He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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sábado, 4 de octubre de 2025

Reseña de "Breviario negro" por Alejandro Molina

Reseña de "Breviario negro" (Menoscuarto) por Alejandro Molina.



<<“BREVIARIO NEGRO” DE ÁNGEL OLGOSO, EL PINTOR DE PALABRAS.

Me contó Ángel que este libro es fruto del más terrible de los temores de un escritor: no volver a disponer de tiempo u ocasión para escribir. Creo que esa angustia que experimentó ha quedado sin duda reflejada en los cuentos reunidos en “Breviario negro” (Menoscuarto Ediciones), solo que no a modo de aflicción o melancolía, sino de arrojo y convicción testamentaria, como si, al igual que le sucede a una madre que encuentra dentro de sí fuerzas sobrehumanas cuando debe proteger o rescatar a un hijo en una situación repentina y desesperada, hubiera hallado Ángel Olgoso una fórmula extraordinaria o una pericia casi monstruosa con la que poner las historias que rondaban tu mente a salvo en el papel (el refugio del artista), algo tan frágil y sin embargo eterno, al igual que ocurre, según decía Chesterton en Ortodoxia, con el cristal: «Recuérdese, no obstante, que frágil no es sinónimo de perecedero. Golpéese un cristal y no durará ni un minuto, pero basta con no golpearlo para que dure un millar de años».

Una vez puestos a buen recaudo en las páginas de este volumen, sus cuentos revelan una naturaleza única que, en muchos casos, creo que merecen un nombre diferente al de microrrelato o cuento. A menudo, cuando terminamos de leerlos, la historia que hemos recorrido en sus líneas deja la satisfacción de un relato corto, es decir: la impresión de toda una novela, al tiempo que condensa en un puñado de párrafos, lo que por norma general rescatamos precisamente de una novela, despojada, eso sí, de toda paja, y comprimida en oraciones más o menos cortas que, mediante una suerte de hechizo, capturan capítulos completos. Pero no acaba ahí la cosa. La capacidad de Ángel, me atrevería a decir superior a la de Flaubert de encontrar ‘le mot juste’, recubre las historias de una pátina poética que nos agota (en el buen sentido) del modo en que lo hace un poema que recorremos verso a verso: una escalada tan terrible y dura como satisfactoria una vez alcanzamos la cima y comprendemos la grandeza de lo que contemplamos ahora a vista de pájaro. Las historias olgosianas no son microrrelatos porque esa es una palabra que solo con Ángel ha tenido sentido y que sin embargo desmerece por completo lo que hace, reduciendo su trabajo a un texto narrativo extremadamente breve. Sus historias logran la síntesis que condujo a la abstracción (y hasta la única abstracción posible) sin renunciar, como sería de rigor, al detalle meticuloso y al enriquecimiento figurativo. Así pues, propongo definir tus cuentos como ‘óleos sobre página’ o ‘sinfonías filológicas’.

Si bien en obras anteriores ya logra Ángel Olgoso lo que señalo, me ha parecido que en “Breviario Negro” hay un nivel de perfección asombroso, y si propongo el término ‘óleo sobre página’ es porque considero que la pintura comparte con la poesía y con la música la maestría de desvelar lo invisible (o lo que es lo mismo: lo intuitivo en tanto que inefable). Los cuentos de Ángel Olgoso, como ocurre con los cuadros de Cézanne o de Nicolas de Staël y con los grandes poemas, van a la esencia, prescinden de lo anecdótico y lo superficial, y apuntalan justamente aquello que hay entre y detrás de las palabras, pero sin que prescindas por ello de la palabra o la deformes hasta hacerla irreconocible. El modo en el que Ángel las dispone en el texto hace que al leerlas brille sobre ellas la esencia significativa que no refulge sobre esos mismos términos en cualquier otro texto. Pero, a diferencia de Nicolás de Staël o de Cézanne, Olgoso va más allá del no rechazo a lo figurativo o de la simplificación extrema, pues abraza el barroquismo, el tenebrismo incluso. ¿Cómo es eso posible? Aislando el tema del cuadro, haciendo así de la riqueza del detalle una lupa que realza el misterio de la cotidianeidad al quedar asilado de cuanto podría desviar nuestra atención. Gracias a la abstracción del fondo, que hace suceder la obra en ninguna parte y en cualquiera posible, los enigmas de nuestra existencia pueden contemplarse pormenorizadamente.

Las historias de Ángel consiguen hacen caer la máscara de lo visible valiéndose de ese espacio en negro que hay tras el telón de las cosas, donde sitúa con su conocida precisión de cirujano las palabras exactas, en todo su orgulloso esplendor de vocablo, deformando la realidad para hacerla más realista que nunca, ya sea desde lo simbólico-onírico de Frederick Watts (como en su cuadro “Esperanza”), al paisajismo más filosófico de su amado Friedrich, pero también de autores de la escuela del Río Hudson como Frederic Edwin Church (su pintura de 1865 “Aurora Borealis”).

Y todo ello, insisto, a través de la síntesis más lograda, extrayendo el tuétano de la historia sin privarnos por ello de disfrutar también del hueso. Sus ‘óleos sobre página’, una suerte de milagro alquímico que, son la mixtura perfecta entre Nicolás de Staël y Velázquez, criaturas nacidas de tan imposible encuentro que tienen lo mejor de ambos al tiempo que resultan genuinos, lo que hace que el término olgosiano cobre todo el sentido del mundo en lugar de ser un simple gesto de deferencia académica con el que diferenciarte de otros que, aunque por válidas razones entomológicas acuñen también un distintivo a partir de sus apellidos, no disponen de un carácter único en el sentido de extraordinario y sin igual.

Dicho esto, paso a comentar qué ‘óleos’ del “Breviario negro” me han fascinado y, si encuentro las palabras adecuadas, por qué o de qué manera lo han hecho.

“Cartografía”: creo que aquí Ángel logra hacer exactamente todo lo que he expuesto anteriormente, es un poema y una novela y un relato y mucho más que eso al mismo tiempo. La sensación que deja su lectura es abrumadora, como si pudieran vivirse una y mil relaciones amorosas y se recordaran todas ellas, a la par que el autor desmenuza cada aspecto del amor y la convivencia con maestría. La imagen del mapa es sublime porque de hecho lo que uno acomete en la lectura es toda una odisea. Y qué frases, qué delicia: “a veces, espero durante días para encontrarla mientras silbo y agito los brazos en el rincón de un milímetro cuadrado”; “en sus meridiano se dibuja mi destino, en sus paralelos anida mi memoria”; “cuando llegan el tedio o las discusiones, se oscurece el color del relieve, restallan truenos por el hemisferio norte y me ladran perros en la boca de un túnel”.

“La técnica de soñar monstruos”: una exquisita aproximación a la figura del padre (podemos enlazarlo a las mil maravillas con la kafkiana “Carta al hijo”, que más allá de su evidente juego lingüístico, contiene ecos del mejor Kenzaburo Oé), y a la muerte como aquello que queda cuando alguien se va.

“Stella Splendens”: delicioso, con una frase final que quita el hipo: en este abismo acuático donde prosperan los semilleros de espectros.

“Ondina de la Sierra” y “Toque de ánimas”: encuentro en estos dos lienzos los rasgos de Proust cuando recoge las flores de su memoria y las muestra como se hace en los museos: de modo que veamos mucho más de lo que a simple vista encontramos, pues ha sido debidamente situado, iluminado y contextualizado. Una vez más, el misterio de la vida bellamente expuesto.

“Espléndida teoría física que nos explica la aurora boreal por el reflejo de los arenques”: ¿cómo lo hace Olgoso? ¿De dónde saca y cómo elige tamaña y tan divina selección de imágenes y leyendas de manera que hable de ellas y de la más rabiosa actualidad sin hacerlo?

“Ancianas tomando bizcochos en salitas sombrías”: el contraste entre el ruido mundanal y la calma prologando a modo de resignación ese fin del mundo que es también la aceptación de la vejez. Tan sabroso como los bizcochos.

“Novedades en el cortejo”: este lienzo de poderosísima imagen final contiene una meditación increíblemente compleja de los rituales humanos, pues al poner a los pies de la Virgen “como ramilletes de flores escarlata, todas nuestras lenguas cortadas” (los finales de estos cuentos son sublimes), uno no puede más que pensar en lo turbio y lo grotesco, en el apartado macabro que hay en el origen de los rituales que han sido depurados con el tiempo anteponiendo tradición sobre sacrificio, pero que solo en la desnuda brutalidad de gestos extremos cobran auténtico significado.

“Las pavesas de la gloria”: “cada movimiento se espeja en charcos de sangre”. Un caleidoscopio de batallas engarzadas con absoluta maestría que nos habla de la fugaz pero también absurda condición humana a través de la guerra.

“Nimrod”: una nueva exploración de la condición humana reivindicando la imaginación como el proceso alquímico definitivo. Es tan hermoso y tan patético (en el sentido de la sonata de Beethoven) que conmueve, pero conmueve del modo (también cercano en estilo) a como marida la reflexión existencial con los textos bíblicos.

“Crisálida”: otro lienzo redondo en el que la historia de la humanidad y del planeta se nutre de sí misma para comenzar de nuevo. Es sencillamente precioso, un texto, como muchos de los que hay aquí, sobre los que no debería escribirse porque no podemos decir nada (ni mejor) que no esté ya en él. Leer, leer y leer, eso es lo que hay que hacer con los libros de Ángel Olgoso.

“Ars Topiaria”: jamás había logrado ponerme al nivel que lo hago aquí, no ya en la piel de un árbol, sino de una persona. Es un lienzo increíblemente revolucionario, de esos capaces de cambiarle a uno la vida, de convertirlo a una fe o a una condición ética determinadas. Este texto es un prodigio, un texto de obligada lectura que es, de nuevo, poema y más que poema y que texto.

“El descanso de Sísifo”: seré breve, es una obra maestra. “Ofuscados por el ímpetu homicida, aturdidos por el vértigo y la continua torsión de un escenario sin término, desorientados por la premonición de sus actos como cuando un sueño lo sueña a uno, no necesitan mirar de dónde se viene ni hacia dónde se va”. Que alguien escriba una tesis sobre esta imagen, por favor. Vuelvo a ver la historia de la humanidad aquí contenida, en un lienzo perfectamente dibujado, detallado al milímetro pero con ese vigor abstracto de Staël que se aprecia en “Los futbolistas” y que descubre aquello que no vemos al ver. Todo, absolutamente todo es perfecto aquí.

“Lengua de madera”: aquí vuelve a superarse el autor, sobredimensiona las palabras, logra ridiculizar a Sócrates cuando reprochaba a lo escrito que siempre significase lo mismo, porque estas palabras están vivas y son una cosa y serán y podrán ser otras totalmente distintas. Siembra una calma que se mastica en una estampa plácida que resulta perfecta para amontonar una tensión que no sabíamos que nuestro autor estaba armando hasta que SUGIERE lo que podría ocurrir mientras ocurre. Olgoso hace y deshace, propone y expone, muestra y oculta. Si esto no es dominar el lenguaje, ser un maestro absoluto de la narrativa y trascender sus fronteras, yo no sé lo que escribir ni leer>>.



jueves, 10 de junio de 2021

"Las huellas de los pájaros en el aire" en la revista Kopek

La exquisita revista literaria Kopek publica en su sección Creación el relato Las huellas de los pájaros en el aire, perteneciente a Breviario negro (Ed. Menoscuarto).



Recuerdo que graznaban las cornejas y que había una nubazón sobre el monte cuando encontramos al ángel. Los caminos del mundo lo arrojaron desnudo al final de la rambla, por la parte que da a nuestra vieja casuca. Parecía una bestia mansa y acorralada a la que le hubieran cortado los talones. Tenía, además, arañada su carne blanca de camelia, se le abuchaban las mejillas en busca de aire y aún agitaba el plumaje de las largas alas taheñas, que crujían delicadamente como la nieve bajo el primer sol de la mañana. Hermoso en su majestad derribada, su cara era de buena ley pero a sus grandes ojos pacíficos asomaba el bichito de luz de la soledad. El cabello, espeso y enredado, tenía el color de la cebada madura. Madre nos ordenó que metiéramos dentro a aquella criatura herida y amedrentada. Apenas podíamos con él los tres hermanos, tan pequeños éramos entonces. Desde el primer momento se levantó del suelo un olor fino a huesos de almendra, hasta que tumbamos al ángel en un recanto de la cocina, junto a la boca negra de la chimenea.

Recuerdo los días del hambre interminable. Ya no había leche con unto o uña de vaca, ni siquiera dulzonas vainas de algarroba. En ayunas, con escalofríos de calentura, andábamos al olor de cualquier animal que sirviera para unas magras. La alacena estaba vacía, las jaulas huérfanas. Recuerdo las rachas de cellisca, los días de no encontrar alma viva, le puertas cerradas a cal y canto. No pasaban cuadrillas de segadores, ni arrieros a lomo de mulo que nos lanzaran un cantero de pan duro. Tampoco se oía el algareo de los tratantes. Madre vestía siempre ropón de luto y tenía ojeras moradas de tanto desespero por el buche apellejado de sus tres hijos.

Recuerdo que Madre removió las brasas, calentó agua, la volcó en el lebrillo y, allí mismo, lavó al ángel como a un recién nacido al que se unge con aceite. Los reflejos de la lumbre y de las perolas de latón convertían las plumas mojadas en rojizas girándulas de fuego. Yo, el menor de todos, no podía apartar mis ojos de las alas, como cuando el hambre no estorbaba y se me iba la mañana en la áspera barrancada, mirando y remirando la piel brillante de las culebras, hocicado contra la manzanilla, la mejorana o las barbajas de pino. Madre sujetó la cabeza del ángel con una mano que no temblaba y, de un envión sin saña, le clavó en el cuello el afilado cuchillo de las matanzas. Madre no era de muchas hablas: a un gesto suyo, uno de mis hermanos arrimó una alcuza al canalillo de la herida para recoger la sangre. Rezumaba muy limpia, transparente como un jugo de perlas. Cuidando que no cuajara, la removíamos mientras cada uno bebía, impaciente, un cuartillo. Sabía -ahora puedo tasarla- a vino nuevo. Aquel trago, a poco de bajarnos, prendió la yesca de la gratitud en nuestros estómagos. Y la carne del ángel, clara y fresca como pulpa de fruta, dividida en partes iguales, aventaría los rescoldos del hambre durante semanas. Con la cabeza echada atrás, en sus ojos abiertos todavía amarilleaban unas centellitas de suave desconsuelo: Madre no había tenido corazón para cegarlo. Pero las alas, tras un último golpetazo desesperado, pronto aquietaron su rumor de hojarasca.

Recuerdo que con el cabello trenzamos nidos para atraer a las aves, y que se rellenaron almohadones con sus plumas lucientes. Recuerdo que fuimos espetando los bancales resecos con sus huesos, al modo de fierros blancos, y que se nos bendijo con renovadas cosechas. El hambre ya nunca vino tan apretada. Aunque se recele de las cosas que no son de creer, cualquier alimento es de buen labio para los necesitados. Sin embargo, desde que entramos a aquel peregrino distinto y gallardo bajo el techo de la cocina, desde que lo rematamos en una tierra ajena como cordero en medio de lobos, cargo con un fardel lleno de dudas: si aquel ángel que nos alimentó traía un mensaje a los hombres, si dejó algo de sí en los lugares por los que pasó, si embelleció la ingratitud con su inocencia. Aún hoy, oreado por tantos años en medio, me llega su fino aroma a huesos de almendra. Aún hoy guardo su cráneo seráfico, singular, esponjoso, en la vieja casuca a la que he vuelto para morir. Lo pongo sobre la madera deslucida de la mesa, sobre una tinaja, sobre una cómoda donde remuele la carcoma o sobre la paja de centeno del suelo de la cuadra, y no parece sino que aquella cabeza, de tan ligera, va a sostenerse en el aire, no parece sino que está a punto de elevarse y subir a pique con una gracia de pájaro volantón.

(Ángel Olgoso, Breviario negro, Ed. Menoscuarto, 2015)

sábado, 6 de julio de 2019

Nebulosa Rho Oph en La libélula

El relato Nebulosa Rho Oph (de Breviario negro) en el programa La Libélula.
Juan Suárez, en su programa de Radio 3, lee textos de Pedro Ugarte, Ángel Olgoso y Víctor Lorenzo, extraídos de la antología de referencia Los pescadores de perlas. Los microrrelatos de Quimera.



domingo, 28 de abril de 2019

Breviario negro, por Juan Herrero

Todo un placer compartir este exhaustivo trabajo acerca de Breviario negro por parte de Juan Herrero Cecilia, catedrático de Filología Francesa en la Universidad de Castilla-La Mancha y estudioso de la literatura contemporánea, publicado en su libro Estudios sobre Literatura Fantástica. El Doble, Maupassant y Olgoso (Editorial Académica Española). Se suma así a sus detallados análisis sobre dos relatos capitales de Ángel, Contraviaje y Aramundos, pertenecientes a Las frutas de la luna.
Las imágenes pertenecen al pintor noruego Odd Nerdrum.







domingo, 7 de abril de 2019

Los pescadores de perlas

Ángel Olgoso participa en Los pescadores de perlas. Los microrrelatos de Quimera con tres textos que escapan en cierta medida a los límites del género: Nebulosa Rho Oph, De masticatione mortuorum y Espléndida teoría física que nos explica la aurora boreal por el reflejo de los arenques, todos pertenecientes a su libro Breviario negro. La antología, coordinada por Ginés S. Cutillas y publicada por Montesinos, recoge los relatos publicados en dicha sección de la revista Quimera: ochenta autores, españoles e hispanoamericanos, consagrados y emergentes, que ofrecen un completo muestrario del texto breve actual. Reproducimos a continuación dos de los relatos de Ángel.



domingo, 17 de marzo de 2019

Una mirada a Breviario negro, por Lilian H. Cheruse

Es un privilegio para un autor que otros indaguen, con tanta meticulosidad, en las entrañas de un libro propio. Es bueno, también, contar con la mirada y con la voz de un lectora (que además es una escritora elegantemente poética y buena amiga de Ángel) del otro lado del charco. Lilian Cheruse alumbra otras perspectivas y otros matices en esta detallada y pictórica reseña sobre muchos de los relatos de Breviario negro. Su estudio, impresionante y extenso como la tierra natal de Lilian, parece albergar al mismo tiempo una visión macroscópica y microscópica, y obsequia a este blog y a sus lectores un texto que los enriquece.

Acompañamos la entrada con ilustraciones del artista lituano Gediminas Pranckevicius.



domingo, 27 de enero de 2019

Chateaubriand regresa a Granada


Son pocas las ocasiones en que podemos oír hablar de un autor de viva voz bajo el prisma depurado de otro escritor -ambos estilistas-, en que podemos acercarnos al trabajo creativo y a la vida azarosa pero coherente de Chateaubriand de la mano de Ángel Olgoso, que escogió las Memorias de ultratumba como "El libro más curioso de mi biblioteca", en la nueva edición de este ciclo coordinado por Juan Chirveches en el Centro Artístico de Granada. Me consta que todos los asistentes se sintieron embelesados, no sólo con la completa glosa de esta obra del vizconde y con la lectura de un relato de Ángel protagonizado por el mismo Chateaubriand (Últimas voluntades), sino también con el emotivo relato de la creación en el tiempo de su propia biblioteca.


sábado, 5 de enero de 2019

La Rosa Azul en la antología "Hokusai"

Brevilla, revista digital de minificción, acaba de publicar HOKUSAI, antología que reúne microrrelatos basados en la xilografía «El sueño de la esposa del pescador», de Katsushika Hokusai, 1820. Tras una primera entrega, Tentáculos y textículos (2015), la revista Brevilla, cuya editora es Lilian Elphick (Chile) y cuyo Comité Editorial está compuesto por ella misma y por los también escritores Patricia Nasello (Argentina) y Sergio Astorga (Portugal/México), recoge en Hokusai textos -no pasan de 200 palabras- de autores de 14 países que han recreado de múltiples formas esa obra de arte sugerente, erótica y valiente del pintor japonés.
Ángel Olgoso participa con una escena destilada de su relato La Rosa Azul -que hace alusión expresa al tema de "El sueño de la esposa del pescador"- perteneciente al libro Breviario negro.
A continuación os dejo con el texto tal y como ha aparecido en la revista, con la introducción de la antóloga Lilian Elphick, con el cuento completo de Ángel y con el audio que del mismo grabó Roberto Martínez Mancebo.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Escalas de Jacob (homenaje a Fermín López Costero)

A principios de año nos dejó el amigo leonés Fermín López Costero. Como en Granada se editaron sus últimos libros (La fatalidad, Teatro de sombras y La costumbre de ser lluvia), la editorial Entorno Gráfico ha inaugurado con un homenaje a su calidad humana y literaria la colección Fidelis Memoriae. El fabulador o Palafitos de sueños es el título de este humilde pero hermoso homenaje, de esta bella y casi artesanal edición al modo de libro intonso, que ha sido coordinada por Francisco Acuyo y que reúne textos de queridos amigos de Fermín como Ángel Olgoso, Ester Folgueral, Carmen Busmayor, Pablo Andrés Escapa, Noemí Sabugal, Magda Robles, Giorga Pordenoni, Paolo Remorini, Isabel Baílez, Carlos Fidalgo y Francisco Acuyo.

sábado, 20 de octubre de 2018

Breves juegos literarios


En "La sombra del ciprés", suplemento cultural del diario El Norte de Castilla, Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan publicó esta medida reseña de Breviario negro. En ella hace hincapié en la versatilidad y la pasión por los cuentos de Ángel Olgoso, cuya obra desmiente la tesis del realismo inherente a la literatura española.

sábado, 6 de octubre de 2018

El universo en la punta de los dedos

En su impecable e imprescindible blog de reseñas Anotaciones al margen, el escritor peruano Félix Terrones dedicó una reseña entusiasta -que ahora compartimos- al último libro de relatos publicado por Ángel Olgoso, Breviario negro.
Las imágenes son cuadros de la inconfundible pintora surrealista Remedios Varo.

domingo, 12 de agosto de 2018

El embrujo del agua

Según su director, el escritor Francisco Beltrán, la cuarta edición de "El embrujo del agua", celebrada en la casa de Federico García Lorca de Valderrubio el pasado 20 de julio, ha tenido este año el lema El agua en las tres culturas. Al objetivo inicial de estos encuentros ideados por Francisco Beltrán y por el cantautor Enrique Moratalla, sobre la promoción de la multiculturalidad desde la poesía y la canción de autor, han ido sumando la sensibilización por la sostenibilidad integral del ser humano con los territorios que habita, propiciando un espíritu crítico, dando vida poética a la casa de Valderrubio, animando al gusto por la cultura popular y fomentando en la juventud los valores humanos desde la cultura, especialmente desde la poesía, la música y la danza.

domingo, 24 de junio de 2018

Nimrod


En homenaje a los doscientos años de la creación de aquel ser que imaginó Mary Shelley, publicamos el relato de Ángel Olgoso «Nimrod» (Breviario negro) que, con su poesía metafísica, nos trae también el aroma de los cuentos de E.T.A. Hoffmann «Los autómatas» (donde narra la historia del Turco Parlante, que capturó el interés del público del siglo XVIII por esta clase de dispositivos mecánicos) y «El hombre de arena», protagonizado por la bella y artificial Olimpia y su enamorado Nathanael.

sábado, 2 de junio de 2018

La técnica de despertar y seguir soñando

En el número 3 de Microtextualidades. Revista Internacional de Microrrelato y Microficción, la estudiosa portuguesa Ana Sofia Marques Viana Ferreira, de la Universidad de Salamanca, ha publicado otro magnífico estudio sobre los relatos breves de Ángel. Desde aquí le agradecemos cariñosamente su interés y su dedicación a la literatura olgosiana, presente en trabajos anteriores como Luciérnagas bajo calaveras: lo fantástico en Los demonios del lugar, Entre artefactos cíclicos y espirales apabullantes: lo onírico en Ángel Olgoso, Lo fantástico entre abrazos: acercamientos a Los demonios del lugar, o en su trabajo fin de máster de 2012 Destapando cajas y abriendo escotillas: la escritura de microrrelatos en Astrolabio.

domingo, 29 de abril de 2018

Breviario negro en Córdoba

Hoy traemos el texto de la presentación cordobesa de Breviario negro que realizó el poeta y narrador Antonio Luis Ginés. En la librería Luque, rodeado de buenos amigos como los escritores de la Asociación Cultural Mucho Cuento, Antonio Luis expuso una eficaz aproximación al universo narrativo de Ángel, centrándose en consideraciones sobre la imaginación, el lenguaje o la extrañeza. Aprovechamos para agradecer la cálida acogida que siempre ha brindado Córdoba a este autor y a sus textos. 

domingo, 18 de marzo de 2018

Breviario negro en El Fescambre


Jimy Ruiz Vega publicó en su interesante bitácora El Fescambre esta breve pero precisa reseña de Breviario negro. Ruiz Vega es un lector siempre atento, que no deja escapar ninguna novedad editorial que merezca la atención, sin distinción de género, y que define su blog como "un dietario de lecturas de un letraherido, aquejado de libropesía".
Y añado un relato de Breviario negro que no habíamos compartido, Dramaturgia, con su audio correspondiente, gentileza de Roberto Martínez Mancebo.

domingo, 25 de febrero de 2018

Crisálida

En relación con el necesario cambio social en la igualdad de género al que estamos asistiendo (ojalá sea definitivo para que, de una vez, deje de haber existencias menores), rescato este vertiginoso relato de Breviario negro, Crisálida, cuyo protagonista es una mujer y en el que se habla de la necesidad de un nuevo comienzo. En él, de una manera veloz pero sutil, mediante un zoom o un gran angular, Ángel nos pasea por la historia de la humanidad, invitándonos a mirarla con otros ojos. Pienso que la mano que mueve suavemente el ovillo nos dice, de alguna manera, que la miremos también a ella, que la historia también la hacemos nosotras. 

sábado, 10 de febrero de 2018

Disecando colibríes



Os dejo con la lectura muy personal de Breviario negro que nos hace llegar Joaquín Medina Ferrer, amigo de Ángel y profesor del IES Luis Bueno Crespo. En ella realiza un pormenorizado repaso del libro, lleno de evocaciones, referencias y sensaciones desplegadas literalmente sobre la marcha durante un largo paseo. Se podría decir que estamos ante un nuevo género: la reseña running. Las ilustraciones de la entrada pertenecen a Alberto Savinio, original escritor, pintor y músico italiano, hermano de Giorgio de Chirico. Que la disfrutéis.

domingo, 28 de enero de 2018

Breviario negro, por Gärt


Publicamos la magnífica reseña que José Luis Gärtner escribió sobre Breviario negro para la revista Tendencias 21. Hay que agradecerle a Gärt la riqueza de su visión sobre la obra de Ángel -y su trascendencia más allá de los géneros-, para la cual aporta elementos nuevos, así como sus estimulantes reflexiones sobre los límites de la literatura.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Memorias de un viejo profesor, de Miguel Díez R.


En el libro, recién y hermosamente editado por Reino de Cordelia, Cómo enseñar a leer en clase. Memorias de un viejo profesor, Miguel Díez R. "responde a las causas del fracaso escolar, que está acabando con el desarrollo intelectual de los jóvenes, y ofrece su experiencia de casi cuatro décadas como profesor para fomentar la lectura, analizando los grandes enemigos que la acechan. Al mismo tiempo, este libro es una antología de textos -desde canciones hasta poemas, artículos y cuentos- destinados a enseñar a leer o, mejor dicho, a despertar el interés por el conocimiento, a fomentar la curiosidad, porque la buena lectura es el medio definitivo y único para dominar la propia lengua y para abrir la mente a los mundos infinitos de la fantasía, aprender sobre la vida, conocer, confrontar y pensar".