He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve y de la literatura fantástica.

(Marina Tapia)

martes, 29 de noviembre de 2016

jueves, 17 de noviembre de 2016

Litoral (2)


Litoral, la veterana y exquisita revista que compagina palabra e imagen de forma maravillosa, publicó en uno de sus monográficos  (Nº 260, El signo anunciado) este relato tan irónico:






DE IL CORRIERE DELLA SERA

Brasilia, 23 de sept. Herpetólogos de todo el mundo, presentes en la Conferencia Internacional sobre Biodiversidad, han dado la voz de alarma: los sapos, a un ritmo doscientas veces superior al proceso natural, se extinguen. Todos niegan su continuidad como especie a muy corto plazo. Sin madrigueras donde hibernar, sin estanques o cañaverales donde desovar, perseguidos por sus propiedades afrodisíacas y anticancerígenos, diezmados por enfermedades desconocidas, sometidos a una cadena de fatalidades, estos seres tímidos y torpes, de pupilas horizontales y piel desnuda, áspera y verrugosa, se unirán sin remedio a la fantasmal legión de animales desaparecidos. Los informes sobre el declive de estos anfibios a escala planetaria (que repasan minuciosamente el censo de la mayoría de sus poblaciones, la progresiva pérdida de hábitat, la desecación de humedales, las radiaciones ultravioletas B, los desequilibrios e imponderables, incluyendo análisis en varios ámbitos relacionados con la toxicidad de la tierra, del agua y del aire, y con la desidia humana) concitan la melancolía de esta corresponsal. Sin embargo, ¿es casual que, pese a evidenciar un claro interés por su destino, ninguno de entre el centenar de investigadores mencionara que con los sapos se extinguirán irremisiblemente los príncipes encantados a los que no besó nadie?






jueves, 3 de noviembre de 2016

De Buenas Letras (2)



Artículo en la sección "De Buenas Letras" 

del diario Ideal.










ACERCA DE LO FANTÁSTICO


Suele decirse que en toda realidad hay algo más de lo que llamamos realidad, que lo fantástico es la intromisión violenta de un suceso extraño en el mundo real, la irrupción de lo inadmisible en el seno de la inalterable legalidad cotidiana o, según Cortázar, el momento inesperado en que la puerta que da al zaguán se entorna lentamente para dejarnos ver el prado donde relincha el unicornio. Suele decirse que el autor debe hacer verosímil lo inverosímil, conseguir que la narración vacile entre una explicación natural y otra sobrenatural, sin decidirse por ninguna, creando así la inquietud en el lector. A pesar del actual desprestigio de la ficción, aún hay quien cree que sólo lo excepcional es digno de ser contado; que la búsqueda de lo insólito, de lo extraordinario, de lo misterioso, de lo irracional, de lo portentoso, de lo que los griegos llamaban tháumata, los romanos mirabilia y Freud Unheimlich, va unida desde la Antigüedad a la creación literaria, siendo de hecho su matriz misma; que el fantástico es el lugar natural de la escritura, la fascinante posibilidad de inventar mundos diversos, alternativos, imposibles. Aún hay quien suscribe las palabras de Walter Scott y prefiere los momentos de delirio, los vagabundeos de la imaginación a todos los tediosos hechos de la existencia, aclarando que no se trata de un plan de evasión, de una modesta magia contra la opresión de una realidad vulgar, asfixiante o aterradora, sino más bien de revelación, de iluminación (Félix Grande habló de esos fogonazos a cuya luz vemos, de pronto y por primera vez, un rincón apartado que había permanecido entre sombras), de la facultad de jugar, de agregar algo a la Creación, de suplantarla, de reinterpretarla mediante enfoques audaces y saltos impensados que sitúen al lector sobre la cuerda floja del espacio y el tiempo, impidiéndole una aceptación sumisa de la realidad. 

Es cierto que España nunca se ha distinguido por su predisposición a los fantástico. Se culpa de esta fatalidad al clima, a las circunstancias históricas, religiosas y sociales, a una atávica visión a ras de tierra, a un inusitado pudor. Acerca de este defecto de nacimiento del país, Álvaro Cunqueiro tenía la impresión de que durante demasiado tiempo ha prevalecido entre los escritores españoles un miedo paralizante a abordar lo fantástico, y el lector se ha ido desacostumbrando a que los acontecimientos fabulosos pudieran ocurrir. Esos lectores olvidan que, según Martin Amis, la realidad está sobrevalorada; que, según Lord Dunsany, la existencia es una noche llena de prodigios; y que, según Murakami, todavía nos aguardan grandes extensiones desconocidas y fértiles que esperan que las cultivemos. Puede que esa escasez de la tradición fantástica española se deba además al erróneo, desafortunado juicio que han tenido hasta hace poco de ella los lectores, los editores, los críticos e incluso los mismos escritores. Quizá también suceda que la noción de fantástico, al filtrarse paulatinamente a otros géneros según la tendencia actual, ha ido debilitando su radicalidad. 

Lo fantástico nos permite escapar de lo consabido, lo mostrenco, del repertorio tan limitado que tiene lo que Eça de Queirós llamaba “la impertinente tiranía de la realidad”; acercarnos al envés de la ilusoria superficie de las cosas, a un mundo que se enfrenta al mundo real y, al hacerlo, puede producir una enorme colisión o un simple contraste, pero de ese choque siempre se desprende una lluvia de chispas que ilumina nuestras pobres vidas. Es el alimento de los que prefieren un sabroso toque de extrañeza a la insipidez de una explicación racional; sorber la emoción del misterio y la incertidumbre; saciar la cosquilleante necesidad de habitar otras dimensiones, otros territorios perdidos en el ensueño y la lejanía, en la bruma de maravilla que flota sobre las delgadas fronteras que separan lo real de lo irreal. 


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Los Irregulares de Baker Street

Con su divertidísimo pastiche victoriano El Lecho Celestial del Doctor Graham, Ángel Olgoso abre el volumen Los Irregulares (Editorial Cazador de Ratas).






Contenidos:

Lem Ryan: Prólogo
Ángel Olgoso: El Lecho Celestial del Doctor Graham
Elia Barceló: Una mujer respetable
Carmen Moreno: Los Irregulares & Jack
Rodolfo Santullo: El niño al otro lado de la tapia
Kike Ferrari: Dura como un martillo, filosa como una hoz
Juan Guinot: La Yumba
Mercedes Rosende: Peleando en la cubierta del Titanic
Alejandro Castroguer: ¿Alguien recuerda a Vera Lynn?
Cristina Jurado: Out of context
María Zaragoza: Corinne
Daniel Pérez Navarro: Argón Californio