He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve y de la literatura fantástica.

(Marina Tapia)

domingo, 31 de diciembre de 2017

Una cita con La máquina de languidecer, por Carlos de la Fé


Carlos de la Fé, amigo, narrador y especialista en relato breve, ha escrito este fresco y directo acercamiento al libro La máquina de languidecer. Con el siguiente texto inauguramos un nuevo año del blog y deseamos, de corazón, a todos sus lectores un feliz 2018, lleno de estimulantes lecturas, gratas conversaciones, momentos de reflexión, de belleza y, en fin, de todo aquello que es capaz de darnos la literatura.


Escriban: lo hace cualquiera, lo hace todo el mundo. Además, ahí está Planeta para publicar lo que sea. Serán felices, serán artistas, serán besélers, serán todo lo que quieran ser, pero jamás serán escritores ni escritoras; nunca, pero nunca nunca nunca, serán Ángel Olgoso ni Ana María Shua. Que lo sepan. Desde que empecé el libro —los libros, y que Ani me perdone porque pienso comerme todos los bombones hasta el empacho— tengo en el escritorio una carpeta, de esas amarillas del güindous, con el nombre “OLGOSO”, así, en mayúsculas, porque yo también estoy a punto de empezar a leer el nuevo (y antiguos) libro de Ángel Olgoso La máquina de languidecer. Me relajo. Me concentro. Alejo de mí cualquier otra idea. Dejo que el mundo que me rodea se esfume en lo indistinto. La puerta, claro; mejor la cierro; al otro lado siempre está la televisión encendida. Alzo la voz porque seguro que no me oirán: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!». Quizá no me han oído, con todo ese estruendo; lo digo más fuerte, grito: «¡Estoy empezando a leer el nuevo libro de Ángel Olgoso!».

Eleonora Carrington

Una líneas atrás alguien habrá soltado un exabrupto poniendo cara de quien firma anteponiendo a su nombre un título universitario. Un exabrupto, en tales casos, suele ser un juicio de valor. Habrá dicho: «Pero, ¿quién es este donnadie que ni siquiera sabe que ese no es el último libro de Ángel Olgoso, sino uno de sus primeros títulos? Tú, como buen lector, sabes que no era más que un ardid literario, una manera de decir que cada libro, cada relato, cada frase de Olgoso es siempre nueva, que esa es una de sus virtudes, como la de los grandes cuentos a los que se puede volver, a los que se tiene la necesidad de volver, lo que te vienen a la memoria porque todo se relaciona, esa genialidad que sólo alcanzan muy pocas novelas donde cabe tan poco y tantos cuentos donde poco es tanto. Las autoridades literarias advierten que leer a Ángel Olgoso puede ser perjudicial para su ignorancia. Ángel Olgoso: maldito vicio. Otro más. Entre el mezcal, el tabaco y los “normales” no doy abasto.

Victor Delhez

¿Tienen los libros de cuentos una estructura premeditada? Hay disparidad de opiniones. A quien se plantea un volumen como una mera recopilación que, no por azar, termina por tener una especie de relación interna. Algunas veces es algo perseguido, incluso el germen de ese conjunto de relatos. En La máquina de languidecer se percibe ese plan. El orden establecido no parece ser casual. Aquí la propiedad conmutativa podría acarrear efectos secundarios no especificados en el prospecto. Aquí sí que deberíamos contar con una advertencia de las autoridades literarias. Pero a ti, atento lector, avispada lectora, no se te habrá escapado que las citas al inicio del libro tampoco son casuales. Tú, querido lector, instruida lectora sabes que sólo alguien que carece de estilo puede creer que se va a ver afectado por estilos ajenos. Con la literatura de Olgoso, no corres ese peligro; ni tú ni nadie, porque el estilo de Ángel no es imitable, porque en cada frase exacta, premeditada, estudiada, perfectamente escogida están todos los estilos, todos los movimientos, todas las épocas, todos los giros, juegos, malabarismos, artes, mañas, técnicas, trucos, recursos, párrafos, frases, palabras, letras, fonemas.

Victor Hugo


El libro se abre con el relato Empirismo. Olgoso nos da la primera en la frente, en la experiencia, utilizando un recurso que podríamos denominar, incluso, infantil porque casi todo el mundo ha “jugado” a cerrar y abrir los ojos rápidamente y vislumbrar sombras como en una vigilia instantánea y repetitiva.

Ulises es un relato que irremisiblemente nos lleva al libro del maestro Denevi. Aquí Olgoso utiliza un recurso ya clásico (je) del micro-relato, que diría Lolita Koch, acudir a la mitología como fuente y reescribir, reinterpretar los mitos, cosa, por lo demás, perfectamente válida si alguien es capaz de creerse los originales, o que se puede andar sobre las aguas. Es un suponer. 

En Perspectiva, nos pide de nuevo sacar los bártulos de nuestra mochila cultural, a un sentimiento antropológico que cualquiera que haya tenido la fortuna —el accidente— o la desgracia (se pueden elegir ambas opciones) de ser padre o madre (aquí elegir sólo una: su bebé, gracias) reconocerá como propio. Es un relato que debería incluirse como en las instrucciones de uso de los preservativos y en las clases de catequesis. En las de preparación al parto ya no vale la pena.


Gérôme


Con Los rivales, a mitad del cuento, cuando con la maestría que lo caracteriza, Olgoso deja caer las palabras que para ti, lector, para usted, lectora, significan la comunión entre autor y público, tienes que sonreír inevitablemente. Hay quien suelta un improperio, desde el respeto y el cariño. El título ya debió hacernos pensar en que los protagonistas eran “alguien”, pero nos dejamos ganar por la trama. ¿Sobran los nombres propios? Yo creo que sí; tú tendrás que leerlo.

En esta parte del libro nos encontramos con un cuento que se titula Última cena. Ya llevamos leídos unos cuantos, así pues, sabemos que vamos a disfrutar. Es un placer: «Hay un cuento de Ángel Olgoso que se titula Última cena», le dices a alguien que lo conoce, y sonríe, no lo recuerda, está deseando llegar a casa y gritar: «¡Estoy empezando a leer cuento de Ángel Olgoso!». Si no lo conoce irá corriendo a la librería —a una de adeveras— donde sólo hay literatura, pura tura.


Dino Valls


Si lees Los ojos sabrás que hay miradas que matan. Si lees Los ojos tal vez no te haga falta leer Perspectiva, pero tampoco volverás a besar y, si lo haces, en contra de lo que opine Amenábar, cierra los ojos, a pesar de que tengan una delicada forma almendrada, casi bizantina. O, directamente, no mires a los ojos de la gente —ni siquiera o sobre todo a los de tu esposa, aunque te pierdas contemplar el centelleo de sus pupilas de color oporto, que dan ganas de bebérselos.

¿Quién no lo ha visto, alguna vez, escondiéndose por las callejuelas, descendiendo y ascendiendo entre el cálido infierno y el muelle de las nubes celestes; subiendo por las atascadas cañerías desde las pestilentes cloacas? Dicen que te chupa la sangre, que se te lleva el alma. Es el innominado y el de los mil nombres; es El viejo lobo de las desgracias, desnudas, de nada. Es el cuento enciclopédico, el Necronomicón de los microrrelatos. Leerlo puede ser causa de una risa mortal. 

Tesoros es como si estuvieras leyendo todas las versiones juntas de Indiana Jones. Es un viaje en el tiempo, a los tiempos, a destiempo. Es un libro de Geografía e Historia. Es muy triste. Es una enumeración nada caótica, exclusivamente occidental, de deseos.

Giorgio De Chirico

En Naufragio asistimos a la solución de un tema recurrente en la literatura universal. Es un cuento de esos inolvidables que nos traen otros textos, otros naufragios a la memoria, como el de Shua intitulado así por Zavala, como las sirenas del maestro Valadés. Un cuento, en suma, que echa por tierra los estudios más avanzados en psicolingüística y neurología sobre que los delfines son tanto o más listos que los seres humanos (¿hace falta estudiar para llegar a tamaña conclusión). Un naufragio sin Viernes. Se recomienda leer a diario.

El otro Borges, diría que lo podía haber escrito el propio Borges. De hecho, hay un tal Borges que a veces sueña con ser un tal Olgoso, pero sinceramente, sobre todo cuando Bioy le enseña una edición de la Enciclopedia... Esto, como decían los filósofos Les Luthiers, no sólo es verídico sino que es verdad.


Alberto Savinio

La pesca está oportunamente dedicado a otro genio de brevedades: Miguel Ángel Zapata. Poco más que decir, excepto que hay que malcomer mucho y mirar el cielo raso (por cierto, al techo no le iría nada mal una mano de pintura) para pescar, manque sea con bichero, a la insoportable y escurridiza musa.

El golpe maestro del leñador mágico es un cuento pre y post ecologista. Es un homenaje a Gaia a pesar de que sea un Homenaje a Richard Dadd. Es Tlon, Uqbar tertius... Es el eterno retorno de Nietzche, es la vida y la muerte, y es, sobre todo una ligera, soslayada alusión a uno de los libros que marcaron este dislate taxonómico y temporal, esta estúpida manera pensar en lugar de escribir sobre quién la tiene más grande y la vio primero que es la crítica (en España) sobre la minificción; es Borges y Bioy, again y su antología primigenia y Aldrich y una mujer o un hombre que se saben el último eslabón de una especie con afán de hacerse desaparecer, ligera, estúpidamente. El último espécimen de o que vive en una máquina de languidecer. Un tajo mientras te afeitas el complejo de dios. Para la crítica especializada diremos que utiliza la enumeración cuasi caótica donde el narrador elíptico se dirige a un narratorio apostado en un más allá que lo atrae hacia un abismo homodiegético consustancial con la transmutación semiótica de los símbolos. Lo que en granaíno viene siendo pollas. 

Un día de campo, irónico título que precede una batalla imposible, como todas.

En La larga digestión del dragón de Komodo, ese ser por demás repugnante, asistimos a un clásico de la literatura fantástica. Atravesar una puerta, esa puerta, tiene consecuencias que Einstein no pudo prever. El personaje principal ejerce un oficio que parece ser una venganza.

Kay Sage


El misántropo tiene una localización y un ambiente que nos retrotrae a épocas pretéritas que, sin embargo, creemos —tal vez con razón— aún siguen existiendo. Entre el comienzo, donde se le pone nombre al personaje, y la repetición de las palabras finales se esconde una novela de De Torrente Ballester, de Pardo Bazán, de Cela. Otra prueba más de que se puede —pueden quienes pueden como Olgoso y pocos más— escribir una novela en un solo folio.

Il Giardino Segreto. Titular un cuento en otro idioma es un recurso muy útil, tanto en el relato breve como en el de mayor extensión. De entrada despierta la curiosidad, hace que nos preguntemos el porqué de esa decisión y sospechamos que, como en todo gran cuento, las palabras no han sido elegidas al azar. En Il Giardino Segreto el misterio no está en el título sino que se va desgajando, metódica y premeditadamente, frase tras frase. No hay rastro de mandrágoras ni de belladona, pero casi se intuyen.

Samsara... (disculpen los puntos suspensivos, inútiles como casi siempre); nombres así hacen que se me dispare la (poca) imaginación geográfica: Zanzíbar, Fidji, Quintanilla de Abajo, de Arriba... Samsara es un cuento evocador de épocas y lugares, un tour vacacional all include. Algo así como el National Geographic condensado.

Danza de espadas. Como ya habrás adivinado, astuto lector, sabia lectora, Julio Cortázar tenía una furgoneta marca WV, de esas que fueron símbolo de hippies sesenteros, que bautizó con el nombre de Fafner, en honor al famoso dragón, con la que, junto a su Osita y fantástica fotógrafa Carol Dunlop hizo de un prosaico viaje por las carreteras francesas una experiencia que contaron en Los Autonautas de la Cosmopista, la última gran obra maestra del maestro. También podrás comprobar, una vez leído Danza de espadas que todo esto que acabo de decir no tiene nada que ver con el relato. De hecho el texto es un acopio de espadas que te sonarán más o menos y de sus posibles historias, que no sucedieron pero.

Alfonso Ponce de León


Irremediable. Hay autores que son una biblioteca en sí: Ángel Olgoso es, además, un diccionario de términos exactos, precisos y preciosos; palabras que, de inmediato, nos hacen sospechar que, descontando la genialidad genética, no aparecen como cucarachas espantadas al encender la luz de la cocina de la casa infestada de insectos o de perras negras. Es ya un lugar común en la crítica literaria de la brevedad destacar que la mínima extensión de los relatos contribuye a que una pléyade de aficionados que nos regalan sin pudor miles de textos —por llamarlos de alguna manera— nacidos de la ignorancia; aprendices de todo que nunca llegarán a comprender cómo el gran público (esto es un oxímoron hablando de minificción) no cae rendido ante su talento.

La Atlántida. La Historia también puede ser considerada una máquina fabricada por la humanidad para languidecer, un paradigma con el que recordar que no somos nada, que hasta las civilizaciones ficticias, legendarias o no como La Atlántida, polvo serán, más polvo anquilosado. ¿No habíamos quedado en que uno de los recursos para lograr la brevedad es la alusión a la mitología? Otra prueba.

Melancolía de los gigantes. Hay títulos tan fantásticos, tan geniales, tan evocadores, tan poéticos... (Obsérvese el inútil amén que... inútil uso de los puntos suspensivos). En Melancolía de los gigantes asistimos a uno de los ya clásicos empleos del título como una herramienta fundamental en un microrrelato, esa necesidad de volver atrás, al inicio, al antes del inicio para sonreír con una mueca de medio lao.

Hablando de finales, y en contraposición al relato anterior, en En una Exposición se pone de manifiesto el recurso del final sorpresivo. Sin embargo, eso es algo que intuimos desde las primeras líneas, y ahí Olgoso hace gala de otro recurso casi Hitchcok..giano?, esperando, a cada palabra, la estocada anunciada. Está dedicado a Manuel Gómez Rivero, nadie desconocido, por otra parte, pero después de leer este relato no sé si quiero conocerlo; porsiaca.

Alfred Kubin

La caja de los truenos. Durante aquel brevísimo instante deja de ser, aquí, un lugar común para convertirse en el eje sobre el que girará La caja de los truenos. De nuevo, tendremos que volver al título (incluso al inicio porque no entenderemos el porqué los padres de...) para entender: una vez en el final del cuento despertaremos del embrujo de las palabras, sabiendo que hemos vuelto a caer en la trampa de las palabras.

Pueblo chico, infierno grande. No nos cansaremos de repetirlo: las palabras no caen del árbol de la sabiduría como efecto secundario de la gravedad del tema, para eso es necesario genio, arte y oficio. En Pueblo chico, infierno grande hay una novela, enterita. Eso sí, no sirve para llevársela a la playa con la tortilla en la fiambrera. La masa estúpida que puebla esos lares no entenderá sus gestos de aprobación, ni que la relea, una y otra vez, repito, una y otra vez, una y otra vez... Relato perfecto, para variar.

Juicio. El otro día conseguí en México una edición espléndida sobre la inquisición española. Doscientas y cacho páginas donde se explicaba detallada y bastante objetivamente la infamia que supuso esa desviación de una filosofía, de una forma de ver y entender la vida y la muerte. Olgoso, en Juicio, en un párrafo, describe al detalle el apartado en el que los dominicos relajaban al brazo secular a las pobres personas que tenían la costumbre de no comulgar con su fanatismo.

El narval. Nuevamente, el recurso de la elipsis que propicia la mitología como mecanismo para lograr la brevedad, en El narval se convierte en un viaje extraordinario sin salir de su habitación ni de su paranoia particular.

Escher

domingo, 24 de diciembre de 2017

Contamos la Navidad

Ángel ha participado con su relato Las huellas de los pájaros en el aire en el libro ilustrado 21 campanadas, perteneciente a la iniciativa cultural CONTAMOS LA NAVIDAD, que busca fomentar la lectura a través de unas recopilaciones de cuentos que cada año orbitan alrededor de esta temática tan entrañable. Se trata del proyecto más importante de literatura navideña que se realiza en España. La edición del libro ha corrido a cargo de Impresión Punto y Seguido, de León.


Según José Ignacio García, escritor y coordinador de CONTAMOS LA NAVIDAD, el proyecto nació en 2009, con la intención de compaginar la Cultura y los regalos navideños que hacen las pequeñas empresas a sus clientes. La idea era fomentar el hábito de la lectura de forma gratuita a través de patrocinadores, lograr una tirada de 3.000 ejemplares que permitiera competir con los reclamos publicitarios habituales de ese periodo invernal: bolígrafos, llaveros, mecheros, monederos… Al final se consiguió alcanzar una tirada de 18.000 ejemplares, y que cada libro costase menos que un café tomado en un bar de barrio. Sin ningún respaldo institucional, sólo con imaginación y esfuerzo colectivo, en 2015 este proyecto altruista fue galardonado con el Premio de Reconocimiento Cultural "La Armonía de las Letras". 


A lo largo de estas nueve ediciones consecutivas, en CONTAMOS LA NAVIDAD han colaborado más de 150 escritores (José María Merino, Antonio Pereira, Gustavo Martín Garzo, Óscar Esquivias, Elena Santiago, Hipólito G. Navarro, Cristina Cerrada o José Jiménez Lozano) y otros tantos ilustradores y fotógrafos. Para esta novena edición, se cuenta a su vez con autores también muy reputados como Marta Sanz, José Luis Ferris, Ángel Zapata, Luis García Jambrina, e incluso se han traspasado fronteras con el venezolano Juan Carlos Méndez Guédez y una servidora, que participa con un texto sobre la Navidad tradicional en Chile.


"Este año hemos querido ser originales desde el título, desterrando las palabras 'cuento' y 'Navidad', que –de una manera u otra– habían estado presentes en las ocho ediciones anteriores. Esta Navidad queremos dar la campanada a lo grande, la frontera entre el año que acaba y el que se estrena la marcan las doce campanadas, y como el libro tiene 21 cuentos, pues así han surgido las 21 campanadas que Sergio Arranz Bartolomé ha convertido en una portada hermosa, muy creativa y que con ese fondo verdoso transmite paz y armonía, que son sentimientos que deben prevalecer en Navidad, y que debieran estar siempre presentes en nuestra convivencia, para que este mundo fuera un poco mejor. En cuanto a los cuentos son muy diferentes en lo concerniente a estilos, planteamientos, estructuras, argumentos, lenguaje, voces narrativas… Los hay surrealistas, como los de Ángel Olgoso, Ángel Zapata o David Acebes, reivindicativos como el de Juan Carlos Méndez Guédez, sorprendentes como el de José Luis Ferris, evocadores como los de Marta Sanz y Eva Delgado, próximos a la niñez como el de Luis García Jambrina, futuristas como el de Rodrigo Martín Noriega y así cada uno de los 21 tiene su toque particular".


El proyecto ha alcanzado ya los 90.000 ejemplares y esperan llegar a la décima edición superando la barrera simbólica de los 100.000. CONTAMOS LA NAVIDAD convierte cada libro en una auténtica joya literaria de bolsillo.


¡Felices fiestas a todos los lectores del blog! Gracias por acompañarnos en este primer año de su andadura.



domingo, 17 de diciembre de 2017

Ángel Olgoso en África


Juan Ramos, amigo de Ángel y excelente persona, me ha hecho llegar este texto que su amigo Francisco Manuel Palmero, también maestro y voraz lector, le escribió desde África. Más que una anécdota, es un tributo a La máquina de languidecer y a las sensaciones que convoca, unas líneas casi escalofriantes por la emoción que despliegan de forma sutil, y evocadoras de la literatura de Joseph Conrad por el lugar donde se desarrollan. Para un autor siempre es un placer comprobar que sus libros pueden ser buenos compañeros de viaje, dar hondura al trayecto o a la meta y ampliar perspectivas. Gracias a ambos por compartir estas experiencias que sin duda alientan el trabajo creativo.



ÁNGEL OLGOSO EN ÁFRICA

Francisco Manuel Palmero

He conseguido conexión con el mundo durante estos momentos y voy a aprovechar para enviar las notas que tomé hace unos días en Loropeni, población cercana a Gaoua, donde estoy parando. Quería compartir contigo que he podido leer a nuestro orfebre de la palabra en el corazón de África, en lugares inaccesibles no sólo para los blancos sino para los propios nativos, lugares que pude ver y sentir tras haber recibido nombre en su lengua: Farma Alí. En el corazón de la tierra Gan he presenciado sacrificios y ofrendas a sus fetiches en santuarios ocultos en la sabana. He bebido doló en calabaza compartida y comido la carne de los sacrificios, y entretanto, he leído a Olgoso, el único mensaje que quería encontrar con nuevos ojos. He creído entender más allá y más adentro lo que cobijado en mi hogar y mi familia era solo hermoso. Aquí La Máquina de Languidecer se ha hecho carne en mis manos, y los nativos se han acercado curiosos al blanco que leía el mismo libro y anotaba trazos de palabras en un cuaderno. Espero humildemente haber honrado a Olgoso con su libro en el centro del mundo, donde todo es original. De entre las sensaciones, una aterradora y sorprendente: durante días mi hermano aquí me advertía de los riesgos y la singularidad de lo que presenciaba, y en el uso siempre ponía nombre a las cosas, “C'est l'Afrique. Aquí el tiempo es elástico”. África, esta África que he podido conocer, es esencia del hombre en estado puro, y me emocionó leer en nuestro libro, en El Golpe Maestro del Leñador Mágico, “Pasó el tiempo -el mismo tiempo elástico de los sacrificios (...)”. Sentí, al leerlo un profundo agradecimiento. A Olgoso, y a mi amigo Juan Ramos, por descubrirme autores de raza.


Gregory Colbert


Richard Dadd (The Fairy Feller's Master-Stroke)

lunes, 11 de diciembre de 2017

Booktrailer de Astrolabio


En 2014, el escritor Jesús Cano realizó este hermoso booktrailer de Astrolabio. Unos meses antes, el libro de Ángel había sido publicado en formato digital por la editorial granadina Transbook, para cuya página el mismo Jesús Cano entrevistó a Olgoso. A continuación del video reproduzco el diálogo, con algunas ilustraciones de Santiago Caruso.



Publicado el 15 abr. 2014

Aquí mi cuarto booktrailer, esta vez de la obra "Astrolabio". Son 43 relatos de Ángel Olgoso para saborear, como exóticas frutas, uno a uno. Acompañan a los textos ilustraciones del gran artista argentino Santiago Caruso, que suele ilustrar los libros de Olgoso. Yo he aportado mi granito de arena con el guión y algún añadido gráfica a las ilustraciones originales (con todo el respeto para Santiago Caruso y para mejorar). El libro se puede adquirir en Amazon, en el siguiente enlace: 

https://www.amazon.es/dp/B00CQR2W60



ENTREVISTA A ÁNGEL OLGOSO

19/06/13

JESÚS CANO


Ángel Olgoso acaba de unirse, y es para celebrarlo, a la tripulación de esta nave virtual que se llama Transbooks. Lo hace con la versión digital de Astrolabio, uno de esos libros suyos de relatos breves que dejan al lector con la boca abierta mientras su mente surca mundos tan extraños como sugerentes. Frente a otras creaciones anteriores con un velado telón de fondo, la singularidad de esta obra radica en el deseo consciente del escritor de jugar con las palabras con mayor libertad. Y ello, como siempre, impulsado por las velas de la más exquisita fantasía.


-Astrolabio es un compendio de pequeñas piezas maestras; incluso uno de ellos, a modo de meta relato, justifica el valor de la literatura breve. 

El relato que abre el libro, Espacio, es en efecto toda una declaración de intenciones a favor del poder de la brevedad, de la prosa depurada y exigente, de su aterradora economía, de su mágica fulguración. Estoy de acuerdo con José María Merino cuando contempla las novelas como grandes planetas que se mueven pesadamente, planetas de distintos tamaños y diferente color, aunque todos se caracterizan por acarrear en su masa muchos elementos óseos y musculares y desplazarse con cierta lentitud, por muy majestuosa que llegue a ser. Alrededor de ellos están los asteroides de los cuentos, un sistema rico donde bullen cuentos de todas las formas y colores, cuentos voladores, saltarines, que se asoman y desaparecen enseguida, dejándonos una poderosa impresión de vida. Lo sorprendente -dice Merino- es la solidez que, utilizando muy pocos recursos, consiguen alcanzar esos cuerpecillos nerviosos y versátiles. 


Los relatos que componen este Astrolabio son textos independientes que no tienen común denominador alguno, no están escritos con voluntad de algo ni de ciclo que se abre o se cierra, cada uno de ellos cristaliza según la necesidad interna que gobierna su extensión, su estructura, su voz narrativa, su ritmo, de lo cual resulta -por debajo de la brevedad de todos- una abundante variedad formal. Podrían emparentarse con los “grutescos”; término etimológicamente afín al de “grotesco”, pero que remite más bien a una curiosa moda artística del siglo XVI, surgida a partir de los apuntes tomados por los artistas, a la luz de las velas, de los frescos romanos que cubrían los muros y las grutas de la Domus Aurea de Nerón. Montaigne definió los grutescos como “pinturas fantásticas, cuyo encanto radica en lo variado y lo extraño”. En Astrolabio he optado por una libertad total de enfoques, es un libro ecléctico, versátil, un pequeño caleidoscopio hecho de sueños disparatados, de relámpagos pavorosos en mitad de la noche y hasta de delicados amaneceres, un puñado de miniaturas un tanto desaforadas y fulminantes. Si Los demonios del lugar fue un descenso concéntrico y alucinado a los infiernos, y Las frutas de la luna una especie de cosmogonía con aura fatalista, casi de revelación bíblica, Astrolabio tiene una atmósfera menos oscura, su caligrafía es menos enrarecida, lúdica en ocasiones. De hecho, está muy presente el juego formal en el tratamiento de los distintos temas y formatos, como una sucesión de sensaciones físicas y placer intelectual.


-A propósito de eso. En todos tus libros, incluido Astrolabio, confluyen relatos de la más variada temática, siempre con planteamientos y desenlaces sorprendentes. 

Según parece, la versatilidad es una de las marcas de la casa: siempre he pensado que la diversidad de mundos o de texturas enriquecen cualquier libro. Y supongo que, a la hora de escribir, me aburre convivir durante meses con los mismos personajes y los mismos escenarios. Necesito cambiar cada pocas páginas. Por eso Astrolabio, en especial, es un libro poliédrico, acicateado por los retos narrativos y por la experimentación con géneros y subgéneros; un libro con el que seguí fraguando mi peculiar universo, en el que me permití zarandear un poco el cuento tradicional. El título hace referencia al instrumento de navegación y apunta, también, a la posibilidad que tiene el lector de visitar en un mismo libro diferentes latitudes geográficas y temporales, a la unión de dos magnitudes distintas (astro y labio), lo colosal y lo diminuto, la explosión y la implosión, lo ardiente y lo tibio, lo lejano y lo cercano. En él hay revisitaciones históricas, relecturas mitológicas, piezas policíacas, metaliterarias u orientales, hay paradojas científicas, epifanías, juegos con el tiempo, personificaciones de animales y objetos, experiencias místicas, placeres inefables, percepciones extrasensoriales, metamorfosis, bilocaciones… Uno de los primeros lectores de Astrolabio me comentó que le había parecido casi un menú de Ferrán Adriá, muy variado, de sabores audaces y texturas sorprendentes. Y es cierto que ese ideal de depuración, de mezcla de magia, emoción y laboratorio ha estado siempre presente en mi obra. Siguiendo con este símil culinario, a la hora de crear miniaturas poéticas e intensas me gusta retirar la aparatosa carcasa de la historia, los menudillos de la psicología y de la genealogía, la grasa de los tiempos muertos, y dejar sólo un texto destilado, donde a lo sumo aparece el tuétano de los personajes y el aroma concentrado de la atmósfera.


-Siempre has escrito relatos breves, y muchos te consideran un maestro del microrrelato pero, según has dicho alguna vez, tal término no acaba de convencerte para definir lo que haces. Parece molestarte que te encasillen y ahora incluso estás escribiendo textos más largos. 

Es cierto, últimamente estoy dejando de lado mi natural inclinación por la “brevitas”, estoy intentando trascender los limites de la brevedad y del fantástico. Durante más de treinta años he llevado con gusto ese traje, pero lo cierto es que -aunque en realidad se trata de un tejido amplísimo, inabarcable- comienzan a apretarme un poco sus costuras. Me confieso un autor de relatos literarios, sin más, que sólo intenta dar cuenta de sus obsesiones. 
Ya escribía relatos breves a finales de los setenta -mucho antes de que existiera el concepto microrrelato, del que, más que un pionero, me veo como un modesto puente entre los autores que de forma magistral aunque esporádica lo cultivaron hasta los años setenta (Gómez de la Serna, Max Aub, A. F. Molina, Gonzalo Suárez, Alfonso Sastre, Pere Calders o Ferrer Lerín) y la legión que ha venido después-; sin embargo, me gusta pensar que sólo escribo relatos, independientemente de la extensión. Al plegarme por completo a las necesidades del texto, por fuerza cada uno nace con su propia envergadura, tono y color: a veces ocupan una línea y, otras, treinta páginas, pero procuro que sean milimétricos, quintaesenciados -también los más largos-, que tengan cierta atmósfera, cierta densidad y, por supuesto, sustancia narrativa. Siempre intento aunar la precisión y belleza del lenguaje con la singularidad de la historia. Naturalmente, a menor extensión se requiere mayor intensidad, y también es cierto que el espacio acotado del “hortus conclusus” magnifica cada palabra, hace que desborden la página y sea más fácil dejar una huella imborrable en el lector. 



El hecho de que me apasione la tensión, la concentración, la autonomía radical de lo breve; el hecho de que crea que bastan pocas páginas, incluso líneas, para mostrar la esencia de algo, para agotar cualquier argumento o para emocionar, no significa que olvide que fondo y forma son inseparables, que la brevedad no es un fin, un valor en sí mismo, que hay que tratar de contar la historia, no de la mejor manera posible, sino de la única manera posible. Tengo la impresión de que la efervescencia que vive el microrrelato lo está convirtiendo en un verdadero diluvio de escoria, de sedimentos irregulares, de miniaturas inanes, de retales, de grageas absurdas u ocurrentes, de falsos relatos. Algo inevitable en la volcánica explosión de un género aparentemente nuevo, y algo lógico cuando se confunde ese género con un cajón de sastre o se identifica brevedad con facilidad de composición. Depende de lo riguroso que sea el creador. Pese a la evidente banalización (de la que avisé hace muchos años en otra entrevista), estos momentos resultan también muy interesantes: obligan a rebuscar con más ahínco, pero multiplican las posibilidades de encontrar diamantes entre las cenizas. 


-Volviendo a Astrolabio, está publicado en versión digital y por una editorial digital. Antes habías publicado algo en digital, pero en Italia. ¿Qué te parece esta nueva experiencia y que sea una empresa granadina la que la promueve? 


Con Racconti abissali -publicado en 2012 por Siska Editore en Pisa- fue la primera vez que sentí el corazón desgarrado entre mi pasión por los libros de papel y el inevitable desembarco de la edición digital. Siempre había pensado que no hay placer comparable a un libro nuevo de páginas suaves o crujientes y con su intacto olor a tinta, o a uno viejo y baqueteado que lleva entre sus guardas los pétalos secos de la sustancia de nuestra vida. Pero he acabado comprendiendo que, a fin de cuentas, lo que importa es el contenido y no el envase. En papel o en pantalla, los libros me siguen pareciendo -en palabras de Maquiavelo- el alimento para el cual vine al mundo: durante horas me olvido del mundo, no recuerdo vejación alguna y dejo de temer la pobreza y de temblar ante la muerte. Así que no puedo sino alegrarme de que Transbooks haya decidido publicar Astrolabio en ebook, algo que le otorga todas las ventajas de las publicaciones digitales, máxima disponibilidad, buena difusión y bajo precio. Y si encima se trata como en este caso de una editorial granadina, miel sobre hojuelas. 


-Y, hablando de Granada, es una ciudad de escritores, de letras, lo mismo ayer que hoy. Como autor con experiencia fuera de Granada, ¿crees que por encima de Despeñaperros se ignora la literatura granadina o es tan sólo un tópico? 

No hay duda de que vivir en la periferia contribuye a la invisibilidad, no sé si fatal o afortunadamente. Y si para escribir es importante armarse con una perseverancia inhumana, con una coraza contra la desilusión, hacerlo en provincias alejadas de la Corte lo es aún más. Durante casi tres décadas, respiré el vivificante aire del fracaso, choqué contra un muro de silencio, acostumbrado a que mis libros fueran rarezas o carecieran de distribución. Como decía Bernard Shaw, florecí antes de los veinte años, pero casi nadie aspiró mi aroma hasta después de los cuarenta. No me importó ir sumando lectores uno a uno, de forma literal, porque además de guiarme por mi individualismo un tanto feroz sólo luchaba por cada átomo de imaginación, por poner sobre el papel, de la mejor manera posible, una visión genuina de la vida. 

En Granada hay una concentración apabullante de poetas y narradores, muchos interesantes y algunos extraordinarios, que intentan someter sus sueños por escrito con un enorme grado de pasión y de talento. Es lógico que los creadores nos esforcemos por alcanzar cierta visibilidad, pero el camino principal, el que nunca debemos abandonar, es ese camino misterioso que va hacia el interior, porque -según Novalis- es en nosotros y no en otra parte donde se halla la eternidad de los mundos, el pasado y el futuro. 


-¿Qué tiene que ver escribir con ese sentimiento que llamamos libertad, tanto la personal como la colectiva? 

Séneca decía que con el libro puedes prolongar tu mortalidad, que eres libre de las limitaciones de la humanidad, que todos los tiempos están a tu servicio como al servicio de un Dios. Yo creo que la literatura, la belleza, nos consuelan, pues proponen una exquisita conciliación de las asperezas de la realidad con la idealidad del arte. Al escribir, no sólo te zambulles en las aguas miríficas de la libertad, sino que logras la satisfacción impagable de abolir el tiempo y el espacio; no sólo transcribes la realidad, sino que interpretas el mundo, subjetivas la materia, consignas los sueños, te asomas a lo más profundo de la condición humana.


En una época como la que vivimos, de recrudecimiento de la vileza humana por parte de una minoría codiciosa, insaciable, criminal; una época en que, de pronto, volvemos a habitar un estadio primitivo de la historia humana, con unos pocos depredadores alimentándose de su prójimo, sometiendo al resto de su especie sin el menor escrúpulo; una época en que el sentido común, la solidaridad, la compasión, la empatía no son aún moneda común en el planeta; en un momento en que los poderes político y económico pervierten a diario las palabras, robándoles su sentido, convirtiéndolas en vaselina de la que se ayudan para empalarnos, para hacernos tragar su discurso fascista y mafioso, es responsabilidad del escritor devolverle a las palabras su belleza, su autenticidad, su carga imaginativa, su fulgor genuino. El arte y la literatura pueden producir tanto placer como energía para afrontar -al decir de Pavese- los males del mundo. Precisamente porque la vida es muy breve, no podemos permitir que unas sanguijuelas, que unas alimañas avariciosas y traicioneras estropeen algo tan precioso y tan frágil, nos nieguen la dignidad, nos carguen de cadenas, de miedos, de incultura. Todos deberíamos tener presente ese delicioso e inquietante símil de Beda el Venerable que compara nuestra vida con el paso, a través de un refectorio bien iluminado, de un pájaro que procede de la oscuridad de un extremo y sale a la oscuridad del otro.


-Una de tus facetas más desconocidas es que eres Rector del IPG (Institutum Pataphysicum Granatensis). ¿Qué lugar ocupa en tu vida y en tu obra la Patafísica? 

A principios de los ochenta tiré del hilo de la Patafísica al descubrir la vida y obra de Boris Vian, el más fino de sus príncipes, y el que retomó el lema “Me esfuerzo de buena gana en pensar cosas en las que pienso que los demás no pensarán” de una obra menor de los dramaturgos Flers y Caillavet. En 2007, espoleado por Miguel Arnas, me animé a fundar el IPG. Durante casi dos años, en los que de manera muy grata el Instituto granadino constituyó prácticamente toda mi vida social, viví un feliz período creativo: encuentros, conferencias, un blog propio a cargo de José Vicente Pascual, la convocatoria del Premio Internacional A. F. Molina al Espíritu Patafísico (que en su primera convocatoria recayó en el dibujante y autor de los Grandes Inventos de TBO Ramón Sabatés, y en su segunda convocatoria en el poeta Carlos Edmundo de Ory), la supervisión y presentación del volumen El siglo Ubú, y la continua elevación a rango de Sátrapa Trascendente de nuevos y numerosos miembros, nacionales e internacionales, entre los que se encuentran Umberto Eco y el académico José María Merino. Después de más de un lustro de ocultación, el IPG ha regresado ahora para quedarse: hay ya numerosas propuestas; habrá también reuniones periódicas; estamos preparando una página web propia -en la que volcaré el Archivum Aethernum- y una serie de publicaciones internas, Los Escarbadientes Espirales del IPG. Al mismo tiempo, sigo procediendo a la cooptación de nuevos Sátrapas, la composición de sus cargos y la elaboración de sus diplomas.


En la vida real no me considero patafísico (he conocido a algunos que lo son de nacimiento, como el Sátrapa Andrés Sopeña) sino un simple autor de relatos, o de pequeñas construcciones imaginativas en prosa, que cree que la Patafísica y la literatura fantástica son hermanas siamesas unidas por la espalda. Ambas, armada con el pensamiento científico y filosófico una y con la imaginación artística otra, cuestionan el edificio aristotélico. Ambas estudian las excepciones y proponen soluciones imaginarias. Ambas se ocupan del universo real y de las combinaciones de sus piezas, pero también de distintas perspectivas desde el que contemplarlo e incluso de los universos posibles. Para encontrar alguna manifestación evidente de la Patafísica en mi obra hay que remontarse a Nubes de piedra, una antigua recopilación de relatos primerizos, especialmente en textos como Pulstar, El Club de los Novecientos Flautistas o China. Después, ese marcado perfume se ha ido diluyendo hasta convertirse en un leve efluvio que rodea a veces una historia. O quizá permanece en la convicción de que la estética es una de las formas más importantes de la ética: el que hace cosas bellas, hace cosas buenas. Pensándolo mejor, aunque pocos hombres pongan en práctica la Patafísica conscientemente, todos somos patafísicos desde el momento en que la singularidad hace de cada persona una excepción. En realidad todo es patafísico: hasta el mismo Universo no es más que una insignificante excepción de la Patafísica. 


lunes, 4 de diciembre de 2017

Eros y Afrodita en la minificción



Eros y Afrodita en la minificción es una antología de textos breves llevada a cabo por Dina Grijalba, profesora mexicana devota de Julio Cortázar, Luisa Valenzuela y las minificciones literarias. El hilo conductor del volumen es el erotismo, y reúne a 112 autores -56 mujeres y 56 hombres- de todo el espectro literario en español: desde clásicos como Julio Torri, Cortázar o Arreola, a consagrados e indispensables en este “cuarto género narrativo” como Ana María Shua, Raúl Brasca, Luisa Valenzuela, José María Merino, Fernando Iwasaki o Ángel Olgoso, o autores amigos afincados en Granada como Josefina Martos Peregrín, Carlos de la Fé y una servidora.

Cuenta además con un esclarecedor prólogo de la profesora de la Universidad de Salamanca Francisca Noguerol, una de las mejores especialistas en microficción del idioma español: "Del fornicón y otras delicatessen literarias". En él, ella nos explica que se trata de un trabajo tan concienzudo como necesario y que viene a iluminar con una nueva obra el catálogo de Ficticia, en México (que tanto ha contribuido a la difusión de los textos breves de la mano de Marcial Fernández), y de Macedonia, en Argentina, dirigida por el imprescindible Fabián Vique. 

El libro, que ya se presentó en México, en el Palacio de Bellas Artes, se acaba de presentar en Madrid el pasado 30 de noviembre en la librería Cervantes y Cía.

Os dejo con la introducción de Dina Grijalba, las citas generales del volumen y el texto Lamelibranquios, con el que Ángel participa en tan completa y sugestiva antología.



Palabras preliminares o Alegrías y tribulaciones de una antóloga 

El sujeto amoroso vive todo encuentro con el 
ser amado como una fiesta. 
Roland Barthes 


Después de gozar de la lectura del imaginario erótico femenino escrito en nuestra lengua —la de Sor Juana— por algunas autoras latinoamericanas y de descubrir la magia de la minificción, pensé unir mi placer por la lectura de cuentos en los que la pasión, el deseo o el deleite, se expresan en palabras. Pletórica de entusiasmo, puse manos a la obra (a las obras más bien). 

Inmersa en la feliz aventura de buscar miniaturas eróticas, y gracias al generoso apoyo de estudiosas y de minificcionistas de diversos países de nuestra América y de España, reuní decenas de antologías y de libros de autora o autor. Efervescente y desmesurada leí, leí y leí minificciones escritas en habla española; en esta práctica de voyeur he sido testigo de todo tipo de fantasías y actividades sexuales, transmitidas en breves textos de maravillosa condensación. A mitad del camino —con alrededor de 10 mil cuentos bonsái leídos— mi ánimo estuvo a punto de sucumbir ante un cuadro de empalagamiento o indigestión microcuentista; pero, con unos días de reposo minificcional, el mal desapareció. Regresé golosa y gozosa a la lectura y devoré otros cuantos miles de minificciones. Del alrededor de 15 mil minitextos leídos, en una primera etapa, tomaba los que a mi parecer transportaban en sus palabras algún gradiente de erotismo y reuní así un conjunto de 482 brevedades en donde Eros asomaba su rostro o de plano el cuerpo completo. 

De ese conjunto debía formar este libro, guiada por el criterio inicial de que la calidad literaria fuera lo que determinara la selección, aun asumiendo la subjetividad que esto entraña. 

Llegaron entonces los días felices de elegir los microrrelatos para formar la antología. Y llegaron también noches de desvelos por las múltiples y diversas dudas. Días y noches en las que trasladaba textos del archivo titulado “minificciones eróticas reunidas” (las 482) a otro: “antología de minificción”; y era una de meter y sacar textos (el Cronopio los llamó textículos) de un archivo a otro, sobre todo de meter, siempre en la búsqueda del máximo placer para quien lee estos preliminares. Finalmente comprendí que llegaba el momento de compartir los hallazgos y publicarlos para multiplicar los placeres en múltiples lectoras y lectores. Ahora que tienes en tus manos estos artefactos textuales, de diverso voltaje, más o menos elusivos y etéreos, o candentes, algunos convocando a un sentido en particular y, otros, a la sensibilidad corporal, siempre persiguiendo un temblor, un estremecimiento, un estallido, deseo que la lectura de estas minificciones actualicen la frase feliz que Marco Denevi escribió en ese exquisito libro de recreaciones eróticas que es su jardín de las delicias: “Eros siempre difunde alegría en el melancólico mundo donde vivimos”.

Victor Delhez

Apenas él le amalaba el noema a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes.
(Julio Cortázar)

Alfred Kubin

Solían decir que las caricias eran una grieta en el muro por la cual Dios les dejaba espiar lo inefable.
(Laura Nicastro)


LOS AMANTES

Ellos son dos por error que la noche corrige.
(Eduardo Galeano)

Alfred Kubin


LAMELIBRANQUIOS

Eres buscador de perlas en un mar subtropical. Buceas hoy a mayor profundidad, más allá de la barrera del arrecife de coral. Anémonas. Blenios dentados. Anguilas-jardín. Erizos. Peces arlequines. Bosque de quelpos. Descubres regocijado un vastísimo criadero natural. Semienterradas en el fondo limoso, las conchas cubren por entero la pradera submarina. Blandes el cuchillo, lo introduces con habilidad entre los bordes sellados de uno de los moluscos bivalvos y haces palanca. Contemplas entonces atónito, a través de la turbia luz, el sexo femenino que se aloja en su interior, su palpitante morfología venusina, sus labios abultados, el vello crespo sombreando el contorno, su fresita retráctil, sus repliegues de cresta de gallo, ababosados, salidizos, pultáceos. Abres otra concha. Y otra. En aquel delirante criadero de las profundidades, acunados por las aguas madres, todos los lamelibranquios cobijan un sexo con vida propia, encarnado, de contacto mucilaginoso, ciliado, como un pequeño hocico mostachudo y acuoso. Incrédulo aún, sientes cierto escalofrío cuando alcanzas a calibrar la peculiaridad del lugar.





miércoles, 29 de noviembre de 2017

En unos pocos corazones fraternos. Antología Solidaria


Ángel ha cedido la publicación de su estremecedor relato Las huellas de los pájaros en el aire al libro colectivo y solidario En unos pocos corazones fraternos, publicado por Entorno Gráfico. El pasado 24 de noviembre se presentó dicha Antología Solidaria a beneficio de la Fundación del Banco de Alimentos de Granada, en el Teatro CajaGranada.



Después de los discursos institucionales, el programa del acto -organizado y presentado por el escritor Francisco Acuyo- se completó con la lectura de poemas alusivos de García Lorca, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre y Blas de Otero; la intervención musical de la Orquesta de Cámara de la Universidad de Granada; y la actuación del escritor, profesor y cantaor Alfredo Arrebola y del maestro de la guitarra Ángel Alonso. Para finalizar, se sortearon entre el numeroso público asistente distintos regalos, que culminaron con las obras cedidas por los pintores Diego Canca, María Teresa Martín-Vivaldi y Juan F. Navarro.


Como curiosidad, el libro está equipado con tecnología NFC, pionera en España: un chip mediante el cual el lector puede tener acceso a contenidos adicionales; en este caso, un archivo de sonido con la grabación de su texto por los autores que han participado en la Antología Solidaria.


Como es natural, la venta de esta edición se destinará íntegramente a la labor siempre inestimable del Banco de Alimentos de Granada, que viene ayudando desde hace 22 años a los menos favorecidos (millones de kilos de comida a 40.000 familias de toda la provincia, logrando incluso récords nacionales, y que en fechas navideñas llegan a implicar a 3.000 voluntarios).



La bondad y la solidaridad son la única fuerza integradora, son la verdadera revolución: fue emocionante asistir el viernes a esta fusión de la cultura y el corazón.


viernes, 24 de noviembre de 2017

Caligramas de Josefina Martos Peregrín


La amiga y excelente narradora y poeta Josefina Martos Peregrín elaboró esta maravilla de dibujos a partir del libro de Ángel, Cuentos de otro mundo, formados por el título y una frase de cada uno de sus cuentos. A modo de caligramas complejos pero espontáneos, entre Miró y Alberti y con fondos distintos, "en realidad no importa tanto que cada palabra sea legible como el efecto de conjunto, ya que todo resulta plenamente descifrable al aumentar el tamaño". Se trata de un delicioso regalo de Josefina a la que hay que agradecerle de corazón tanto tiempo, concentración y esfuerzo como seguramente ha dedicado a esta creación visual.





viernes, 17 de noviembre de 2017

La Rosa de los Vientos, en el Centro Artístico




En un cálido ambiente de amigos y aficionados a la literatura, se asistió en el Centro Artístico a una nueva sesión del ciclo Anomalía (Conversaciones transversales). En esta ocasión, no en torno a un autor sino a un texto. Con las luces apagadas, se escuchó primero la grabación realizada por José Luis Gärt de La Rosa de los Vientos, relato inédito de Ángel Olgoso, toda una carta de amor a la historia de la literatura universal que comienza con el Ulises de Homero y acaba en el Ulises de Joyce.


Luego Gart y Miguel Arnas propusieron un juego: adivinar las referencias a otras obras que aparecen en el cuento, en su recorrido por distintos hitos, escenarios y personajes de diferentes libros de ficción (La isla del tesoro, Moby Dick, Pinocho, Veinte mil leguas de viaje submarino, Cuento de Navidad, Bajo el volcán, La cartuja de Parma, Peter Pan, Alicia en el País de las Maravillas, En busca del tiempo perdido, Robinson Crusoe, Quo vadis?, Las aventuras de Huckleberry Finn, El retrato de Dorian Gray, etc.). Ulises hace hilo de Ariadna y va pasando de historia en historia, recomponiéndose, convirtiéndose en personaje principal o secundario de cada nuevo relato, viviendo otras vidas que es realmente lo que permite la literatura. Miguel lo calificó de "hipertexto", de texto que te lleva a otros muchos, y José Luis de "cuento google", en el sentido de que la riqueza de imágenes y de menciones del autor despiertan la curiosidad del lector, lo estimulan a investigar esas alusiones, a conocer otras historias, a leer otros libros. Se habló también de que un relato como éste ayuda a restituir la posibilidad de soñar, a devolver la imaginación a su lugar original, lejos por ejemplo de la impuesta perversamente por Walt Disney o la industria audiovisual.


En sus intervenciones, el público asistente hizo hincapié en el estilo plástico y sensorial de Ángel Olgoso, en ese gusto por los detalles, en ese lenguaje suyo poético o en esas maravillosas enumeraciones. Así como el hecho de que La Rosa de los Vientos parezca un cuento atemporal al estar escrito en presente, lo que le presta una enorme agilidad pues da la sensación de que todos los acontecimientos -por muy remotos que sean- se están viviendo en ese momento. O la vida propia que pueden llegar a adquirir algunos personajes y que remitirían a la muerte del autor.



Finalmente, por cortesía de Elisa Serna, se proyectó un montaje audiovisual en el que aparecieron imágenes de todos los personajes de La Rosa de los VientosÁngel Olgoso, voluntario convidado de piedra, recibió el habitual diploma que lo acredita como modelo de anomalía (en este caso, por su dedicación a transcribir sueños y su desbordante imaginación), y pronunció las siguientes palabras:


"Muchísimas gracias a todos por haber acudido a la convocatoria de una nueva ocurrencia gärtiana. Yo mismo no pensaba venir (por pánico escénico crónico y congénito), hasta que José Luis me aseguró que no tenía que hablar, que sólo iba a estar de cuerpo presente. Pero después de asistir al estupendo resultado de esta generosa y anómala iniciativa, lo menos que puedo hacer es volver de la tumba para agradecerle de corazón -a él, a Miguel y a Elisa- que se hayan tomado tantas molestias con lo que no es más que uno de los muchos relatos de mi nuevo libro, Devoraluces, con lo que no es más que un simple juego metaliterario sobre la corriente narrativa continua, un viajillo -en cierto modo circular- a través de la historia de la literatura. De modo que, caballeros, benditos seáis por ser como sois y por vuestro interés por mis relatos, y malditos seáis por haberme hecho hablar otra vez en público".