He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

Mostrando entradas con la etiqueta Biblioteca de Andalucía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Biblioteca de Andalucía. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de junio de 2026

Presentación de "Circunloquio de amapolas" de Sebástián Waldo

 Presentación en la Biblioteca de Andalucía, junto con Marina Tapia, de "Circunloquio de amapolas", el último poemario del poeta chileno afincado en Granada Sebastián Waldo. Comparto mi mi introducción:





<<Hoy presentamos el nuevo libro de Sebastián Waldo y, para ello, nos acompaña la también poeta y paisana suya Marina Tapia. Voy a ser muy breve, porque es a ellos a quienes hemos venido a escuchar.

Sebastián Waldo nació en Santiago de Chile en 1984. Además de poeta, es docente, licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad Alberto Hurtado y doctor en Literatura por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Dirige la revista de literatura contemporánea Vórtice y es editor en Verba Editorial Cooperativa. Es autor de las obras El bosque de los ausentes (Puerto de Escape, 2015), Las arpas rotas (Bajo la Lluvia Ediciones, 2020), Espejismos (Vórtice Ediciones, 2022) y Jornadas neorrománticas (Averso, 2024). Sus poemas y artículos han sido publicados en diversas revistas literarias y una parte de su obra se encuentra traducida al inglés.

Sebastián Waldo es de la estirpe de los poetas caudalosos (aunque suele refrenar la montura del poema algo más que ellos), y los primeros que me vienen a la memoria son también, precisamente, dos chilenos que me impresionaron de manera viva e inolvidable en la adolescencia, los dos Pablos, Pablo Neruda y su enemigo Pablo de Rockha. A ese lirismo torrencial y telúrico asentado en las fuerzas terrestres, tan vigorosas en Chile, se une el vitalismo nerorromántico de Sebastián (como a él le gusta denominarlo), la reverencia amable a la naturaleza -reflejo del carácter gentil de nuestro autor- y la denuncia a veces iracunda de la modernidad tecnológica.

Es como si Lord Byron zigzagueara de nuevo en el intertiempo y aterrizara en las estribaciones de los Andes o junto al rumor del Pacífico, y se detuviera a reflexionar sobre el corazón humano bajo la sombra de los aromos y los copihues.

Sebastián Waldo contempla a la humanidad como una Atlántida agonizante, sepultada bajo la torrentera de su páramo rocoso y vacío. Pero en ese granito aún palpita la esperanza; aún vuela una mariposa, una golondrina, una gaviota; aún se vislumbra un color; aún crece alguna flor, una amapola por ejemplo. La poesía atávica y plutónica de Sebastián Waldo busca a quien “cantar en una tierra de sordos”, busca retornar a un “caudal de siglos”.

Por último, no puedo dejar de señalar lo un tanto extraño que resulta el título del libro -aunque Circunloquio de amapolas corresponde al primer poema del mismo- y que parece contradecir a priori la potencia visionaria de los versos que aloja en su interior. Pero, pensándolo mejor, también hay ebriedad aquí, como la había a raudales en esos dos maestros de la poesía compatriotas suyos. Al fin y al cabo, un campo de amapolas embriaga los sentidos; en especial, la vista>>.



miércoles, 28 de enero de 2026

Presentación y mirada sobre "Mixtura", de Marina Tapia

Amig@s granadin@s, no os perdáis la presentación de “Mixtura” (Averso) este viernes 30 de enero a las 19’00 h. en la Biblioteca de Andalucía: acompañada por la poeta Rosa Morillas, Marina nos descubrirá la antología personal donde recoge una buena muestra de sus diez poemarios, muchos de ellos inencontrables. Una gozada de libro, y con vocación de permanencia. Será un placer encontrarnos allí todas las amistades arropando a Marina. Para abrir el apetito, y para los que no estáis en Granada, comparto mi mirada sobre este maravilloso crisol donde Marina ha fundido sus diez primeros libros de genuina poesía:



<<Voy a comenzar diciendo lo mismo que Federico García Lorca les dijo a los estudiantes de la Universidad de Madrid en 1934 para presentarles a Pablo Neruda, porque sus términos se pueden aplicar a la también chilena Marina Tapia palabra por palabra: “Yo os aconsejo oír con atención a este gran poeta y tratar de conmoveros con él cada uno a su manera. La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay algo en la verdadera poesía, un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, sin el cual es imprudente vivir”.

Marina es como uno de esos volcanes de su tierra natal, un volcán geológicamente activo en múltiples manifestaciones artísticas (desde muy pequeña cultivó la escritura, la pintura, el teatro, los títeres, la ilustración, el cómic o la declamación), un volcán creativo que durante cuatro décadas incubó su lava literaria y, sólo a partir de los últimos diez años, la ha ido emitiendo regularmente en forma de libros, de poemarios fundentes, hermosos, coherentes, insoslayables. Desde los poemas sociales sobre los distintos roles femeninos en “50 mujeres desnudas”, pasando por el erotismo caleidoscópico y elegante de “El relámpago en la habitación” y el amor desde los cinco sentidos en “El deleite”, hasta esa oración a la naturaleza a través de las cuatro estaciones que es “Marjales de interior”. Desde esa botánica fantástica, original y misteriosa como un códice sobre híbridos del mundo vegetal y animal que es “Jardín imposible”, pasando por las raíces hondas y ramas altas de ese refugio que es “Corteza”, hasta esa mirada al paisaje y su fusión con los límites del lenguaje que es “Bosque y silencio”. Desde ese homenaje a las voces poéticas femeninas y marcadoras de camino que es “Un kilim de palabras”, pasando por esa peregrinación de emoción contenida a múltiples territorios que es “Islario”, hasta llegar al misticismo telúrico, al panteísmo de “Piedra que mengua”, Marina ha transmutado alquímicamente su vida y su voz en una decena exacta de volúmenes, de los cuales se recoge felizmente una amplia selección en esta “Mixtura”. Digo felizmente porque muchos de ellos son imposibles de conseguir, inencontrables, al tratarse de ediciones en muchos casos fruto de premios institucionales y en algunos casos de ediciones cercenadas por el tajo de la pandemia. Aquí está, reunida en estas páginas, la obra poética de Marina Tapia, una escritura a veces voluptuosa, casi matérica, y otras de una delicadeza y pulcritud adánicas; una escritura entre la melancolía y la plenitud, entre la meditación y la inventiva, entre lo encendido y lo vulnerable; una escritura siempre trascendente, con hallazgos plásticos que sorprenden al lector por su osadía y, sobre todo, con una elegancia prístina y arrebatadora.

Como dije en uno de los prólogos que tuve el privilegio de escribir a alguno de sus libros, los versos de Marina son versos que polinizan el alma. O, por decirlo al modo de Cunqueiro, la poesía de Marina es ambrosía, madre de levitaciones. Y Marina es a su vez, como todos los poetas auténticos, una médium verdaderamente modesta. Su humildad custodia la pureza que necesita, por encima de todo, el poeta. Porque la escritura no es a sus ojos más que el rostro luminoso del hecho de vivir y de morir, y de algo así no puede sacar provecho ni vanidad. Pienso que Marina podría ser uno de aquellos ángeles que visitaron a Abraham, en pura misión de consolarnos en un mundo demasiado feo y bárbaro, con demasiada dureza y brutalidad y un lenguaje cada vez más zafio e incoloro. Que Marina podría ser como esos médicos, como esos contados seres misericordiosos que tienen la seguridad de que con dulzura y consuelo se curan muchas enfermedades. O como esos místicos que pasan de puntillas por su tiempo, porque el ruido del mundo no deja oírlos, pero luego, aunque sea mucho tiempo después, acaban resonando como un fragor en el corazón de las gentes, que por fin pueden escucharlos. Porque tengo la certeza -como la tiene cualquier persona que se haya acercado a su poesía o la frecuente en el futuro- de que la lectura de los versos de Marina es realmente un descansadero, un lugar de quietud, un espacio calmante del alma donde se amortiguan los ruidos y se otea el mundo, con sus colores y misterios, como desde una particular y gratísima lontananza; donde los sentidos se expresan y glorifican mediante la razón y el ritmo interno; donde los apetitos, con sus batallas y cicatrices, se subliman, y se auscultan apaciblemente los afectos; donde no hay impostura ni estridencias, donde la obra de arte no se convierte en vehículo del ego ni se transforma en altavoz de sus pequeñas pretensiones... Y todo esto resulta impagable.

Porque, además, Marina es una trabajadora incansable. Ella, siempre inquieta, estudia, investiga, absorbe el mundo y el conocimiento como una esponja. El crítico de arte Walter Pater hablaba de la genialidad por acumulación. En los resoles de la fragua creativa de Marina Tapia hay acopio de genialidad y de curiosidad, llamean colores nuevos, como lavados, refulgen glaciares de detalles, imágenes, formas y texturas. Quizá la sensación de transparencia que se respira en su obra provenga de que nuestra poeta no se deja atrapar por el paisaje, por las vivencias o los sentimientos, sino que los deglute y los fija para nosotros en planos mentales. Según Azorín, lo que da la medida de un artista es su sentido de la naturaleza: un escritor será tanto más artista cuanto mejor sepa interpretar la emoción del paisaje. Pareciera que Azorín no habla sino de Marina. Ella, en su fragua incesante, es capaz de explorar la frontera entre la palabra y el silencio, de sondear epifanías alpinas, de esculpir las fases del deseo, de celebrar la vida como si fuera un centelleante trozo de ámbar, de agasajarla con versos, pinceles o títeres.

Para Gertrude Stein, la poesía perfecta era como perfecta sabiduría y santidad, simplicidad y transparencia. “Mixtura”, este crisol de la poesía hasta el presente de Marina Tapia, se acerca de manera extraordinaria a esa idea, a ese deleitoso ideal. Porque los poemas de Marina existen, no parecen haber sido fabricados sino que pertenecen al orden natural, como el lirio silvestre. Se encuentra uno muy a gusto respirando su aire puro, lleno de misteriosas fragancias, de brisas sensuales, de combinaciones armónicas, de exquisitas ósmosis. Sólo muy pocos libros o autores nos acompañan muy profundamente, creadores que poseen un don donde se funde la gracia y la tersura expresiva con una lucidez especialísima, genuinos artistas que son esclavos del don que han recibido. Sólo muy pocas veces nos penetran palabras esenciales por su verdad o su belleza. Por lo general, y porque la sed no se apaga sino con agua de manantial, hay que cavar un pozo muy hondo para encontrar una veta pura. Y la poesía de Marina lo es, un don como la claridad del agua o de la luz. Un don que no se sabe de dónde viene, sólo que hay que cavar mucho y esperar mucho. Hasta hoy, en que tenemos la suerte de atesorarlo en el cuenco de nuestras manos, quintaesenciado en este volumen de una poeta destinada a ser un clásico, porque sus libros poseen la elegancia, la limpieza y la precisión de lo atemporal>>.

sábado, 19 de noviembre de 2022

Presentación de "Corteza" en la Biblioteca de Andalucía



Marina trajo la lluvia. Y es que su poesía es un acto de magia necesario, sutil y elegante, de una belleza natural y verdadera, que nos eleva. Comparto algunas fotos y mis palabrillas-sorpresa de homenaje a Marina que me atreví a colar como polizón en el turno de preguntas:

“Marina es un prisma a través del cual se refracta la belleza del mundo.

Con su poesía, a la vez mística y terrenal, Marina remansa el ruido de la vida.

Marina dispara dulcemente desde la página, pero la bala se toma su tiempo para dar en el blanco y lo hace con el esmero de una rítmica caricia.

Marina pinta pequeños frescos poéticos de una serenidad franciscana que son, además, armoniosas declaraciones de amor a lo humilde, al silencio, al lenguaje, a los árboles, al rincón escondido, a la flor en sazón, a la piel del cuerpo en fricción, a los alimentos terrestres, a la sororidad, a la fraternidad humana.

Nadie mira la materia con tanta empatía, generosidad, indulgencia y delicadeza como ella: los poemas de Marina son frascos diáfanos que guardan esencias, delicias y enardecimientos.

Marina sabe que el arte no es más que lo natural perfeccionado y utiliza el poder indestructible de la palabra como sólo un diamante lo hace.

Marina posee lo que Cole Porter había definido acertadamente como 'eso que hace que los pájaros se olviden de cantar'.

Marina, en definitiva, mantiene encendido el fuego sagrado de la poesía.

Por todo ello, y por muchas cosas más, un millón de gracias, Chispitilla”.











jueves, 21 de abril de 2022

Presentación de "Como Graná no hay ná. El arte de ser granadino", de Andrés Cárdenas

He tenido el privilegio de presentar el último libro del querido amigo Andrés Cárdenas, sátrapa patafísico, escritor polígrafo, maestro de periodistas y fuerza risueña de la naturaleza. “Como Graná no hay ná. El arte de ser granadino” (Esdrújula Ediciones) es todo un hito, un volumen imprescindible para todos los que aman esta ciudad, un verdadero crisol cultural del granadinismo. Os dejo con mi intervención.






    Hace dos años Andrés publicó un libro sencillo, emocionante, perfecto, que yo conocí con el título de El hijo del funerario y que finalmente se editó como Noviembre, dichoso mes. Circunstancias pandémicas hicieron que esta obra maravillosa no tuviera la fortuna que sin duda merecía y que un servidor no pudiera presentarla en sociedad, así que agradezco de corazón a Andrés que me permita ahora sacarme aquella espinita presentando Como Graná no hay ná. El arte de ser granadino, la última, impresionante, indiscutible, señera recopilación de artículos de este veteranísimo escritor, más que un periodista, un verdadero grafómano que ha dado a la imprenta crónicas, relatos, novelas históricas y libros sociológicos.

    Si Andrés Cárdenas se hubiera desenvuelto como periodista en el siglo XIX, seguramente firmaría sus libros con uno de aquellos seudónimos deliciosamente estrambóticos con que los plumillas se ganaban la olla o pagaban la fonda: podría ser conocido por ejemplo como “Vitriolo”, por su visión corrosiva de la realidad; podría firmar también como “Picadillo”, por su atención a los alimentos terrestres; o como “Vinífero”, por su especial sensibilidad para con el sagrado fruto de las viñas; y, obviamente, podría rubricar sus pliegos con el sobrenombre de “Malafollá”, por su sabiduría en la materia y no, claro, por su pronta risa y su alegre forma de ser, que en mi opinión se encuentra a años luz de tan singular distintivo granadino, aunque él insista en que con el tiempo ha adquirido tanta solera en su malafollá como cualquiera nacido en el Realejo o en el Albaicín o tanta como el mismísimo cura Fonseca.

    Se podría decir de Andrés lo que él dice de Pedro Antonio de Alarcón: “Dotado de una indudable chispa andaluza, además de atesorar un amplio bagaje de experiencias personales y de ser un pozo de anécdotas históricas y tradiciones populares, era huésped demandado en los cenáculos literarios”. Durante más de cuarenta años Andrés ha sondeado la vida de Granada, ha desgranado su intrahistoria y explorado la idiosincrasia de los tipos granadinos, cuya alma al parecer reside en el agua. Aunque haya nacido lejos de aquí, pocas personas hay más granadinas que él, pues construyó su granadinismo y su conocimiento de la ciudad “con los impulsos del corazón”, depositando en ella su destino. Como afirma en esa magnífica, sintética y redonda declaración de amor a Granada que es su Introducción a este libro, siente por ella una querencia entusiasta, irracional, que le ha ido calando poco a poco. Aquí se encuentra “a salvo de la fealdad del mundo”. De hecho, su concepto de patria es aquel “lugar en el que uno se puede tomar unos vasos de vino con viejos amigos y hablar con ellos de lo divino y lo humano”. Opina, en ese sentido, que “somos según nuestros genes, pero también según nuestros penes”, ya que sus hijos y sus nietos nacieron en esta ciudad múltiple que cambia “pero nunca deja de parecerse a sí misma”.

    A mi entender, el libro que presentamos hoy es mucho más que un compendio temático de artículos, de columnas o de faldones de prensa, es toda una cartografía sentimental, un hito imprescindible e insoslayable para la tradición y la cultura granadinas, un festín para cualquier lector, que incluye sabrosos platillos históricos, literarios, gastronómicos, lingüísticos (impagable su rotunda frase “Granada habla como le sale de la polla”), costumbristas, geográficos, legendarios, monumentales, políticos, religiosos, empresariales, hosteleros, platillos polémicos, populares, callejeros y, sobre todo, humanos, lúdica pero profundamente humanos. Todos los materiales de este suculento vademécum están integrados tan naturalmente, todos los datos, citas, chascarrillos y sucesos se imbrican unos con otros de manera tan orgánica que el lector entra gustoso, deleitándose con cada frase. La viveza es tal que las páginas no se leen, se beben con una sonrisa de reconocimiento o de asombro y, en numerosas ocasiones, con una sonora carcajada. Todos los textos de Andrés están hechos de senderos interconectados porque, como sabemos, la vida de los hombres -con los espacios en que se mueven- van ligadas unas a otras y no es posible aislarlas como si fueran hongos. El gracejo del estilo cardenesco es la argamasa de la que se vale Andrés para acuñar este milagro expresivo acerca de la singularidad granaína. A destacar asimismo la traca imaginativa de sus títulos (La fiesta de la Toma o la dejas, Cuando la blanquiverde salió del armario, El cíngulo menguante de Fray Leopoldo o La inefable malafollá), así como la importancia de la última frase, donde suele concluir su argumentación dejando la puerta abierta o dando un suave portazo, finales cuyo fatalismo lapidario he dividido en tres grupos: el sentencioso (“Han cambiado las circunstancias, pero el miedo es el mismo”, “El agradecimiento es muchas veces la base de la felicidad. Sólo la base, el resto corre por tu cuenta”, “Las incongruencias que permite el tiempo”), el grupo patafísico (“No le mandaron un vino Malafollá porque entonces nadie lo había cosechado”, “El concierto había sido un éxito tremendo en el que los asistentes hasta se fumaron la hierba del estadio”), y el grupo lacónico (“Las vueltas que da la vida”, “La historia sigue su curso”, “Larga vida a Marisol” o “No ni ná”).

    El estilo de Andrés es tan reconocible que aprovecho esta modesta tribuna para proponer una personificación lingüística inmediata, la designación vitalicia de cada uno de sus artículos como “un Cárdenas”. Me temo que no sabemos lo afortunados que somos al tener en Granada a nuestro propio Julio Camba. Ignoramos que se encuentra entre nosotros alguien que -con este volumen- ha sido capaz de enmedarle la plana al Somerset Maugham que visitó Granada y puso a parir a los granadinos en uno de sus libros. Se dice que cada ciudad necesita un poeta para existir. Pues bien, junto con Lorca, Granada también necesita a Cárdenas. Es cierto que existen miles de páginas sobre Granada, pero no es menos cierto que pocas son tan jugosas como las que Andrés ha dedicado, dedica y seguirá dedicando a esta “belleza casi adictiva”, a esta formidable y a veces dolorosa felicidad que es nuestra ciudad, su ciudad.


domingo, 4 de noviembre de 2018

Presentación y entrevista a Jesús Ortega


Hoy traigo el divertido texto que Ángel Olgoso leyó en una velada matinal celebrada en la Biblioteca de Andalucía de Granada el 5 de mayo de 2012 (en plena efervescencia del Gran Saqueo, como él llama a esta supuesta crisis económica de la que no se sabe si emergeremos algún día) en torno a la obra y la valoración de Jesús Ortega, y las preguntas con que abordó los libros de éste hasta la fecha, su modus operandi y su opinión sobre el género del relato.

domingo, 15 de abril de 2018

Prólogo de Marjales de interior


El pasado 9 de abril, en la sala Val del Omar de la Biblioteca de Andalucía, se presentó mi poemario Marjales de interior. Me acompañaron: Ángel Olgoso, con la lectura de su maravilloso prólogo; el poeta Pedro Enríquez, con su sugestivo diálogo; el músico mexicano Miguel Ángel Alegre, con las deliciosas notas de su guitarra; Gloria Tapia (Image Ailin), con sus espléndidas fotografías de la Vega de Fuente Vaqueros; y varias amigas escritoras, Carmina Moreno, Josefina Martos Peregrín, Alicia Ruiz, Elvira Cámara, Mª Ángeles Barrionuevo e Isabel Martos, con el emotivo recitado de algunos de los poemas del libro. Fue una velada inolvidable, y aprovecho esta entrada para agradecerle de corazón su presencia y su interés a todos los amigos asistentes y para compartir el texto de Ángel.

miércoles, 26 de abril de 2017

Los caballos pensantes de Elberfeld


En estos ajetreados días de la Feria del Libro, os traigo un relato de Ángel que es una preciosa declaración de amor a los cuentos, al arte de narrar historias. Ojalá, junto con el audio del mismo grabado por Roberto Martínez Mancebo, hubiera podido acompañar esta entrada con el emocionante video en el que su querida amiga Giorgia Pordenoni -a la que va dedicado el relato- lo recita durante la presentación granadina de Breviario negro en la Biblioteca de Andalucía, pero por desgracia excede el tamaño permitido en el blog.

domingo, 5 de marzo de 2017

El baile de los silenos

El baile de los silenos, el blog del profesor y magnífico escritor Antonio Serrano Cueto, se hace eco hoy del nacimiento de este blog. Antonio y Ángel presentaron juntos en la Biblioteca de Andalucía de Granada la interesantísima antología Después de Troya. Microrrelatos hispánicos de tradición clásica (Menoscuarto) el 19 de mayo de 2015. 




Y en su libro París en corto, "un mosaico de relatos donde nada es lo que parece, de los que surge un París insólito, menos conocido para el viajero pero igualmente fascinante, una ciudad inquietante y seductora a partes iguales", Antonio Serrano Cueto incluye el siguiente texto:



EL DUELO

A Ángel Olgoso

Sus padrinos han elegido una parcela umbría del bosque de Vincennes. La hojarasca cubre el suelo en la mañana fijada en el calendario. El Hombre Rebelde, sobrio incluso en lo imprescindible, apenas desayuna. Está algo deprimido y le sudan las manos. En cambio, el Filósofo Marxista toma varios de esos cafés minúsculos que beben los parisinos con excesiva liturgia, acompañado de un croissant con mantequilla, y luego se entrega al placer humeante de su pipa. Poco después dos vehículos se detienen en el límite del bosque y sendos grupos de hombres con semblante grave descienden, consultan sus relojes, caminan hacia el punto de encuentro. Comienza a llover sobre París, o quizá llueva únicamente sobre la arboleda que acoge este trance existencialista. Los padrinos revisan las pistolas, recuerdan las normas elementales del duelo, colocan a los contendientes espalda contra espalda y se retiran de la línea de fuego. Veinte pasos separan las diestras firmes que empuñan las armas. La lluvia contiene la respiración en ese instante supremo.

Mientras fuma después del desayuno, el Filósofo Marxista pagaría cuanto fuese necesario para que aconteciera esa cita lluviosa en el bosque de Vincennes y que el corazón del Hombre Rebelde dejase de latir traspasado por su bala certera. Pero la historia es insobornable y tiene reservada para el Hombre Rebelde otra cita, esta vez mortífera, en una carretera de Villeblerin.

(Antonio Serrano Cueto, París en corto, Valparaíso Ediciones)