He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

lunes, 4 de mayo de 2026

Presentación de "Nômade", de Marina Tapia

Muchísimas gracias a tod@s l@s que abarrotasteis el sábado la Sala Zaida en la presentación de “Nômade” de Marina Tapia (Entorno Gráfico). Para los que no pudisteis acompañarnos en esta ceremonia de la amistad y la literatura, y para los que queríais volver a escucharlo, comparto el texto que tuve el privilegio de escribir acerca de la nueva joya poética de Marina:




<<Resulta fácil presentar cualquier libro de Marina, dada la calidad intrínseca de todos ellos. Y al mismo tiempo resulta muy difícil presentar a Marina dada su humildad, su deseo congénito de invisibilidad. Es como intentar atrapar a un humilde gorrión sin que se le parta a uno el alma; un gorrión que, a lo sumo, sólo quiere que nos fijemos en su vuelo y no en su condición de ave, de criatura aérea. Pero cómo hablar de la poesía de Marina sin decir que pertenece a ese linaje escaso de los poetas de nacimiento, que viven, respiran y transmiten poesía. Seguro que ahora mismo tiene el corazón saliéndose del pecho, azorada por las cosas que ando diciendo, pero cómo ocultar su singularidad, tan rara y valiosa sobre todo en un presente colonizado por vanidades, oropeles impostados y egos revueltos. Aunque a Marina le horroricen estas afirmaciones, somos afortunados de que su suculenta savia chilena esté renovando de nutrientes los vasos liberianos de la poesía granadina y española.



Tras ese hito en su trayectoria creativa que ha sido “Mixtura”, la antología personal en la que ha recopilado una buena muestra de sus diez primeros poemarios (algunos inencontrables al tratarse de ediciones debidas a diversos premios literarios), hoy nos entrega su nueva obra, “Nômade”, que Entorno Gráfico ha tenido el tino y buen gusto de publicar aquí, en Granada, el hogar desde hace trece años de una Marina ya no tan nómada. De alguna manera, “Nômade” entronca con “Islario”, una obra suya anterior donde peregrinaba con emoción contenida a numerosos lugares del mundo, ya que “Nômade” fue escrito en gran parte durante su residencia en Óbidos, becada por Granada Ciudad de Literatura Unesco. Digo en gran parte porque, además de contener “Cuaderno portugués”, con los poemas destilados y tamizados durante su estancia en aquella hermosa ciudad medieval, “Nômade” cuenta con un segundo grupo de poemas titulado “Errantía”, formado exclusivamente por sonetos. Piezas todas hermosísimas, en las que Marina retoma, se ciñe y revitaliza los temas de este molde clásico con una altura tal que uno parece estar leyendo por ejemplo a Sor Juana Inés de la Cruz. “Cuaderno portugués” es belleza sencilla, es azul, es melancolía, es bodega, es Atlántico, es muralla, es verdín, es tiempo desflecado, es dulzura, es nudo y salitre, es barca amarrada, es viento verde, es alfiletero de saudades. “Errantía”, en cambio, es verbo sonoro, espíritu inquieto, rima felina, destierro leve, nácar escarchado, es andadura, feliz ejercicio, vida renovada, pupila y bravura, es sol a manos llenas, es orbe de diamante.



Como dije en uno de los prólogos que tuve el privilegio de escribir a alguno de sus libros, los versos de Marina polinizan el alma. O, por decirlo al modo de Cunqueiro, la poesía de Marina es ambrosía, madre de levitaciones. Y Marina es a su vez, como todos los poetas auténticos, una médium verdaderamente modesta. Su humildad custodia la pureza que necesita, por encima de todo, el poeta. Pienso que Marina podría ser uno de aquellos ángeles que visitaron a Abraham, en pura misión de consolarnos en un mundo demasiado feo y bárbaro. Que Marina podría ser como esos médicos, como esos contados seres misericordiosos que tienen la seguridad de que con dulzura y consuelo se curan muchas enfermedades. O como esos místicos que pasan de puntillas por su tiempo, porque el ruido del mundo no deja oírlos, pero luego, aunque sea mucho tiempo después, acaban resonando como un fragor en el corazón de las gentes, que por fin pueden escucharlos. Porque tengo la certeza -como la tiene cualquier persona que se haya acercado a su poesía o la frecuente en el futuro- de que la lectura de los versos de Marina es realmente un descansadero, un lugar de quietud, un espacio calmante del alma donde se amortiguan los ruidos y se otea el mundo, con sus colores y misterios, como desde una particular y gratísima lontananza; donde los sentidos se expresan y glorifican mediante la razón y el ritmo interno; donde los apetitos, con sus batallas y cicatrices, se subliman, y se auscultan apaciblemente los afectos.



Quizá la sensación de transparencia que se respira en su obra provenga de que nuestra poeta no se deja atrapar por el paisaje, por las vivencias o los sentimientos, sino que los deglute y los fija para nosotros en planos mentales. Según Azorín, lo que da la medida de un artista es su sentido de la naturaleza: un escritor será tanto más artista cuanto mejor sepa interpretar la emoción del paisaje. No parece sino que Azorín se refiriera a Marina. Porque ella no habla acerca de las hojas de los árboles y de las ardillas y de la espuma y del musgo en las rocas y de las golondrinas, sino que habla en su nombre, sin intermediarios, impregnada la poeta de su gracia, de sus átomos, de su sustancia tangible, ataviada de pura luz, transmitiéndonos -con cordial belleza y frescura- un mundo natural vivo, soberano, inteligible, en primera persona. Marina, en su fragua infatigable, es capaz de explorar la frontera entre la palabra y el silencio, de sondear las entrañas tectónicas de la Tierra, de sentir apego por todos los seres, de atrapar epifanías en la pinaza de un bosque, de esculpir las fases del deseo, de atisbar el infinito tras los marcos azules de una ventana portuguesa, de celebrar la existencia como si fuera un centelleante trozo de ámbar, de agasajarla con versos, pinceles o títeres.



Como dice María Negroni, la poesía es la continuación de la infancia por otros medios. Y es que hay una afinidad entre las cajitas donde los niños guardan sus diminutos tesoros y los retazos de vida, los datos sedimentados del mundo que los poetas guardan en sus libros. Lo infantil, como lo poético, es una sublimación de la curiosidad y la memoria, una resistencia testaruda. Igual que el espacio mágico de la infancia, la poesía de Marina Tapia se habita más que se lee, es el arte del silencio inteligente y hermoso, del fervor asombrado, de las esquirlas de un yo que se preocupa por todos nosotros y cuyos temas giran alrededor de la poeta en una espiral armónica, como quería Sor Juana Inés de la Cruz.



Para Gertrude Stein, la poesía perfecta era como perfecta sabiduría y santidad, simplicidad y transparencia. La poesía de Marina Tapia, hasta este su último libro, “Nômade”, se acerca de manera extraordinaria a esa idea, a ese deleitoso ideal. Porque los poemas de Marina existen, no parecen haber sido fabricados sino que pertenecen al orden natural, como el lirio silvestre. Se encuentra uno muy a gusto respirando su aire puro, lleno de misteriosas fragancias, de brisas sensuales, de combinaciones armónicas, de exquisitas ósmosis. Sólo muy pocos autores nos acompañan muy profundamente, creadores que poseen un don donde se funde la gracia y la tersura expresiva con una lucidez especialísima, genuinos artistas que son esclavos del don que han recibido. Sólo muy pocas veces nos penetran palabras esenciales por su verdad o su belleza. Por lo general, y porque la sed no se apaga sino con agua de manantial, hay que cavar un pozo muy hondo para encontrar una veta pura. Y la poesía de Marina lo es, un don como la claridad del agua o de la luz. Un don que no se sabe de dónde viene, sólo se sabe que hay que cavar mucho y esperar mucho. Hasta hoy, en que tenemos la suerte de atesorarlo de nuevo en el cuenco de nuestras manos, en este pequeño volumen de una poeta destinada a ser un clásico, porque sus libros poseen la elegancia, la limpieza y la precisión de lo atemporal>>.