He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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viernes, 18 de septiembre de 2026

La poesía nómada de Marina Tapia

Comparto mi reseña de “Nômade”(Entorno Gráfico), el último y extraordinario libro de Marina Tapia, en la revista Horizonte Garnata:




<<LA POESÍA NÓMADA DE MARINA TAPIA.

Resulta fácil escribir sobre cualquier libro de Marina, dada la calidad intrínseca de todos ellos. Y al mismo tiempo resulta muy difícil hablar de la autora dada su humildad, dado su deseo congénito de invisibilidad. Es como intentar atrapar a un humilde gorrión sin que se le parta a uno el alma; un gorrión que, a lo sumo, sólo quiere que nos fijemos en su vuelo y no en su condición de ave, de criatura aérea. Pero cómo hablar de la poesía de Marina sin decir que pertenece a ese linaje escaso de los poetas de nacimiento, que viven, respiran y transmiten poesía. Cómo ocultar su singularidad, tan rara y valiosa sobre todo en un presente colonizado por vanidades, oropeles impostados y egos revueltos. Aunque a Marina le horroricen estas afirmaciones, somos afortunados de que su suculenta savia chilena esté renovando de nutrientes los vasos liberianos de la poesía granadina y española.

Tras ese hito en su trayectoria creativa que ha sido “Mixtura”, la antología personal en la que ha recopilado una buena muestra de sus diez primeros poemarios (algunos inencontrables al tratarse de ediciones debidas a diversos premios literarios), nos entrega ahora su nueva obra, “Nômade”, que Entorno Gráfico ha tenido el tino y buen gusto de publicar aquí, en Granada, el hogar desde hace trece años de una Marina ya no tan nómada. De alguna manera, “Nômade” entronca con “Islario”, una obra suya anterior donde peregrinaba con emoción contenida a numerosos lugares del mundo, ya que “Nômade” fue escrito en gran parte durante su residencia en Óbidos, becada por Granada Ciudad de Literatura Unesco. Digo en gran parte porque, además de contener “Cuaderno portugués”, con los poemas destilados y tamizados durante su estancia en aquella hermosa ciudad medieval, “Nômade” cuenta con un segundo grupo de poemas titulado “Errantía”, formado exclusivamente por sonetos. Piezas todas hermosísimas, en las que Marina retoma, se ciñe y revitaliza los temas de este molde clásico con una altura tal que uno parece estar leyendo por ejemplo a Sor Juana Inés de la Cruz. “Cuaderno portugués” es belleza sencilla, es azul, es melancolía, es bodega, es Atlántico, es muralla, es verdín, es tiempo desflecado, es dulzura, es nudo y salitre, es barca amarrada, es viento verde, es alfiletero de saudades. “Errantía”, en cambio, es verbo sonoro, espíritu inquieto, rima felina, destierro leve, nácar escarchado, es andadura, feliz ejercicio, vida renovada, pupila y bravura, es sol a manos llenas, es orbe de diamante.

Como dije en uno de los prólogos que tuve el privilegio de escribir a alguno de sus libros, los versos de Marina son versos que polinizan el alma. O, por decirlo al modo de Cunqueiro, la poesía de Marina es ambrosía, madre de levitaciones. Y Marina es a su vez, como todos los poetas auténticos, una médium verdaderamente modesta. Su humildad custodia la pureza que necesita, por encima de todo, el poeta. Pienso que Marina podría ser uno de aquellos ángeles que visitaron a Abraham, en pura misión de consolarnos en un mundo demasiado feo y bárbaro. Que Marina podría ser como esos médicos, como esos contados seres misericordiosos que tienen la seguridad de que con dulzura y consuelo se curan muchas enfermedades. O como esos místicos que pasan de puntillas por su tiempo, porque el ruido del mundo no deja oírlos, pero luego, aunque sea mucho tiempo después, acaban resonando como un fragor en el corazón de las gentes, que por fin pueden escucharlos. Porque tengo la certeza -como la tiene cualquier persona que se haya acercado a su poesía o la frecuente en el futuro- de que la lectura de los versos de Marina es realmente un descansadero, un lugar de quietud, un espacio calmante del alma donde se amortiguan los ruidos y se otea el mundo, con sus colores y misterios, como desde una particular y gratísima lontananza; donde los sentidos se expresan y glorifican mediante la razón y el ritmo interno; donde los apetitos, con sus batallas y cicatrices, se subliman, y se auscultan apaciblemente los afectos.

Quizá la sensación de transparencia que se respira en su obra provenga de que nuestra poeta no se deja atrapar por el paisaje, por las vivencias o los sentimientos, sino que los deglute y los fija para nosotros en planos mentales. Según Azorín, lo que da la medida de un artista es su sentido de la naturaleza: un escritor será tanto más artista cuanto mejor sepa interpretar la emoción del paisaje. No parece sino que Azorín se refiriera a Marina. Porque ella no habla acerca de las hojas de los árboles y de las ardillas y de la espuma y del musgo en las rocas y de las golondrinas, sino que habla en su nombre, sin intermediarios, impregnada la poeta de su gracia, de sus átomos, de su sustancia tangible, ataviada de luz, transmitiéndonos -con cordial belleza y frescura- un mundo natural vivo, soberano, inteligible, en primera persona, y en el que percibimos la eternidad del cambio incesante, su enigmático y exuberante deleite físico. Ahí están para demostrarlo esos hitos de su errancia poética, los poemarios “Marjales de interior”, “Jardín imposible”, “Bosque y silencio”, “Islario” o “Piedra que mengua”, cada uno con sus propios matices, con su serena plenitud vital, con su ritmo musical. Todos los libros de su vagabundeo literario son proyectos autónomos y autoconclusivos, repensados y alumbrados con titánico esmero, también los amorosos, los reivindicativos, los homenajeadores, los metaliterarios como “50 Mujeres desnudas”, “El relámpago en la habitación”, “El deleite”, “Corteza” o “Un kilim de palabras”. Marina, con su fino oído literario y su solidaridad, sensitiva y carente de voluntad de poder, es capaz de explorar en su fragua infatigable la frontera entre la palabra y el silencio, de sondear las entrañas tectónicas de la Tierra, de sentir apego por todos los seres, de atrapar epifanías en la pinaza de un bosque, de esculpir las fases del deseo, de atisbar el infinito tras los marcos azules de una ventana portuguesa, de celebrar la existencia como si fuera un centelleante trozo de ámbar, de agasajarla con versos, pinceles o títeres.

Como dice María Negroni, la poesía es la continuación de la infancia por otros medios. Y es que hay una afinidad entre las cajitas donde los niños guardan sus diminutos tesoros y los retazos de vida, los datos sedimentados del mundo que los poetas guardan en sus libros. Lo infantil, como lo poético, es una sublimación de la curiosidad y la memoria, una resistencia testaruda, un ataque al mundo adulto. Igual que el espacio mágico de la infancia, la poesía de Marina Tapia se habita más que se lee, es el arte del silencio inteligente y hermoso, del fervor asombrado, de las esquirlas de un yo que se preocupa por todos nosotros y cuyos temas giran alrededor de la poeta en una espiral armónica, como quería Sor Juana Inés de la Cruz.

Para Gertrude Stein, la poesía perfecta era como perfecta sabiduría y santidad, simplicidad y transparencia. La poesía de Marina Tapia, hasta este su último libro, “Nômade”, se acerca de manera extraordinaria a esa idea, a ese deleitoso ideal. Porque los poemas de Marina existen, no parecen haber sido fabricados sino que pertenecen al orden natural, como el lirio silvestre. Se encuentra uno muy a gusto respirando su aire puro, lleno de misteriosas fragancias, de brisas sensuales, de combinaciones armónicas, de exquisitas ósmosis. Sólo muy pocos autores nos acompañan muy profundamente, creadores que poseen un don donde se funde la gracia y la tersura expresiva con una lucidez especialísima, genuinos artistas que son esclavos del don que han recibido. Sólo muy pocas veces nos penetran palabras esenciales por su verdad o su belleza. Por lo general, y porque la sed no se apaga sino con agua de manantial, hay que cavar un pozo muy hondo para encontrar una veta pura. Y la poesía de Marina lo es, un don como la claridad del agua o de la luz. Un don que no se sabe de dónde viene, sólo se sabe que hay que cavar mucho y esperar mucho. Hasta hoy, en que tenemos la suerte de atesorarlo de nuevo en el cuenco de nuestras manos, en este pequeño volumen de una poeta destinada a ser un clásico, porque sus libros poseen la elegancia, la limpieza y la precisión de lo atemporal.

No me resisto a concluir dejando aquí una breve muestra de ese regalo para todos que es un poema de Marina Tapia; el emocionante autorretrato del inmortal soneto 4 de “Errantía”, la segunda parte de “Nômade”:

Si a fuerza de ascensiones, me depongo,
si cada vez que empiezo, finalizo,
si pinto de dorado aquel plomizo
oráculo interior que recompongo.


Si un beso desvaído yo prolongo
negando su latir color pajizo,
si el hielo que se aviva nunca atizo
y de la decepción ya no dispongo.


Si convertí lo rudo en algo ameno,
si altero cada invierno en primavera:
ha sido porque he huido de mi suerte.


Cansada ya de mí, de este veneno,
hoy voy a ver la muerte como muerte
y al mundo con su flor y calavera.


miércoles, 24 de junio de 2026

Presentación de "Circunloquio de amapolas" de Sebástián Waldo

 Presentación en la Biblioteca de Andalucía, junto con Marina Tapia, de "Circunloquio de amapolas", el último poemario del poeta chileno afincado en Granada Sebastián Waldo. Comparto mi mi introducción:





<<Hoy presentamos el nuevo libro de Sebastián Waldo y, para ello, nos acompaña la también poeta y paisana suya Marina Tapia. Voy a ser muy breve, porque es a ellos a quienes hemos venido a escuchar.

Sebastián Waldo nació en Santiago de Chile en 1984. Además de poeta, es docente, licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad Alberto Hurtado y doctor en Literatura por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Dirige la revista de literatura contemporánea Vórtice y es editor en Verba Editorial Cooperativa. Es autor de las obras El bosque de los ausentes (Puerto de Escape, 2015), Las arpas rotas (Bajo la Lluvia Ediciones, 2020), Espejismos (Vórtice Ediciones, 2022) y Jornadas neorrománticas (Averso, 2024). Sus poemas y artículos han sido publicados en diversas revistas literarias y una parte de su obra se encuentra traducida al inglés.

Sebastián Waldo es de la estirpe de los poetas caudalosos (aunque suele refrenar la montura del poema algo más que ellos), y los primeros que me vienen a la memoria son también, precisamente, dos chilenos que me impresionaron de manera viva e inolvidable en la adolescencia, los dos Pablos, Pablo Neruda y su enemigo Pablo de Rockha. A ese lirismo torrencial y telúrico asentado en las fuerzas terrestres, tan vigorosas en Chile, se une el vitalismo nerorromántico de Sebastián (como a él le gusta denominarlo), la reverencia amable a la naturaleza -reflejo del carácter gentil de nuestro autor- y la denuncia a veces iracunda de la modernidad tecnológica.

Es como si Lord Byron zigzagueara de nuevo en el intertiempo y aterrizara en las estribaciones de los Andes o junto al rumor del Pacífico, y se detuviera a reflexionar sobre el corazón humano bajo la sombra de los aromos y los copihues.

Sebastián Waldo contempla a la humanidad como una Atlántida agonizante, sepultada bajo la torrentera de su páramo rocoso y vacío. Pero en ese granito aún palpita la esperanza; aún vuela una mariposa, una golondrina, una gaviota; aún se vislumbra un color; aún crece alguna flor, una amapola por ejemplo. La poesía atávica y plutónica de Sebastián Waldo busca a quien “cantar en una tierra de sordos”, busca retornar a un “caudal de siglos”.

Por último, no puedo dejar de señalar lo un tanto extraño que resulta el título del libro -aunque Circunloquio de amapolas corresponde al primer poema del mismo- y que parece contradecir a priori la potencia visionaria de los versos que aloja en su interior. Pero, pensándolo mejor, también hay ebriedad aquí, como la había a raudales en esos dos maestros de la poesía compatriotas suyos. Al fin y al cabo, un campo de amapolas embriaga los sentidos; en especial, la vista>>.



miércoles, 3 de junio de 2026

Feria del Libro de Zaragoza

Días de libros, de amistad y de garnacha en Zaragoza. Muy agradecido a todos los viejos y nuevos amigos (con especial cariño para Carlos Manzano, Alfredo Moreno, Jose Antonio Lozano, Ana Alcubierre, Miguel Ángel Ordovás, la maravillosa ilustradora chilena Alejandra Acosta o Antonio Sancho que se desplazó expresamente desde Logroño con su pareja) que nos acompañaron en la caseta de Libros del Innombrable este domingo en el impresionante parque José Antonio Labordeta. Mil gracias a mi heroico editor el escritor Raúl Herrero Herrero, paladín de la heterodoxia, con el que comparto afinidades y pertenencia al Collège de Pataphysique, y naturalmente a Marina Tapia por las fotitos.













Reseña de "Holobionte" por Marina Tapia

Un honor que sea Marina Tapia la que abra fuego sobre “Holobionte” (Eolas Ediciones) con esta magnífica, completísima reseña publicada en la revista CaoCultura:


<<”HOLOBIONTE”: UN INTENSO VIAJE A LA ESENCIA HUMANA.

El prójimo puede ser encantador, pero también puede mostrarnos su cara más oscura. En un mundo donde todos colindamos, en este hormiguero, en este avispero, en este mar de cuerpos que chocan, es difícil no crear ciertas distancias, reparos, fobias, rechazos o antipatías hacia los otros. Pero la soledad absoluta tampoco es el antídoto. Necesitamos hermanos −para bien o para mal−, necesitamos ser piña, manada, rueda engrasada que hace girar el mundo. Necesitamos contacto físico, ser emisores y receptores: es parte de la herencia que nos han dejado generaciones anteriores. Nuestra fuerza como especie está en la comunidad. Sí, todos estos argumentos los sabemos y están sembrados profundamente en la tierra de nuestra educación, en los acuerdos tácitos y por escrito, y en diversos papelorios. Pero, el prójimo es una cruz, cargamos a los demás (que pesan como un muerto) sobre nuestra espalda a duras penas. Oídos, vista, olfato se resienten y erizan frente a la modulación de nuestros iguales. La resistencia interna, el mundo espiritual y el soliloquio no siempre forma una coraza. Somos débiles. Nos volvemos dependientes de familiares y compañeros, y queremos decir: "La libertad, Sancho…" pero caemos en los lazos y en las uniones, en el eslogan de las manos unidas y de las cadenas humanas ‘que todo pueden lograr’.

"Holobionte", de Ángel Olgoso (el cuarto volumen de ese anaquel de tesoros que son sus cuentos completos y que tenemos la fortuna de que esté publicando la editorial Eolas), muestra todo esto a la perfección, y refleja con excelencia la tirantez de esas órbitas en las que vive el hombre desde que nace. Este libro pone palabras a tantas emociones complejas y sutiles relacionadas con el edificio social. Nos sentiremos reflejados en él, nos reiremos de nosotros mismos gracias al delicioso e inteligente sarcasmo que el autor acuña. Encontraremos un relato y una expresión precisa para cada comportamiento humano. Es difícil no caer rendida ante todas las historias aquí planteadas, cuentos que son un muestrario amplísimo de situaciones, fieles retratos del Homo Sapiens. Un libro redondo como los anteriores volúmenes temáticos, "Bestiario", "Sideral" y "Estigia", más lúcido y necesario que nunca en estos días en los que amamos y aborrecemos a la humanidad casi por igual (inclinando la balanza, en numerosos momentos, hacia lo segundo).

"Holobionte" es un intenso viaje a la esencia humana. El libro se abre magistralmente con "Hispania I", relato que, con una ironía y maestría únicas, nos habla de las fricciones entre dos caracteres opuestos: el ser indolente que se deja llevar por sus impulsos primitivos y desenfrenados, frente al ser comedido y educado que intenta encajar recatadamente en la sociedad. Esa lucha de dos posturas, de dos fuerzas opuestas tan habituales, vale como acertada obertura de lo que encontraremos después. El narrador sigue avanzando por esta colección de piezas perfectas con relatos cortos unidos bajo la idea de la familia y de las distintas edades y etapas de la vida. Familia: ese primer espacio emocional donde experimentamos la colisión con los demás. Nos deleitarán "Perspectiva" (retratando la figura del padre), "La mujer transparente" (pintando los desvelos de una esposa), o "Reconciliación" (mostrando vivamente la soledad de una anciana). Ángel Olgoso es un maestro capaz de −en poquísimas líneas− mostrar arquetipos y patrones habituales. Pero también hay espacio en este libro para fundir lo humano con el mundo natural, como es el caso del bellísimo texto "Las nubes", con ese final tan potente: "disipándose en perezosos despojos de muselina, olvidadas, como nosotros". Entre sus páginas el autor da voz también a los afligidos, a los castigados por el egoísmo y la crueldad extrema de los otros, como en "La travesía", "El descanso de Sísifo", "El misántropo", "Caballeros de los puentes" o, sobre todo, "Perlas de Indra" que, doloroso y hermoso a la vez, da muestra de un terrible desgarro moral y luego, en otro plano dimensional, de una benéfica justicia poética. Y hay espacio para el sentimiento amoroso, por ejemplo en "Venablos", "Émula de la llama" (ópera pasional con distintas arias de erotismo explícito ordenadas alfabéticamente), "La fortaleza" o "El solipsista". Potentes narraciones, lejos del cliché del romanticismo fácil y almibarado. Quedan reflejados los habituales conflictos vecinales (que todos hemos sufrido por desgracia) de una forma dinámica, humorística o descarnada en relatos como "El tendedero", "El prójimo", "El misántropo" y "Huéspedes". Ángel se extiende a los de orden colectivo o mundial como en "Vidas privadas", "Anfiteatro", "El tabernáculo", "Hispania II", "La corporación" o "El mensaje". Interesantísimos textos epistolares "Las espuelas y la carne" y "Carta al hijo", texto que da voz al padre de Kafka, una genial vuelta de tuerca a la célebre misiva kafkiana y a la metamorfosis. En ella se muestra el el reverso paterno, ese sinsabor del progenitor al no ser comprendido por su hijo. También hallaremos la extrañeza ante un otro distinto, desconocido y amenazante ("Flores atroces") o el ser humano repetido como un patrón monótono hasta la saciedad ("El síndrome de Lugrís"). Y esa visión poética −unida a la extrañeza− tan frecuente en la obra de Olgoso, nos llevará a una especie de éxtasis sensorial, a un rapto, como cuando nos dice: "El tuétano de cada uno de mis huesos comenzaba a licuarse. La pura evidencia y el estupor me mantienen paralizado desde entonces. Solo sé que tengo ojos y veo. Y ayer me vi a mí mismo alejándome calle abajo". Maravilloso el texto "Okitsu", encarnando al hijo que ve a su padre en toda su dimensión, con una valoración tan desusada: "No soy más que mi propia, nimia y atolondrada creación floral. No soy más que la flor que brotó, para apartarse, del tronco seco de mi padre. No soy más que la imperfección voluntaria que requiere un jardín, la impureza exquisita de un paisaje, la limitación, lo inacabado".

Mención especial merece el relato más largo del volumen: "El síndrome de Lugrís", una portentosa y emocionante historia, la obra más extensa escrita por el autor entre sus setecientas piezas, y su preferida a juzgar por las declaraciones de Ángel. Canto a la amistad ungida del brillo esmerilado de palabras gallegas. Esa contraposición de la indefensión del personaje principal y de la sobreprotección de su amigo hiere como una estocada. La relación entre Manuel y Ramón nos dejará huella. El ‘demonio de la simetría’, de la repetición del molde humano, es el que desencadena el delirio. Y cómo no deleitarnos con la constelación de detalles, con la riqueza estilística de las enumeraciones y con las vivísimas caminatas a través de la geografía gallega. "No era miedo, insistía; como si se le hubiera activado una facultad desconocida, le dolía de golpe, y hasta la náusea, la concordancia general de los rostros de todos los hombres y mujeres más allá de épocas o razas, la sofocante proliferación de ese molde". "Siempre había tenido la certeza de que la vida estaba llena de imposturas, de miserias que ‘afogan e non matan’, de pequeñas vejaciones infligidas por el prójimo que se sucedían en vaivenes sin interrupción, en cúmulos de mayor o menor magnitud", "mientras siniestramente, por las galerías del edificio, por los caminos y ciudades del mundo, pululan y se propagan sombras provistas de cabezas, de cabezas todas iguales, de piernas y brazos iguales, sombras simétricas con las mismas extremidades duplicadas, el mismo paso alterno de las piernas y el mismo balanceo alterno de los brazos, huestes espectrales, dispersos ejércitos de insectos zancudos transportados de aquí para allá con feroz y marcial ansiedad". Es de celebrar que Olgoso haya inventado un síndrome nuevo, sustentado clínicamente de forma verosímil y que sienta un precedente acerca de este sofocador descenso a la locura (¿o a la lucidez?), de esta multiplicación clónica a la que cada vez estamos más abocados, de este futuro cada vez más estándar en todos los rincones del planeta.

El libro termina con un microrrelato brillante, "Cuento de horror", que en sólo dos líneas perfila y sintetiza el conjunto: "Vivía solo, despreocupado, feliz. Un buen día se le acercó otro ser humano". Y tal como destaca Raúl Brasca a esta visión crítica de la sociedad humana en su preciso prólogo: "Si algo caracteriza a ‘Holobionte’ es su exuberancia, en el mejor sentido. A todos los aspectos −temáticos, procedimentales, estéticos− puede aplicarse el término. Aplicado al lenguaje, hay que decir que tiene protagonismo, pero su frondosidad no es ornamental. Se trata de un lenguaje barroco y potente, capaz de alcanzar niveles expresivos muy altos, gracias a su precisión y belleza. Quiero decir que sirve bellamente a la historia que cuenta y, que aun siendo protagonista, nunca se pone por delante de ella". Sí, es el lenguaje en estado puro el culpable de esa fidelidad y de esa adicción nacida en los lectores que rápidamente nos volvemos ‘olgosianos’, el lenguaje con sus atmósferas y sus arpegios reconocibles en cuanto llegan a nuestros oídos, como ocurre con artistas como Miró o Remedios Varo.

Tras la relectura de este fabuloso libro, siento que se prende en mí la belleza, la indagación honesta, la búsqueda de la pulcritud y la justedad de las palabras, siento que puedo ver la humanidad transparentada. Todo lo que no encuentro en otros autores lo hallo en Olgoso: esa independencia, esa integridad, esa falta de complacencia, ese compromiso insobornable con el lenguaje. Ya se ha dicho tanto acerca de su escritura, que mis sencillas palabras son sólo un apunte entusiasta pero sincero. Seguro se perderán. Pero esta reseña ha nacido de la admiración y la gratitud hacia otro libro magnífico de Ángel.>>

lunes, 4 de mayo de 2026

Presentación de "Nômade", de Marina Tapia

Muchísimas gracias a tod@s l@s que abarrotasteis el sábado la Sala Zaida en la presentación de “Nômade” de Marina Tapia (Entorno Gráfico). Para los que no pudisteis acompañarnos en esta ceremonia de la amistad y la literatura, y para los que queríais volver a escucharlo, comparto el texto que tuve el privilegio de escribir acerca de la nueva joya poética de Marina:




<<Resulta fácil presentar cualquier libro de Marina, dada la calidad intrínseca de todos ellos. Y al mismo tiempo resulta muy difícil presentar a Marina dada su humildad, su deseo congénito de invisibilidad. Es como intentar atrapar a un humilde gorrión sin que se le parta a uno el alma; un gorrión que, a lo sumo, sólo quiere que nos fijemos en su vuelo y no en su condición de ave, de criatura aérea. Pero cómo hablar de la poesía de Marina sin decir que pertenece a ese linaje escaso de los poetas de nacimiento, que viven, respiran y transmiten poesía. Seguro que ahora mismo tiene el corazón saliéndose del pecho, azorada por las cosas que ando diciendo, pero cómo ocultar su singularidad, tan rara y valiosa sobre todo en un presente colonizado por vanidades, oropeles impostados y egos revueltos. Aunque a Marina le horroricen estas afirmaciones, somos afortunados de que su suculenta savia chilena esté renovando de nutrientes los vasos liberianos de la poesía granadina y española.



Tras ese hito en su trayectoria creativa que ha sido “Mixtura”, la antología personal en la que ha recopilado una buena muestra de sus diez primeros poemarios (algunos inencontrables al tratarse de ediciones debidas a diversos premios literarios), hoy nos entrega su nueva obra, “Nômade”, que Entorno Gráfico ha tenido el tino y buen gusto de publicar aquí, en Granada, el hogar desde hace trece años de una Marina ya no tan nómada. De alguna manera, “Nômade” entronca con “Islario”, una obra suya anterior donde peregrinaba con emoción contenida a numerosos lugares del mundo, ya que “Nômade” fue escrito en gran parte durante su residencia en Óbidos, becada por Granada Ciudad de Literatura Unesco. Digo en gran parte porque, además de contener “Cuaderno portugués”, con los poemas destilados y tamizados durante su estancia en aquella hermosa ciudad medieval, “Nômade” cuenta con un segundo grupo de poemas titulado “Errantía”, formado exclusivamente por sonetos. Piezas todas hermosísimas, en las que Marina retoma, se ciñe y revitaliza los temas de este molde clásico con una altura tal que uno parece estar leyendo por ejemplo a Sor Juana Inés de la Cruz. “Cuaderno portugués” es belleza sencilla, es azul, es melancolía, es bodega, es Atlántico, es muralla, es verdín, es tiempo desflecado, es dulzura, es nudo y salitre, es barca amarrada, es viento verde, es alfiletero de saudades. “Errantía”, en cambio, es verbo sonoro, espíritu inquieto, rima felina, destierro leve, nácar escarchado, es andadura, feliz ejercicio, vida renovada, pupila y bravura, es sol a manos llenas, es orbe de diamante.



Como dije en uno de los prólogos que tuve el privilegio de escribir a alguno de sus libros, los versos de Marina polinizan el alma. O, por decirlo al modo de Cunqueiro, la poesía de Marina es ambrosía, madre de levitaciones. Y Marina es a su vez, como todos los poetas auténticos, una médium verdaderamente modesta. Su humildad custodia la pureza que necesita, por encima de todo, el poeta. Pienso que Marina podría ser uno de aquellos ángeles que visitaron a Abraham, en pura misión de consolarnos en un mundo demasiado feo y bárbaro. Que Marina podría ser como esos médicos, como esos contados seres misericordiosos que tienen la seguridad de que con dulzura y consuelo se curan muchas enfermedades. O como esos místicos que pasan de puntillas por su tiempo, porque el ruido del mundo no deja oírlos, pero luego, aunque sea mucho tiempo después, acaban resonando como un fragor en el corazón de las gentes, que por fin pueden escucharlos. Porque tengo la certeza -como la tiene cualquier persona que se haya acercado a su poesía o la frecuente en el futuro- de que la lectura de los versos de Marina es realmente un descansadero, un lugar de quietud, un espacio calmante del alma donde se amortiguan los ruidos y se otea el mundo, con sus colores y misterios, como desde una particular y gratísima lontananza; donde los sentidos se expresan y glorifican mediante la razón y el ritmo interno; donde los apetitos, con sus batallas y cicatrices, se subliman, y se auscultan apaciblemente los afectos.



Quizá la sensación de transparencia que se respira en su obra provenga de que nuestra poeta no se deja atrapar por el paisaje, por las vivencias o los sentimientos, sino que los deglute y los fija para nosotros en planos mentales. Según Azorín, lo que da la medida de un artista es su sentido de la naturaleza: un escritor será tanto más artista cuanto mejor sepa interpretar la emoción del paisaje. No parece sino que Azorín se refiriera a Marina. Porque ella no habla acerca de las hojas de los árboles y de las ardillas y de la espuma y del musgo en las rocas y de las golondrinas, sino que habla en su nombre, sin intermediarios, impregnada la poeta de su gracia, de sus átomos, de su sustancia tangible, ataviada de pura luz, transmitiéndonos -con cordial belleza y frescura- un mundo natural vivo, soberano, inteligible, en primera persona. Marina, en su fragua infatigable, es capaz de explorar la frontera entre la palabra y el silencio, de sondear las entrañas tectónicas de la Tierra, de sentir apego por todos los seres, de atrapar epifanías en la pinaza de un bosque, de esculpir las fases del deseo, de atisbar el infinito tras los marcos azules de una ventana portuguesa, de celebrar la existencia como si fuera un centelleante trozo de ámbar, de agasajarla con versos, pinceles o títeres.



Como dice María Negroni, la poesía es la continuación de la infancia por otros medios. Y es que hay una afinidad entre las cajitas donde los niños guardan sus diminutos tesoros y los retazos de vida, los datos sedimentados del mundo que los poetas guardan en sus libros. Lo infantil, como lo poético, es una sublimación de la curiosidad y la memoria, una resistencia testaruda. Igual que el espacio mágico de la infancia, la poesía de Marina Tapia se habita más que se lee, es el arte del silencio inteligente y hermoso, del fervor asombrado, de las esquirlas de un yo que se preocupa por todos nosotros y cuyos temas giran alrededor de la poeta en una espiral armónica, como quería Sor Juana Inés de la Cruz.



Para Gertrude Stein, la poesía perfecta era como perfecta sabiduría y santidad, simplicidad y transparencia. La poesía de Marina Tapia, hasta este su último libro, “Nômade”, se acerca de manera extraordinaria a esa idea, a ese deleitoso ideal. Porque los poemas de Marina existen, no parecen haber sido fabricados sino que pertenecen al orden natural, como el lirio silvestre. Se encuentra uno muy a gusto respirando su aire puro, lleno de misteriosas fragancias, de brisas sensuales, de combinaciones armónicas, de exquisitas ósmosis. Sólo muy pocos autores nos acompañan muy profundamente, creadores que poseen un don donde se funde la gracia y la tersura expresiva con una lucidez especialísima, genuinos artistas que son esclavos del don que han recibido. Sólo muy pocas veces nos penetran palabras esenciales por su verdad o su belleza. Por lo general, y porque la sed no se apaga sino con agua de manantial, hay que cavar un pozo muy hondo para encontrar una veta pura. Y la poesía de Marina lo es, un don como la claridad del agua o de la luz. Un don que no se sabe de dónde viene, sólo se sabe que hay que cavar mucho y esperar mucho. Hasta hoy, en que tenemos la suerte de atesorarlo de nuevo en el cuenco de nuestras manos, en este pequeño volumen de una poeta destinada a ser un clásico, porque sus libros poseen la elegancia, la limpieza y la precisión de lo atemporal>>.





miércoles, 25 de marzo de 2026

En el Taller de Escritura de La Zubia de Marina Tapia

Del muro de Marina Tapia:

<<Fue un verdadero placer contar ayer con la visita de Ángel Olgoso en nuestro Taller de Escritura de La Zubia. Una tarde cálida, divertida e inolvidable, llena de exquisita literatura en torno al género híbrido (centrada en su última obra 'Madera de deriva'), a la pasión por el lenguaje y al respeto por la inteligencia del lector. El encuentro contó además con dos sorpresas, la visita de Ramón Melgarejo, amigo de su época estudiantil, y la lectura de un texto homenaje por parte de Carmen Moral Santaella creado especialmente para la ocasión. Gracias, querido compañero, por regalarnos tu larga experiencia creativa y tus fascinantes obras, que nos alientan a seguir en la búsqueda de la belleza y de nuestra propia voz. 


Os dejo con algunas fotos de Margarita Osborn Belt y Daniel Martin Peralta, y con mis palabras de bienvenida:

PALABRAS DE BIENVENIDA PARA ÁNGEL OLGOSO

Vivir con un grandísimo escritor como Ángel Olgoso deja una marca imborrable en tu forma de mirar el mundo y de entender la literatura. No sabéis cuánto le debo, aunque lo imagináis.

Vengo de una familia en la cual la escritura, la creación y la lectura siempre han estado presentes, pero, a pesar de mis orígenes y del ambiente artístico-cultural en el que crecí, os puedo asegurar que nunca antes había conocido a alguien con las características de Ángel: una persona que tuviera en exclusiva un cuaderno con un listado de posibles títulos (para sus creaciones, sí, pero también para regalárselos a otros escritores ‘necesitados’ de una buena palabra aglutinadora); una inmensa colección de citas repartida en decenas de libretas y recopiladas durante décadas; y menos aún, una verdadera máquina perfecta para la confección de prólogos, epílogos, reseñas, presentaciones, o nutridos comentarios (¡para enmarcar!) dedicados de una forma tan honesta y desinteresada a un centenar de creadores de diversos puntos de la geografía y de diversas épocas. Todos estos gestos y actitudes muestran claramente su vocación y su compromiso con la palabra justa, con el lenguaje bien cimentado, con la literatura que se toma en serio. Y también da fe de esto que comparto: su amplia correspondencia −y apoyo− con otras autoras y autores a lo largo de toda una vida, y su labor al frente del Institutum Pataphysicum Granatensis, sociedad puesta en marcha por él que oxigena y refresca las acartonadas maneras de los grupos literarios o académicos −en las que pueden caer− las ciudades de provincia. Y, a pesar de todo esto, uno podría imaginarse un Ángel Olgoso con aura de literato, con pose de intelectual y consciente de su valía. Una podría pensar que sus conversaciones giran en torno a sus procesos de escritura, a las corrientes actuales imprescindibles, o que saca a relucir el centenar de antologías en las que está incluido (como quien no quiere la cosa), o que asume sin rubor el término de ‘maestro’ que muchos le aplican. Pero no. El Ángel Olgoso que a diario se pasea por la casa en que vivimos, el que ordena notitas en el escritorio, el que toma apuntes con letra minúscula (esa que casi pide perdón por desplegarse), el que abre los ojos deslumbrado ante una palabra nueva que le regala un libro, el que se recuesta a leer buscando el tímido sol que entra por las ventanas es totalmente sencillo, es una persona tímida, un enhebrador de pensamientos dispersos y flotantes, un hombre predispuesto a lo cotidiano que ni repara siquiera en su excepcionalidad. Un creador sin aureola o marco dorado.

En este curso, en el que abrimos nuestro aprendizaje con el estudio del género híbrido y con una amplia muestra de algunos de sus exponentes, cómo no aprovechar esa ‘conexión’ estrecha que me une con el autor antes citado para invitarlo a nuestra aula, cómo no celebrar el hecho de tenerlo tan a mano y profundizar así en este tipo de escritura que él tan maravillosamente desarrolla. Nos hemos acercado a su deslumbrante ‘Madera de deriva’, y hemos tenido la suerte, además, de leer algunos inéditos de ‘Mirabilia’. Hoy es un día gozoso porque podemos avasallarlo con preguntas y observaciones, quizá no tanto para él a causa de su timidez. Hoy es un día de fiesta del lenguaje. Quién mejor que Ángel para motivarnos a no temer a usar todas las palabras del diccionario que necesitamos para ser más precisos; quién mejor que él, absoluto amante de los géneros que abordan el pensamiento y la reflexión (ensayo, diarios, literatura de viajes, textos misceláneos…) para inspirar nuestras búsquedas hacia nuevos puertos.

Te damos la bienvenida a este taller tan receptivo, y que tanto admira tu trabajo, querido Ángel. Este bello grupo humano en el que cultivamos el aprendizaje como forma de vida. Para ser buenos creadores y creadoras es siempre tan importante tener buenos modelos y espejos en los que mirarse, y tú eres uno de esos referentes: has conseguido crear un mundo y una obra sólida a pesar de tus circunstancias iniciales: un hogar en el que no había libros, crecer teniendo como marco un pueblo de la vega granadina sin grandes recursos educativos, en una época en que lo más apremiante era trabajar para subsistir. Gracias por crecer y siempre ser fiel a tu voz, por no plegarte a las demandas del mercado, por hacer de tu oficio un ejemplo para todos nosotros.

(Marina Tapia)>>










martes, 17 de marzo de 2026

"Holobionte" (Eolas Ediciones)

No suelo tener el don de la oportunidad, pero la publicación de “Holobionte”, el cuarto volumen temático de mis relatos completos centrado en el prójimo y la sociedad, parece más acertada que nunca, dada la forma en que unos pocos se están 'luciendo' -de forma un tanto demente- con el resto de sus semejantes. Y es que no conviene olvidar que somos un ecosistema cuyas relaciones y comportamientos afectan a todos y acaban modificando nuestro entorno. Muy feliz de que este nuevo libro vaya acompañado por el prólogo del maestro argentino del relato Raúl Brasca y por la impactante portada de Marina Tapia. Ya en preventa en Eolas Ediciones. Espero que os sintáis identificados, perturbados, confrontados y hasta esperanzados con estos relatos, con esta exploración de las pulsiones humanas, de la presencia especular de los otros, de los protocolos sociales, de las relaciones de poder, de la tragedia y la comedia de nuestra especie.



martes, 24 de febrero de 2026

Prólogo de "Cronotopos" por Marina Tapia

Impagable regalo este prólogo que Marina escribió para “Cronotopos”, el libro de gran formato ilustrado a todo color por el maestro Antonio Madrigal y publicado por Pandora.



<<DOMESTICADOR DE RELÁMPAGOS.

Jamás pensé, y menos aún en mi Chile natal, que un día conocería a un caballero de la Tabla Redonda: Ángel Olgoso es un Sir Galahad de la escritura, un caballero puro, fiel a sí mismo, a su insobornable independencia, al valor supremo de escribir con total libertad, a defender la belleza y riqueza del lenguaje así como la exigencia literaria y la inteligencia del lector, con plena entrega a su tarea. Un Don Quijote que ha cabalgado entre dos siglos hechizándonos con el fuego de su imaginación y con la intensidad de sus historias.

Recuerdo la primera vez que escuché una de sus historias, hace trece años, la leyó él mismo en el Aljibe del Rey, un mágico y alhambresco enclave. Su relato “La pequeña y arrogante oligarquía de los vivos” envolvió y conmovió a todos los presentes, fue como escuchar un texto que estaba más vivo aún que el mismo espacio natural que nos cobijaba. Hablaba de un mar compuesto de cuerpos muertos que se superponen formando las olas y que, cómo no, evocaba a nuestro Mediterráneo, tan enlutado por las pérdidas de vidas humanas a causa de las migraciones, pero también por la sucesión de los siglos y siglos que contiene. Ángel sabe arrastrar a los lectores a su terreno; por eso, cuando se le lee, uno se vuelve inevitablemente un ‘olgosiano’, desea con adicción habitar esos mundos que él convoca, vibrar con los acordes medidos de su narrativa. Entramos a ese habitáculo construido por él no sólo a través de la potencia de sus imágenes, de su lenguaje colorista y escogido con minuciosidad, accedemos a ese camarín mágico gracias a un despliegue intencionado que es capaz de poner en funcionamiento al mismo tiempo nuestros cinco sentidos: todo nuestro cuerpo y sensibilidad se despiertan, como de un sueño o un letargo, bajo la fascinación y el influjo de su escritura. Letras de fuego y letras empapadas sutilmente con el sello de su lugar de origen: el sur de la península, Granada. Letras mestizas, deliciosamente mixturadas. Letras que son taracea en movimiento, azulejos reflejando realidades paralelas, posibles e imposibles, abovedados que amplían los dictados de la imaginación. Así como Valparaíso ha donado a mi poesía su marca de inventiva, nostalgia o el azul rubeniano, la escritura de Ángel aviva y mantiene el empaque y la exquisitez de los reinos dorados del sur, siendo a la vez, universal y única.

Creador de un mundo propio, poético e inquietante (setecientos relatos, varios volúmenes misceláneos, un poemario de haikus y un centenar de collages), autor de una obra que trasciende los límites del género breve y de la literatura fantástica, soñador que hace viajar al lector por mil espacios distintos, y que cuenta historias que nos representan a cada uno en singular y a todos como especie. Los que lo leemos con asiduidad agradecemos: su variedad de temas y registros, las abundantes lecturas que se traslucen y que dan perspectiva y profundidad al texto, su búsqueda de un contar estético pero a la vez cercano en su plasticidad, su gusto por las citas y datos singulares que preserva para nosotros, su calidad en medio de tanta publicación comercial, su ironía revitalizadora. Ángel es capaz, con el simbolismo de sus relatos, de transfigurar la realidad y de resumir la condición del ser humano en una gota de rocío o de cifrarla en una galaxia, se ha mantenido siempre fiel a la divisa patafísica de su caballería: “Me esfuerzo de buena gana en pensar cosas en las que pienso que los demás no pensarán”. Una ‘rara avis’, por así decirlo, un creador genuino, discreto en la vida real y aguerrido ante el folio en blanco. Los que hemos tenido la suerte de convivir y relacionarnos con él, sabemos cómo su timidez se vuelve arrojo para narrar, para desarrollar su vocación, para darse a los demás a través de palabras impresas e impregnadas de su dialogar interno.

Mi percepción es que el motor que mueve a Olgoso es la búsqueda de la belleza, de una especial, aquella que va más allá de lo definido. Belleza en el lenguaje, y en la mirada que acoge lo más auténtico e indestructible de los alimentos terrestres. Percibo ese impulso en él, ese afán por acoger, por compendiar los saberes y experiencias, por prenderse a la vida −real e imaginada− como grácil semilla. Un escritor de nacimiento, según mi parecer, ya trae la chispa inquieta del decir en sus ojos (también en los que se abren desde el interior). Observa, recorre lo que ve, intuye los estratos que forman cada elemento, cada hecho, sus capas de pasado, lo que ha quedado escondido, la luz y las sombras. Y de esa capacidad de observación hace gala Ángel, la trae en sus genes, es su cimiento, su viga maestra.

En el relato que viene a continuación, los lectores gozaremos de un mundo rebosante en el que se despliegan todas estas virtudes. En él encontraremos, además, personajes misteriosos y a la vez desenfadados, organizaciones secretas, diálogos filosóficos, nuevas posibilidades del tiempo y el espacio, horizontes que difícilmente antes imaginábamos. “Cronotopos” es una joya que engalanará nuestra biblioteca. Un libro plástico y conceptual, un libro para leer, releer y disfrutar visualmente. Un volumen de los que el autor tanto aprecia: arte con palabras y arte con pintura, ambos unidos en estrecho abrazo.

Dejémonos llevar por el lúcido fogonazo de este domesticador de relámpagos, de este caballero que no sólo no lucha contra los encantamientos sino que los provoca, dejémonos seducir por una literatura que deja huella>>.




sábado, 14 de febrero de 2026

Poema dedicado de Francisco Acuyo

Muy agradecido al poeta Francisco Acuyo por tan bonito detalle y por tan hermoso poema.

<<Para la sección de Poesía del blog Ancile, traigo un poema de la serie que estoy configurando sobre la noche constelada y que bien pudiera ser un futuro conjunto de poemas. En este caso el poema titulado Albíreo, está dedicado a mis amigos Marina Tapia y Ángel Olgoso, a quienes creí ver inseparables observando al asterismo del mismo nombre, de la constelación del Cisne, que en realidad son dos estrellas: Albíreo A y Albíreo B.


ALBÍREO


Mientras dibujo y veo el amor ausente en una,
cuando son en realidad dos estrellas,
en la constelación del Cisne.

A Marina Tapia y Ángel Olgoso


De la estrella intrincado el ornamento
dibujé, y luego de observar su esfera,
con cuidado, abracé su viva hoguera
contra mi pecho que arde turbulento.

Cotejó mi pasión el firmamento
llena de la aflicción que desespera
en mi interior, adonde el tiempo fuera
íntima eternidad por un momento.

Mejor no ve quien vio lo imperceptible:
así, la luz tocaba en la sustancia
de quien amo, si ausente, si intangible.

Miro la estrella y, en su fulgor entro:
veo en el infinito la distancia
que mi alma recorrió para estar dentro>>.

domingo, 8 de febrero de 2026

Entrevista de radio en La Ciudad Ilustrada, de GranadaFM

Marinángel en el programa La Ciudad Ilustrada de GranadaFM. Un buen rato de entrevista relajada a tres bandas, conducida con su habitual sabiduría multidisciplinar por el poeta Francisco Acuyo.



miércoles, 28 de enero de 2026

Presentación y mirada sobre "Mixtura", de Marina Tapia

Amig@s granadin@s, no os perdáis la presentación de “Mixtura” (Averso) este viernes 30 de enero a las 19’00 h. en la Biblioteca de Andalucía: acompañada por la poeta Rosa Morillas, Marina nos descubrirá la antología personal donde recoge una buena muestra de sus diez poemarios, muchos de ellos inencontrables. Una gozada de libro, y con vocación de permanencia. Será un placer encontrarnos allí todas las amistades arropando a Marina. Para abrir el apetito, y para los que no estáis en Granada, comparto mi mirada sobre este maravilloso crisol donde Marina ha fundido sus diez primeros libros de genuina poesía:



<<Voy a comenzar diciendo lo mismo que Federico García Lorca les dijo a los estudiantes de la Universidad de Madrid en 1934 para presentarles a Pablo Neruda, porque sus términos se pueden aplicar a la también chilena Marina Tapia palabra por palabra: “Yo os aconsejo oír con atención a este gran poeta y tratar de conmoveros con él cada uno a su manera. La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay algo en la verdadera poesía, un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, sin el cual es imprudente vivir”.

Marina es como uno de esos volcanes de su tierra natal, un volcán geológicamente activo en múltiples manifestaciones artísticas (desde muy pequeña cultivó la escritura, la pintura, el teatro, los títeres, la ilustración, el cómic o la declamación), un volcán creativo que durante cuatro décadas incubó su lava literaria y, sólo a partir de los últimos diez años, la ha ido emitiendo regularmente en forma de libros, de poemarios fundentes, hermosos, coherentes, insoslayables. Desde los poemas sociales sobre los distintos roles femeninos en “50 mujeres desnudas”, pasando por el erotismo caleidoscópico y elegante de “El relámpago en la habitación” y el amor desde los cinco sentidos en “El deleite”, hasta esa oración a la naturaleza a través de las cuatro estaciones que es “Marjales de interior”. Desde esa botánica fantástica, original y misteriosa como un códice sobre híbridos del mundo vegetal y animal que es “Jardín imposible”, pasando por las raíces hondas y ramas altas de ese refugio que es “Corteza”, hasta esa mirada al paisaje y su fusión con los límites del lenguaje que es “Bosque y silencio”. Desde ese homenaje a las voces poéticas femeninas y marcadoras de camino que es “Un kilim de palabras”, pasando por esa peregrinación de emoción contenida a múltiples territorios que es “Islario”, hasta llegar al misticismo telúrico, al panteísmo de “Piedra que mengua”, Marina ha transmutado alquímicamente su vida y su voz en una decena exacta de volúmenes, de los cuales se recoge felizmente una amplia selección en esta “Mixtura”. Digo felizmente porque muchos de ellos son imposibles de conseguir, inencontrables, al tratarse de ediciones en muchos casos fruto de premios institucionales y en algunos casos de ediciones cercenadas por el tajo de la pandemia. Aquí está, reunida en estas páginas, la obra poética de Marina Tapia, una escritura a veces voluptuosa, casi matérica, y otras de una delicadeza y pulcritud adánicas; una escritura entre la melancolía y la plenitud, entre la meditación y la inventiva, entre lo encendido y lo vulnerable; una escritura siempre trascendente, con hallazgos plásticos que sorprenden al lector por su osadía y, sobre todo, con una elegancia prístina y arrebatadora.

Como dije en uno de los prólogos que tuve el privilegio de escribir a alguno de sus libros, los versos de Marina son versos que polinizan el alma. O, por decirlo al modo de Cunqueiro, la poesía de Marina es ambrosía, madre de levitaciones. Y Marina es a su vez, como todos los poetas auténticos, una médium verdaderamente modesta. Su humildad custodia la pureza que necesita, por encima de todo, el poeta. Porque la escritura no es a sus ojos más que el rostro luminoso del hecho de vivir y de morir, y de algo así no puede sacar provecho ni vanidad. Pienso que Marina podría ser uno de aquellos ángeles que visitaron a Abraham, en pura misión de consolarnos en un mundo demasiado feo y bárbaro, con demasiada dureza y brutalidad y un lenguaje cada vez más zafio e incoloro. Que Marina podría ser como esos médicos, como esos contados seres misericordiosos que tienen la seguridad de que con dulzura y consuelo se curan muchas enfermedades. O como esos místicos que pasan de puntillas por su tiempo, porque el ruido del mundo no deja oírlos, pero luego, aunque sea mucho tiempo después, acaban resonando como un fragor en el corazón de las gentes, que por fin pueden escucharlos. Porque tengo la certeza -como la tiene cualquier persona que se haya acercado a su poesía o la frecuente en el futuro- de que la lectura de los versos de Marina es realmente un descansadero, un lugar de quietud, un espacio calmante del alma donde se amortiguan los ruidos y se otea el mundo, con sus colores y misterios, como desde una particular y gratísima lontananza; donde los sentidos se expresan y glorifican mediante la razón y el ritmo interno; donde los apetitos, con sus batallas y cicatrices, se subliman, y se auscultan apaciblemente los afectos; donde no hay impostura ni estridencias, donde la obra de arte no se convierte en vehículo del ego ni se transforma en altavoz de sus pequeñas pretensiones... Y todo esto resulta impagable.

Porque, además, Marina es una trabajadora incansable. Ella, siempre inquieta, estudia, investiga, absorbe el mundo y el conocimiento como una esponja. El crítico de arte Walter Pater hablaba de la genialidad por acumulación. En los resoles de la fragua creativa de Marina Tapia hay acopio de genialidad y de curiosidad, llamean colores nuevos, como lavados, refulgen glaciares de detalles, imágenes, formas y texturas. Quizá la sensación de transparencia que se respira en su obra provenga de que nuestra poeta no se deja atrapar por el paisaje, por las vivencias o los sentimientos, sino que los deglute y los fija para nosotros en planos mentales. Según Azorín, lo que da la medida de un artista es su sentido de la naturaleza: un escritor será tanto más artista cuanto mejor sepa interpretar la emoción del paisaje. Pareciera que Azorín no habla sino de Marina. Ella, en su fragua incesante, es capaz de explorar la frontera entre la palabra y el silencio, de sondear epifanías alpinas, de esculpir las fases del deseo, de celebrar la vida como si fuera un centelleante trozo de ámbar, de agasajarla con versos, pinceles o títeres.

Para Gertrude Stein, la poesía perfecta era como perfecta sabiduría y santidad, simplicidad y transparencia. “Mixtura”, este crisol de la poesía hasta el presente de Marina Tapia, se acerca de manera extraordinaria a esa idea, a ese deleitoso ideal. Porque los poemas de Marina existen, no parecen haber sido fabricados sino que pertenecen al orden natural, como el lirio silvestre. Se encuentra uno muy a gusto respirando su aire puro, lleno de misteriosas fragancias, de brisas sensuales, de combinaciones armónicas, de exquisitas ósmosis. Sólo muy pocos libros o autores nos acompañan muy profundamente, creadores que poseen un don donde se funde la gracia y la tersura expresiva con una lucidez especialísima, genuinos artistas que son esclavos del don que han recibido. Sólo muy pocas veces nos penetran palabras esenciales por su verdad o su belleza. Por lo general, y porque la sed no se apaga sino con agua de manantial, hay que cavar un pozo muy hondo para encontrar una veta pura. Y la poesía de Marina lo es, un don como la claridad del agua o de la luz. Un don que no se sabe de dónde viene, sólo que hay que cavar mucho y esperar mucho. Hasta hoy, en que tenemos la suerte de atesorarlo en el cuenco de nuestras manos, quintaesenciado en este volumen de una poeta destinada a ser un clásico, porque sus libros poseen la elegancia, la limpieza y la precisión de lo atemporal>>.