Ha sido un placer volver a presentar en Granada a mi viejo amigo Manuel Moyano, después de diez años en que bautizamos su estupenda novela “El imperio de Yegorov”. Además de ser uno de los mejores y más solventes autores españoles de relatos y de novelas, Manolo es también un maravilloso escritor de viajes y de ensayo, en especial sobre temas antropológicos. Creador de un universo propio donde las perspectivas imaginativas, la ironía, el terror, el eficaz pulso narrativo o la capacidad para suspender la incredulidad del lector van de la mano. Su última novela, “El mundo acabará en viernes”, es un ágil y adictivo barrido de almas, una irreverente, cosmopolita y espléndida novela con la que hace sonar los clarines del Apocalipsis, con sus plagas y erupciones volcánicas, con sus magnicidios y nubes radiactivas, con todas esas calamidades que asolan el planeta mientras se produce al mismo tiempo una epidemia de resurrecciones, y que le permite a Manuel Moyano explorar temas recurrentes de su obra como la muerte y las relaciones de poder. Novela de aliento cinematográfico, uno no puede dejar de verla como una de esas películas o series distópicas tan sugestivas que triunfan en la actualidad. Sólo que el talento de este cordobés afincado en Molina de Segura es un plus que ennoblece cualquier idea, por muy ‘mainstream’ que sea. En un momento de la novela alguien dice: “La excelencia de las canciones nunca ha constituido el santo y seña de Eurovisión”. Lo mismo podría decirse de la literatura comercial, pero Manolo consigue un milagroso equilibrio, ya que él logra que funcione como puro entretenimiento pero también como crítica social, como toma de temperatura, como reflexión y como profecía. Porque Manuel Moyano siempre inyecta a sus estimulantes propuestas inteligencia, estilo, humor, imaginación, oficio y unos diálogos que poseen la limpieza malévola de los de Roald Dahl. Así es fácil para el lector asegurarse felicidad lectora.
He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)
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