Ángel Olgoso

He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

lunes, 23 de marzo de 2026

Pablo Acevedo sobre "Devoraluces"

Qué grato encuentro de fulgores ha propiciado el azar: el reciente "Fulgor" de Pablo Acevedo (I Premio Internacional de Poesía 'Motril, Puerto de la Alhambra ') y mi viejo relato "Fulgor" ("Devoraluces"). A ambos nos ciega el destello vivificante de las palabras, su plenitud creativa. Brindo por la sincronía, la admiración y la amistad:


<<Conocí la obra de Ángel Olgoso después de conocer a Ángel Olgoso. Este último me aseguraba haber empleado el título de "Fulgor" en una de las narraciones de ese otro Ángel Olgoso que lo releva o revela en los libros y que, por la razón expuesta, me urgía visitar. Nada más adentrarme en esa versión literaria de Ángel Olgoso, tuve sobrados motivos para confraternizar con él, y además de una manera -permítanme decir que- definitiva. Y si uno está siempre tentado a admitir determinados prejuicios, como que la máscara escritural de un literato debe adaptarse a su verdadera fisonomía espiritual, o que todo disfraz de piel se aviene con la propia obra, quise yo frecuentar a ese otro Ángel Olgoso cuyo clon empírico, en apenas conociéndolo, me hubo informado de la existencia de un relato suyo titulado "Fulgor". Tamaña coincidencia, junto a la buena impresión que me causó su persona, y no menos a los rendidos elogios que precedían al otro Ángel Olgoso (ahora sé que justificados), me bastó para rastrear dicho texto de entre sus ya numerosas obras, pues Ángel Olgoso es un escritor de extensa y acreditada trayectoria. ¡Qué tan celebrado azar! En la obra de Ángel Olgoso encuentro muchas de las virtudes literarias que más aprecio en un escritor (hoy casi extintas), sin reconocerle en cambio ninguno de los defectos que aquejan la literatura contemporánea. Todo esto me lleva a desearle públicamente (a Ángel Olgoso, pero también a Ángel Olgoso) la justicia de que son (uno y otro) merecedores. Buenas tardes>>.





Ciclo "Con voz propia" en el Centro Artístico de Granada

Muy agradecido a todos los amigos que nos acompañaron el pasado viernes en el Centro Artístico, en torno a la hoguera primigenia de los cuentos. Fue en el ciclo "Con voz propia", coordinado por Pilar Bueno, en el que leímos relatos Miguel Arnas, Celia Correa, José Antonio López Nevot y un servidor.











martes, 17 de marzo de 2026

"Holobionte" (Eolas Ediciones)

No suelo tener el don de la oportunidad, pero la publicación de “Holobionte”, el cuarto volumen temático de mis relatos completos centrado en el prójimo y la sociedad, parece más acertada que nunca, dada la forma en que unos pocos se están 'luciendo' -de forma un tanto demente- con el resto de sus semejantes. Y es que no conviene olvidar que somos un ecosistema cuyas relaciones y comportamientos afectan a todos y acaban modificando nuestro entorno. Muy feliz de que este nuevo libro vaya acompañado por el prólogo del maestro argentino del relato Raúl Brasca y por la impactante portada de Marina Tapia. Ya en preventa en Eolas Ediciones. Espero que os sintáis identificados, perturbados, confrontados y hasta esperanzados con estos relatos, con esta exploración de las pulsiones humanas, de la presencia especular de los otros, de los protocolos sociales, de las relaciones de poder, de la tragedia y la comedia de nuestra especie.



domingo, 8 de marzo de 2026

Reseña de “Cronotopos” en Andanzas, por Rafael Ávila

Muy agradecido a Rafael Ávila por su reseña de “Cronotopos” (Pandora) en el blog Andanzas:



CRONOTOPOS: VIDA , MEMORIA Y LITERATURA.

He disfrutado hoy con la lectura del número 21 de la colección Relatos del Desertor del Presidio. El cuento se titula “Cronotopos” y es del escritor andaluz Ángel Olgoso. Las ilustraciones son del pintor Antonio Madrigal. Y como siempre, bajo la magnífica supervisión de Pedro Tabernero, que reuniendo escritores y artistas plásticos excepcionales, consigue dar a luz libros hechos para perdurar en el tiempo, por su calidad única en fondo y forma. Algo de lo que los lectores nos congratulamos.

"Cronotopos", el título del relato, es un concepto sacado de la obra de Mijail Bajtín que se define como la “conexión indisoluble entre las relaciones temporales y espaciales en la literatura” y se convierte en el eje central que vertebra toda la narración, en la medida en que si la literatura es capaz de romper la continuidad racional del eje espacio-tiempo, en el cuento, pura literatura, sus protagonistas relatan cómo es posible romper ese mismo eje en la vida real que vivimos, estableciendo un nuevo 'cronotopos' entre vida y literatura, ya que la vida y lo que vivimos no es sólo un recuerdo del pasado sino también la forma en qué lo contamos, lo narramos. Los protagonistas son Ricardo Marcén, hombre capaz de viajar en el tiempo, de ser testigo de momentos épicos de la humanidad, por ejemplo, “la primera vez que un neandertal levantó la cabeza hacia la noche estrellada” o espía de instantes casi marginales, pero de gran peso en el avance cultural de la humanidad, como cuando a la espalda de Covarrubias, ve cómo escribe alguna de las etimologías que incluirán en su obra “Tesoros de la lengua castellana” y su antagonista, Amador Niebla, 'cazador' enviado por la organización Qliphoth, para detenerlo, cosa que consigue junto a su compañero Sepúlveda. Tras su detención, lo llevan a un piso franco de la organización en Madrid, donde durante varios días, ya a solas, los dos protagonistas, entablarán un diálogo, iniciado por Amador, en el que Ricardo Marcén contará el origen de su don, siendo él el último de los seres que lo posee, y el carcelero, que a través de preguntas muy pensadas, hará que le muestre sus secretos, sin saber que al hacerlo, caerá en una telaraña de la que no escapará, y que no es otra que el arte del relato, el abrazo de una historia bien contada. Surge ahí la contaminación e identificación entre detenido y el que lo detiene, un síndrome de Estocolmo al revés, que provocará el desenlace final del cuento.

Ángel Olgoso, es capaz, en ese diálogo, con algo de socrático, que habla sobre espacio y tiempo, pero también sobre vida, historia, los recuerdos, la memoria, la ficción, lo real y lo soñado, lo imaginado, y un abanico casi infinito de temas, de sintentizar en pocas páginas el avance de la cultura humana, sus pasos y retrocesos, sus luces y sus sombras. Pero no sólo brilla nuestro narrador por su hercúlea capacidad de síntesis sino también por el cómo, el uso de un lenguaje que abre sus capacidades expresivas al máximo y que con su afinada significación y belleza, hace que el relato vaya penetrando en nuestra mente y corazones, y nos conquiste, del mismo modo que le sucede a Amador Niebla, siendo Ricardo Marcén la 'Sherezade' de este fantástico relato. Para que nada se pierda, Amador nos confiesa que ha ido grabando sus conversaciones con Ricardo, porque intuye y comprende que está asistiendo a otro único e irrepetible de esos cronotopos a los que viaja Ricardo Marcén. Un momento que tiene que fijarse para la posteridad, que no son sino los humanos que vendrán detrás, y a los que ayudará a entender su presente, pues como afirma Ricardo Marcén en una de las primeras conversaciones con Amador, somos “una pequeña isla de presente rodeada de un océano de pasado”.

Ángel Olgoso nos entrega una muestra más de su don excepcional para el cuento, no en vano, sus relatos han sido premiados, traducidos y aparecen en varias antologías, siendo considerado uno de los grandes autores de dicho género, donde puede comparársele con otros autores que dieron carta de gran naturaleza a un género muchas veces considerado menor, me refiero a Cunqueiro, Borges, Cortázar, entre otros, narradores capaces de generar en unas pocas páginas, universos enteros, como hace Olgoso, y de enamorarnos con el discurrir de su prosa, la elegancia del vocabulario y la precisión de su sintaxis. Dice en su famoso decálogo sobre el cuento, otro cuentista excepcional, Julio Ramón Ribeyro, que en el cuento “no debe sobrar nada, cada palabra es absolutamente imprescindible” y en el caso de nuestro narrador eso es categóricamente así.

Si como comentamos, el relato es magistral, con la misma importancia y peso en el libro, aparecen las ilustraciones de Antonio Madrigal, pintor de larga y destacada trayectoria, con trabajos en la revista La Codorniz, Diario 16 o El País por citar sólo algunos medios donde ha colaborado. Son pinturas con un tono expresionista y cubista, de clara raíz vanguardista, con gran fuerza en el juego cromático y que acompañan magníficamente la imaginación y fantasía del relato. De nuevo, Tabernero ha enlazado con maestría a narrador e ilustrador para que dispongamos de una obra de arte donde palabra y color son dos caras de una misma moneda>>.

(Rafael Ávila)



martes, 24 de febrero de 2026

Prólogo de "Cronotopos" por Marina Tapia

Impagable regalo este prólogo que Marina escribió para “Cronotopos”, el libro de gran formato ilustrado a todo color por el maestro Antonio Madrigal y publicado por Pandora.



<<DOMESTICADOR DE RELÁMPAGOS.

Jamás pensé, y menos aún en mi Chile natal, que un día conocería a un caballero de la Tabla Redonda: Ángel Olgoso es un Sir Galahad de la escritura, un caballero puro, fiel a sí mismo, a su insobornable independencia, al valor supremo de escribir con total libertad, a defender la belleza y riqueza del lenguaje así como la exigencia literaria y la inteligencia del lector, con plena entrega a su tarea. Un Don Quijote que ha cabalgado entre dos siglos hechizándonos con el fuego de su imaginación y con la intensidad de sus historias.

Recuerdo la primera vez que escuché una de sus historias, hace trece años, la leyó él mismo en el Aljibe del Rey, un mágico y alhambresco enclave. Su relato “La pequeña y arrogante oligarquía de los vivos” envolvió y conmovió a todos los presentes, fue como escuchar un texto que estaba más vivo aún que el mismo espacio natural que nos cobijaba. Hablaba de un mar compuesto de cuerpos muertos que se superponen formando las olas y que, cómo no, evocaba a nuestro Mediterráneo, tan enlutado por las pérdidas de vidas humanas a causa de las migraciones, pero también por la sucesión de los siglos y siglos que contiene. Ángel sabe arrastrar a los lectores a su terreno; por eso, cuando se le lee, uno se vuelve inevitablemente un ‘olgosiano’, desea con adicción habitar esos mundos que él convoca, vibrar con los acordes medidos de su narrativa. Entramos a ese habitáculo construido por él no sólo a través de la potencia de sus imágenes, de su lenguaje colorista y escogido con minuciosidad, accedemos a ese camarín mágico gracias a un despliegue intencionado que es capaz de poner en funcionamiento al mismo tiempo nuestros cinco sentidos: todo nuestro cuerpo y sensibilidad se despiertan, como de un sueño o un letargo, bajo la fascinación y el influjo de su escritura. Letras de fuego y letras empapadas sutilmente con el sello de su lugar de origen: el sur de la península, Granada. Letras mestizas, deliciosamente mixturadas. Letras que son taracea en movimiento, azulejos reflejando realidades paralelas, posibles e imposibles, abovedados que amplían los dictados de la imaginación. Así como Valparaíso ha donado a mi poesía su marca de inventiva, nostalgia o el azul rubeniano, la escritura de Ángel aviva y mantiene el empaque y la exquisitez de los reinos dorados del sur, siendo a la vez, universal y única.

Creador de un mundo propio, poético e inquietante (setecientos relatos, varios volúmenes misceláneos, un poemario de haikus y un centenar de collages), autor de una obra que trasciende los límites del género breve y de la literatura fantástica, soñador que hace viajar al lector por mil espacios distintos, y que cuenta historias que nos representan a cada uno en singular y a todos como especie. Los que lo leemos con asiduidad agradecemos: su variedad de temas y registros, las abundantes lecturas que se traslucen y que dan perspectiva y profundidad al texto, su búsqueda de un contar estético pero a la vez cercano en su plasticidad, su gusto por las citas y datos singulares que preserva para nosotros, su calidad en medio de tanta publicación comercial, su ironía revitalizadora. Ángel es capaz, con el simbolismo de sus relatos, de transfigurar la realidad y de resumir la condición del ser humano en una gota de rocío o de cifrarla en una galaxia, se ha mantenido siempre fiel a la divisa patafísica de su caballería: “Me esfuerzo de buena gana en pensar cosas en las que pienso que los demás no pensarán”. Una ‘rara avis’, por así decirlo, un creador genuino, discreto en la vida real y aguerrido ante el folio en blanco. Los que hemos tenido la suerte de convivir y relacionarnos con él, sabemos cómo su timidez se vuelve arrojo para narrar, para desarrollar su vocación, para darse a los demás a través de palabras impresas e impregnadas de su dialogar interno.

Mi percepción es que el motor que mueve a Olgoso es la búsqueda de la belleza, de una especial, aquella que va más allá de lo definido. Belleza en el lenguaje, y en la mirada que acoge lo más auténtico e indestructible de los alimentos terrestres. Percibo ese impulso en él, ese afán por acoger, por compendiar los saberes y experiencias, por prenderse a la vida −real e imaginada− como grácil semilla. Un escritor de nacimiento, según mi parecer, ya trae la chispa inquieta del decir en sus ojos (también en los que se abren desde el interior). Observa, recorre lo que ve, intuye los estratos que forman cada elemento, cada hecho, sus capas de pasado, lo que ha quedado escondido, la luz y las sombras. Y de esa capacidad de observación hace gala Ángel, la trae en sus genes, es su cimiento, su viga maestra.

En el relato que viene a continuación, los lectores gozaremos de un mundo rebosante en el que se despliegan todas estas virtudes. En él encontraremos, además, personajes misteriosos y a la vez desenfadados, organizaciones secretas, diálogos filosóficos, nuevas posibilidades del tiempo y el espacio, horizontes que difícilmente antes imaginábamos. “Cronotopos” es una joya que engalanará nuestra biblioteca. Un libro plástico y conceptual, un libro para leer, releer y disfrutar visualmente. Un volumen de los que el autor tanto aprecia: arte con palabras y arte con pintura, ambos unidos en estrecho abrazo.

Dejémonos llevar por el lúcido fogonazo de este domesticador de relámpagos, de este caballero que no sólo no lucha contra los encantamientos sino que los provoca, dejémonos seducir por una literatura que deja huella>>.