He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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miércoles, 2 de octubre de 2024

Entrevista de José Antonio Muñoz en Ideal a raíz de "Sideral".

Entrevista en el diario Ideal de Granada a propósito de "Sideral", por José Antonio Muñoz.



El granadino Ángel Olgoso, uno de los maestros del relato en España, publica “Sideral”, la segunda parte de sus obras completas en este género.

(José Antonio Muñoz)


-¿Qué es “Sideral”?

Es la destilación de todos ms relatos escritos con tonos de ciencia ficción, de distopía o con alguna vibración técnica, y de otro donde la realidad se presenta alterada por lo extraño como un campo magnético. Aquí reúno narraciones espigadas de entre las 700 escritas en los últimos cuarenta años, que incluyen -entre otros muchos temas- el desmantelamiento del atrezo del universo, una nueva versión de la Creación, un ‘zoom’ a las profundidades del espacio, un apagón cósmico, un prisma que contiene todas las vidas alternativas, historias de amor entre máquinas, prisiones geométricas, astronautas en busca de vida extraterrestre, metamorfosis, homúnculos artificiales, pruebas patentadas de la existencia del Más Allá, comunidades humanas subacuáticas, deslizamientos de planos temporales y espaciales, un viaje al centro de la Tierra, un dios olvidado en un remoto desván entre las estrellas, una ‘road movie’ apocalíptica, o la aparición de nuevas lunas en el cielo.


-¿De dónde surgió su interés por la ciencia ficción y qué características diferenciales tienen estos relatos con respecto a los ‘leitmotivs’ del género?

Siempre me ha embelesado la música de las esferas, la astronomía, la astronáutica (quizá porque nací con la carrera espacial, en las mismas fechas en que Gagarin se elevaba sobre el planeta) y, además, la ciencia ficción forma parte indisoluble de la literatura imaginativa que practico, esa que permite suspender la incredulidad, forzando incluso aún más los límites hasta lo vertiginoso; por tanto, era inevitable que entre los centenares de relatos hayan germinado casi espontáneamente muchos de ficción más o menos científica. Como cada uno es un yo irrepetible, un universo con su propio espacio-tiempo, resulta lógico que la mía sea una ciencia ficción muy personal, con una impronta propia, que se abre no sólo a historias de alcance especulativo sino a perspectivas poéticas, metafísicas o satíricas. Tal vez en ellas haya un intento -seguro que inconsciente- de ampliar las expectativas estrechas que suelen tener los lectores acerca del género.


-A propósito de esto, ¿sigue siendo la ciencia ficción un género menospreciado en el ‘mainstream’ literario?

Me temo que sí, a pesar de la proliferación de obras y autores muy interesantes (Chiang, MacInnes, Cixin o Doctorow) y de su galopante hibridación con otros géneros, y es una verdadera lástima, porque la ciencia ficción, además de un sismograma del presente, puede ser también una búsqueda de sentido, una tormenta de ideas, una reflexión sobre lo humano y lo no humano, sobre cuál es nuestro lugar en el universo.


-¿Quiénes han sido sus referentes en el género?

Más que los autores de la Edad de Oro de la ciencia ficción, la más puramente científica y humanista de Asimov o Clarke, me ha interesado en especial el halo poético y romántico de Bradbury, los simulacros paranoides y realidades alteradas de Dick, lo residual humano en Ballard o la fusión de lo ético y lo grotesco en Lem. También disfruté enormemente las visiones peligrosas de Ellison y el bastardismo salvaje de Farmer. Imagino que en “Sideral” habrá algún eco de ellos, pero creo que estos relatos míos se alinean de forma mucho más orgánica con las geometrías insólitas de Kafka y de Borges y, sobre todo, con las alegorías irónicas, existenciales y fantásticas de Buzzati.


-Hay en estos relatos un cuidado del lenguaje no muy habitual en la ciencia ficción.

El esmero con la prosa es consustancial a mi labor creativa. En fin, ya sea frondoso o minimalista, el lenguaje -al menos en mi caso- es siempre el personaje principal. Y, por otro lado, siempre me ha fascinado el reto de describir poéticamente la astronomía, sus cuerpos, sus movimientos, sus magnitudes, de acercarse al sentido de las cosas y a su pasmosa fugacidad.


-¿Sirve la ciencia ficción para denunciar los excesos del progreso?

Por supuesto, y del peligro de hacerlo con secretismo. Se diría que flota la sensación de que realizar todo lo que permite la ciencia puede conducirnos al abismo. El ser humano ya ha pagado un alto precio por algunas utopías y comienza a pagarlo por algunas distopías, tras las que está el simple negocio. Apenas llevamos aquí 200.000 años y nos comportamos con una arrogancia suicida.


-La imaginación, en la ciencia ficción, ¿conviene embridarla o desbocarla? ¿Cómo le gustaría que acogiera el lector los relatos de “Sideral”?

Desde luego, la imaginación va mucho más deprisa que el cálculo, más que la luz irradiada desde las gigantescas antorchas de las estrellas. La definición de ciencia ficción es, en realidad, el arte de lo posible, de las ideas que no existen pero que lo pueden cambiar todo. En cuanto a la segunda cuestión, ojalá algunas de estas historias parezcan sacadas literalmente de otro planeta, flotar entre la realidad y el ensueño, entre el microcosmos y el macrocosmos. Ojalá renueven la capacidad de asombro del lector. Y no estaría mal que sirvieran, de paso, para enmendarle un poco la plana a la sugestiva frase de Éluard: “Hay otros mundos, pero no están sólo en este”.

domingo, 21 de julio de 2024

Carta al Director de Ideal por Miguel Mochón

Hace veinte años el pintor iconoclasta y patafísico Miguel Mochón de la Torre envió esta carta al director del diario Ideal.



domingo, 6 de agosto de 2023

Entrevistas sobre "Nubes de piedra" en Ideal y Todoliteratura.es

Muy agradecido a Todoliteratura.es y al diario Ideal por esta completa entrevista acerca de "Nubes de piedra" (Fagus Editorial).




1.-¿Cómo definiría o presentaría “Nubes de piedra”?
Este libro es mi prehistoria literaria -mi prehistoria narrativa concretamente-, del que sólo han quedado fuera los primeros balbuceos en prosa tras cinco años escribiendo poesía. Lo escribí a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, y creo que ya está presente el germen de los principales temas de mis libros posteriores: lo extraño, lo sorprendente, la ironía o incluso la sátira, las premisas extravagantes, las composiciones pesadillescas o vertiginosas, las propuestas asombrosas, los retos compositivos. Creo que los 35 relatos de “Nubes de piedra” viven en ese estado fronterizo entre el sueño y la realidad, entre la humorada y la insolencia propia de la primera juventud, entre la fantasía y una incipiente exigencia formal: aquel narrador ya comenzaba a gozar con la capacidad subversiva de la escritura breve.

2.-Para usted, según ha dicho, ¿la imaginación es el bien más verdadero y liberador?
Así lo creo, tengo el convencimiento absoluto de que la imaginación proporciona un sustituto soberano a la vulgaridad cotidiana. La imaginación, que es al mismo tiempo el fermento de la experiencia y el antídoto contra el horror de la vida, nos hace poderosos siendo como somos seres insignificantes y efímeros, nos permite trascender las infinitas magnitudes del espacio y el tiempo. Vivir sólo una vida me parece una terrible prisión. Decía Pessoa que toda la literatura es un esfuerzo por hacer real la vida, que es absolutamente irreal en su realidad directa. Yo lo simplificaría aún más con la siguiente fórmula: la realidad es fantástica y la ficción real. Y la imaginación se nos presenta como un ave de grandes alas con la que podemos sobrevolar el territorio en busca de tesoros valiosos, confortadores, nutritivos. Cuando escribí “Nubes de piedra” era joven, me fascinaban las perspectivas imposibles de Escher, las prisiones imaginarias de Piranesi o el expresionismo fantástico de Kubin, e intentaba que lo imaginativo cabalgara con furor desbocado, que fuera -como en el primer Romanticismo- hermoso, loco, embelesador, y un tanto perverso, como se podrá comprobar a lo largo del libro en muchos ejemplos de incorrección política.


3.-¿Cuál es el núcleo de estos relatos, si es que lo tienen?
Los relatos de “Nubes de piedra” son extraños disparates, historias que tienen un pie en el delirio (Como en “In extremis”, “El efecto del polvo Pyrethrum sobre los insectos”, “El otro diluvio” o “El hombre sucio”), piezas provistas de formas y texturas distintas (como “China”, “Látigo”, “Creciente” o “34 historias de amor”), y creo que que su centro de gravedad es la fruición imaginativa, aunque el placer lingüístico ya empieza a despuntar (véase “Primula Veris”). Pensándolo bien, quizá estos relatos expresen, esencialmente, la perplejidad de aquel joven ante el mundo, su rebeldía contenida, sus miedos, su necesidad de evasión.

4.-¿Es cierta la impresión de que en este primer libro de relatos hay mucho más humor que en los posteriores?
Totalmente, aunque con matices. No puedo evitar que en casi todos mis libros se filtre la ironía, pero sí es verdad que lo hace de forma decreciente (supongo que a medida que la vida va tomando rasgos de pesadilla demencial y que uno ya se va acercando a los momentos aurorales de la senectud). Y, al mismo tiempo, entre el abundante humor negro de “Nubes de piedra” comienzan a emerger ya burbujas de misterio, maravilla o sorpresa. En aquella época, además, descubrí la Patafísica e hice mío el lema de Boris Vian, uno de sus más inspirados príncipes: me esfuerzo de buena gana en pensar cosas en las que pienso que los demás no pensarán. De hecho, la Ciencia de las Soluciones Imaginarias potenció claramente algunos de estos relatos, como “Pulstar” o “El Club de los Novecientos Flautistas”. También me gustaba en aquellos años el sarcasmo desmitificador, aunque un poco elemental y escatológico, de Gógol: “El ser humano es un sujeto que se cree estupendo hasta que sufre un retortijón”.

5.-Marina Tapia vuelve a ilustrar un libro suyo, ¿no es cierto?
En efecto, Marina, una de las más cabales poetas en castellano, también es artista gráfica y ya tuve el privilegio de que ilustrara la segunda edición de “Astrolabio” (Reino de Cordelia). Y es un verdadero placer contar de nuevo con su arte. Ella siempre capta el espíritu del texto y lo enriquece con sugestivos detalles y perspectivas. Marina, que tiene una curiosidad insaciable por el mundo y a la vez una delicadeza especial para mirarlo, sabe destilar poéticamente cada relato y dejarlo en sus elementos esenciales. Flaubert, por ejemplo, era enemigo de las ilustraciones, le exasperaban, pensaba que “la más hermosa descripción literaria es devorada por el dibujo más ramplón”. No obstante, opino que, en este caso, el inmenso talento de Marina y el libérrimo carácter de estos relatos impiden tal eventualidad.

6.-¿Por qué se ha decantado por Fagus Editorial?
Por la entusiasta labor a favor del cuento por parte de la editora Silvina Elías y del escritor Beni Domínguez (tienen incluso el proyecto de revivir los “Pliegos de cordel” ilustrados. A ambos les agradezco de corazón su interés en publicar esta mi primera colección de relatos. Y no me olvido de José Luis Gärtner, que le ha regalado al volumen un pórtico de altura, un estimulante, un ingenioso y completísimo prólogo. Ojalá el lector que se acerque a esta historias las recuerde luego como sueños. Ojalá, aunque hayan cumplido ya cuarenta años, al lector que muerda esta fruta desconocida (en su doble acepción de obra inédita y extraña) le parezca una pieza refrescante que todavía conserva su acidez.




miércoles, 24 de agosto de 2022

Entrevista sobre "Bestiario" en Ideal

Entrevista de hoy martes, 23 de agosto, en el diario Ideal sobre "Bestiario" a cargo del periodista José Antonio Muñoz.


Ángel Olgoso (Granada, 1961), uno de los maestros del relato en español y Premio de la Crítica con "Devoraluces", vuelve con “Bestiario” (Eolas Ediciones), una aproximación literaria al complejo mundo de los seres que no existen, o que no vemos. El volumen cuenta con un prólogo de Jorge Fernández Bustos.

1. ¿Quizá nos llama tanto la atención lo entomológico porque los humanos no somos conscientes de nuestra pequeñez?

Exacto, tenemos un problema de perspectiva, nos cuesta vernos como un simple formicario de hormigas. Los tímidos estamos más acostumbrados a ese recogimiento del ego. Aunque si eres un tímido miope, es inevitable que te veas a ti menos borroso que a los demás. En realidad todos somos Gregor Samsa, el protagonista de “La metamorfosis” de Kafka. Este “Bestiario” podría considerarse un terrario de cristal, un termitero, un bosque animado en miniatura, donde sopla a placer la brisa de la imaginación. Aquí los animales son protagonistas pero también testigos y vehículo de reflexión sobre la identidad y sobre los límites entre especies y géneros. Más que apólogos, fábulas o alegorías, la fauna que acompaña desde sus inicios a la humanidad se materializa, entre estas páginas, en una estética del extrañamiento que es, por otra parte, sobre la que casi siempre he trabajado. Según Cortázar, las criaturas zoológicas permiten introducir la extrañeza en el discurso y desvelar las grietas fantásticas que se esconden bajo la superficie de la cotidianeidad. 

2. La muerte forma parte de la vida, dicen. Y hay quien sueña con la reencarnación, sin pensar en que la vida cansa, y determinadas vidas, más…
Me fascina el atroz hecho de que, de todas las formas de vida conocidas, sólo queden vivas un magro diez por ciento. Las demás, muchas de ellas extrañas o inimaginables, han desaparecido para siempre (aunque quedan pequeñas muestras como ornitorrincos, pangolines, capibaras, ajolotes, hormigas terciopelo, ranas de cristal, etc.). Me apasiona esa exuberancia de formas, esa energía desenfrenada, como si la naturaleza se hubiera ido alegremente por las ramas una vez tras otra. Te refieres al protagonista de “Samsara”, quien sufre la rueda de las reencarnaciones hasta acabar como un animal disecado. Sabemos que lo único que nos diferencia de los animales (que viven en estado de pureza, eternos, con el ritmo elemental de la tierra misma) es la conciencia de nuestra mortalidad. De hecho, si los miramos a los ojos nos parece intuir exactamente lo que sienten. Sin embargo nadie puede saber qué es un animal, en parte porque nadie puede saber lo que es cualquier cosa, y además porque es imposible considerar a un animal sin superponerse antropomórficamente a él.

3. ¿Qué tipo de cuentos de los protagonizados por animales le gusta más?
Todos, pues disfruto contemplando la realidad desde otras perspectivas, borrando la tenue silueta de la identidad entre las especies, agotando las posibilidades narrativas, cruzando puentes que conducen a otros estados de la materia, viva o incluso inerte. No podría elegir sólo algunos de entre todo este recorrido exhaustivo por la totalidad de mis libros (700 relatos), incluido el primero e inencontrable “Nubes de piedra”. Gocé por igual al escribir cada uno de ellos. En “Bestiario” hay lugar para la inquietud, la erudición y la extravagancia, para lo tierno y lo monstruoso, para el prodigio y la pesadilla, para la interpretación simbólica del cosmos o del imaginario colectivo, para la aproximación mitológica y arqueológica. Por suerte, en la literatura los pájaros pueden nadar y los peces volar, y los seres humanos cambiar de forma y de ser, metamorfosearse unos en otros de forma ovidiana, mendeliana o kafkiana: de la poderosa imaginación de los creadores siguen saliendo a enfrentar el mundo el cuervo de Poe, la cucaracha de Kafka, el dinosaurio de Monterroso, los pavos presuntuosos de Shakespeare, la ballena de Melville, los animales selváticos de Kipling,  el burrito de Juan Ramón y la “flor y espejo de los caballos” de Cervantes, los toros degollados de Esquilo o la tortuga que lo mató cuando un quebrantahuesos la dejó caer sobre su cabeza.

4. En uno de sus cuentos, plantea una subversión de las relaciones perro-amo. ¿Una parábola sobre las relaciones consideradas 'canónicas' y que se están subvirtiendo también?
He escrito mucho sobre perros, me di cuenta a posteriori: un perro que habla en “Bárbaro solo”, un hombre que se cree convertido en perro en “El perro verde”, un hombre que se promete con una perra callejera en “Grandes esperanzas”, un perro que contiene el espíritu y los recuerdos del hermano del protagonista en “Lamedores de cielo”. El relato “El asedio” es no obstante la rebelión del mejor amigo de hombre, la ofensiva de un ejército sin disciplina, una desviación del orden natural, de la falaz intimación de miles de años entre nuestras especies. En esta historia, los perros han escapado a su ciega servidumbre, han roto el pacto de fidelidad. Y es que, más que un compendio de animales parlantes, fabulosos o legendarios (también presentes algunos en este volumen) encontramos en “Bestiario” historias naturales y nada ejemplarizantes, retratos poco benevolentes de la condición humana. El campo de acción de las historias es siempre el ser humano, sus comportamientos, sus temores, su memoria, su crueldad, sus dudas, sus proyecciones mentales. Hay que recordar que los bestiarios medievales no sólo ayudaban a la gente a conocer animales exóticos y monstruosos, sino que servían para hablar de las virtudes y defectos, para hablar de personas y animales que ganaban o perdían su libertad.

5. Usted juega con frecuencia con las paradojas del espacio y el tiempo. Lo que para unos es un instante, para otros es una eternidad. ¿Se siente pulga o cocodrilo?

Sabemos que lo pasajero es eterno, las más grandes y solemnes verdades mentira y la poesía (la creación de belleza) la única prueba concreta de la existencia del hombre. “Bestiario” responde a mi apetito por lo maravilloso, lo distorsionado, lo fuera de lo común; a una cierta predisposición por mi parte a animalizar la realidad, mediante metáforas o literalmente. Quizá disfruto liberando a los animales de las jaulas de la convención, a través del juego, la broma y la sorpresa, desautomatizando el pelaje verbal de su naturaleza, que es la nuestra. Respondiendo a tu pregunta, a estas alturas debo haberme encarnado ya -siempre con gusto- en un buen número de animales, desde camaleón (“El pisapapeles”), cucaracha (“Edén Exprés”), tigre (“El demonio de Bengala”), burro bíblico (“Caída de cuerpos siderales”), tiburones (“Naufragio”), zorro (“Almohada de hierba dulce”), abeja (“Las barbas del cielo”), pulga (Merodeadora), cocodrilo (Samsara) hasta dinosaurios o perros. Además recuerdo animalizaciones literales en “Parte meteorológico” (revisión del mito del Arca de Noé) o en “Árboles al pie de la cama”.

6. ¿Hasta qué punto le influye la tradición del cuento oriental? ¿Y la mitología clásica?

Es cierto que casi cada libro mío de relatos incluye una historia oriental propia, homenajeando en especial a la fascinante y exquisita tradición japonesa. Y seis textos míos se incluyeron en la antología “Después de Troya. Microrrelatos hispánicos de tradición clásica”. No se trata sólo de una cuestión de gusto, de afinidades o de formas, sino de maneras. Estas tradiciones, por lo general, perduran porque han logrado recoger con sencillez algo esencial humano, una verdad eterna, común al hombre de cualquier tiempo y lugar. Son historias que están sustentadas a la vez en la autenticidad y en el misterio, no en banalidades, conflictos espurios ni ingeniosidades efímeras.

7. ¿Le supone un reto como escritor mezclar el microrrelato con el nanorrelato y los relatos de mayor extensión?

Siempre me he plegado por completo a las exigencias del texto, independientemente de la extensión. La soberanía de la historia es sagrada, no se puede forzar, ni podándola ni hinchándola.
Volvemos a la idea de la perspectiva: un árbol es, como decía Bruno Munari, la lentísima explosión de una semilla. Al tratarse de una recopilación de cuarenta años de escritura (aunque las narraciones no están extraídas en orden cronológico), conviven en “Bestiario” distintos registros, el microrrelato y el relato largo, la evocación poética, el terror, la sátira, la ensoñación, la metamorfosis, el cuento tradicional, la antropomorfización, la fábula, la escena bíblica, las hibridaciones, etc., y se barajan no sólo animales sino diversas atmósferas, técnicas narrativas y la propia extensión de los textos. Pienso que el resultado oscila entre entre el onirismo y la mirada poética, entre el barroquismo y el informe pericial.

8. ¿Qué le sugiere el término "mascota"?

Una simplificación, una pobre expresión un tanto peyorativa hacia quienes nos acompañan y nos ayudan a salvarnos de esta vida que, en palabras de Lezama, “se agazapa como una bestia de interminable lomo para la caricia”. Confieso que sería capaz de dar una oreja por haber escrito la historia del decano Spanley, de Lord Dunsany, una de las más hermosas relaciones jamás narradas entre humanos y animales. Mientras tanto, me conformo con este modesto crisol de “Bestiario”, donde he reunido vínculos amistosos y crudamente terribles, donde espero haber dibujado una batalla de centauros cuyas dos mitades se acompañan familiarmente o luchan instintivamente una contra otra. A fin de cuentas, somos los únicos animales que fabulan. 

9. Dijo que se retiraba del relato con 'Devoraluces', Premio de la Crítica. ¿Se lo ha pensado mejor?

Me temo que ya he dado por concluida mi obra de ficción. “Devoraluces” ha sido el punto final, la bisagra de una nueva puerta. En otros libros anteriores habían comenzado ya a infiltrarse algunas piezas de un universo fragmentario entre lo metafísico, lo ensayístico y lo confesional, pero ya tengo listo el primer volumen de esta nueva etapa más libérrima, titulado “Madera de deriva”. La verdad es que siento cierto hartazgo del corsé constreñidor de la ficción y, al mismo tiempo, mucha curiosidad y ganas de explorar -mediante otros registros- este territorio fronterizo. Pero no dejaré totalmente de lado los mundos sumergidos y fascinantes de la imaginación, los seguiré recorriendo a través de la lectura de otros autores.

domingo, 28 de marzo de 2021

Entrevista sobre DEVORALUCES en diario Ideal


 

 

DEVORALUCES, DE ÁNGEL OLGOSO

 

José Antonio Muñoz

 


1. El libro tiene tantas citas al principio en torno a la luz que es casi una invocación. ¿Qué importancia tiene la luz en su quehacer literario?


En su prólogo a Breviario negro, mi último libro de ficción publicado hace ya cinco años, Merino calificaba mis relatos como "luz oscura": es cierto que siempre he sentido una fascinación por el encanto de lo extraño, lo inquietante o lo tenebroso, por las visiones y revelaciones de una literatura de imaginación, como si desconfiara de la alegría. Pero se trataba de lograr mecanismos estéticos y orbes simbólicos. Sé que el pensamiento no tiene por qué ser un antro sombrío, ni estar reñido con los momentos de plenitud, con el asombro, con el juego de luces de la belleza o de la voluptuosidad. Devoraluces traza un sendero de claridades. Quise componer un libro acogedor, benigno, abierto a los sentidos, una celebración de la existencia. Que la luz se extendiera al lenguaje, a su brillo e intensidad casi preciosista -volcándome como de costumbre a conciencia en cada frase y en cada página-, y creo que al final alcanza incluso a la calidad material de la edición, inmejorable como todos los libros de Reino de Cordelia, verdaderas joyas. Percibo Devoraluces como un bálsamo para mi alma, y ojalá lo sea también para sus lectores.


2. ¿Es la luz de la infancia, la de los sueños realizables, la primera que le costó perder? ¿O no la ha perdido?


Confío en que algo quede, puesto que la capacidad de maravillarse es el combustible de cualquier escritor. Baudelaire ya habló de la importancia de mantener el estado de embriaguez que posee la mirada en la infancia. En Las luciérnagas, el relato que abre Devoraluces, evoco aquel resplandor misterioso, aquella emoción titilante de los remotos veranos, como de fanales de cuentos de hadas que parecían arrebatarnos a regiones desconocidas, tan cautivadora como el sortilegio de los campanilleros de la Aurora en mi pueblo, Cúllar Vega. Supongo que, con el paso del tiempo, resulta cada vez más difícil mantener un espíritu fresco, exento de rencor y a través del cual fluya el optimismo. Pese a todo, en Devoraluces he intentado reflejar la luz habitable de la infancia y de la cal, la visitable de los libros y la esperanza, la acariciable del amor y la bondad, pero también la mercurial de los sueños y la crepuscular del pasado. Y es que sigo viendo la literatura con los ojos de Juan Gil-Albert, como "una promesa/ de rebasar lo sórdido del mundo,/ de acometer lo mágico inaudito".


3. En 'La rosa de los vientos' hace coincidir a varias de las más importantes figuras de la literatura de aventuras y misterio. ¿Le divierten estos juegos?


Siempre me han apasionado los retos formales y lúdicos, junto con todo lo singular y los prodigios que dejan sin aliento. El reto de La Rosa de los Vientos era viajar al corazón de la literatura, con Ulises saltando hasta el siglo XX a través de distintas obras señeras de la cultura occidental. Pero más allá de tales cabriolas y entramados, hay otro desafío aún más decisivo: intentar conjugar la emoción con el arte elaborado de la oratoria verbal, el minimalismo con lo barroco, la esencia con la enumeración y la atmósfera, esponsales todos que a priori pueden parecer una locura, aunque no para un buscador de oro lingüístico, uno de esos raros especímenes que sobrevivimos como podemos en nuestro país.


4. Durante todo el libro, luz equivale a limpieza, a buenas intenciones, a conocimiento, a creación. ¿Se ha sentido cegado por la luz alguna vez?


La luz es una realidad y también un concepto. Como buen heredero del Romanticismo, en mis libros he tratado de reordenar el ejército de sombras que puebla nuestro imaginario: siempre había pensado que el arte tiene que expresar lo oscuro, lo desasosegante (no hay más que reparar en algunos de mis títulos anteriores, Los demonios del lugar, Breviario negro, La máquina de languidecer, Nocturnario, etc.), pero en lo luminoso también hay una riqueza que no puede menospreciarse, también puede despertar, cegar o incluso inquietar. Siempre me había dedicado exclusivamente (con la excepción de los haikus de Ukigumo) a lo inaudito, a lo extraordinario, y tal vez perdí de vista en el camino la hermosura del mundo, los bienes más elementales y los goces más sencillos de la vida. En Devoraluces hay un evidente anhelo de claridad apolínea frente a la irracionalidad, oscura y salvaje, de Dionisos. Quién sabe, quizá son dos formas igual de legítimas de ir a por la calcinación personal.


5.¿Qué hubiera dado por ser testigo de los acontecimientos en Villa Diodati que narra en uno de sus relatos?


Un oreja como mínimo. Aquellas noches alquímicas del año sin verano fueron un rompiente en el que colisionaron la visión de la literatura como una forma de la muerte y como parte del impulso de la vida, uno de esos momentos milagrosos y espléndidos en la historia -por lo creativos- tan infrecuentes como la luz de las luciérnagas. En mi relato, la crónica de esas noches seminales es llevada a cabo -en primera persona y minuciosamente- por la misma vivienda que cobijó a Byron, a Mary y Percy Shelley o Polidori. El entusiasmo y la fruición por las narraciones está presente además en otros textos de Devoraluces, como Okitsu, La arena de las historias, Hadjú o Nomenclatura Borghini para los dedos de los pies, donde doy vueltas en torno a un sueño de juventud: escribir libros de relatos compuestos únicamente por sus títulos, concentrando en ellos todo el sabor de una trama y de una prosa invisibles.


6. "Cuando se es joven, los peligros son placeres". ¿Qué placeres ha conservado con gusto?


Me temo que un caballero debe mantener cierta discreción. Además, suele decirse que las grandes pasiones no pueden contarse, que lo que es excitante cuando se hace no siempre resulta interesante cuando se cuenta, y que el amor deja de ser un placer cuando deja de ser un secreto. En cualquier caso, sigo defendiendo el ejercicio de placeres refinados, como el silencio, la armonía, la solidaridad, la rutina, pero también el placer de trastocar y transfigurar la realidad a través del arte, el placer de turbar o emocionar al lector, de robarle bajo sus pies la tierra de las certezas. No obstante, en Émula de la llama me atrevo con un desnudo integral, ordenado alfabéticamente, donde la fuerza arrasadora de las pulsiones eróticas llega a un alto grado de incandescencia, estableciendo un claro paralelismo entre el lenguaje como pasión y la pasión como lenguaje. Quizá sea uno de los textos de Devoraluces en que se festeja con más ahínco el ardor de sentirse vivo, frente a lo efímero de nuestra existencia y a las miserias que suelen acompañarla.


7. ¿Se considera, como Schahrasad, básicamente un contador de historias que necesita contarlas para sobrevivir?


Los seres humanos necesitamos las historias tanto como respirar, por el hechizo y el consuelo que procuran. Según León Felipe, ya se han contado todos los cuentos, cuentos que siempre han mecido la cuna del hombre, y cuyo miedo los ha inventado todos. Por lo que respecta a un servidor, después de escribir casi 700 relatos seguiré disfrutando las historias creadas por otros, pero ya he comenzado a explicarme este caótico cosmos de una manera distinta, más impura pero más libre, borrando las fronteras entre realidad y ficción. componiendo volúmenes de difícil clasificación. En otros libros anteriores míos ya había textos de transición a esta nueva época, entre lo narrativo, lo poético, lo metafísico o incluso ensayístico. Ahora, en Devoraluces -el último libro de ficción pura que escribiré- he ido sedimentando durante un lustro algunos textos híbridos junto con otros que retornan al manantial primigenio, a los orígenes del cuento, a Homero, Las mil y una noches, Cervantes, etc., como homenaje y ofrenda a ese caudal de leyendas, a ese magma embelesador, a ese crisol de nuestra identidad.


8. En 'Devoraluces' mezcla la literatura fantástica con la poesía más sensual. ¿La luz es imposible de encerrar en una caja?


Es obvio que traer una medida de luz a una parte que estaba oscura (como sucede en el campo de concentración de Pelikan) cambia la forma en que vemos el mundo, pero tengo la impresión de que la luz es también engañosa, pues parece situarse entre la plenitud y la nada. Tal vez para apreciar la belleza no deba uno acercarse demasiado, como a una zarza ardiente, y se necesite perspectiva. Me ha gustado ese símil de tu pregunta: en estas cuatro décadas de cultivo del relato, mi tarea quizá ha sido la de intentar encerrar la imaginación sin límites en esa caja de Pandora. Con Devoraluces en concreto -que es un libro que nace de la gratitud hacia los dones inesperados y del encuentro feliz con la poeta y pintora chilena Marina Tapia- traté de comunicar la delicada hermosura que irradia todo lo vivo, su poderosa sencillez. La literatura, según Cunqueiro, nace de la necesidad de luz, verdad y libertad, de la necesidad de evasión llamada Icarismo, que se enfrenta a la tristeza y desesperación de la condición humana.