Un privilegio que se me encargara la introducción a “Pedro Páramo” en el volumen de 500 páginas “Los 7 fantásticos”, nuevo ‘tour de force’ del editor Pedro Tabernero en su colección Laboratorio de Imágenes (Grupo Pandora). Siete historias imperecederas de la literatura fantástica del siglo XX contadas a través de las expresivas imágenes del pintor cubano Michel Moro, un total de 500 en cinco años de trabajo, cada una escogida de una frase de la obra en cuestión: La metamorfosis, Alfanhuí, El barón rampante, Alicia en el País de las Maravillas, El reino de este mundo, La invención de Morel y Pedro Páramo. Un invitación a la relectura de estos clásicos del siglo XX, a verlos como los vio y plasmó en imágenes Michel Moro, un artista con una visión única, y en la que participan con diferentes introducciones los escritores Manuel Moya, Javier Salvago, Antonio Sancho Villar, Gabriel Rodríguez Pascual, Albert Torés, Ricardo Reques y un servidor.
Os dejo con mi preámbulo a “Pedro Páramo” de Juan Rulfo:
<<Escribo estas líneas en Galicia, el reverso fresco, verde y esponjoso de Comala. Leí con sobrecogimiento “Pedro Páramo” en 1980, imantado por la fascinación que supuso, poco antes, el descubrimiento de Juan Rulfo en sus cuentos de “El llano en llamas”. Después supe que había leído la obra completa de Rulfo por orden de publicación. Este universo único, esta tragedia susurrada, como calificó Miguel Díez, ‘el viejo profesor’, la vida y obra Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, lacónico en todo menos en su nombre, esta destilación de tres talentos perfectamente combinados (escritor, fotógrafo y guionista), me revelaron también tres ideas capitales: la importancia de la brevedad, de encerrar todo un universo en cien páginas sin una palabra de más; de exigirle un esfuerzo al lector para recompensarlo luego sin que se aperciba de ello; y de la reverberación que debe revolotear, como un persistente remolino de polvo, en la mente del lector tras la lectura de la obra. Acompañar a Juan Preciado a Comala, ese lugar que destruye todo aquello que pretende arraigar en él, sentir ese “rencor vivo” que despierta a su alrededor el cacique Pedro Páramo, paladear el sobrio lirismo del autor, entre lo real y lo fantástico, entre lo local y lo universal, entre lo severo y lo vigoroso, entre lo violento y lo desolado, entre el sueño y el dolor a través de cada uno de los fragmentos, de las voces de los personajes y de los hilos temporales que se van alternando, es escalar sin aliento una de las cumbres de la literatura en español de todos los tiempos. Y al redactar estas líneas tiene uno, de pronto, la sensación de que el verano parece arrastrar hasta Mondoñedo el aire seco, áspero y asfixiante de Comala>>.















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