaban las perspectivas imposibles de Escher, las prisiones imaginarias de Piranesi o el expresionismo fantástico de Kubin, e intentaba que lo imaginativo cabalgara con furor desbocado, que fuera -como en el primer Romanticismo- hermoso, loco, embelesador, y un tanto perverso, como se podrá comprobar a lo largo del libro en muchos ejemplos de incorrección política.


3.-¿Cuál es el núcleo de estos relatos, si es que lo tienen?
Los relatos de “Nubes de piedra” son extraños disparates, historias que tienen un pie en el delirio (Como en “In extremis”, “El efecto del polvo Pyrethrum sobre los insectos”, “El otro diluvio” o “El hombre sucio”), piezas provistas de formas y texturas distintas (como “China”, “Látigo”, “Creciente” o “34 historias de amor”), y creo que que su centro de gravedad es la fruición imaginativa, aunque el placer lingüístico ya empieza a despuntar (véase “Primula Veris”). Pensándolo bien, quizá estos relatos expresen, esencialmente, la perplejidad de aquel joven ante el mundo, su rebeldía contenida, sus miedos, su necesidad de evasión.

4.-¿Es cierta la impresión de que en este primer libro de relatos hay mucho más humor que en los posteriores?
Totalmente, aunque con matices. No puedo evitar que en casi todos mis libros se filtre la ironía, pero sí es verdad que lo hace de forma decreciente (supongo que a medida que la vida va tomando rasgos de pesadilla demencial y que uno ya se va acercando a los momentos aurorales de la senectud). Y, al mismo tiempo, entre el abundante humor negro de “Nubes de piedra” comienzan a emerger ya burbujas de misterio, maravilla o sorpresa. En aquella época, además, descubrí la Patafísica e hice mío el lema de Boris Vian, uno de sus más inspirados príncipes: me esfuerzo de buena gana en pensar cosas en las que pienso que los demás no pensarán. De hecho, la Ciencia de las Soluciones Imaginarias potenció claramente algunos de estos relatos, como “Pulstar” o “El Club de los Novecientos Flautistas”. También me gustaba en aquellos años el sarcasmo desmitificador, aunque un poco elemental y escatológico, de Gógol: “El ser humano es un sujeto que se cree estupendo hasta que sufre un retortijón”.

5.-Marina Tapia vuelve a ilustrar un libro suyo, ¿no es cierto?
En efecto, Marina, una de las más cabales poetas en castellano, también es artista gráfica y ya tuve el privilegio de que ilustrara la segunda edición de “Astrolabio” (Reino de Cordelia). Y es un verdadero placer contar de nuevo con su arte. Ella siempre capta el espíritu del texto y lo enriquece con sugestivos detalles y perspectivas. Marina, que tiene una curiosidad insaciable por el mundo y a la vez una delicadeza especial para mirarlo, sabe destilar poéticamente cada relato y dejarlo en sus elementos esenciales. Flaubert, por ejemplo, era enemigo de las ilustraciones, le exasperaban, pensaba que “la más hermosa descripción literaria es devorada por el dibujo más ramplón”. No obstante, opino que, en este caso, el inmenso talento de Marina y el libérrimo carácter de estos relatos impiden tal eventualidad.

6.-¿Por qué se ha decantado por Fagus Editorial?
Por la entusiasta labor a favor del cuento por parte de la editora Silvina Elías y del escritor Beni Domínguez (tienen incluso el proyecto de revivir los “Pliegos de cordel” ilustrados. A ambos les agradezco de corazón su interés en publicar esta mi primera colección de relatos. Y no me olvido de José Luis Gärtner, que le ha regalado al volumen un pórtico de altura, un estimulante, un ingenioso y completísimo prólogo. Ojalá el lector que se acerque a esta historias las recuerde luego como sueños. Ojalá, aunque hayan cumplido ya cuarenta años, al lector que muerda esta fruta desconocida (en su doble acepción de obra inédita y extraña) le parezca una pieza refrescante que todavía conserva su acidez.




lunes, 24 de julio de 2023

Reseña de "Nubes de piedra" por Rodolfo Padilla.

Magnífica reseña de Nubes de piedra la que ha publicado el escritor Rodolfo Padilla en la revista Anthropologies.



NUBES DE PIEDRA:EL MUNDO INMARCESIBLE DE LA IMAGINACIÓN
Rodolfo Padilla

Nubes de piedra
es el último y, a la vez, el primer libro de Ángel Olgoso, escritor granadino maestro del relato corto, donde nos invita a participar en esta fiesta de la imaginación para acceder a realidades alternativas que nos alejen de la aburrida cotidianeidad durante su lectura, donde podremos viajar lejos sin movernos del asiento, conocer burlonas criaturas mitológicas o cambiar el curso del Antiguo Testamento.

Cuando nos acercamos a un libro, a un relato, a cualquier texto de Ángel Olgoso conviene dejar de lado todo lo que creemos conocer de la realidad, abandonar los prejuicios sobre lo que es posible o imposible y estar dispuestos a sumergirnos en un torrente imparable de imaginación que derribe los muros del aburrimiento cotidiano, la monotonía y nos preste unos ojos nuevos con los que mirar el mundo con fascinación.

Para quien no conozca a Ángel Olgoso (Cúllar Vega, 1961), es un escritor granadino, maestro del relato y llamado a ser –suponiendo que no lo sea ya– un clásico del género breve. Así lo podemos atestiguar en libros como Cuentos de otro mundo, Los demonios del lugar, Astrolabio, La máquina de languidecer, Los líquenes del sueño, Breviario negro y Bestiario, aunque esa misma calidad literaria se puede comprobar también en sus misceláneas como la más reciente Un unicornio fuera de su tapiz, así como la treintena de premios entre los que cabría destacar los Premios Andalucía de la Crítica 2014 con Las frutas de la luna y 2022 con Devoraluces. Es, además, fundador y Rector del Institutum Pataphysicum Granatensis, miembro de la Academia de las Buenas Letras de Granada y de la Amateur Mendicant Society de estudios holmesianos.

Nubes de piedra (Fagus Editorial, 2023) es su último libro publicado, aunque se trata de sus primeros relatos, concebidos entre los diecisiete y veintidós años, donde ya queda constatada su voz, su estilo original y claramente reconocible, de una prosa barroca en narraciones breves, precisa como el trabajo de un artesano de la taracea, con momentos de humor negro e incorrección política como ese abrecartas en forma de pene aplastado por botines feministas de «El Club de los Novecientos Flautistas», o la Guerra Mundial entre sexos de «La carga de la brigada ligera», que contrastan con los valores del buenismo que empieza a imponerse en una sociedad que denota la crisis del pensamiento crítico. Nubes de piedra es un ejercicio de libertad creativa absoluta, lleno de momentos surrealistas como en «Pulstar», con relatos cargados de humor negro, pero donde conviven la belleza expresiva y poética que se manifiesta, sobre todo, en «Prímula veris», cuya descripción del amor hacia la Clara real lleva a preguntarse si es la misma ideal e inexistente de «34 historias de amor». Al navegar entre sus páginas llegamos a pensar que es factible ver un cemento de cristal, como en «Fotografías movidas», o partirle una pierna a la lluvia para que no corra detrás de nosotros, como en «In extremis», incluso sumergirnos en un viaje hacia China sin siquiera movernos del asiento, sólo llevados de la mano del relato y todas sus posibilidades, donde podemos asaltar a los turistas o convertirnos en uno de ellos; podemos descubrir nuevas y burlonas criaturas mitológicas o concatenar historias brutales y divertidas, agudas como la punta de un pez espada («Látigo») o relatos que pueden ser a la vez infinitos y minúsculos en medio de un desierto inabarcable («Dunas»).

Mención aparte merecen sus títulos, sorprendentes también en otros libros del autor, algunos de los cuales no parecen tener una relación directa con el contenido del relato, así «El libro del batir de palmas de las medusas» o «La boca como el orificio hambriento de una máquina desagradable» y, sin embargo, son un complemento, un perfecto broche inicial que esconde una historia en sí misma.

Quedarse con un relato es difícil y la siguiente apreciación responde sólo a mi criterio e interpretación personal, pero por la profundidad de su significado y contenido son de una fuerza especial «Alternativa», «La flor blindada» y «Animales sueltos». Jugar con el Antiguo Testamento y con las historias moralizantes que han llegado hasta nosotros a través de la tradición cristiana parece un acto de transgresión, de invertir los valores que hemos asumido del Bien y del Mal o incluso del Dios justo y bondadoso que rechaza la ofrenda de Caín porque en realidad es caprichoso y prefiere los animales que le sacrificaba Abel. También, inventar una flor de mineral con la que fabricar armas que, al plantarlas, dan origen a nuevas flores blindadas, juntar la belleza de una flor con la finalidad guerrera de una espada es enfrentar términos y objetivos contrarios, darles un nuevo sentido para caminar en consonancia, como si apreciáramos las dos caras de una misma moneda. Por último, la concepción del Homo Sapiens como un animal salvaje cargado de imposturas, capaz de actos crueles y de mentiras resguardado del cargo de conciencia con el bálsamo atenuante de la indiferencia.

Nubes de piedra es un desafío constante para la imaginación, una puerta de entrada –acaso sin retorno– a escenarios y situaciones prodigiosos que rompen el hastío cotidiano para proporcionarnos abundantes momentos de felicidad lectora junto con las maravillosas ilustraciones de la poeta, artista y divulgadora cultural Marina Tapia.

Sin duda, siguiendo la propuesta del prologuista de esta edición José Luis Gärtner, sería necesario que Ángel Olgoso escribiera esos seis mil trescientos relatos que faltan hasta siete mil.


martes, 13 de junio de 2023

"Olgoso, poeta en prosa", por César Requesens

Artículo de César Requesens en Granada Hoy a propósito de “Nubes de piedra”. 



OLGOSO, POETA EN PROSA

Autor periférico que voluntariamente se aparta de la realidad para que no mate su imaginación tan pura, Ángel Olgoso convierte cada presentación de uno de sus libros en una clase de literatura de esa que sigue teniendo más de ejercicio humanista que de venta de papel al kilo manchado con letras.

El prologuista José Luis Gärtner, escirtor inquieto, diverso, retrata perfectamente en la invitación a degustar este nuevo título, ‘Nubes de piedra’ (Fagus Editorial, 2023, con ilustraciones de Marina Tapia), las claves ocultas detrás de esta edición de unos relatos que un joven Olgoso aún ingenuo y animoso se lanzó a escribir en sus comienzos para aportar algo a este tiempo y a la literatura del cambio de milenio.

Y sí. Sus textos son para leerlos de a poco. Cada línea está reducida a lo esencial; las palabras son certeras sin ser rebuscadas; la historia se cuenta casi a sí misma siempre desde una perspectiva inesperada o novedosa; hay vocación de estilo sin ahogar la historia siempre sorprendente en la perspectiva elegida o el desenlace; hay, en fin, trabajo, reposo, calado en cada historia y es por eso que se saborea con gusto por el poso que deja y la reflexión que provoca.

Pero lo realmente inquietante en Olgoso es que su promoción corre a cargo de los demás. Así lo confirmamos los que acudimos a abarrotar la librería Picasso para escucharle. Él, con hacer buenos relatos y disfrutar escribiéndolos y, si el perfeccionismo le deja también hasta disfrutar del resultado, ya tiene suficiente. Ama la literatura y como prueba esas muchas décadas de cultivar el oficio donde se debe, en lo oculto, sin alharacas ni guateques.

Para muchos que perseveramos en esto de escribir, aunque sea con sangre, es un referente. Nos deja tranquilos ver que alguien sigue teniendo fe en la capacidad redentora de la palabra escrita que aspira a ser arte y ensancharnos la mente.

Este libro fresco pero ya maduro nos ofrece el primer Olgoso ahora, cuando él mismo está quebrando la esquina de su carrera de escritor esforzado y generoso. Está este maestro granadino de cuento (al que algunos ya encuadran entre Borges y Cortázar) cerrando un ciclo para dedicarse a cosas nuevas, otra vuelta de tuerca de un artista de esos que no se conforman con lo ya hecho y publicado sino que sigue arriesgando y afrontando terrenos nuevos.

Todo un referente por la estela dejada y por seguir enarbolando la bandera de esa creatividad que solo se complace en recrearse a sí misma.



lunes, 12 de junio de 2023

Presentación de "Nubes de piedra"

Os dejo con mi texto para la presentación de Nubes de piedra (Fagus Editorial), con ilustraciones de Marina Tapia y prólogo de José Luis Gärtner. Se celebró en la librería Picasso de Granada el sábado 10 de junio de 2023.




    No puedo estar más feliz por el nacimiento de esta criatura de papel: fue gestada hace casi cincuenta años (¡qué barbaridad!) y sin embargo llega hoy lustrosa al mundo, como un recién nacido arropado por los mejores padrinos y madrinas posibles, por la editora Silvina Elías y el escritor Beni Domínguez con su entusiasta labor a favor del cuento en Fagus Editorial; por José Luis Gärtner con su generoso, ingenioso y completo prólogo, tan heterodoxo como él mismo; y por Marina Tapia con su arte, con sus vislumbres, con su delicadeza especial para mirar el mundo, con su capacidad para destilar poética y sugestivamente cada relato dejándolo en sus elementos esenciales.


    Aunque fui uno de esos niños repelentes que a los once años ya está escribiendo versos debajo de las sábanas (mientras estudiaba en La Salle), no creo haber sido uno de esos jóvenes letraheridos y arrogantes que se imaginan que el mundo está esperando su prosa. De hecho, fue un servidor el que tuvo que esperar veinte años a ver un libro suyo en el escaparate de una librería y treinta a ser publicado por una editorial nacional. Pues bien, tras aquella etapa en La Salle y tras cinco años escribiendo poesía, en 1978 cayó en mis manos la Antología de la literatura fantástica, de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, y sufrí una combustión espontánea. La lectura de aquel libro me inoculó para siempre el veneno del relato imaginativo. El formidable, el nutricio impacto de aquellos textos (junto con el de otros autores menos conocidos descubiertos, por ejemplo, en la valiosísima antología publicada en 1977 por Bruguera en dos volúmenes, Narraciones de lo real y lo fantástico) me hicieron abandonar la poesía y entregarme con brío a la imaginación, capaz esta de convertir las historias en alfombras voladoras. Aún me veo escribiendo con furor desbocado, tecleando con fuerza en una Olivetti verde, en mi dormitorio, rodeado de posters de cine, imágenes de cómic y fotografías de escritores, envuelto en un papel pintado lleno de espirales que mareaban a todo el que entraba en la habitación. Aún recuerdo ese milagroso impulso, esa poderosa excitación, esa pasión creativa caudalosa y libre. Aún recuerdo a la mente hirviendo, encendiéndose como un tizón que alumbrara un lugar encantado, cuando uno se creía capaz de ponerle herraduras al diablo. Aún revivo esa intensidad, esa ebriedad de la imaginación haciéndome planear sobre las tierras y mares del tiempo, sin miedo a la gramática, a la sintaxis, a los anacronismos o los neologismos, haciéndome vivir febrilmente en el interior de los seductores espejismos de las ficciones. Eran los jóvenes años en que uno anhelaba que lo imaginativo fuera, como en el primer Romanticismo, hermoso, loco, embelesador. Eran los años de un convencimiento absoluto: que la imaginación proporciona un sustituto soberano a la vulgar realidad de la experiencia veraz. Me fui acostumbrando, sin saberlo, a que sólo lo extraño me resultara familiar. Pronto sentí predilección por las historias extraordinarias, desaforadas, especulativas, visionarias, enemigas del día, por los desvaríos de la percepción, por los gabinetes de maravillas, por el lado de la sombra en definitiva.



    Este libro que hoy presentamos, Nubes de piedra, es mi prehistoria literaria, mi punto de partida, pero no es sólo un libro de tanteo; creo que en él, escrito a finales de los 70 y comienzos de los 80 (cuando, como dice José Luis Gärtner en el prólogo, “era rubio y hermoso como la cerveza”; ahora, me temo, no soy más que un chupito de ron pálido y añejo) ya está presente el germen de los principales temas de mis libros posteriores: lo extraño, lo inquietante, lo sorprendente, la ironía e incluso la sátira, las premisas extravagantes, las composiciones pesadillescas, las propuestas asombrosas, los retos narrativos. Aquel narrador en ciernes ya comenzaba a gozar con la capacidad subversiva de la escritura breve. Ya comenzaba a pulsar las notas espectrales, a desarrollar ángulos de visión inusuales, historias inauditas, mundos alternativos, a violentar las reglas de los posible, a percibir el mundo con una mirada curiosa y perpleja. Que lo haya conseguido o no, es ya otra historia. De lo que sí tengo certeza es de que, al principio, en mis relatos las palabras caían más como meteoritos, mientras que con el tiempo he intentado de que lo hagan como suaves copos. Pese a todo, aquella prosa era de alguna forma más relajada, más permisiva con el material que dejaba entrar en ella. Al no existir Internet, al no disponer de libros de consulta a mi alcance aparte de una pequeña enciclopedia de tapas rojas, al verme obligado -cada vez que necesitaba hacer alguna consulta en la Biblioteca Provincial de Granada- a coger dos autobuses desde el pueblo y caminar andando por la Vega de noche en caso de perder el último, opté en no pocas ocasiones por inventarme flora, fauna y vocablos diversos; algo que, al tratarse de literatura más o menos fantástica, le venía como anillo al dedo. Al fin y al cabo, estas historias me las contaba a mí, me complacía hablar de lo que no conocía, y no tenía ningún interés en la reproducción a escala real del mundo. Al fin y al cabo, hasta el mismo Marcel Proust, en una carta a madame Straus, reconoció que la única forma de defender el lenguaje es atacarlo.



    Más tarde descubrí la Patafísica e hice mío con ganas el lema de Boris Vian, uno de sus más inspirados príncipes: me esfuerzo de buena gana en pensar cosas en las que pienso que los demás no pensarán. Máxima creativa que empezó a dar sus frutos en este volumen, donde hay alojados dos relatos estrictamente patafísicos, Pulstar y El Club de los Novecientos Flautistas. Supe luego que la literatura se oxigena mediante los desafíos, que aquellos que no tienen imaginación se refugian en la realidad, que en la guerra contra la realidad la imaginación es la única arma. Y la mía, en aquella época, era un tanto perversa, como podréis comprobar en muchos ejemplos de incorrección política que espolvorean estas Nubes de piedra, a años luz de nuestro tiempo de fábulas esterilizadas por el buenismo o la moralina. Sigo pensando que se lee para sumergirnos en otros mundos, precisamente en esos mundos remotos, exóticos, fascinadores y -por qué no- desasosegantes de la imaginación. Es sabido que lo que se sueña, lo que se desea, tiene también su realidad, aunque de ordinario las ordinarias preocupaciones de la vida práctica no dejen volar al daimon de los sueños. Por esa razón adoraba -y trataba de emular- a los profanadores de realidades, a los creadores de asombros, a los exploradores de los márgenes, a los que construyen en el lomo del misterio, a los que buscan el sentido de lo inaudito, del milagro, del estupor. Por ese motivo pensaba que los escritores que son esclavos de la realidad están penosamente limitados. Pascal, en sus Pensamientos, confiesa que nada hay más inquietante que oír el giro de una veleta de noche sin viento. Esa sensación, ese escalofrío, esa reverberación especial de la mente es lo que buscaba en mis narraciones, adobadas además con frecuencia (sobre todo en aquella primera etapa), con dosis abundantes de humor negro.



    Creo que los 35 relatos de Nubes de piedra viven en ese estado fronterizo entre el sueño y la realidad, entre la humorada y la insolencia propia de la primera juventud, entre la fantasía y una incipiente exigencia formal. Son como una sonrisa sin gato del personaje de Alicia en el País de las Maravillas. Lógicamente, muchos los escribía sobre la base de mis lecturas mientras luchaba por encontrar el vínculo entre literatura y vida. Me parece, pensándolo ahora, que la ironía presente aquí se debía tal vez a un innato sentido de la injusticia, al deseo de emular por ejemplo la salvaje indignación de Swift, de vengar (al menos sobre el papel) la que sufren aquellos miembros de la especie que son víctimas de la estupidez, la ambición, la crueldad o la hipocresía de sus semejantes. Por otra parte, con estos textos comencé a tantear las posibilidades de ese cubo de Rubik que es el relato corto: en poco espacio hay que crear la premisa, el conflicto, los personajes, la atmósfera, la voz narrativa y la resolución, y todo ello intentando mantener el interés de la página. 48 años después, ya he abandonado el cultivo de ese primoroso y sugestivo jardincillo de la ficción por el terreno sin bardas de lo híbrido. En cualquier caso, a estas alturas, tengo la impresión de que si llevo la penitencia del carácter minoritario de mi obra es debido, entre otras cosas, a una independencia insobornable, a mi condición de autor periférico, a mi preciosismo estilístico y a que solía anteponer la invención y la imaginación a la calderilla de la realidad ordinaria. Como Jules Laforgue -o como todo buen epígono del Romanticismo- me lamento sin cesar de que la vida sea demasiado cotidiana, objetiva y chata, me lamento de no vivir en el lugar en que ocurren los prodigios.



    Se dice que las obras de juventud son fuego y oro y las de madurez sobriedad y plata. Ojalá este libro sea al menos, para el lector, como morder una fruta desconocida, en su doble sentido de obra inédita y extraña. Un fruta refrescante que todavía conserva su acidez. Y espero que las historias que contienen resulten interesantes no sólo para el seguidor que ya me ha tomado cierto apego, el especialista o el curioso, sino también para el aficionado al género del relato en particular y el amante de la literatura en general. En fin, como solía decirse, si sale con barba san Antón, y si no la Purísima Concepción.