Ángel Olgoso

He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

domingo, 8 de marzo de 2026

Reseña de “Cronotopos” en Andanzas, por Rafael Ávila

Muy agradecido a Rafael Ávila por su reseña de “Cronotopos” (Pandora) en el blog Andanzas:



CRONOTOPOS: VIDA , MEMORIA Y LITERATURA.

He disfrutado hoy con la lectura del número 21 de la colección Relatos del Desertor del Presidio. El cuento se titula “Cronotopos” y es del escritor andaluz Ángel Olgoso. Las ilustraciones son del pintor Antonio Madrigal. Y como siempre, bajo la magnífica supervisión de Pedro Tabernero, que reuniendo escritores y artistas plásticos excepcionales, consigue dar a luz libros hechos para perdurar en el tiempo, por su calidad única en fondo y forma. Algo de lo que los lectores nos congratulamos.

"Cronotopos", el título del relato, es un concepto sacado de la obra de Mijail Bajtín que se define como la “conexión indisoluble entre las relaciones temporales y espaciales en la literatura” y se convierte en el eje central que vertebra toda la narración, en la medida en que si la literatura es capaz de romper la continuidad racional del eje espacio-tiempo, en el cuento, pura literatura, sus protagonistas relatan cómo es posible romper ese mismo eje en la vida real que vivimos, estableciendo un nuevo 'cronotopos' entre vida y literatura, ya que la vida y lo que vivimos no es sólo un recuerdo del pasado sino también la forma en qué lo contamos, lo narramos. Los protagonistas son Ricardo Marcén, hombre capaz de viajar en el tiempo, de ser testigo de momentos épicos de la humanidad, por ejemplo, “la primera vez que un neandertal levantó la cabeza hacia la noche estrellada” o espía de instantes casi marginales, pero de gran peso en el avance cultural de la humanidad, como cuando a la espalda de Covarrubias, ve cómo escribe alguna de las etimologías que incluirán en su obra “Tesoros de la lengua castellana” y su antagonista, Amador Niebla, 'cazador' enviado por la organización Qliphoth, para detenerlo, cosa que consigue junto a su compañero Sepúlveda. Tras su detención, lo llevan a un piso franco de la organización en Madrid, donde durante varios días, ya a solas, los dos protagonistas, entablarán un diálogo, iniciado por Amador, en el que Ricardo Marcén contará el origen de su don, siendo él el último de los seres que lo posee, y el carcelero, que a través de preguntas muy pensadas, hará que le muestre sus secretos, sin saber que al hacerlo, caerá en una telaraña de la que no escapará, y que no es otra que el arte del relato, el abrazo de una historia bien contada. Surge ahí la contaminación e identificación entre detenido y el que lo detiene, un síndrome de Estocolmo al revés, que provocará el desenlace final del cuento.

Ángel Olgoso, es capaz, en ese diálogo, con algo de socrático, que habla sobre espacio y tiempo, pero también sobre vida, historia, los recuerdos, la memoria, la ficción, lo real y lo soñado, lo imaginado, y un abanico casi infinito de temas, de sintentizar en pocas páginas el avance de la cultura humana, sus pasos y retrocesos, sus luces y sus sombras. Pero no sólo brilla nuestro narrador por su hercúlea capacidad de síntesis sino también por el cómo, el uso de un lenguaje que abre sus capacidades expresivas al máximo y que con su afinada significación y belleza, hace que el relato vaya penetrando en nuestra mente y corazones, y nos conquiste, del mismo modo que le sucede a Amador Niebla, siendo Ricardo Marcén la 'Sherezade' de este fantástico relato. Para que nada se pierda, Amador nos confiesa que ha ido grabando sus conversaciones con Ricardo, porque intuye y comprende que está asistiendo a otro único e irrepetible de esos cronotopos a los que viaja Ricardo Marcén. Un momento que tiene que fijarse para la posteridad, que no son sino los humanos que vendrán detrás, y a los que ayudará a entender su presente, pues como afirma Ricardo Marcén en una de las primeras conversaciones con Amador, somos “una pequeña isla de presente rodeada de un océano de pasado”.

Ángel Olgoso nos entrega una muestra más de su don excepcional para el cuento, no en vano, sus relatos han sido premiados, traducidos y aparecen en varias antologías, siendo considerado uno de los grandes autores de dicho género, donde puede comparársele con otros autores que dieron carta de gran naturaleza a un género muchas veces considerado menor, me refiero a Cunqueiro, Borges, Cortázar, entre otros, narradores capaces de generar en unas pocas páginas, universos enteros, como hace Olgoso, y de enamorarnos con el discurrir de su prosa, la elegancia del vocabulario y la precisión de su sintaxis. Dice en su famoso decálogo sobre el cuento, otro cuentista excepcional, Julio Ramón Ribeyro, que en el cuento “no debe sobrar nada, cada palabra es absolutamente imprescindible” y en el caso de nuestro narrador eso es categóricamente así.

Si como comentamos, el relato es magistral, con la misma importancia y peso en el libro, aparecen las ilustraciones de Antonio Madrigal, pintor de larga y destacada trayectoria, con trabajos en la revista La Codorniz, Diario 16 o El País por citar sólo algunos medios donde ha colaborado. Son pinturas con un tono expresionista y cubista, de clara raíz vanguardista, con gran fuerza en el juego cromático y que acompañan magníficamente la imaginación y fantasía del relato. De nuevo, Tabernero ha enlazado con maestría a narrador e ilustrador para que dispongamos de una obra de arte donde palabra y color son dos caras de una misma moneda>>.

(Rafael Ávila)



martes, 24 de febrero de 2026

Prólogo de "Cronotopos" por Marina Tapia

Impagable regalo este prólogo que Marina escribió para “Cronotopos”, el libro de gran formato ilustrado a todo color por el maestro Antonio Madrigal y publicado por Pandora.



<<DOMESTICADOR DE RELÁMPAGOS.

Jamás pensé, y menos aún en mi Chile natal, que un día conocería a un caballero de la Tabla Redonda: Ángel Olgoso es un Sir Galahad de la escritura, un caballero puro, fiel a sí mismo, a su insobornable independencia, al valor supremo de escribir con total libertad, a defender la belleza y riqueza del lenguaje así como la exigencia literaria y la inteligencia del lector, con plena entrega a su tarea. Un Don Quijote que ha cabalgado entre dos siglos hechizándonos con el fuego de su imaginación y con la intensidad de sus historias.

Recuerdo la primera vez que escuché una de sus historias, hace trece años, la leyó él mismo en el Aljibe del Rey, un mágico y alhambresco enclave. Su relato “La pequeña y arrogante oligarquía de los vivos” envolvió y conmovió a todos los presentes, fue como escuchar un texto que estaba más vivo aún que el mismo espacio natural que nos cobijaba. Hablaba de un mar compuesto de cuerpos muertos que se superponen formando las olas y que, cómo no, evocaba a nuestro Mediterráneo, tan enlutado por las pérdidas de vidas humanas a causa de las migraciones, pero también por la sucesión de los siglos y siglos que contiene. Ángel sabe arrastrar a los lectores a su terreno; por eso, cuando se le lee, uno se vuelve inevitablemente un ‘olgosiano’, desea con adicción habitar esos mundos que él convoca, vibrar con los acordes medidos de su narrativa. Entramos a ese habitáculo construido por él no sólo a través de la potencia de sus imágenes, de su lenguaje colorista y escogido con minuciosidad, accedemos a ese camarín mágico gracias a un despliegue intencionado que es capaz de poner en funcionamiento al mismo tiempo nuestros cinco sentidos: todo nuestro cuerpo y sensibilidad se despiertan, como de un sueño o un letargo, bajo la fascinación y el influjo de su escritura. Letras de fuego y letras empapadas sutilmente con el sello de su lugar de origen: el sur de la península, Granada. Letras mestizas, deliciosamente mixturadas. Letras que son taracea en movimiento, azulejos reflejando realidades paralelas, posibles e imposibles, abovedados que amplían los dictados de la imaginación. Así como Valparaíso ha donado a mi poesía su marca de inventiva, nostalgia o el azul rubeniano, la escritura de Ángel aviva y mantiene el empaque y la exquisitez de los reinos dorados del sur, siendo a la vez, universal y única.

Creador de un mundo propio, poético e inquietante (setecientos relatos, varios volúmenes misceláneos, un poemario de haikus y un centenar de collages), autor de una obra que trasciende los límites del género breve y de la literatura fantástica, soñador que hace viajar al lector por mil espacios distintos, y que cuenta historias que nos representan a cada uno en singular y a todos como especie. Los que lo leemos con asiduidad agradecemos: su variedad de temas y registros, las abundantes lecturas que se traslucen y que dan perspectiva y profundidad al texto, su búsqueda de un contar estético pero a la vez cercano en su plasticidad, su gusto por las citas y datos singulares que preserva para nosotros, su calidad en medio de tanta publicación comercial, su ironía revitalizadora. Ángel es capaz, con el simbolismo de sus relatos, de transfigurar la realidad y de resumir la condición del ser humano en una gota de rocío o de cifrarla en una galaxia, se ha mantenido siempre fiel a la divisa patafísica de su caballería: “Me esfuerzo de buena gana en pensar cosas en las que pienso que los demás no pensarán”. Una ‘rara avis’, por así decirlo, un creador genuino, discreto en la vida real y aguerrido ante el folio en blanco. Los que hemos tenido la suerte de convivir y relacionarnos con él, sabemos cómo su timidez se vuelve arrojo para narrar, para desarrollar su vocación, para darse a los demás a través de palabras impresas e impregnadas de su dialogar interno.

Mi percepción es que el motor que mueve a Olgoso es la búsqueda de la belleza, de una especial, aquella que va más allá de lo definido. Belleza en el lenguaje, y en la mirada que acoge lo más auténtico e indestructible de los alimentos terrestres. Percibo ese impulso en él, ese afán por acoger, por compendiar los saberes y experiencias, por prenderse a la vida −real e imaginada− como grácil semilla. Un escritor de nacimiento, según mi parecer, ya trae la chispa inquieta del decir en sus ojos (también en los que se abren desde el interior). Observa, recorre lo que ve, intuye los estratos que forman cada elemento, cada hecho, sus capas de pasado, lo que ha quedado escondido, la luz y las sombras. Y de esa capacidad de observación hace gala Ángel, la trae en sus genes, es su cimiento, su viga maestra.

En el relato que viene a continuación, los lectores gozaremos de un mundo rebosante en el que se despliegan todas estas virtudes. En él encontraremos, además, personajes misteriosos y a la vez desenfadados, organizaciones secretas, diálogos filosóficos, nuevas posibilidades del tiempo y el espacio, horizontes que difícilmente antes imaginábamos. “Cronotopos” es una joya que engalanará nuestra biblioteca. Un libro plástico y conceptual, un libro para leer, releer y disfrutar visualmente. Un volumen de los que el autor tanto aprecia: arte con palabras y arte con pintura, ambos unidos en estrecho abrazo.

Dejémonos llevar por el lúcido fogonazo de este domesticador de relámpagos, de este caballero que no sólo no lucha contra los encantamientos sino que los provoca, dejémonos seducir por una literatura que deja huella>>.




domingo, 15 de febrero de 2026

Relato hiperbreve o cuántico, por Luis Santillán

Muy agradecido a Luis Santillán por la parte que me toca en esta breve reivindación de lo brevísimo, del microrrelato, publicada en Cuadernos del Sur del diario Córdoba.



<<RELATO HIPERBREVE O CUÁNTICO.
Los siglos XIX, XX y XXI han deparado grandes cuentistas.

Ya me he referido en alguna ocasión al relato breve o hiperbreve, un género literario considerado menor y maltratado por la historia. No en vano la literatura de los siglos XIX, XX y XXI nos ha deparado grandes cuentistas, maestros del relato corto, y por encima de cualquier otro continente, los hispanoamericanos se llevan la palma. ¿Habrá alguien que no haya leído las minificciones de Juan José Arreola, Augusto Monterroso o Julio Torri? Pero la literatura española también es rica en dicho género. Ahí tenemos a Ángel Olgoso, por ejemplo, para no pocos el maestro, o Juan José Millas, todo un alarde literario de la brevedad llamado a acompañarnos en la mesilla de noche durante bastante tiempo. O Andrés Neuman, poeta, novelista, autor de relatos y «contador de historias», o los «relatos cuánticos», de Juan Pedro Aparicio en los que cobra más dimensión «lo que no está que lo que está, aunque todo esté». Podríamos citar a muchos más… aunque yo al menos me quedo por su escasa presencia en el género con Cristina Fernández Cubas, autora de alguno de los más maravillosos hiperbreves de la literatura española. Sin embargo, el microrrelato, hiperbreve, relato cuántico, cuento corto, minificción…, por fin ha alcanzado la madurez como género literario. Es más, se codea de igual a igual con sus hermanos mayores, la poesía, la novela, el aforismo…Y rebuscando en los anaqueles de las librerías, gracias al buen hacer de las Editoriales Paginas de Espuma y Menoscuarto, podemos encontrar maravillosos cuentos de Luis Mateo Diez, Medardo Fraile, Juan Pedro Aparicio, Max Aub, Manuel Moyano, Javier Tomeo, Max Aub, o Ana María Matute, compartiendo espacio con Fernando Quiñones, Ángel Olgoso, Juan José Millas, José María Merino, Oscar Esquivias…y tantos otros. Solo cabe decirle al lector: por favor, sean breves al leer los microrrelatos, pero déjense enredar por la magia de sus palabras. Porque como decía Julia Otxoa, otra cuentista, microrrelatista, «en este umbral del siglo XXI es absolutamente necesario acabar con la estrechez de miras en la percepción de otros géneros que no sean la novela, el ensayo, o el cuento clásico».

Se precisa urgente la apertura de la comprensión intelectual a otras formas de escritura breve cuya creación ha dado nombres como Kafka, Max Aub, Borges, o Monterroso, y cuyo legado literario es indiscutible. Y cuando se dejen imbuir por la maravilla del género, acudan a la historia del Círculo Cultural Faroni, quien, de la mano de Luis Landero, que por cierto acaba de publicar novela, fue pionero y hacedor de uno de los premios literarios de mas solera a finales del siglo pasado>>.

(Luis Santillán)


sábado, 14 de febrero de 2026

Poema dedicado de Francisco Acuyo

Muy agradecido al poeta Francisco Acuyo por tan bonito detalle y por tan hermoso poema.

<<Para la sección de Poesía del blog Ancile, traigo un poema de la serie que estoy configurando sobre la noche constelada y que bien pudiera ser un futuro conjunto de poemas. En este caso el poema titulado Albíreo, está dedicado a mis amigos Marina Tapia y Ángel Olgoso, a quienes creí ver inseparables observando al asterismo del mismo nombre, de la constelación del Cisne, que en realidad son dos estrellas: Albíreo A y Albíreo B.


ALBÍREO


Mientras dibujo y veo el amor ausente en una,
cuando son en realidad dos estrellas,
en la constelación del Cisne.

A Marina Tapia y Ángel Olgoso


De la estrella intrincado el ornamento
dibujé, y luego de observar su esfera,
con cuidado, abracé su viva hoguera
contra mi pecho que arde turbulento.

Cotejó mi pasión el firmamento
llena de la aflicción que desespera
en mi interior, adonde el tiempo fuera
íntima eternidad por un momento.

Mejor no ve quien vio lo imperceptible:
así, la luz tocaba en la sustancia
de quien amo, si ausente, si intangible.

Miro la estrella y, en su fulgor entro:
veo en el infinito la distancia
que mi alma recorrió para estar dentro>>.

domingo, 8 de febrero de 2026

Entrevista de radio en La Ciudad Ilustrada, de GranadaFM

Marinángel en el programa La Ciudad Ilustrada de GranadaFM. Un buen rato de entrevista relajada a tres bandas, conducida con su habitual sabiduría multidisciplinar por el poeta Francisco Acuyo.