He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

domingo, 5 de mayo de 2019

Texto de la presentación de Tenue armamento


Ángel Olgoso es uno de esos autores que se esmeran a la hora de realizar una presentación, propia o ajena. Y este texto de la presentación de Tenue armamento en el Cuarto Real de Santo Domingo es un buen ejemplo de ello.





Buenas tardes y muchísimas gracias por haber dedicado hoy un ratico de vuestro precioso tiempo y de vuestro afecto a compartirlo con nosotros. Esta tarde me siento inefablemente feliz por volver a experimentar el cálido placer del gramaje y de la fragancia de un libro propio recién impreso tras más de cinco años sin hacerlo; por el hecho de que la Academia de Buenas Letras de Granada me haya dado la oportunidad de hacer realidad un sueño que ni siquiera había concebido soñar: reunir en un volumen muchos de mis textos de no ficción, en buena medida inéditos; y me siento indeciblemente feliz, en fin, por contar con el regalo de dos personas tan queridas para el bautizo de este volumen, Marina y José Antonio, por su generosidad y por sus inestimables, perspicaces y cariñosas palabras. 

Es cierto que a un escritor le es dado inventar una fábula pero no la moralidad de esa fábula. Que debe tratar de ser un amanuense del Espíritu o de la Musa, no de sus opiniones, que son lo más superficial que hay en él. 

Es cierto que conviene atenerse a las obras, y no a sus autores. 

Es cierto que existen quienes repudia a los intermediarios entre la obra y el lector. 

Es cierto que soy un autor nada proclive a la teoría, quizá porque pienso que hay que evitar la redundancia de escribir sobre lo escrito: el acto literario -en palabras de Gonzalo Suárez- no tiene historia, se hace en solitario y sentado. De modo que apenas si suelo reflexionar sobre la escritura más allá del algún compromiso; uno se limita a hacer su tarea de la mejor manera posible (con esa mezcla de desaliento y alegría, de delicia y desesperación) en torno a la ficción pura, soberana, y no a teorizar sobre ella. Esto es para mí algo sobrevenido, algo que me cuesta horrores. Procedo entonces de manera más tentativa que estructurada, cada palabra sale como arrancada con tenaza de sacamuelas, me siento como un pajarillo obligado a prender solfeo, y no puedo tampoco quitarme de encima esa idea de que los autores son los que menos saben de sus propias creaciones. Para colmo, si esa introspección se realiza cara al público, deben ponerme antes una pistola en la sien o, en su defecto, tomar esas "pastillas de la alegría" que Thomas Mann ingería cuando debía pronunciar una conferencia. 

Es cierto que el resplandor auroral de las obras casi nunca se corresponde con el resplandor crepuscular de la realización de las mismas. 

Es cierto que no estoy acostumbrado a prescindir del fulminante y de los perdigones de la imaginación, sin la cual siempre he creído que un libro corre el peligro de no ser más que pólvora mojada.



Foto: Ana Jiménez


Sin embargo, también es cierto que, inexplicablemente, casi sin percatarme de ello, sin otra intención que el encargo puntual y amistoso o la necesidad, en las últimas décadas he ido dejando un disperso rastro de migas de pan, un mapa de huellas, de momentos, de miradas, de hallazgos, de obsesiones, una cartografía lectora, un repertorio portátil, una segunda oportunidad. Ojalá el material recobrado para esta edición (confío en que no caducifolio) sea de leer ameno y de interés para alguien, por cuanto se trata de una amplia selección de escritos a los que era difícil acceder: prólogos, reseñas, consideraciones sobre el fantástico, los estudios holmesianos o la la Patafísica, alguna poética, alguna carta y abundancia de unas piezas que suelen sufrir propensión al desvanecimiento, las presentaciones literarias, ese género galante en el que unos disfrutan introduciendo y otros al ser introducidos. Ojalá este librito, este menú variado de elucubraciones cómplices, este paseo por una vocación, por una fascinación y un apetito febril por las palabras, pueda servir de puerta de acceso al mundo de mis relatos y a sus temas, como una especie de peregrinatio ad fontes, a las aguas subterráneas de influencias decisivas y elementos configuradores. Ojalá consiga transmitir entusiasmo por las obras convocadas en estas glosas sobre la naturaleza de mis libros y de los libros de algunos amigos, muchos de los cuales me hubiera gustado escribir. Ojalá esta apuesta tan ecléctica sirva además para amenizar la espera mientras consigo publicar mi último colección de relatos, Devoraluces

Aunque ya Montaigne advirtió que se obtiene incomparablemente más honor inventando que citando, una miscelánea es una ocasión pintiparada para este tipo de deporte, para cobrar piezas dispares, para mostrar sutilezas de teólogo, para esparcir unas briznas de alegre erudición, para seguir explorando y exhalando este extraño universo. En mayor o menor medida, todos somos cómodos pero atónitos espectadores de la realidad, esa realidad que de ordinario decolora y entumece el alma, y que nos lleva por caminos inusitados. Espero que podáis perdonar a este humilde obrero de sueños por haber practicado la impostura, obrado contra su naturaleza y caído en la tentación de teorizar. Cuenta Borges que un prosista chino observó que el unicornio, en razón misma de lo anómalo que es, ha de pasar inadvertido, porque los ojos ven lo que están habituados a ver.


Por otra parte, el título de estos legajos, Tenue armamento, podría emparentarse -siquiera semánticamente o por contraste- con esa deliciosa compilación, Opiniones contundentes, hecha con primoroso guante de hierro por el santo patrón de los estilistas, Nabokov. Me conformo, claro está, con poner bajo su imperiosa advocación estas amables detonaciones en voz baja, esta munición discreta de pistas, de leves latigazos de euforia lectora, tal vez siguiendo la máxima de los clásicos: dilo con firmeza pero finamente. En cualquier caso, me tengo por persona nada beligerante y de natural apacible (siempre que no me obliguen a presentar un libro). 

En cuanto al subtítulo, Cartapacio de papeles menores, comprendo que pueda resultar engañoso. Al fin y al cabo, no soy como ese personaje del artículo de Azorín que lanzaba sin parar su pequeño grito filosófico ¡viva la bagatela! Y después de todo, en estas páginas, que sobrepasan la mera anotación fragmentada o el esbozo, intenté esquivar el desaliño y recurrí como de costumbre al esmero: a la hora de ponerlas sobre el papel, no puedo evitar las palabras artística y estilizadamente combinadas, no puedo dejar de jugar iridiscentemente alrededor del rocío de la poesía, por decirlo al modo del maestro ruso. Eso sí, por mucho cuidado que le haya prodigado a los textos, no aspiro al perfeccionismo extremo del mismo Nabokov o de Octavio Paz que, con su prurito de control absolutista, llegaron a corregir preguntas y respuestas de las entrevistas que les hicieron, declarándose con justicia autores de las mismas. Un servidor, a la hora de compendiarlos, decidió no retocar los textos y dejar fuera los menos satisfactorios o los que no cabían en la extensión exigida por la exquisita colección Mirto Academia. También he evitado ese frío frenesí de notas a pie de página, puesto que considero estas composiciones, en sí mismas, notas al pie de página de diversos libros, personales o ajenos. 


Foto: Ana Jiménez



Como digo, las piezas de este volumen heterogéneo no están escritas a la diabla, a pesar de no haber sido levantadas con la mies de las ensoñaciones ni con las sagradas osamentas de los recuerdos; ni siquiera hay cuentas pendientes (bueno, sí hay un par de ajustes de cuentas personalísimos, escritos hace años y que hoy pecarían de extemporáneos, pero que puede resultar excitante localizar) sino compromisos o aprietos amigables para los que uno -con gusto- sacó tiempo de donde pudo. Consecuentemente, al apoyar o prologar autores y obras, he agavillado también sin saberlo motivos, pasiones, consignas, hábitos, refugios y referencias, y convertido este tomito en un libro-brújula, en una lectura de lecturas, en una fiesta personal sobre el dulce cultivo de las letras y sobre el hechizo de la creación, que nos ayudan a sentirnos menos solos aquí, en nuestra noche, bajo la exacta y suprema farolería de las estrellas.



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