He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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martes, 5 de mayo de 2026

Acerca de “Las suites del último ilusionista”, de Francisco Acuyo.

    Una lectura poética en la librería Sideral -en la que participaban Marina Tapia, Francisco Acuyo, Carlos Andreoli y Alex del Moral- fue la ocasión del feliz encuentro con “Las suites del último ilusionista”, de Francisco Acuyo. Esta preciosa edición de Alhulia en su colección Sy~laba es el último poemario publicado por Francisco, hombre renacentista de múltiples talentos, escritor (poesía, ensayo, narrativa), editor, conferenciante, experto en Semiótica, Astronomía y Astrofísica.




    “Las suites del último ilusionista” fue escrito en la sombría clausura del confinamiento, en una época de inseguridad y vulneralibilidad extremas, cuando al poeta sólo le queda invocar a un mundo pavorosamente ajeno, asirse a la certeza del poema, ofrendar la belleza de la materia verbal. Y así Francisco Acuyo miró por sobre su terraza, levantó la cabeza al cielo nocturno (“un canto de alabanza/ sobre los astros suena”) y compuso “un himno constelado” y armónico: alféizares, flores y colores que tocan la frente de la tierra, arcángeles, relámpagos indecibles, silencios profundos, brisas, balcones donde “pende la eternidad un instante”, esferas, macetas, dimensiones transparentes, la luz de un verbo, la naturaleza del saber residiendo en la nada, insomnios, simas siderales, ventanas iluminadas como amarillas corolas, mirlos y vencejos, gorriones que examinan el universo, la nieve dibujada a lo lejos con pincel flamígero, la soledad del gato como efigie, el bisbiseo de la lluvia, la floresta de las nubes, los siete sellos del sueño, la conciencia de los espejos.

    Una delicia esta poesía límpida, precisa, luminosa y celebratoria donde el mundo se contempla a sí mismo -con vigor cierto, tornasolado y pleno- a través del poeta entre las páginas de un cuaderno de “pura luz/ no tocada, vigilante”; donde laten ecos de la maravilla cristalina del “Cántico” de Jorge Guillén, y del ingrávido Juan Ramón: “Cisne, mariposa, sombra/ abeja, paloma, llama;/imagen, pulso, reflejo:/ en ti se deslizan, alma”.

    En “Las suites del último ilusionista” cada poema (que viene galoneado con subtítulos de piezas musicales, zarabanda, rondó, minueto, giga, contradanza, badinerie, corrente, alla spagnola, pasacalle, alemanda o gavota) ejecuta su pequeña y delicada danza en un decorado vacío, mudo, libre del ruido de la humanidad (“la soledad habita/ triste escenario”), bajo la luz de las estrellas. De la Osa Mayor a la Osa Menor, de Arturo a Mirak (“inductora/ del misterio, música/ de luz armoniosa”) parecen contemplar y hablarle a ese “ilusionista” del título como si lo hicieran al último hombre vivo sobre el planeta, al único testigo del edén silencioso, de su fauna y su flora perplejas, de sus alimentos terrestres, libres momentáneamente del depredador humano: “Un cielo/ vívido que invita/ a la reflexión/ e interior pesquisa”. El poeta, absorto “en este claustro diario”, en “la soledad colosal”, destila su alquimia, interpreta sus suites, siente nostalgia por “la gloriosa mañana,/ aún no vista”. El poeta, liviano sobre el parapeto, en el “colmado vacío” de la terraza, mira desde su alto emplazamiento el vuelo de los pájaros azules, sostenidos como él en el aire, mientras da fe de “esos instantes/ escogidos por lo eterno”.

lunes, 4 de mayo de 2026

Presentación de "Nômade", de Marina Tapia

Muchísimas gracias a tod@s l@s que abarrotasteis el sábado la Sala Zaida en la presentación de “Nômade” de Marina Tapia (Entorno Gráfico). Para los que no pudisteis acompañarnos en esta ceremonia de la amistad y la literatura, y para los que queríais volver a escucharlo, comparto el texto que tuve el privilegio de escribir acerca de la nueva joya poética de Marina:




<<Resulta fácil presentar cualquier libro de Marina, dada la calidad intrínseca de todos ellos. Y al mismo tiempo resulta muy difícil presentar a Marina dada su humildad, su deseo congénito de invisibilidad. Es como intentar atrapar a un humilde gorrión sin que se le parta a uno el alma; un gorrión que, a lo sumo, sólo quiere que nos fijemos en su vuelo y no en su condición de ave, de criatura aérea. Pero cómo hablar de la poesía de Marina sin decir que pertenece a ese linaje escaso de los poetas de nacimiento, que viven, respiran y transmiten poesía. Seguro que ahora mismo tiene el corazón saliéndose del pecho, azorada por las cosas que ando diciendo, pero cómo ocultar su singularidad, tan rara y valiosa sobre todo en un presente colonizado por vanidades, oropeles impostados y egos revueltos. Aunque a Marina le horroricen estas afirmaciones, somos afortunados de que su suculenta savia chilena esté renovando de nutrientes los vasos liberianos de la poesía granadina y española.



Tras ese hito en su trayectoria creativa que ha sido “Mixtura”, la antología personal en la que ha recopilado una buena muestra de sus diez primeros poemarios (algunos inencontrables al tratarse de ediciones debidas a diversos premios literarios), hoy nos entrega su nueva obra, “Nômade”, que Entorno Gráfico ha tenido el tino y buen gusto de publicar aquí, en Granada, el hogar desde hace trece años de una Marina ya no tan nómada. De alguna manera, “Nômade” entronca con “Islario”, una obra suya anterior donde peregrinaba con emoción contenida a numerosos lugares del mundo, ya que “Nômade” fue escrito en gran parte durante su residencia en Óbidos, becada por Granada Ciudad de Literatura Unesco. Digo en gran parte porque, además de contener “Cuaderno portugués”, con los poemas destilados y tamizados durante su estancia en aquella hermosa ciudad medieval, “Nômade” cuenta con un segundo grupo de poemas titulado “Errantía”, formado exclusivamente por sonetos. Piezas todas hermosísimas, en las que Marina retoma, se ciñe y revitaliza los temas de este molde clásico con una altura tal que uno parece estar leyendo por ejemplo a Sor Juana Inés de la Cruz. “Cuaderno portugués” es belleza sencilla, es azul, es melancolía, es bodega, es Atlántico, es muralla, es verdín, es tiempo desflecado, es dulzura, es nudo y salitre, es barca amarrada, es viento verde, es alfiletero de saudades. “Errantía”, en cambio, es verbo sonoro, espíritu inquieto, rima felina, destierro leve, nácar escarchado, es andadura, feliz ejercicio, vida renovada, pupila y bravura, es sol a manos llenas, es orbe de diamante.



Como dije en uno de los prólogos que tuve el privilegio de escribir a alguno de sus libros, los versos de Marina polinizan el alma. O, por decirlo al modo de Cunqueiro, la poesía de Marina es ambrosía, madre de levitaciones. Y Marina es a su vez, como todos los poetas auténticos, una médium verdaderamente modesta. Su humildad custodia la pureza que necesita, por encima de todo, el poeta. Pienso que Marina podría ser uno de aquellos ángeles que visitaron a Abraham, en pura misión de consolarnos en un mundo demasiado feo y bárbaro. Que Marina podría ser como esos médicos, como esos contados seres misericordiosos que tienen la seguridad de que con dulzura y consuelo se curan muchas enfermedades. O como esos místicos que pasan de puntillas por su tiempo, porque el ruido del mundo no deja oírlos, pero luego, aunque sea mucho tiempo después, acaban resonando como un fragor en el corazón de las gentes, que por fin pueden escucharlos. Porque tengo la certeza -como la tiene cualquier persona que se haya acercado a su poesía o la frecuente en el futuro- de que la lectura de los versos de Marina es realmente un descansadero, un lugar de quietud, un espacio calmante del alma donde se amortiguan los ruidos y se otea el mundo, con sus colores y misterios, como desde una particular y gratísima lontananza; donde los sentidos se expresan y glorifican mediante la razón y el ritmo interno; donde los apetitos, con sus batallas y cicatrices, se subliman, y se auscultan apaciblemente los afectos.



Quizá la sensación de transparencia que se respira en su obra provenga de que nuestra poeta no se deja atrapar por el paisaje, por las vivencias o los sentimientos, sino que los deglute y los fija para nosotros en planos mentales. Según Azorín, lo que da la medida de un artista es su sentido de la naturaleza: un escritor será tanto más artista cuanto mejor sepa interpretar la emoción del paisaje. No parece sino que Azorín se refiriera a Marina. Porque ella no habla acerca de las hojas de los árboles y de las ardillas y de la espuma y del musgo en las rocas y de las golondrinas, sino que habla en su nombre, sin intermediarios, impregnada la poeta de su gracia, de sus átomos, de su sustancia tangible, ataviada de pura luz, transmitiéndonos -con cordial belleza y frescura- un mundo natural vivo, soberano, inteligible, en primera persona. Marina, en su fragua infatigable, es capaz de explorar la frontera entre la palabra y el silencio, de sondear las entrañas tectónicas de la Tierra, de sentir apego por todos los seres, de atrapar epifanías en la pinaza de un bosque, de esculpir las fases del deseo, de atisbar el infinito tras los marcos azules de una ventana portuguesa, de celebrar la existencia como si fuera un centelleante trozo de ámbar, de agasajarla con versos, pinceles o títeres.



Como dice María Negroni, la poesía es la continuación de la infancia por otros medios. Y es que hay una afinidad entre las cajitas donde los niños guardan sus diminutos tesoros y los retazos de vida, los datos sedimentados del mundo que los poetas guardan en sus libros. Lo infantil, como lo poético, es una sublimación de la curiosidad y la memoria, una resistencia testaruda. Igual que el espacio mágico de la infancia, la poesía de Marina Tapia se habita más que se lee, es el arte del silencio inteligente y hermoso, del fervor asombrado, de las esquirlas de un yo que se preocupa por todos nosotros y cuyos temas giran alrededor de la poeta en una espiral armónica, como quería Sor Juana Inés de la Cruz.



Para Gertrude Stein, la poesía perfecta era como perfecta sabiduría y santidad, simplicidad y transparencia. La poesía de Marina Tapia, hasta este su último libro, “Nômade”, se acerca de manera extraordinaria a esa idea, a ese deleitoso ideal. Porque los poemas de Marina existen, no parecen haber sido fabricados sino que pertenecen al orden natural, como el lirio silvestre. Se encuentra uno muy a gusto respirando su aire puro, lleno de misteriosas fragancias, de brisas sensuales, de combinaciones armónicas, de exquisitas ósmosis. Sólo muy pocos autores nos acompañan muy profundamente, creadores que poseen un don donde se funde la gracia y la tersura expresiva con una lucidez especialísima, genuinos artistas que son esclavos del don que han recibido. Sólo muy pocas veces nos penetran palabras esenciales por su verdad o su belleza. Por lo general, y porque la sed no se apaga sino con agua de manantial, hay que cavar un pozo muy hondo para encontrar una veta pura. Y la poesía de Marina lo es, un don como la claridad del agua o de la luz. Un don que no se sabe de dónde viene, sólo se sabe que hay que cavar mucho y esperar mucho. Hasta hoy, en que tenemos la suerte de atesorarlo de nuevo en el cuenco de nuestras manos, en este pequeño volumen de una poeta destinada a ser un clásico, porque sus libros poseen la elegancia, la limpieza y la precisión de lo atemporal>>.





sábado, 14 de febrero de 2026

Poema dedicado de Francisco Acuyo

Muy agradecido al poeta Francisco Acuyo por tan bonito detalle y por tan hermoso poema.

<<Para la sección de Poesía del blog Ancile, traigo un poema de la serie que estoy configurando sobre la noche constelada y que bien pudiera ser un futuro conjunto de poemas. En este caso el poema titulado Albíreo, está dedicado a mis amigos Marina Tapia y Ángel Olgoso, a quienes creí ver inseparables observando al asterismo del mismo nombre, de la constelación del Cisne, que en realidad son dos estrellas: Albíreo A y Albíreo B.


ALBÍREO


Mientras dibujo y veo el amor ausente en una,
cuando son en realidad dos estrellas,
en la constelación del Cisne.

A Marina Tapia y Ángel Olgoso


De la estrella intrincado el ornamento
dibujé, y luego de observar su esfera,
con cuidado, abracé su viva hoguera
contra mi pecho que arde turbulento.

Cotejó mi pasión el firmamento
llena de la aflicción que desespera
en mi interior, adonde el tiempo fuera
íntima eternidad por un momento.

Mejor no ve quien vio lo imperceptible:
así, la luz tocaba en la sustancia
de quien amo, si ausente, si intangible.

Miro la estrella y, en su fulgor entro:
veo en el infinito la distancia
que mi alma recorrió para estar dentro>>.

domingo, 29 de junio de 2025

Recital de poesía arábigo-andalusí


Un placer participar en el recital de poesía arábigo-andalusí que organizó el Círculo Literario de La Zubia en los jardines del convento de San Luis el Real. Marina y un servidor perpetramos un dúo poético a lo Pimpinela con versos de Nizar Qabbani, Ibn Zaydūn, Hafsa Bint ar-Rakūniyya, Ibn al-Zaqqāq y Wallāda. Este viernes a las ocho de la tarde.
Fue un delicioso viaje en el tiempo a través de la poesía y la música bajo el Laurel de la Reina, una apuesta por la sensibilidad intemporal y sin fronteras.
Presentación: Juan Carlos Rodríguez Torres. Introducción: Marina Tapia. Lecturas: Rosa Gamero, Varo Huertas, Rosa Morillas, Juan Carlos Rodríguez Torres, Lubna Sallakh, Rita Kakish, Paqui Sánchez, Marina Tapia y Ángel Olgoso. Actuación musical: Nahed Satli y Aladin Abbas.















sábado, 10 de mayo de 2025

“De repente, ¡oh belleza!, canta el verderol”

Un gusto colaborar con mi relato “La muerte desordena” en el volumen antológico “De repente, ¡oh belleza!, canta el verderol”, obra poética e internacional sobre la naturaleza. Esta propuesta, coordinada por el escritor Pedro Luis Ibáñez Lérida, nace del proyecto Encuentro Letras Celestes en colaboración con la Diputación provincial de Sevilla, el consistorio de La Puebla de los Infantes y la Sociedad cooperativa andaluza Virgen de las Huertas.  Como la anterior antología, “Mueve la voz Amor de mi gemido”, se puede acceder libremente al archivo digital íntegro de la obra en el siguiente enlace:
https://drive.google.com/file/d/1OE5c6Tg8HuNm34ihtdzMwKHCwlxW7CDU/view?usp=sharing


“«De repente, ¡oh belleza!, canta el verderol» contiene más de ciento sesenta autores de diversas nacionalidades y edades, componiendo un rico mosaico internacional e intergeneracional de  los cinco continentes, con miradas realmente esplendentes de belleza reflexiva, inteligencia sensible, evocación emocionada, frescura aliviadora y conciencia fortalecida. La mayoría de los autores han colaborado con aportaciones inéditas. De ahí que no se indique salvo si no es así. Adicionando a la obra la hondura y el valor de ese primer amanecer con su lectura. A esta edición se incorporan poetas visuales, aportando un fondo de belleza consciente que nos interpela en primera persona. La palabra y la imagen aliadas en el fondo y la forma para desarrollar la caligrafía en el cuaderno de dos rayas: reflexión y emoción. 
  La publicación es no venal con la clara intencionalidad de su amplia difusión sin ningún tipo de cortapisas. También lo es digital por lo que procura de reducción de papel y otros aspectos contaminantes. Así por los aspectos ventajosos que supone su remisión a lectores de latitudes lejanas y a los que, siendo más cercanos, puedan replicar generosamente a otros, en esa tarea de conspiración silenciosa que nos hermana en la lectura.
  La edición es sencilla y adolece de numeración al uso. Su concepción es un todo sin referencias nominales a través del convencional índice. Lo es de expresión comunitaria, aunque singularizada y personalizada por cada autor. En ella conviven escritores fallecidos y vivos”.




lunes, 28 de abril de 2025

Festival de Primavera Literaria y Musical en Vera

Un hermoso encuentro literario y musical de distintos países en el Convento de la Victoria de Vera, organizado y presentado por el entrañable amigo Rafael García, defensor infatigable de la cultura y ‘alma mater’ de su Aula de las Artes y las Letras. En torno al Día del Libro, fue un placer compartir las nubes pasajeras de mi volumen de haikus “Ukigumo” y mi prosa poética “Las nubes” de “Astrolabio”, y hacerlo en compañía de enormes poetas como Marina Tapia (Chile), Perfecto Herrera o Beatriz Campos (Venezuela). A destacar también las interpretaciones musicales de la soprano ucraniana María Stikhun (con su bandura, impresionante instrumento de cuerda pulsada que combina deliciosamente la cítara y el laúd) y del violinista occitano Fernando Rodríguez.










martes, 14 de enero de 2025

Presentación de "Piedra que mengua" en La Casa con Libros



Buenas tardes y muchísimas gracias a cada uno de vosotros y de vosotras por acompañarnos hoy aquí, y naturalmente a Luis y a Johanna por cedernos este espacio suyo maravilloso de La Casa Con Libros. Antes de empezar, debo aclarar que el alarmante estado de mi ojo izquierdo no se debe a que me haya negado a hacer la presentación: juro que he venido voluntariamente. Me parece natural que La Zubia sea el primer lugar donde se presente el nuevo libro de Marina, “Piedra que mengua”, puesto que aquí están muchos de sus amigos más cercanos y de sus alumnos, y es aquí además donde desarrolla su vida diaria. Como creo que la conozco un poquito, sé que le horrorizará lo que voy a decir de ella a continuación (te ruego que me perdones), pero no puedo desaprovechar una ocasión como esta: Marina Tapia es una poeta genuina, una joya en un mundo de bisutería, una flor fresca, fragante y viva en un mundo de plástico. Marina es nuestra Emily Dickinson, nuestra Gloria Fuertes, nuestra Gabriela Mistral, nuestra sor Juana Inés de la Cruz. Y, tras unas pocas décadas de existencia, ya se presentan nítidos los principales ejes de su poesía: la naturaleza, el amor y el erotismo, los roles femeninos, la sororidad, el lenguaje, el silencio, la errantía. Pienso que no somos conscientes del privilegio que supone ser coetáneos de Marina, de la fortuna de que viva, enseñe, escriba, pinte, comparta, cocine o irradie cultura aquí, de que nos alegre y nos conforte, de que ande entre nosotros, en La Zubia, en Granada, en España.


Como todo lo que es esencial, Marina tiene una presencia muy discreta, menuda, invisible casi: una pequeña fuente, un gorrioncillo que alza el vuelo, una ventana en herradura, una nube ligera en lo alto, el verdor de un pino en una loma, el frescor de cuarzo de una umbría, cualquiera de estas imágenes humildes o de las creadas por Marina basta para que nuestro corazón se esponje. Como la blancura de una paloma torcaz o de una flor de almendro, la poesía de Marina posee diafanidad, un resplandor singular, una dulzura que no sólo es un consuelo, sino un relámpago de vida y de belleza. Y tiene también, a la vez, el espesor y la ligereza natural de la poesía verdadera, de la poesía que merece tal nombre. Creo además que su sentido de la dignidad poética y por supuesto humana, su curiosidad innata y su decirlo todo en voz baja, que la irisación de su sensibilidad es como una fontana que va empapando al lector a medida que se adentra en el bosquecillo armonioso de sus poemas.


Marina encuentra poesía en todas partes, siente la comunión de la vida, vibra con el Cosmos. Marina vive poéticamente, aunque esta pasión la conduzca a la precariedad (algo nada usual en estos tiempos). Marina es una de esas creadoras que, según el Ars Poetica de los pueblos nahuas, “hacían que las palabras se pusieran de pie”. Cuando te sitúas delante de un libro de Marina, te limpias. Es como estar delante de una fuente prístina que acaba de aparecer en un camino árido y polvoriento. En términos de pura transparencia de visión y de oído, pocos la superan. Si poesía es estado de gracia (como en Juan de la Cruz), en Marina se confirma esta acertada definición. Gracias a sus libros, el mundo vuelve a reencantarse. La poesía de Marina explica su amor por la naturaleza, su piedad por el ser humano, su receptividad para el placer de los sentidos, su adoración por la hermosura vivible, por la mística de la materia.



Todos los que habéis leído alguno de sus libros habéis escuchado ese trémolo luminoso, clásico, rítmico, delicado y exacto, sensual y elegante. Uno cree oír en sus versos las vibraciones de la música de las esferas. Pase lo que pase, estoy sinceramente convencido de que las palabras de Marina pervivirán hasta los confines a través del viciado aire del mundo.


Aunque se me pueda acusar de no ser objetivo, tengo clarísimo que cada nueva obra de Marina Tapia es siempre todo un acontecimiento para los que aman la poesía. En “Piedra que mengua”, el volumen que hoy presentamos, con el que ha obtenido en Navarra el premio Ángel Martínez Baigorri y que la revista Librújula ha destacado ya como uno de los mejores libros del año, Marina continúa su camino de exploración y de esencialidad. Es un poemario audaz, cadencioso, escrito en roca viva, en piedra matriz, con una veta mística, un voltaje armonioso y una limpia vibración. Es un reino mineral y telúrico. Una voz geológica, una voz magmática que pinta y roza al lector como se acaricia el pedernal, una voz de cuarzo donde resuenan la belleza y la eternidad. Como dice Pura Fernández en su magnífico prólogo, “las piedras son los huesos de la Tierra, en ellas nos sostenemos, ellas son nuestras garantes”. Puede que sólo amemos lo efímero, lo condenado a marchitarse y a desaparecer, una flor o nuestros seres queridos; puede que nadie ame a una piedra, pero Marina dialoga con la ‘sustancia pétrea’, se fusiona con ella, se siente plenificada por ella. La cohesión temática de los 39 poemas de “Piedra que mengua” se logra mediante un flujo controlado de reflexión y emoción, de transformación y amor, de tiempo y materia, mediante una búsqueda interior de lo atemporal, de lo sagrado, mediante la alternancia de lo sereno y lo trascendente, de la profundidad espiritual que acaricia y la potencia genésica que retumba. A destacar también la versatilidad técnica de la autora, la original forma de titular los poemas -con un verso cualquiera del poema resaltado en negrita-, así como la dimensión simbólica de la obra, con estratos de significado donde Marina entrelaza la naturaleza mineral con la experiencia humana, donde persigue la disolución del ego, como si de una piedra se tratase, desgastándose hasta convertirse en arcilla o en perla.


Como lógicamente es la autora misma la que puede hablar con mayor autoridad y propiedad de su libro, no quiero robaros ni un minuto más de de su propia voz y de su poesía, pero sí me gustaría recordaros que -dadas las particularidades de la edición- estos volúmenes no se pueden conseguir en librerías. De modo que sería aconsejable no desaprovechar la ocasión de haceros, hoy aquí, con algunos de los ejemplares de “Piedra que mengua” antes de que comiencen a ‘menguar’ peligrosamente. Muchas gracias. Marina, cuando quieras.

Ángel Olgoso







jueves, 23 de marzo de 2023

Velorio Poético

Con nuestra gratitud a todos los que hicieron posible el LXII Velorio Poético de marzo en la sala Clasijazz de Almería. A Perfecto Herrera por convocarnos, a Jonathan García por su novedoso acompañamiento musical, a los presentadores del acto, a Antonio Almécija por las fotos y al público que asistió a este entrelazamiento de poesía y relato.