He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

miércoles, 28 de enero de 2026

Presentación y mirada sobre "Mixtura", de Marina Tapia

En Granada hay tres cosas importantes: la luz, el agua que baja de Sierra Nevada y Marina Tapia. Podría añadirse la Alhambra. Por eso, amig@s granadin@s, no os perdáis la presentación de “Mixtura” (Averso) este viernes 30 de enero a las 19’00 h. en la Biblioteca de Andalucía: acompañada por la poeta Rosa Morillas, Marina nos descubrirá la antología personal donde recoge una buena muestra de sus diez poemarios, muchos de ellos inencontrables. Una gozada de libro, y con vocación de permanencia. Será un placer encontrarnos allí todas las amistades arropando a Marina. Para abrir el apetito, y para los que no estáis en Granada, comparto mi mirada sobre este maravilloso crisol donde Marina ha fundido sus diez primeros libros de genuina poesía:



<<Voy a comenzar diciendo lo mismo que Federico García Lorca les dijo a los estudiantes de la Universidad de Madrid en 1934 para presentarles a Pablo Neruda, porque sus términos se pueden aplicar a la también chilena Marina Tapia palabra por palabra: “Yo os aconsejo oír con atención a este gran poeta y tratar de conmoveros con él cada uno a su manera. La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay algo en la verdadera poesía, un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, sin el cual es imprudente vivir”.

Marina es como uno de esos volcanes de su tierra natal, un volcán geológicamente activo en múltiples manifestaciones artísticas (desde muy pequeña cultivó la escritura, la pintura, el teatro, los títeres, la ilustración, el cómic o la declamación), un volcán creativo que durante cuatro décadas incubó su lava literaria y, sólo a partir de los últimos diez años, la ha ido emitiendo regularmente en forma de libros, de poemarios fundentes, hermosos, coherentes, insoslayables. Desde los poemas sociales sobre los distintos roles femeninos en “50 mujeres desnudas”, pasando por el erotismo caleidoscópico y elegante de “El relámpago en la habitación” y el amor desde los cinco sentidos en “El deleite”, hasta esa oración a la naturaleza a través de las cuatro estaciones que es “Marjales de interior”. Desde esa botánica fantástica, original y misteriosa como un códice sobre híbridos del mundo vegetal y animal que es “Jardín imposible”, pasando por las raíces hondas y ramas altas de ese refugio que es “Corteza”, hasta esa mirada al paisaje y su fusión con los límites del lenguaje que es “Bosque y silencio”. Desde ese homenaje a las voces poéticas femeninas y marcadoras de camino que es “Un kilim de palabras”, pasando por esa peregrinación de emoción contenida a múltiples territorios que es “Islario”, hasta llegar al misticismo telúrico, al panteísmo de “Piedra que mengua”, Marina ha transmutado alquímicamente su vida y su voz en una decena exacta de volúmenes, de los cuales se recoge felizmente una amplia selección en esta “Mixtura”. Digo felizmente porque muchos de ellos son imposibles de conseguir, inencontrables, al tratarse de ediciones en muchos casos fruto de premios institucionales y en algunos casos de ediciones cercenadas por el tajo de la pandemia. Aquí está, reunida en estas páginas, la obra poética de Marina Tapia, una escritura a veces voluptuosa, casi matérica, y otras de una delicadeza y pulcritud adánicas; una escritura entre la melancolía y la plenitud, entre la meditación y la inventiva, entre lo encendido y lo vulnerable; una escritura siempre trascendente, con hallazgos plásticos que sorprenden al lector por su osadía y, sobre todo, con una elegancia prístina y arrebatadora.

Como dije en uno de los prólogos que tuve el privilegio de escribir a alguno de sus libros, los versos de Marina son versos que polinizan el alma. O, por decirlo al modo de Cunqueiro, la poesía de Marina es ambrosía, madre de levitaciones. Y Marina es a su vez, como todos los poetas auténticos, una médium verdaderamente modesta. Su humildad custodia la pureza que necesita, por encima de todo, el poeta. Porque la escritura no es a sus ojos más que el rostro luminoso del hecho de vivir y de morir, y de algo así no puede sacar provecho ni vanidad. Pienso que Marina podría ser uno de aquellos ángeles que visitaron a Abraham, en pura misión de consolarnos en un mundo demasiado feo y bárbaro, con demasiada dureza y brutalidad y un lenguaje cada vez más zafio e incoloro. Que Marina podría ser como esos médicos, como esos contados seres misericordiosos que tienen la seguridad de que con dulzura y consuelo se curan muchas enfermedades. O como esos místicos que pasan de puntillas por su tiempo, porque el ruido del mundo no deja oírlos, pero luego, aunque sea mucho tiempo después, acaban resonando como un fragor en el corazón de las gentes, que por fin pueden escucharlos. Porque tengo la certeza -como la tiene cualquier persona que se haya acercado a su poesía o la frecuente en el futuro- de que la lectura de los versos de Marina es realmente un descansadero, un lugar de quietud, un espacio calmante del alma donde se amortiguan los ruidos y se otea el mundo, con sus colores y misterios, como desde una particular y gratísima lontananza; donde los sentidos se expresan y glorifican mediante la razón y el ritmo interno; donde los apetitos, con sus batallas y cicatrices, se subliman, y se auscultan apaciblemente los afectos; donde no hay impostura ni estridencias, donde la obra de arte no se convierte en vehículo del ego ni se transforma en altavoz de sus pequeñas pretensiones... Y todo esto resulta impagable.

Porque, además, Marina es una trabajadora incansable. Ella, siempre inquieta, estudia, investiga, absorbe el mundo y el conocimiento como una esponja. El crítico de arte Walter Pater hablaba de la genialidad por acumulación. En los resoles de la fragua creativa de Marina Tapia hay acopio de genialidad y de curiosidad, llamean colores nuevos, como lavados, refulgen glaciares de detalles, imágenes, formas y texturas. Quizá la sensación de transparencia que se respira en su obra provenga de que nuestra poeta no se deja atrapar por el paisaje, por las vivencias o los sentimientos, sino que los deglute y los fija para nosotros en planos mentales. Según Azorín, lo que da la medida de un artista es su sentido de la naturaleza: un escritor será tanto más artista cuanto mejor sepa interpretar la emoción del paisaje. Pareciera que Azorín no habla sino de Marina. Ella, en su fragua incesante, es capaz de explorar la frontera entre la palabra y el silencio, de sondear epifanías alpinas, de esculpir las fases del deseo, de celebrar la vida como si fuera un centelleante trozo de ámbar, de agasajarla con versos, pinceles o títeres.

Para Gertrude Stein, la poesía perfecta era como perfecta sabiduría y santidad, simplicidad y transparencia. “Mixtura”, este crisol de la poesía hasta el presente de Marina Tapia, se acerca de manera extraordinaria a esa idea, a ese deleitoso ideal. Porque los poemas de Marina existen, no parecen haber sido fabricados sino que pertenecen al orden natural, como el lirio silvestre. Se encuentra uno muy a gusto respirando su aire puro, lleno de misteriosas fragancias, de brisas sensuales, de combinaciones armónicas, de exquisitas ósmosis. Sólo muy pocos libros o autores nos acompañan muy profundamente, creadores que poseen un don donde se funde la gracia y la tersura expresiva con una lucidez especialísima, genuinos artistas que son esclavos del don que han recibido. Sólo muy pocas veces nos penetran palabras esenciales por su verdad o su belleza. Por lo general, y porque la sed no se apaga sino con agua de manantial, hay que cavar un pozo muy hondo para encontrar una veta pura. Y la poesía de Marina lo es, un don como la claridad del agua o de la luz. Un don que no se sabe de dónde viene, sólo que hay que cavar mucho y esperar mucho. Hasta hoy, en que tenemos la suerte de atesorarlo en el cuenco de nuestras manos, quintaesenciado en este volumen de una poeta destinada a ser un clásico, porque sus libros poseen la elegancia, la limpieza y la precisión de lo atemporal>>.

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