He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

viernes, 13 de diciembre de 2024

SIDERAL, por Lilian Haydée Cheruse

SIDERAL, por Lilian Haydée Cheruse



    "Sideral" es una apertura, una invitación a incursionar con pensamiento abierto. Es un nuevo testeo de la realidad terrena y del enigmático Cosmos. Ese Cosmos que Ángel Olgoso ha recreado y que da textura a esta obra. La magia, la extrañeza y el misterio orbitan en estos textos donde nuestro planeta puede mostrar otros mundos dentro de su propio suelo, u ofrecer diferentes visiones que desestructuran dimensiones y rasgan la ‘normalidad’.

    Los numerosos relatos abren ventanas al lector para avistar con anticipo esta mixtura de dimensiones inesperadas, que se abrirán como los escenarios del impresionante "Contraviaje". La primera de las citas, de J.G.Ballard, dice: "El único planeta verdaderamente extraño es la tierra", y así lo expone nuestro autor en muchos de sus narraciones, como es el caso de la aterradora cárcel de "Geometría", o desde la avanzada tecnología donde el amor lo prodiga una máquina ( "Interior con máquina"). La cita de Lezama Lima nos prepara: "El único viaje que me tiente será el que emprenda saltando como un conejo de constelación en constelación". Y Ángel se trepa a las palabras que ya ha domado a lo largo de más de cuarenta años de labor creativa y lingüística, y entonces el universo se agita, gravita en colores, en silencioso movimiento giratorio y se desplaza en armonía.

    Su vocabulario es como de costumbre culto, expresivo, especializado porque incluye conocimiento astronómico y de sus leyes, y esto diseña una prosa gráfica y fantástica con la textura de astros conocidos y desconocidos. Podría nombrar más de uno, pero es suficiente con "Lucernario", que nos brinda un escenario del que quisiéramos ser espectadores directos. Sus descripciones superan toda medida y la lucidez narrativa nos sitúa ante un panorama jamás visto. Algunos relatos se sitúan directamente fuera de nuestro planeta. Un cuadro con vida propia: "El borde de la luz" o "Pantanos celestes". En otros, el ser humano viaja en el tiempo como vemos en "El bucle" o "El mundo en el año uno antes de la nada". En otra serie, aparece una "mano creadora" de este mundo o del universo. Esa deidad posee diferente identidad en cada caso: "El proyecto", o "Dibujé un pez de polvo". El escritor juega también con la posibilidad del último hombre vivo en "Anomalía". O con el descubrimiento de otros mundos en “Van Utt y el millar de mundos o "El calendario quimérico de lo que podía haber sido".

    "Sideral" es un muestrario de los recursos estilísticos y del pensamiento creativo de Ángel, donde el tiempo y las dimensiones espaciales hacen de las suyas. Hay historias testimoniales, impresas como una denuncia, como es el caso del espeluznante "Espanto". La ironía forma parte también de este libro, cito especialmente "Perikhoresis teológica", la vivaz aventura de estilo cinematográfico de "Bárbaro solo" -uno de sus primeros relatos, escrito cuando nuestro autor contaba sólo con diecinueve años-, o la original fusión de leyenda japonesa y occidental de "Los mil cerezos de Yoshitsune".

    Olgoso ha reunido una gama de posibles existencias, de posibles mundos y los ha integrado con su depurado arte de estilista y profundo pensador. Una valiosa recopilación de sus cuentos cósmicos, en una nueva entrega temática de sus cuentos completos, para disfrutar y asombrarse.


Profesora en Letras, escritora y gestora cultural. Posgrado Internacional en Cultura y Comunicación (FLACSO). Ex Directora General de la Comisión de Cultura y Educación Concejo Municipal Rosario. Participación en programas radiales, televisivos y digital por medio de revistas, entrevistas y Canal TV + y eventos literarios. Recibió Diploma por labor cultural otorgó Movimiento Cultural Rosarino (2007). 2010, Diploma de Honor por labor Cultural e Interés Municipal del libro “Lilian Escribe”, por Concejo Municipal Rosario. 2019, Premio Madre Selva por Medios TV+ como escritora y aporte cultural. 2019 Interés Municipal por “Vueltas Locas”, narrativa y “El cometa tiene un secreto”, infantil. Autora de reseñas y prólogos. Ganadora 1 Concurso Infantil “Felices porque sí” con el cuento “El avión Celeste” (2021), Antología. Publicaciones digitales de Eos Villa Argentina e Internacionales. Publicó en mayo 2024 el libro “Céfiro Vuelve (microficciones) /La Mujer Azul” (Poemas).Autora de reseñas. Participa en Antologías internacionales. Asesora cultural de SADE San Pedro-Baradero y Miembro Concejo Asesor del Grupo Lectia/Arte y Cultura.


viernes, 6 de diciembre de 2024

    Agradecido a Andrés Cárdenas, memoria viva de Granada, por este generoso detalle referido al año 1961. Incluido en el primer volumen de sus “Anales de Granada” (Esdrújula Ediciones), con las crónicas de lo más relevante sucedido en Granada desde 1940 a 1980. El pasado lunes se presentó en la Biblioteca de Andalucía.
    “¿Te gustaría saber lo que pasó en Granada el año que naciste o que nacieron tus padres? ¿O qué acontecimientos sucedieron en un año significativo para ti? Durante dos años he estado publicando en el periódico Granada Hoy crónicas sobre lo que ha pasado en Granada desde 1940 a 2024. Ahora las he recogidos en dos volúmenes” (A. Cárdenas).







jueves, 5 de diciembre de 2024

Reseña de "Sideral" por Luis Cerón, en Culturamas

Muy agradecido a Luis Cerón por su reseña de "Sideral" en la revista Culturamas.

‘Sideral’, de Ángel Olgoso: Sublime cosmovisión literaria

Por Luis Cerón Marín

    <<La literatura es la máxima expresión artística departida gracias a la lengua. Y el idioma es el vehículo conductor que hace posible la traslación de ese lenguaje que el autor quiere plasmar en la obra literaria, más allá de ser su composición un intercambio lingüístico radicado entre la relación establecida, obviamente, entre las personas emisora y receptora. A diferencia de un discurso ofrecido como gramático, prosaico y meramente comunicativo, el discurso literario va más lejos de lo que la obra verbal pudiera ofrecer a simple vista. Representa, en suma, una relación muy estrecha con todo lo que atañe a la dimensión estética. Tanto es así, que podríamos decir que la obra literaria pretende denotar una visión más amplia y filosófica. Por esa vertiente discurren los cauces de expresión más profundos del alma humana. Y para exponerlos en el papel (o piedra o papiro o pequeña tabla de arcilla) se necesitan nuevas formas para transmitir esos contenidos. Y dentro de esa amalgama existente de maneras innovadoras caben diversos géneros literarios. Entre ellos, el género narrativo; y dentro de él, el relato breve; y más adentro, la ciencia ficción. Una vez dispuestos los utensilios y artificios varios para gestarlo, tan solo resta hallar autores o autoras que den rienda suelta a sus visiones, percepciones u ocurrencias varias. O sea, dejarse llevar por el torrente desbocado que constituye la imaginación. Y escritores como Ángel Olgoso reúnen toda esa retahíla de requisitos previos a la composición de una obra literaria.

    "Sideral" es el título del nuevo libro de relatos de Ángel Olgoso, de este ingente hacedor de historias granadino, un narrador clave para entender el devenir del relato breve en España. El estudio de su obra merece ser degustado debidamente. Y es que su impronta literaria es tan propia como amena. Ante esta situación, nosotros, los lectores, únicamente tenemos que dejarnos llevar por el deleite sumo de su lectura para dejarnos transportar a otros ámbitos más recónditos e inimaginables, a priori. Pues bien, este libro reúne a la perfección todos los ingredientes necesarios para que nuestra inmersión en sus relatos no nos deje indiferentes. Porque Olgoso no crea su cosmología literaria a vuela pluma. Su profundo corpus fantástico nace, más bien, de la anatomía de un instante sin parangón, en el que cualquier hecho, segundo (o milésima del mismo), destello o nota desbordante acaecidos pasan a ser los eminentes protagonistas del relato, dentro de una atmósfera mágica en la que la idiosincrasia de los acontecimientos que van aconteciéndose se nos ofrecen surrealista y patafísicamente sin plan alguno, tan solo imbricados por la inercia fantástica que destila la escritura de nuestro autor.

    Sirvan como ejemplo relatos tales como ‘El espanto’, en el que la descripción enérgica, rápida y emotiva que Olgoso nos ofrece parece estar trazando un boceto en espiral, yendo de un menor bucle inicial a una mayor ondulación léxico-semántica: "Y su efecto hace que, de pronto, tenga del hombre la percepción -repugnante en el más genuino sentido de la palabra- de algo como una langosta"; o la ‘Historia del rey y el cosmógrafo’, en el que nuestro escritor destape el tarro de las mil y una esencias inimaginables gracias a su locuaz inventiva: "Se dijo que aquel día, hasta su declinación, obraron más extraños prodigios en la sala del trono: brisas del lejano sur soplaron sobre los tapices, se oyó al aire restallar…; […] y después, con cada giro del globo, los aromas tomaron voz […] nueces de cayú…, incienso árabe…, parras y olivos…, violetas de presbiterio..." Todo nos está ofrecido como un placer engalanado. Se nos dispone, por tanto, un buen compendio de luz y color y una exposición de movimiento y estatismo excelentes. Tanto es así, que Olgoso nos consigue sumergir en ese ambiente ideal, en ese locus amoenus tan propicio para soñar otros mundos. "El conjunto se ve reforzado por la placidez del momento, por una calma sobrenatural..." Todo ello nos produce "terror a no ser más que una fotografía". Pero es que nuestro escritor también resulta innovador en el manejo de la técnica narrativa. En ‘La aurora de Zürn’ podemos ver cómo, sin olvidar tampoco su innata capacidad de percepción, nos sigue cautivando gracias a su agudeza y arte de ingenio. En esta ocasión, el autor habla en primera persona constatando así una mayor implicación epistolar, si cabe, a la hora de escribir este relato: "Se me permite salir en ocasiones especiales del lugar en que me oculto"; y prosigue, así: "[debido a] esta raza abominable e inmunda a la que ahora pertenezco". El texto habla por sí mismo. Cobra relevancia per se. Siguiendo con esta entelequia, otro aspecto a destacar es la comicidad que existe en algunos relatos, como ‘La cámara Limehouse’, en el que […] "una cámara catóptrica provista de lentes, espejos y prismas producen un resultado formidable al aplicarse sobre la adecuada zona cerebral del moribundo", cuya perspectiva inicial es, en principio, "balbuceante", tanto que semeja "un infusorio incipiente". Y Olgoso lo hace modelando un caso de transfiguración plena entre realidad y ficción. Muy bien conseguido. Al igual que la evocación onírica latente en ‘El mundo en el año uno antes de la nada’, relato en el que Olgoso hace gala de una miscelánea óptica mitológica que nos adentra en unas imaginarias profundidades abisales…: "Sin sus arcanos, el Universo no sería más que un puñado de polvo en una violenta tempestad". O el cálido fervor erotizante que suscita ‘Iris’, una pieza relevante de este libro. Podría escoger diversos fulgores de este relato. Cualquiera valdría, ya que el irisado resultado ofrecido es sublime. El lector es transportado a los confines de todo ente físico, palpable… hasta hacerle llegar a una sensación de clímax total: "La velocidad y la quietud total se funden en una noche cegadora. Me voy a pique". O el final de ‘Biomórfico Canal Trece’, que como si tal cosa (como si nada fuera), reza así: […] "y las borboteantes esquirlas de espuma no hallaron entre las olas al tembloroso destello con el que siempre jugaban". Inmejorable. O la ternura humanizante que constituyen las almas del astrónomo Ennio Torrese y del leñador Tanabe, protagonistas de los relatos ‘Materia oscura’ y ‘Los mil cerezos de Yoshitsune’, respectivamente; dos pequeños sujetos cuya sensibilidad va más allá de simples observaciones rutinarias: "A Ennio le gustaba contemplar las blancas aspas de los aerogeneradores que se extendían, como el vello erizado de un antebrazo gigantesco, a lo lejos, sobre la línea descendente de las colinas…"; sobre Tanabe, decir que "era bueno, alegre y hospitalario, pero su ejemplar condición y su amor por todos los seres se empequeñecían frente a la curiosidad que sentía por todas las cosas".

    Y podría citar más ejemplos de la fantástica prosa del escritor que nos ocupa. Son tantos los detalles de este astral espectro de lo desconocido, que no resulta fácil poder abarcarlos. Sucumbir a tal deleite no está exento de riesgo. La inspiración y la constancia creadoras de Olgoso son tan profusas como un eminente surtidor de cristalinas aguas, cuyo parterre de frutos silvestres y destellos de fatuas llamas dinamiza a la perfección el matiz predominante que late en el relato. Nada queda al azar. Toda textura tratada en este inusual libro está amenizada por una impronta caótica, inusual y ajena a toda lógica circundante. He aquí el innegable efecto de la ciencia ficción que entinta, espolvorea y baña las entrañas que anidan en este "Sideral" concepto, que tan gratamente enmarca el también escritor y filósofo Juan Jacinto Muñoz-Rengel. Ante esta situación, lo mejor es que el lector se adentre en él y se deje llevar por el innegable rumbo indeleble que late en esta sublime cosmovisión literaria>>.

lunes, 2 de diciembre de 2024

Reseña de "Rizenmuseum", de Custodio Tejada

       


    En 1992 escribí una colección de haikus (“Ukigumo”, Nazarí, 2014) y en cada uno de mis libros de relatos suele habitar una historia ambientada en el Japón tradicional: es lógico que me fascine cualquier nueva publicación que albergue o reivindique formas tradicionales japonesas. Autor de siete poemarios y de una novela, Custodio Tejada demuestra en “Rinzenmuseum” tener muy buena mano para las estrofas japonesas; haikus y tankas sobre todo, pero también gogyokas, jiseis, zappais y senryus. Como dice en su apasionado y sugestivo prólogo, Custodio se propuso “retener la fugacidad de la existencia, capturar la esencia de la vida con su perfume inmaterial”, “disecar el asombro, la emoción y el pensamiento”. “Rinzenmuseum” es, en efecto, un museo de despertares súbitos, de asombros, de negativos fotográficos, de latidos, de epifanías. Con su estética de lo inefable, el arte taxidérmico de Custodio Tejada liofiliza los instantes, convirtiéndolos en esencias, en imágenes reveladoras e indelebles, crea breves cobijos de ámbar, gotas de rocío muchas veces liberadas del corsé del ‘kigo’ (esa referencia a la estación del año), y sin hacer asco a la mezcla de las actividades mundanas, las localizaciones geográficas, el fútbol, los cuatro elementos, la Semana Santa, el fado, la Filosofía, la consulta del dentista, la llama del deseo, las vacaciones de verano o ese “puente místico” que es la poesía y, al cabo, el lenguaje. Custodio, que divide esta obra en cuatro partes (“El jardín de los instantes luciérnaga o los trinos panojas”, “Luminiscencias gyotaku”, “Cámara obscura” y “Puente místico”), trae al haiku, con habilidad y pertinencia, motivos occidentales, peninsulares, granadinos. Este ‘haijin’ nacido en Purullena logra el momento hecho consciencia, el instante como motivo sagrado, el aquí y ahora que apela a las sensaciones, alcanza la sutileza y la asimetría del haiku, su condición iluminadora. “Rinzenmuseum”: contemplación y comunión, la eternidad atrapada en solo tres versos.