He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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sábado, 28 de marzo de 2026

Encuentro de autor en Libros Prohibidos (Úbeda) con Alejandro Molina

Fue un verdadero placer este encuentro inolvidable en Libros Prohibidos, cálidamente arropado por la inteligente conversación con Alejandro Molina mientras enhebrábamos distintos relatos, por la logística de los libreros Bego y Jose, y por unos lectores (ubetenses y granaínos) tan receptivos y ya amigos. Así es fácil sentirse como en casa, todos en torno a la lumbre de los cuentos. Gracias a todos, y a Marina por las fotos. Comparto con gusto las generosas palabras introductorias de Álex:



“No exagero cuando digo que hoy tenemos la suerte de contar entre nosotros con Poe, Kafka y Borges en una misma persona, es decir: Ángel Olgoso, probablemente el mejor narrador de relato en castellano de la actualidad. Le debo mi primer contacto con Ángel a Ismael Ramos. Después de hablarme varias veces del Borges granadino, de recomendarme su obra y de verme siempre con libros de todo tipo menos de Ángel, acabó regalándome “Las frutas de la luna”. Elegí como primera lectura el relato “Designaciones”, y por poco no me desmayo nada más leerlo. En ese preciso instante supe que lo que tenía entre manos no era un libro cualquiera. De este relato -y de cualquiera de los suyos- podríamos hacer una tesis por cada una de sus innumerables virtudes: la relación entre lenguaje e historia, el ritmo, la enumeración, la visión del mundo, el retrato del hombre, la precisión léxica, la brevedad y su poética inherente, el logrado realismo de pátina macabra y hasta fantástica, la atmósfera…


Ángel estudió Filología Hispánica en la Universidad de Granada. Es miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada y de la Amateur Mendicant Society de estudios holmesianos, Auditeur del Collège de Pataphysique de París, y fundador y rector del Institutum Pataphysicum Granatensis, donde ha otorgado el rango de Sátrapa Trascendente —entre otros muchos escritores y artistas— a José María Merino y a Umberto Eco. Sus relatos han sido traducidos al inglés, alemán, italiano, griego, rumano y polaco y recogidos en más de sesenta antologías sobre el cuento. Ha colaborado con relatos y crítica literaria en revistas y periódicos, y obtenido numerosos premios como el Premio Andalucía de la Crítica en 2014 y 2022 (finalista otras tantas veces), el Premio Internacional Julio Cortázar, el Premio Caja España de Libros de Cuentos, el Premio de la Feria del Libro de Almería, ha sido finalista del Premio Setenil, etc.



Si bien la comparación con Poe, Kafka y Borges remite a quienes el mismo Ángel considera sus ancestros literarios, dado que sus temas y estilos pueden encontrarse en su prosa en una aleación que acaba forjando una voz propia y personalísima donde convergen lo extraño y onírico, lo paradójico, la erudición y el deleite en la palabra, me gustaría traer a colación otros aspectos menos evidentes que podemos relacionar igualmente con estos tres autores, como el impacto, originalidad y universalidad.


Los relatos de Ángel son, en gran parte por el uso maestro de la brevedad, historias impactantes. Pero no impactan merced a giros finales ocurrentes (que es lo habitual en el mundo del microrrelato), sino por la hondura del tema, por su capacidad por hundir en el lector ese hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros del que hablaba Kafka valiéndose tan solo de un puñado de líneas. Son historias que calan, que dejan poso, que resuenan y que despiertan como se despierta a alguien inconsciente arrojándole un cubo de agua helada.


El hecho de encontrar rasgos de estos escritores en Ángel no lo hace menos genuino. En esto del arte, todos caminamos a hombros de gigantes. Lo relevante en Ángel es ese factor de originalidad tal y como la entiende Poe: la capacidad de deleite egotístico que nos hace empatizar con el autor, junto al cual descubrimos cosas que no sabíamos de nosotros mismos y del mundo, merced a unos cuentos elaborados con una técnica exquisita en una duración perfectamente ajustada a ese descubrimiento que comporta, además, el impacto al que aludíamos más arriba.


Con Ángel pasa algo similar a lo que decía Cioran sobre Borges: nada escapa a su pluma (véase si no el amplio abanico de aspectos tratados en sus cuentos, que están siendo recopilados en seis temáticas distintas en las ediciones de Eolas). En sus cuentos encontramos historias sobre la humanidad, sobre la existencia en toda su magnitud: sus misterios y leyendas, lo más mundano y bajo, amén de aquello tan elevado que ni Ícaro alcanza. Ángel es universal, pero más importante aún: sus libros serían esa utopía a la cual yo me adheriría con gusto, en la que todos lo imitaríamos de un modo u otro.


Su gusto innato por la brevedad (nuestro autor tiene numerosas obras maestras que son toda una declaración de intenciones, como “Cuenta atrás”, “Conjugación” y sobre todo “Espacio”) se complementa por su querencia por la extrañeza (“me considero una de esas personas a las que les gustaría ser hombre que bebiera agua de lluvia de la huella de un oso y, a la vez, una de esas personas que no quiere vivir en la realidad diaria y objetiva sino en el lugar en que ocurren los prodigios”), por buscar otros modos distintos de abordar la realidad.


No han sido pocos los que han acusado a Ángel de abusar de las enumeraciones y de un léxico preciosista y enrevesado que, de algún modo, hace de centrifugadora de lectores: hay quien pasa por la que consideran una lectura sesuda y compleja, y hay quien prescinde de ella por considerarla innecesariamente compleja. Los hay incluso que se atreven a echar en cara a sus cuentos que necesitan estar concentrados para leerlos, como si se pudiera leer de otro modo. En estos tiempos en los que se reivindica la sencillez del lenguaje y suele tildarse de farragoso todo aquello que no resulte accesible en términos inmediatos o poco exigente, hago una reivindicación del barroquismo en su acepción más afín a lo pictórico, es decir: en lo referente a lo teatral, al naturalismo, al detalle y lo alegórico. ¿De qué otro modo se puede escribir si no es desde el prisma del más devoto amor a la palabra? En los relatos de Ángel, el lenguaje se mima, el léxico -con su precisión y con su declinación poética- contribuye a construir la atmósfera, el mundo.


En cuanto al amor, en la obra de Ángel tiene dos caras: lo sublime (el amor en relaciones personales, padre-hijo, pareja, etc.), y lo nefasto (el desamor, la relación con el prójimo). Es decir, el amor es tanto cárcel como libertad. Schopenhauer dijo “El amor es la compensación de la muerte, su correlativo esencial”. Quizá todos nos pasamos la vida escribiendo sobre lo mismo, el amor y muerte. De hecho, Ángel ha dedicado un volumen entreo a este tema cardinal, “Estigia”.



Decía Auden: “Como lectores, la mayoría de nosotros somos, hasta cierto punto, como esos granujas que dibujan bigotes en los rostros de las chicas en los anuncios”. Ángel, en “La pocilga de la facilidad”, realiza un reivindicativo análisis que mira de frente a ese espejo que es la creación literaria y que devuelve dos irreconciliables reflejos: uno que aspira a «la dulce piltrafa del reconocimiento», y otro que requiere «el coraje de ser odioso», de vivir en la soledad y la intemperie buscando sólo ser fiel a la visión creativa, pese a permanecer por ello en la sombra. Aunque Ángel siempre haya pensado, con Cicerón, que se puede ser sin ser percibido, aunque la consagración sea el peor de los castigos para el escritor en general y muy especialmente para un escritor insobornable como él, merecería muchos más lectores de los que tiene.


No son pocos los relatos de Ángel en los que se aborda el paso del tiempo. La forma en la que se enfoca suele ser la de un suspiro, un abrir y cerrar de ojos. Además de “Cuenta atrás”, están también el vertiginoso “Relámpagos”, “Umbrales”, “Rip Van Winkle” o “El resplandor de lejanos incendios”, unos pocos ejemplos entre muchos.


Terminemos con la lectura una de sus innumerables obras maestras, que sintetiza de manera espectacular su faceta más filológica, cuentista, poética y conmovedora, logrando una pieza que sin duda impacta, es universal y nos descubre a nosotros mismos:

<<LOS CABALLOS PENSANTES DE ELBERFELD

Me pidió un cuento y le conté la historia del gigante Pan Gu, que creó el mundo dividiendo el cielo y la tierra de un hachazo, y que tras aquel tajo descomunal permaneció entre ellos durante dieciocho mil años, empujando a la vez hacia arriba y hacia abajo en la tarea de mantenerlos separados. Esa noche la fiebre desapareció.

Me pidió un cuento y le conté la historia del niño glotón que tras la papilla se comió el plato, tras la mesa se comió la casa, tras la ciudad se comió los terrones de azúcar moreno de las montañas, tras beberse los océanos se tragó de un bocado el panecillo del planeta con su copete de helado, tras la macedonia del Sistema Solar engulló la ensaimada de las galaxias y el tazón de leche con canela de las nebulosas, tras los cascabillos garrapiñados de los meteoros se zampó el almíbar ardiente de las estrellas, tras la materia oscura con su punto de picante rebañó los restos ya fríos del universo, pero ni todo ese glorioso festín bastó para saciarlo. Esa noche no quiso otro biberón.

Me pidió un cuento y le conté la historia del viejo que trata de desprenderse de sus babuchas desgastadas, que harto de no conseguirlo porque alguien se las devuelve siempre, las arroja desde la azotea y golpea al emir de la provincia, que ordena su inmediata decapitación. Esa noche me sonrió como a un perro fiel tendido a su lado.

Me pidió un cuento y le conté dos historias, la del caballero inglés que sufría de melancolía y se quejaba de los términos de su vida, al que un amigo, para escarmentarlo, lo introdujo durante cinco minutos en el ataúd que usaba para guardar sus licores en el comedor de su casa, de donde el taciturno caballero salió contento y renacido, y la del poeta que se creyó hecho de mantequilla, por lo que eludía cualquier fuente de calor temiendo derretirse, hasta que una mañana muy calurosa, asustado, se arrojó de cabeza a un pozo y murió ahogado. Es noche le dejé la lucecita encendida.

Me pidió un cuento y le conté la historia de un posadero de Ática, un tal Procusto, que estiraba o cortaba las extremidades de sus huéspedes para que se ajustaran al tamaño de los lechos. Esa noche se mantuvo bien arropado.

Me pidió un cuento y le conté la historia del rey que decretó que fueran sacrificadas todas las personas mayores de treinta años, para estar rodeado sólo de belleza y juventud, pero que al cumplir él mismo esa edad cambió la ley y ordenó que fueran ejecutados los menores de treinta, para estar rodeado sólo de gente sensata y experimentada. Esa noche durmió a cuerpo de rey.

Me pidió un cuento y le conté la historia del indio coruba que, tras apuntar con una flecha hacia el avión que sobrevuela su poblado en el Amazonas, consigue derribarlo. Esa noche lloró añorando a su madre.

Me pidió un cuento y le conté la historia de los cuatro caballos pensantes de Elberfeld que, antes de morir en la Primera Guerra Mundial, sabían leer marcando sobre el pupitre las letras del abecedario y, para resolver raíces cuadradas y problemas matemáticos, contaban las decenas con una pata y las unidades con la otra. Esa noche no tuvo pesadillas con el colegio.

Un buen día, el tiempo que no transcurría ni hacia adelante ni hacia detrás al fin se decidió, y él creció y creció y, en razón a las circunstancias, ahora es él quien me lava y me viste, quien me peina y me arropa, quien me besa en la mejilla, y yo el que balbuceando, contemplándolo con aire de súplica y fervorosa gratitud, le pide un cuento, que me sorprenda cada noche con la fascinación que procura el asombro.>>















miércoles, 8 de marzo de 2023

Aproximación cognitiva a lo fantástico como vínculo

En la revista Brumal, en su número monográfico "Relato fantástico y cognición", Paolo Remorini ha publicado su artículo “Aproximación cognitiva a lo fantástico como vínculo: la teoría de las apercepciones. Definición y aplicaciones en relatos de Julio Cortázar, Jorge Luis Borges y Ángel Olgoso”.
El artículo de Paolo, profesor de italiano en el Centro de Lenguas Modernas de Granada, desarrolla una nueva teoría acerca de la literatura fantástica denominada Teoría de las Apercepciones, con aplicación en relatos de Borges, Cortázar y un tal Ángel Olgoso.
Puede leerse aquí:
https://revistes.uab.cat/brumal/article/view/v10-n2-remorini



viernes, 20 de enero de 2023

Artículo de Paolo Remorini en la revista Brumal

    Mil gracias al querido amigo Paolo Remorini por incluirme -con tan buena compañía- en este trabajo recién publicado en la revista Brumal.
    Ya en 2011 tuve el privilegio de que dedicara a un servidor su tesis doctoral en la Universidad de Pisa, “Il fantastico nella narrativa di Ángel Olgoso”.
    Os dejo con el resumen y un extracto.



Aproximación cognitiva a lo fantástico como vínculo: la teoría de las apercepciones. Definición y aplicaciones en relatos de Julio Cortázar, Jorge Luis Borges y Ángel Olgoso
Paolo Remorini
Universidad de Granada


Resumen. Con este trabajo desarrollamos y damos a conocer una nueva teoría de lo fantástico denominada teoría de las apercepciones. Teniendo en cuenta las investigaciones de las ciencias cognitivas de las últimas décadas, sobre todo las relacionadas con la simulación encarnada, las neuronas espejo y el espacio de intersubjetividad, definimos lo fantástico como el vínculo que puede surgir de un desfase de las apercepciones como anomalía, alteración o transgresión de al menos uno de los niveles cognitivos y hermenéuticos que operan en cada experiencia narrativa. 
El enfoque cognitivo permite asimismo superar las críticas sobre lo fantástico como posible género literario autónomo o como modalidad narrativa que se implanta sobre distintos tipos de narración, mientras que cobra importancia el grado de profundidad del vínculo fantástico entre las apercepciones del lector y el texto. A tal fin, presentamos un posible esquema analítico de investigación de textos narrativos.

Palabras llaves: fantástico; ciencias cognitivas; apercepciones; simulación encarnada; intersubjetividad.


Vínculo expansivo: lo fantástico como transgresión

Indicamos como transgresión el vínculo expansivo que surge en un determinado nivel y que
termina por expandirse hacia otro(s) nivel(es) y otra(s) secuencia(s).

Para ver las implicaciones de dicho vínculo, analizaremos el cuento “Relámpagos”, de Ángel Olgoso, que pertenece al libro Los demonios del lugar, publicado por Almuzara en 2007. (10) La elección de este cuento se debe a la concatenación de distintos vínculos fantásticos con la cual se
estructura la narración y que llega a afectar de forma espiral los tres niveles.
Transcribimos el texto completo.

Un rayo fulminó nuestro palo mayor, arrojándome a la helada negrura de las aguas. Olas como cordilleras arremetían contra el barco, que crujía y cabeceaba espantosamente, guiado a la condenación de las rocas de bajío. La corriente me arrastró hasta el fondo, entre bocanadas, con la vista fija en las trombas de espuma de la superficie que se alejaba, hasta que unos brazos atraparon con fuerza mi cabeza y me devolvieron al aire. La matrona, bajo la cegadora luz del quirófano, dio unas vigorosas palmadas en mi espalda de recién nacido, depositándome sobre el pecho de mi madre, que sudaba y jadeaba aún por la dificultad del parto. Redoblé mi llanto, deslumbrado por la blancura del lugar, pero reconocí entonces el gorgoteo de un alimento invisible. Convergía hacia dos boyas que se mecían en la suavísima resaca, llamándome. Atrapé con furia aquellos pezones maternales en busca de una promesa de saciedad. Mi lengua bordeó los senos, descendió luego por un costado, invadió impetuosa los muslos y se demoró en el centro magnético del cuerpo de mi amante. Ya de madrugada, el rumor de su marido tras la puerta me empujó despavoridamente bajo la cama. Me latían las sienes. Petrificado entre los muelles y la alfombra de felpa, la vergüenza dejó paso al enojo. Renuncié a la seguridad de un horizonte de zapatos y tiempo estancado y asomé fuera la cabeza. Una de las balas enemigas hizo rechinar mi casco, devolviéndome al barro de la trinchera. Demonios de humo danzaban en la noche. Las explosiones de mortero se sucedían sin intervalos ante aquel lodazal ensangrentado. Recobré mi fusil, rugiendo de desesperación y sed irrefrenables, me afirmé sobre los pies y apunté impulsivamente hacia la llanura. Mi disparo derribó al asesino de mi hijo mientras se celebraba el juicio por el crimen. Hubo en la sala agitación de bombines y cuellos de celuloide, pero ese acto alivió mi cólera y mi amargura y pude rememorar por fin, sin estremecerme, su rostro tan grave para un niño de nueve años. Los guardias del tribunal me inmovilizaron de inmediato, obligándome a sentarme con cierta rigidez. Ajustaron después las correas de la silla eléctrica contra mis miembros. Cerré los ojos, como si ello me permitiera eludir la ejecución o creyese vivir en la linde un sueño interminable. Cuando alguien accionó los conmutadores del cuadro, la descarga bramó salvajemente a través de mi piel calcinada, fluyó por los muros de la penitenciaría, retornó a las alturas y perduró allí hasta asimilarse a un rayo que fulminó nuestro palo mayor, arrojándome a la helada negrura de las aguas. (Olgoso, 2007: 15-16)

    El relato consta de siete secuencias, desarrolladas cada una en pocas frases (la última secuencia, en la frase final), que representan momentos significativos en la vida de un hombre.
    Cada momento se forma gracias a la resignificación del sentido del discurso narrativo que dibuja el momento anterior. Así, el nacimiento descrito en la segunda secuencia (11) surge literalmente de la expresión «hasta que unos brazos atraparon con fuerza mi cabeza y me devolvieron al aire», que en el primero (12) representa la esperanza de salvación de un náufrago. La relación amorosa del protagonista con una mujer casada de la tercera (13) es la continuación adulta de la «promesa de saciedad» con la que el niño fue amamantado. El combate en guerra de la cuarta (14) comienza en el momento en que sale del precario escondite de la casa del amante («asomé fuera de la cabeza»). Los disparos de la batalla («me afirmé sobre los pies y apunté impulsivamente hacia la llanura») sirven a la venganza consumada en la quinta. (15) Hasta la sexta escena (16) de la ejecución judicial (anunciada por la detención en el aula del tribunal, «me inmovilizaron de inmediato, obligándome a sentarme con cierta rigidez»), que termina con las mismas palabras del principio del relato (la última secuencia, «un rayo que fulminó nuestro palo mayor, arrojándome a la helada negrura de las aguas»), en un movimiento circular que, por un lado, encierra toda la línea de vida de un hombre (desde el nacimiento hasta la muerte), y por otro activa mecanismos que cambian la perspectiva de toda la narración.

    Resumimos lo expuesto en el siguiente esquema analítico:

...

Figura 8. Esquema analítico de “Relámpagos”.

Podemos apreciar cómo a través de la polisignificación (el significante se traslada a otro contexto, otorgándole un significado distinto y configurando una epanalepsis horizontal de la acción) (se producen vínculos expansivos que permiten a los elementos fantásticos de traspasar los niveles (en concreto, el nivel lingüístico se expande hasta el nivel narrativo), readaptándose en cada nueva secuencia.
Finalmente, la última secuencia produce además un cambio paradigmático (metalepsis horizontal del personaje). Al releer el texto (algo que sugiere la propia circularidad del relato), observamos de hecho cómo el orden secuencial de la narración, que representa los distintos pasajes de la vida del protagonista, se configura como la sucesión de flashbacks (anticipados por los "relámpagos" del título) de esa misma vida que tienen lugar en la mente del protagonista durante los
momentos previos a su muerte, sino (la repetitividad de todo el discurso narrativo no tiene en realidad un cierre final) como representaciones oníricas repetidas e inofensivas (o incluso como alucinaciones delirantes). De aquí la indecisión epistemológica y ontológica final que conlleva el cambio de paradigma.
Cualquiera que sea la interpretación más convincente (decisiva en este sentido es la acción hermenéutica que Olgoso deja en mano del lector, que debe evaluar cuidadosamente todas las conexiones), podemos ciertamente apreciar la forma en que el núcleo narrativo de la historia (toda la vida de un hombre) se esboza en breves secuencias que consiguen representar un mundo propio, interno y autosuficiente (condensación del discurso), a la vez que sugieren y crean una narración y desarrollo interpretativo externo a este mundo (analogía).

Conclusiones

A lo largo de este trabajo hemos intentado dar cuenta de cómo los avances neurocientíficos sobre la simulación encarnada y las neuronas espejo, relacionados con las cognitivas capacidades sociales de interpretar e interrelacionarse con los demás, implican la configuración de un espacio de
intersubjetividad donde se materializa el acto de lectura y donde se actualizan las apercepciones previamente condicionadas por distintos factores. La secuencia de decodificación y recodificación de los signos gráficos y las asombrosas evidencias sobre el proceso bidireccional visivo ojo-cerebro,
han evidenciado el papel de las apercepciones, incluso en este ámbito, y la importancia cognitiva de
las anomalías lingüísticas y paradigmáticas.
De esta forma, hemos propuesto nuestra teoría de las apercepciones sobre lo fantástico como
vínculo que puede surgir a través de anomalías, alteraciones y transgresiones en cualquiera de los niveles cognitivos implicados con la lectura, ofreciendo también un esquema analítico de investigación que permita analizar los textos narrativos.
A través del análisis de algunos casos concretos, consideramos demostrado el papel que las apercepciones desarrollan en la creación de vínculos fantásticos determinantes en los procesos cognitivos y hermenéuticos de textos fantásticos.
No cabe duda que habrá que profundizar en los distintos asuntos surgidos a lo largo de este artículo, que no deja de ser un estudio introductorio sobre la cuestión, pero consideramos que el enfoque cognitivo propuesto nos permite, a través de la secuenciación de los textos y la averiguación del tipo de vínculo que se va instaurando como desfase de las apercepciones entre el lector y el texto, superar y encauzar de otra forma los debates sobre el estatuto genérico o la configuración como modalidad narrativa que acucian la crítica relacionada con lo fantástico desde el trabajo de Todorov en adelante. Queda, por supuesto, ahondar en el análisis de otros textos y remarcar cómo los vínculos fantásticos configuran la lectura y la interpretación de las distintas narraciones, y queda abierta también para futuras investigaciones la posible diferenciación cognitiva
de vínculos entre realismo mágico y narraciones fantásticas.

10 Trazamos ya en el pasado un recorrido acerca de las múltiples facetas del autor granadino en el artículo “Fondamenti della poetica di Ángel Olgoso” (Remorini, 2012).
11  Cuatro frases: «La matrona, […] una promesa de saciedad».
12  Tres frases: «Un rayo […] me devolvieron al aire».
13  Cinco frases: «Mi lengua […] asomé fuera la cabeza».
14 Cuatro frases: «Una de las balas […] hacia la llanura».
15 Tres frases: «Mi disparo […] cierta rigidez».
16 Tres frases: «Ajustaron […] a la helada negrura de las aguas».


domingo, 9 de diciembre de 2018

Reseña de Las frutas de la luna por Miguel Arnas


Más que un amigo de Ángel Olgoso, Miguel Arnas es como un hermano mayor y el culpable de haberlo espoleado a fundar el Institutum Pataphysicum Granatensis. Escritores ambos, académicos de Buenas Letras y patafísicos, su amistad va a cumplir veinte años. Os dejo con esta jovial y afectuosa reseña que Miguel escribió para su blog elarboldearnas sobre Las frutas de la luna cuando se publicó aquel libro capital de Ángel.

domingo, 18 de noviembre de 2018

La belleza del abismo

Rescato la estupenda reseña que del libro Los líquenes del sueño publicó en el blog El síndrome Chéjov Manuel Moyano, escritor multidisciplinar y creador del Premio Setenil al mejor libro de cuentos publicado en España que, desde 2004, convoca anualmente el ayuntamiento de Molina de Segura (Murcia). Antes de hablar de Los líquenes del sueño, donde Olgoso reunió los relatos escritos entre 1980 y 1995, Manuel Moyano pone en su contexto la obra de Ángel.

domingo, 25 de marzo de 2018

Recordando a Poe

Para celebrar el Bicentenario del nacimiento del escritor norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849), la editorial Páginas de Espuma publicó hace casi diez años la edición definitiva, crítica y comentada de sus Cuentos completosCon traducción de Julio Cortázar, edición de Fernando Iwasaki y Jorge Volpi, con los prefacios de Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, cada uno de los cuentos de Poe fue comentado por 67 autores hispanoamericanos vivos. 
A Ángel Olgoso -que siempre ha considerado a Poe su abuelo literario, uno de los maestros universales del relato corto y un crisol del que surgieron nuevos géneros y teorías estéticas- le tocó en suerte glosar Cuento de Jerusalén.

sábado, 10 de febrero de 2018

Disecando colibríes



Os dejo con la lectura muy personal de Breviario negro que nos hace llegar Joaquín Medina Ferrer, amigo de Ángel y profesor del IES Luis Bueno Crespo. En ella realiza un pormenorizado repaso del libro, lleno de evocaciones, referencias y sensaciones desplegadas literalmente sobre la marcha durante un largo paseo. Se podría decir que estamos ante un nuevo género: la reseña running. Las ilustraciones de la entrada pertenecen a Alberto Savinio, original escritor, pintor y músico italiano, hermano de Giorgio de Chirico. Que la disfrutéis.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Una cita con La máquina de languidecer, por Carlos de la Fé


Carlos de la Fé, amigo, narrador y especialista en relato breve, ha escrito este fresco y directo acercamiento al libro La máquina de languidecer. Con el siguiente texto inauguramos un nuevo año del blog y deseamos, de corazón, a todos sus lectores un feliz 2018, lleno de estimulantes lecturas, gratas conversaciones, momentos de reflexión, de belleza y, en fin, de todo aquello que es capaz de darnos la literatura.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Astrolabio, por Roberto Martínez Mancebo


Siempre es un gusto leer y poder compartir una opinión tan sincera, profunda y a la vez minuciosa hecha por un lector. En este caso un lector ávido, atento a los detalles, que busca conexiones entre las piezas de los libros de Ángel Olgoso y afinidades con otros autores, un lector con una mirada no tecnicista, sino limpia e impresionable. He querido compartir esta valoración porque, como escritora, sé que resulta de lo más estimulante para un autor conocer la opinión de los lectores. Aquí presento sólo un resumen de las 27 páginas en las que Roberto comenta exhaustivamente Astrolabio, cuento por cuento. Aprovecho esta entrada para agradecerle públicamente su ingente y magnífica labor: la grabación de centenares de relatos de Ángel, muchos de ellos con música y efectos sonoros, que va colgando en Ivoox, junto con audios de conferencias y presentaciones olgosianas. Su gesto tan generoso y poco común me conmueve. Gracias, amigo.

martes, 8 de agosto de 2017

Reseña de Flavio Sevilla


Rescatamos las palabras que en su momento escribió Flavio Sevilla en su blog Metaars, tras asistir a la presentación de Las frutas de la luna en la librería Nueva Gala. Es de agradecer la breve descripción del emotivo ambiente que reinó en el acto, así como sus apreciaciones sobre el libro y, en particular, sobre tres de sus relatos.

domingo, 26 de marzo de 2017

Entrevista en Granada Hoy

A pesar de que Ángel Olgoso ha sido siempre un escritor discreto, casi huidizo, acaba de aparecer en Granada Hoy esta divertida entrevista (selfie incluido) que le ha hecho el periodista y también escritor Andrés Cárdenas, centrada sobre todo en la literatura y en la Patafísica. Y aunque Ángel siempre ha estimado un arte hoy poco cultivado, el de desaparecer, me consta que, al menos en este caso, ha cumplido de buena gana -incluso disfrutado- esos a menudo penosos menesteres que obligan a hablar de uno mismo.