He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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jueves, 4 de junio de 2026

Entrevista acerca de "Holobionte" en Todoliteratura.es

Comparto con gusto esta entrevista sobre “Holobionte” (Eolas) recién publicada en Todoliteratura.es, donde hablo en profundidad acerca de este cuarto volumen de mis relatos completos, centrado en el prójimo y la sociedad.



<<-¿Qué es “Holobionte”?

Es el cuarto volumen de mis relatos completos, organizados temáticamente en seis tomos, que está publicando la editorial leonesa Eolas. Aquí he extraído todos los escritos en más de cuarenta años con referencias al prójimo y la sociedad. Quizá el título perfecto para esta obra ya lo usó para el suyo en el siglo XVIII un monje benedictino, fray Juan Crisóstomo de Olóriz: “Molestias del trato humano”. Un tomito que fue el libro de cabecera de Pío Baroja y al que volvía cada vez que era víctima de algunas de las mil refinadas formas en que nuestros semejantes tienen por costumbre incomodar a los demás, queriendo o sin querer. El título mío, “Holobionte”, es una actualización antropológica y empírica de las asociaciones y lazos de los seres humanos, de sus procesos de colaboración o dominación; remite al término acuñado por la bióloga Lynn Margulis para designar el ecosistema conformado por la simbiosis entre especies que colaboran entre sí y, al hacerlo, acaban modificando el medio en que viven. Los humanos mismos somos holobiontes: nuestro cuerpo aloja miríadas de microorganismos que cumplen diversas funciones en su propio beneficio y en el nuestro.

-¿Se trata entonces de una visión casi entomológica del fenómeno humano, dentro del cual no somos conscientes de nuestra pequeñez?

En cierto modo sí, se podría decir que en “Holobionte” he bajado al barro. Como apunta Raúl Brasca en su prólogo, y como sugiere la hermosa e impactante portada de Marina Tapia, este libro es una visión crítica de la sociedad humana. Creo que era Pla el que dijo que los sentimientos provocados por los contactos entre personas pueden llegar a tan sólidos que se podrían estudiar con la misma precisión que uno puede poner en la observación de las arañas o de las hormigas. Contempladas desde una nube, estas animosidades resultarían insignificantes si pudiesen ser vistas. Apreciadas de cerca, fastidian y molestan porque generalmente son incomprensibles. Y es que las ficciones sociales a menudo son fricciones amargas. Estos relatos tratan sobre la desconfianza en la compañía humana, sobre las misteriosas y azarosas órbitas en las que todos nos movemos y que provocan dolorosas colisiones, rivalidades y sometimientos, pero también abarcan situaciones más dulces, compañías menos ásperas o incluso gloriosas: desde textos que narran colaboración, lealtad, abnegación y amistad en distintos grados, pasando por variadas formas de amor filial, hasta un texto que describe los momentos climáticos de la pasión, de la fusión más íntima y completa entre dos personas (“Émula de la llama”). En definitiva, nos acompañamos, nos hacemos daño, nos amamos mientras intentamos responder nuestra pregunta primordial: ¿estamos vivos antes de morir?

-Imagino que, al igual que los tres primeros volúmenes, “Bestiario”, “Sideral” y “Estigia”, continúa aquí esa diversidad de registros estilísticos, de escenarios, de épocas, de voces y miradas que es una de las marcas de la casa.

Desde luego. No es sólo que me apasione la versatilidad, la exuberancia de formas, que disfrute contemplando la realidad desde distintas perspectivas o haciendo cabriolas, es que pienso que todo ello enriquece la lectura. En cualquier caso, esa pluralidad está al servicio del tema de “Holobionte”, el de sacar punta a la condición humana, al cíclico teatro de la vanidad, la estupidez y la crueldad de los hombres. En ese espejo incómodo y nada complaciente hay miradas irónicas acerca de ella, sarcásticas, terroríficas, tiernas, implacables, cómplices o esperanzadoras. Es un caldero donde hierven los sentimientos, la fatalidad, las luchas de poder, los encontronazos de unos contra otros como carneros salvajes, los protocolos hipócritas, las miserias, las vilezas, las humillaciones, pero también las entregas desinteresadas. En muchos de sus relatos, la inocencia y la singularidad de los protagonistas se ven amenazadas por el carácter despótico del prójimo o por la brutalidad de las instituciones. He intentado mirar la naturaleza humana no sólo con su patetismo, sus prejuicios, incoherencias y servilismos, sino también con sus grandes cualidades, su constancia, entusiasmo o solidaridad. Por estas páginas pasean misántropos, solipsistas, vecinos inquietantes, padres e hijos, máscaras y dobles, tribus y corporaciones, revoluciones y reconciliaciones, ceremonias grupales, guerras civiles, veladas absurdas, historias de amor y desamor.

-Para Cioran, de cuyo pensamiento usted parece sentirse tan cerca, la humanidad es un experimento fallido, y él arrojaba su odio absoluto contra el mundo entero.

Supongo que, además de la filosofía pesimista de Schopenhauer y de la nihilista de Cioran, también ha influido en mi visión crítica y sombría del ser humano el gusto por el Romanticismo Negro, el Simbolismo o el Decadentismo. Pero es difícil -sobre todo en momentos como estos- no ser pesimista y pensar que la historia de la humanidad es la historia de sus guerras, que todavía no puede pensar en sí misma como ‘humanidad’, que tiene aún una constitución tribal, y que dirime por tanto con guerras las diferencias entre tribus. Según el biólogo E. O. Wilson, hemos creado una civilización de la Guerra de las Galaxias, con emociones de la Edad de Piedra, instituciones medievales y tecnología que parece de dioses. Para Einstein, tres fuerzas gobernaban el mundo, la estupidez, el miedo y la avaricia. Pla consideraba la entrada en nuestra vida de otras personas, con su agitación, una de las causas más profusas y perennes de dolor. La teoría de que el hombre es un ser espiritual y moral le parecía grotesca, y creía que el hombre, con sus cosas inherentes a la animalidad humana, no es más que lo que es en cada momento. Albert Caraco, en su Breviario del caos, apunta que “los hombres se hacían la guerra por la posesión del suelo, mañana se matarán mutuamente por la posesión del agua; cuando el aire nos falte, nos degollaremos con el fin de respirar en medio de las ruinas. El exterminio será el común denominador de las políticas por venir. No subsistirá isla en la que los poderosos puedan ocultarse al infierno general que nos preparan, y el espectáculo de su agonía será la consolación de los pueblos que extraviaron”. Para Salvador de Madariaga, los hombres en general eran malos, bichos de naturaleza perversa, y lo que habría que esforzarse por obtener sería que hicieran el menor daño posible (¡convendría incluso procurar que durmieran cuanto más mejor, porque no cometen fechorías cuando duermen!). Según H. G. Wells, ningún camino intermedio se abre ante la humanidad: o se eleva o se hunde. Y, en un reciente artículo, Vila-Matas recuerda que el cerebro humano consta de una pequeña parte, ética, racional y todavía muy pequeña, y de una enorme trastienda bestial, territorial, cargada de miedos, irracionalidades e instintos asesinos. En definitiva, habrá que tener mucha paciencia para este largo viaje a la civilización. Mientras tanto, resulta de lo más tentador pensar que el ser humano no tiene remedio, que seguramente nos vamos a extinguir como los dodos. Como mínimo, la sociedad del futuro será -es- una esclavitud sin amos.

-¿Hay algún relato por el que sienta especial predilección en esta recopilación?

Curiosamente, “Holobionte” contiene el que considero el mejor relato que he escrito nunca, “El síndrome de Lugrís”, el más extenso, con el que he descrito un síndrome nuevo o, al menos, le he puesto nombre a algo que no lo tenía: para mí fue como mi propia subida al Everest, un esfuerzo titánico que me consumió ocho meses de escritura y de vida en mi humilde búsqueda de la excelencia literaria. Tardé tanto porque me exigió una mayor extensión para hacer verosímil el descenso a la locura del personaje, Manuel Lugrís, que siente, en mitad de una calle atestada, un momento epifánico pero terrible (la regularidad de todos los rostros humanos, el demonio de la simetría, la pesadilla de la repetición de los rasgos físicos de la especie) que acaba llevándolo a la locura. Vivimos en la conciencia de un único yo, que cada uno de nosotros se cree el centro del mundo -algo lógico, producto de la tiranía de nuestra conciencia individual y de las vivísimas sensaciones físicas proporcionadas por nuestro cuerpo-, cuando no somos más que integrantes anónimos de las infinitas arenas de una playa. Durante cuatro décadas he escrito relatos que son una visión de conjunto de la especie, otros que aplican a los seres humanos una lente de aumento, y otros que podríamos llamar bifocales, donde se alternan las dos perspectivas. Me gusta pensar en “El síndrome de Lugrís”, y en todos los demás textos que integran “Holobionte”, como ventanitas desde las que asomarse a las simas de la condición humana, desde las que preguntarse quiénes somos y cuál es nuestro lugar en el universo. Las experiencias, las relaciones, los sueños, los vínculos que nos unen y los rencores que nos separan, destilado todo ello por medio de la alquimia de las palabras, permiten singladuras únicas a cada lector, viajes siderales al fondo de cada uno donde descubrir que no somos más que polvo de estrellas.

-¿La relación más radical de todas es la que se establece con los otros?

Sin duda. Somos, dentro de nuestro entorno social, como esas moléculas que nos conforman y que interactúan en un espacio vacío tridimensional, como bolas de billar en manos del azar: basta un roce con otra para salir disparada hacia otro rumbo. Más que el resultado de determinadas circunstancias, lo somos de la confrontación con ciertas circunstancias. Kafka decía que las organizaciones humanas no son agua que se puede pasar de un vaso a otro, pero en todas partes ocurre que para que unos estén contentos otros tienen que no estarlo. Existen interacciones entre personas que se asemejan a las relaciones entre objetos (las bolas de billar no se encuentran, chocan), sin embargo a veces ocurren verdaderos encuentros, justo cuando un alma toca otra alma. Hay de todo. Algunos semejantes son como las epífitas del bosque pluvial: plantas que crecen en otras plantas, sobre todo en árboles, gracias a su soporte, su trabajo, su buena voluntad y su inocencia. Sin eso no sobrevivirían porque no tiene raíces en el suelo. Otros, sin embargo, son como los líquenes, un ejemplo de que la colaboración es transformadora. Pero todos vivimos en una red natural donde los seres vivos dependen unos de otros para sobrevivir y mantener el equilibrio en los ecosistemas de la Tierra. Los humanos somos en definitiva como los microorganismos de un sistema intestinal, y me temo que nuestra microbiota está enferma y necesita urgentemente probióticos: respeto, comunicación, empatía, cooperación, bondad, cortesía, concordia.

-A diferencia de los tres primeros volúmenes de sus relatos completos, en “Holobionte” parece haber una mayor cantidad de microrrelatos.

Ahora que lo señala me doy cuenta de que es cierto que en esta agrupación predominan los relatos bastante breves. Al tratarse de una recopilación de cuarenta años de escritura (aunque las narraciones no están extraídas en orden cronológico), conviven en “Holobionte” distintos registros y distintas extensiones, desde el microrrelato de una línea hasta el relato más largo que he escrito jamás (“El síndrome de Lugrís”). Ha sido una coincidencia, provocada quizá por el tema mismo del volumen -el cruce entre individuo y sociedad- y por el pudor a la hora de tratar ‘in extenso’ el rumor de la colmena humana, el eterno y delicado problema de la incomprensión de los seres, de sus complejísimas relaciones. En cualquier caso, pese a esta puntual abundancia, mis relatos siempre se han movido -paradójicamente- entre la concisión y la precisión y la exuberancia de detalles. Y siempre me he plegado por completo a las exigencias del texto, independientemente de la extensión. La soberanía de la historia es sagrada, no se puede forzar, ni podándola ni hinchándola.

-La violencia hacia el otro es una de las actitudes más presentes en los relatos de “Holobionte”.

Totalmente de acuerdo, hay numerosos ejemplos de relatos centrados en luchas de poder o de roles, sometimiento, humillación, ambición, crueldad, etc., en toda esa violencia que está instalada en cualquier estrato de la sociedad, ya sea de manera difusa o explícita. Annie Dillard lo dijo con ironía: “Testimonios de los expertos lo confirman: ahí afuera las pasan canutas, con la mitad de las criaturas intentando escapar de la otra mitad”. O comes o eres comido. Todos tenemos algo de monstruo y, por tanto, en algún momento todos podemos ser un monstruo para otros. No hay más que recordar las toneladas de sufrimiento que los humanos hemos sido y somos capaces de infligir a otros humanos, esa invasión tan perturbadora y persistente de la barbarie. No hay más que ver cómo nos acaba afectando a todos la mala cabeza y las malas intenciones de unos pocos o de muchos de nuestros semejantes. Parece que estamos tocando fondo, que vivimos en un mundo sobresaturado de falta de empatía y de crueldad, sobre todo por parte de unas élites depredadoras, avariciosas, sin escrúpulos, y de ovejas que balan jaleándolas, cada vez más asustadas y descerebradas. Resulta descorazonador. Nunca acabas de conocer por completo al otro. Exceptuando a esas raras criaturas que consiguen ser felices, o esa parejas que está milagrosamente conectadas como palomas mensajeras, muchas personas, para no sentirse defraudadas o traicionadas, prefieren la soledad a sufrir compañía; en un primer momento puede ser un poco áspera, pero luego -si es elegida- puede llegar a ser algo maravilloso, sereno y enriquecedor.

-Para terminar ¿es posible en su opinión una manera civilizada de convivir?

Es imprescindible. Las relaciones humanas pueden y deben ser motivo de cordialidad. Hay mucha más gente comprensiva que tiznada de crueldad. Cada ser humano me parece un milagro, decía Julián Marías. Habría que hallar el valor extraviado de las palabras, de escuchar y contar, de sentir compasión, de recuperar nuestra humanidad. Puede que el verdadero encanto de la existencia resida en la belleza de darse a los demás. Recordemos el lema humanista de la Institución Libre de Enseñanza: “Todo lo sabemos entre todos”. Puede que, después de todo, no sea el prójimo el más experto de los torturadores, sino uno mismo. Pero nada de esto será posible hasta que se imponga por sí sola la forma más noble de inteligencia, la empatía, esa apertura del corazón, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro. Hasta que dejemos de estar separados por las fronteras de la mente; a un lado el respeto y el pudor, y al otro el abuso, el dominio o la barbarie. Y es que el mal y la fealdad ya se cuidan solos, son el bien y la belleza los que necesitan de nuestros cuidados.>>


domingo, 8 de febrero de 2026

Entrevista de radio en La Ciudad Ilustrada, de GranadaFM

Marinángel en el programa La Ciudad Ilustrada de GranadaFM. Un buen rato de entrevista relajada a tres bandas, conducida con su habitual sabiduría multidisciplinar por el poeta Francisco Acuyo.



sábado, 29 de noviembre de 2025

Entrevista sobre "Madera de deriva" en la revista ExPERPENTO

Comparto la entrevista sobre “Madera de deriva” que Reyes Muñoz, directora de ExPERPENTO, me hizo para el número de otoño de esta revista de cultura y ocio que forma parte del circuito cultural independiente desde 2004 (“Ejercemos el canibalismo cultural. Somos y comemos cultura”). Tiene edición en papel en numerosos puntos de distribución, y descarga y visualización en su web.




<<ÁNGEL OLGOSO: [MADERA DE DERIVA]

La vida quiere que lea “Madera de deriva” en medio de un debate nacional en torno al objeto de la literatura. Resoplo y agradezco que existan sellos que publican a Ángel Olgoso. La red me explica que el granadino es uno de los maestros españoles del relato breve y de la literatura fantástica; y él, en uno de los textos del libro, recuerda el día en que «el secundario» de Borges —Bioy Casares— lo nombró su secundario.

--¿Qué es “Madera de deriva”? ¿Los restos de un naufragio o la balsa improvisada? ¿Son cuentos guardados en un cajón que vienen ahora a salvarte; o son escritos actuales para salvarte en momentos concretos? («resplandor de lejanos incendios», dices en algún lugar).

Es una obra híbrida, un ‘collage’ literario que juega con los límites, los moldes y las etiquetas. Un caleidoscopio lleno de textos fronterizos y de fervor por la literatura. Un libro que transita por senderos desusados, un libro de prosas apátridas en el sentido que le dio Ribeyro, donde he disfrutado practicando el contrabando de géneros. He de aclarar que —a pesar del título— estos escritos no son restos de naufragio sino piezas forjadas con toda premeditación, con la intención de elucubrar libremente y hasta sus últimas consecuencias, con respeto por la inteligencia del lector y por la lengua.

--El humor melancólico es resiliencia contra la tristeza, o llevado a tu libro, besos de fantasma…

Hace cuarenta años, el humor de mis relatos comenzó siendo negrísimo, sarcástico, un tanto bárbaro, macabro incluso. Supongo que el paso del tiempo ha ido afilando dientes y garras y, ahora que uno va entrando en lo que Umberto Eco llamaba delicadamente momentos aurorales de la senectud, el humor se ha vuelto por fuerza más melancólico. El escritor, que entre otras cosas es un augur que puede leer los signos y las señales de su tiempo en cielo y tierra y en las entrañas de los seres vivos, refleja lógica y primeramente los cambios que se operan en sí mismo.

--Hay mucho de «a la fuerza matan» en «Suerteesquiva», que me lleva a una de las citas que incluyes en el inicio: «Lo más difícil del mundo es hablar de uno mismo sin exasperar al prójimo. Una confesión solo es tolerable si el autor se disfraza en ella de pobre diablo». Las citas del principio son mucho más que frases que te gustan, ¿no?

Entre los setecientos relatos que escribí en el pasado, y como buen defensor a ultranza que he sido de la imaginación, apenas si se cuenta una docena basados en experiencias propias, pero a partir de “Madera de deriva” —influido también por la fatiga de las formas literarias, por mi pereza y mi deseo de librarme del apretado corsé de la ficción, por ese hambre reciente y circundante de realidad— me estoy volcando un poco más en la tensión entre el yo y el mundo exterior, siempre mediante una vibración discreta. Por lo cual este libro es, en cierta forma, un autorretrato indirecto. Y sí, acostumbro a valerme de las citas más idóneas como pórtico de mis libros, una epigrafía que pienso que sirve para dar pistas, indicar el camino y enriquecer conceptualmente la obra.

--Viajamos contigo por Chile. ¿Sacaste fotos con el móvil? ¿O esas son tus fotos?

Si no hubiera sido escritor me hubiera gustado ser fotógrafo. Saqué cientos y cientos de fotos en Chile (la ocasión, la naturaleza, las intervenciones en los espacios abiertos o urbanos, la gente, lo merecían de sobra), y al mismo tiempo iba tomando algunas notas que posteriormente, ya en Granada, usé para escribir esa crónica austral que me dicen ha quedado bastante viva y plástica, teniendo en cuenta que es la primera que escribo. Aunque en “Madera de deriva” hay además otra crónica de un viaje más cercano a Cabra, en la provincia de Córdoba, que se asienta literalmente sobre fósiles. De ahí el título de esta excursión en el tiempo, «Caminando sobre el Mar de Tethys».

--La pregunta de moda estos días es para qué o para quién escribe un escritor (que no un escribidor). Tú dedicas muchos cuentos a personas concretas, el libro completo se lo dedicas a tu hijo Ángel… ¿a quién regalas los cuentos que no tienen dueño?

No sé los demás, yo en principio para mí mismo. Como un gusano de seda que va hilando poco a poco palabras de la mejor manera posible hasta crear un capullo armónico y autónomo. Si luego le sirve al lector para hacerse con él una cálida prenda, miel sobre hojuelas, pero el compromiso primero —y más honesto— debe ser con uno mismo y con el material que segrega. No obstante, al mismo tiempo me seduce la idea de que el escritor, el artista, tenga al menos una función, en este caso sagrada: la de dar comida de lo que no existe para que la gente se alimente. En cuanto a las dedicatorias, es de bien nacido ser agradecido: dedicarles un texto a los amigos me parece una manera humilde de corresponder su generosidad. Ciertamente, da la impresión de que los cuentos sin dueño quedan un poco huérfanos, pero confío en que los adopte algún lector.

--¿Qué pesa para que zanjes un párrafo (o casi, casi, una estrofa con sus versos)? ¿La ética o la estética, o las dos? (Parafraseando a Makinavaja, el último poeta).

Más que la ética el fondo, porque la literatura es fondo y forma, pero sin forma no hay fondo. O, como decía Rémy de Gourmont, la esencia es esencial, y la forma es formal, pero la forma es la formalidad de la esencia.

--Me gustaría que me dijeras qué son los asterismos de la constelación de la Osa Mayor. He pensado que pueden ser un futuro libro o un libro inacabado (para el que faltaron fuerzas).

Son textos curiosos extraídos de la corriente humana de los siglos. Una especie de ampolletas de sorpresas, una serie de pequeños viales conteniendo la mixtura de lo extravagante, de lo erudito, de lo ignoto, del despropósito, de la noticia curiosa. Estos caprichos —con frecuencia en contacto con lo que no acertamos a ver o con lo que no existe— están organizados al desgaire, en coordenadas informales, al modo de esas estrellas menores que se conectan mentalmente a líneas, a patrones, a figuras astronómicas de vida efímera.

--En la nota y el dossier se dice que has virado tu carrera literaria en “Madera de deriva”… ¿Hay tanto volantazo como el que se publicita? Porque hay mucho de literatura fantástica, pero de la de Borges y secundario —Bioy Casares— de quien se te nombró secundario. (Apunté «Vino de viña submarina»).

Me temo que ese golpe de timón es totalmente real. Tras cuarenta años cultivando la ficción, el Romanticismo Negro, la narración de la extrañeza y de lo insólito en la estela de Poe, Kafka o Borges, y aunque ya había experimentado con los relatos y jugado con los límites de su territorio, la hibridación me ha ido pareciendo cada vez más sugestiva, un verdadero espacio de libertad. Esta nueva época creativa va dando textos libérrimos, más vivenciales y alérgicos a la trama: la unidad estética reside en la voz del autor y en la tela de araña conceptual con la que merodea en torno a los temas. Por otro lado, resulta inevitable que no pueda zafarme de golpe de toda una vida de fabulación, y que la dicción, los modos, los motivos y los registros propios sigan permeando en alguna medida los textos posteriores.

--Sabía que Borges consideraba las novelas un género innecesario. Me suena haber leído en el libro algo así como «el género de los chismosos»… (no lo apunté). ¿Qué piensas tú de las novelas?

Juan Ramón Jiménez pronunció una sentencia demoledora que pocas veces se tiene en cuenta: basta lo suficiente. En efecto, nada vale por sus dimensiones. Hay muchas novelas admirables, incluso alguna perfecta, pero también bastantes que son pellejos hinchados de viento, de genealogías interminables, de tiempos muertos, de lugares comunes, de reiteraciones, de detalles intrascendentes, de multitudes errantes, de hechos que se enroscan y desenroscan como una tenia infinita. Los lectores, en general, prefieren todo eso; la cómoda velocidad de lectura de las novelas, quedarse a vivir en una historia inacabable y en una misma época. A mí siempre me ha parecido más sugestiva y enriquecedora la posibilidad de diversificar la atención, de vivir muchas vidas en un solo libro de narraciones breves e independientes, de sufrir audaces, limpias, veloces y estimulantes emboscadas, de cambiar de escenarios y personajes cada pocas páginas.

--Iba a terminar el cuestionario con «Dulces huestes», pero la marea me lleva a «Glosario». ¿Cómo quieres que leamos el libro? Diría que es un libro-disco, que se lee del tirón o se lee por caras, o se lee por canciones…

Al tratarse de una miscelánea, hay libertad absoluta para barajar los textos. El libro-disco es un magnífico símil. También podría serlo la bodega de un barco con su cargamento de exóticos ultramarinos. O el clásico jardín de flores curiosas, en el que el lector puede pararse de vez en cuando a coger alguna flor extraña, a meditar sobre lo efímero del mundo o a oler el aroma acre de remotos incendios del pasado. Óscar Esquivias, en su encantador prólogo, lo califica de zoco oriental. Y Jesús Ortega, en la presentación granadina del libro, de laboratorio de ideas. Quizá también venga a cuento ahora aquella afirmación de Bernardo Atxaga de que todas las cosas raras están en el corral.

--Con muy pocas nociones sobre el tema, me gustaría que me dijeras hasta dónde te llega la patafísica. Y si te debemos tomar en serio.

Personalmente, hasta lo más profundo del tornillo sinfín de la espiral. Y, epifenoménicamente, la Patafísica, la Ciencia de las Excepciones y de las Soluciones Imaginarias, la Ciencia de las Ciencias, llega más allá de la Física y de la Metafísica. De hecho, si el Universo dejara de existir, la Patafísica seguiría imperturbable su camino. A ella sí hay que tomarla en serio>>.




viernes, 21 de noviembre de 2025

Entrevista en la revista Quimera (nº503)

Comparto la entrevista que me ha hecho el gran Miguel Arnas para la revista Quimera. Este número de noviembre (503) incluye, entre otros interesantes contenidos, ensayos sobre Henry Miller, Guillermo Cabrera Infante, Cormac McCarthy y Roberto Juarroz, y entrevistas a Sabina Urraca y Cristina Sánchez-Andrade:

                                                                                

QUIMERA (503-Noviembre 2025)
Cambio de amura. Entrevista a Ángel Olgoso

Miguel Arnas Coronado

La entrevista que le hice hace ya veinte años para la revista Ficciones -y que supuso el inicio de una fértil, profunda y patafísica amistad- la titulé “Ángel Olgoso o el relato poético”. Con esta otra, de algún modo se cierra un ciclo aprovechando que Ángel va por la mitad de la publicación de los seis volúmenes de sus relatos completos, unos setecientos, hazaña que lo emparenta, en cantidad y calidad sostenida, con producciones cuentísticas de la envergadura de Maupassant o Pardo Bazán. Al mismo tiempo, se acaba de editar la primera obra de una nueva etapa híbrida y sin apenas ficción, “Madera de deriva”. El universo olgosiano es un espacio reconocible, de perspectivas insólitas, de relatos simbólicos y medulares por su concentración e intensidad, de mimo en la precisión y coloratura del idioma, de un singular minimalismo barroco, como diría él. Una literatura de quilates aunque venga en pequeños recipientes. Al adentrarse entre sus páginas inquietantes y sorprendentes, el lector no puede sino sentirse abrumado por la potencia imaginativa, la riqueza estilística y la versatilidad de un escritor que trasciende los límites de los géneros breve y fantástico, y del que muchos pensamos que no ocupa el lugar que merece por derecho propio. Cualquier otro autor con este bagaje sería ya hace tiempo un hito insoslayable.

-Estás publicando tus cuentos completos en una serie de seis tomos, donde los seleccionas en función de su temática. Al menos desde fuera, da impresión de proeza ¿Qué sientes al echar la vista atrás?

Es cierto, Miguel, tras abandonar la ficción (unos 700 relatos escritos en 42 años) por otros senderos narrativos más híbridos, los estoy recopilando temáticamente. Ya han aparecido los tres primeros volúmenes en la editorial Eolas: “Bestiario”,  “Sideral” y ”Estigia”. Y están previstos que salgan otros tres más: "Holobionte", "Ánfora" y "Maelstrom". Siento la satisfacción, y un poco la inquietud, del deber cumplido, de dejar organizada la obra de mi vida. 

-Setecientos relatos son un número considerable ¿Cómo lo has hecho, no te has encontrado con la duda de clasificar alguno que podría figurar a la vez en dos o más compendios?

A pulso, vertiéndolos relato a relato en cada uno de sus seis archivos correspondientes, con cuidado de no repetir ninguno. En realidad, sólo el tema del amor y el erotismo tenía entidad para componer otro volumen unitario, pero este asunto recorre transversalmente los otros seis volúmenes, a los que sin duda presta un toque de color y calidez. Más allá de esto, no he tenido dudas con los ejes temáticos de mis relatos completos, que he estabulado mediante agrupaciones de algún modo imperativas. 

-Hace ya muchos años Justo Navarro dijo que posees una capacidad verbal e imaginativa que es una excepción en la literatura que se escribe en España. Desde luego tu estilo inconfundible implica un altísimo tratamiento del lenguaje, un prurito en las enumeraciones, una prosa muy cercana a la poesía, unos finales sorpresivos, una fantasía voladora. ¿El amor por la palabra es tu clave de bóveda?

Como supiste ver muy bien en aquella antigua entrevista, algo de la poesía que cultivé entre los trece y los diecisiete años ha seguido rezumando en todos los relatos que he escrito, como las gotitas de un cántaro poroso. Supongo que porque soy un apasionado de las palabras vivas o muertas: me parecen claves de acceso a otro mundo, polizones que desenmascaran o interrogan la realidad, caballos de Troya de la mente. Me sirvo y sirvo a las palabras: no sólo cuentan la historia, son la historia. Encuentro extremadamente vigorizante el embeleso verbal y tangible que procuran. Siento una clara simpatía por autores que tratan el lenguaje como un material totalmente artístico (‘prosa comestible’ la llamo), Azorín, Cunqueiro, Gabriel Miró, Pla, Aldecoa, García Pavón, Dieste o Caballero Bonald. Creo que la belleza formal ejerce de contrapunto de los delirios un tanto sombríos que conforman la mayor parte de mi obra. Ese gusto por la orgía perpetua del lenguaje proviene de mi querencia adolescente por el barroco de Carpentier o Lezama Lima, y de la herencia formal de la Andalucía barroca, que se superpone a la herencia familiar gallega, de aliento céltico y neblinoso. No considero las frases tornasoladas como un simple adorno, sino como una condición esencial de la literatura, la de su capacidad para crear belleza a través de las palabras, que es también el más fundamental de los placeres. Tal vez después de todo, como dijo D. H. Lawrence, al comienzo no era el Verbo sino un gorjeo.

-Es evidente que los cuentos han sido la médula de tu obra.

Por supuesto. Los cuentos son como las perlas, decía Karen Blixen, enfermedad transformada en belleza. Pescar esas perlas ha sido la pasión de mi vida. Creo que de joven padecía un estado interior ígneo, eran veinticuatro horas de erupción imaginativa. Aunque ese magma se haya ido enfriando, sigo pensando que la imaginación puede entender el mundo lo mismo o mejor que la razón: el escritor como visionario, como domesticador de relámpagos. Y que esas ‘islas de orden’, esas medidas estructuras, esos diminutos cedazos, esos precisos mecanismos narrativos son un género destinado a autores que no necesitan escribir largo para decir mucho. Por su brevedad, el relato permite la estética del todo, la armonía del conjunto cerrado, autoconclusivo, algo imposible en una novela, que se cifra en algunos fragmentos satisfactorios, y donde es muy difícil que todo esté a su misma altura. Mi estética, además, ha intentado traducir el sentimiento de extrañeza que produce el mundo. Historias contadas con brevedad, intensidad y trascendencia. Mis relatos son como esas gárgolas y bajorrelieves de monstruos en los capiteles del Románico, proyecciones del inconsciente, del lado oculto de la naturaleza humana, de sus pesadillas, de lo que no se puede expresar. 

-¿Podemos afirmar entonces que eres de los que consideran que la obra de arte, en lugar de ser un espejo en el camino, debe transportar al lector o al espectador a un mundo en el que no ha estado?

Clarísimamente. Poco hay más estimulante que cuando se diluyen los límites entre lo real y lo soñado, cuando arrancas al lector de la costumbre. Al arte le pido una especie de cautivación. Esta es la función del creador artístico: dar comida de lo que no existe para que la gente se alimente. Pienso, con Gonzalo Suárez, que si partes de la realidad sólo puedes falsificarla, pero si partes de la ficción paradójicamente no te escapas de la realidad. Porque la realidad (categoría, por cierto, que a estas alturas se ha pulverizado hasta límites cuánticos) no es sólo lo que vemos, también lo que imaginamos y soñamos. Siempre he creído en la primacía de la imaginación (desbordante y filistea en mi caso y jugadora a veces de malas pasadas), en su capacidad para transfigurar y subvertir la realidad, para abrir puertas, para ‘asombrar desde la sombra’. 

-Te he visto como inoculado siempre por ese insobornable fervor imaginativo, que es también el gusto por el misterio y la excepción.

Así es, el vínculo con el misterio está en la base no sólo de la creación artística sino de la conciencia humana. Lo imaginativo, lo insólito, todo lo que tiene la relación adecuada con lo Extraño, es como una lente a través de la cual examinar la realidad. Mis relatos se propusieron cautivar, hechizar al lector, que viajara al encuentro con lo sorprendente, a otros estados de conciencia, mediante visiones singulares, de una intensidad exacerbada, y mediante atmósferas inmersivas. El misterio fragua estéticamente. En cuanto a la excepción, creo que el estudio de la realidad reside menos en las leyes que en las excepciones, y que el interés del artista debe dirigirse a lo excepcional, en un esfuerzo por superar los hechos genéricos; algo que -como sabemos, dada nuestra condición de Sátrapas del Institutum Pataphysicum Granatensis- que está en el centro mismo del corazón espiral de la Patafísica.

-Corre la leyenda de que Ángel Olgoso es en realidad un combinado, un escritor conformado en calibrada proporción por tres partes perfectamente prorrateadas, Poe, Kafka y Borges.

Es una visión muy plástica, y desde luego halagüeña e hiperbólica hasta más no poder. Para completar tan milagroso compuesto, yo añadiría algunos excipientes imprescindibles -Schwob, Azorín, Buzzati, Arreola o Cunqueiro, por citar los principales- que dan consistencia a aquellos principios activos.

-De pronto, nos anuncias que has dejado de escribir ficción. Pero, por lo que sabemos, no implica abandono de la escritura. Tus cuentos nos han seducido durante décadas. ¿A qué se debe este golpe de timón? ¿A qué te vas a dedicar, o quizá ya te estás dedicando?

Sigo siendo defensor a ultranza de la imaginación como recurso creativo primordial pero deseaba zafarme de las bridas y convenciones de la narración tradicional. Es decir, subyace un deseo de libertad. Aunque antes ya había experimentado con los relatos y jugado con los límites de su territorio, la hibridación (lo que Ginés Cutillas denomina con acierto el ensayo-ficción) me ha ido pareciendo cada vez más sugestiva. Me ha permitido diversificar mi atención, levantar el tingladillo de una teoría peregrina, dar rienda suelta a la jugosidad interior sin una necesidad constante de fabulación. Quizá me influyó esa fatiga reciente de las formas literarias, ese magnetismo actual de lo fragmentario, ese hambre circundante de realidad. Las piezas de los dos primeros libros de esta nueva época, “Madera de deriva” (Libros del Innombrable) y “Mirabilia”, suceden entre la epigrafía, el ensayo, la poesía y otros géneros. Prosas apátridas en el sentido que le dio Ribeyro, textos alérgicos a la trama. Tal vez, a medida que uno envejece, descubre que la meditación es un país incomparablemente más vasto que el de la ficción.

-Acabas de publicar tu primer libro de la nueva manera, “Madera de deriva”. ¿Qué puedes decirnos de él? Por lo que comentas, va a ser afín al ensayo. ¿Te satisface tanto tu nueva tarea como la que has abandonado? Te pregunto esto porque de tu narrativa anterior se deducía un goce íntimo, no solo del lector, del que doy fe, sino también un goce grande del propio autor.

“Madera de deriva” es una obra miscelánea de textos fronterizo, un ‘collage’ literario donde hago acopio de apostillas libérrimas, de elementos marginales de la cultura, entradas de diccionario, evocaciones, viñetas, teorías extravagantes, guiones, marcapáginas de la Historia y algún texto discretamente confesional. Aunque aquí el grado de ficción se haya reducido, sigue habiendo esa capacidad del arte de dilatar la realidad. Y en todo está presente cierta pulsión poética, reflexiva o incluso erudita. Un libro lleno de fervor por la literatura. Pero a pesar del título estos escritos no son restos de naufragio sino piezas forjadas con toda premeditación y hasta sus últimas consecuencias, con respeto por la inteligencia del lector y por la lengua, y sin miedo a la exigencia ni al culturalismo.

-Me consta que tienes cuentos largos como El síndrome de Lugrís, Los palafitos, Villa Diodati, Dybbuk o Las Montañas de los Gigantes a la caída de la tarde para los que has necesitado muchísimo tiempo. Estos textos híbridos, o como quieras llamarlos, ¿te son igual de costosos?

Ahora que lo dices, soy consciente de pronto de lo brutal del contraste: si “Madera de deriva”, el libro entero, me llevó tres intensos meses -los del confinamiento-, el esfuerzo y el tiempo que requirieron relatos como El síndrome de Lugrís (ocho meses), Los palafitos (cinco años), y Las Montañas de los Gigantes a la caída de la tarde (veinte años de acopio de documentación) pueden suponer una desproporción bárbara e incomprensible, pero creo que no sólo son indicadores de mi lentitud sino también de la implicación absoluta, de una dedicación enfermiza a la búsqueda de la excelencia literaria. Recordemos que, si no hay precisión, la pasión creativa se convierte en caos.



lunes, 8 de septiembre de 2025

Entrevista en Horizonte Garnata

Agradecido a la revista Horizonte Garnata por esta entrevista a propósito de la publicación de "Estigia" (Eolas Ediciones).


Referente del relato en español, traducido a numerosos idiomas, con más de una treintena de premios, el granadino Ángel Olgoso es académico de Buenas Letras de Granada y rector del Institutum Pataphysicum Granatensis.


ENTREVISTA A ÁNGEL OLGOSO

Entre otras muchas obras (casi imposible citarlas todas) es autor de «Los días subterráneos», «La hélice entre los sargazos», «Nubes de piedra», «Granada año 2039 y otros relatos», «Cuentos de otro mundo», «El vuelo del pájaro elefante», «Los demonios del lugar», «Astrolabio», «La máquina de languidecer». «Los líquenes del sueño», «Cuando fui jaguar», «Racconti abissali», «Las frutas de la luna», «Almanaque de asombros», «Breviario negro», «Nocturnario», “Devoraluces”, «Bestiario», «Sideral»… Hemos hablado con él con motivo de una de sus últimas obras, «Estigia».


-Según indica Ana María Shua en el prólogo, “Estigia” es un libro que gira en torno a la muerte, pero ¿cómo lo define usted? ¿Qué puede esperar el lector de esta antología?

“Estigia” es, tras “Bestiario” y “Sideral”, el tercer volumen temático de un total de seis de mis relatos completos, que está publicando la editorial leonesa Eolas en su colección Las Puertas de lo Posible. Podría definirlo como mi personal y modesto Oficio de Tinieblas: por su número de páginas se demuestra que la muerte ha sido, sin duda, uno de los temas más recurrentes en mis relatos.
Aquí están agavilladas, de entre las setecientas que escribí en más de cuarenta años, todas las ficciones que encajan en ese escenario sombrío, desde lo más mítico y simbólico a lo más físico, pasando por el humor negro, la sorpresa, la sátira, la melancolía, la fabulación o la ironía.
En este libro el lector podrá encontrar una larga serie de ‘mementos mori’ protagonizados por suicidas, resucitados, fantasmas, vivos dados por muertos, vivos que ignoran que están muertos, muertos tímidos, muertos que se niegan a serlo o que dan testimonio de su estado, podrá hallar velatorios y rituales singulares, muertes sorprendentes y miedos cervales, asesinatos bíblicos y cementerios planetarios, reencarnaciones y organizaciones de posteridad, enterramientos erróneos y escenas bélicas extremas, despojos y reliquias, un barbero de difuntos y un mar de los muertos, el eterno retorno, etc.

-En una entrevista calificó de ‘lorquiana’ su obsesión con la muerte…

Casi lorquiana, es cierto. Pero todos los escritores están obsesionados de una forma u otra con la Gran Oscuridad. Tengo, de hecho, un larguísimo listado que recoge apreciaciones de distintos creadores sobre la muerte. Y es que la muerte es el Tema, con mayúscula, el verdadero argumento de la obra, el gran acontecimiento, el misterio más sobrecogedor, la única certeza, el lugar del que procedemos y al que vamos.
Dentro de cien años ninguno de nosotros andará por aquí, todos estaremos en otro sitio, y nuestra posición y nuestra textura serán, como mínimo, muy distintas. La muerte, que nos acompaña como una sombra es, paradójicamente, el centro de la vida. Podrá ser un insulto a nuestro ego, sin embargo también da sentido a nuestra existencia.
Escribir estos relatos me permitió hacerme preguntas, reflexionar sobre esa angustiosa incertidumbre de no saber qué vendrá después. También sobre las infinitas formas en que el ser humano va al encuentro de la muerte.


¿Se puede considerar la literatura una defensa contra la muerte?

En efecto, quizá el arte y el amor sean sus únicos contrapesos. El humor también ayuda, y la memoria por supuesto: no hay muerte si no hay olvido. Ya se sabe que, mientras alguien lo recuerde, un muerto no se extingue. O, lo que es lo mismo, mientras se cuenta y se narra, la muerte no tiene todo ganado.
La creación artística, literaria, es una defensa -relativa, claro- contra ese degradante biológico que es el tiempo, contra “el espanto seguro de estar muerto” según el verso de Rubén Darío. Puede que la eternidad que encontramos en los libros sea ficticia, pero al menos permite protegernos de lo que nos da miedo, de la proximidad y de la idea misma de la muerte.
Habría que repetir como un mantra esa máxima de Leonardo da Vinci, «la belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte».


-En «Estigia», y quizá también en el conjunto de su obra, ¿diría que la tradición clásica grecolatina y judeocristiana ha tenido un peso destacado?

Naturalmente, ha sido inevitable por educación forzosa (la segunda) y por educación y elección (la primera). Son estructuras culturales en las que te ves encuadrado por el simple motivo de nacer y vivir en un lugar concreto. De hecho, hay cinco textos míos en la antología “Después de Troya. Microrrelatos hispánicos tradición clásica”.
Pero la versatilidad es una de las características de mi obra, y siempre he sentido curiosidad por otras tradiciones más lejanas, budista, judía, ortodoxa, china, vikinga, etc. que he explorado en diversos relatos (“ Las manos de Akiburo”, “El vaso”, “La diligencia del abismo”, “La torre de Hunan” o “Águila de sangre”, entre otros muchos).
Volviendo al tema de la muerte, para otras culturas, la vida y la muerte dibujan un círculo y no una línea que se interrumpe bruscamente. Para esas culturas somos como las flores de diente de león, una flor insignificante que crece entre la maleza y que se deshace en el viento, pero su dispersión no significa un ocaso irremediable.
No puede uno sino envidiar a los etruscos, aquel pueblo secreto que precedió a Roma, para quienes ese terrorífico drama sólo era una agradable continuación de la vida, un momento sensual que se celebraba con una naturalidad y una sensualidad profundos, con joyas, con sonrisas, con banquetes fúnebres donde corría el vino, al son de flautas que invitaban a la danza y al amor.


¿Qué balance hace Ángel Olgoso de su obra a día de hoy?

Miro hacia atrás con la satisfacción, y un poco con la inquietud, del deber cumplido. He escrito mucho, demasiado tal vez para alguien tan poco dicharachero, alguien al que de ordinario hay que arrancarle las palabras con tenazas de sacamuelas: una veintena de libros de relatos, varias misceláneas de textos diversos (prólogos, artículos, conferencias, reseñas), un libro de haikus, a los que habría que añadir varias compilaciones de material patafísico y un centenar de collages artesanales.


-Por lo general, usted trabaja en varios proyectos a la vez. ¿En este caso también?

Así es. Cuando se presentaba “Estigia” estaba en imprenta, por fin, “Madera de deriva”, un libro que escribí hace cinco años y que es el inicio de una nueva época creativa, alejada de la ficción, liberada de su corsé un tanto restrictivo. Se trata de libro híbrido, de un collage literario donde conviven crónicas viajeras, apuntes ensayísticos, especulaciones sociales y metaliterarias, evocaciones, entradas de diccionario, apólogos, epitafios, viñetas de perplejidad sensorial y metafísica.
Quizá ya no haya aquí una necesidad constante de fabulación, pero sigue habiendo como siempre respeto por la inteligencia del lector y por la lengua. “Madera de deriva” lo publica una de las editoriales españolas más interesantes, hogar de la heterodoxia, Libros del Innombrable. Le estoy muy agradecido a Raúl Herrero por apostar por esta obra singular y arriesgada, a la que califica de “textos libres, irónicos y profundamente literarios”.

domingo, 24 de agosto de 2025

Entrevista en Granada Hoy acerca de "Estigia", por Andrés Cárdenas

El gran Andrés Cárdenas me entrevista en Granada Hoy a propósito de al publicación de "Estigia" (Eolas Ediciones). 



Ángel Olgoso: “La muerte es lo único que le baja los humos a una humanidad arrogante”

El escritor publica ‘Estigia’, el tercer volumen de sus más de 700 relatos escritos en 44 años
Andrés Cárdenas
24 de agosto 2025

Tras abandonar la ficción -unos 700 relatos escritos en 44 años- e ir por otros senderos narrativos más híbridos, el escritor Ángel Olgoso (Cúllar Vega 1961), ha recopilado dichos relatos por temas. Ya han aparecido los dos primeros volúmenes en la editorial Eolas, en su colección Las Puertas de lo Posible. El primero fue ‘Bestiario’, que son relatos protagonizados por animales o relacionados con ellos. El segundo fue ‘Sideral’, que son relatos de ciencia ficción. El tercero está a punto de estar en las librerías y se llama ‘Estigia’, que son relatos con el tema de la muerte.

Pregunta.¿Qué es ‘Estigia’?

R.’Estigia’ es el tercer volumen temático, de un total de seis, de mis relatos completos. En este libro el lector podrá encontrar una larga serie de ‘mementos mori’ protagonizados por suicidas, resucitados, fantasmas, vivos dados por muertos, vivos que ignoran que están muertos, muertos tímidos, muertos que se niegan a serlo o que dan testimonio de su estado; asistirá a velatorios y rituales singulares, muertes sorprendentes y miedos cervales, asesinatos bíblicos y cementerios planetarios, reencarnaciones y organizaciones de posteridad, enterramientos erróneos y escenas bélicas extremas. Aquí están agavilladas, de entre las setecientas que escribí en cuarenta años, todas las ficciones que se acomodaron a ese escenario sombrío, desde lo más metafísico a lo más físico, desde la ironía a la sátira, desde lo macabro a lo mítico y simbólico.

P.El gusto por lo sombrío parece haber sido una marca de la casa...

R.Es cierto, hasta mi último libro de relatos, ‘Devoraluces’, siempre ha predominado una querencia y un respeto por lo extraño y lo insólito, por la morbosidad del ‘Romanticismo negro’, por la oscuridad luminosa, y el tema de la muerte es el más sombrío de todos, el mayor misterio, el último acto y a la vez el único argumento de la obra. Este es el humus de ‘Estigia’, el terrible problema de una creación cuya vida se asienta sobre la muerte. Todos los escritores están obsesionados, de una forma u otra, con la Gran Oscuridad. Con el tiempo -y sobre todo a la hora de reunir y espigar estos relatos- me he dado cuenta de que la muerte es un tema que me provoca, que me incita, que me obsesiona de una manera casi lorquiana, porque siempre está ahí como una sombra, rodeándote sin que te des cuenta, una presencia en sordina y, cuando de pronto se repara en ella con un escalofrío, uno se siente como perdiendo pie, como tanteando en lo oscuro. Pero también los lectores tienen en vida relación con lo fantasmagórico, están como los autores en contacto con espectros impalpables: los personajes de ficción.

P.Como ha señalado antes, en el libro asoma el humor. ¿Reírse de la muerte ayuda a relativizarla?

R.Cómo soportar la vida si no. Es imprescindible para poder ir tirando. Nuestro cerebro nos protege de la locura con la imposibilidad de pensar cada día en la proximidad de la muerte, ya que la extinción, al ser paradójicamente el centro de la vida, nos acompaña como una sombra. El arte en mi caso proviene de los sueños y de las visiones, pero también de las fricciones con la realidad, de donde saltan las chispas del absurdo, del escalofrío o del humor. Soy un escritor tanto microscópico como telescópico: adecúo la lente a cada historia, a veces los detalles dominan la narración y otras el fondo, la visión de conjunto. Es decir, intento contar historias que nos representen a cada uno de nosotros, a la humanidad en singular, pero también a todos como especie. Y el humor -negro en este caso- es una herramienta poderosa, fresca y empática de la que me valgo con frecuencia (en especial en los textos escritos durante los ochenta y noventa).

P.¿Son quizá el arte y el amor los únicos contrapesos de la muerte?

R.Lo tengo clarísimo. Quien no goza de ningún tipo de creencia religiosa (la fe se nutre de la desesperación, del dolor y, como principal activo, del miedo a la muerte), toma conciencia más aguzada de lo azaroso, de lo efímero, de que seamos una casualidad pasajera, una máquina de languidecer. Por eso soy más de la opinión de Leonardo da Vinci, "la belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte", y de contemplar a la creación artística o la dulzura de los afectos humanos como sustitutos viables de la eternidad. La muerte es exponerse al vacío; y cada uno entretiene la espera a su modo: trabajos, familia, solidaridad, consumo, codicia, aficiones varias, los viajes, las pantallas o la algarabía ensordecedora de las redes sociales. Yo tengo la suerte de convivir con Marina Tapia y de progresar en la propia poética, aunque eso conlleve el peligro de encerrarse en un mundo demasiado personal.

P.¿La realidad es lo único que mata?

R.Básicamente. Ya sabemos que todo muere aquí, incluso las estrellas. Y ya lo aclaró inmejorablemente Cicerón, “la vida entera es una preparación para la muerte”. Escribir estos relatos me permitió hacerme preguntas, reflexionar sobre esa carga: la angustiosa incertidumbre de no saber qué vendrá después. También sobre las infinitas formas en que el ser humano (única especie consciente de su finitud) va al encuentro de la muerte. Benjamin decía de manera preciosa y emocionante que, en la literatura, el lector puede calentar su vida helada al calor de otras muertes. Tal vez el narrador sea el único que puede bajar hasta el Hades como Orfeo y sacar de allí a todos los demás, relatando la ‘memoria passionis’ humana, su alegría o su sufrimiento, su respirar en el mundo. Creo, en definitiva, que las historias combaten con fiereza la muerte, la postergan de algún modo al escuchar la voz singular de cada hombre, al hacer que por las palabras circule la sangre. Incluso las historias que tienen calidad de ganga apuntalan nuestros pies en la vida.

P.¿Tiene sentido la vida sin la muerte?

R.La atroz indiferencia de la muerte y el sinsentido de la vida parecen estar unidos indisolublemente. Supongo que hay que aceptar los retos de la vida dentro de los límites de la muerte, el hecho de que nuestros cuerpos no sean más que castillos de arena. Pero, al igual que Elías Canetti alzó su puño contra la cosa que verdaderamente más odiaba, su enemigo la muerte, y hasta intentó escribir un libro titulado ‘El libro contra la muerte’, a mí personalmente también me hiere la imagen del hombre como estrella fugaz, que brilla apenas un instante y se desliza enseguida hacia lo oscuro. Me subleva la imagen de esa dama democrática que a todos iguala -ideal barroco del justicia y venganza simbolizado en el género de la ‘vanitas’-, de esa Gran Señora que calumnia a la vida y se lo lleva todo, me indigna que se nos imbuya la muerte como un hecho natural, como el fin de un ciclo individual. ¿Para qué hacer entonces cosas hermosas?, podríamos preguntarnos.

P.¿No será la muerte simplemente el otro lado?

R.Esa explicación supone una verdadera tentación, un faro inesquivable que me ha atraído durante décadas: la muerte no es nada. Sencillamente, un lugar donde recostar la cabeza y descansar, una rutina metódica e inexorable, el eslabón de una cadena sin comienzo ni fin. O, todo lo más, un simulacro de misterio, como sostenía Cioran. Pero tampoco es que un servidor sea médico, eclesiástico o documentalista, sólo un pobre escritor al que le gusta adobar artísticamente la realidad en crudo con la que nos tenemos que enfrentar. Sí, prefiero creer que el arte penetra mucho más allá que la teología o la ciencia especulativa, conseguir una intensidad exacerbada mediante el artificio, sentir que la realidad no se agota en aquello que el ojo no puede ver. Lo único claro es que la muerte parece ser lo único que le baja los humos a una humanidad arrogante, y la otra certeza es que nuestro mundo contemporáneo no sabe qué diablos hacer con la Parca. Ya ni siquiera se oye doblar a las campanas. Ni tanto ni tan calvo: en el siglo XIV aparecieron manuales para bien morir, y el amortajamiento y la conducción del cadáver se convirtieron en ‘la gran obra de arte’ del siglo para concluir en el XV en el culto a lo macabro. Supongo que, más allá de su burocracia y escenificación, del maquillaje superficial del luto y los ritos funerarios, sigue habiendo ahora una angustia ante la muerte propia e intransferible.

P.-¿Qué lugar ocupa ‘Estigia’ entre los libros que esperan turno?

R.Tras ‘Estigia’, confío en que se vayan publicando con regularidad los tres siguientes volúmenes temáticos de mis cuentos completos: ‘Holobionte’, relatos sobre el prójimo y la sociedad, y que ya atesora un prólogo de Raúl Brasca; ‘Ánfora’, relatos de ambientación histórica; y ‘Maelstrom’, relatos acerca de lo fantástico y las manifestaciones culturales. Espero, además, que pronto se edite por fin ‘La sombra de la sombra. Microrrelatos completos (2020-1978)’, libro que recopila absolutamente todos los micros, incluyendo algunos inéditos.

sábado, 2 de agosto de 2025

Entrevista sobre "Madera de deriva" en Todoliteratura.es

Comparto esta entrevista en Todoliteratura.es acerca de "Madera de deriva" (Libros del Innombrable), donde explico en profundidad mi última obra, la primera de una nueva etapa creativa tras más de cuarenta años escribiendo relatos.




1.¿Qué es “Madera de deriva”?
Es una obra híbrida, una miscelánea donde conviven la crónica de viajes, el ensayo literario o el apunte memorialista, una gavilla de especulaciones sociales e históricas, de evocaciones, de entradas de diccionario, de epitafios, de viñetas, de semblanzas, de elementos marginales de la cultura. Es, por tanto, una ‘marginalia’, un ‘collage’ literario. Es un libro donde hay un yo de vibración discreta, una experiencia de pensamiento, una pulsión poética; un volumen para leer poco a poco, desentendiéndose del camino, parándose de vez en cuando a coger alguna flor extraña, a meditar sobre un proyecto inacabado, a oler el aroma de remotos incendios o a escuchar a lo lejos el rugido de alguna fiera. En resumen, es un libro de textos fronterizos lleno de fervor por la literatura. He de aclarar que -a pesar del título- estos escritos no son restos de naufragio sino piezas forjadas con toda premeditación, con la intención de elucubrar libremente y hasta sus últimas consecuencias, con respeto por la inteligencia del lector y por la lengua y sin miedo  al culturalismo.

2.-¿Por qué Libros del Innombrable?
Lo creo el lugar natural para esta obra. Es un placer y un privilegio formar parte de la exquisita heterodoxia de su catálogo editorial, que acoge -entre otros muchos escritores singulares y creadores únicos- gran parte de la producción de Arrabal o de Antonio Fernández Molina. No puedo sino sentir una gratitud infinita hacia el admirable Raúl Herrero por su valentía al seguir apostando tenazmente por la exigencia literaria, con el riesgo que eso supone en momentos tan desalentadores como los actuales. Por cierto, el nombre de la editorial puede interpretarse como una referencia a la función de la poesía de «nombrar lo innombrable».

3.-Tengo entendido que fue escrito en un momento peculiar.
En efecto, este libro fue escrito en una cárcel, o al menos durante un encierro forzoso, el mismo que sufrió toda la humanidad en aquellos extraños meses de 2020. Pero incluso de una pandemia letal pueden extraerse -si se es afortunado- vivencias inefables y deliciosas; para empezar, la de tener la suerte de estar encerrado durante noventa días con una criatura milagrosa como Marina Tapia, que no sólo hacía de contrapeso de una realidad horrorífica, que no sólo era capaz de disolverla con su ternura, sino que lograba acondicionar una atmósfera y un espacio creativos, un terreno fértil donde seguía floreciendo la vida. Marina, las casi mil páginas de los Cuadernos de Cioran y la redacción de este libro, ‘Madera de deriva’, fueron el trípode de aquel insólito tiempo de reclusión, de aquella moderna danza macabra.

4.-Cuál es la conexión entre esta obra y sus numerosos libros de relatos?
“Devoraluces”, mi literalmente último libro de relatos, es la bisagra que separa los setecientos relatos de una primera época de cuarenta años de escritura de ficción, de imaginación, de esta segunda más heterogénea, fragmentaria, malabarista y caleidoscópica. Llegó un momento en que me volví perezoso ante la dura labor de convertir un fulgor que cruza por tu cabeza en una historia perfectamente amueblada, en que me empezó a aburrir el esfuerzo de pico y pala que requiere fabular, en que me apetecía experimentar, combinar géneros colándome en sus intersticios, usando todos los mimbres y formatos posibles, exponer las ideas con menos trabas. Y seguir haciéndolo con la exigencia estética de siempre, con un amor incondicional por el lenguaje y su armónico rumor. Llegó un momento, como digo, en que ansiaba quitarme por fin el corsé, sentirme más libre, borrar la frontera entre realidad y ficción, amalgamar elementos muy diversos que normalmente no deberían estar juntos, abrirme a una hibridación que me iba pareciendo cada vez más sugestiva, explorar esa tensión entre el yo y el mundo exterior, en definitiva, componer volúmenes de difícil clasificación.

5.-¿Qué autores le han contagiado ese gusto por una literatura yuxtapuesta o de naturaleza híbrida?
Existe una genealogía cada vez más nutrida: cuando escribí el libro no había tantos, ahora son legión. Por citar unos pocos ejemplos incontestables, Italo Calvino (“Colección de arena”), Julio Ramón Ribeyro (“Prosas apátridas”), Sergio Pitol (“El arte de la fuga”), Cristóbal Serra (“Péndulo y otros papeles”), Julio Cortázar (“La vuelta al día en ochenta mundos” y “Último round”), Felipe Benítez Reyes (“El intruso honorífico”), Emilio Gavilanes (“Bazar”) o muchas de las obras de Vila-Matas y, sobre todo, de Cees Nooteboom. Pero que la supervivencia de la literatura como arte pase por la hibridación de géneros no es nuevo: ya en 1929 Gómez de la Serna hablaba de la “condición destramada y destrizada de la novela actual”. En los años sesenta Georges Perec sostenía que la literatura se encaminaba hacia un arte de las citas (muy presentes por cierto en “Madera de deriva”, pues soy un entusiasta, un idólatra de la epigrafía). Y Juan Bonilla ha reconocido creer cada vez menos en los géneros, y no hace distingos: “Me gustan las novelas inyectadas de poesía, los poemas que cuentan historias, los ensayos que se atreven a hacer narración”.

6.-¿Cómo combinan vida y literatura en “Madera de deriva”? ¿Son indisociables ya en la literatura actual?
Estamos en un mundo muy heterodoxo donde los géneros literarios -e incluso sexuales- son más mestizos, donde ha cambiado el paradigma, donde hay una fatiga de las formas literarias, un magnetismo hacia lo fragmentario y lo disperso, también un hambre de realidad con la que los lectores buscan quizá saldar la complejidad de los interrogantes que suscita el mundo actual, o simplemente verse reconocidos. Estamos en plena crisis de la imaginación como recurso creativo. Para nuestra sensibilidad de hoy, ya no parece que haya demarcaciones entre lo que uno vive y lo que uno lee, escucha, contempla o piensa: nunca antes de esta era de exhibición desaforada de la intimidad (en la que la ficción y la narrativa pura se consumen en formato audiovisual), nuestra experiencia de vida se había visto tan nutrida por la literatura y la vida de otros. Nora Ephron no lograba “entender que alguien pueda escribir ficción cuando lo que ocurre en la vida real es tan asombroso”. 
Por mi parte, al ser de una independencia un tanto feroz, tímido y falto de ímpetu social, siempre me he mostrado muy pudoroso a la hora de verter mis experiencias en los textos, a la hora de fraguar esas dos dimensiones, la escritura y la vida. Obviamente, entre las coordenadas más informales y personales de “Madera de deriva”, uno ha levantando inevitablemente una especie de autorretrato más o menos directo pero creo que justificado, y siempre con marcado acento literario, con la misma dedicación estilística que en mis relatos. No porque los textos de “Madera de deriva” sean objetos provistos de formas y texturas distintas significa que no tengan un núcleo común, lo tiene: el lenguaje intentando apresar la magia de los libros, el placer de los pensamientos y el misterio de la existencia.

7.-¿Cree en el artificio, lo reivindica incluso en esta nueva etapa?
Juan Benet decía que creía sobre todo en el bicarbonato. Bromas aparte, yo creo que a través del artificio también se puede encontrar la verdad. Como no soy documentalista ni periodista, intento conseguir una intensidad exacerbada que sólo es posible mediante el artificio. No entendido como un mecanismo superficial sino como una forma de capturar la magia, de ir más allá de la representación de las experiencias cotidianas, de comunicar de manera singular lo que hay de profundo y extraño en nuestras vidas. A una obra de arte debe exigírsele la emoción estética, esa sacudida que nos contagie asombro ante el misterio del mundo, y una cierta y estimulante dificultad. Y para ello es preciso el artificio bien entendido, el que nos acerca a la inventiva y originalidad verdaderas y nos aleja de la mercadería pedestre y de la prosa plana y funcional. Como dice Benjamín Labatut, la mente se enciende cuando no entiende.

7.-Entonces ¿se sigue sintiendo con ganas de experimentar literariamente aunque haya abandonado la ficción?
De hecho, esporádicamente y a lo largo de cuatro décadas, ya había experimentado nuevos registros en mis relatos, ya había intentado ensanchar los límites narrativos, ya había sentido la necesidad de contar de manera diferente. Quizá lo que ocurre realmente es que, con la edad, tal vez se va perdiendo el vigor, el poder fundador de la narración, además del de la curiosidad. No obstante, en “Madera de deriva”  aún quedan abundantes ascuas de ambos, en forma de perplejidad intelectual, social o literaria, de teorías extravagantes, de viejos proyectos reformulados, de negativos de relatos posibles o que nunca fueron escritos, de apostillas audaces, de callejones sin salida y también de puntos de vista que conectan insospechadas avenidas nuevas. Ya Baudelaire propugnó que ”no está lejos el tiempo en que toda literatura que rehúse andar fraternalmente entre ciencia y filosofía será una literatura homicida y suicida”. Un relato es como una gota de rocío que puede reflejar todo el paisaje; pero, sin duda, un texto sin género se aviene mejor a una época de incertidumbre como la nuestra, donde parece que la múltiple y dispersa y cuántica realidad es fantástica y la ficción real.

8.-Considera que, variando en este libro el foco de atención, ha podido apreciar la complejidad de lo real mejor que con la ficción?
Creo que la hibridación y la no ficción se van convirtiendo en formas de arte en sí mismas, en campos en que los que encontrar noticias del mundo o descubrir nuevas fórmulas para verlo, incluso rastreando percepciones extravagantes o voces contradictorias; como un bonus para el lector inquieto, como acicates para seguir mostrando curiosidad y mantener las mentes abiertas. “Madera de deriva” es, creo, una despensa prometedora para los que gustan de la literatura que sabe a literatura; es una apuesta por la cultura, por cualidades adormecidas en nuestro presente: la lentitud, el recogimiento, la reflexión arriesgada, la sutileza, la perplejidad metafísica, la crítica social, el amor por las pavesas del pasado y su persistencia y, sobre todo, la fascinación por las palabras. Espero que el lector se solace un poquito con este primer fruto de una nueva época creativa mía sin ataduras, con este golpe de timón literario, con este agregado de materias y de prosas ensayísticas y algo más vivenciales, con este diorama multiforme.






miércoles, 9 de julio de 2025

Entrevista en Aragón Radio

Entrevista en Aragón Radio a propósito de “Madera de deriva” (Libros del Innombrable), en el programa La Torre de Babel, conducido por Ana Segura con su cercanía y perspicacia habituales:


<<Ángel Olgoso es uno de los grandes del cuento en castellano. Publicado en varios idiomas, incluido en más de 60 antologías, una treintena de premios reconocen su labor como escritor a lo largo de los años. Ahora, Ángel cambia de tercio y por primera vez abandona la ficción para hablar de lo que le rodea en una serie de textos que publica con la editorial aragonesa Libros del Innombrable. “Madera de deriva” supone el abandono por parte del autor del género fantástico para adentrarse en un formato en el que el humor, la melancolía y la libertad creativa nos regalan textos magnéticos. Charlamos con Ángel en un programa en el que también presentamos el primer libro de poesía de Belén Gonzalvo.>>