He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve y de la literatura fantástica.

(Marina Tapia)

viernes, 20 de noviembre de 2015

Premio Andalucía de la Crítica





LIBROS GANADORES DEL XX PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2014 

F. Morales Lomas 

Las frutas de la luna de Ángel Olgoso es un libro suculento en experiencias narrativas y en procesos escriturales en el que aborda una gran variedad de registros narrativos y temáticas (no ya en el ámbito fantástico, tan recurrente en su trayectoria narrativa sino en lo cosmológico situaciones, o metafísico) espacios que y abarcan experiencias deslumbrantes y bastante originales con una sublime complementariedad entre la brevedad de algunos y la extensión de otros, conformando un dominio explícito de la materia narrativa que sigue como guía en ocasiones la técnica del collage para organizar esos mundos abigarrados y heterogéneos. 

Construye con destreza unos relatos que crean un espacio literario donde conviven la penetrante imaginación y el elaborado y pulido uso de la lengua española, de la que es sin duda un enamorado. Olgoso posee una enorme versatilidad narrativa y se adapta a la perfección al modelo que requiere cada situación, cada historia, en el que la sorpresa, el desconcierto o el estupor son factores últimos que atraen sobremanera al lector. 

Su escritura posee muchas virtudes pero sobre todo una: su poder de impacto sobre este y la creación del asombro como arma narrativa. Nada es previsible en su obra: dos operarios desmontan el mundo y nuestra existencia, y a medida que se va elaborando el relato ignoramos de qué trabajo se trata pues la impresión es que están desmontando un decorado; sin embargo, este decorado es la propia existencia. Pero estos registros futuristas o fantásticos cambian en otro momento por situaciones orientales como en “Un cuenco de madera...”, que sigue los parámetros de la literatura china en alianza con la narrativa gótica, en la que una joven pobre tiene un novio detenido esperando la mortífera sentencia del gobernador y el efecto mágico de la púa de su peine clavándose en el corazón del mandatario. 

En otras ocasiones su capacidad para la síntesis es tal que puede construir un mundo en pocas palabras en “Designaciones”. En determinados momentos de nuevo llega su inspiración oriental (es muy habitual por estas lides) y escribe una parábola situada en torno al pintor obligado a pintar todo lo nefasto hasta que muere con la obra inacabada. 

Sus obras adquieren un carácter simbólico pero penetran en nuestra propia realidad y le dan riqueza y profundidad insólita. Es consciente de que eso que llamamos realidad no lo es, y si ahondamos en ella descubrimos ideas, conceptos, aspectos nuevos que la enriquecen y conforman desde otra perspectiva. Con ello vivimos otras vidas, otras formas de acceso a nuestro mundo, que es mucho más amplio que el que aparentemente muestran los sentidos. 

Dejado llevar por esos múltiples registros, la alegorización se adueña de los textos en “La pequeña y arrogante oligarquía de los vivos”, donde describe un vasto mar de muertos. 

De norte a sur y de este a oeste, en su literatura, con afán universalista, caben todas las miradas, todo tipo de ceremoniales e historias, como la enfermedad, y entonces emerge la historia de Manuel y su locura, el rechazo de la identidad de todos los seres humanos, en una historia conmovedora que nos recuerda a Poe. La historia de una enfermedad que bien puede ser un buen pretexto para adentrarnos en el submundo de los hospitales, o la presencia fehaciente de la narrativa hispanoamericana en la obra sobre la historia de este personaje con trastornos en la personalidad: un Manuel cabizbajo que se aísla, encadenado a la neurosis nacida de la proximidad de los demás. 

También está presente la crítica social en historias como “Materia oscura”, cuando el planeta se queda a oscuras de pronto desde el momento en que la Compañía Eléctrica decide cortar la luz del mismo. Una ironía evidente en torno a ese poder omnímodo de las empresas y la inanidad del ciudadano ante sus actos. Esta tendría relación con “Los túmulos”, donde se plantea el avance de la oscuridad en el planeta y la reacción de los ciudadanos en ese progresivo oscurecimiento; y dice el narrador: “No deseo dejar de anotar en mi informe acerca de la naturaleza de este mundo –para tratarla quizá después en consecuencia- la semejanza entre los dormidos y los muertos”. 

También el esperpento hace su aparición en el relicario del prepucio de Cristo en “Reliquias”, la trascendencia lingüística en el diálogo de “Jueces en el Valle de Josafat”, lo absoluto con una forma de construcción artística en “Las montañas de los gigantes a la caída de la tarde”... En ocasiones son historias contadas bajo el mandato literario de lo ensayístico como en “Bestiario” sobre el concepto de humanidad. 

Un mundo abigarrado, plural, rico tanto en situaciones y escenarios como en el cuidado uso del lenguaje que hace de Ángel Olgoso uno de los grandes narradores contemporáneos.


viernes, 13 de noviembre de 2015

Cuestionario Básico en Cierta Distancia




1.- ¿Por qué escribes?

Quizá para elaborar al gusto de uno mismo -y en las proporciones adecuadas- ese antídoto contra el veneno de la realidad que es la ficción. Para tener un asidero, sentir que la vida no ha sido, después de todo, una cáscara vacía. Tal vez escribo porque pienso, con Wallace Stevens, que el mundo imaginado es el bien definitivo.


2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Sigo escribiendo a mano, repujando cada palabra y cada historia lentamente, por desgracia sólo los fines de semana. No necesito rosas amarillas, beber bourbon o encender un cigarrillo egipcio. Sólo el alfabeto, la sintaxis y una paciencia infinita. Pero, por encima de todo, para levantar trabajosamente pequeñas construcciones imaginativas en prosa necesito silencio y mucho tiempo por delante (algo que la disciplina salarial y la ausencia de vecinos mudos dificultan), una vida recogida que no me deje por entero en manos de las circunstancias.


3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Si Walter Pater tenía razón al definir el Romanticismo como la suma de la extrañeza y la belleza, entonces soy un rendido epígono del Romanticismo. Cultivo por tanto una literatura de fabulaciones oscuras; me atrae esa realidad paralela que, de manera distorsionada como una sombra, acompaña a la realidad visible; me interesa hacer posible lo imposible, librar al lector de la menesterosa cárcel de lo cotidiano, mostrarle otras perspectivas, otras dimensiones, inquietarlo, hacerle perder el suelo de las certezas bajo los pies, convertir en sustancia estética los misterios de la existencia.


4.- ¿Algún principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Está por ejemplo la divisa patafísica (me esfuerzo de buena gana en pensar cosas en las que pienso que los demás no pensarán). También la idea de Merino (la literatura debe hacer la crónica de la extrañeza) y la confesión de Gómez de la Serna (nada de lo que he escrito está escrito sin toda la premeditación, con mucho tiempo por delante, con una balanza de platero ante mí y en ella echando todas las palabras).


5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

En los relatos -que deben ser milimétricos, quintaesenciados- supone un suicidio dejarse llevar por la historia. Con los primeros libros planificaba menos los textos (era la poderosa excitación del descubrimiento del mundo, del apremio respecto a la vida imaginaria, de la creación caudalosa y libre), pero poco a poco aprendí a plegarme por completo a sus necesidades, a aunar la precisión y belleza del lenguaje con la singularidad de la historia. Sin embargo, y aunque después de más de tres décadas escribiendo relatos me guío ya casi exclusivamente por el instinto, a veces, en muy contadas ocasiones -como en El síndrome de Lugrís del libro Las frutas de la luna- la narración crece y se desborda. Quiero creer que de forma justificada, ya que acabé necesitando treinta páginas para que el descenso a la locura del personaje resultara verosímil.


6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Para no elaborar una lista interminable, nombro sólo dos debilidades: la del mágico y delicioso universo de Álvaro Cunqueiro y la de esa cumbre estilística de la humanidad que son las Memorias de ultratumba de Chateaubriand.


7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Menoscuarto acaba de publicar Las frutas de la luna, libro de relatos en el que trabajé durante tres años con voluntad de orfebre.

Hace unos meses la editorial italiana Siska Editore publicó, en formato de ebook multimedia, una selección de relatos breves titulada Racconti abissali. Y este verano está previsto que, en la colección Vagamundos de la editorial Traspiés, se publique exento Almanaque de asombros, un relato de principios de los noventa iluminado con dibujos de Claudio Sánchez Viveros.

Mientras tanto, he acabado el siguiente libro de relatos, Breviario negro: cuarenta textos que probablemente serán ilustrados por el artista argentino Santiago Caruso.




lunes, 9 de noviembre de 2015

Zürich: Congreso del cuento hispano del siglo XXI



Congreso del cuento español del siglo XXI en Zürich, junto con los escritores José María Merino, Julia Otxoa, Ángel Zapata, Iban Zaldúa y Gemma Pellicer, y especialistas como Irene Andres-Suárez, Fernando Valls o Angeles Encinar. La profesora Gina Maria Schneider, de la Universidad de Zürich, dictó su interesante conferencia "La mirada transgresora: a propósito de Lucernario, de Ángel Olgoso" (de la que publico aquí las primeras páginas), editada posteriormente en Versants, la revista suiza de las literaturas románicas. Y Ángel Olgoso leyó una cuidada selección de relatos que sobrecogió al público asistente.



Gina Maria Shneider

Ángel Zapata

Ángeles Encinar

Iban Zaldúa

Julia Otxoa y Ricardo Ugarte


Gina Maria Schneider