Ángel Olgoso

He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

sábado, 24 de octubre de 2020

La brújula de Olgoso

Compartimos el cariñoso y reivindicativo artículo que el escritor y periodista César Requesens publicó en el periódico Granada Hoy a propósito de la reedición ilustrada de Astrolabio.
 


LA BRÚJULA DE OLGOSO

(César Requesens)



No puedo ser objetivo al escribir sobre mi amigo Ángel Olgoso y su exquisito libro Astrolabio (Reino de Cordelia, 2020), primorosa reedición ilustrada por la artista Marina Tapia, que presentó en el Cuarto Real el viernes tarde arropado de una nutrida caterva de enmascarados a lo Covid que no éramos otros que sus muchos amigos, admiradores de una trayectoria literaria generosa en la entrega a la escritura y en la renuncia al oropel por el que otros pierden el alma para ganar no se sabe bien qué y si ese qué compensa.

Lo que sí que compensa es escuchar a Olgoso releer sus cuentos y disfrutar de esa su concisión milimétrica macerada con los años de oficio, esa su forma abnegada de construir una gran obra, con líneas propias y coherentes, marcando un camino que luego siguen y seguirán otros muchos tras los pasos de la 'brújula' que es este escritor ya imprescindible de las letras hispanas.

Es envidiable su paciencia, de la cual yo carezco. Porque uno, en su modesta pretensión literaria, aspira tan sólo y como mucho a recoger la espuma de los días lo mejor que puede mientras que otros, como es su caso, son capaces de ponerle puertas al mar apresando en sus palabras hasta el mismo rumor del oleaje. Admirable.

Cada relato de Astrolabio es una voz lanzada entre las montañas que reverbera devolviendo el eco de otras grandes voces a las que da gusto distinguir entreveradas con la voz tan pura y medida de este escritor de aquí.

Ocurre con Olgoso que, al contrario de muchos, no es él quien se hace el panegírico. Bien al contrario, su modestia le lleva a que tengamos que ser otros escritores, casi todos, los que ensalcemos su obra rica y variada, diversa y compacta, en lo que supone ya un lugar común en las letras actuales ese decir sin dudarlo: "Qué bien escribe Olgoso".

Estando ya en la cima de su obra, extraña que no se editen más sus obras, que la oficialidad cultural no caiga en la obviedad de que tenemos entre nosotros a un grande que no va de nada más que de Ángel, salvo para los que le tenemos por lo que es, un destello de luz entre la espesura, un autor que deja su estela de sincero buscador de estrellas en libros que quedan como un alarde en la forja de lo imaginario, metal blando entre las manos de este titán que me dedicaba su Astrolabio al borde mismo de la noche.


Astrolabio ilustrado en Ideal

Compartimos el artículo de Antonio Arenas publicado en Ideal en su edición en papel el 20 de octubre, así como el enlace al artículo completo del suplemento IDEAL EN CLASE, que contiene fotografías, ilustraciones del volumen y los tres textos íntegros de los presentadores, Andrés Cárdenas, Marina Tapia y Ángel Olgoso. Gracias a Antonio Arenas por su incansable labor informativa en beneficio de la cultura de Granada.




UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD 

PARA 'ASTROLABIO', 

DE ÁNGEL OLGOSO

 

(Antonio Arenas)


                                                            Foto: Antonio Arenas


Hay libros que se publican y en poco tiempo pasan a dormir el sueño de los justos (por no decir a ser olvidados en una estantería, en el mejor de los casos, o al contenedor de reciclado de papel). Otros, en cambio, como los buenos vinos, ganan con los años e incluso se revalorizan por su rareza, calidad y dificultad para encontrarlos. Algo así es lo que le ha ocurrido a la edición de 'Astrolabio', de Ángel Olgoso (Granada, 1961), editado en 2007 por cuadernos del Vigía que, en las librerías de segunda mano, se cotiza a cerca de 150 euros. Por ello, el autor ha creído que obra merecía una nueva oportunidad -y nuevos lectores- con un importante valor añadido: las ilustraciones de la artista chilena Marina Tapia (Valparaíso, 1975). Y todo por un precio mucho más asequible del que veníamos encontrando en las librerías de segunda mano.


Y, por fin, esta nueva edición ilustrada de la obra de "uno de los grandes cuentistas en la lengua de Cervantes", en palabras de Fernando Valls, se presentó en público en el Cuarto real de Santo Domingo, ante un público que, con cita previa, ocupó este espacio. Sobre la tarima, el periodista Andrés Cárdenas que contó varias curiosidades y anécdotas relacionadas con Olgoso, para terminar afirmando que este narrador "utiliza un universo, su universo, para decir lo que siente y dice lo que siente para completar su universo. Con 'Astrolabio' -añadió-, el lector se lo pasa bien porque le permite acrecentar un montón de sensaciones: la de estupor, la del miedo, la del asombro, la del humor incluso..." Por su parte, Marina Tapia, en su breve intervención, explicó cómo surgió la idea de la reedición con el valor añadido de sus ilustraciones. "Fue el primero que leí y me deslumbró -dijo Tapia-. Se prestaba a ser ilustrado con imágenes potentes pero sencillas que no repitieran lo ya narrado. Me basé sobre todo en el mundo de los objetos".


Caleidoscopio


Ángel Olgoso fue el último en hacer uso de la palabra para leer unos folios en los que fueron desfilando relevantes figuras de la narrativa como Eça de Queirós, Álvaro Cunqueiro, Italo Calvino, Borges, Bioy Casares, perucho, Carlos Edmundo de Ory, para terminar con la lectura de varios de los relatos incluidos en 'Astrolabio' que definió como un "libro poliédrico, versátil, un pequeño caleidoscopio hecho de sueños disparatados, un puñado de miniaturas un tanto desaforadas sorprendidas en esta deliciosa edición de belleza casi artesanal a cargo de la editorial Reino de Cordelia, donde brotan libros hechos para la fruición de los sentidos, con un papel, unos detalles gráficos y una tipografía que son toda una tentación para los lectores ávidos de belleza". Además, el escritor citó a uno de los primeros lectores que le comentó que con este libro "había experimentado algo semejante a un menú de Ferrán Adriá, muy variado, de sabores audaces y texturas sorprendentes que iban de lo dulce a lo salado, de lo crujiente a lo gelatinoso, de lo ácido a lo agrio, de lo esponjoso a lo quebradizo". Tras el acto, Marina y Ángel, provistos de guantes, dedicaron los ejemplares con los que habían acudido la mayoría de los asistentes.

Presentación granadina de Astrolabio ilustrado

Os dejamos con el texto completo que Ángel Olgoso leyó durante la presentación de la reedición ilustrada de Astrolabio (Reino de Cordelia) en el Cuarto Real de Santo Domingo el pasado 16 de octubre, en compañía de Andrés Cárdenas y de la ilustradora del volumen, Marina Tapia, así como algunas imágenes del acto.

 



PRESENTACIÓN DE “ASTROLABIO”
 
(Ángel Olgoso) 


Opina Lobo Antunes que esperar que un escritor diga cosas interesantes es lo mismo que esperar de un acróbata que, en su vida diaria, vaya dando saltos mortales por la calle. Me temo que, aunque quisiera, no podría desmentirlo. Y los únicos saltos mortales que podrían darse hoy aquí -a no ser que Marina o Andrés nos sorprendan gimnásticamente- se encuentran en los relatos que componen este libro, saltos detenidos en el aire y en el tiempo mientras aguardan a un lector. Precisamente siempre me ha fascinado ese símil de Merino que contempla las novelas como grandes planetas que se mueven pesadamente, planetas de distintos tamaños y diferente color, aunque todos se caracterizan por acarrear en su masa muchos elementos óseos y musculares y desplazarse con cierta lentitud, por muy majestuosa que llegue a ser. Alrededor de ellos están los asteroides de los cuentos, un sistema rico donde bullen cuentos de todas las formas y colores, cuentos voladores, saltarines, que se asoman y desaparecen enseguida, dejándonos una poderosa impresión de vida. Lo sorprendente es la solidez que, utilizando muy pocos recursos, consiguen alcanzar esos cuerpecillos nerviosos y versátiles. 

 


Los relatos que componen este Astrolabio son textos estéticamente autosustentados, textos independientes sin común denominador, cada uno de ellos cristaliza según la necesidad interna que gobierna su extensión, su estructura, su voz narrativa, su ritmo, de lo cual resulta -por debajo de su planteamiento poético y concentrado- una abundante variedad formal. Podrían emparentarse tal vez estos textos con los “grutescos”; término etimológicamente afín al de “grotesco”, pero que remite más bien a una curiosa moda artística del siglo XVI, surgida a partir de los apuntes tomados por los artistas, a la luz de las velas, de los frescos romanos que cubrían los muros y las grutas de la Domus Aurea de Nerón. Montaigne definió los grutescos como “pinturas fantásticas, cuyo encanto radica en lo variado y lo extraño”, y los enlaza con sus escritos, pues -dice- “¿qué son, en verdad, éstos sino grutescos y cuerpos monstruosos formados con miembros diferentes, sin ningún rostro, no teniendo más orden, lógica ni proporción que las del azar?”. En Astrolabio he optado por una libertad total de enfoques; es un libro poliédrico, versátil, un pequeño caleidoscopio hecho de sueños disparatados, un puñado de miniaturas un tanto desaforadas sorprendidas en esta deliciosa edición de belleza casi artesanal a cargo de la editorial Reino de Cordelia, donde brotan libros hechos para la fruición de los sentidos, con un papel, unos detalles gráficos y una tipografía que son toda una tentación para los lectores ávidos de belleza. Ha sido un privilegio que -una vez agotada la primera edición de Astrolabio de 2007- se me haya permitido el paso a esa cueva de maravillas que es el catálogo del sello madrileño, repleto de joyas clásicas y modernas. Por no hablar del milagro añadido de las fascinantes y sugerentes ilustraciones de Marina Tapia, que no sólo potencian el minimalismo a la vez barroco y abocetado de los textos sino que los iluminan con otra luz y con otras sombras, vitaminizándolos con el soplo de poesía y gracia propio de su arte y su persona, lo que como resulta obvio ha supuesto un privilegio y un placer. Marina es esencialmente poeta -yo diría que de nacimiento- pero las palabras no son su única habitación, como para Emily Dickinson. Las palabras son la estancia principal de la casa creativa de Marina, que contiene sin embargo otras piezas más coloristas y comunitarias, la de la pintura y la ilustración, la de los títeres, la de la transmisión poética oral, o la del contagio por la belleza y el conocimiento.

 


Volviendo a Astrolabio, sus bebedizos han sido destilados tras zarandear un poco el cuento bien construido, apelando a otros registros y texturas más lúdicos, cuestionando sus límites, no por desamor o por pura experimentación, sino para ayudar dentro de mis modestas posibilidades a que no se apague su llama primigenia. Es la obra de alguien a quien no le interesa reproducir la calderilla de lo cotidiano o lo que Eça de Queirós llamaba “la impertinente tiranía de la realidad”, sí gusta en cambio reinterpretarla o suplantarla, sí le deleitan esos disparos a la luz de cuyos fogonazos se pueden ver de pronto y quizá por primera vez rincones escondidos; en definitiva, una literatura de imaginación, de torsión de lo real, pero más acicateada aquí por los retos narrativos y por una experimentación con géneros y subgéneros. 

 


El añorado Álvaro Cunqueiro, respondiendo a supuestas similitudes de su obra con otros autores fantásticos, aclaró en un ocasión que Italo Calvino solía engarzar sus narraciones con algún aspecto didáctico; que Borges intentaba darle un sentido cientifista para que su narración se correspondiera con un orden cuasi matemático; que Perucho hacía surgir su erudición como algo serio, lo cual corta bastante la narración y da la sensación de que tiene miedo de dejarse llevar por lo fantástico de su historia; y que a Bioy Casares le sucedía algo semejante. La mía, sin embargo -dice Cunqueiro-, parece como una pura broma, un divertimento, un contar por contar, y el primer distraído y divertido soy yo. Pues bien, una buena forma de describir este libro sería decir que en él se pueden encontrar -salvando las lógicas y abismales distancias- ejemplos de muchos de estos aspectos. Otra forma sería citar unos versos muy pertinentes de Carlos Edmundo de Ory: “No hay más que sima y cimas/ espanto y maravilla/ dicha y ruinas/ mieles y males/ bajo y alto/ nubes y lotos/ no hay más que angustia y fiesta”.

 


El título, Astrolabio, designa el instrumento de navegación (etimológicamente “el que busca estrellas”) y apunta, también, a la unión de dos magnitudes distintas, el astro y el labio, lo colosal y lo diminuto, la explosión y la implosión, lo ardiente y lo tibio, lo lejano y lo cercano. Tal vez este Astrolabio guíe al lector hacia algún lugar desconocido o imposible, hacia diversas latitudes geográficas y temporales. O, al menos, lo extraiga por un rato de las garras de lo real mediante una sacudida o un bálsamo, atendiendo a la opinión que expuso Dickens en El grillo del hogar acerca de los libros de cuentos, "cuyas benéficas narraciones habréis bendecido cien veces, por lo bien que saben disipar la monotonía de este mundo prosaico".

 


Si un libro mío anterior como Los demonios del lugar era un descenso concéntrico y alucinado a los infiernos, y Las frutas de la luna una perspectiva cósmica de la especie, Astrolabio -aun con algunos delirantes jirones de lo anterior- tiene una atmósfera menos oscura y metafísica, un aura menos fatalista, su caligrafía se presenta menos enrarecida, casi frívola en ocasiones. Con este instrumento entre las manos, el lector podrá navegar a través del infinito mar de las posibilidades y toparse con revisitaciones históricas, con relecturas mitológicas, con piezas policíacas y metaliterarias, con bibelots orientales, paradojas científicas, epifanías, juegos temporales, universos autocontenidos, personificaciones de objetos y animalizaciones de personas, experiencias místicas, placeres inefables, percepciones extrasensoriales, metamorfosis, bilocaciones… Uno de los primeros lectores de Astrolabio me comentó que había experimentado algo semejante a un menú de Ferrán Adriá, muy variado, de sabores audaces y texturas sorprendentes que iban de lo dulce a lo salado, de lo crujiente a lo gelatinoso, de lo ácido a lo agrio, de lo esponjoso a lo quebradizo. Y es cierto que ese ideal de depuración, de mezcla de magia, emoción y laboratorio ha estado siempre presente en mi obra. Stephen Spender decía que en un poema la palabra tiene un peso específico y que, en prosa, las palabras deben llevar una señal que diga “no me mires, la historia sigue en esa dirección”. Sin embargo, yo no quiero renunciar a ninguna de esas cualidades. Creo que se puede contar una historia con palabras que tengan peso específico, con una prosa cuidada, exigente, depurada. Creo que se pueden conseguir resultados de una aterradora economía y, a la vez, de una mágica fulguración. Y este libro ecléctico es fruto de ello y de una mirada hecha de inocencia y extrañeza. Sin embargo, al igual que muchos otros de mis relatos en los que he intentado aunar la precisión y belleza del lenguaje con la singularidad de la historia, al ser visiones entre lo real y lo onírico y tener un contenido simbólico, los de Astrolabio pueden prestarse también a distintas interpretaciones. Me gustaría pensar, además, que Astrolabio es un libro para la lectura y la relectura, meta más que deseable para cualquier obra, junto con la de lograr emocionar, inquietar o interrogar al lector.

 

 

Para finalizar, voy a reproducir la célebre conversación levantada por Maupassant en esa rareza que es su novelita El doctor Heraclius Closs, entre el Ilustre Decano que lo esperaba todo del eclecticismo y el Doctor que lo esperaba todo de la revelación:

“-Amigo mío -decía el Decano-, hay que ser ecléctico. La filosofía es un amplio jardín que se extiende por todo el planeta. Recoja las flores resplandecientes del oriente, las floraciones pálidas del Norte, las violetas de los campos y las rosas de los jardines, haga un ramo con todas ellas y huélalo. Aunque su perfume no sea el más exquisito que se pueda soñar, al menos será muy agradable, y mil veces más suave que la esencia de una sola flor, aunque fuera la más fragante del mundo.

-Sin duda alguna, será más variado -dijo el Doctor-, pero no más suave si se consigue encontrar la flor que reúne y concentra en sí todos los perfumes de los demás.”

 

 

Ojalá en este variado ramo encuentren ustedes numerosos perfumes y, también, alguna esencia. Y confío en que, en esta nueva edición de Astrolabio hermoseada por el arte de Marina, sus relatos aún mantengan esa saludable inquietud, esa cuidadosa concentración de detalles, esa rítmica emoción y esa chispa sensual sin las cuales cualquier texto está muerto.

 


sábado, 17 de octubre de 2020

PequeFicciones

Ángel Olgoso participa con un texto en PequeFicciones, antología de microrrelatos que aspira a aliviar un poco el confinamiento de los niños de Hispanoamérica. La ha publicado Parafernalia, y la han compilado Manolo Ortiz Soto y Chris Morales con autores de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, España, Honduras, Marruecos, México, Nicaragua, Perú, República Dominicana y Venezuela.

Os dejo con el enlace de descarga del volumen completo y con el texto de Ángel.

LINK de descarga: https://www.parafernalia.org/pequeficciones/

 

 


SED DE CUENTOS

(Ángel Olgoso)

 

Me pidió un cuento y le conté la historia del niño glotón que tras la papilla se comió el plato, tras la mesa se comió la casa, tras la ciudad se comió los terrones de azúcar moreno de las montañas, tras beberse los océanos se tragó de un bocado el panecillo del planeta con su copete de helado, tras la macedonia del Sistema Solar engulló la ensaimada de las galaxias y el tazón de leche con canela de las nebulosas, tras los cascabillos garrapiñados de los meteoros se zampó el almíbar ardiente de las estrellas, tras la materia oscura con su punto de picante rebañó los restos ya fríos del universo, pero ni todo ese glorioso festín bastó para saciarlo. Esa noche no quiso otro biberón.

Cada noche de los siguientes años me pidió un cuento: con unos, la fiebre desapareció, durmió a cuerpo de rey, no tuvo pesadillas con el colegio o me sonrió como a un perro fiel tendido a su lado; con otros, le tuve que dejar la lucecita encendida, lloró añorando a su madre o se mantuvo bien arropado.

Un buen día, él creció y creció y, en razón de las circunstancias, ahora es él quien me lava y me viste, quien me peina y me arropa, quien me besa en la mejilla, y yo el que balbuceando, contemplándolo con aire de súplica y fervorosa gratitud, le pide un cuento, le pide que me sorprenda cada noche con la fascinación que procura el asombro.


sábado, 3 de octubre de 2020

El vuelo de la arcilla

Ángel Olgoso colabora con una brevísima selección de haikus en El vuelo de la arcilla (Ed. Hebras de tinta), volumen colectivo que recoge una buena parte de las poesías presentadas al Certamen Ecoverso en el Geoparque, convocado por la asociación La Oruga Azul de Guadix. La antología ha sido coordinada por su presidenta Carmen Hernández Montalbán, y cuenta con las colaboraciones de otros poetas invitados de reconocido prestigio. Los poemas están inspirados en el tema de la ecología y el cambio climático. 

 


 


UKIGUMO (nubes pasajeras)



Desde las nubes

una nube nos mira

a la deriva.




El pico de la perdiz

en miles de gotas de rocío se refleja.

Cada amanecer.




De nuevo el otoño, plácido y austero.

Al caer la tarde,

pequeños incendios de broza sobre los campos.




Tordo.

Disparo de un cazador:

átomo de plumas.




Bajo el quieto arrecife

de la vida de los hombres,

miríadas de luchas.




Bandada de aves

ensartando una nube.

Cielo enjoyado.




Sentado inmóvil

entre el arriba y el abajo

que se alejan en la distancia.




El eco atropellado

de la lejana tala de robles

se pisa la cola.




Las estrellas son guijarros,

las flores se marchitan

aunque se las ame.




Perfectos como la trabazón de las estrellas

son los dibujos

del pulido caparazón de un caracol.




Nada queda de la sublime pureza

en la feria de lo real.

Nubes multiformes se estiran arriba.