Ángel Olgoso

He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

lunes, 30 de marzo de 2020

Astrolabio, por Luis Manuel Ruiz

Compartimos la extraordinaria reseña que de la reedición del Astrolabio de Ángel Olgoso (con ilustraciones de Marina Tapia) publicó el escritor Luis Manuel Ruiz en el Diario de Sevilla. Como sus propias novelas y artículos, este texto de Luis es también un canto a la imaginación, donde realiza una acertado y fino análisis de los elementos y cuentos del libro, así como de sus vínculos con el resto de la obra de Ángel.


Popularizado por las redes sociales y los medios de masas, el microrrelato es hoy un término que puede equivaler a casi cualquier cosa: ocurrencias de cafetería, lo mismo que grafitis callejeros o improvisaciones de adolescente sobre el azul de la carpeta, son susceptibles de caber bajo este marchamo, no sé si género, donde colindan, a veces incómodamente, la narración, el aforismo, el poema y la boutade pura y simple. En épocas anteriores, tal vez más próximas a su emersión, el panorama parecía distinto. De 2007 data la primera edición del texto que comentamos hoy, quizá uno de los pioneros del formato, y basta con recorrer sus páginas aun con ojo distraído para reparar en cuánto se han difuminado (y corrompido) sus líneas maestras. Porque, para empezar, podríamos definir Astrolabio como un volumen de microrrelatos: historias, trozos de historias, fábulas en embrión o vistas al trasluz que insinúan mucho más de lo que permiten ver en primer plano y bajo cuya sombra, inquietante y fatal, se desdibuja un universo de contornos poco definidos.

En realidad, ésta de Reino de Cordelia es la tercera edición (las anteriores, en Cuadernos del Vigía y TransBooks, tuvieron lugar en 2007 y 2013, respectivamente) de una obra que, pasado el tiempo, se ha revelado como un verdadero clásico de la literatura breve, así como el pistoletazo de salida a otros en los que, posteriormente, su autor exploraría el mismo universo sorprendente y tenebroso. En años consecutivos, irían tomando el relevo una colección de títulos con denominadores comunes: tanto La máquina de languidecer (2009) como Las frutas de la luna (2013), Almanaque de asombros (2013) y Breviario negro (2015), como los avances más tempranos reunidos en Los líquenes del sueño, de 2010, comparten la misma atmósfera enrarecida, entre la del castillo encantado, el gabinete de rarezas y la cámara de los horrores, por cuyas esquinas nos conduce una prosa abigarrada y potente, que no se acobarda ante giros inesperados y palabras que huelen a moho.

De hecho, el arte de Olgoso posee tal consistencia que todos los volúmenes antedichos pueden leerse como uno solo. Igual que en algunas de sus fantasías, en las que (al modo de las litografías de Escher), los planos se superponen, las dimensiones se pisan y el infinito aguarda sorpresivamente en la concavidad de un grano de arroz, un libro se abre a otro y lo prolonga y lo repite, de jardín en jardín y de pesadilla en pesadilla, ofreciéndonos en total coherencia la visión de un cosmos (o caos) muy particular donde la normalidad está fuera de la norma.

Pues la mayoría de estos textos, si no todos (y aquí nos las vemos con otra de las marcas de la casa), pertenecen al género fantástico. Abundan los monstruos, las criaturas mitológicas, la niebla y sus misterios, los entes de ficción (literaria, cinematográfica, popular), personajes increíbles, sortilegios, muertos redivivos, incluso filtros de amor y males de ojo. Pero el ámbito de lo fantástico (tomado en su sentido etimológico, como producto de la fantasía) no se limita a los temas: la forma de abordarlos, de presentarlos al lector con el fin de acrecentar su estupor, su miedo y su asco, rehúye igualmente todo compromiso con el realismo. Seguramente uno de los mayores logros de Astrolabio se encuentre en lo que podríamos llamar la albañilería de sus relatos: su estructura piramidal, patentada por Poe y explotada profusamente por Cortázar, que hace converger todas las frases en un punto, esa tensión eléctrica que, a la vez que eriza el cabello, tiende a concentrarse en un solo espacio azul cargado de energía, se revela al cabo como el único modo posible de narrar lo que se narra, de dar cuenta cabal del material que maneja el narrador.

Por lo común ese narrador es un sujeto atormentado, tal vez enfermo, que esquiva el contacto con sus congéneres y suele preferir los consuelos del ensueño al trato con la realidad. Ese aspecto atrabiliario, que oscila entre sueño y vigilia, entre la cordura y los más resbaladizos de sus bordes, presta carácter a los textos y los identifica como lo que son: una exploración poco complaciente de nuestra forma de estar en el mundo y los muchos poros, grietas, abismos, que cuartean nuestro entorno cotidiano, anestesiado por el hábito. La apertura a un orbe insólito de sentido puede provocar maravilla (así, en El papel, donde la combinación aleatoria de los fragmentos de una esquela produce alteraciones insospechadas en la vida de quien la lee), extrañeza (en, pongamos por caso, La visita, donde el cronista asiste con disgusto al regreso de su padre muerto), deseo (como en La impunidad de los sueños, descripción erótico-mecánica de la fricción de dos aparatos eléctricos, uno de corriente alterna y otro de continua) o risa, más bien oscura (en El eremita, el anacoreta del título engaña a Dios desdoblándose en un perdulario que no cesa de homenajearse con excesos), pero la más común de las respuestas es el terror: brujas que convierten a detectives desprevenidos en estatuas (la magistral En el lagar), asesinos dedicados a alimentar viñedos con sangre para mejorar las cosechas (Los buenos caldos), personajes hastiados que resultan convertirse en alimañas y ser devorados por otras mayores que ellas (Árboles al pie de la cama), y un largo etcétera.

Recordemos al respecto que otro de los títulos de cabecera de Olgoso, publicado también en 2007, tiene al terror como norte decidido de sus ficciones: se trata de Los demonios del lugar, donde el lector tendrá ocasión de ampliar su elenco de cementerios, bosques en la niebla, atrocidades, espectros y sombras ensangrentadas.

Ángel Olgoso es un escritor insustituible de nuestras letras, andaluzas y españolas, del género fantástico y del que no, que prefiere recluirse en miniaturas como las que llenan este pequeño cofre para evitar el estruendo y la impudicia del gran mundo literario, donde hay cada vez menos de literario. Una razón añadida (si hace falta) para aproximarse a esta edición son las evocadoras ilustraciones de Marina Tapia que acompañan algunos de los textos.

lunes, 23 de marzo de 2020

Entrevista radiofónica a Ángel Olgoso (a propósito de la reedición de Astrolabio) en el programa Sexto Continente, de Radio Exterior de España, conducido por el escritor y locutor Miguel Ángel De Rus. 





"Nos centramos en la ciencia ficción, la fantasía y la leyenda histórica, a un lado del Atlántico y al otro.

Comenzamos hablando, con Mariano Villarreal, de América fantástica, una antología que ofrece una panorámica de los escritores contemporáneos de género fantástico y ciencia ficción más destacados de Hispanoamérica. Con este propósito se han sumado más de 50 autores de 14 naciones, entre ellos: las argentinas Mariana Enríquez, Ana María Shua; los cubanos Daína Chaviano, Erik J. Mota y Elaine Vilar Madruga; el boliviano Edmundo Paz Soldán; el colombiano Julio César Londoño o Iván Molina, de Costa Rica.

Tenemos con nosotros a Ángel Olgoso, en quien realidad e imaginación se diluyen, para presentarnos su libro de relatos Astrolabio, ilustrado por Marina Tapia. Autor de culto, tan raro como exigente, que padece la manía de querer escribir una y otra vez el cuento perfecto. Ajena al realismo tanto como a la novela, su obra narrativa se compone exclusivamente de piezas breves que se inscriben en la amplia tradición de la literatura fantástica. Los relatos de que consta Astrolabio muestran su dominio del género. Hay metamorfosis, desdoblamientos, mutaciones, especulaciones metafísicas, búsquedas místicas, fantasías sádicas, distorsiones del tiempo y el espacio, objetos imposibles y terrores cósmicos.

También con Mariano Villarreal hablamos de la antología Efeméride. El 21 de julio de 2019 se cumplió el quincuagésimo aniversario de la llegada del primer ser humano a la Luna. Para conmemorar la efeméride se convocó el Certamen de Relato de Ciencia Ficción Apolo 11, que tenía como tema principal dicho acontecimiento histórico. Este volumen contiene las ocho historias mejor valoradas por el jurado.

La escritora Balbina Rivero recrea en Beneharo. Mencey de Anaga, fin del mito la azarosa vida de Beneharo, el valiente mencey de Anaga, con la intención de acabar con el falso mito de que se suicidó para no caer en poder de los conquistadores peninsulares. Es la historia de la conquista canaria por parte de la Corona de Castilla y de Alonso Fernández de Lugo, quien conquistó Tenerife. Entre la historia y la mítica: Este personaje es conocido por la “Cantata del Mencey Loco”, de Los Sabandeños.

Acabamos con la recomendación que nos hace Vera Kukharava de los libros de Elaine Vilar Madruga: Fragmentos de la tierra rotaLa hembra alfaLos años del silencioLin y la casa de la soledad".


sábado, 14 de marzo de 2020

Reseña de Astrolabio en Libros de Cíbola

Compartimos esta estupenda reseña de Astrolabio (Reino de Cordelia), aparecida en el blog Libros de Cíbola, donde se dice que la lectura de Ángel Olgoso resulta altamente adictiva, que el universo olgosiano no se parece a ningún otro, y que Astrolabio es un buen comienzo para disfrutar con este maestro de lo extraño.




«Un hombre es una cosa pequeña y la noche es larga y está llena de prodigios». Esta cita de Lord Dunsany encabeza, a modo de ideario y programa, esta colección de 43 cuentos breves y brevísimos que Ángel Olgoso publicó por primera vez en 2007 y que vuelven a ver la luz en 2020 gracias al interés de la editorial Reino de Cordelia, que los trae en una hermosa edición enriquecida con numerosas ilustraciones de la artista chilena Marina Tapia inspiradas directamente en los relatos de este volumen.

Si hay algún despistado que todavía no conoce a Ángel Olgoso, diremos que el escritor granadino es uno de los mejores cultivadores españoles del cuento fantástico, con una larga lista de títulos esenciales dentro del género breve. Olgoso siempre se ha movido entre el microrrelato y el relato corto, ya que según sus propias palabras: «Estoy condenado a la brevedad, por convicción, por gusto, por respeto al lector y porque no sé hacerlo de otra manera. No sé contar en 200 páginas lo que puedo contar en una página. No se trata de escribir mucho o poco, sino tener el don de encontrar la extensión exacta». (En ese sentido, el primer texto de Astrolabio, reproducido aquí, es toda una declaración de su estética.)

Espacio

ESCRIBÍ UN RELATO de tres líneas y en la vastedad de su espacio vivieron cómodos un elefante de los matorrales, varias pirámides, un grupo de ballenas azules con su océano frecuentado por los albatros y los huracanes, y un agujero negro devorador de galaxias. Escribí una novela de trescientas páginas y no cabía ni un alfiler, todo se hacinaba en aquella sórdida ratonera, había codazos y campos minados, multitudes errantes que morían y volvían a nacer, cargamentos extraviados, hechos que se enroscaban y desenroscaban como una tenia infinita, los temas eran desangrados a conciencia en busca de la última gota, no prosperaba el aire fresco, se sucedían peligrosas estampidas formadas por miles de detalles intrascendentes, el piso de este caos ubicuo y sofocador estaba cubierto con el aserrín de los mismos pensamientos molidos una y otra vez, los árboles eran genealógicos, los lugares, comunes, y las palabras pesados balines de plomo que se amontonaban implacablemente sobre el lector agónico hasta enterrarlo.

El vuelo del pájaro elefante

AVANZO A TRAVÉS DEL TÚNEL que excavé durante meses en la toba blanda. Me arrastro por este nauseabundo arroyo con la desesperación de los que se saben imantados por fuerzas fatales, de los que han infligido dolor, de los que han sido martillos inclementes para numerosos clavos. Después de dos horas de angustia, mi cuerpo asoma fuera de la boca del túnel. El zumbido de los oídos desaparece. Logro esquivar los reflectores en el mortal damero del patio de la prisión. Me muevo como un veneno recién inoculado. Acometo sin respiro los vastos y resbaladizos muros de cantería. Tras ocultar las sábanas encordadas, atento a los paseos de los guardianes, me interno en las sombras reconocibles de la tercera galería. Puedo escuchar el roce de mis pisadas y el frotecillo asombrado del mecanismo de la suerte. Por fin estoy ante los barrotes. Inspiro profundamente, adelgazándome, y me deslizo entre ellos. Con infinito alivio regreso a las dulzuras de mi celda, a salvo de la aturdidora, extenuante y espantosa libertad.

Desde la lectura del primer texto de Astrolabio observamos algunas características reconocibles en la escritura de Olgoso: un patente barroquismo en su prosa (rico vocabulario, habitual empleo de largas enumeraciones), escasa acción, ausencia de diálogos, predominancia del monólogo discursivo; en definitiva, un estilo literario muy trabajado que a algún lector le podrá resultar prolijo pero que es parte consustancial a cómo entiende Olgoso un relato. Dicho de otra manera: la forma y el fondo constituyen un todo inseparable para nuestro autor. (No puedo imaginar estas ficciones con otra escritura más plana y convencional; simplemente no tendrían sentido ni eficacia alguna.) Por más que Olgoso admita su admiración y deuda con algunos grandes maestros de la escritura fantástica (Poe, Kafka, Borges, Schwob, Buzzati, Cunqueiro, entre otros), lo cierto es que el universo olgosiano no se parece a ningún otro; también en este aspecto radica uno de sus mayores atractivos.


Esta breve conjunto de textos, a pesar de sus argumentos y procedimientos diversos, presenta una gran coherencia debido a los materiales básicos de todos ellos —que en mayor o menor medida se encuentra en todos los libros del Olgoso—, como son la permanente presencia de la muerte y del destino implacable, el paso del tiempo, la súbita irrupción de lo extraordinario en lo cotidiano, la reinterpretación de mitos, los absurdo, lo extravagante, lo monstruoso y lo ominoso. Aunque no todas las piezas contienen un hecho fantástico o sobrenatural nítido, todos están impregnados de un sentido onírico, irreal e inquietante, con algunos finales sorpresivos y con una prodigiosa versatilidad capaz de transportar al lector a distintos escenarios geográficos, temporales y existenciales. Sin olvidar la presencia de la crueldad (e incluso con algunas dosis de sadismo en algunas piezas) y de ciertos tonos líricos que recorren todo el libro. Como digo, los procedimientos que se encuentran en Astrolabio son muy variados: leyenda oriental, cuento de tipo kafkiano, alegoría apocalíptica, paradoja intelectual, juego metaliterario, mitos ancestrales…

Les advierto que la lectura de Ángel Olgoso es altamente adictiva. Si no lo han leído antes, Astrolabio es un buen comienzo para disfrutar con este maestro de lo extraño y del horror. Seguro que no se arrepentirán.


Administrador de Libros de Cíbola:

Mi nombre es José Luis y soy el administrador de este sitio que pretende difundir la gran literatura (preferentemente cuento y ensayo), con especial atención a autores españoles e hispanoamericanos.
Mis autores favoritos son Poe, Dunsany, Schwob, Papini, Azorín, Borges, Bioy, Alfonso Reyes, Felisberto Hernández, Meyrink, Lovecraft, Kafka, Hesse, Buzzati, Calvino, Eliade, Jünger, Carpentier, Mujica Láinez, Cunqueiro, Olgoso…
También disfruto con los libros ilustrados, de historia, ciencia, religión y pensamiento.
Sigo el consejo de W.H. Auden según el cual reseñar libros malos no es sólo una pérdida de tiempo, sino también un peligro para el carácter.
Estoy en http://www.twitter.com/librosdecibola
Contacto: librosdecibola@gmail.com

viernes, 6 de marzo de 2020

Reseña de Tenue armamento en Encuentros de lecturas

Compartimos la reseña completa que de Tenue armamento ha escrito el poeta, catedrático de literatura y crítico literario Santos Domínguez para su blog 'Encuentros de lecturas' (de la que previamente había dado un jugoso anticipo en su otro blog 'En un bosque extranjero'). Sin duda, se trata de la más completa reseña publicada hasta ahora sobre este libro misceláneo de Ángel Olgoso. 





sábado, 22 de febrero de 2020

Entrevista en TodoLiteratura.es

La revista digital TodoLiteratura.es recoge una exhaustiva entrevista a Ángel Olgoso a propósito de la reciente reedición ilustrada de Astrolabio por Reino de Cordelia.