He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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martes, 25 de julio de 2023

Reseña de "Astrolabio" por Carmen Hernández Montalbán

Muchas gracias a Carmen Hernández Montalbán por sus generosas palabras sobre “Astrolabio”, la mejor invitación posible a esta singladura literaria, ideal para el solaz veraniego. En el blog de la revista La oruga azul.



<<Los títulos de todos los libros de Ángel Olgoso son, por sí mismos, células de cuentos. Los lectores sabemos que un buen título es como un imán que nos atrae hacia la lectura del libro, sea cual sea el género en cuestión. Pero la elección del título de un libro de cuentos breves, como es el caso, es algo que merece cuidado. El título nos orienta y, sin él, las historias pueden producirnos desconcierto, sobre todo a los lectores menos avezados. El título de este libro, “Astrolabio”, cumple más que en otro la función que debe, porque la palabra astrolabio nos lleva a pensar en el objeto al que alude; algo que nos sitúa, nos orienta, nos advierte que existe un universo por descubrir.

Olgoso ha sido, ya desde el inicio, un maestro del cuento breve. Sus relatos y microrrelatos han servido de ejemplo en numerosos talleres y cursos por su singularidad, y por ajustarse a las características del microcuento o el microrrelato.

No es únicamente en la brevedad en la que se define un microrrelato, como se pudiera erróneamente pensar. Cualquier texto breve no es un microrrelato. Podrá ser un aforismo, un poema, una idea, un apunte, una noticia, una carta..., el microrrelato es un subgénero complicado que requiere destreza y precisión.

Un microrrelato es un texto hiperbreve que nos cuenta una historia y debe tener la capacidad suficiente para turbar al lector. En este tipo de textos, lo que se insinúa o como lo llama la hispanista Irene Andrés-Suárez: “los espacios de indeterminación” cobran doble importancia.

Un ejemplo taxativo de microrrelato lo tenemos en el titulado “Cuenta atrás” de este libro:


CUENTA ATRÁS

Siete decenios. Seis trabajos. Cinco infidelidades. Cuatro operaciones. Tres hijos. Dos latidos. Un suspiro.

O el extraordinario microcuento “Todas hieren”..., con el ingrediente prodigioso que distingue a la mayoría de los cuentos de este libro.

TODAS HIEREN

El reloj de pulsera finge que es un inofensivo accesorio, un adminículo útil, un satélite diminuto y encantador. Su apariencia no sólo no resulta amenazadora sino que, a modo de lisonja, parece prestarte brillo, distinción y un poder absoluto sobre el tiempo. Sin embargo, sin que sospeches nada, y mientras las manecillas distraen tu atención, él se aferra codiciosamente a la muñeca, se prende a la piel atraído por el rumor de tu sangre, devorando tus latidos, cebándose en tus sueños, palpitando al unísono con tu corazón de incauto. Debes saber que, aunque apenas se le pronuncian los colmillos, toma siempre la precaución de insensibilizar la zona para volver imperceptibles sus dentelladas. Y un día, completamente succionado por él, ya no te necesita, y hay gente alrededor que habla a media voz mientras alguien lo desata de tu muñeca inerte.

Este microcuento, en mi opinión, contiene implícita la advertencia del paso ineludible de las horas. Esa es otra característica propia del cuento: contiene una sentencia, una enseñanza que nos lleva a la reflexión. Todos los cuentos de astrolabio cumplen ese cometido.

Este universo literario está poblado de mundos. Cada relato es un mundo en el que viviremos experiencias inquietantes, prodigiosas, iniciáticas..., basta con afinar el telescopio de la lectura. Dejarse guiar por este astrolabio olgosiano es fascinante, pues los mundos que señala siempre nos resultarán sorpresivos. Parábolas orientales, metáforas del fin de los tiempos, ecos metaliterarios, imágenes poéticas, metamorfosis..., todo un cosmos por revelar.

Aconsejo su lectura como aconsejo la de cualquier otra obra de este creador de mecanismos literarios de precisión, este mago de la agudeza narrativa que es Ángel Olgoso, ante quien me quito el sombrero>>.

(Carmen Hernández Montalbán)


viernes, 16 de junio de 2023

"La mujer transparente" en la Micro Audioteca

Mi relato “La mujer transparente” en la Micro Audioteca, proyecto de difusión de microficciones internacionales en formato audiovisual. Fue creada en Guatemala por la escritora Norma Yurié Ordóñez a finales del 2020, y promueve escritores que son referentes de la microliteratura y talentos emergentes con calidad literaria. Hasta la fecha ha publicado los trabajos de autores de 14 países. El equipo está integrado por tres narradores: Claudia Lauscher y Mariana Taberniso de Argentina y Carlos Ventura de Guatemala. La edición y el diseño gráfico está a cargo de Norma Yurié Ordóñez, creadora del proyecto.




sábado, 6 de febrero de 2021

Astrolabio en Revista de Letras

Nada mejor que comenzar el año con esta magnífica reseña de Astrolabio (Ed. Reino de Cordelia) a cargo del escritor mexicano Antonio Tamez-Elizondo, publicada en la Revista de Letras.

 


    En su libro, La posibilidad de una galaxia, poco más que un panfleto de escasa circulación, Guillermo de Maquís, más conocido por su alquimia y ocultismo entre las sociedades secretas que por sus oficios artesanales, escribió que trabajaba en el diseño de una caja de madera, provista de sellos y cámaras ocultas, en la que podría guardarse la entereza del cosmos. Prometía, en esas mismas páginas, que más adelante revelaría el plano del cofre sólo a un puñado de iniciados, a sus amantes en los cabarets de Montmartre, a cualquier buen cristiano que le ayudara con una cena caliente y una buena cama para llevar la noche.

    Se sabe que de Maquís llegó al fin de sus días en la pobreza más vil. Su cuerpo nunca se encontró, o al menos es así como versa el romance. Pocos amigos le extrañaron y se corrió el rumor de un cadáver engullido por el Sena. Su vida, como su obra, fue grandiosa dentro del secretismo, pues suya fue la gloria de las almas que trabajan en las periferias. De su caja se conocen dos detalles; sería de roble ornamentado y sus cámaras secretas, que las presumía de interminables, estarían contenidas en un volumen apenas poco mayor que su puño de señorito caído en la desgracia.

    Al igual que de Maquís, Ángel Olgoso ha hecho de lo pequeño una caja en la que se contienen mundos. Sobrados son los practicantes de la prosa brevísima, pero contados son quienes la elevan a un arte tan personal y rico en detalles. Con derecho, se le considera uno de los más fascinantes cuentistas de nuestra lengua, con tantas publicaciones en revistas y colecciones, hispanas y extranjeras, como hay estrellas en las noches campestres. Leerle se asemeja a hurgar en los detalles del Bosco o Bruegel, capaces de contar historias en los rincones menores de sus pinturas. «Escribí un relato de tres líneas», comenta Olgoso en uno de sus cuentos, «y en la vastedad de su espacio vivieron cómodos un elefante de los matorrales, varias pirámides, un grupo de ballenas azules con su océano frecuentado por los albatros y los huracanes, y un agujero negro devorador de galaxias».

    Así comienza Astrolabio, una magnífica colección publicada hace más de una década, pero traída de regreso a principios de 2020 por Reino de Cordelia, en una edición ilustrada por la artista y poeta chilena Marina Tapia. Un muestrario de la vasta cultura e imaginación de su autor, el libro abre con una cita de Dunsany que se lee como una clave de biografía artística y filosófica.

    Como la caja de de Maquís, los compartimentos de este libro guardan las maravillas y los terrores de la vidia terrena, la de los cielos y, en especial, la de los infiernos; una Wunderkammer paginada. Más comparados con piezas de relojería, o las miniaturas en los textos iluminados del medievo, los 43 relatos van desde las flaquezas del amor en un matrimonio que se marchita, como ocurre en La mujer transparente, hasta laberintos metaliterarios y cervantinos, como es el caso de El incidente Avellaneda, que bien podría pasar por algún cuento desconocido de Borges.

    Más maravillosos aún son los relatos que insinúan inmensidades. Ya de Maquís había escrito, años antes de su desaparición, y en supuesta correspondencia con Fulcanelli, sobre cajas que contienen universos donde se ocultan cajas que contienen otros universos. Parecido a como pasa en El lamento del dinosaurio, en el que un hombre recién apuñalado se niega a morir hasta saber la biografía completa de su asesino, con todas las ramificaciones que el ejercicio requiere. O, más vasto aún, en Si mi cabeza cae, donde se encuentra un panorama cósmico que retrata al Absoluto, ese que no puede mirarse a los ojos sin encontrar lo perverso y la bajeza humana en el propio corazón. Materias, estas últimas, que se visitan en estampas como El eremita, en la que lo sagrado y lo profano se niegan a compartir sitio en una sola persona, o Caballeros de los puentes, que, sin sentimentalismos, comenta sobre lo fácil que es para las placideces domésticas convivir con las mejores perversiones.

    Marina Tapia aporta con sus ilustraciones una novedad sobre la edición de 2007, a cargo de Cuadernos del Vigía en aquel entonces. Su paleta es de negros y rojo, y aunque complementan a la narrativa que se tiene entre manos, son por sí mismas historias independientes, tan abiertas como el resto de los relatos a toda clase de interpretación posible.

    Sobre la brevedad abundan sentencias y recomendaciones, aunque en la mesa de la literatura hay manjares para el gusto de todo el que se siente ante ella. Olgoso no necesita teorizar al respecto. Estoy condenado a la brevedad, dijo en alguna parte, por convicción, por gusto, por respeto al lector y porque no sé hacerlo de otra manera. Su talento ha hecho de él un miniaturista de grandes paisajes en los que se viven aventuras, lloran desgracias y disertan metafísicas.

   Guillermo de Maquís compartía la misma lucidez de mente en la aplicación del ingenio en su arte. Conocidos, también, fueron sus tratos con los demonios de la Goetia, y hubo quienes creyeron que, al final de su vida, cansado de los sinsabores de este mundo, y cobarde de los terrores del siguiente, simplemente desapareció en el mundo interior de su caja. No muy diferente de lo que ocurre con quienes lean esta pequeña gran obra que Reino de Cordelia, se les agradece, tuvo la inteligencia de traer de vuelta en un formato sofisticado y elegante. Tal vez, en un futuro, veremos el mismo trato con otros libros de su autor.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Dos relatos en 'Cuentos que no te contaron'


En el programa de Onda Madrid 'Cuentos que no te contaron', la periodista Elena Arribas lee otros dos relatos de Astrolabio de Ángel Olgoso: "La mujer transparente" en el dedicado al tema Eso no es amor y "Cuenta atrás" en el dedicado a los cambios y transformaciones vitales.




Dos relatos en Litoral ("Mundo sensible")

En el número 270 de la hermosa revista Litoral (además de longeva y emblemática), Ángel Olgoso colabora con dos textos pertenecientes a Astrolabio: Cuenta atrás en la sección 'La vida', y La quinta extinción en la sección 'Extinción de especies'. Según el director de la publicación, Lorenzo Saval, este número contiene "una visión telescópica y microscópica desde la creación del cosmos hasta el mundo amenazado de hoy en día. Un mundo habitado con un carácter temporal, espacial, cambiante y corruptible, a menudo definido por fenómenos como el efecto mariposa o la teoría del caos, pero también embellecido por el arte, la poesía y ese pensamiento invencible que nos mantiene a todos vivos".



CUENTA ATRÁS

Siete decenios. Seis trabajos. Cinco infidelidades. Cuatro operaciones. Tres hijos. Dos latidos. Un suspiro.

 



LA QUINTA EXTINCIÓN

El asteroide se aproxima a un pequeño planeta. Magnífico en sus dimensiones y en su velocidad vertiginosa, se ha ido desbarbando durante miles de años y sólo ahora el azar le permitirá morir, golpear la corteza del cuerpo verdiazul con una determinación suicida, con un apocalíptico bramido que se propagará al instante a través de su atmósfera. Pero, contra toda lógica, desviado paulatina e imperceptiblemente de su trayectoria, el asteroide roza, sobrepasa el punto de mínima distancia y escapa de la atracción del planeta. Después su estela se pierde en el vacío, en dirección a los sargazos de viejas nebulosas. Para los seres del pequeño planeta no ha sido más que un brevísimo destello, un parpadeo a destiempo, el latido de una vena en la frente del cielo. Ajenos al peligro, indiferentes al artífice de otro posible destino, los dinosaurios no interrumpen sus premiosas luchas, pastan o devoran, procrean, persisten como amos en su mundo armónico, silencioso e inabarcable, mientras los diminutos mamíferos que huronean y se ocultan entre las grietas nunca tendrán la menor oportunidad.




https://www.laopiniondemalaga.es/cultura-espectaculos/2020/12/04/litoral-alia-planeta/1209107.html




https://www.malagahoy.es/ocio/revista-litoral-esperanza-casa-todos_0_1525647869.html



domingo, 15 de noviembre de 2020

Reseña de Astrolabio por Lilian H. Cheruse

Compartimos una nueva, exhaustiva y generosa reseña de la escritora argentina Lilian H. Cheruse, en este caso sobre el libro de Ángel Olgoso Astrolabio. Con nuestra gratitud transoceánica por su mirada atenta y certera y por su amistad.
Las ilustraciones son Stanislaw Szukalski, genio olvidado e incómodo,  prodigioso escultor, pintor y dibujante polaco nacido en 1893, referido en su momento como el mejor artista vivo y relegado al olvido en Estados Unidos hasta su muerte en 1987. 
 


ASTROLABIO, POR LILIAN H. CHERUSE


El título y la cita de Lord Dunsany al inicio del libro dan cuenta de su contenido. Dice el diccionario sobre Astrolabio que es un instrumento de navegación que permite orientarse en la esfera terrestre respecto de los astros siderales pero, en las páginas blancas, el instrumento de búsqueda se metamorfosea en la palabra que, según el epígrafe, rastrea “la noche llena de prodigios”, revela fantasías y misterios, dicta visiones mágicas y extrañas. Escondidas dimensiones de nuestro mundo se nutren de la prosa transparente, lírica, encadenada también al conocimiento y al lenguaje temático. Las anáforas abren textos enteros que introducen metáforas y representaciones simbólicas. Las descripciones dotan de conciencia a seres inertes, los que comparten nuevos espacios en el planeta. Sus enumeraciones reafirman los escenarios de la idea, de la sensación y de la acción. Son connotaciones que adjetivan, que sustancian, que enlazan sintagmas u oraciones. Despiertan la naturaleza, acunan el ritmo de las ciudades, animan los objetos. Este magnífico recurso expresivo atrae los puntos dispersos del planeta y los conjuga en uno sólo como un personal mensaje borgiano. “Espacio”, un ícono de la creatividad olgosiana, avanza y cierra la narración enumerando y dictando cátedra sobre el uso de la escritura.
 




La estética es una marca esencial en su obra tanto en aquellos textos con mayor carga conceptual como en otros con menos resonancia. Algunos ejemplos: “Será como si no hubieras existido”, “Los buenos caldos”. “Más que humanos” genera un juego semántico asociado a diferentes animales. En “Cuenta atrás” la maestría de Angel vuelca todo el peso de la existencia en menos de dos renglones. En Astrolabio se deslizan la vida, la muerte, la condición humana y sus miserias. En ciertos relatos asoma el horror, partícipe indeleble de su obra. Pueden establecerse diferentes niveles de análisis porque la recreación, la denuncia, la reflexión, el testimonio, la alegoría, el símbolo devienen de ese contenido. La personificación de objetos y animales tiene sólida presencia, se yergue como eje de algunas visiones terrenales. Cito con tal modalidad: "Artículo genuino", un ventilador que comparte y vela el sueño de una pareja; en "Perikhoresis teológica" el televisor asume carácter de reverencia divina. En "La cámara Limehouse" un invento da a conocer la vida después de la muerte, “La impunidad de los sueños” acerca peligrosamente la atracción de dos máquinas de corriente eléctrica. 
 





Hay textos referidos a la interpretación de nuestro planeta azul que anticipan los telones siderales de Las frutas de la luna: “Espacio”, “El papel”, “Historia del rey y el cosmógrafo”, “Las tres ascensiones de Hui Ji”, “La ciénaga”, “Si mi cabeza cae”. Incluyo “Las nubes” y “Dulcedumbre”, el primero da cuenta de un fenómeno atmosférico envuelto en un poético dibujo, el segundo es la arista de un registro anímico. En "La tenia solitaria" la tierra se expande como una representación fantasmal de una tenia, de gusanos de lo pútrido. El planeta se fagocita como una metáfora de lo execrable que se devora a sí mismo.







El relato final se abre a la mirada cósmica: “La quinta extinción” deslumbra con ese escenario espacial, con una alternativa de la progresión zoológica del planeta. Un bellísimo relato, una antesala selenita que descorre el tiempo paralelo. Algunos textos hacen gala de vocablos propios de su materia como “El pez que no había oído hablar del agua”, “La impunidad de los sueños" y “Tintineo de piedras preciosas”, una historia rica en pedrería que enjoya el texto y concluye con la indiferencia humana. Hay cuentos alegóricos como “Árboles al pie de la cama” donde recurre a una metamorfosis. "Il Corriere Della Sera" se inicia con un supuesto informe sobre el extinción de los sapos y deriva en un final que demuele la tradición de los cuentos de hadas, de esa visión propia de la infancia en los tiempos clásicos. “Perikhoresis teológica” presenta el televisor humanizado con su carga alegórica. En Astrolabio la muerte, la sátira y la denuncia puede que interaccionen con otros temas como el tiempo, el amor o la belleza. Hay sátira en “Los reconocerás”, con el doble sentido de "hacerse los ratones", o en “El eremita” con la doble moral del personaje. “El incidente Avellaneda”, descubre a Cervantes como autor de una hipotética trilogía del Quijote, “Los bajíos” representa el desgaste de un mito: las sirenas cumplen su mandato como “un yugo” en el presente pero fuera del mar y cantando desde de los bajíos. El tiempo: en "Todas hieren" el reloj pulsera es una sanguijuela que nos terminará asesinando. El objeto es el factor que provoca la muerte. El desencuentro en el tiempo y la pérdida de la belleza conforman el núcleo de “Venablos”: la palabra traza un gráfico de ese amor a primera vista, del "flechazo" no correspondido. “Los despeñaderos” o el tema de la muerte pero como destino irrevocable de la existencia. En “La visita” los muertos viven en la representación paterna y sustancian ese misterioso estado. "Claudicación" o el desdoblamiento del médico-paciente diseña la muerte desde la perspectiva de la vida. "Las barbas del cielo" comienza con una descripción minuciosa de la vida dentro en una colmena y sigue con la escena de la batalla de Waterloo. Morirán tanto las flores como los hombres. 
 
 

El testimonio: “La mujer transparente” alude a la mujer golpeada convertida en una metáfora delicada, que incluye la sexualidad lastimada. “El eremita” y “Los caballeros de los puentes” ilustran la doble moral, en el primero el asceta que se biloca y en el segundo el hombre de sexualidad perversa. “Gabinete de falsos de Jean-Baptiste Colbert” desnuda el poder. “El flautista mágico” es la otra cara del cuento infantil y la pedofilia. Sobre mitos, cuentos, religión: “La ciénaga” y la resurrección de Lázaro. “Los guardianes del trueno” una representación del antiquísimo festival del Crisantemo donde afloran la fantasía y la fineza pictórica. “El lagar” retoma un mito griego, el de las gorgonas, que regresa al presente con ritmo policial. 
 

Los relatos de Astrolabio sorprenden. Son extraños y curiosos vuelos buscando la luz desde el misterio, a través de otras realidades, desde el espacio, en el tiempo y aún en la disección de la muerte. Son admirables los recursos expresivos de Ángel Olgoso: el lenguaje revela el dominio que tiene del idioma, impacta tanto como su creatividad, y nos eleva con las enumeraciones, con las imágenes, con la belleza de sus descripciones, con su magia y su cincel. Ángel pinta, mueve piezas escenográficas, templa a fuego cada vocablo, cada recurso expresivo para fijar la tersa belleza en sus ficciones doradas. Tiene el don de haber puesto en la coctelera de sus neuronas y su corazón los mejores autores y de ellos elabora su genuina escritura, su identidad sin repetirse siquiera en ninguno de sus relatos. El hombre, el escritor que custodia el idioma, se pregunta sobre “…las lagunas del inventario…” como expresa el narrador en “El lamento del dinosaurio”. Lo hará también en los libros que siguen. 
 




Lilian Haydée Cheruse: oriunda de la ciudad de Baradero y radicada en la ciudad de Rosario, Argentina, es profesora en Letras con un Posgrado Internacional en Cultura y Comunicación. Formó parte de la Comisión Directiva de la Asociación Amigos de la Biblioteca Argentina en Rosario (2007-2012). Integró el personal de planta del Concejo Municipal de Rosario culminando su carrera administrativa en dicha institución como Directora General de la Comisión de Cultura y Educación (2016-2018). En años anteriores organizó actividades culturales e integró grupos ligados a la cultura, algunos desde su coordinación. Obtuvo en el año 2007 un Diploma otorgado por el Movimiento Cultural Rosarino en reconocimiento a la labor desarrollada en el área de la Cultura. El 27 de noviembre del 2010 durante el acto de presentación del libro de cuentos y relatos Lilian Escribe (Ed. Cuenta Conmigo) el Concejo Municipal de Rosario le otorga por Decreto un Diploma de Honor por su labor en la Cultura y declara de Interés Municipal dicha publicación. Ha sido panelista en programas de Televisión y radio con contenido de interés general. Colaboró con el Programa de TV que emitía Cable Hogar, Canal 4 de Rosario: “El Concejo + la gente”, asiste como invitada a programas de radio por su rol como escritora y ha visitado escuelas para dialogar con los alumnos sobre sus publicaciones. Autora de prólogos y reseñas literarias, incluyéndose una reciente para una muestra pictórica. Participó en diferentes Antologías. En mayo de 2018 publica el libro de cuentos para niños El cometa tiene un secreto (Ed. Cuenta Conmigo), declarado de Interés Cultural y Literario por la ciudad de San Lorenzo, junio de 2018. En octubre de 2018 publica Vuelta Locas, cuentos y relatos (Ed. Cuenta Conmigo). En 2019 recibió la Distinción MadreSelva como escritora por aportar a la cultura.






domingo, 8 de noviembre de 2020

Presentación de 'Astrolabio' por Miguel A. Zapata

Compartimos la extraordinaria presentación que el escritor Miguel A. Zapata realizó de la reedición ilustrada de 'Astrolabio', de su viejo amigo Ángel Olgoso, en la librería La Sombra, de Madrid, el pasado mes de febrero. Con nuestra gratitud para Miguel Ángel, el editor Jesús Egido, todas las personas que acudieron y para Malena por el soporte audiovisual.

 

Jesús Egido, Ángel Olgoso, Miguel A. Zapata y Marina Tapia


PRESENTACIÓN DE ASTROLABIO, POR MIGUEL ÁNGEL ZAPATA

 

Como ha expresado Jesús Egido en su intervención, "Astrolabio" es un clásico contemporáneo de la narrativa fantástica y de la cuentística en lengua castellana que Marina, con sus ilustraciones tan orgánicas, ha llevado a otra dimensión. Por eso considero que, aunque técnicamente sea una reedición, se trata de una obra nueva porque le ha aportado una -podríamos decir- carnalidad muy sustancial y el libro se ha convertido en un objeto aparte, bello, hermoso, disfrutable visualmente y a nivel intelectual. Muchas gracias, Ángel, por haberme hecho partícipe de este momento y de esta gozada de publicación.

 


Ángel y yo nos conocimos hace trece años, cuando ya había leído parte de su primera obra, y el mismo año que se publica la primera edición de "Astrolabio". Él presentó también mi segundo libro en Granada y hubo una conexión muy inmediata: yo creo que casi desde ese mismo año nos consideramos hermanos. Y así es como desde entonces nos carteamos, porque hay una sincronía desde el punto de vista intelectual, narrativo, de los temas que tocamos, y el magisterio de Ángel lo asumo como una suerte, la de tenerlo además como amigo y como hermano. 

 

 

Cuando releí el libro, me dio por pensar que podría ser la obra que habría escrito, que habría trazado un escritor del siglo XVIII que viajara en el tiempo al siglo XXV o al XXX, en todo caso proyectado al futuro en un juego temporal muy afín a los cuentos de Ángel. Porque hay en él un regusto por la hibridación, por mezclar la razón ilustrada (recuerdo una entrevista que le hicieron donde reconocía que sería feliz viviendo en el Siglo de las Luces), el equilibrio por un lado y también la enajenación fantástica por otro, los mundos futuros, las distopías, los juegos espaciotemporales, los mundos increados que son -en definitiva- lo que particulariza y hace muy personal la labor literaria de Ángel. Es decir, en esa mezcla de lo racional y de lo irracional está el tuétano de su trabajo creativo, y que lo ha convertido, yo creo, en el principal autor de narrativa fantástica de los últimos veinte años, en un triunvirato con José María Merino y Cristina Fernández Cubas.

 

 Miguel Á. Zapata, Ángel Olgoso y J J. Muñoz Rengel
 

Todos los escritores somos un producto decantado de muchas lecturas, de muchos ensayos, de muchos folios en la papelera, y hay un punto en el que uno considera que ha conseguido ya el estilo o hay algo que te indica, en algún cuento o en algún párrafo que has perfilado tu estilo. Creo que Ángel es el resultado, la decantación final de una tradición insigne que parte de E. T. A. Hoffmann, de Poe, con ese extrañamiento primigenio que viene del Romanticismo, y que recoge también elementos de Lord Dunsany, de Algernon Blackwood, de todos los que trabajan la semántica de lo insólito, o de una nueva interpretación de la misma, Cortázar, Borges, Bioy Casares. Cuando leía a John Collier, me ha recordado mucho a esa cotidianeidad fantástica, feérica, inquietante, que encontramos en muchos textos de Ángel y que llega de la mano de otros autores contemporáneos hasta hoy. Sin embargo, Ángel Olgoso es una rara avis, un escritor que no se parece a nadie. Pero a pesar de esa singularidad, hay unos rasgos distintivos en la narrativa de Ángel que voy a intentar desglosar. Yo creo que la suya es una concepción del fantástico singularmente canónica; es decir, se pueden establecer unos parámetros reconocibles, pero paradójicamente es original. Da la sensación de que cuando uno reconoce algo lo puede encorsetar; en el caso de los cuentos de Ángel, no son fácilmente reducibles, siempre hay una segunda lectura, una tercera lectura incluso, una frase que aporta un significado extra. Entonces, el extrañamiento, que yo creo que es uno de los elementos que caracterizan el fantástico clásico, ese extrañamiento va a surgir de la propia materia narrativa tanto como de las pequeñas trampas o señuelos que Ángel va diseminando a lo largo del texto. La intención de Ángel es hacernos caer en una trampa gozosa, como en "El pozo y el péndulo" de Poe, hacernos disfrutar, hacernos creer que hay salida en el cuento de Ángel cuando en realidad ya estamos metidos totalmente en su tela de araña. Por tanto, es una mezcla portentosa de imaginación narrativa al alcance de muy pocos autores en la historia, y -esto es muy importante- un dominio de los recursos técnicos que permiten que esa imaginación cuaje en obras que se levantan. Porque autores con imaginación hay muchísimos, pero autores que puedan elevar ese edificio con una imaginería y con una potencia visual, poner ese ámbito delante del lector y hacerlo participar de las coordenadas propias de ese universo, sólo lo pueden conseguir los autores verdaderamente grandes. 

 


Hay, por cierto, una reivindicación por parte de Ángel del propio arte del cuento en "Espacio", el texto que abre el volumen. Lo que no creo que deba entenderse -porque no es así y además hay mucha ironía en ese relato- como un menoscabo de la novela o de los géneros más extensos. Es una reivindicación porque es necesaria, ya que hablamos de un género habitualmente maltratado en nuestra cultura literaria, que ha dado siempre la sensación (con respecto a la novela o, incluso, a la poesía) de ser el hermano menor, el hermano díscolo que debe estar siempre pidiendo perdón por existir en esa voluminosa área de tochos importantes que encontramos en todas las librerías. Autores como Ángel han conseguido que tal nicho vaya agrandándose, y que disponga ya de un espacio de privilegio en no pocos críticos que consideran al cuento un arte mayor. Como en cualquier país latinoamericano, donde por fortuna sí ha encontrado una aceptación más amplia. 

 

                        Miguel A. Zapata, Fernando Clemot, Ginés Cutillas y Ángel Olgoso

 

Entrando ya en materia acerca de las claves para entender la obra de Ángel, no se podrían entender sus historias sin la exquisitez en el tratamiento léxico, sin esa elección del adjetivo preciso -no cualquier adjetivo, sino ése adjetivo- y no sólo desde el punto de vista semántico, sino también del ritmo, de la prosodia del texto, de la intención lírica, de la poesía que conlleva. Da la sensación de que los cuentos de Ángel son mecanismos de relojería, pero no una relojería mecánica y fría sino una que se bifurca, que está viva y al servicio de la historia, que nos da la hora que a él le conviene y no la hora que es (por eso decía lo de las trampas que Ángel va diseminando a lo largo de los relatos). Su cuento brevísimo "Cuenta atrás" abarca, a nivel cronológico, lo que muchas novelas son incapaces en un desempeño de mil páginas. En una línea y media, Ángel condensa una vida, una biografía. Con su técnica -el recurso de la cuenta atrás- en el que cada elemento ejemplifica un momento, consigue un relato magistral y resumir un mundo con poquísimas palabras.

 

 

Otros elementos que llaman mucho la atención de la narrativa de Ángel son la especulación espaciotemporal, que también requiere de muchas sutilezas lingüísticas y argumentales (tenemos el ejemplo de "Las tres ascensiones de Hui Ji"); la querencia por los temas orientalizantes, que tienen un regusto borgiano pero que él le da un toque muy particular (ahí está en Astrolabio "Los guardianes del trueno" o su viejo libro de haikus "Ukigumo" que quizá mucha gente no conozca); o el propio tiempo como protagonista, como en el relato que ha leído Marina, "Todas hieren", donde el tiempo como devorador de vidas, el miedo a su paso o incluso la premura con la que vivimos, se convierte en la propia materia narrativa; el tejido existencial, ejemplificado en el texto "Será como si no hubieras existido", una reflexión trenzada de sutilezas semánticas, de adjetivaciones ambiguas (Ángel suele trabajar la ambigüedad del término, dándole sentidos polisémicos, de ahí la importancia del vocablo exacto, de la palabra justa) en torno a la vejez y lo que nunca debería degradarse, o la belleza mitológica de las sirenas en "Los bajíos". En ese texto aflora una melancolía provocada por el paso del tiempo, que hace perder la belleza, las capacidades, las condiciones naturales con la que los humanos, o incluso los seres mitológicos, vienen al mundo.

También son elementos que a mí también me resultan muy afines las transformaciones, las mutaciones, los travases identitarios. "Árboles al pie de la cama" es un buen ejemplo de ello. En este cuento -que condensa tantísimo en tan poco espacio- hay toda una filosofía de la vida y la muerte y de la fina línea que separa a la una de la otra, una filosofía de la falta de identidad, de que no existe una idea concreta de lo que somos realmente, sino que las circunstancias o el deseo pueden modificar también esa identidad. 

 

 

Esto nos lleva a la lucha metafísica entre el bien y el mal. Al releerlo, he notado en este libro una carga mayor de perversión, algo que en obras anteriores de Ángel como "Los demonios del lugar" -que también tiene un componente oscuro, sombrío- quedaba más insinuado. Aquí yo creo que Ángel se ha lanzado a tumba abierta, a trazar esas fronteras complicadas entre el bien y el mal. En ocasiones las entiende como un desdoblamiento clásico entre la virtud y su reverso, el pecado, pero también en la mutua necesidad que tienen el bien y el mal para existir, esa filosofía entre lo monista y lo dualista. El ejemplo más claro sería "El eremita" donde ese hombre renuente a la vida en sociedad se ve obligado a hallar la redondez de su santidad y, para ello, se desdobla en una especie de alter ego que es perverso, que desea encontrar el lado oscuro de la vida y de las emociones, transitarlo, conocerlo, para saber realmente qué es la santidad y poder descansar en paz. Es decir, esta idea de que lo blanco es blanco y lo negro es negro, de que el bien está definido en contraposición con el mal, en este cuento no queda tan claro: a veces hay que degustar la sombra para descubrir la parte de luz que hay dentro de nosotros.

 


La presencia de la vida en la muerte es otro tema que trabaja mucho Ángel, o viceversa, la delicada línea entre morir e iniciar el abandono de lo material, y la innecesaria distinción entre ambos estados, porque básicamente se trata de una convención que depende de numerosos factores. En el cuento de Ángel "La visita" queda ejemplificada esta ambigüedad a la perfección, cuando un heraldo paterno que viene del otro lado parece no recordar que esto es sólo una sala de espera. En la narrativa olgosiana no es lo mismo estar vivo que estar viviendo, morirse no es lo mismo que haber muerto, o que se indique la probabilidad de morir en todos nosotros por el simple hecho de la oxidación que supone respirar. Para Ángel esas fronteras se encuentran absolutamente desdibujadas, y eso hace inquietante y apasionante la lectura de muchos de sus cuentos. Dentro de este ámbito, un humor negrísimo hace presencia como en el relato "El espejo", esa sonrisa que nos provoca la semejanza de la muerte con nuestras ocupaciones de vivos. La poesía del horror también se puede encontrar en algunos textos, una poesía muy baudeleriana, muy decadente, terrible y, mágicamente, hermosa. Eso sólo se puede conseguir con una técnica y una sensibilidad especial a la hora de escribir. Algunos me han recordado a Bruno Schulz, a las perversiones de Sade, perversiones líricas que no hay que ver desde un punto de vista literal sino como una metáfora de la gloria y de la decepción que supone a veces la carne. 

 

 

También hay algunos ingredientes de ciencia ficción casi especulativa, sutilmente distópica y fatalmente poética, como "Si mi cabeza cae" o "La quinta extinción", que cierra el libro con una reflexión que podemos considerar cósmica y que viene a ser un epítome de lo que es la concepción del fantástico en "Astrolabio": hablar de lo inabarcable, de aquello que no se puede medir, de aquello que no se puede contar y que Ángel cuenta y lo consigue, del bien y el mal, de la física y la metafísica, todo cabe en esta obra, hasta explicar lo pequeño a través de los grandes movimientos cósmicos, algo que intentan muchos autores pero que pocos logran que cuaje en un escrito, en un cuento que nos lleve de lo minúsculo de un grano de arena a toda una concepción de la vida, de la muerte, de lo feo, de lo hermoso. Todo ello es, en definitiva, el alimento de la prosa destilada por Olgoso en la totalidad de su obra y concretamente en este volumen que -como he dicho al principio- es una obra maestra, una joya de la cuentística contemporánea en nuestro idioma. Si no lo habéis leído todavía, o si lo habéis leído y queréis releerlo veréis que el libro muta, cambia, y más aún con estas ilustraciones de Marina que lo han convertido en una obra que alcanza otra dimensión. Este libro debe estar bien cuidado en el anaquel adecuado de cada biblioteca porque en el futuro, cuando haya que salvar libros, "Astrolabio" estará entre ese top de lo que merece ser salvado.

 


sábado, 24 de octubre de 2020

La brújula de Olgoso

Compartimos el cariñoso y reivindicativo artículo que el escritor y periodista César Requesens publicó en el periódico Granada Hoy a propósito de la reedición ilustrada de Astrolabio.
 


LA BRÚJULA DE OLGOSO

(César Requesens)



No puedo ser objetivo al escribir sobre mi amigo Ángel Olgoso y su exquisito libro Astrolabio (Reino de Cordelia, 2020), primorosa reedición ilustrada por la artista Marina Tapia, que presentó en el Cuarto Real el viernes tarde arropado de una nutrida caterva de enmascarados a lo Covid que no éramos otros que sus muchos amigos, admiradores de una trayectoria literaria generosa en la entrega a la escritura y en la renuncia al oropel por el que otros pierden el alma para ganar no se sabe bien qué y si ese qué compensa.

Lo que sí que compensa es escuchar a Olgoso releer sus cuentos y disfrutar de esa su concisión milimétrica macerada con los años de oficio, esa su forma abnegada de construir una gran obra, con líneas propias y coherentes, marcando un camino que luego siguen y seguirán otros muchos tras los pasos de la 'brújula' que es este escritor ya imprescindible de las letras hispanas.

Es envidiable su paciencia, de la cual yo carezco. Porque uno, en su modesta pretensión literaria, aspira tan sólo y como mucho a recoger la espuma de los días lo mejor que puede mientras que otros, como es su caso, son capaces de ponerle puertas al mar apresando en sus palabras hasta el mismo rumor del oleaje. Admirable.

Cada relato de Astrolabio es una voz lanzada entre las montañas que reverbera devolviendo el eco de otras grandes voces a las que da gusto distinguir entreveradas con la voz tan pura y medida de este escritor de aquí.

Ocurre con Olgoso que, al contrario de muchos, no es él quien se hace el panegírico. Bien al contrario, su modestia le lleva a que tengamos que ser otros escritores, casi todos, los que ensalcemos su obra rica y variada, diversa y compacta, en lo que supone ya un lugar común en las letras actuales ese decir sin dudarlo: "Qué bien escribe Olgoso".

Estando ya en la cima de su obra, extraña que no se editen más sus obras, que la oficialidad cultural no caiga en la obviedad de que tenemos entre nosotros a un grande que no va de nada más que de Ángel, salvo para los que le tenemos por lo que es, un destello de luz entre la espesura, un autor que deja su estela de sincero buscador de estrellas en libros que quedan como un alarde en la forja de lo imaginario, metal blando entre las manos de este titán que me dedicaba su Astrolabio al borde mismo de la noche.


Astrolabio ilustrado en Ideal

Compartimos el artículo de Antonio Arenas publicado en Ideal en su edición en papel el 20 de octubre, así como el enlace al artículo completo del suplemento IDEAL EN CLASE, que contiene fotografías, ilustraciones del volumen y los tres textos íntegros de los presentadores, Andrés Cárdenas, Marina Tapia y Ángel Olgoso. Gracias a Antonio Arenas por su incansable labor informativa en beneficio de la cultura de Granada.




UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD 

PARA 'ASTROLABIO', 

DE ÁNGEL OLGOSO

 

(Antonio Arenas)


                                                            Foto: Antonio Arenas


Hay libros que se publican y en poco tiempo pasan a dormir el sueño de los justos (por no decir a ser olvidados en una estantería, en el mejor de los casos, o al contenedor de reciclado de papel). Otros, en cambio, como los buenos vinos, ganan con los años e incluso se revalorizan por su rareza, calidad y dificultad para encontrarlos. Algo así es lo que le ha ocurrido a la edición de 'Astrolabio', de Ángel Olgoso (Granada, 1961), editado en 2007 por cuadernos del Vigía que, en las librerías de segunda mano, se cotiza a cerca de 150 euros. Por ello, el autor ha creído que obra merecía una nueva oportunidad -y nuevos lectores- con un importante valor añadido: las ilustraciones de la artista chilena Marina Tapia (Valparaíso, 1975). Y todo por un precio mucho más asequible del que veníamos encontrando en las librerías de segunda mano.


Y, por fin, esta nueva edición ilustrada de la obra de "uno de los grandes cuentistas en la lengua de Cervantes", en palabras de Fernando Valls, se presentó en público en el Cuarto real de Santo Domingo, ante un público que, con cita previa, ocupó este espacio. Sobre la tarima, el periodista Andrés Cárdenas que contó varias curiosidades y anécdotas relacionadas con Olgoso, para terminar afirmando que este narrador "utiliza un universo, su universo, para decir lo que siente y dice lo que siente para completar su universo. Con 'Astrolabio' -añadió-, el lector se lo pasa bien porque le permite acrecentar un montón de sensaciones: la de estupor, la del miedo, la del asombro, la del humor incluso..." Por su parte, Marina Tapia, en su breve intervención, explicó cómo surgió la idea de la reedición con el valor añadido de sus ilustraciones. "Fue el primero que leí y me deslumbró -dijo Tapia-. Se prestaba a ser ilustrado con imágenes potentes pero sencillas que no repitieran lo ya narrado. Me basé sobre todo en el mundo de los objetos".


Caleidoscopio


Ángel Olgoso fue el último en hacer uso de la palabra para leer unos folios en los que fueron desfilando relevantes figuras de la narrativa como Eça de Queirós, Álvaro Cunqueiro, Italo Calvino, Borges, Bioy Casares, perucho, Carlos Edmundo de Ory, para terminar con la lectura de varios de los relatos incluidos en 'Astrolabio' que definió como un "libro poliédrico, versátil, un pequeño caleidoscopio hecho de sueños disparatados, un puñado de miniaturas un tanto desaforadas sorprendidas en esta deliciosa edición de belleza casi artesanal a cargo de la editorial Reino de Cordelia, donde brotan libros hechos para la fruición de los sentidos, con un papel, unos detalles gráficos y una tipografía que son toda una tentación para los lectores ávidos de belleza". Además, el escritor citó a uno de los primeros lectores que le comentó que con este libro "había experimentado algo semejante a un menú de Ferrán Adriá, muy variado, de sabores audaces y texturas sorprendentes que iban de lo dulce a lo salado, de lo crujiente a lo gelatinoso, de lo ácido a lo agrio, de lo esponjoso a lo quebradizo". Tras el acto, Marina y Ángel, provistos de guantes, dedicaron los ejemplares con los que habían acudido la mayoría de los asistentes.

Presentación granadina de Astrolabio ilustrado

Os dejamos con el texto completo que Ángel Olgoso leyó durante la presentación de la reedición ilustrada de Astrolabio (Reino de Cordelia) en el Cuarto Real de Santo Domingo el pasado 16 de octubre, en compañía de Andrés Cárdenas y de la ilustradora del volumen, Marina Tapia, así como algunas imágenes del acto.

 



PRESENTACIÓN DE “ASTROLABIO”
 
(Ángel Olgoso) 


Opina Lobo Antunes que esperar que un escritor diga cosas interesantes es lo mismo que esperar de un acróbata que, en su vida diaria, vaya dando saltos mortales por la calle. Me temo que, aunque quisiera, no podría desmentirlo. Y los únicos saltos mortales que podrían darse hoy aquí -a no ser que Marina o Andrés nos sorprendan gimnásticamente- se encuentran en los relatos que componen este libro, saltos detenidos en el aire y en el tiempo mientras aguardan a un lector. Precisamente siempre me ha fascinado ese símil de Merino que contempla las novelas como grandes planetas que se mueven pesadamente, planetas de distintos tamaños y diferente color, aunque todos se caracterizan por acarrear en su masa muchos elementos óseos y musculares y desplazarse con cierta lentitud, por muy majestuosa que llegue a ser. Alrededor de ellos están los asteroides de los cuentos, un sistema rico donde bullen cuentos de todas las formas y colores, cuentos voladores, saltarines, que se asoman y desaparecen enseguida, dejándonos una poderosa impresión de vida. Lo sorprendente es la solidez que, utilizando muy pocos recursos, consiguen alcanzar esos cuerpecillos nerviosos y versátiles. 

 


Los relatos que componen este Astrolabio son textos estéticamente autosustentados, textos independientes sin común denominador, cada uno de ellos cristaliza según la necesidad interna que gobierna su extensión, su estructura, su voz narrativa, su ritmo, de lo cual resulta -por debajo de su planteamiento poético y concentrado- una abundante variedad formal. Podrían emparentarse tal vez estos textos con los “grutescos”; término etimológicamente afín al de “grotesco”, pero que remite más bien a una curiosa moda artística del siglo XVI, surgida a partir de los apuntes tomados por los artistas, a la luz de las velas, de los frescos romanos que cubrían los muros y las grutas de la Domus Aurea de Nerón. Montaigne definió los grutescos como “pinturas fantásticas, cuyo encanto radica en lo variado y lo extraño”, y los enlaza con sus escritos, pues -dice- “¿qué son, en verdad, éstos sino grutescos y cuerpos monstruosos formados con miembros diferentes, sin ningún rostro, no teniendo más orden, lógica ni proporción que las del azar?”. En Astrolabio he optado por una libertad total de enfoques; es un libro poliédrico, versátil, un pequeño caleidoscopio hecho de sueños disparatados, un puñado de miniaturas un tanto desaforadas sorprendidas en esta deliciosa edición de belleza casi artesanal a cargo de la editorial Reino de Cordelia, donde brotan libros hechos para la fruición de los sentidos, con un papel, unos detalles gráficos y una tipografía que son toda una tentación para los lectores ávidos de belleza. Ha sido un privilegio que -una vez agotada la primera edición de Astrolabio de 2007- se me haya permitido el paso a esa cueva de maravillas que es el catálogo del sello madrileño, repleto de joyas clásicas y modernas. Por no hablar del milagro añadido de las fascinantes y sugerentes ilustraciones de Marina Tapia, que no sólo potencian el minimalismo a la vez barroco y abocetado de los textos sino que los iluminan con otra luz y con otras sombras, vitaminizándolos con el soplo de poesía y gracia propio de su arte y su persona, lo que como resulta obvio ha supuesto un privilegio y un placer. Marina es esencialmente poeta -yo diría que de nacimiento- pero las palabras no son su única habitación, como para Emily Dickinson. Las palabras son la estancia principal de la casa creativa de Marina, que contiene sin embargo otras piezas más coloristas y comunitarias, la de la pintura y la ilustración, la de los títeres, la de la transmisión poética oral, o la del contagio por la belleza y el conocimiento.

 


Volviendo a Astrolabio, sus bebedizos han sido destilados tras zarandear un poco el cuento bien construido, apelando a otros registros y texturas más lúdicos, cuestionando sus límites, no por desamor o por pura experimentación, sino para ayudar dentro de mis modestas posibilidades a que no se apague su llama primigenia. Es la obra de alguien a quien no le interesa reproducir la calderilla de lo cotidiano o lo que Eça de Queirós llamaba “la impertinente tiranía de la realidad”, sí gusta en cambio reinterpretarla o suplantarla, sí le deleitan esos disparos a la luz de cuyos fogonazos se pueden ver de pronto y quizá por primera vez rincones escondidos; en definitiva, una literatura de imaginación, de torsión de lo real, pero más acicateada aquí por los retos narrativos y por una experimentación con géneros y subgéneros. 

 


El añorado Álvaro Cunqueiro, respondiendo a supuestas similitudes de su obra con otros autores fantásticos, aclaró en un ocasión que Italo Calvino solía engarzar sus narraciones con algún aspecto didáctico; que Borges intentaba darle un sentido cientifista para que su narración se correspondiera con un orden cuasi matemático; que Perucho hacía surgir su erudición como algo serio, lo cual corta bastante la narración y da la sensación de que tiene miedo de dejarse llevar por lo fantástico de su historia; y que a Bioy Casares le sucedía algo semejante. La mía, sin embargo -dice Cunqueiro-, parece como una pura broma, un divertimento, un contar por contar, y el primer distraído y divertido soy yo. Pues bien, una buena forma de describir este libro sería decir que en él se pueden encontrar -salvando las lógicas y abismales distancias- ejemplos de muchos de estos aspectos. Otra forma sería citar unos versos muy pertinentes de Carlos Edmundo de Ory: “No hay más que sima y cimas/ espanto y maravilla/ dicha y ruinas/ mieles y males/ bajo y alto/ nubes y lotos/ no hay más que angustia y fiesta”.

 


El título, Astrolabio, designa el instrumento de navegación (etimológicamente “el que busca estrellas”) y apunta, también, a la unión de dos magnitudes distintas, el astro y el labio, lo colosal y lo diminuto, la explosión y la implosión, lo ardiente y lo tibio, lo lejano y lo cercano. Tal vez este Astrolabio guíe al lector hacia algún lugar desconocido o imposible, hacia diversas latitudes geográficas y temporales. O, al menos, lo extraiga por un rato de las garras de lo real mediante una sacudida o un bálsamo, atendiendo a la opinión que expuso Dickens en El grillo del hogar acerca de los libros de cuentos, "cuyas benéficas narraciones habréis bendecido cien veces, por lo bien que saben disipar la monotonía de este mundo prosaico".

 


Si un libro mío anterior como Los demonios del lugar era un descenso concéntrico y alucinado a los infiernos, y Las frutas de la luna una perspectiva cósmica de la especie, Astrolabio -aun con algunos delirantes jirones de lo anterior- tiene una atmósfera menos oscura y metafísica, un aura menos fatalista, su caligrafía se presenta menos enrarecida, casi frívola en ocasiones. Con este instrumento entre las manos, el lector podrá navegar a través del infinito mar de las posibilidades y toparse con revisitaciones históricas, con relecturas mitológicas, con piezas policíacas y metaliterarias, con bibelots orientales, paradojas científicas, epifanías, juegos temporales, universos autocontenidos, personificaciones de objetos y animalizaciones de personas, experiencias místicas, placeres inefables, percepciones extrasensoriales, metamorfosis, bilocaciones… Uno de los primeros lectores de Astrolabio me comentó que había experimentado algo semejante a un menú de Ferrán Adriá, muy variado, de sabores audaces y texturas sorprendentes que iban de lo dulce a lo salado, de lo crujiente a lo gelatinoso, de lo ácido a lo agrio, de lo esponjoso a lo quebradizo. Y es cierto que ese ideal de depuración, de mezcla de magia, emoción y laboratorio ha estado siempre presente en mi obra. Stephen Spender decía que en un poema la palabra tiene un peso específico y que, en prosa, las palabras deben llevar una señal que diga “no me mires, la historia sigue en esa dirección”. Sin embargo, yo no quiero renunciar a ninguna de esas cualidades. Creo que se puede contar una historia con palabras que tengan peso específico, con una prosa cuidada, exigente, depurada. Creo que se pueden conseguir resultados de una aterradora economía y, a la vez, de una mágica fulguración. Y este libro ecléctico es fruto de ello y de una mirada hecha de inocencia y extrañeza. Sin embargo, al igual que muchos otros de mis relatos en los que he intentado aunar la precisión y belleza del lenguaje con la singularidad de la historia, al ser visiones entre lo real y lo onírico y tener un contenido simbólico, los de Astrolabio pueden prestarse también a distintas interpretaciones. Me gustaría pensar, además, que Astrolabio es un libro para la lectura y la relectura, meta más que deseable para cualquier obra, junto con la de lograr emocionar, inquietar o interrogar al lector.

 

 

Para finalizar, voy a reproducir la célebre conversación levantada por Maupassant en esa rareza que es su novelita El doctor Heraclius Closs, entre el Ilustre Decano que lo esperaba todo del eclecticismo y el Doctor que lo esperaba todo de la revelación:

“-Amigo mío -decía el Decano-, hay que ser ecléctico. La filosofía es un amplio jardín que se extiende por todo el planeta. Recoja las flores resplandecientes del oriente, las floraciones pálidas del Norte, las violetas de los campos y las rosas de los jardines, haga un ramo con todas ellas y huélalo. Aunque su perfume no sea el más exquisito que se pueda soñar, al menos será muy agradable, y mil veces más suave que la esencia de una sola flor, aunque fuera la más fragante del mundo.

-Sin duda alguna, será más variado -dijo el Doctor-, pero no más suave si se consigue encontrar la flor que reúne y concentra en sí todos los perfumes de los demás.”

 

 

Ojalá en este variado ramo encuentren ustedes numerosos perfumes y, también, alguna esencia. Y confío en que, en esta nueva edición de Astrolabio hermoseada por el arte de Marina, sus relatos aún mantengan esa saludable inquietud, esa cuidadosa concentración de detalles, esa rítmica emoción y esa chispa sensual sin las cuales cualquier texto está muerto.