He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

lunes, 22 de diciembre de 2025

Reseña de "Mixtura", de Marina Tapia, en MoonMagazine

El mejor regalo navideño que se me ocurre es este chute de felicidad lectora: "Mixtura. Antología personal de Marina Tapia", que recoge una muestra muy completa de sus diez primeros poemarios. Dejo aquí mi reseña del libro, publicada en MoonMagazine.




MIXTURA DE FUEGO

    En la constante apuesta por la excelencia de su Colección Averso Poesía, la editorial Aliar celebra inmejorablemente este redondo número 50 con la oportunísima antología personal de Marina Tapia, “Mixtura”, realizada por ella misma y que fija la trayectoria y la evolución de esta poeta que se está convirtiendo por méritos propios en un clásico contemporáneo. Diez libros en diez años hablan a las claras de la necesidad expresiva de la autora, de su fructífera y tenaz eclosión y de la calidad sostenida de sus resultados.

    En su completo prólogo, el poeta Juan José Castro habla de ‘la palabra de fuego’, refiriéndose a la portadora de la llama de ese misterio que llamamos ‘poesía’. Marina, artista inquieta y multidisciplinar desde niña, trabajadora incansable, es en efecto un volcán creativo que durante cuatro décadas incubó su lava literaria y, sólo a partir de los últimos diez años, la ha ido emitiendo regularmente en forma de libros, de poemarios fundentes, hermosos, coherentes, insoslayables. Desde los poemas sociales sobre los distintos roles femeninos en “50 mujeres desnudas”, pasando por el erotismo caleidoscópico y elegante de “El relámpago en la habitación” y el amor desde los cinco sentidos en “El deleite”, hasta esa oración a la naturaleza a través de las cuatro estaciones que es “Marjales de interior”. Desde esa botánica fantástica, original y misteriosa como un códice sobre híbridos del mundo vegetal y animal que es “Jardín imposible”, pasando por las raíces hondas y ramas altas de ese refugio que es “Corteza”, hasta esa mirada al paisaje y su fusión con los límites del lenguaje que es “Bosque y silencio”. Desde ese homenaje a las voces poéticas femeninas y marcadoras de camino que es “Un kilim de palabras”, pasando por esa peregrinación de emoción contenida a múltiples territorios que es “Islario”, hasta llegar al misticismo telúrico, al panteísmo de “Piedra que mengua”, Marina ha transmutado alquímicamente su vida, sus estados emocionales y los armónicos acordes su voz poética en una decena exacta de volúmenes, de los cuales se recoge felizmente una amplia selección en esta “Mixtura”. 

    El lector dispone ahora, por fin, de un libro panorámico con muestras representativas de toda la obra completa hasta el momento (incluidos algunos poemas no recogidos en volúmenes editados) de una poeta verdadera e imprescindible. Un hito kilométrico, de balizamientos líricos, un Thesaurus bellamente editado, presentado cómodamente de forma cronológica y con una pintura original de la autora en la portada. Estas recopilaciones antologales ofrecen al lector y al propio escritor el regalo de la perspectiva a vista de pájaro, como señala Marina en su ‘Nota inicial’; pero su importancia radica también en lo oportuno de rescatar algunos libros que sufrieron la condición de no venales, debido a premios merecidos pero que suelen acabar destinándolos al limbo.

    Serena, sensitiva, carente de voluntad de poder, Marina Tapia tiene algo de etrusca: no trata de impresionar, lo suyo es la sutileza, la naturalidad y la alegría bondadosa, que dejan al pecho respirar con libertad y gusto, con una especie de plenitud vital que no necesita forzar nada. En su poesía, todo está vivo y fresco, primoroso en sus proporciones y cadencia, pequeño y encantador pero sólido y profundo en vez de impresionante. Una poesía eminentemente verbal, con los adjetivos justos. Me consta que la cualidad más apreciada por ella es el ritmo musical, el oído literario, el orbe sonoro que supone, antes que nada, respeto por el texto y adoración por el lenguaje, “poderoso de ritmos e imágenes de una enorme hondura” al decir del prologuista. Cada uno de sus poemarios no es una mera acumulación, sino que constituyen “un sistema u organismo cerrado, dotado de sentido y con una cohesión que trasciende los textos reunidos”. Goethe decía que escribir es un abuso de la palabra: aquí está Marina para contradecir al gigante alemán. Al recorrer las páginas de este reciente pero vasto periplo literario, de este florilegio hermoso -necesario para los lectores que ya se han deleitado con los versos de Marina o para los lectores que sin duda la aguardan en el futuro-, se comprueba que la poesía es para Marina una cosa sutilmente tramada en la materia, una tersura que fluye después por el alambique de la mente y el corazón hasta ser destilada en una gota ardorosa y límpida, como la llama azul del alcohol.  

    Porque los poemas de Marina existen, no parecen haber sido fabricados sino que pertenecen al orden natural, al igual que el lirio silvestre. Y como la rosa de los versos del poeta y teólogo Silesius, Marina Tapia “florece porque florece./ No cuida de ella misma, no desea ser vista”. Pese a todo, pese a sí misma, Marina se ha ido convirtiendo, vero a verso, libro a libro, en una candela para iluminar el día, como la candela de plata de la luna ilumina la noche. Con un libro cardinal como este, Marina es ya constelación encendida, es ya regalo de todos, como la fuente de una plaza en mitad del verano>>.

Reseña de "Poética del ermitaño", de Miguel A. Zapata, en MoonMagazine

Comparto mi reseña de esta extraordinaria nueva obra de Miguel A. Zapata, “Poética del ermitaño”, cobijada en la revista MoonMagazine, la revista lúdico-cultural de los lunáticos:



UNA EXTRAÑA FORMA DE INOCENCIA

Tras cinco libros de relatos y microrrelatos y su trilogía novelesca del “Ciclo de la degradación” sobre los iconos, los espacios vitales, la moral y la libertad del individuo, Miguel A. Zapata acaba de publicar “Poética del ermitaño” (Ed. Baile del Sol), primera entrega de su proyecto narrativo “Galería de insulares”. Esta espléndida nueva obra, con un sesgo más confesional y en la que el autor granadino (que desde hace muchos años desarrolla su labor literaria y docente en Madrid) aparece sublimado sutilmente en su personaje, habla de la soledad elegida como una forma de persistencia entre los despojos, de la distancia entre uno y los otros, de esa zona lábil, delicada, emocionalmente difícil de la interrelaciones humanas. Novela de personaje, “Poética del ermitaño” sustituye el arco narrativo convencional por uno dramático que contempla la evolución del protagonista en su entorno, y realiza calas -como en “una apnea vigilante”- en el ideario y la existencia de Don, ermitaño ambiguo y huidizo que ha hecho su hogar en una ermita abandonada al borde de un acantilado, un misántropo ascético y disfuncional, una oveja descarriada con un pasado familiar lamentable. “Don es una metáfora. Y una singularidad”. “Don arriba y el mundo abajo”. Don calla y otorga, Don barbado cordero místico, recolector de flores y baratijas, dandi monje, mesías descreído e hipocondríaco. Don, chaval de terruño, vino peleón, pez fuera del agua, Caronte aficionado. “Un hombre solitario debe ser precavido ante la iniquidad del mundo”.

Con la única compañía ocasional de la niña loca, del futbolista poeta Maxi o del niño fantasma, un mártir decapitado, Don -que había sobrevivido como pudo a la galerna de su vida- conversa con ectoplasmas del pasado, cultiva un huerto para su puestecito de remedios medicinales, siente pena por el Cristo en su cruz sobre el muro, hace inventario del “carrusel de agravios” y “de lo que apenas existe”, se aplica a la liturgia artesanal de la madera sobre una talla femenina, sueña con una reparación universal. “Los designios de un ermitaño son inescrutables”. Don, señor de la ermita, sin compromisos sociales, contradictorio, entre santo y simplón, esteta y vulgar, rodeado de bestezuelas, bestia instintiva él mismo, capaz de asar un gato en una parrilla oxidada y comérselo con esa hambre feroz que arrebata la dignidad. “Llegar hasta aquí debe considerarse una especie de logro”, según la lápida de un cementerio escocés. Don, que se limita a escrutar, a oler, a mirar sin interés el horizonte; que subió hasta la ermita del acantilado para estar solo, para frecuentar como mucho “la rara camaradería de los afines”, percibe con horror que efectivamente está solo; que más que habitar una solitud, una soledad voluntaria, ha muerto quizá antes de tiempo; que más que llevar una vida larvada de crisálida, se encuentra en un sarcófago a la intemperie, apresado por los largos cabos que nos atan al prójimo, que nos encadenan a sus miserias, anhelos o crueldades. “Para volar hay que olvidarse de volar”, decía el protagonista de “Vida de ermitaño”, aquella novela de Mario Pérez Antolín con la que “Poética del ermitaño” guarda ciertos vínculos dada la temática: en su decisión de apartarse de lo omnipresente, en su complicidad con el lector, en sus experiencias grotescas, oníricas e insospechadas, en su transversalidad.

Miguel A. Zapata vuelve a arriesgar literariamente. Compone esta “biografía lírica de un personaje fronterizo” con una estética a la vez excéntrica y concéntrica, donde va alternando el discurso mental, la alegoría, los recuerdos, el idealismo profético, o incluso el prodigio, con un descenso extremadamente físico a los escombros, al deseo, al hambre, a la violencia. El lector encontrará, además de una prosa rica en matices, esas oraciones sincopadas marca de la casa, y -aunque en menor medida que en otros libros- también esa sintaxis creativa suya, descoyuntada en ocasiones. Personalmente, a uno le ha parecido escuchar gratos y logrados ecos expresivos del Aldecoa de “Gran Sol” en las escenas de los pescadores, y aspirar tenues aromas entre marítimos y fantásticos a “La saga/fuga de J. B.” de Torrente Ballester (la nevada sólo sobre la ermita y el “Brebaje de Sueños” peligrosos y purgadores). Uno ha creído percibir asimismo reflexiones e imágenes que evocan la soledad montaraz del Zaratustra de Nietzsche o la intensidad percutante y escatológica de Céline.

Este libro es una ofrenda cambiante y descarnada, una Poética duramente poética sobre la condición humana, “un aguacero en las tripas”, una introspección radical, la búsqueda de redención por parte de un zapato extraviado y sin pareja, por parte de unos solitarios poseedores de “una extraña forma de inocencia”, por parte de una “tripulación de naufragios, de existencias cosidas a retales”. Y entonces no queda sino subir a este barco que ha botado el autor -con la maestría y la osadía habituales e irreductibles- al pie del acantilado, junto a un pequeño pueblo costero, entre escalofríos, calvarios, insectos, abalorios y bachatas; no queda sino acompañar la vida psíquica del ermitaño y la tangible de la comunidad, y sentir el vértigo de proa a popa, y ahogarse de melancolía, de verdadera soledad -la metafísica-, y encender un pitillo de matalahúva.

jueves, 11 de diciembre de 2025

“Épocas de grandes lluvias”, de A. F. Molina (Libros del Innombrable)


    Libros del Innombrable conmemora el vigésimo aniversario del fallecimiento de Antonio Fernández Molina con la publicación de “Épocas de grandes lluvias”, una joya que reúne toda su narrativa breve. A. F. Molina fue uno de los autores más singulares, fecundos, dinámicos y audaces de la literatura española del siglo XX. Escritor manchego afincado en Zaragoza, de incansable y variada actividad creadora -poesía, novela, ensayo, ‘musgos’ (apuntes y pensamientos líricos), piezas teatrales ‘sumergidas’, textos cinematográficos-, marcado por las irradiaciones rompedoras de las vanguardias como el Surrealismo, el Postismo y la Patafísica, “su prosa breve destaca por su profunda conexión con la poesía y la pintura. De una concisión intensidad únicas, sus relatos beben de Kafka y Ramón Gómez de la Serna para construir un universo de lo onírico y lo absurdo donde cada pieza es una visión evocadora”.

    Para A. F. Molina todo era susceptible de operaciones imaginativas, desde la infancia y el mundo rural hasta el propio cuerpo del narrador. “Lo que parecía insólito no dejaba de ser real”. Al peculiar realismo mágico moliniano habría que añadir otras notas caracterizadoras como el irracionalismo verbal, la lógica de los sueños, la ingenuidad, las caprichosas metamorfosis, la simbolización o el animismo. El inclasificable A. F. Molina, que “compensó su pesimismo existencial con un optimismo estético inquebrantable”, era capaz de descubrir cada día -con la mirada y la curiosidad de un niño- la vida de los objetos, las “mil posibilidades de la realidad cotidiana” y los misterioso entresijos del universo.

    Feliz iniciativa editorial esta, que proporcionará a los lectores que se acerquen a ella el encuentro con un mundo sorprendente y libérrimo, una visión total del “ilusionismo narrativo” de uno de esos escritores originales, únicos, que logran que la lluvia caiga arriba. La obra (que ha contado con la generosa colaboración de la familia del autor homenajeado) se enriquece además con un magnífico y esclarecedor prólogo de José Luis Calvo Carilla, con ilustraciones, fotografías, numerosas notas y, sobre todo, con el espléndido trabajo del editor del volumen, Raúl Herrero, que lo ha rematado con una valiosa adenda donde ha reunido todo un corpus de opúsculos narrativos minoritarios y rarezas inencontrables.

    Como escribí en el prólogo de “Bicéfalo”, el libro a cuatro manos con A. F. Molina que un servidor tuvo el privilegio de estar a punto de publicar hace veinte años, un precioso proyecto que se malogró por su fallecimiento y por decisiones políticas municipales, “las obras de Antonio Fernández Molina inutilizan, arrasan, pulverizan millares de anaqueles que contienen todas las páginas pomposas, solemnes, convencionales y rutinarias de sus contemporáneos. Sólo la condición marginal de este creador, provocada por la ceguera de críticos, voceros y lectores, ha impedido que lo anterior sea algo comúnmente aceptado. Artista proteico, arúspice socarrón, iconoclasta y sorprendente, A. F. Molina no guarda compostura, escribe sobre el reverso de papeles ya usados, dibuja tendido en la cama o encima del manillar de una bicicleta, lleva al lector en volandas, tiene el don de la ubicuidad y es un fecundísimo árbol del que cuelgan toda suerte de frutos creativos (…) Cuando en los años setenta leí por primera vez algunos textos suyos, supe que me había inoculado para siempre su insobornable fervor imaginativo, su deseo de subversión de la realidad, y deseé con cierto ímpetu que sus pasos me llevaran en la dirección correcta, esa que aleja de la mercadería pedestre y de la prosa embalsamada. Compartir el espacio de este libro con A. F. Molina es un honor bastante impresionante que acepto gustoso, pues no existe mejor compañía que la inventiva y la originalidad verdaderas”.



martes, 9 de diciembre de 2025

Reseña de “Estigia” en Todoliteratura.es, por Paolo Remorini

Esencial reseña de “Estigia” (Eolas) en Todoliteratura.es, escrita por el profesor e investigador literario Paolo Remorini, autor de la tesis “Il fantastico nella narrativa breve di Ángel Olgoso” (Universidad de Pisa, 2011), y de trabajos como “Fondamenti della poetica de Ángel Olgoso” o de “La teoría de las apercepciones. Definición y aplicaciones en relatos de Cortázar, Borges y Olgoso”.



UMBRAL A UN UNIVERSO PROPIO: 'ESTIGIA', DE ÁNGEL OLGOSO

(Paolo Remorini)

Decía Alfonso Reyes hablando con Borges que los textos se editan para dejar de darles vueltas, para dejar de corregirlos, cambiarlos, reescribirlos. Ángel tiene un relato en el que François-René, vizconde de Chateaubriand, vuelve literalmente de su muerte para seguir revisando su autobiografía “Memorias de ultratumba”. Afortunadamente, nosotros tenemos la suerte de que no hay que esperar tanto para ver editados los cuentos completos de Ángel Olgoso, del que ahora celebramos la tercera entrega, “Estigia”, tras “Bestiario” y “Sideral”, en la colección Las Puertas de lo Posible de la editorial leonesa Eolas. Habría que buscar mucho, y posiblemente sin suerte, para saber si algo así ha pasado con anterioridad. No hay autor que vea cómo se publican, en vida, sus obras completas. Ni de los actuales, ni de los pasados (y el libro de Monterroso, “Obras completas y otros relatos”, no cuenta, claro, más allá del título).

Ángel Olgoso ha construido, a lo largo de las décadas, un universo propio: un territorio de lo insólito, de lo inquietante, de lo maravilloso y de lo monstruoso. Y, todo esto, desde la belleza más pura y luminosa del lenguaje. Desde sus primeras publicaciones, quedó claro que no era simplemente un escritor de cuentos fantásticos: era un artesano de lo imposible, un orfebre de mundos donde lo real y lo imaginario se confunden en una espiral de múltiples significados. Porque si es verdad, como dijo Borges en una entrevista, que “lo fantástico no está en el estilo, sino en el destino”, también es indudable que Ángel trasciende este destino: porque ha conseguido dar a sus cuentos una profundidad existencial, una densidad lírica y un poder simbólico muy poco comunes en nuestros días.

Voy a intentar dejarlo lo más claro posible: Ángel Olgoso no es un autor de literatura fantástica, aunque muchos de sus relatos utilicen temas y recursos narrativos que los autores y autoras de lo fantástico han ido trabajando desde finales del siglo XVII. Lo que él escribe, desde hace ya unos cuarenta años, es literatura. A secas. De la más sugerente, fructífera y hermosa literatura que se haya escrito en España en el último medio siglo. ¿Como explicar si no, y solo para dar un ejemplo, la abrumadora capacidad para hablar de cuatro décadas de guerra civil y dictadura fascista en tan solo 13 palabras, título incluido?

Los relatos de Olgoso comparten unas mismas características ‒la dimensión inquietante, la ruptura de las expectativas del lector, el hábil juego con la incertidumbre y la ambigüedad‒ y persiguen unos mismos fines ‒bucear en el lado oscuro de la realidad para desvelar lo que se oculta bajo las apariencias, conseguir que el lector cuestione las bases de la realidad y de su propia conciencia, así como los parámetros con los que suele acercarse a la realidad‒. Por todo ello, Ángel Olgoso no sólo enriquece la tradición narrativa en español, sino que se ha convertido en un eslabón esencial entre los grandes maestros —como Borges, Bioy Casares o Cortázar— y las nuevas generaciones de escritores que utilizan el ingenio y la imaginación como vía de conocimiento y de arte.

“Estigia”, este tercer tomo, es más que una recopilación: es un umbral. Quien se adentre en estas páginas cruzará el río oscuro que da nombre al libro y, como en los mitos antiguos, descubrirá los secretos de otros mundos, que en el fondo hablan de nosotros mismos. Les invito a abrir este libro con la disposición del viajero que sabe que no regresará igual que partió. Porque la literatura de Ángel no es un viaje seguro. Es una experiencia de transformación>>.

viernes, 5 de diciembre de 2025

“Cerco a la Bella Durmiente” en Youtube

“Cerco a la Bella Durmiente” en Youtube: ‘Relatos Breves con Miriam Salinas. Cuentos diarios de menos de 2 minutos’.



CERCO A LA BELLA DURMIENTE

El príncipe se inclina sobre el lecho adornado con flores y besa a la Bella Durmiente, pero la princesa no se despierta. Es posible que a) tenga el sueño muy, muy pesado, b) no sea la auténtica Bella Durmiente, c) él sea un impostor de mirada tierna en horas bajas, incapaz ya de despertar a una doncella tras otra, d) advertida por sus lecturas de cuentos populares, la Bella Durmiente se niegue a entregarse al primer príncipe que la roce con los labios, e) el huso que pinchó su dedo estuviese emponzoñado a conciencia, f) el príncipe no haya besado a la princesa en el punto propicio acordado por la tradición, g) la Bella Durmiente, dada su aristocrática condición, considere procaz e indigna la actitud del príncipe al no haber sido debidamente presentados, h) simule estar dormida al entrever el horrible aspecto del príncipe, i) la princesa, de naturaleza escasamente virtuosa, necesite algo más que un simple y casto beso para ser despertada, j) el hada benévola intente así evitarles la crueldad de vivir juntos hasta la muerte, y k) cuando el príncipe acertó a pasar cerca del palacio encantado y atravesó el espinoso seto de escaramujos, no habían transcurrido aún los cien años prescritos ni llegado, por tanto, el día en que la Bella Durmiente tenía que despertar, lo que obligará al torpe príncipe a esperar aquí dos, quince, treinta y ocho años más.

("La máquina de languidecer", Páginas de Espuma, 2009)

lunes, 1 de diciembre de 2025

Reseña de "Estigia" por Jesús Cárdenas en Culturamas

Muy agradecido al escritor, docente y crítico Jesús Cárdenas por su extraordinaria reseña de “Estigia” (Eolas Ediciones) en la revista Culturamas. Pocas veces he leído unas apreciaciones tan certeras sobre mis relatos.


CULTURAMAS
«Estigia», de Ángel Olgoso
Nov 29, 2025
Por Jesús Cárdenas.


“Estigia”, el nuevo libro de relatos de Ángel Olgoso, el tercer volumen temático de sus relatos completos, publicado por Eolas Ediciones y acompañado por un sugerente prólogo de Ana María Shua, reúne en sus 256 páginas una constelación de mundos que desafían la lógica y la serenidad del lector. No es casual que Shua advierta, desde las primeras líneas, que «la categoría de fantástico es insuficiente para definir sus cuentos antirrealistas»; y es que el escritor granadino, maestro indiscutible del relato breve en lengua castellana, practica un arte narrativo que no busca únicamente el asombro, sino una suerte de desestabilización íntima, un estremecimiento que obliga a releer y repensar cada pieza. Su literatura funciona como una máquina de metamorfosis, una articulación precisa entre la extrañeza, la lucidez y la oscuridad, sostenida por una imaginación minuciosa que nunca se repite.

Autor de una obra prolífica que incluye un poemario (“Ukiguno”), un libro ilustrado (“Nocturnario”) y dos compilaciones de textos de no ficción (“Tenue armamento” y “Un unicornio fuera de su tapiz”), Olgoso ha edificado, a lo largo de títulos como “Breviario negro”, “Bestiario”, “Cuentos de otro mundo”, “Astrolabio”, “Devoraluces”, “Almanaque de asombros”, “Las frutas de la luna” o “Los líquenes del sueño”, entre otros, un territorio literario inconfundible: una cartografía donde lo insólito emerge con naturalidad y donde lo sublime convive con lo ominoso. En él confluyen, como ríos subterráneos, diversas influencias literarias: Borges y su metafísica del asombro; Cortázar, capaz de quebrar lo cotidiano para abrir paso a lo insólito; Bioy Casares, por su imaginación especulativa y la elegancia de sus tramas, Lovecraft, por esa vibración ominosa que a veces se insinúa desde los márgenes del relato; entre otras. Todas estas huellas, algunas citadas en la primera página, se disuelven sin embargo en una voz enteramente Olgoso. “Estigia” se integra en esta tradición, que también amplía, confirmando la madurez de un escritor capaz de combinar precisión artesanal e imaginación desbordante.

En “Estigia” hallamos piezas narrativas, microrrelatos como «Diadema en tu cabello», «Suicida», «Persistencia», «El purgatorio» o «La planicie», de concentrado minimalismo lírico, y otros más extensos, como «La primera muerte de Kafka» o «Últimas voluntades», que se despliega hasta seis páginas con un desarrollo emocional progresivo y envolvente.

La lectura del volumen conduce, efectivamente, a lo que Shua llama un «viaje en el tiempo y en el espacio», una deriva que a menudo no conduce a ningún lugar reconocible, como si el lector fuese arrastrado a una tierra de nadie donde la orientación resulta a menudo ilusoria. Hay cuentos, como en Comala, que parecen situarse en una región suspendida entre mundos, pero también otros que hunden sus raíces en escenarios reconocibles. En «Reliquias», por ejemplo, nos traslada a Parma, acompañando a una pareja de recién casados que descubre la ciudad entre la belleza turística y una inquietud latente, haciendo vibrar secretamente lo extraordinario. En «Eternidad», en cambio, nos invita a adentrarnos en el sur profundo de los Estados Unidos, donde un escritor en declive mastica tocino, bebe whisky y redacta un testamento de despedida que brilla por su ironía melancólica.

En esa transmigración, también paseamos, junto a él, por las personas gramaticales, «Todos los trucos son válidos si se trata de provocar el desasosiego del lector», afirma Shua. Ni siquiera el narrador testigo en segunda persona le es ajeno, como ocurre en «Idolatría», donde la enumeración borgiana es un rasgo de esta prosa, revelador por el tinte oscuro y perturbador, propio del estilo de nuestro escritor. Hacia la mitad de «Océanos de ceniza» el narrador se hace, y con él participamos, preguntas inquietantes, de algo que parece un inocente catálogo de especies vegetales:

«¿Será por eso que ahora contemplo, espantado, esos frutos […] como creaciones imperfectas y caprichosas exudadas de las esencias sacras de nuestros antepasados? ¿Será por eso que crecen con tanta reciedumbre, como si buscasen una perduración plena, ayudados por la sangre que vuelve?»

Uno de los mayores logros de Olgoso radica en su capacidad para alternar registros y sorprender al lector–viajero, mostrando un escritor de relatos poliédrico. Su prosa puede volverse barroca, con frases largas, léxico insólito y un ritmo casi ceremonial y onírico, que favorece el recogimiento, como en «El confeti de nuestras cenizas» o «La pequeña y arrogante oligarquía de los vivos»; pero también sabe hacerse sobria, afilada y luminosa cuando la historia exige claridad sin adornos, poseyendo un sesgo de rapidez periodística, así en «La muerte desordena» o «Autopsias prematuras». Más aún: su escritura posee una textura verbal vibrante, saturada de imágenes táctiles, murmullos ancestrales, fulgores cromáticos, ecos animales, registros sonoros, brillos casi palpables y múltiples guiños intertextuales, lo que convierte cada relato en una experiencia sensorial además de intelectual.

Ese equilibrio entre lo exuberante y lo austero se aprecia con especial nitidez en el relato «El valle», donde la delicadeza del lenguaje convive con la rudeza del entorno, en una estampa que resuena con ecos del barroco más visceral:

«Con el estómago vacío, retorciéndose de hambre, Amuleto de Hueso proseguía su terca batida de caza, en busca del valle que, más allá de las montañas, discurría en una larga y fértil hondonada entre dos laderas verdes, donde pastaban manadas de Cuernos Curvos y los cornejos estaban cuajados de bayas».

En conjunto, “Estigia” confirma confirma a Ángel Olgoso como un alquimista de la narración breve: un escritor capaz de transformar cada cuento en un umbral hacia lo desconocido y, al mismo tiempo, en un espejo donde el lector contempla su propio desconcierto. Al cabo, el arco dramático se completa, en una ambientación que va de lo sombrío a lo luminoso. Ese es el arte de deslumbrar lo incierto.