He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

martes, 23 de mayo de 2023

Castilla y León, territorio mítico

Un honor participar en la antología Castilla y León, territorio mítico (M. A. R. Editor) con el relato Las huellas de los pájaros en el aire.


INFORMACIÓN DEL LIBRO:

Castilla y León, territorio mítico reúne cuentos de los autores más destacados de la actualidad, que nos presentan la magia de unos espacios a veces olvidados; narraciones legendarias, criminales, históricas o fantásticas, que nos llevan a ver estas tierras con ojos nuevos. José María Merino, Luis Mateo Díez, Ángel Olgoso, Juan Pedro Aparicio o Gonzalo Calcedo, grandes maestros del cuento, junto con los nuevos narradores castellanos y leoneses, ofrecen al lector historias reales de otros tiempos pasadas por la leyenda o la recreación literaria, e invenciones que suceden o pudieron suceder.

Destacados personajes de nuestra historia se unen a seres que quizá existieron, a espíritus errantes que vagan por las viejas calles ahora abandonadas, a conocidos personajes que viven aquí una nueva y asombrosa existencia. Los escenarios: iglesias, cementerios, cines que estuvieron llenos de vida, campos en los que hubo ritos religiosos antes de existir la religión, pueblos deshabitados, paseos de ciudades por las que desgranan las horas libres las gentes del lugar, monumentos que pueblan las calles y que casi no mira el lugareño, pero que atraen al viajero que llega de territorios lejanos.
Amor, pasión, muerte, rivalidades por un trono, peregrinos, santos y pecadores comparten con nosotros sus historias y nos recuerdan que muchas de las vidas más apasionantes de la Historia transcurrieron en Castilla y León, cuna de la sociedad actual, territorio que expandió la civilización, los valores occidentales y su cultura.

sábado, 29 de abril de 2023

Un unicornio fuera de su tapiz (Entorno Gráfico)

Desde hoy, ya está “cazable” este unicornio en la página de la editorial Entorno Gráfico. Aquí va mi texto de la presentación del volumen en la Feria del Libro de Granada 2023, donde me acompañaron Marina Tapia y Francisco Acuyo.





Un escritor necesita poco para ser feliz, le basta con unos cuantos lectores agradecidos (Michaux decía que un escritor no es un verdadero escritor si tiene un solo lector, o si tiene sólo dos lectores; en cambio, si tiene tres, ya sí puede considerarse rotundamente como tal).  Le basta con estar rodeado -como hoy- por un editor intrépido y emprendedor, José Antonio, y por dos poetas genuinos, Marina y Francisco, por dos creadores cuya curiosidad los convierte en esponjas que absorben el mundo para destilarlo de manera exquisita en múltiples alambiques. Muchísimas gracias a todos por vuestro interés y vuestra compañía: este libro que hoy presentamos -como han explicado maravillosamente mis generosos compañeros de mesa- es un compendio que reúne textos diversos de no ficción, presentaciones, artículos, reseñas, prólogos, conferencias, evocaciones, retos, poéticas, laudatios, la entrevista más en profundidad que me han hecho jamás (me llevó dos meses contestar las preguntas), algunas cartas, algún poema y hasta algún cuestionario; es una miscelánea de escritos que, por lo general, permanecen dentro de las bardas ensayísticas y literarias y que no he condenado al olvido por considerar que quizá tengan algún valor.

Curiosamente, las recopilaciones de textos donde cada pieza es un género autónomo no tienen muy buena fama; sin embargo, hay quien piensa -entre los que me incluyo- que esos libros tal vez aguantan con mejor salud el paso del tiempo que muchas novelas y mamotretos monográficos. Siempre por supuesto que se hagan con finura y sutileza, con gracia y eficacia. No estoy pensando en esos escritores que acampanan la voz con solemnidad o en esos críticos que inyectan formol académico a las obras que analizan, ni en esos tan anticuados que cuando abres sus libros las letras salen volando como una nube de polillas. Estoy pensando, por ejemplo, en los volúmenes de artículos de Azorín, de Pla, de Cunqueiro, de José Jiménez Lozano, de Umberto Eco o de Alfonso Reyes, que alcanzan el máximo de matices con el mínimo de elementos, que, ingrávidos, despliegan una especie de alegría sensual en la lectura, que merecen se releídos porque constituyen una delicia gozosa y amablemente reveladora. Hace poco recordaba Trapiello que los artículos no dicen lo mismo cuando se publican en el periódico que cuando se recogen después en un libro. ¿Cómo sucede ese misterio? Quizá, al igual que el vino, el reposo, la temperatura constante y el silencio de la bodega lo transforman. Y si, además, los artículos o cualquier otro texto volandero, pasaron inadvertidos en su momento, parecen mejorar con el tiempo.

Se preguntaba Cees Nooteboom por qué los pensamientos no se plasman en materia para que podamos localizarlos en algún lugar. Me permito responderle que la respuesta evidente reside en los libros. Gracias a ellos podemos acceder a las reflexiones y a la experiencia del mundo a través de una conciencia que no es la nuestra. Esto, si se mira bien, resulta bastante sorprendente y tiene un punto de milagro. Me gusta pensar que este libro (hermosamente editado por Entorno Gráfico, como todos los suyos) es una humilde plasmación en materia celulósica de mis pensamientos en torno a la creación literaria, una marginalia que deja fuera los textos de ficción, un patchwork de distintos formatos y registros, una cartografía literaria y, por qué no, una involuntaria autobiografía del paladar lector o del gusto artístico.

Esta recopilación de paratextos sigue la línea iniciada por un libro mío anterior, Tenue armamento. El título del nuevo volumen, Un unicornio fuera de su tapiz, equivale, en su sentido literal pero también irónico, a la frase hecha “sentirse como un pez fuera del agua”. Como autor de setecientos relatos en más de cuarenta años, de setecientos trucos de magia para tratar de adecuar la realidad a los sueños, he trabajado siempre con la ficción, con la invención, con la imaginación. Pero en ocasiones, fruto de compromisos amistosos y estimulantes retos o encargos, me he visto impelido a sobrepasar el ámbito más creativo. Al final, esa producción lateral se ha revelado bastante copiosa. Más de lo esperado en alguien al que nunca la ha apetecido demasiado reflexionar sobre la escritura, en alguien que siempre ha creído que lo que un escritor piensa sobre el mundo ya lo ha dejado expuesto en su obra. Algunos autores odiaban hablar sobre el oficio de escribir, como Joyce o Hemingway, quien afirmaba que cuanto mejor es un escritor menos habla de lo que ha escrito, que no se le daban bien los análisis post mortem, y que ya hay forenses literarios y no literarios disponibles para ocuparse de esos asuntos. Ana María Matute era más taxativa aún: los libros se leen o se escriben, pero no se para uno a hablar de ellos. Incluso tengo en contra al mismísimo Goethe, que decía: “Toda teoría es gris, querido amigo, y verde es el dorado árbol de la vida”.

Pese a todos estos hándicaps, en Un unicornio fuera de su tapiz, en esta compilación forjada en la variedad, donde es posible que cada texto se proyecte de manera especular en una retícula de referencias, el lector podrá encontrar semillas que espero estimulantes, una serie de pequeñas confesiones encubiertas, así como una guía sumergida de lecturas y de autores (Chateaubriand, Marina Tapia, Kafka, Josefina Martos Peregrín, Gregorio Morales, Miguel Arnas Coronado, Boris Vian, Félix J. Palma, Santiago Caruso, Elena Alonso Frayle, José Vicente Pascual, Carlos Edmundo de Ory, etc.), una apuesta por voces necesarias que me han permitido ejercer de modesto altavoz de sus obras. El lector podrá asistir a un baile de meditaciones, interpretaciones y obsesiones que se desarrolla en el salón literario (mejor dicho, saloncito, por su carácter íntimo), sobre todo, en los contornos del misterioso proceso de escritura que, por fuerza, acaba entrelazándose con los mimbres de la propia vida.  Siempre he visto la escritura como un instrumento para dar forma a los sueños, para crear una realidad alternativa, asequible, placentera, enriquecida, perfecta, para vivir cómodamente en un castillo interior tras puentes levadizos que uno puede subir o bajar a voluntad. En este libro aparecen combinadas varias devociones mías: la literatura de imaginación, la Patafísica o la fascinación por el estilo como cumbre para cualquier narrador, por el lenguaje bien calibrado. Algunos sabéis que adoro arropar los textos con cierta exuberancia verbal -propia del ornamentado, luminoso y sensorial barroco andaluz- que, junto con los recursos prosódicos de la poesía, ayuda a crear una emoción estética, una atmósfera, a conferirles cierto espesor y a que trascienda el argumento, hasta el punto de que interese no sólo la anécdota sino también la reflexión sobre los hechos narrados. Reconozco que me gusta el escritor como gusano de seda, el estilismo, el idioma aquilatado, engarzar una palabra bien traída en un discurso como un trozo de ámbar; y si se consigue además que ahí siga latiendo viva, miel sobre hojuelas. En definitiva, intento una prosa donde no haya un solo vocablo sin causa y sin efecto. Para el admirable Chateaubriand, las palabras tienen alma. Sin embargo, según él, la mayoría de los lectores y de los escritores sólo les piden un sentido. Es preciso encontrar ese alma, que sólo aparece en contacto con otras palabras.

Ojalá -al menos en alguna medida- haya logrado fijar este anhelo también en los textos de Un unicornio fuera de su tapiz. Confío en que este libro no sea sólo para la intimidad e indulgencia de los amigos, sino para todos aquellos interesados en la literatura en su sentido más amplio. Y confío magnánimamente en que no me sientan entre sus páginas como un pez fuera del agua o como un unicornio escapado de su colgadura; que ellos, que vosotros al leerlo ojalá os sintáis más bien -en palabras de Huidobro- como esos pájaros sedientos que beben los espejos y dejan hueco el marco.

sábado, 25 de marzo de 2023

Breve Manual para lectores microfictivos

La editorial Eos Villa lanza mundialmente "BREVE MANUAL PARA LECTORES MICROFICTIVOS" dentro de su colección Literatura de las Américas, cuyo curador es el escritor argentino Piero de Vicari:

"Desde el mes de julio de 2018 hasta el mes de abril de 2019, se publicaron -a través de mi muro en la red social Facebook- diversas entrevistas que realicé a escritores hispanoamericanos dedicados al género microfictivo. Las mismas se dieron a conocer bajo el título “En pequeño formato: los microficcionistas tienen la palabra”. Cada uno de los autores convocados contestó un cuestionario base, brindando sus impresiones sobre esta modalidad narrativa. La pregunta que iniciaba la presentación de la entrevista (“¿qué rasgos identifican a la microficción por sobre el resto de los otros géneros literarios?”) fue un verdadero acicate para que cada entrevistado desgrane su pensamiento dejando definiciones y posturas enriquecedoras que bien pueden vislumbrar una futura (¿y concluyente?) definición de estas joyas literarias de lo ínfimo".

Aquí están las opiniones de 58 autores hispanoamericanos, entre los que me incluyo, para los amantes de la brevedad.

Link de descarga directa y gratuita:

https://drive.google.com/file/d/1ZHMstbpg02IuAGrikr5xCaPlceWbK9cj/view





jueves, 23 de marzo de 2023

Velorio Poético

Con nuestra gratitud a todos los que hicieron posible el LXII Velorio Poético de marzo en la sala Clasijazz de Almería. A Perfecto Herrera por convocarnos, a Jonathan García por su novedoso acompañamiento musical, a los presentadores del acto, a Antonio Almécija por las fotos y al público que asistió a este entrelazamiento de poesía y relato.













jueves, 9 de marzo de 2023

Reseñista en Cuadernos Hispanoamericanos

Me estreno como reseñista en el número de marzo de la revista Cuadernos Hispanoamericanos con un libro de relatos de la escritora mexicana Laura Baeza, "Una grieta en la noche" (Páginas de Espuma).



UN INFIERNO ANTES DEL FUEGO


POR ÁNGEL OLGOSO


    La publicidad editorial califica a este libro como «una revolución en la escritura mexicana». Aunque no sea ni mucho menos una revolución con cartuchos de fogueo, no creo tampoco que ponga patas arriba la literatura del país americano, tan poblada de colosos del idioma. Los seis largos relatos de Una grieta en la noche -realistas, tremendistas, de un expresionismo bien embridado, a veces desmedido pero nunca atrabiliario- tienen como vector narrativo la violencia extrema, los feminicidios, lo inquietante de los vínculos familiares, de las ausencias entendidas como esa extraña relación que se establece con un miembro fantasma, de las grietas como fracturas y, sobre todo, como heridas.

    El volumen, bajo la advocación de la célebre cita de Leonard Cohen, se abre y se cierra con dos esforzadas piezas: el monólogo de Quinto round remite inevitablemente a la viva oralidad pugilística del Torito de Cortázar. Y el que da título al libro, cuyo incendio alcanza parsimonioso al lector como ese fuego que le trepa por la pierna al tío Marcos, arma un laberinto de parientes, de hermanos que no se toleran, que se matan, que abandonan a los suyos, o de edificios en ruinas como las propias vidas de sus habitantes («la casa de los abuelos ya era un infierno antes de que el fuego y la pólvora le consumieran una parte»). Ambos relatos, excelentes, así como el resto de las historias, muy estimables sin llegar a ser extraordinarias, están lastrados por cierta morosidad, por el continuo reverbero de la aflicción, por su enfoque fatalmente ominoso y por la reiteración de espacios y personajes en el ámbito familiar. No obstante, Laura Baeza posee una voz sólida, una imponente fluidez conversacional, una especie de parquedad barroca, y sabe afinar sus instrumentos para adecuar los conflictos a la historia, para representar a la familia violentada y al cuerpo maltratado. Se trata de una literatura no complaciente y arriesgada, en general exenta de juicios, una narrativa del desasosiego y la desigualdad que aspira a quedarse en nuestra mirada, aunque no sabemos si se opera desde un dolor íntimo, desde la verdad, o desde la mera ficción. Acostumbrado al horror en estas páginas, el lector puede preguntarse si tal inmersión en la sordidez del alma humana responde a una coherencia vital o a una simulación estrictamente retórica. En cualquier caso, todo parece indicar que estos relatos son hijos del tener los ojos bien abiertos a la realidad: en alguna entrevista la autora se reconoce flâneuse (andar por las calles «alimenta mi literatura»).

    El duelo interminable por la muerte de una madre en el inquietante 22 días en la vida, con la extinción como forma de abandono o despedida; el olor a muerte persiguiendo al protagonista de Veladoras tras el salvaje asesinato por los narcosatánicos de la bruja Macaria del Mercado de Sonora («La pobreza no nos hace mártires»); las mujeres secuestradas, o Margarita, la niña que quiso volar, aventada por los robachicos en Lady Stardust, con su interesante alternancia temporal delimitada por paréntesis («la realidad olía a desechos», «éstos no son pueblos para tener hijos»); la hija desaparecida en Ruinas («Mi Todo ya había desparecido»), donde la indagación en una cotidianidad emotiva llega a resultar un tanto confusa. Personajes todos de vidas malogradas, habitantes del infierno, presencias fantasmagóricas que intentan retener desesperadamente el calor de los pequeños cuerpos, preservar el recuerdo de sus últimos días, perseguir rastros, atrapar olores y planes, engarfiar latidos y rutinas, atesorar nombres frente a las fauces del olvido.

    A pesar de cierta insistencia en golpear literalmente al lector, a pesar de que la urdimbre de terribles experiencias se densifica hasta el límite, la tensión que se genera da lugar a sensoriales paisajes afectivos y, gracias al acertado manejo del lenguaje por parte de la autora, la carga emocional se ve matizada en las páginas de Una grieta en la noche a través de la sugerencia, la reflexión, la evocación, lo que no se dice. En ellas, los personajes luchan contra el infortunio y el desamparo, luchan por sobrevivir a la familia o junto a la familia, siendo ésta un nido a la intemperie en el mejor de los casos o un tsunami en el peor. En ellas, lo atroz colapsa la razón, e interrumpe o erosiona los movimientos orbitales de las familias en función de la gravedad: lunas «que por la fuerza natural tienen que orbitar juntas», satélites errantes que se mueven al unísono, que colisionan o que se pierden en la oscuridad profunda. Aunque, como sabemos, al decir de Rulfo, nadie muere de verdad para siempre en México.