Ángel Olgoso

He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

domingo, 17 de marzo de 2019

Una mirada a Breviario negro, por Lilian H. Cheruse

Es un privilegio para un autor que otros indaguen, con tanta meticulosidad, en las entrañas de un libro propio. Es bueno, también, contar con la mirada y con la voz de un lectora (que además es una escritora elegantemente poética y buena amiga de Ángel) del otro lado del charco. Lilian Cheruse alumbra otras perspectivas y otros matices en esta detallada y pictórica reseña sobre muchos de los relatos de Breviario negro. Su estudio, impresionante y extenso como la tierra natal de Lilian, parece albergar al mismo tiempo una visión macroscópica y microscópica, y obsequia a este blog y a sus lectores un texto que los enriquece.

Acompañamos la entrada con ilustraciones del artista lituano Gediminas Pranckevicius.


UNA MIRADA A BREVIARIO NEGRO,
 POR LILIAN H. CHERUSE

Breviario negro es un cofre de noble madera y tallado mágico, extraño y misterioso, un cuenco de perlas negras y blanco marfil. Una alhaja con cuentas bíblicas y mitológicas, con leyendas y episodios históricos. Un collar enhebrado con escenas cartográficas, metamorfosis de fauna y flora, erotismo, ciudades lejanas, paraísos y aldeanos con vida propia. Perlas abrillantadas por poesía escénica, brisa de fronda, aroma de infinito, conjunción de sintagmas en originales enumeraciones, coloridas y evocadoras imágenes. Una gargantilla cincelada con pulidas palabras, sintagmas musicales y vibración sensorial.


La primera lectura de sus textos dispara la avidez por una segunda vuelta o quizás varias. Esa relectura profundiza el conocimiento de los diferentes planos que se entrecruzan. La estética, primordial en el pensamiento de Ángel Olgoso, es la pieza del orfebre que encadena las emociones y sustancia el contenido. Breviario negro despierta ternura, angustia, desolación, espanto, vacío en la niebla, asombro en lo fantástico, adrenalina en las batallas y libido en el erotismo. Si se desmonta esa prosa que describe, ilumina y triza los bordes del tiempo, podrá degustarse a pleno de esos bocados deliciosos. Cada texto es una arista de la cosmovisión del escritor. Sus creaciones incluyen miradas desde la metafísica, el cosmos, la física, la psicología, la historia, el arte, la crítica social y la cultura. Todas, expresiones de su talento y formación. Pululan demonios, aparecidos, fantasmas, muertos, esqueletos que recrean las historias. Su prosa revive el idioma y lo preserva del bastardeo mediático. Los títulos emiten señales sobre los contenidos. Técnica y estética expanden el tiempo, lo desdoblan; puntualizan espacios temporales que regresan al presente en plásticos escenarios; abren puertas al infinito y a lo desconocido, al mundo de los muertos, al de la extrañeza y también al de los vivos. Ilustraré este precioso libro de aguas briosas deteniéndome en algunos de sus relatos.


Cartografía, al inicio del libro, despliega su excelencia por toda la trama de connotaciones líricas y plásticas. Una pieza caleidoscópica del amor, un abanico de maravillosas enumeraciones con aristas sensuales. Una gran metáfora donde el relieve planetario asume cuerpo y mente de la mujer querida. “Mapa orográfico y cromático” que pinta la montaña, un bosque, el valle, un lago, la playa, un cometa y las tormentas de agua nieve. Refinadas imágenes en el plano de la naturaleza que “corporizan” las reacciones humanas. Cartografía también se despliega en signos urbanos con la búsqueda del rastro amoroso: dentro de una fábrica, recorriendo carreteras, en los rieles de un tren o en ciudades lejanas y, cuando el sentimiento reestablece el vínculo, la existencia “ocupa espaciadamente todo el territorio”. Imágenes sensoriales de un plano palpable que pliega y despliega su hoja, cierra y abre, acerca o aleja como el rítmico vínculo que une a la pareja. Sara-amor es dimensión humana y cósmica.



Hay relatos con ácida crítica a la moralidad religiosa como Las huellas de los pájaros en el aire: un escenario pictórico donde un ángel es sacrificado para saciar el hambre familiar. Lo seráfico convive con la ironía y el horror. Los vocablos excelentemente elegidos “cauterizan” la inmolación del mensajero divino. Ese lenguaje beatífico suaviza una ruptura total con lo sagrado. Esa crítica reaparece en Novedades en el cortejo: una sátira clerical sobre un episodio religioso, la compaginación de una procesión que requiere de ridículas instrucciones para llevarse a cabo. Sorprendente final de espanto e ironía con la entrega de un ramo de lenguas humanas cortadas en reemplazo de un ramillete de flores. La crítica social presente en Linajes: un escenario de época y las diferencias de clases. Y se repite en Espléndida teoría física que nos explica la aurora boreal por el reflejo de los arenques: un breve ensayo sobre las creencias, las que sin racionalidad alguna distorsionan la realidad e hipotecan la vida de la gente. El erotismo se encarna como una joya en La Rosa Azul: la prosa delicada y descriptiva es el hilo conductor de ese extraño burdel-museo. Un lujurioso recorrido por la historia del arte erótico a través de las expresiones culturales de la civilización. El sexo desde el comienzo de los tiempos. La elevación estética potencia los sentidos y enaltece la visión rosa y azul. Un homenaje a la creación literaria es El palacio de las imaginaciones: un palacio inexistente donde todo es posible de imaginar, allí moran los relatos de todas las épocas. Un prisma de colores, un sueño, una metáfora que alude a los libros íconos y famosos que se descubren en la narración por asociaciones sin mención de sus títulos. Una evocación lírica y primorosa. La frase final es liviana y etérea como la imaginación: “las cosquilleantes pestañas de los soñadores."


El tiempo y la imposibilidad de dominarlo es un eje dentro del libro y subyace en sus páginas alimentando la ficción. El infinito, las cuestiones teóricas, lo cósmico, lo metafísico, lo enriquecen desde sus aristas. Hay dos relatos reveladores sobre el tema, uno: Ancianas tomando bizcochos en salitas sombrías: preciosa ambientación de dos universos con significados opuestos: uno expresa el letargo de un tiempo instantáneo, un punto fijo que no avanza. Una espera casi eterna porque el reloj seguirá detenido hasta que la aguja realice un único movimiento: señalar el instante final de esta ilusoria eternidad. El otro universo es una mirada de nuestro tiempo actual, enloquecedor y febril: El descanso de Sísifo, que responde a una interpretación olgosiana de El Mito de Sísifo de Camus y del personaje mitológico, una metáfora del tiempo inalcanzable, de esta rueda trágica que no cesa en su giro, que no deja posibilidades de cambio. Estructurada sobre dos planos: uno estético y el otro metafísico se construye sobre la persecución asesino-víctima en tiempo perpetuo. El título expresa la idea del “descanso”. La concepción de la vida concebida en una gráfica descripción de la torre donde corren víctima y victimario con escenas plásticas que acentúan el movimiento de la persecución, de la carrera de dos condenados que no podrán alcanzarse. El plano estético deslumbra desde el comienzo con la escena de esa "torre vigía" plantada en "una vasta llanura salitrosa" con "doble escalera caracol", y sigue con la descripción de la fisonomía de la misma, con un alguien adelante y el otro detrás en una rutina sin alteración negando el encuentro entre ambos. El texto transmite el clima de asfixia y alienación de los dos perturbados. Sólo "descansaremos" junto a esos personajes cada vez que ambos, por milésimas de segundos, abandonan el rol que les asignara el destino, y al instante siguiente vuelven a convertirse en el asesino y su víctima.


El tema del tiempo reaparece desde otro prisma en Lengua de madera: la rutina irrumpe como una representación circular que se extiende durante treinta años y una escena que se repite una vez al mes con la misma ambientación: un viejo sillón negro, un mandil blanco, un cliente que permanece en silencio y un barbero que con su coreografía de brazos y manos realiza un perfecto trabajo en la cabeza del hombre que solo saluda. Las imágenes giran con los movimientos "del artista de la navaja", las imágenes hablan, dan la clave de esa atmósfera cíclica: "cliente inmóvil, obediente a un suave giro", con párrafos de comienzo analógico: "Durante treinta años", los recursos empleados transmiten  una letanía rutinaria, un hábito que regresa en acompasada monotonía, con idéntico movimiento, en idéntica labor, en el mismo sector corporal "entre los límites de la garganta y el peine... persistiendo en la estrategia de esa efímera batalla repetida cientos de veces, en ese continuo tejerse y destejerse". Hay una aparente similitud con la persecución de El descanso de Sísifo. Sin embargo, se avecina una ruptura en ese tejido estructural que se desata por un inesperado comentario del mesurado cliente: "Va a apretar el calor", que irrumpe de manera impensada, que sorprende al maestro, le quita el pulso y entonces sucede lo peor:  la navaja penetra en el cuello del habitué de la barbería y esa herida letal produce un "derramarse como un vino tinte". Un ritmo de opuestos fluye en el texto: inmovilidad como consecuencia de la repetida escena del barbero-cliente y por otro, la plástica danza de esas manos artistas del barbero, eso sucede hasta que la acción cambia producto de algo extraño que se introduce por accidente y se genera otro tiempo. Ese cambio no es aceptado y sobreviene la muerte. Extraordinario juego entre los planos estético, metafísico y psicológico orlado de sorpresa y originalidad. 


Comparte por su carácter metafísico y preciosista el relato El mugido de la nada, la concepción de “la nada” se anuncia desde el título y se encarna en la figura de un toro fantástico. Una conjetura avalada por vertientes teóricas sobre ese lugar donde la caverna puede corresponderse con el vacío, espacio donde están “los que no fueron engendrados”. Avanza la narración con la descripción del terrible animal. El texto discurre con apreciaciones filosóficas sin respuestas y que se acompaña con citas. Ornamentado con expresiones líricas: “habría un torrente seco entre peñas hendidas. Próximo a una piedra erigida como estela mora el terrible cabestro guardián”, "exhala sombras que se esparcen". Con el hallazgo de la lengua de Abraham “en un lagrimorio Bizantino”, la nada toma otra acepción y finaliza el relato.


Merece un lugar especial el homenaje de Ángel Olgoso a las Memorias de ultratumba y a su autor el Vizconde de Chateaubriand en Últimas voluntades: estas páginas expresan el dolor y la impotencia de aquel valioso escritor no comprendido en su tamaña dimensión. El estilo es comparable al del romántico político y escritor francés, algunos párrafos refieren al fantasma de la muerte, otros a la cosmovisión que incluye lo político y al propio escritor romántico y también están aquellos que señalan a quienes en su mediocridad destrozaron la memoria y el sentido de Las memorias de ultratumba. Las figuras literarias envuelven lo real en una ilusión de encantamiento e inmortalidad. Ángel Olgoso asume la representación de esa pluma, su estética y su legado y le devuelve el honor con justicia.


Hay otros relatos que satirizan la política desde distintos puntos. Uno de ellos con ácida mirada a las recetas crediticias, leyes arbitrarias y al poder. Me refiero a Un fúnebre sabor a tiempo muerto: sarcasmo que delata la postración y miseria social, la deshumanización de la sociedad. La población anónima es vista como sierva del poder. Texto actual, denunciante, con largos párrafos explicativos sobre la postración social. Una gran metáfora que lo revierte en ficción con la aprobación de un decreto que prohíbe morirse y transforma la muerte en vida. Esta absurda disposición genera una serie de consecuencias que cómodamente desgrana el escritor como una tesis extraña, con enumeraciones de lo ridículo y lo arbitrario. Un estado que condena la vida y al trabajo como una rémora. Hay imágenes fuertes y concretas desde el principio al fin: "este funesto sopor" "a los muertos ya no se los reconoce por el verdín del pellejo apergaminado, los zapatos descabalados o el reflejo aterido en los espejos". Los finales sorprenden, como un recurso que se repite en las páginas de Breviario negro. Aquí es reflexivo, lapidario: "acudimos al trabajo con premura, sonreímos con naturalidad, pero es al enterrador al que secretamente esperamos”. El tabernáculo es un ataque frontal a los créditos otorgados por las financieras. Los deudores forman una columna interminable de sombras anónimas, autómatas desgraciados. Desesperación y angustia como saldo. La población es víctima de un sistema despiadado donde nos incluimos por millares. El texto continúa con una descripción ficcional impiadosa y terrible de las torturas colectivas con las que el deudor es castigado si el monto es impagable.


Verdes y rojos tiñen con pincel de artista dos relatos: Ars Topiaria donde la naturaleza respira y fluye como un paraíso fresco y mojado con el primero de los colores, y El pigmento de la creación donde la sangre se mezcla con la pintura y se vuelven pincel. En ambos, las imágenes concatenadas suben la cuesta estética sin respiro para el lector, algunas por asociación, otras por fricción ascienden la escalera del deleite, aún en El pigmento de la creación cuyo tema da para el espanto.


En Ars Topiaria las cuestiones iniciales remiten a verdades irrefutables que luego se fundamentan con un planteo metafísico: quiénes somos? ¡tan acostumbrados estamos a vernos sin reconocernos! Una especie de ensayo que introduce el tema de la transformación, la mutación del hombre en otros seres. Cualifica, humaniza la flora. Luego se aproxima, corta distancias en la percepción del vegetal, somos "incapaces de advertir la vida que bulle en las formas aparentemente inertes." La descripción plástica y gráfica “amolda” las formas humanas a la de la planta hasta asimilarse con ella. Un magistral movimiento en cámara lenta: "comienzas a percibir, aún informe, un endurecimiento general, un retorcerse de extremidades". No excluye el deseo de aquellos golpeados por la vida de metamorfosearse: "alentados en su más secreta esperanza, desearía perder para siempre... de aquellos que creen que hubiera sido mejor ser hierba... o relámpago". Sigue con la conversión describiendo "bajo su máscara arrugada no se acusa la osamenta". Y el asombro prosigue, ahora es el turno de la planta que percibe su entorno con imágenes de puro lirismo, no por la espectacularidad de las palabras, sino por el modo de decirlo: "el cosquilleo de un pájaro prendido a una de sus ramas" y la enumeración como la del mejor poeta: "tras el socorro de la lluvia, tras esa materia dorada y cálida que en primavera planea sobre ti". Sobre el final regresan los miedos, los mismos que la humanidad conlleva y que dice textual "el peligro del tiempo que quema... el pavor imprevisto al ahorcado, al hacha, al rayo.”


Respecto a El pigmento de la creación: imposible resistirse a esa pesadilla por la destilación de belleza y creatividad. Percibimos un juego permanente del color rojo por medio de imágenes y matices, volviéndolo más saturado de sangre con maestría de artista "un bulbo embarnecido como una caperuza color de grana... encarnación de cereza... llamaradas rojas… atardecer". La enumeración de las muchachas compone una escena de época, describe sus niveles sociales y la ropa típica de sus labores. Destaco entre otras, por su originalidad, "hojaldre de ásperas camisolas" y concluye con un mensaje implícito: el triunfo del arte sobre la muerte. Este mismo tema se repite en otras páginas.


Los misterios no revelados juegan en De Masticatione Mortuorum: impresionante ficción en un terreno desconocido, una descripción gráfica de ese extraño y oscuro lapso comprendido entre el enterramiento a la putrefacción de los cuerpos. El lector avanza entre imágenes crudas, potentes descripciones de un mundo patético donde la razón, los apetitos y las emociones humanas se remueven dentro de la inercia corporal, especie de "fugaz resurrección". El horror se presenta desde el inicio con la evocación de antiguas civilizaciones. La descripción de ese ámbito infecto "entraña de asfixia" multiplica las imágenes aumentando la intensidad del horror con cada párrafo, con cada enumeración y finaliza con una escena que estremece: los fallecidos sacian su hambre feroz a pura dentellada del propio cuerpo. Detallado realismo, voraz fascinación donde se fagocitan así mismo devorando partes de su anatomía.


El escritor detalla el proceso creativo en Palabras, destierros, máscaras: Benedek, el personaje de rostro deforme camina entre los párrafos del narrador identificado como un escritor en momentos de sequedad creativa, la irrupción de lo emocional menoscaba la fertilidad imaginativa. Los párrafos del narrador-partícipe destacan esa búsqueda de los recursos literarios: las enumeraciones, por ejemplo, creativas, líricas, cartográficas, históricas en mixturas de contraste o potenciadoras de sus propias significaciones como también, la prolija elección de la palabra para cada significado y significante. Es un soliloquio del escritor, de la propia mirada sobre el texto, magníficamente sintetizado "con una lupa y un telescopio", "una apetecible grieta en el tejido narrativo". Respecto a Benedek, su fealdad lo obliga "a vivir enterrado como una raíz", pero lo deja solo en una historia interrupta. Sólo queda la impotencia del narrador buscando la belleza de sus creaciones literarias.


Otro perfil encuadra la muerte como suicidio y la psicología se hace presente, me refiero a Viajes nocturnos completamente iluminados: Un comienzo premonitorio, decisivo "Perdí todos los trenes", “Nunca giraron por mí los tornos de las estaciones". Y ese "vacío", ese "hueco" se hace imagen en el nudo del relato con "el dolor de la serpiente dentro de mi vacío". Cada párrafo siguiente es un ascenso al corte con la vida, figuras como "Volaría como la espora disparada por un hongo". La descripción de un mundo interior devastado, hundiéndose, escapándose "a dedo, traqueteo de tren... dulce vértigo de aeronave". El rastro de su paso es un detalle cargado de poesía: "y mi rastro con diferente puntuación sería la de un niño que destruye nidos... (un saco de dormir en Capadocia... un banco en el parque de Cablenza bajo los murciélagos)". Roba, ofende, mata. Ese rastro imaginario menciona lugares con adjetivación poética "una callejuela nevada de Nagano". Persiste, mientras huye, una actitud impiadosa con el mundo hasta que se transforma en muerte dentro de un hospital.


Destaco un relato donde la vida animal se enaltece desde un pequeño mundo, el de las hormigas, es el caso de Las lluvias: un texto maravilloso, original y cálido. El escritor es arquitecto y diseñador de miniaturas. Los laberintos y cámaras del hormiguero cobran vida en medio de una inundación gracias al dinamismo descriptivo que conoce sus hábitos y sus funciones. Una lluvia abundante sorprende a las hormigas y los verbos dan cuenta del alud: "estribándose... lo arrasan... atoran". Las pequeñas son personificadas en las enumeraciones. El hormiguero abre sus cámaras, laberintos y expone hasta los elementos almacenados en una colorida comparación con las habitaciones de una casa y el mobiliario humano. Estamos ante una historia singular, ante el protagónico de seres diminutos que cobran dimensión: "... las porcelanas de los vasares, las larvas y las pupas, la ropa blanca de los armarios, el almacén del enjambre". "Palitos como mástiles, sillas como ramas, pasillos como bocanas, habitaciones como médanos". Después, la naturaleza borrará el recuerdo de la catástrofe y ellas retomarán la reconstrucción junto "al néctar embriagador de la rutina". Un final aleccionador.


Se hace presente la resiliencia como otro tema de la psicología en Crisálida: el duelo amoroso es un corazón fuera del pecho abierto como una inmolación. Una mirada desde lo concreto, hay pastillas y sensación de vacío. Ese "no lo veré más" es una repetición quejumbrosa que martilla sobre la soledad. La frase "otra puerta" abre caminos al duelo, al replanteo de una nueva vida. La transformación en crisálida es una reparación personal que crece por cada entrada a una puerta donde se tira "de la hilacha", como si fuera una cuerda con que se corren los diferentes telones de un teatro, cortinados de las vidas pasadas donde se repiten los temas amor, dolor, muerte. Preciosas figuras componiendo retablos con los hechos de la civilización.


Otro tema propio de la psicología es el tratamiento de Agorafobia: Un relato de importante diseño estético donde el trauma se encuadra en imágenes poéticas. Cada intento de fuga mental, consecuente con la agorafobia se transparenta con una frase analógica que se repite en los comienzos de los párrafos: "Al intentar imaginar...". Y entonces, el narrador en primera persona, da paso a la descripción de ese mundo de sensaciones angustiantes "como si el mundo se hubiera vuelto cóncavo". Ese escenario interior se repite en otros párrafos: "la luz y el aire ávidos también me devoran...". El escritor disminuye la tensión con trazos de escenarios concretos. La descripción del vacío interno es dinámico y espacial "la lejanía se pliega". Cada intento de huida es un nuevo paso mayor para escapar de los barrotes imaginarios: agrupación de oraciones subrayando una escala ascendente, primero es "el bordillo de la calle", sigue "el arranque de un camino estrecho", luego un “piso un campo abierto" y de ahí se aventura con otro analógico "piso otro continente", entonces los síntomas se alivian con el vasto escenario, sin bordes aparentes ilustrados con una enumeración fresca de verde fronda, de ilimitada tierra roja, de gallos de riña en Cuba, hasta que el protagonista se interna en la cueva del indio y un adjetivo alerta como un rebote que el mal se mantiene aún en la claustrofóbica cueva.


Una recreación de los cuentos clásicos despierta nuestra infancia cuando “cuenta” con calidez en Los caballos pensantes de Elberfeld: una clave develada al final da el porqué de su esquema "... con la fascinación que procura el horror". Cada relato que integra el texto tiene un comienzo analógico que introduce la historia con un "Me pidió un cuento..." en reemplazo de aquel conocido "Había una vez..." y entonces se abre el relato con alto voltaje de ternura, tanto en el tono como en las palabras. Aparecen la desmesura, el hambre insaciable, la arbitrariedad, el horror, personajes de comportamiento extraño tejidos con pura fantasía. A cada correlato le corresponde una respuesta infantil y emotiva que nos toca el corazón, nos emociona y que se inicia con una anáfora "Esa noche..." y se determina con un "no quiso otro biberón" o "le dejé la lucecita encendida" o "extrañaba a su madre" o "se mantuvo arropado", entre otras expresiones felices. El relato final nos estremece aún más, porque es el cuento del revés: aquel padre, "contador de cuentos" se ha vuelto un anciano y entonces, el escritor honra a ese progenitor y lo pone en las manos de ese hombre hijo que le procurará todos los cuidados acordes con su fragilidad. Es el propio anciano el que dice: "quien me lava y me viste... quien me arropa... y yo el que balbuceando... con aire de súplica y fervorosa gratitud le pide un cuento". Un final vibrante y conmovedor.


El último relato de Breviario es una apelación, un llamado a la reflexión en segunda persona, pero dirigido a la especie humana, me estoy refiriendo a Aghone: el texto es un ruego, un verbo imperativo de deseo y mandato desde un otro a la primera persona narradora: "te lo ruego, no regreses sobre tus pasos"; "No desdeñes"; "sé consecuente". Un vocativo al "Viajero" de la vida, a quien interpela desde la retórica con tono suplicante y moralizador, con figuras poéticas, con apóstrofes en forma de anáforas: “Viajero". Esperanzado deseo: no mirar hacia atrás, como si saliera de las pecadoras Sodoma y Gomorra. Hay mandatos explícitos: escapar de lo urbano, de las "leyes impías", del poder de "los Magnificentes" quienes "sabotean... cualquier vida humana." Un llamado a la reflexión: no regreses "donde toda razón se extravía", "donde todo vestigio de misericordia se consume." Cualifica la humanidad como "especie menor pero despiadada y avariciosa". Una plegaria dirigida a "los vasallos" que se entregan por necesidad, y una sentencia para aquellos que no rechazan las prácticas de los "Magnificentes" y "Sólo perviven su piel y sus huesos, que se agitan con la brisa como caducos actos de gentileza secados por los soplos del tiempo". Es una crítica feroz al poder donde solo se puede regresar, según las últimas palabras, blandiendo una "flamígera espada". Este relato es un llamado al despertar de las conciencias.


Concluyo que, en Breviario negro, la belleza no desdeña ni el horror porque, en tiempos de infancia, guiños de luciérnagas despertaron a un niño soñador para que, luego, el escritor en que se convirtió imaginara un mundo, tres mundos, mil ficciones.



Lilian Haydee Cheruse: oriunda de la ciudad de Baradero y radicada en la ciudad de Rosario, Argentina; Profesora en Letras con un Posgrado Internacional en Cultura y Comunicación. Formó parte de la Comisión Directiva de la Asociación Amigos de la Biblioteca Argentina en Rosario (2007-2012). Integró el personal de planta del Concejo Municipal de Rosario culminando su carrera administrativa en dicha institución como Directora General de la Comisión de Cultura y Educación (2016-2018). En años anteriores organizó actividades culturales e integró grupos ligados a la cultura, algunos desde su coordinación. Obtuvo en el año 2007 un Diploma otorgado por el Movimiento Cultural Rosarino en reconocimiento a la labor desarrollada en el área de la Cultura. El 27 de noviembre del 2010 durante el acto de presentación del libro de cuentos y relatos Lilian Escribe (Ed. Cuenta Conmigo) el Concejo Municipal de Rosario le otorga por Decreto un Diploma de Honor por su labor en la Cultura y declara de Interés Municipal dicha publicación. Ha sido panelista en programas de Televisión y radio con contenido de interés general. Colaboró con el Programa de TV que emitía Cable Hogar, Canal 4 de Rosario: “El Concejo + la gente”, asiste como invitada a programas de radio por su rol como escritora y ha visitado escuelas para dialogar con los alumnos sobre sus publicaciones. Autora de prólogos y reseñas literarias, incluyéndose una reciente para una muestra pictórica. Participó en diferentes Antologías. En mayo de 2018 publica el libro de cuentos para niños El cometa tiene un secreto (Ed. Cuenta Conmigo), declarado de Interés Cultural y Literario por la ciudad de San Lorenzo, junio de 2018. En octubre de 2018 publica Vuelta Locas, cuentos y relatos (Ed. Cuenta Conmigo).

domingo, 10 de marzo de 2019

Reseña de Las frutas de la luna, por Carlos Almira

En la reseña que Carlos Almira escribió en su momento sobre Las frutas de la luna, nos deleita con su planteamiento al recalcar que -en este libro cardinal suyo- nuestro autor inaugura una nueva etapa, adentrándose en cósmicas y novedosas temáticas. Los textos de este volumen van más allá de lo que se espera del relato: exprime el género para que ofrezca un nuevo sabor, un aroma inusual e incitante, una textura híbrida de registros narrativos y metafísicos, unas emociones porosas, unos frutos -en definitiva- inolvidables.
Las imágenes que acompañan esta entrada son obra del pintor Miguel Mochón de la Torre, viejo amigo y Sátrapa del Institutum Pataphysicum Granatensis.




viernes, 1 de marzo de 2019

Ángel Olgoso, por Irene Andres-Suárez

Aunque Ángel Olgoso considera que escribe relatos literarios sin más, independientemente de la extensión, e intenta desmarcarse de los encasillamientos fáciles, con frecuencia ha sido ponderado como uno de los más brillantes cultivadores del microrrelato (y de sus pioneros, pues ya escribía cuentos brevísimos a finales de los setenta). Uno de los mejores y más exhaustivos estudios sobre esta faceta de Ángel lo escribió la especialista Irene Andres-Suárez, de la Universidad de Neuchâtel, y se publicó como capítulo de su libro de referencia sobre el tema El microrrelato español. Una estética de la elipsis (Ed. Menoscuarto), junto con los relativos a Luis Mateo Díez, José María Merino, Juan Pedro Aparicio, Julia Otxoa o a los precursores del género Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna y Max Aub.
Las obras que acompañan esta entrada son del pintor y grabador chileno Nemesio Antúnez.



sábado, 23 de febrero de 2019

Las Montañas de los Gigantes a la caída de la tarde

Geometría del desconcierto fue un proyecto conjunto del poeta Juan Carlos Friebe, el artista Jaime García y el promotor cultural José Vallejo. En ese estimulante espacio multidisciplinar de reflexión y difusión cultural, se publicó el relato de Ángel Olgoso Las Montañas de los Gigantes a la caída de la tarde, uno de los relatos más largos de Ángel, perteneciente a Las frutas de la luna y compuesto por tres textos en matrioska: varias páginas del diario de un profesor de Arte, un fragmento de la tesis de un alumno suyo sobre el pintor Friedrich y, la parte principal y más extensa, el capítulo íntegro de las memorias de alguien que de joven conoció al maestro y lo acompañó, durante tres noches del verano de 1835, a tomar apuntes del natural para un cuadro muy especial que debía representar la luna de un modo turbador.



viernes, 15 de febrero de 2019

Presentación de Las frutas de la luna, por Juan Carlos Friebe


Os dejo con la maravillosa presentación que hizo Juan Carlos Friebe de Las frutas de la luna en la Sala Cultural Nueva Gala. Buen amigo de Ángel y uno de nuestros más excelentes y rigurosos poetas, Juan Carlos Friebe hace hincapié en la apabullante destreza lingüística de Ángel, en la fascinación de sus historias y en el lirismo de sus relatos, capaces de emocionar como si se tratase de poemas.
Las fotos las tomó Ángel Cabrera Fernández.