He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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martes, 12 de agosto de 2025

Reseña de "Madera de deriva" en Zenda por Joaquín Fabrellas

No tengo palabras para agradecer a Joaquín Fabrellas su 'invitación al laberinto' de "Madera de deriva" en la revista Zenda, su exquisita y generosa travesía por este libro híbrido:




La invitación al laberinto
Joaquín Fabrellas


<<He tardado un tiempo en leerme lo último de Ángel Olgoso. Lo digo con gozo. Toda demora abre un nuevo camino en la ingente producción literaria del autor granadino.

En este caso, además, en cada relato se encuentra la clave para ese desafío lector que se nos propone. Cada texto tiene su némesis y su clímax. Se empeña nuestro autor en plantearnos un problema, del tipo que sea, y conforme te adentras en la lectura se escucha primero esa música íntima que acompaña lo literario creando un cronotopo, una marca que quedará indeleble en el corazón lector, y después un camino de salida de la ensoñación literaria.

A diferencia de lo narrado en otros de sus volúmenes, los intereses que ahora trata el escritor tienen que ver con lo terrenal, con lo cotidiano, con aspectos que antes no había tratado en su selecta narrativa, ya que había recorrido lugares aún inexistentes, o espacios exteriores, casi acercándose a la ciencia ficción, o a reinos antiguos o ficciones aterradoras de soledad cósmica.

Sin embargo, pese a haber un cambio de registro estilístico, en este nuevo libro Olgoso sigue transitando los lugares del sueño, porque los sueños son lugares reales que existen de forma breve pero cuya memoria queda escrita para siempre.

Reúne aquí el autor treinta y cinco cuentos que colman el placer lector.

Borges dijo de Quevedo que equivalía a toda una literatura. Pues bien, leer a Olgoso, me aventuro, equivale a una clase acelerada de literatura excelente. Decanta la lectura (la lectura profunda como marca del escritor) y la metaboliza en sus relatos. Así surgen textos como “Enterradme en una nube”, en donde recuenta y trata de buscar el epitafio más hermoso entre diferentes autores predilectos:

“Ninguna vida que no se haya escrito se ha vivido de verdad”, según Gertrud Stein. O, por ejemplo: “Haced un orinal con mi cráneo”, según Joshu Joshin.

De unos epitafios nos marchamos al tratamiento del azar en los libros, en donde podemos encontrar los hápax legomena, es decir, esas palabras que solo han aparecido una vez de forma escrita en la lengua y no se han registrado en ningún diccionario porque no han existido, y solo una persona los ha encontrado.

Fulguraciones léxicas, azar que hace que nos encontremos con esa palabra entre ruinas y restos de textos antiguos. Olgoso nos propone varias en “Hápax”, una encontrada por él, la cual no desvelaré, pues pronunciarla es darle carta de naturaleza, y eso corresponde al lector curioso cuando lea este volumen.

Mientras se avanza, el autor crea un mundo en miniatura, con fronteras claras, mapas exactos de los lugares. En pocos autores se dan tan bien estos condicionantes de la narrativa: tiempo, lugar, autor, el cristal con que miramos y asistimos a esa recreación sensorial de la materia, de lo narrado, la vivificación de lo sensible.

Yo creo que Olgoso es un hacedor de laberintos, te reta a que entres en ellos y a que salgas, no lo antes posible, sino cuando el lector estime oportuno.

Yo tuve la posibilidad de quedarme en uno, en “Bálsamo de Fierabrás”: lo que parecía una referencia inerme al bálsamo del Quijote se ha transformado en todo un tratado para prevenir lo que se debe hacer para no convertirse en un enfermo imaginario, para aquellos que padecen el mal de Stendhal o padecen de hipocondría:

“[…]la literatura les permite olvidar por un tiempo la ferretería de los dolores (en acertadísima expresión de Macedonio Fernández), abstraerse de los tratamientos, postergar la mano tendida a la muerte”.

Notable es aquel relato llamado “Tulpas”, en donde se habla de los lugares que han quedado, existiendo, tras una lectura en el corazón lector:

“[…] el poeta chino Li Po, ebrio en una barca, intentando abrazar la luna en el lago; el momento en que san Bernardo, agobiado por las moscas, la excomulga y estas mueren en el acto […], algunos grandes errores literarios, el reloj de Hamlet, los leones de Kipling, la sobredosis de marihuana en “El perseguidor” de Cortázar”

En este “Tulpas” hay una especie de catálogo de alephs cotidianos que existen gracias a ese otro mundo de la lectura.

No importa el relato que escojas, porque siempre se aprende algo que queda. Procede su literatura de la reflexión, así dice en “Las montañas flotantes de Plutón”:

“El mundo que creemos visible es, en realidad, una suerte de origamis cuánticos, de capas de civilización plegadas con extrema minuciosidad, de geografías y existencias cinceladas primorosamente a golpe de códigos binarios”.

Razón no le falta. El mundo real está siendo sustituido por una copia pixelada y digital.

Prosigo. Olgoso es una fiesta, un placer escaso en estos tiempos de best sellers furibundos.

No solo es placer lector. En “La pocilga de la facilidad” también hay crítica a la literatura y a esa figura que tanto se da en los últimos años: el escritor advenedizo que no puede aguantar esa vena explosiva que le asalta cuando ve que su vida no ha significado nada y se pone a escribir las intensas experiencias sentidas mientras toma un café esa mañana:

“Si se les pregunta, todos dicen vivir para expresarse, para rescatar la poesía ahogada en el tintero […], todos saben que hay más brochas que pinceles […]. Sin embargo nadie desea el silencio, el anonimato, el desamparo inclemente”.

La literatura de Olgoso juega con los diccionarios, con las palabras, incluso se atreve con el diario personal y la correspondencia, sí, ese ejercicio estilístico que hace siglos desapareció. Convoca a grandes autores de la literatura. ¿Qué me dicen de ese encuentro con Bioy Casares, il miglior fabbro de Borges, en plena Granada y al cual apenas Olgoso se atreve a saludar, o el relato donde nos trae a Ribeyro, del que ya pocos lectores actuales se acuerdan de ellos?

A veces la excelencia está muy cerca, a tan solo unos kilómetros de casa, o a un estrechar de manos; yo los invito a sumergirse dentro de alguno de sus relatos, que encuentren el suyo y se metan dentro, ya verán qué bien se está ahí.

A veces no hay que salir de los laberintos. O que el camino de vuelta les sea largo>>.

miércoles, 24 de abril de 2024

Reseña de "Sideral" en la revista Zenda

Agradecido a Joaquín Fabrellas por su extraordinaria reseña de “Sideral” en la revista Zenda. Toda una invitación a seguir deleitándose con lo que Giordano Bruno llamaba “los infinitos mundos, los infinitos universos”.


<<Si la perfección absoluta es la excusa y único principio de la buena poesía, el relato corto comparte con la lírica ese mismo principio de brevedad y de enunciación perfecta que debe tener este género. O ese “clic” del que hablaba Foster Wallace para que un relato estuviese acabado, redondo, y que aportase una visión nueva sobre un aspecto de la realidad. Y ese ruido de maquinaria perfecta se escucha muchas veces en la narrativa corta de Olgoso.
    No me atrevería a decir que ‘Sideral’ sea un libro de ciencia ficción o de temática espacial, porque Olgoso (Granada, 1961) hace de la ciencia ficción un espacio propio y crea lo sideral para hablar desde su propio idiolecto, de una realidad acomodada a un punto de vista propio. A pesar de que puedan verse diferentes influencias de la ciencia ficción, recuerda en ciertos momentos a la obra maestra de Fred Hoyle, 'The Black Cloud' (1957), en donde la famosa nube negra de partículas, un glóbulo de Bok, cubre la Tierra y se propone una comunicación con ese ente abstracto que tanto ha influido en la cinematografía fantástica actual.
    Pero también transita los caminos de lo lírico en el relato «Contraviaje», donde aparece una pareja de personajes muy efectiva, Ferenc y Tibor, con reminiscencias al absurdo, a esa nada donde nada sucede pero todo florece, como en Krasnahorkai y su 'Tango satánico' (1985). Los personajes olgosianos, por su parte, en este caso son los encargados de montar y desmontar el mundo y sus luces con distintos paneles.
Lo sicalíptico, los viajes en el tiempo, la soledad del hombre, la crítica al consumo y al exceso de tecnología, todo cabe en la prosa certera y enumerativa de Olgoso. Qué placer su lectura.
    Pero, sobre todo, hay un gran trabajo por parte del autor en la maquinaria sintáctica, y sus relatos son apéndices de esa perfección lingüística, como puede leerse en «La impunidad de los sueños»:

“Las dos máquinas se miraron sin decir palabra. Alhajadas de polos salientes, chapas ranuradas y anillos rozantes, parecían respirar, medirse e incitarse a distancia […]. La máquina de corriente alterna, más apasionada, imaginó que se ceñía codiciosamente a un costado de la máquina de corriente continua, soñó sin esperanza una trabazón apendicular, un pistoneo vibrátil de dispositivos hidráulicos y neumáticos”.

    ‘Sideral’ es un viaje único, personalísimo, pues Olgoso ha sido el recopilador de sus propias historias, en un momento de su carrera en que, como él mismo reconoce, “ha dejado de escribir ficción”, o ya escribe de una manera distinta, y lo dice alguien que acumula una larga trayectoria de títulos, premios y escritura.
    Me une a él, además, una breve lista de autores que admiro, y eso acerca el foco de lectura a sus aguas literarias: Borges y nuestro querido y admirado Ferrer Lerín, del que a mí, como lector de 'Sideral', en alguna frase, quizá en algún sintagma, o tal vez en una oración al paso, me haya recordado a la aséptica prosa, a ratos leriniana, maestro de muchos, pero con pocos discípulos, pues ya sabemos que ni Borges ni Lerín dejan lugar para la imitación.
    En «Posibles enormidades latentes» yo veo un recuerdo a Lerín, y lo digo solo por defecto mío, en ningún caso de Olgoso:

“La enfermera grita mi nombre. Transfigurado por el nerviosismo, levanto la vista del Catálogo Routledge de Filosofía, lanzo lejos los restos del último cigarrillo y la sigo a grandes saltos. “Es un niño”, me predispone. […] Miro a la criatura tras el cristal. Además de la capacidad de parpadear de abajo hacia arriba, posee otras cualidades suplementarias que la delatan: cierto fenómeno luminoso en la piel y esos palpos sensores de la frente que se retuercen en el aire. Es la viva imagen de su madre.”

    Hay otro momento del libro, en «Bárbaro solo», en donde Olgoso parece componer una canción, una sinfonía jazzística, que recuerda a aquel tema, Solar, que tocara Bill Evans con su trío en el Village Vanguard, antes de que desapareciese Scott La Faro; y digo esto porque, al igual que en la pieza musical, en el relato «Bárbaro solo» los instrumentos, improvisando, parecen discurrir cada uno en su lugar, sin fundirse, cada uno en su espacio, en su atmósfera: los tres instrumentos ajenos (como en el problema de los tres cuerpos de la física), y sin embargo, teniendo en cuenta cada una de las trayectorias del otro, aunque pueda parecer caótico. En el relato, cada una de las acciones no tiene que ver con la anterior ni con la siguiente, a todo se llega por extrañas circunstancias, y sin embargo al final todo guarda una concomitancia musical, espacial, una ligazón invisible, que es en lo que consiste la buena literatura.

   “Si quería salir de la provincia de Lamar, tenía que tomar la ruta 9, línea sureste […]. Con un rugido, embriagado por átomos fundentes, dirigí las uñas hacia lo que parecía ser su cabeza[…]. Busqué a Lengua durante un buen rato, no di con él. […] Sierra aerodinámica bajo la línea blanca a noventa. […] Lengua sacó su hocico tembloroso por la ventanilla y enarcó las cejas”.

    En «Bárbaro solo» nos ofrece un viaje delirante que en ocasiones recuerda a la hilarante obra de Douglas Adams 'La guía del autoestopista galáctico' y en ocasiones recuerda a la lírica sencillez del maestro Borges en su conjuro de las palabras. «Bárbaro solo» es un relato que ofrece un viaje por una geografía ficticia pero tremendamente plausible, donde todos los actos de subordinan al azar de la acción, subyugada a los espacios creados en ese viaje iniciático que parece estar protagonizado por un alter ego de Ziggy Stardust, en un universo que se crea al nombrarse, mundos extraños, acciones vacías, espacios opuestos, como el fulcro de un sueño.
‘Sideral’ compone el segundo volumen de relatos de la futura obra completa de Olgoso. Los mundos posibles que no caben en este mundo plausible. Es el segundo de una serie de seis libros que irán apareciendo en los próximos años sobre diversas temáticas. Olgoso es un artesano del lenguaje. Pocos autores le confieren tanta importancia al léxico, al preciosismo enunciador de la palabra en sí, verdadero acicate del relato olgosiano. Esto le valió el Premio de la Crítica andaluza en su modalidad de relato por 'Las frutas de la luna' en 2014 y por 'Devoraluces' en 2022.
    En este caso, los relatos giran en torno a lo insólito, o a las situaciones extrañas donde la soledad del hombre o la sorpresa vital son la materia literaria. Son textos de pequeño formato, algunos apenas llegan a los bordes de una página, y otros, en cambio, recorren un camino mayor, como en «Bárbaro solo», uno de los más impactantes por su resolución narrativa.
    Los relatos recogidos aquí, además, proceden de diversos momentos vitales y redacciones del autor, ya que algunos llegan de su más temprana juventud, y otros, en cambio, de la primera madurez, y algunos, más recientes, cuando frisaba los sesenta, año en que decidió dejar de escribir y recopilar sus más de setecientos relatos a lo largo de su carrera literaria.
    Hay una edad en la que el escritor, a veces, se da cuenta de que es inútil seguir contando, en que se da cuenta de que, tal vez, lo haya dicho todo. Así lo afirmaba Robert Musil con esa expresión que acuñó sobre este cansancio de escribir: “el asco de relatar”. Poetas que dejan de escribir poesía, como Gabriel Ferrater; escritores que no escriben, como Ferrer Lerín, que estuvo más de treinta años sin escribir.
    No obstante, cada relato suyo es una apuesta contra el vacío, o en favor de la más pura fantasía. Sí, lo fantástico está aquí alimentado, recreado, multiplicado por los relatos circulares de Olgoso, en un momento en que la realidad más pura, o la semirrealidad semificcionada literaria mas en boga, ha sustituido a la creatividad en lo artístico. Se ha convertido a lo que no es real en algo inquietante, pues parece que todo debe estar basado en hechos reales. Surgen los relatos de Olgoso entonces para recordarnos que lo fantástico, lo irreal (que no lo irracional), forma parte del negativo sensible de una toma que muchos están olvidando en lo literario, acercándose a la simple recreación tediosa de la realidad.
    Todo el volumen compone una serie de aciertos narrativos, atípicos, multiplicadores de la gracia narrativa, inmersivos en mundos paralelos, abstractos, narrativa de alta alcurnia para tiempos difíciles, donde la soledad del hombre, provocada por la máquina, triunfa. Hay quizá un resto de esperanza de lo pasado en este presente atemporal de Olgoso. No se lo pierdan. Ustedes también están dentro de sus escritos>>.

sábado, 15 de octubre de 2022

Entrega del XVIII Premio Andalucía de la Crítica

El martes 18, a las 18 horas, en el Palacio de Carlos V (Sala de Conferencias de La Alhambra) se procederá a la entrega del XVIII Premio Andalucía de la Crítica. A pesar del innato pudor y natural vergüenza, resultará extremadamente vigorizante estar en compañía de la honra y prez del gremio: mi hermano Miguel A. Zapata premiado en novela (nuestro vibrato coincide desde hace años), Diego Vaya en poesía y Joaquín Fabrellas en ópera prima, prevaricadores todos del buen lenguaje. Tras quedar finalista con Los demonios del lugar y Los líquenes del sueño y ganador con Las frutas de la luna y Devoraluces, siempre es una alegría saber que las pálidas creaciones de uno (por muy oscuras que parezcan a veces) son recibidas con favor en estas riberas. Ello contrarresta un tanto la inherente fatalidad del artista, que en ocasiones recibe de los dioses alguna merced. Gracias una vez más a la inestimable labor cultural de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, ahora con Remedios Sánchez al frente.