He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)
domingo, 29 de enero de 2023
Lilian Cheruse y "Bestiario"
sábado, 12 de noviembre de 2022
Reseña de "Bestiario" por José Ignacio García
Hay un prólogo esclarecedor e imperdible de Jorge Fernández Bustos, que sitúa con precisión en su lugar al cuento fantástico. Ese cuento fantástico que, a través de la pluma de Olgoso, se convierte en «fantástico zoológico literario», donde caben todo tipo de animales que son capaces de agotar las posibilidades narrativas.
Si Olgoso es siempre un orfebre del lenguaje, puede que en este libro bestial dé su mejor muestra en el relato La ilusión del horizonte, donde las frases y las descripciones minúsculas y precisas alcanzan un grado superlativo y demuestran la grandeza de un narrador que, sin embargo, tiene la humildad de pedir permiso para yacer con los adverbios acabados en mente.
Puede ser que lo que les estoy contando a algunos les resulte, por ejemplo, kafkiano. Están en su derecho. Pero, en mi humilde opinión, los horizontes creativos de Olgoso van mucho más allá de Gregor Samsa, quizás expandidos por los aires de Sierra Nevada.
Asegura Ángel Olgoso, en un coloquio entre dinosaurios, previo a su aniquilamiento, que «cuando una civilización acaba por hacer literatura sobre la literatura de la literatura, llega al límite y sus días están contados». Pero ya les aseguro yo que este par de pájaros, Moro y Olgoso, y a pesar de las pretensiones de mi título alternativo, son difíciles de matar; que les queda cuento, por enormemente breve que sea, para rato.
Ojalá que ningún pie exterminador (vírico o nuclear) nos aplaste y podamos seguir disfrutándolos. Y que sea por muchos años”.
domingo, 2 de octubre de 2022
Reseña de "Bestiario" por Miguel Arnas Coronado
ANIMALES SUGESTIVOS, PALABRAS FASCINANTES
Miguel Arnas Coronado
Valéry habló de la ‘parole juste’, la palabra precisa, tanto en el sentido de exacta como en el de necesaria. Necesaria para decir exactamente lo que se quiere decir. Esa es la característica de la prosa de Olgoso. Y ese es el auténtico protagonista de este libro, como de otros anteriores: el lenguaje. Los temas de los cuentos son subsidiarios, pero lo son como esos actores secundarios que, a despecho de su condición de anexos, consiguen el Óscar.
En este caso, Olgoso se centra en pequeñas narraciones sobre animales, tanto reales como soñados, ficticios o fantásticos. Hay pesadillas, sí, como nos tiene habituados: onirismos alteradores del ritmo cardiaco, pero también hay animálculos e incluso monstruos bondadosos que despiertan en el lector, no la carcajada vulgar, sino la sonrisa cómplice.
Maestro del microrrelato, sin duda uno de los mejores en nuestra lengua, Olgoso crea un lenguaje propio, inconfundible, lleno de imágenes portentosas, metáforas brillantes. Un lenguaje que a uno le impulsa a releerlo, a relamerse, a gozar como quien observa y admira un diamante facetado en el que se refleja lo existente y lo incierto, un diamante que luce en el cuello de una bella dama: nuestra lengua. Capaz de crear mundos, no se inhibe, solo se contiene y construye miniaturas. Olgoso se hace tigre en sus relatos, deviene perro, narval, pulga, camaleón o cocodrilo, y nos sorprende con finales luminosos como lo es el rayo, que ilumina y destruye, aunque lo que dicho rayo se digna destruir es nuestra monotonía, nuestro romo realismo. Se recrea más en las cucarachas que en los mininos, cierto, porque es kafkiano, no edulcorado: un gatito melindroso puede convertirse, en una de las narraciones, en pesadilla amenazante que se aproxima sinuosa con siniestras intenciones. O unos dinosaurios pueden entretenerse, a la espera de la extinción, en discutir sobre teoría literaria utilizando conceptos abstrusos que generan la hilaridad (comedida, como dije) de quien se atreve a merodear por entre estos cuentos.
¿Antecesores, inspiración? Olgoso tiene muchos, pero Olgoso es Olgoso. Porque nadie pule las palabras como él, nadie deja la frase como acabada de nacer. Y es con esa arma, el lenguaje, que sus animales se vengan de la condición vasalla a la cual los hemos condenado.
Algunos cuentos eran ya conocidos de anteriores libros, pero retornar sobre ellos es grato, y encontrárselos nuevos, sin conocer esas antiguas entregas, es adentrarse en el marasmo de su forma de narrar que, no solo es eficaz, sino también sabrosa. Dije en una ocasión que Olgoso me recordaba a Spinoza puliendo sus lentes. En el prólogo de Fernández Bustos se habla de labor de taracea. Todo es cierto: su prosa no es solo arte, sino también artesanal, extraordinaria, bella.
martes, 27 de septiembre de 2022
Reseña de "Bestiario" por Antonio Tamez-Elizondo
miércoles, 24 de agosto de 2022
Entrevista sobre "Bestiario" en Ideal
1. ¿Quizá nos llama tanto la atención lo entomológico porque los humanos no somos conscientes de nuestra pequeñez?
Exacto, tenemos un problema de perspectiva, nos cuesta vernos como un simple formicario de hormigas. Los tímidos estamos más acostumbrados a ese recogimiento del ego. Aunque si eres un tímido miope, es inevitable que te veas a ti menos borroso que a los demás. En realidad todos somos Gregor Samsa, el protagonista de “La metamorfosis” de Kafka. Este “Bestiario” podría considerarse un terrario de cristal, un termitero, un bosque animado en miniatura, donde sopla a placer la brisa de la imaginación. Aquí los animales son protagonistas pero también testigos y vehículo de reflexión sobre la identidad y sobre los límites entre especies y géneros. Más que apólogos, fábulas o alegorías, la fauna que acompaña desde sus inicios a la humanidad se materializa, entre estas páginas, en una estética del extrañamiento que es, por otra parte, sobre la que casi siempre he trabajado. Según Cortázar, las criaturas zoológicas permiten introducir la extrañeza en el discurso y desvelar las grietas fantásticas que se esconden bajo la superficie de la cotidianeidad.
2. La muerte forma parte de la vida, dicen. Y hay quien sueña con la reencarnación, sin pensar en que la vida cansa, y determinadas vidas, más…
Me fascina el atroz hecho de que, de todas las formas de vida conocidas, sólo queden vivas un magro diez por ciento. Las demás, muchas de ellas extrañas o inimaginables, han desaparecido para siempre (aunque quedan pequeñas muestras como ornitorrincos, pangolines, capibaras, ajolotes, hormigas terciopelo, ranas de cristal, etc.). Me apasiona esa exuberancia de formas, esa energía desenfrenada, como si la naturaleza se hubiera ido alegremente por las ramas una vez tras otra. Te refieres al protagonista de “Samsara”, quien sufre la rueda de las reencarnaciones hasta acabar como un animal disecado. Sabemos que lo único que nos diferencia de los animales (que viven en estado de pureza, eternos, con el ritmo elemental de la tierra misma) es la conciencia de nuestra mortalidad. De hecho, si los miramos a los ojos nos parece intuir exactamente lo que sienten. Sin embargo nadie puede saber qué es un animal, en parte porque nadie puede saber lo que es cualquier cosa, y además porque es imposible considerar a un animal sin superponerse antropomórficamente a él.
3. ¿Qué tipo de cuentos de los protagonizados por animales le gusta más?
Todos, pues disfruto contemplando la realidad desde otras perspectivas, borrando la tenue silueta de la identidad entre las especies, agotando las posibilidades narrativas, cruzando puentes que conducen a otros estados de la materia, viva o incluso inerte. No podría elegir sólo algunos de entre todo este recorrido exhaustivo por la totalidad de mis libros (700 relatos), incluido el primero e inencontrable “Nubes de piedra”. Gocé por igual al escribir cada uno de ellos. En “Bestiario” hay lugar para la inquietud, la erudición y la extravagancia, para lo tierno y lo monstruoso, para el prodigio y la pesadilla, para la interpretación simbólica del cosmos o del imaginario colectivo, para la aproximación mitológica y arqueológica. Por suerte, en la literatura los pájaros pueden nadar y los peces volar, y los seres humanos cambiar de forma y de ser, metamorfosearse unos en otros de forma ovidiana, mendeliana o kafkiana: de la poderosa imaginación de los creadores siguen saliendo a enfrentar el mundo el cuervo de Poe, la cucaracha de Kafka, el dinosaurio de Monterroso, los pavos presuntuosos de Shakespeare, la ballena de Melville, los animales selváticos de Kipling, el burrito de Juan Ramón y la “flor y espejo de los caballos” de Cervantes, los toros degollados de Esquilo o la tortuga que lo mató cuando un quebrantahuesos la dejó caer sobre su cabeza.
He escrito mucho sobre perros, me di cuenta a posteriori: un perro que habla en “Bárbaro solo”, un hombre que se cree convertido en perro en “El perro verde”, un hombre que se promete con una perra callejera en “Grandes esperanzas”, un perro que contiene el espíritu y los recuerdos del hermano del protagonista en “Lamedores de cielo”. El relato “El asedio” es no obstante la rebelión del mejor amigo de hombre, la ofensiva de un ejército sin disciplina, una desviación del orden natural, de la falaz intimación de miles de años entre nuestras especies. En esta historia, los perros han escapado a su ciega servidumbre, han roto el pacto de fidelidad. Y es que, más que un compendio de animales parlantes, fabulosos o legendarios (también presentes algunos en este volumen) encontramos en “Bestiario” historias naturales y nada ejemplarizantes, retratos poco benevolentes de la condición humana. El campo de acción de las historias es siempre el ser humano, sus comportamientos, sus temores, su memoria, su crueldad, sus dudas, sus proyecciones mentales. Hay que recordar que los bestiarios medievales no sólo ayudaban a la gente a conocer animales exóticos y monstruosos, sino que servían para hablar de las virtudes y defectos, para hablar de personas y animales que ganaban o perdían su libertad.
5. Usted juega con frecuencia con las paradojas del espacio y el tiempo. Lo que para unos es un instante, para otros es una eternidad. ¿Se siente pulga o cocodrilo?
Sabemos que lo pasajero es eterno, las más grandes y solemnes verdades mentira y la poesía (la creación de belleza) la única prueba concreta de la existencia del hombre. “Bestiario” responde a mi apetito por lo maravilloso, lo distorsionado, lo fuera de lo común; a una cierta predisposición por mi parte a animalizar la realidad, mediante metáforas o literalmente. Quizá disfruto liberando a los animales de las jaulas de la convención, a través del juego, la broma y la sorpresa, desautomatizando el pelaje verbal de su naturaleza, que es la nuestra. Respondiendo a tu pregunta, a estas alturas debo haberme encarnado ya -siempre con gusto- en un buen número de animales, desde camaleón (“El pisapapeles”), cucaracha (“Edén Exprés”), tigre (“El demonio de Bengala”), burro bíblico (“Caída de cuerpos siderales”), tiburones (“Naufragio”), zorro (“Almohada de hierba dulce”), abeja (“Las barbas del cielo”), pulga (Merodeadora), cocodrilo (Samsara) hasta dinosaurios o perros. Además recuerdo animalizaciones literales en “Parte meteorológico” (revisión del mito del Arca de Noé) o en “Árboles al pie de la cama”.
6. ¿Hasta qué punto le influye la tradición del cuento oriental? ¿Y la mitología clásica?
Es cierto que casi cada libro mío de relatos incluye una historia oriental propia, homenajeando en especial a la fascinante y exquisita tradición japonesa. Y seis textos míos se incluyeron en la antología “Después de Troya. Microrrelatos hispánicos de tradición clásica”. No se trata sólo de una cuestión de gusto, de afinidades o de formas, sino de maneras. Estas tradiciones, por lo general, perduran porque han logrado recoger con sencillez algo esencial humano, una verdad eterna, común al hombre de cualquier tiempo y lugar. Son historias que están sustentadas a la vez en la autenticidad y en el misterio, no en banalidades, conflictos espurios ni ingeniosidades efímeras.
7. ¿Le supone un reto como escritor mezclar el microrrelato con el nanorrelato y los relatos de mayor extensión?
Siempre me he plegado por completo a las exigencias del texto, independientemente de la extensión. La soberanía de la historia es sagrada, no se puede forzar, ni podándola ni hinchándola.
Volvemos a la idea de la perspectiva: un árbol es, como decía Bruno Munari, la lentísima explosión de una semilla. Al tratarse de una recopilación de cuarenta años de escritura (aunque las narraciones no están extraídas en orden cronológico), conviven en “Bestiario” distintos registros, el microrrelato y el relato largo, la evocación poética, el terror, la sátira, la ensoñación, la metamorfosis, el cuento tradicional, la antropomorfización, la fábula, la escena bíblica, las hibridaciones, etc., y se barajan no sólo animales sino diversas atmósferas, técnicas narrativas y la propia extensión de los textos. Pienso que el resultado oscila entre entre el onirismo y la mirada poética, entre el barroquismo y el informe pericial.
8. ¿Qué le sugiere el término "mascota"?
Una simplificación, una pobre expresión un tanto peyorativa hacia quienes nos acompañan y nos ayudan a salvarnos de esta vida que, en palabras de Lezama, “se agazapa como una bestia de interminable lomo para la caricia”. Confieso que sería capaz de dar una oreja por haber escrito la historia del decano Spanley, de Lord Dunsany, una de las más hermosas relaciones jamás narradas entre humanos y animales. Mientras tanto, me conformo con este modesto crisol de “Bestiario”, donde he reunido vínculos amistosos y crudamente terribles, donde espero haber dibujado una batalla de centauros cuyas dos mitades se acompañan familiarmente o luchan instintivamente una contra otra. A fin de cuentas, somos los únicos animales que fabulan.
9. Dijo que se retiraba del relato con 'Devoraluces', Premio de la Crítica. ¿Se lo ha pensado mejor?
Me temo que ya he dado por concluida mi obra de ficción. “Devoraluces” ha sido el punto final, la bisagra de una nueva puerta. En otros libros anteriores habían comenzado ya a infiltrarse algunas piezas de un universo fragmentario entre lo metafísico, lo ensayístico y lo confesional, pero ya tengo listo el primer volumen de esta nueva etapa más libérrima, titulado “Madera de deriva”. La verdad es que siento cierto hartazgo del corsé constreñidor de la ficción y, al mismo tiempo, mucha curiosidad y ganas de explorar -mediante otros registros- este territorio fronterizo. Pero no dejaré totalmente de lado los mundos sumergidos y fascinantes de la imaginación, los seguiré recorriendo a través de la lectura de otros autores.
viernes, 24 de junio de 2022
"Sobre humanos y bestias"
Comparto con gusto desde Infolibre el texto que el escritor Alejandro Pedregosa dedicó a Bestiario en su presentación durante la Feria del Libro de Granada, y que ahora se publica en la sección cultural Los diablos azules de Infolibre.
sábado, 11 de junio de 2022
Sexto Continente recomienda "Bestiario"
domingo, 5 de junio de 2022
Reseña de "Bestiario" por Santos Domínguez
Reseña de "Bestiario" en Libros de Cíbola
{RESEÑA} ÁNGEL OLGOSO: BESTIARIO (EOLAS)
Con la publicación de su libro de cuentos Devoraluces (Reino de Cordelia, 2021) anunciaba Ángel Olgoso su despedida de un género que había cultivado durante toda su vida con tremendo éxito de crítica y lectores. Parecería, por tanto, que el lanzamiento reciente de Bestiario por la editorial leonesa Eolas contradecía esa decisión que tanto disgusto nos produjo a su legión de admiradores; lamentablemente, no es así dado que se trata de una recopilación de trabajos anteriores que se han agrupado para armar ex novo un atractivo volumen de textos que tienen en común el que podrían formar parte de un hipotético bestiario, ese «tema característico la literatura fantástica» según el autor.
Como se sabe, lo monstruoso en todas sus variantes es uno de los temas predilectos de la literatura fantástica de todos los tiempos. No hay más que observar que en la mitología universal y en el imaginario medieval abundan los seres monstruosos (Minotauro, Cancerbero, Basilisco, Dragón, Grifo). Existe una ciencia (Taratología) y toda una tipología de los monstruos, normalmente conformados por una hibridación (Hombre-lobo), una magnificación (King-Kong) o una masificación (Los Pájaros). Todas estas transgresiones son de índole biológica, pero hay otras, no menos efectivas y espeluznantes, que son de orden psicológico, social o moral. Una hecho muy importante (más en literatura), del que se encuentran muchos ejemplos en este Bestiario de Olgoso, es que el monstruo, la bestia, lo anormal, produce en el lector dos sentimientos encontrados y simultáneos: la atracción y la repulsión. Aquí radica, por tanto, la eterna vitalidad del monstruo literario, porque «nos pone frente a frente con nuestros terrores, deseos e inseguridades» (David Roas).
SAMSARA
Soy un ñu. Me persiguen, incansables, las hienas. Siento el primer mordisco y los ataques sucesivos. Mientras me están comiendo vivo y se acercan ya buitres y carabús, en el instante exacto de la muerte, me deslizo inexplicablemente dentro del cuerpo de una india tolteca que va a ser inmolada en el altar de los sacrificios. Muero y vuelvo a revivir en las formas de un condenado ante un pelotón centroeuropeo de fusilamiento. Esta es una situación, huelga decirlo, deprimente. Una vez pasada la ilusión de la novedad, el ciclo de las reencarnaciones —arbitrarias, maliciosas, extemporáneas— se convierte en un estigma insoportable. Abismado en este perpetuo vórtice, apenas he conocido el esparcimiento. Fui, sin ir más lejos, peón en las Pirámides, en la Gran Muralla, en Machupichu y en la Basílica de san Pedro. No es gratuito afirmar que, a estas alturas, mi conciencia y mis miembros se hallan en un estado de escarnecimiento y extenuación indecibles. Ahora, aquí, en esta taberna turística ecuatorial, arrojo mis mudas zozobras justo sobre vuestras cabezas: soy ese cocodrilo que cuelga del techo y os mira.
Señala el prologuista que «el asombro —sobre todo la sorpresa final— es una característica esencial de todos los cuentos aquí reunidos, así como la alegoría continua, el exotismo puntual y el fino humor que a veces roza lo grotesco». Yo añadiría también a estas definiciones de su estilo cierta dosis de erudición naturalista y de crueldad, una crueldad siempre bajo control para no desembocar en lo macabro. Sorprende asimismo la unidad estilística de estos cuentos escritos durante un periodo tan largo de su actividad creadora. Algunas peculiaridades fácilmente reconocibles en la escritura de Olgoso son el barroquismo de su prosa, su riquísimo vocabulario, el usual empleo de largas enumeraciones, la escasa acción, la ausencia de diálogos y el predominio del monólogo discursivo; en definitiva, un estilo literario muy trabajado que, ciertamente, es bastante inusual en otros autores actuales del género.
Bestiario se compone de sesenta microrrelatos y cuentos cortos procedentes, como he indicado, de libros anteriores (lamentablemente, no se especifica el origen de cada pieza). Los procedimientos que encontramos en Bestiario son variados: el apócrifo erudito (El mugido de la Nada; Las moscas), el apólogo (El libro del batir de palmas de las medusas), el bestiario fantástico clásico (Sátiros, faunos, panes, silvanos y rbhus; Cuadrimensional), el terror (El yacimiento), y también magníficos cuentos de estirpe kafkiana, como El perro verde, historia de un hombre que súbitamente se comporta como un perro callejero, o El asedio, sobre una rebelión de los perros contra los seres humanos. Tampoco faltan los cuentos sobre el tema clásico de la metamorfosis, como el estupendo El pisapapeles, que refiere la historia de un hombre que entra en una extraña tienda de antigüedades y sale convertido en un camaleón. En muchos textos es la propia estructura verbal, al margen del propio argumento, la que produce el efecto de extrañamiento que es fundamental para la eficacia de un cuento fantástico. Con todo, la mayoría de las piezas están narradas o protagonizadas por los propios animales: ñu, tiburón, abejas, lepidópteros, asno, gato, luciérnagas…
«Bienvenidos a la bruma inquietante y magnética de lo inaudito —escribe Olgoso en el texto que citaba al principio—, bienvenidos a la bruma de maravilla del relato fantástico, esa que flota sobre las delgadas fronteras que separan lo real de lo irreal». Bienvenidos, pues, a este Bestiario fascinante que no defraudará ni a los lectores devotos de Olgoso ni a los que se acerquen por primera vez al escritor andaluz.












