He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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lunes, 27 de octubre de 2025

Reseña de "Madera de deriva" por Francisco Morales Lomas en Cuadernos del Sur


Francisco Morales Lomas publica este completísimo y generoso acercamiento a "Madera de deriva" (Libros del Innombrable) en el suplemento Cuadernos del Sur del Diario de Córdoba:


<<NUEVO CICLO NARRATIVO.

El granadino Ángel Olgoso se halla entre los ilustres que han obtenido en dos ocasiones el Premio Andalucía de la Crítica, en su caso en la modalidad de relatos, además de más de treinta premios como el Internacional Julio Córtázar, el Clarín, el NH, Caja de España… Es uno de los escritores andaluces con mayor proyección nacional, habiendo sido antologado en más de setenta antologías del género. Su obra es amplia desde que en 1991 publicara ‘Los días subterráneos’. En 2022 comenzó la publicación de sus cuentos completos (700) en seis volúmenes temáticos, por parte de la editorial Eolas en su colección ‘Las Puertas de lo Posible’. Además es fundador y rector del Institutum Pataphysicum Granatensis, miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada y de la Amateur Mendicant Society de estudios holmesianos con textos traducidos al francés, inglés, alemán, italiano… Con ‘Madera de deriva’, se inicia una nueva etapa en la que los elementos autobiográficos poseen un espacio e identidad propia tanto como la reflexión metaliteraria. Se trata de un escritor con oficio bien aprendido. Con apenas unos trazos puede construir una historia atractiva, solvente y singular para el lector. Obras con la sabiduría del equilibrio (ese difícil arte del relato para que no sobre ni falte nada) en la creación de mundos precisos y en la resolución fáctica (qué complicado resolver el final de un cuento) de esos inestables armónicos narrativos, con un lenguaje cuidado, certero, eficaz e imprescindible. Son breves argumentos que proyectan la búsqueda de la identidad perdida, la injusticia del ser humano, su afán de venganza o de equidad, la justificación de los actos, la reacción extraña ante lo insólito del mundo, la superación de la realidad del misterio, la sensación de amenaza permanente que soporta el ser humano, el despliegue de las obsesiones, lo sobrenatural humano, la amistad o la repulsión…

‘Madera de deriva’ es una obra enormemente rica, heterodoxa, plural… Por momentos pueden parecer reflexiones de tipo ensayístico; en otros una evidente crítica social (que no se ha prodigado en su obra) o la más íntima presencia de su mundo siempre fantasioso, lejano de la realidad aunque esta se encuentre presente a su modo con un cierto costumbrismo, como en el relato «Chile en el corazón», donde cuenta su viaje a ese país con Marina. Historias que siempre mueven a la expectación y al encuentro con un lenguaje cuidado, esmerado y sutil, muy preciso, y un recorrido por sus grandes autores que aquí están presentes: Borges, Bioy Casares, Cela, Cortázar o José María Merino, su gran amigo. Su obra se mueve a caballo entre los axiomas y la enciclopedia, entre las abigarradas lecturas y la presencia de un modo personal, original y muy olgosiano, que puede ser una reflexión ecológica, sobre la lectura o sobre la poesía… y no menor por momentos es su concepción culturalista y diletante del texto literario. Con una enorme inventiva y singular capacidad para fantasear por los vericuetos del ser humano, su mundo y su existencia. En el prólogo de Óscar Esquivias nos habla de un libro «variopinto, raro, sabio, misterioso, lleno de fervor por la literatura, en el que relata historias reales que parecen fábulas y cuenticillos con aspecto de noticias o crónicas». Esta versatilidad y variedad tanto temática como formal es un elemento fundamental en esta nueva etapa tanto como ese amor por la vida y la literatura con la que tiene mucho que ver su compañera de viaje, la poeta chilena Marina Tapia. Todo ello hacen de ‘Madera de deriva’ un libro de gran calidad literaria y de gran personalidad en donde se muestra de nuevo la facilidad de creación, el amor a la palabra y al rescate de lo vivido, donde temáticas sociales o ecológicas se abren paso, así como las reflexiones metaliterarias o cuasi biográficas a las que hasta ahora había sido bastante remiso.

Es un escritor para el que la facilidad del verbo le permite adentrarse en aventuras culturalistas, en cuadros, glosarios, pero también construcciones memoriales como el citado texto «Chile en el corazón», el relato más extenso. Hay mucho de idealismo creador y también de análisis crítico cuando habla de algunos escritores como la pocilga, «cochiquera gremial» para referirse aquellos que no transigen con la dificultad creadora y apuestan por la simplificación. La variada presencia de significantes dotan a esta obra riqueza y le dan un carácter definitivo, con la construcción de historias realistas, axiomáticas, críticas o surreales como la del predicador en la Antártida. Su pasado, sus sueños, sus derrotas, junto con una mirada siempre presta al asombro nos permiten hablar de un autor esencial, con un discurso ético profundo que defiende la fraternidad y un mundo decente. Un escritor en el que su rica fantasía le permite adentrarse por cualquier temática con una guía siempre presente: «Escribir es una inmolación consciente y razonada que el verdadero escritor hace de su tiempo».

(Francisco Morales Lomas)

martes, 30 de agosto de 2022

Reseña de "Devoraluces" por Francisco Morales Lomas

Reseña de “Devoraluces” por Francisco Morales Lomas, publicada en Todoliteratura.es.




LA LUZ DE OLGOSO EN DEVORALUCES. UN HOMENAJE A LA LITERATURA Y LAS LECTURAS.

Francisco Morales Lomas


Lo conforman trece historias y una coda. Un conjunto de historias diferenciadas en las que hay mucho de ejercicio literario, momentos de autoficción y hacia el final una introducción en el ámbito de la metaficción y la metaliteratura que se está adueñando de muchos libros en la actualidad. Se ha puesto de moda y se practica con cierta asiduidad por muchos autores contemporáneos. Siempre hay que destacar la importancia del significante en su obra, la especial pulcritud con el que trata la lengua española y la facilidad para recrearse en ella con una extraordinaria calidad en la dicción aunque esto puede impedir que las historias avancen más raudas. Sin duda que es una voluntad de estilo y él es consciente de ello y se recrea por momentos como el que se queda extasiado contemplándose ante su espejo vital.

Se inicia con la expresión de sensaciones ante la luz del verano y la dura realidad que lo conmueve para adentrarse en procesos de alegorización (los sueños de Hajdú) que acaban en realidad en un sueño de la mujer creando una sugerente antítesis. Ama las retahílas, la adjetivación y el uso de un léxico muy literaturizado para mostrar ya asuntos tratados en literatura que él recrea, como la historia del cíclope y Ulises en La rosa de los vientos, con la mezcla de personajes diversos, en realidad un homenaje a lecturas, la exaltación alegórica del azul, en muchos casos síntesis de lo artístico en terrenos de lo humano como en Villa Diodati, y la rememoración de aquellas jornadas con Lord Byron, el doctor Polidori, Mary Shelly… que nos indica su maestría para la escritura y la creación de mundos originales.

En ocasiones con gran lirismo, en otras preciosista hasta la exhaustividad ralentizando las historias, aunque no es lo que le preocupa sino la recreación en un lenguaje de gran fortaleza que opera como esa metáfora de los diamantes para una anciana “la adornan, pero no pueden embellecerla”. Con su lenguaje adorna el texto y lo embellece como pocos en el panorama actual pues sabe que el instrumento que maneja es la historia de la palabra, y trata de cuidarla y darle esplendor.

Le gusta la experimentación, el uso sintagmático como en La ilusión del horizonte o la oda al padre en Okitsu, que forma parte de ese gusto de Olgoso por Japón y su tradición cultural y literaria. Pero aquí en un ejercicio de autoficción nos habla de su relación con “el padre”, definiéndose en relación a él y su mundo, que no dejaría de ser tampoco una ficción interesante e interesada, como el mismo autor aclaró en un diálogo con él: “No soy más que mi propia, nimia y atolondrada creación floral. No soy más que la flor que brotó, para apartarse, del tronco seco de mi padre”. Lo considero uno de los más interesantes del libro y lo es porque se despoja de cierta retórica y juega con la ficción de la sinceridad, algo que ya había denunciado sistemáticamente en su Paradoja del comediante Denis Diderot.

Lo oriental se haya presente en La arena de las historias en su recreación de Las mil y una noches o en su propio aleph borgiano en ese néfesch que ocupa la historia de El calendario quimérico de lo que podía haber sido. Ese néfesch que significa vida (sangre), ese “mecanismo universal, que este tapiz de sucesos, que este calendario quimérico de los que podía haber sido se construyó según los ejes maestros de la constelación de Eridanus”.

También hayamos un homenaje a Cervantes en Medio real. Y este libro, Devoraluces, lo es en general por ese devorar la luz que lo ha guiado. Como la exaltación del erotismo y el amor en Émula de la llama, todo un ejercicio de retórica sexual que haría las delicias de Bukowski, Burroughs, Anaïs Nin o Pierre Louÿs. Y por supuesto a nuestro querido Gregorio Morales. Enumeraciones hiperbólicas y escenas sexuales mezcladas con poemas, en una pasión exorbitante. Desde luego que es un maestro en sus descripciones y en el uso del lirismo, así como en la precisión lingüística y en el uso de la adjetivación y su léxico de gran altura, nada habitual en comparación con la forma de escribir presente. Para finalmente centrarse en la metaficción y realizar opiniones sobre el arte de escribir y que este es su último libro de relatos. Existe en esta como cierta entrega: “Una invención realmente nueva nunca va a salir de nuestros viejos cerebros, donde todo ya está condicionado y resabido. Solo el azar de una maquinación ajena a nosotros nos dará eso nuevo”.


martes, 24 de mayo de 2022

Mesa redonda Premio Andalucía de la Crítica

En el marco de la Feria del Libro de Granada, se celebró una mesa redonda entre los galardonados del Premio Andalucía de la Crítica (modalidades de novela y relato) para celebrar el premio a Miguel A. Zapata por “Nos tragará el silencio” y a Ángel Olgoso por “Devoraluces”. Intervino como moderador Francisco Morales Lomas, presidente honorífico de la Asociación de Escritores y Críticos Literarios de Andalucía. Y fue el primer acto presidido por la nueva presidenta de la Asociación, Remedios Sánchez. Comparto el cuentito alusivo que leí durante la conversación.



    “Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo (concretamente 20 años), en un lugar muy, muy lejano (concretamente Granada), que se celebró un encuentro literario, y en él coincidieron cuatro amigos, Miguel Ángel Muñoz, Manuel Moyano, Juan Jacinto Muñoz Rengel y Ángel Olgoso. Todos vivían en el mundo de los cuentos, un mundo manejero, a escala humana, donde las casas y las cosas eran diminutas, donde todos cultivaban su pequeño jardín y compartían fraternalmente sus minúsculos pero sabrosos frutos. Estos cuatro amigos decidieron que aquella reunión cultural era la ocasión propicia para formar un grupo, “los cuatro fantásticos”, pues todos sembraban relatos imaginativos en su parcelita. El tal Olgoso propuso que, ya que los tres mosqueteros eran cuatro, los cuatro fantásticos fueran cinco, y que se incluyera a Miguel A. Zapata que, en ese momento, ya estaba trabajando en Madrid. Fue tal la efervescencia de los cuatro amigos en aquel encuentro que sintieron la pulsión de crear una especie de club de cuentistas, incluso una generación, y hasta se debatió sobre qué muro deberían orinar para emular a los integrantes de la Generación del 27, que miccionaron en su momento contra las tapias de la Real Academia de la Lengua. Aunque aquella propuesta quedó finalmente en agua de borrajas, existe una imagen fundacional, un daguerrotipo de los cuatro amigos en el patio de entrada de la Casa de los Tiros: cada uno enlaza al otro pasando su brazo sobre el hombro del que está al lado, a excepción de Miguel Ángel Muñoz, que situó su brazo detrás de la columna que tenían a su espalda y, por la perspectiva, parece que le está tocando el culo a Manuel Moyano. 
    Pasó y pasó el tiempo y, poco a poco, “los cinco fantásticos” menos el tal Olgoso fueron poseídos paulatinamente por el espíritu de Juan Sin Miedo y dieron en internarse en el vasto mundo de las novelas, un mundo desaforado, de largas distancias, donde las casas y las cosas eran voluminosas, ciclópeas, donde se podían cobrar piezas enormes y alcanzar -si se disponía de un tesón implacable- ciertos reconocimientos. Y así sucedió, en mayor o menor medida, con cada uno de ellos, y el tal Olgoso se fue quedando solo en el mundo de los cuentos, y no parecía sino el último mohicano. Sin embargo, los otros cuatro amigos regresaban de vez en cuando, brevemente, como de visita, recordando los viejos tiempos, y recogían en el huerto alguna historia de los collejos bancales de relatos. Y aunque el tal Olgoso -que, como todo hombre de letras que se respete, era perfectamente susceptible a la envidia literaria- los miraba con ojos admirados, como si se tratara de héroes homéricos, sobre todo añoraba aquellos días en que los cinco amigos se resistían a la realidad, no les interesaba la calderilla de lo cotidiano y escribían narraciones que el lector habría de recordar como sueños. Pero, por lo general, en el transcurso de los años los cinco amigos fueron felices y comieron perdices, algunas de ellas de abolengo, como la nutritiva variedad avícola llamada ‘premio Andalucía de la crítica’. Y, colorín colorado, espero que este cuento no se haya acabado y que la eternidad les reserve a todos los humanos un rinconcito al amor de la lumbre donde puedan seguir escuchándolos”.