En la reseña que Carlos Almira escribió en su momento sobre Las frutas de la luna, nos deleita con su planteamiento al recalcar que -en este libro cardinal suyo- nuestro autor inaugura una nueva etapa, adentrándose en cósmicas y novedosas temáticas. Los textos de este volumen van más allá de lo que se espera del relato: exprime el género para que ofrezca un nuevo sabor, un aroma inusual e incitante, una textura híbrida de registros narrativos y metafísicos, unas emociones porosas, unos frutos -en definitiva- inolvidables.
Las imágenes que acompañan esta entrada son obra del pintor Miguel Mochón de la Torre, viejo amigo y Sátrapa del Institutum Pataphysicum Granatensis.
