He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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viernes, 11 de septiembre de 2026

Reseña de "Holobionte" en Librújula, por Diego Prado

Muy agradecido a Diego Prado por su generosa reseña de “Holobionte” (Eolas) en el último número de la revista Librújula:




<<A lo largo de más de veinte libros de relatos publicados, Ángel Olgoso se ha convertido por derecho propio en uno de los más activos referentes del cuento y de la literatura fantástica española, entendida esta desde muchas vertientes que van del relato satírico al de terror. “Holobionte”, su última entrega, sigue por los derroteros de lo extraño, lo perturbador y lo insólito. Compuesto en su mayoría por cuentos breves o muy breves, algunos verdaderos microrrelatos, se trata de historias que en no pocas ocasiones rozan la crueldad y el sadismo de nuestros semejantes, pero también la locura, al enfermedad y la soledad. Sin embargo, al margen de la imaginación febril del autor, hay que hacer una especial mención al tratamiento del lenguaje, que en el granadino es especialmente primoroso y particular. Sobre los cimientos de una idea vertebral, muchas piezas de Olgoso se sostiene realmente en su maravillosa arquitectura lingüística, servida por un castellano poderoso, repleto de matices y creación verbal, hasta el punto de que algunas de las piezas más breves se asemejan a auténticos poemas (también hay alguno en verso).

Cuentos como “La mujer transparente”, “Vidas privadas”, “Flores atroces”, “La travesía”, “A Dentist’s Dream”, “El síndrome de Lugrís”, y así hasta una cincuentena de historias, dan fe de una maestría alcanzada libro a libro, relato a relato, como se construían antaño esos señoriales caserones que, a pesar del tiempo, siguen majestuosamente en pie. Aquí hay narraciones de más de viente páginas y de una sola línea, aterradoras o tiernas, bienhumoradas y oscuras, todo ello dando testimonio de una capacidad creativa sin fronteras de géneros ni estilos, porque la marca Olgoso es ya única e intransferible>>.



jueves, 23 de julio de 2026

Manuel Ángel Gómez Angulo escribe sobre "Los líquenes del sueño"

Muy agradecido al escritor Manuel Ángel Gómez Angulo por la frescura y originalidad de sus apreciaciones sobre "Los líquenes del sueño. Relatos 1980-1995" (Tropo), libro inencontrable que -según tengo entendido- ha conseguido en Inglaterra. Una lectura donde hace escala en algunos de mis relatos preferidos de aquella lejana época. En cualquier caso, todos estos textos van recogidos en los cuentos completos que está publicando Eolas en seis volúmenes:






<LA MODESTA OPINIÓN DEL LECTOR.

En los líquenes —edición descatalogada— pese (o gracias) a su multiplicidad de temas y universos hay un punto en común, la lengua. Creo que es el engrudo que nos hace deleitarnos con esas historias disparatadas o no (y lo que nos hará volver a ellas). Al final, todas son creíbles o verosímiles, que es de lo que se trata. Dejan algo, un transporte, un sabor del tipo que sea en nuestras bocas que 'paladean' su delicadeza, horror, humor o hermosura. En Ángel hay un cuidado especial por ella y por supuesto por la esmerada estructura del relato y la prestidigitación de sus finales. A volapié, me acuerdo del vampiro torero con el que no he parado de reír; de la disfunción eréctil de Holmes (fenomenal ejercicio camaleónico en el uso doyleano de la prosa de un maestro, al que supera); del cosmonauta /mamarracho Utt que lo mismo podría haber estrellado su nave contra un muro de la casa de Jeloquiti, un árbol centelleante del jardín de la abeja Maya o la espesa pelambre de los mundos de Yupi; esa genial vuelta de tuerca de continuidad de los parques en una pecera que me parece más imaginativa que la del propio original, etc etc etc. Para rematar la función, no es erróneo saludar y aplaudir la road movie de un gaucho/cowboy, que huye de un abrazo parricida a bordo de un destartalado Barracuda a través de un mundo desquiciado que ya quisieran para sí C. McCarthy o Dick o Vonnegut. A propósito de este último cuento, uno de los ejemplos paradigmáticos entre altura estilística y soberbia imaginación, pura alucinación a velocidad de vértigo, Olgoso hace gala, dueño de su usual maestría, de la imaginación y el sarcasmo hasta límites insospechados, sin caer por ello en ningún momento, en el mal gusto o la extravagancia.>>

Prólogo de "El mar interior y otras ingladuras", de Antonio Sancho

Un placer y un privilegio haber escrito el prólogo de “El mar interior y otras singladuras” (Grupo Pandora), libro de relatos de Antonio Sancho Villar, fantástico en su doble sentido e ilustrado profusamente a todo color por Kim Aubert, mítico historietista de El Jueves. Os dejo con mis palabras, como aperitivo de otra de las maravillosas ediciones de tirada reducida a las que nos tiene acostumbrados el gran Pedro Tabernero:




<<COMETAS BICÉFALOS QUE CRUZAN EL CIELO.

Como sabemos, la literatura maneja una segunda realidad, y esta es tan firme como la primera, aunque no tiene las mismas leyes: ofrece una realidad transfigurada, profundizando en el conocimiento de la primera. Antonio Sancho Villar forma parte de ese grupo de autores jóvenes que vienen despuntando, y que, aunque no desprecian el realismo y lo cultivan sin remilgos, lo enriquecen al prestar la debida atención a lo imaginativo, a lo fantástico, como el granadino Alejandro Molina, el valenciano Javier Navarro o el mexicano Juan Antonio Tamez-Elizondo. Todos ellos, partidarios de la invención, “cometas bicéfalos que cruzan el cielo”, son capaces de tornasolar sus obras con esas aves que no hay y esas rosas que no se marchitan de las que hablaba el añorado Cunqueiro, profeta celta de las ensoñaciones y las leyendas, nutricio en milagros, sirenas y ciudades sumergidas. Todos ellos profesan admirablemente, y casi a contrapelo, un gusto por las historias insólitas, extraordinarias, especulativas, delirantes, por los sabrosos desvaríos de la percepción, por los gabinetes de maravillas. Para todos ellos, la quimera de lo fantástico es realidad evidente y no hay que presentarla en bruto sino nimbada por el misterio y el escalofrío. Según José María Merino -otro eximio cultivador de lo irreal, de lo intranquilizador, de lo fabuloso, de lo ‘unheimlich’-, la literatura debe hacer la crónica de la extrañeza. Para que los artistas puedan considerarse como tales, quizá sea una condición indispensable el hecho de no ver nunca las cosas como son, de persuadir a sus semejantes a mirar más allá de la rutilante pero fina y engañosa piel de la realidad -si es que tal cosa existe-, de sembrar la duda en el lector sobre la verosimilitud de lo narrado, de inocularles una desazón irresoluble, una perplejidad no exenta de nostalgia por un mundo distinto al que nos toca vivir.

“El mar interior” y otras singladuras” es un magnífico ejemplo de cómo alinear el asombro con eficacia y naturalidad en el friso de lo habitual. Entre sus páginas, el lector encontrará ”licores llenos de ensueños y odiseas”, mares interiores, fantasmas y grimorios, caníbales y arponeros, ganado unicorne y taxidermia humana, ocultistas, mascotas fieles más allá de la muerte, pipas de espuma de mar con un diminuto mascarón de proa tallado en forma de ondina, micromundos delirantes encerrados en las cabezas de los locos. Entre estos “apocalipsis en miniatura”, entre estos desajustes cósmicos en los que se quiebra el orden natural, el lector se codeará con personajes fantasmales, con protagonistas que atraen los milagros, con almas en pena, con espectadores de la soledad y del horror del universo, encariñados con sus secretos, encerrados en pequeños infiernos hechos a medida, donde la mentira resulta más cómoda que la verdad, donde la cadena trófica, y el lugar que ocupas en ella, es lo único cierto.

Ya Casanova observó que la facultad de ver la verdad sólo se aviva en los seres humanos a través de un sobresalto o convulsión. Antonio Sancho posee un talento poco común para hacer soluble lo anómalo en lo ordinario, para favorecer en lo familiar lo imprevisto y lo fatal, y de manera más terrible por cercana e inesperada: desde las atractivas premisas, pasando por cierta concatenación de muñeca rusa en la narración, hasta las acertadas resoluciones, los intensos e inolvidables relatos de “El mar interior” satisfacen la sed de misterio, hacen sentir al lector “el hormigueo de lo imposible”, como un niño a la vez asustado y fascinado. Son relatos que se sitúan en esas equívocas y sugerentes fronteras entre la luz y la sombra, que demuestran a las claras que ”cualquier cosa que exista por mínima que sea, también los objetos inanimados, deja su huella fantasmal en la realidad”.

Algunas historias tal vez le podrán traer al lector la fragancia de Aldecoa o Dieste, otras de Roald Dahl o de Jean Ray. Pero en todas queda urdida un síntesis perfecta de lo real y lo fantástico, como la lograda por Torrente Ballester en Castroforte del Baralla, aquella ciudad imaginaria de su “La saga/fuga de J. B.”. Otro autor imaginativo que suscribiría sin duda las palabras que pone Antonio Sancho en boca de uno de sus personajes: “el mar es el representante en nuestro mundo de lo sobrenatural y lo mutable”. Y así se manifiesta en estos excelentes relatos, ya sea en ese mar que llega a Ardiza, la polvorienta ciudad de provincias, tras el capitán Ismael, o en ese mar interior bajo el Albaicín de Granada, con una isla repleta de tesoros. El mar, sonoro y poderoso, siempre haciéndose y rehaciéndose, navegando sin navegar, abre y cierra su colección de relatos del sevillano Antonio Sancho Villar, que alguna vez se definió como domador de tortugas y pacífico vendedor de teseractos. Nuestro autor, que repudia la estrecha senda que lleva a la cárcel de la razón, no sólo no tiene miedo de dejarse llevar por lo fantástico de sus historias (como en cierto modo le ocurría a Joan Perucho y Bioy Casares) sino que porta con brío su lumbre.

”La literatura es un pobre sustituto para el mundo de maravillas que se abre tras la muerte”, se lee en estas páginas no exentas de mirada irónica. Sin embargo, tras la lectura de “El mar interior”, donde tienen predicamento y posada los embelecos de la imaginación, dan unas ganas irrefrenables de quedarse a vivir entre sus fabulaciones y trances, entre sus sorpresas y prodigios, de convertirse también ahí en un feliz fantasma>>.

Reseña de "Holobionte" por Carlos Manzano en Entretanto Magazine

La magnífica reseña de "Holobionte" por el escritor Carlos Manzano en Entretantomagazine:





    <<Podría pensarse que los que hemos leído exhaustivamente a Ángel Olgoso, los que nos hemos empapado hasta la médula de la exquisitez de sus prosa, de la delicadeza de su estilo, tan lleno de aliento poético y tan proclive a la fabulación, difícilmente podremos sentirnos conmovidos de nuevo por sus monumentales construcciones semánticas, por sus imponentes juegos verbales, por sus impresionantes alegorías imaginativas, asentadas no obstante en unos trazos mínimos, unas breves pero enjundiosas frases que, en ocasiones, ni siquiera llegan a superar la longitud de una página. Sin embargo, igual que un viajero vocacional jamás se cansaría de admirar una y mil veces la majestuosidad del Taj Mahal o las refinadas geometrías de los techos de la Alhambra, los buenos lectores nunca nos hartaremos de degustar la prosa exquisita y depurada de Olgoso, su sentido preciso del ritmo ni su absoluto y apabullante dominio del idioma. El autor granadino escribe como si trazara exquisitas filigranas en los frisos de una imponente ‘haveli’ o afinara los sutiles y cimbreantes esmaltes que decoran el exterior de una porcelana Ming: sus textos pueden leerse una y otra vez sin que el ingenio que los ha hecho nacer ni su capacidad de causar asombro sufran merma alguna.

En «Holobionte», el cuarto volumen del total de sus relatos que la editorial Eolas se ha propuesto publicar a lo largo de seis entregas, tenemos una prueba más (como si hicieran falta más pruebas) de lo dicho. En «Holobionte» están sus textos más específicamente alusivos a lo que podríamos denominar la dimensión humana; los diferentes seres y la intrincada red de relaciones que se crean en el curso de la interacción social protagonizan el grueso de los relatos que tienen cabida en este volumen. Predomina, como primera característica, una mirada algo oscura, o tal vez escéptica, o puede que desencantada, sobre las circunstancias que definen la esencia de lo que somos. Más allá del excelente relato que da fin al libro, “Cuento de horror”, con el que por otra parte me identifico plenamente, hay otros más donde esa mirada se expresa con absoluta contundencia, como puedan ser “La travesía” o “El solipsista”. También nos encontramos con textos donde la exquisitez estilística de Olgoso se despliega con toda maestría, como sucede con “Nubes”, una exquisitez a la altura de los más grandes autores clásicos, o “Perlas de Indra”, que no por cruel y despiadado deja de ser eminentemente bello. Hay también otros donde se percibe el acerado sentido crítico del escritor granadino, como “El lobo viejo de las desgracias”, “Los ujiji” o “La corporación”. Igualmente, tenemos relatos donde la mirada actual se entronca con la del pasado como si se tratara de un juego de espejos deformantes, como “La larga digestión del Dragón de Komodo”. Y también hay textos en los que prevalece cierta fijación obsesiva en la conducta de sus protagonistas, como “Flores atroces” o “El descanso de Sísifo”. A lo largo del libro predominan los relatos breves, como mucho de tres o cuatro páginas, a menudo de un solo párrafo, con excepción de dos textos realmente magistrales como son “El síndrome de Lugrís”, quizá el más prosaico de todos, pero no por ello menos excepcional (de hecho es uno de mis favoritos), y “Amargo”, que al mismo tiempo destila una distinguida misantropía. También, por supuesto, los hay donde el sentido del humor de Ángel Olgoso hace acto de presencia, como “Hispania II” o “Darwinismo”, aunque la ironía y la sátira están presentes en mayor o menor medida en casi todos ellos.

    Habría muchos más relatos a destacar, obviamente (no creo que haya ni uno que no merezca el halago y el reconocimiento), en un libro que acoge hasta sesenta y cuatro cuentos, pero no es este el lugar apropiado para ello, por espacio y por intención de quien esto escribe. Solo cabría insistir en que Ángel Olgoso es uno de los más grandes escritores nacionales de la actualidad, que su extraordinario talento para construir universos ficcionales en unos pocos párrafos y edificar enjundiosas fabulaciones con el simple uso del lenguaje encuentra pocas correspondencias hoy en día (al menos que yo conozca), y que cada texto suyo, cada relato, contiene dentro de sí varias lecturas que jamás agotan su significado por muchas veces que se acuda a él. «Holobionte» es la más reciente prueba de ello>>. 

jueves, 11 de junio de 2026

Reseña de "Holobionte" por Santos Domínguez

Muy agradecido al gran Santos Domínguez por su magnífica reseña sobre “Holobionte” (Eolas), recién publicada en su blog ‘En un bosque extranjero’:



<<HOLOBIONTE, DE ÁNGEL OLGOSO.

“Vivía solo, despreocupado, feliz. Un buen día se le acercó otro ser humano”.

Con ese sarcástico “Cuento de horror" cierra Ángel Olgoso su “Holobionte”, el cuarto de los seis volúmenes que reúnen en conjuntos temáticos sus relatos completos, publicados por Eolas Ediciones.

Tras los relatos sobre animales de “Bestiario", la ciencia ficción de “Sideral" y los relatos sobre la muerte de “Estigia”, “Holobionte” tiene como eje la complejidad de las relaciones humanas y su problemática armonía. Lo abre este texto, el brutal “Hispania I”:

“Salí al pasillo y supliqué educadamente a mis vecinos que cesaran en su vocinglería. Como es natural, fui ofrecido a la ira de la familia: me tumbaron de espaldas sobre la mesa del salón, apaleándome con un vivo sentido del ritmo, extirparon mis ojos y mi lengua, me desollaron la piel a tiras, cortaron manos y pies y arrancaron brazos y piernas, desmembrándome por completo. Resultaba extremadamente curiosa su espontaneidad, casi rayana en el desapego, y se veía a padres e hijos persuadidos de la eficacia de su labor, en absoluto impelidos por animosidad alguna. Parecía bastante probable que, de un momento a otro, habría de prescindir de toda mi sangre, que borboteaba y manaba de forma espléndida y corría zumosa. Lamenté en verdad que se prodigara hasta empapar aquel tapete de ganchillo, poseedor, por lo demás, del intemporal encanto de la artesanía. Al final, quizá un tanto arbitrariamente desde mi parecer, me separaron la cabeza del tronco con un hacha de cocina. Sin embargo, en modo alguno trato de sugerir descortesía por su parte, puesto que ellos no hacían más que ceñirse a los usos del lugar. La mesa producía ya el efecto de una aguilera con despojos: mi vesícula colgaba de las flores de plástico del jarrón y mis ojos, depositados en el cenicero de cerámica, aún describían una trayectoria semicircular. Pero al menos me extinguí con la convicción de haber defendido sustanciosamente mi derecho a la tranquilidad”.

Si se reflexiona sobre el sentido del título “Holobionte” -simbiosis colaborativa y beneficiosa entre organismos o personas- que Olgoso ha elegido como resumen caracterizador de la temática de esta recopilación de textos sobre las relaciones humanas, el lector advertirá la ironía implícita en esa elección y en la mayoría de estos relatos en los que hay una mirada muy crítica hacia la condición humana y las relaciones sociales, entre la discordancia y el sometimiento, como anticipa el narrador argentino Raúl Brasca en su excelente prólogo, de título elocuente, “Una visión crítica de la sociedad humana”, donde escribe: “Entre la ironía y el escepticismo, el conjunto de los relatos compone una concepción sombría del hombre y del mundo, una mirada compleja pero nada maniquea, porque, aunque domina la ausencia de fe en la naturaleza humana, un sentimiento intenso de compasión sobrevuela las historias más atroces y, en las relaciones interpersonales, algunas veces el amor y la amistad enaltecen a los personajes. Pero la literatura se hace con palabras, y de nada valdrían las excelencias del contenido sin un uso sabio de ellas.”

Los lectores de Ángel Olgoso conocen bien ese uso sabio de las palabras y la alta calidad de página que caracteriza cada uno de los textos narrativos que caracterizan su admirable trayectoria de cuatro décadas de escritura exigente y brillante. Y aquí tienen una nueva ocasión de comprobarlo, en cuentos como “Flores atroces” o “Lengua de madera” y en microrrelatos como “Revolución” o “Doxografía”, que son, como él mismo ha señalado, un “espejo incómodo” de la naturaleza humana y de las “molestias del trato humano” que adelantó en un exacto título el monje benedictino fray Juan Crisóstomo de Olóriz en el siglo XVIII.

Un espejo que refleja las relaciones conflictivas que generan diferentes maneras de desorden inarmónico y destructivo: violencias y rivalidades, envidias y dominaciones, opresiones y maltratos, vanidades y rencores, mezquindades, encontronazos y desencuentros en todas sus desoladoras variantes imaginables.

No faltan, con todo, en esta panorámica holobióntica de la narrativa olgosiana manifestaciones más optimistas y esperanzadas de los vínculos humanos que se manifiestan a través del amor y la amistad, la lealtad y la solidaridad, la cordialidad y el afecto, de la compasión y la generosidad.

Forma parte de esta reunión de sesenta y cuatro textos, variados en voces y enfoques, en técnicas y registros verbales, en guiños intertextuales y homenajes a los maestros y en una amplia presencia de personajes de lo más diverso un extenso relato, “El síndrome de Lugrís”, casi una nouvelle o novela corta por su tempo, su temple y su hondura, que Olgoso define como “el mejor relato que he escrito nunca”, un magnífico, inquietante y angustioso cuento sobre la locura que comienza con este estupendo párrafo:

“El riachuelo de su cordura acabó por secarse: ayer ingresó mi amigo Manuel Lugrís en el Hospital Psiquiátrico de Conxo. Severina, su hermana y único familiar desde que Manuel enviudó, tomó la decisión «para ahorrarle grimos y descalabros a él mismo o a los demás» y me pidió que los acompañara. Era una de esas tardes que se van cuajando de oro viejo. Frente a la entrada, mientras lo ayudaba a salir del vehículo, el aire nos rodeó con unas hilachas de ese olor, entre montaraz y eucarístico, a humedad tibia de las manzanas tabardillas que tantas veces recogí para costearme los estudios, y que tanto gustaron siempre a Manuel. Severina, nerviosa como un lobo cuando ventea a los trasgos, conversó con médicos, esgrimió informes y firmó papeles. Ya en la habitación, acariñó a su hermano mayor con aspereza y, sin ocultar su impaciencia, me dirigió un ademán explícito para que abandonáramos el lugar. De temperamento reservado, me envalentoné sin embargo como si un vino cacholán se me hubiera subido de pronto a la cabeza: preferí quedarme. Al menos por una vez, la lealtad prevalecería sobre la timidez. Cuando la lechuza alzó súbitamente el vuelo, arrimé una silla a la cama para acompañar un rato a mi amigo y lloré en silencio”>>.

jueves, 4 de junio de 2026

Entrevista acerca de "Holobionte" en Todoliteratura.es

Comparto con gusto esta entrevista sobre “Holobionte” (Eolas) recién publicada en Todoliteratura.es, donde hablo en profundidad acerca de este cuarto volumen de mis relatos completos, centrado en el prójimo y la sociedad.



<<-¿Qué es “Holobionte”?

Es el cuarto volumen de mis relatos completos, organizados temáticamente en seis tomos, que está publicando la editorial leonesa Eolas. Aquí he extraído todos los escritos en más de cuarenta años con referencias al prójimo y la sociedad. Quizá el título perfecto para esta obra ya lo usó para el suyo en el siglo XVIII un monje benedictino, fray Juan Crisóstomo de Olóriz: “Molestias del trato humano”. Un tomito que fue el libro de cabecera de Pío Baroja y al que volvía cada vez que era víctima de algunas de las mil refinadas formas en que nuestros semejantes tienen por costumbre incomodar a los demás, queriendo o sin querer. El título mío, “Holobionte”, es una actualización antropológica y empírica de las asociaciones y lazos de los seres humanos, de sus procesos de colaboración o dominación; remite al término acuñado por la bióloga Lynn Margulis para designar el ecosistema conformado por la simbiosis entre especies que colaboran entre sí y, al hacerlo, acaban modificando el medio en que viven. Los humanos mismos somos holobiontes: nuestro cuerpo aloja miríadas de microorganismos que cumplen diversas funciones en su propio beneficio y en el nuestro.

-¿Se trata entonces de una visión casi entomológica del fenómeno humano, dentro del cual no somos conscientes de nuestra pequeñez?

En cierto modo sí, se podría decir que en “Holobionte” he bajado al barro. Como apunta Raúl Brasca en su prólogo, y como sugiere la hermosa e impactante portada de Marina Tapia, este libro es una visión crítica de la sociedad humana. Creo que era Pla el que dijo que los sentimientos provocados por los contactos entre personas pueden llegar a tan sólidos que se podrían estudiar con la misma precisión que uno puede poner en la observación de las arañas o de las hormigas. Contempladas desde una nube, estas animosidades resultarían insignificantes si pudiesen ser vistas. Apreciadas de cerca, fastidian y molestan porque generalmente son incomprensibles. Y es que las ficciones sociales a menudo son fricciones amargas. Estos relatos tratan sobre la desconfianza en la compañía humana, sobre las misteriosas y azarosas órbitas en las que todos nos movemos y que provocan dolorosas colisiones, rivalidades y sometimientos, pero también abarcan situaciones más dulces, compañías menos ásperas o incluso gloriosas: desde textos que narran colaboración, lealtad, abnegación y amistad en distintos grados, pasando por variadas formas de amor filial, hasta un texto que describe los momentos climáticos de la pasión, de la fusión más íntima y completa entre dos personas (“Émula de la llama”). En definitiva, nos acompañamos, nos hacemos daño, nos amamos mientras intentamos responder nuestra pregunta primordial: ¿estamos vivos antes de morir?

-Imagino que, al igual que los tres primeros volúmenes, “Bestiario”, “Sideral” y “Estigia”, continúa aquí esa diversidad de registros estilísticos, de escenarios, de épocas, de voces y miradas que es una de las marcas de la casa.

Desde luego. No es sólo que me apasione la versatilidad, la exuberancia de formas, que disfrute contemplando la realidad desde distintas perspectivas o haciendo cabriolas, es que pienso que todo ello enriquece la lectura. En cualquier caso, esa pluralidad está al servicio del tema de “Holobionte”, el de sacar punta a la condición humana, al cíclico teatro de la vanidad, la estupidez y la crueldad de los hombres. En ese espejo incómodo y nada complaciente hay miradas irónicas acerca de ella, sarcásticas, terroríficas, tiernas, implacables, cómplices o esperanzadoras. Es un caldero donde hierven los sentimientos, la fatalidad, las luchas de poder, los encontronazos de unos contra otros como carneros salvajes, los protocolos hipócritas, las miserias, las vilezas, las humillaciones, pero también las entregas desinteresadas. En muchos de sus relatos, la inocencia y la singularidad de los protagonistas se ven amenazadas por el carácter despótico del prójimo o por la brutalidad de las instituciones. He intentado mirar la naturaleza humana no sólo con su patetismo, sus prejuicios, incoherencias y servilismos, sino también con sus grandes cualidades, su constancia, entusiasmo o solidaridad. Por estas páginas pasean misántropos, solipsistas, vecinos inquietantes, padres e hijos, máscaras y dobles, tribus y corporaciones, revoluciones y reconciliaciones, ceremonias grupales, guerras civiles, veladas absurdas, historias de amor y desamor.

-Para Cioran, de cuyo pensamiento usted parece sentirse tan cerca, la humanidad es un experimento fallido, y él arrojaba su odio absoluto contra el mundo entero.

Supongo que, además de la filosofía pesimista de Schopenhauer y de la nihilista de Cioran, también ha influido en mi visión crítica y sombría del ser humano el gusto por el Romanticismo Negro, el Simbolismo o el Decadentismo. Pero es difícil -sobre todo en momentos como estos- no ser pesimista y pensar que la historia de la humanidad es la historia de sus guerras, que todavía no puede pensar en sí misma como ‘humanidad’, que tiene aún una constitución tribal, y que dirime por tanto con guerras las diferencias entre tribus. Según el biólogo E. O. Wilson, hemos creado una civilización de la Guerra de las Galaxias, con emociones de la Edad de Piedra, instituciones medievales y tecnología que parece de dioses. Para Einstein, tres fuerzas gobernaban el mundo, la estupidez, el miedo y la avaricia. Pla consideraba la entrada en nuestra vida de otras personas, con su agitación, una de las causas más profusas y perennes de dolor. La teoría de que el hombre es un ser espiritual y moral le parecía grotesca, y creía que el hombre, con sus cosas inherentes a la animalidad humana, no es más que lo que es en cada momento. Albert Caraco, en su Breviario del caos, apunta que “los hombres se hacían la guerra por la posesión del suelo, mañana se matarán mutuamente por la posesión del agua; cuando el aire nos falte, nos degollaremos con el fin de respirar en medio de las ruinas. El exterminio será el común denominador de las políticas por venir. No subsistirá isla en la que los poderosos puedan ocultarse al infierno general que nos preparan, y el espectáculo de su agonía será la consolación de los pueblos que extraviaron”. Para Salvador de Madariaga, los hombres en general eran malos, bichos de naturaleza perversa, y lo que habría que esforzarse por obtener sería que hicieran el menor daño posible (¡convendría incluso procurar que durmieran cuanto más mejor, porque no cometen fechorías cuando duermen!). Según H. G. Wells, ningún camino intermedio se abre ante la humanidad: o se eleva o se hunde. Y, en un reciente artículo, Vila-Matas recuerda que el cerebro humano consta de una pequeña parte, ética, racional y todavía muy pequeña, y de una enorme trastienda bestial, territorial, cargada de miedos, irracionalidades e instintos asesinos. En definitiva, habrá que tener mucha paciencia para este largo viaje a la civilización. Mientras tanto, resulta de lo más tentador pensar que el ser humano no tiene remedio, que seguramente nos vamos a extinguir como los dodos. Como mínimo, la sociedad del futuro será -es- una esclavitud sin amos.

-¿Hay algún relato por el que sienta especial predilección en esta recopilación?

Curiosamente, “Holobionte” contiene el que considero el mejor relato que he escrito nunca, “El síndrome de Lugrís”, el más extenso, con el que he descrito un síndrome nuevo o, al menos, le he puesto nombre a algo que no lo tenía: para mí fue como mi propia subida al Everest, un esfuerzo titánico que me consumió ocho meses de escritura y de vida en mi humilde búsqueda de la excelencia literaria. Tardé tanto porque me exigió una mayor extensión para hacer verosímil el descenso a la locura del personaje, Manuel Lugrís, que siente, en mitad de una calle atestada, un momento epifánico pero terrible (la regularidad de todos los rostros humanos, el demonio de la simetría, la pesadilla de la repetición de los rasgos físicos de la especie) que acaba llevándolo a la locura. Vivimos en la conciencia de un único yo, que cada uno de nosotros se cree el centro del mundo -algo lógico, producto de la tiranía de nuestra conciencia individual y de las vivísimas sensaciones físicas proporcionadas por nuestro cuerpo-, cuando no somos más que integrantes anónimos de las infinitas arenas de una playa. Durante cuatro décadas he escrito relatos que son una visión de conjunto de la especie, otros que aplican a los seres humanos una lente de aumento, y otros que podríamos llamar bifocales, donde se alternan las dos perspectivas. Me gusta pensar en “El síndrome de Lugrís”, y en todos los demás textos que integran “Holobionte”, como ventanitas desde las que asomarse a las simas de la condición humana, desde las que preguntarse quiénes somos y cuál es nuestro lugar en el universo. Las experiencias, las relaciones, los sueños, los vínculos que nos unen y los rencores que nos separan, destilado todo ello por medio de la alquimia de las palabras, permiten singladuras únicas a cada lector, viajes siderales al fondo de cada uno donde descubrir que no somos más que polvo de estrellas.

-¿La relación más radical de todas es la que se establece con los otros?

Sin duda. Somos, dentro de nuestro entorno social, como esas moléculas que nos conforman y que interactúan en un espacio vacío tridimensional, como bolas de billar en manos del azar: basta un roce con otra para salir disparada hacia otro rumbo. Más que el resultado de determinadas circunstancias, lo somos de la confrontación con ciertas circunstancias. Kafka decía que las organizaciones humanas no son agua que se puede pasar de un vaso a otro, pero en todas partes ocurre que para que unos estén contentos otros tienen que no estarlo. Existen interacciones entre personas que se asemejan a las relaciones entre objetos (las bolas de billar no se encuentran, chocan), sin embargo a veces ocurren verdaderos encuentros, justo cuando un alma toca otra alma. Hay de todo. Algunos semejantes son como las epífitas del bosque pluvial: plantas que crecen en otras plantas, sobre todo en árboles, gracias a su soporte, su trabajo, su buena voluntad y su inocencia. Sin eso no sobrevivirían porque no tiene raíces en el suelo. Otros, sin embargo, son como los líquenes, un ejemplo de que la colaboración es transformadora. Pero todos vivimos en una red natural donde los seres vivos dependen unos de otros para sobrevivir y mantener el equilibrio en los ecosistemas de la Tierra. Los humanos somos en definitiva como los microorganismos de un sistema intestinal, y me temo que nuestra microbiota está enferma y necesita urgentemente probióticos: respeto, comunicación, empatía, cooperación, bondad, cortesía, concordia.

-A diferencia de los tres primeros volúmenes de sus relatos completos, en “Holobionte” parece haber una mayor cantidad de microrrelatos.

Ahora que lo señala me doy cuenta de que es cierto que en esta agrupación predominan los relatos bastante breves. Al tratarse de una recopilación de cuarenta años de escritura (aunque las narraciones no están extraídas en orden cronológico), conviven en “Holobionte” distintos registros y distintas extensiones, desde el microrrelato de una línea hasta el relato más largo que he escrito jamás (“El síndrome de Lugrís”). Ha sido una coincidencia, provocada quizá por el tema mismo del volumen -el cruce entre individuo y sociedad- y por el pudor a la hora de tratar ‘in extenso’ el rumor de la colmena humana, el eterno y delicado problema de la incomprensión de los seres, de sus complejísimas relaciones. En cualquier caso, pese a esta puntual abundancia, mis relatos siempre se han movido -paradójicamente- entre la concisión y la precisión y la exuberancia de detalles. Y siempre me he plegado por completo a las exigencias del texto, independientemente de la extensión. La soberanía de la historia es sagrada, no se puede forzar, ni podándola ni hinchándola.

-La violencia hacia el otro es una de las actitudes más presentes en los relatos de “Holobionte”.

Totalmente de acuerdo, hay numerosos ejemplos de relatos centrados en luchas de poder o de roles, sometimiento, humillación, ambición, crueldad, etc., en toda esa violencia que está instalada en cualquier estrato de la sociedad, ya sea de manera difusa o explícita. Annie Dillard lo dijo con ironía: “Testimonios de los expertos lo confirman: ahí afuera las pasan canutas, con la mitad de las criaturas intentando escapar de la otra mitad”. O comes o eres comido. Todos tenemos algo de monstruo y, por tanto, en algún momento todos podemos ser un monstruo para otros. No hay más que recordar las toneladas de sufrimiento que los humanos hemos sido y somos capaces de infligir a otros humanos, esa invasión tan perturbadora y persistente de la barbarie. No hay más que ver cómo nos acaba afectando a todos la mala cabeza y las malas intenciones de unos pocos o de muchos de nuestros semejantes. Parece que estamos tocando fondo, que vivimos en un mundo sobresaturado de falta de empatía y de crueldad, sobre todo por parte de unas élites depredadoras, avariciosas, sin escrúpulos, y de ovejas que balan jaleándolas, cada vez más asustadas y descerebradas. Resulta descorazonador. Nunca acabas de conocer por completo al otro. Exceptuando a esas raras criaturas que consiguen ser felices, o esa parejas que está milagrosamente conectadas como palomas mensajeras, muchas personas, para no sentirse defraudadas o traicionadas, prefieren la soledad a sufrir compañía; en un primer momento puede ser un poco áspera, pero luego -si es elegida- puede llegar a ser algo maravilloso, sereno y enriquecedor.

-Para terminar ¿es posible en su opinión una manera civilizada de convivir?

Es imprescindible. Las relaciones humanas pueden y deben ser motivo de cordialidad. Hay mucha más gente comprensiva que tiznada de crueldad. Cada ser humano me parece un milagro, decía Julián Marías. Habría que hallar el valor extraviado de las palabras, de escuchar y contar, de sentir compasión, de recuperar nuestra humanidad. Puede que el verdadero encanto de la existencia resida en la belleza de darse a los demás. Recordemos el lema humanista de la Institución Libre de Enseñanza: “Todo lo sabemos entre todos”. Puede que, después de todo, no sea el prójimo el más experto de los torturadores, sino uno mismo. Pero nada de esto será posible hasta que se imponga por sí sola la forma más noble de inteligencia, la empatía, esa apertura del corazón, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro. Hasta que dejemos de estar separados por las fronteras de la mente; a un lado el respeto y el pudor, y al otro el abuso, el dominio o la barbarie. Y es que el mal y la fealdad ya se cuidan solos, son el bien y la belleza los que necesitan de nuestros cuidados.>>


miércoles, 3 de junio de 2026

Reseña de "Holobionte" por Marina Tapia

Un honor que sea Marina Tapia la que abra fuego sobre “Holobionte” (Eolas Ediciones) con esta magnífica, completísima reseña publicada en la revista CaoCultura:


<<”HOLOBIONTE”: UN INTENSO VIAJE A LA ESENCIA HUMANA.

El prójimo puede ser encantador, pero también puede mostrarnos su cara más oscura. En un mundo donde todos colindamos, en este hormiguero, en este avispero, en este mar de cuerpos que chocan, es difícil no crear ciertas distancias, reparos, fobias, rechazos o antipatías hacia los otros. Pero la soledad absoluta tampoco es el antídoto. Necesitamos hermanos −para bien o para mal−, necesitamos ser piña, manada, rueda engrasada que hace girar el mundo. Necesitamos contacto físico, ser emisores y receptores: es parte de la herencia que nos han dejado generaciones anteriores. Nuestra fuerza como especie está en la comunidad. Sí, todos estos argumentos los sabemos y están sembrados profundamente en la tierra de nuestra educación, en los acuerdos tácitos y por escrito, y en diversos papelorios. Pero, el prójimo es una cruz, cargamos a los demás (que pesan como un muerto) sobre nuestra espalda a duras penas. Oídos, vista, olfato se resienten y erizan frente a la modulación de nuestros iguales. La resistencia interna, el mundo espiritual y el soliloquio no siempre forma una coraza. Somos débiles. Nos volvemos dependientes de familiares y compañeros, y queremos decir: "La libertad, Sancho…" pero caemos en los lazos y en las uniones, en el eslogan de las manos unidas y de las cadenas humanas ‘que todo pueden lograr’.

"Holobionte", de Ángel Olgoso (el cuarto volumen de ese anaquel de tesoros que son sus cuentos completos y que tenemos la fortuna de que esté publicando la editorial Eolas), muestra todo esto a la perfección, y refleja con excelencia la tirantez de esas órbitas en las que vive el hombre desde que nace. Este libro pone palabras a tantas emociones complejas y sutiles relacionadas con el edificio social. Nos sentiremos reflejados en él, nos reiremos de nosotros mismos gracias al delicioso e inteligente sarcasmo que el autor acuña. Encontraremos un relato y una expresión precisa para cada comportamiento humano. Es difícil no caer rendida ante todas las historias aquí planteadas, cuentos que son un muestrario amplísimo de situaciones, fieles retratos del Homo Sapiens. Un libro redondo como los anteriores volúmenes temáticos, "Bestiario", "Sideral" y "Estigia", más lúcido y necesario que nunca en estos días en los que amamos y aborrecemos a la humanidad casi por igual (inclinando la balanza, en numerosos momentos, hacia lo segundo).

"Holobionte" es un intenso viaje a la esencia humana. El libro se abre magistralmente con "Hispania I", relato que, con una ironía y maestría únicas, nos habla de las fricciones entre dos caracteres opuestos: el ser indolente que se deja llevar por sus impulsos primitivos y desenfrenados, frente al ser comedido y educado que intenta encajar recatadamente en la sociedad. Esa lucha de dos posturas, de dos fuerzas opuestas tan habituales, vale como acertada obertura de lo que encontraremos después. El narrador sigue avanzando por esta colección de piezas perfectas con relatos cortos unidos bajo la idea de la familia y de las distintas edades y etapas de la vida. Familia: ese primer espacio emocional donde experimentamos la colisión con los demás. Nos deleitarán "Perspectiva" (retratando la figura del padre), "La mujer transparente" (pintando los desvelos de una esposa), o "Reconciliación" (mostrando vivamente la soledad de una anciana). Ángel Olgoso es un maestro capaz de −en poquísimas líneas− mostrar arquetipos y patrones habituales. Pero también hay espacio en este libro para fundir lo humano con el mundo natural, como es el caso del bellísimo texto "Las nubes", con ese final tan potente: "disipándose en perezosos despojos de muselina, olvidadas, como nosotros". Entre sus páginas el autor da voz también a los afligidos, a los castigados por el egoísmo y la crueldad extrema de los otros, como en "La travesía", "El descanso de Sísifo", "El misántropo", "Caballeros de los puentes" o, sobre todo, "Perlas de Indra" que, doloroso y hermoso a la vez, da muestra de un terrible desgarro moral y luego, en otro plano dimensional, de una benéfica justicia poética. Y hay espacio para el sentimiento amoroso, por ejemplo en "Venablos", "Émula de la llama" (ópera pasional con distintas arias de erotismo explícito ordenadas alfabéticamente), "La fortaleza" o "El solipsista". Potentes narraciones, lejos del cliché del romanticismo fácil y almibarado. Quedan reflejados los habituales conflictos vecinales (que todos hemos sufrido por desgracia) de una forma dinámica, humorística o descarnada en relatos como "El tendedero", "El prójimo", "El misántropo" y "Huéspedes". Ángel se extiende a los de orden colectivo o mundial como en "Vidas privadas", "Anfiteatro", "El tabernáculo", "Hispania II", "La corporación" o "El mensaje". Interesantísimos textos epistolares "Las espuelas y la carne" y "Carta al hijo", texto que da voz al padre de Kafka, una genial vuelta de tuerca a la célebre misiva kafkiana y a la metamorfosis. En ella se muestra el el reverso paterno, ese sinsabor del progenitor al no ser comprendido por su hijo. También hallaremos la extrañeza ante un otro distinto, desconocido y amenazante ("Flores atroces") o el ser humano repetido como un patrón monótono hasta la saciedad ("El síndrome de Lugrís"). Y esa visión poética −unida a la extrañeza− tan frecuente en la obra de Olgoso, nos llevará a una especie de éxtasis sensorial, a un rapto, como cuando nos dice: "El tuétano de cada uno de mis huesos comenzaba a licuarse. La pura evidencia y el estupor me mantienen paralizado desde entonces. Solo sé que tengo ojos y veo. Y ayer me vi a mí mismo alejándome calle abajo". Maravilloso el texto "Okitsu", encarnando al hijo que ve a su padre en toda su dimensión, con una valoración tan desusada: "No soy más que mi propia, nimia y atolondrada creación floral. No soy más que la flor que brotó, para apartarse, del tronco seco de mi padre. No soy más que la imperfección voluntaria que requiere un jardín, la impureza exquisita de un paisaje, la limitación, lo inacabado".

Mención especial merece el relato más largo del volumen: "El síndrome de Lugrís", una portentosa y emocionante historia, la obra más extensa escrita por el autor entre sus setecientas piezas, y su preferida a juzgar por las declaraciones de Ángel. Canto a la amistad ungida del brillo esmerilado de palabras gallegas. Esa contraposición de la indefensión del personaje principal y de la sobreprotección de su amigo hiere como una estocada. La relación entre Manuel y Ramón nos dejará huella. El ‘demonio de la simetría’, de la repetición del molde humano, es el que desencadena el delirio. Y cómo no deleitarnos con la constelación de detalles, con la riqueza estilística de las enumeraciones y con las vivísimas caminatas a través de la geografía gallega. "No era miedo, insistía; como si se le hubiera activado una facultad desconocida, le dolía de golpe, y hasta la náusea, la concordancia general de los rostros de todos los hombres y mujeres más allá de épocas o razas, la sofocante proliferación de ese molde". "Siempre había tenido la certeza de que la vida estaba llena de imposturas, de miserias que ‘afogan e non matan’, de pequeñas vejaciones infligidas por el prójimo que se sucedían en vaivenes sin interrupción, en cúmulos de mayor o menor magnitud", "mientras siniestramente, por las galerías del edificio, por los caminos y ciudades del mundo, pululan y se propagan sombras provistas de cabezas, de cabezas todas iguales, de piernas y brazos iguales, sombras simétricas con las mismas extremidades duplicadas, el mismo paso alterno de las piernas y el mismo balanceo alterno de los brazos, huestes espectrales, dispersos ejércitos de insectos zancudos transportados de aquí para allá con feroz y marcial ansiedad". Es de celebrar que Olgoso haya inventado un síndrome nuevo, sustentado clínicamente de forma verosímil y que sienta un precedente acerca de este sofocador descenso a la locura (¿o a la lucidez?), de esta multiplicación clónica a la que cada vez estamos más abocados, de este futuro cada vez más estándar en todos los rincones del planeta.

El libro termina con un microrrelato brillante, "Cuento de horror", que en sólo dos líneas perfila y sintetiza el conjunto: "Vivía solo, despreocupado, feliz. Un buen día se le acercó otro ser humano". Y tal como destaca Raúl Brasca a esta visión crítica de la sociedad humana en su preciso prólogo: "Si algo caracteriza a ‘Holobionte’ es su exuberancia, en el mejor sentido. A todos los aspectos −temáticos, procedimentales, estéticos− puede aplicarse el término. Aplicado al lenguaje, hay que decir que tiene protagonismo, pero su frondosidad no es ornamental. Se trata de un lenguaje barroco y potente, capaz de alcanzar niveles expresivos muy altos, gracias a su precisión y belleza. Quiero decir que sirve bellamente a la historia que cuenta y, que aun siendo protagonista, nunca se pone por delante de ella". Sí, es el lenguaje en estado puro el culpable de esa fidelidad y de esa adicción nacida en los lectores que rápidamente nos volvemos ‘olgosianos’, el lenguaje con sus atmósferas y sus arpegios reconocibles en cuanto llegan a nuestros oídos, como ocurre con artistas como Miró o Remedios Varo.

Tras la relectura de este fabuloso libro, siento que se prende en mí la belleza, la indagación honesta, la búsqueda de la pulcritud y la justedad de las palabras, siento que puedo ver la humanidad transparentada. Todo lo que no encuentro en otros autores lo hallo en Olgoso: esa independencia, esa integridad, esa falta de complacencia, ese compromiso insobornable con el lenguaje. Ya se ha dicho tanto acerca de su escritura, que mis sencillas palabras son sólo un apunte entusiasta pero sincero. Seguro se perderán. Pero esta reseña ha nacido de la admiración y la gratitud hacia otro libro magnífico de Ángel.>>

martes, 17 de marzo de 2026

"Holobionte" (Eolas Ediciones)

No suelo tener el don de la oportunidad, pero la publicación de “Holobionte”, el cuarto volumen temático de mis relatos completos centrado en el prójimo y la sociedad, parece más acertada que nunca, dada la forma en que unos pocos se están 'luciendo' -de forma un tanto demente- con el resto de sus semejantes. Y es que no conviene olvidar que somos un ecosistema cuyas relaciones y comportamientos afectan a todos y acaban modificando nuestro entorno. Muy feliz de que este nuevo libro vaya acompañado por el prólogo del maestro argentino del relato Raúl Brasca y por la impactante portada de Marina Tapia. Ya en preventa en Eolas Ediciones. Espero que os sintáis identificados, perturbados, confrontados y hasta esperanzados con estos relatos, con esta exploración de las pulsiones humanas, de la presencia especular de los otros, de los protocolos sociales, de las relaciones de poder, de la tragedia y la comedia de nuestra especie.



viernes, 13 de diciembre de 2024

SIDERAL, por Lilian Haydée Cheruse

SIDERAL, por Lilian Haydée Cheruse



    "Sideral" es una apertura, una invitación a incursionar con pensamiento abierto. Es un nuevo testeo de la realidad terrena y del enigmático Cosmos. Ese Cosmos que Ángel Olgoso ha recreado y que da textura a esta obra. La magia, la extrañeza y el misterio orbitan en estos textos donde nuestro planeta puede mostrar otros mundos dentro de su propio suelo, u ofrecer diferentes visiones que desestructuran dimensiones y rasgan la ‘normalidad’.

    Los numerosos relatos abren ventanas al lector para avistar con anticipo esta mixtura de dimensiones inesperadas, que se abrirán como los escenarios del impresionante "Contraviaje". La primera de las citas, de J.G.Ballard, dice: "El único planeta verdaderamente extraño es la tierra", y así lo expone nuestro autor en muchos de sus narraciones, como es el caso de la aterradora cárcel de "Geometría", o desde la avanzada tecnología donde el amor lo prodiga una máquina ( "Interior con máquina"). La cita de Lezama Lima nos prepara: "El único viaje que me tiente será el que emprenda saltando como un conejo de constelación en constelación". Y Ángel se trepa a las palabras que ya ha domado a lo largo de más de cuarenta años de labor creativa y lingüística, y entonces el universo se agita, gravita en colores, en silencioso movimiento giratorio y se desplaza en armonía.

    Su vocabulario es como de costumbre culto, expresivo, especializado porque incluye conocimiento astronómico y de sus leyes, y esto diseña una prosa gráfica y fantástica con la textura de astros conocidos y desconocidos. Podría nombrar más de uno, pero es suficiente con "Lucernario", que nos brinda un escenario del que quisiéramos ser espectadores directos. Sus descripciones superan toda medida y la lucidez narrativa nos sitúa ante un panorama jamás visto. Algunos relatos se sitúan directamente fuera de nuestro planeta. Un cuadro con vida propia: "El borde de la luz" o "Pantanos celestes". En otros, el ser humano viaja en el tiempo como vemos en "El bucle" o "El mundo en el año uno antes de la nada". En otra serie, aparece una "mano creadora" de este mundo o del universo. Esa deidad posee diferente identidad en cada caso: "El proyecto", o "Dibujé un pez de polvo". El escritor juega también con la posibilidad del último hombre vivo en "Anomalía". O con el descubrimiento de otros mundos en “Van Utt y el millar de mundos o "El calendario quimérico de lo que podía haber sido".

    "Sideral" es un muestrario de los recursos estilísticos y del pensamiento creativo de Ángel, donde el tiempo y las dimensiones espaciales hacen de las suyas. Hay historias testimoniales, impresas como una denuncia, como es el caso del espeluznante "Espanto". La ironía forma parte también de este libro, cito especialmente "Perikhoresis teológica", la vivaz aventura de estilo cinematográfico de "Bárbaro solo" -uno de sus primeros relatos, escrito cuando nuestro autor contaba sólo con diecinueve años-, o la original fusión de leyenda japonesa y occidental de "Los mil cerezos de Yoshitsune".

    Olgoso ha reunido una gama de posibles existencias, de posibles mundos y los ha integrado con su depurado arte de estilista y profundo pensador. Una valiosa recopilación de sus cuentos cósmicos, en una nueva entrega temática de sus cuentos completos, para disfrutar y asombrarse.


Profesora en Letras, escritora y gestora cultural. Posgrado Internacional en Cultura y Comunicación (FLACSO). Ex Directora General de la Comisión de Cultura y Educación Concejo Municipal Rosario. Participación en programas radiales, televisivos y digital por medio de revistas, entrevistas y Canal TV + y eventos literarios. Recibió Diploma por labor cultural otorgó Movimiento Cultural Rosarino (2007). 2010, Diploma de Honor por labor Cultural e Interés Municipal del libro “Lilian Escribe”, por Concejo Municipal Rosario. 2019, Premio Madre Selva por Medios TV+ como escritora y aporte cultural. 2019 Interés Municipal por “Vueltas Locas”, narrativa y “El cometa tiene un secreto”, infantil. Autora de reseñas y prólogos. Ganadora 1 Concurso Infantil “Felices porque sí” con el cuento “El avión Celeste” (2021), Antología. Publicaciones digitales de Eos Villa Argentina e Internacionales. Publicó en mayo 2024 el libro “Céfiro Vuelve (microficciones) /La Mujer Azul” (Poemas).Autora de reseñas. Participa en Antologías internacionales. Asesora cultural de SADE San Pedro-Baradero y Miembro Concejo Asesor del Grupo Lectia/Arte y Cultura.


domingo, 22 de septiembre de 2024

Mi prólogo de "Céfiro vuelve", de Lilian Cheruse, en el diario argentino Mirador



Mi prólogo de "Céfiro vuelve", de Lilian Cheruse, en el diario argentino Mirador:

<<Autora de dos volúmenes narrativos, “Lilian escribe” y “Vueltas locas”, y de dos obras de literatura infantil, “El cometa tiene un secreto” y “El avión celeste”, Lilian recoge ahora en “Céfiro vuelve” una nueva muestra, verdaderamente inspirada, de su talento para el relato. Pleno de variados registros y extensiones, nos reencontramos en este libro con el estilo cristalino, luminoso, tintineante, colorista y poético de Lilian, con sus imágenes genésicas o con su conmovedora sencillez, con sus infalibles toque de color local unas veces y exótico otras. En ocasiones, los textos toman prestado su material de la vida; otras, en cambio, lo toman del espejo empañado de la memoria, o de la historia, y del espejo sensual de la naturaleza.

Ante la imposibilidad de citar los numerosos relatos que componen el volumen, haré referencia a los que me han parecido más destacados: “Barranca arriba” tiene un equilibrio perfecto de los elementos poéticos y sensoriales, una sabia dosificación del tempo narrativo; es un texto precioso con un final perfecto, con su dosis de ambigüedad, de emoción contenida, con su proyección más allá de la historia. Un relato genial “Mi reino no es de este mundo”, con su sutil aroma a Denevi y a Buzzati, con todos los atributos del poder enumerados en el densamente trabado espacio del primer tramo; impresionante el parrafito final, y la conclusión contrastante, brutal y poética a la vez, tan liberadora. Excelente también “Alta mar en Pandemia”, cuya documentación para este cuaderno de bitácora proporciona una plena verosimilitud; la alternancia del avance del barco y de la pandemia, así como el paralelismo de los confinamientos, le dan vigor y profundidad a la narración, y una inquietante resonancia. “El canto del aire” es redondo, con un final sorpresivo pero de una coherencia absoluta, y su simbolismo encaja como un guante en la desasosegante y mustia época actual.

“El gato de los sueños” resulta muy colorista, brillante, casi ‘art déco’’, como una de las joyas diseñadas por René Lalique; las acciones en el sueño están integradas como muñecas rusas, y sus logradas sensaciones oníricas describen una especie de movimiento ondulante hasta el estupendo broche final. “El regreso de la barca”, tan plástico, posee una ambigüedad en el desarrollo que lo abre a distintas interpretaciones. En “Las llaves del reino” la autora sabe establecer, dosificar perfectamente la progresión y la complejidad psicológica de la situación y los personajes. Muy bien resuelto “El restaurador”, relato en la noble tradición fantástica del personaje misterioso y del objeto mágico. “La catedral sumergida” es un pequeño prodigio sensorial, colorista, musical, con ecos de Debussy y de Lord Dunsany. “Sombras de estanque” o el vértigo del dolor contado breve y limpiamente. “Revival de un mito”, una historia de amistad -o de amor- muy sensual sobre fondo onírico. “Ocho puntas”, otro texto de historias locales que se abre a inesperados puntos cardinales de la historia y la cultura. "La fuerza del débil" es claramente una ‘vendetta’ anunciada, y merecida, contra la condenada "cofradía" de los bancos, como muy bien la llama Lilian. “Del otro lado” habla de selvas, de colonos y civilizaciones perdidas, con su evocador hálito a Conrad.

También está el costumbrismo plástico y más narrativo de “Keops” y el costumbrismo vivísimo de “Aventura en Pecadores”; la riqueza expresiva del realista “Coto de caza”; el tapiz sensorial de “Hay nieblas en el cosmos”, con su lindo viaje en el tiempo; el vacío metafísico, casi sideral de la noche austral en “Larga noche”; o el exotismo a lo Schwob de “El pescador del Tigre”, facetado de detalles.

Mención aparte merecen microrrelatos como “Encantamiento”, una delicada filigrana, un fino bordado sentimental; “Caleidoscopio”, un texto hecho de impresiones, movimientos de cámara e imágenes; el micro poético “No existen cerrojos”; el estupendo microrrelato “Cortar por lo sano”, con la gradación perfecta de sus enunciados; el poético y a la vez concreto y detallista “Testigo en isla Mocha”, microrrelato atmosférico con final amplificador; o “Ese otro”, excelente micro sobre la fuerza de los anhelos (tener un hermano en este caso).

Y, para finalizar, un millón de gracias a la autora, a Lilian, por dedicarme “Gráfico de una leyenda” -hermoso pentagrama de conexiones en la distancia-, así como por sus sugestivas creaciones y por su entrañable amistad>>.


BIO

Lilian Haydée Cheruse:

Profesora en Letras, escritora y gestora cultural. Posgrado Internacional en Cultura y Comunicación (FLACSO). Ex Directora General de la Comisión de Cultura y Educación Concejo Municipal Rosario. Participación en programas radiales, televisivos y digital por medio de revistas, entrevistas y Canal TV + y eventos literarios. Recibió Diploma por labor cultural otorgó Movimiento Cultural Rosarino (2007). 2010, Diploma de Honor por labor Cultural e Interés Municipal del libro “Lilian Escribe”, por Concejo Municipal Rosario. 2019, Premio Madre Selva por Medios TV+ como escritora y aporte cultural. 2019 Interés Municipal por “Vueltas Locas”, narrativa y “El cometa tiene un secreto”, infantil. Autora de reseñas y prólogos. Ganadora 1 Concurso Infantil “Felices porque sí” con el cuento “El avión Celeste” (2021), Antología. Publicaciones digitales de Eos Villa Argentina e Internacionales. Publicó en mayo 2024 el libro “Céfiro Vuelve (microficciones) /La Mujer Azul” (Poemas).Autora de reseñas. Participa en Antologías internacionales. Asesora cultural de SADE San Pedro-Baradero y Miembro Concejo Asesor del Grupo Lectia/Arte y Cultura.




lunes, 26 de febrero de 2024

Reseña de "Nubes de piedra" en Libros de Cíbola

Muy agradecido por esta magnífica reseña de “Nubes de piedra” en el exquisito blog cultural Libros de Cíbola.




Fagus es una pequeña editorial radicada en Manzanares (Ciudad Real) cuya existencia desconocía hasta que publicaron a mediados del pasado año Nubes de piedra, el «último» libro de cuentos del Ángel Olgoso. El entrecomillado es pertinente, puesto que en realidad se trata de una reedición de un volumen de narraciones juveniles de Olgoso publicado en Granada en 1999 en edición no venal y que se encontraba totalmente inencontrable. Ya hemos dicho en varias ocasiones que Ángel Olgoso es uno de los mejores cultivadores españoles del cuento antirrealista, con una larga lista de títulos esenciales dentro del género breve. Olgoso, desde sus inicios como escritor, siempre se ha movido entre el microrrelato y el relato corto, y esa predilección es tanto teórica como práctica: «Estoy condenado a la brevedad, por convicción, por gusto, por respeto al lector y porque no sé hacerlo de otra manera. No se trata de escribir mucho o poco, sino tener el don de encontrar la extensión exacta».
El autor ha declarado en una entrevista a propósito de este libro: «Lo escribí a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, y creo que ya está presente el germen de los principales temas de mis libros posteriores: lo extraño, lo sorprendente, la ironía o incluso la sátira, las premisas extravagantes, las composiciones pesadillescas o vertiginosas, las propuestas asombrosas, los retos compositivos. Creo que los 35 relatos de Nubes de piedra viven en ese estado fronterizo entre el sueño y la realidad, entre la humorada y la insolencia propia de la primera juventud, entre la fantasía y una incipiente exigencia formal». Pero debemos preguntarnos ante una recuperación como ésta es si los textos de Nubes de piedra son unos meros ejercicios de aprendizaje (el libro recoge piezas escritas entre los 17 y los 22 años, es decir, estamos hablando de un autor casi adolescente), o bien prefiguran y cimentan las obras posteriores de Olgoso. Pues bien, sorprende que los temas, los procedimientos y el lenguaje están totalmente asentados en el autor, que muestra una inesperada madurez y continuidad en el resto de su obra.

EL LIBRO DEL BATIR DE PALMAS DE LAS MEDUSAS

Había una vez un rico erudito italiano, Lucca Cappodicazzo, que quiso reunir en la biblioteca de su mansión todos los libros raros, heterodoxos y de temas imposibles que habían sido escritos en el mundo. El resto de su vida, a partir del momento de aquella decisión, lo dedicó a coleccionar dolorosamente papiros, tablillas, códices, manuales, cosmogonías, monografías, catálogos, demonologías, miles de volúmenes de caracteres casi indescifrables que hablaban de reinos escondidos, de lluvias de perros, de estrellas que reían, de elixires y talismanes mágicos, de una trenza infinita hecha con horizontes, del toro de cuatro mil ojos que sostenía la Tierra, de teosofías y signos fatales, del Mirmecoleón, de los animales de los espejos, de las arquitecturas del aire, del origen y final de los tiempos… La noche del noventa y nueve cumpleaños de Lucca Cappodicazzo, una chispa furtiva que escapó de la chimenea quemó su mansión hasta los cimientos. La tempestad de fuego y lapislázuli redujo a la nada los centenares de estantes rebosantes de valiosísimas maravillas. El viejo murió olvidado. Su vida fue uno de esos libros imposibles que nadie podría ya nunca leer y coleccionar.

Como digo, ya se pueden observar algunas características reconocibles en la escritura de Ángel Olgoso: cierto barroquismo en su prosa (rico vocabulario, habitual empleo de largas enumeraciones), escasa o nula acción, ausencia de diálogos, predominio del monólogo discursivo, uso de la ironía, erudiciones inventadas; en definitiva, un estilo literario muy trabajado que se aparta de manera radical del coloquialismo imperante. Por más que Olgoso admita su admiración y deuda con algunos grandes maestros (Poe, Kafka, Borges, Schwob, Buzzati, Cunqueiro, entre otros), lo cierto es que el universo olgosiano no se parece a ningún otro; también en este aspecto radica uno de sus mayores atractivos. Lo expresa el prologuista, José Luis Gärtner, de forma inmejorable: «Al igual que deberíamos ser capaces de identificar a Bach en unas cuantas notas, uno lee un párrafo de Ángel Olgoso y reconoce que es de su autoría aunque sea la primera vez que lo afronta».

Los argumentos y procedimientos de los cuentos son muy diversos, destacando el empleo del humor negro y el sarcasmo en grado mayor que en volúmenes posteriores. Precisamente esa tendencia a lo surrealista y casi grotesco es una de las características del fantástico en lengua española (basta recordar la obra de Javier Tomeo o Gonzalo Suárez), que pocas veces desemboca en lo verdaderamente terrorífico o en lo cerebral. En general, me han gustado más los textos cortos o microrrelatos, que considero más perfectos y memorables que lo cuentos más largos, aunque entre estos últimos merece citarse El Club de los Novecientos Flautistas, un delicioso relato plagado de fantasía y humor.

Quizá Nubes de piedra no es el libro que recomendaría para iniciarse por primera vez en la lectura de Olgoso. Yo indicaría más bien títulos como La máquina de languidecer, Los demonios del lugar o Breviario negro; en cambio, para los veteranos seguidores olgosianos este libro será un nueva ocasión de dicha. En cualquier caso, el interés intrínseco de estos cuentos y la belleza de la edición y de las ilustraciones a carboncillo de Marina Tapia lo hace apetecible para cualquier aficionado al relato.

«Ojalá el lector que se acerque a esta historias las recuerde luego como sueños», señala el autor en la citada entrevista. Forjar sueños para que el lector los asuma como propios; no creo que haya mayor felicidad y recompensa para un escritor.


martes, 13 de junio de 2023

"Olgoso, poeta en prosa", por César Requesens

Artículo de César Requesens en Granada Hoy a propósito de “Nubes de piedra”. 



OLGOSO, POETA EN PROSA

Autor periférico que voluntariamente se aparta de la realidad para que no mate su imaginación tan pura, Ángel Olgoso convierte cada presentación de uno de sus libros en una clase de literatura de esa que sigue teniendo más de ejercicio humanista que de venta de papel al kilo manchado con letras.

El prologuista José Luis Gärtner, escirtor inquieto, diverso, retrata perfectamente en la invitación a degustar este nuevo título, ‘Nubes de piedra’ (Fagus Editorial, 2023, con ilustraciones de Marina Tapia), las claves ocultas detrás de esta edición de unos relatos que un joven Olgoso aún ingenuo y animoso se lanzó a escribir en sus comienzos para aportar algo a este tiempo y a la literatura del cambio de milenio.

Y sí. Sus textos son para leerlos de a poco. Cada línea está reducida a lo esencial; las palabras son certeras sin ser rebuscadas; la historia se cuenta casi a sí misma siempre desde una perspectiva inesperada o novedosa; hay vocación de estilo sin ahogar la historia siempre sorprendente en la perspectiva elegida o el desenlace; hay, en fin, trabajo, reposo, calado en cada historia y es por eso que se saborea con gusto por el poso que deja y la reflexión que provoca.

Pero lo realmente inquietante en Olgoso es que su promoción corre a cargo de los demás. Así lo confirmamos los que acudimos a abarrotar la librería Picasso para escucharle. Él, con hacer buenos relatos y disfrutar escribiéndolos y, si el perfeccionismo le deja también hasta disfrutar del resultado, ya tiene suficiente. Ama la literatura y como prueba esas muchas décadas de cultivar el oficio donde se debe, en lo oculto, sin alharacas ni guateques.

Para muchos que perseveramos en esto de escribir, aunque sea con sangre, es un referente. Nos deja tranquilos ver que alguien sigue teniendo fe en la capacidad redentora de la palabra escrita que aspira a ser arte y ensancharnos la mente.

Este libro fresco pero ya maduro nos ofrece el primer Olgoso ahora, cuando él mismo está quebrando la esquina de su carrera de escritor esforzado y generoso. Está este maestro granadino de cuento (al que algunos ya encuadran entre Borges y Cortázar) cerrando un ciclo para dedicarse a cosas nuevas, otra vuelta de tuerca de un artista de esos que no se conforman con lo ya hecho y publicado sino que sigue arriesgando y afrontando terrenos nuevos.

Todo un referente por la estela dejada y por seguir enarbolando la bandera de esa creatividad que solo se complace en recrearse a sí misma.



jueves, 3 de febrero de 2022

"Devoraluces": finalista del Premio Andalucía de la Crítica 2022

Devoraluces, finalista del Premio Andalucía de la Crítica. Muy agradecido y honrado. Un guiño risueño a 44 años de cultivo del relato. Enhorabuena a todos los compañeros seleccionados, y mucha suerte.






sábado, 10 de julio de 2021

La herencia gris de la historia

Comparto el enlace a la reseña que Ángel Olgoso escribió del libro relatos Cenizas (Editorial Sonámbulos), de Alfonso Salazar, publicada en Infolibre.