He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

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domingo, 14 de junio de 2026

Reseña de "Holobionte" por Félix Ángel Moreno Ruiz

Muy agradecido a Félix Ángel Moreno Ruiz por esta sintética y certera reseña de “Holobionte” (Eolas) publicada en el suplemento Cuadernos del Sur, del diario Córdoba.



<< COEXISTIR, AUNQUE DUELA.


Escribir sobre Ángel Olgoso es hacerlo sobre uno de los principales y más reputados cuentistas en castellano. Utilizo este término y no el adjetivo «españoles» para incluir también a los escritores hispanoamericanos porque los relatos salidos de la pluma de Olgoso en nada tienen que envidiar a los de los mejores hacedores de cuentos del otro lado del océano. Su producción literaria, iniciada en 1991 con “Los días subterráneos”, es inmensa en calidad y en cantidad, y ha sido merecedora de los más importantes galardones: el Andalucía de la Crítica (en dos ocasiones), el Clarín o el Julio Cortázar, por poner solo algunos ejemplos paradigmáticos.

Ahora la editorial leonesa Eolas nos permite seguir disfrutando de su prosa con “Holobionte”. Editado con primor y con un esclarecedor prólogo de Raúl Brasca, conforman el libro sesenta y cuatro cuentos de diversa extensión: aunque algunos son microrrelatos en su más exacta y pura expresión (el sobrecogedor “Cuento de horror”, que cierra el corpus; el deslumbrante “La mujer transparente”; el filosófico “Subir abajo” o el irónico “Vidas privadas”), predominan los que ocupan una o dos páginas y hay, incluso, relatos más extensos como “Émula de la llama” o “El síndrome de Lugrís”.


Sin embargo, existen en todos ellos suficientes elementos que otorgan unidad a “Holobionte”. Así, encontramos, en primer lugar, un estilo muy peculiar e identificable, caracterizado por la riqueza del lenguaje, por una prosa de gran belleza formal, serena y pausada, por la búsqueda de la palabra exacta y precisa, y por la profusa utilización de recursos expresivos, reservados tradicionalmente a la poesía.

También hallamos un dominio absoluto de las técnicas del relato corto: un planteamiento atractivo y enigmático que conduce al lector, en un abrir y cerrar de ojos, a un final impactante, que lo noquea con un golpe seco y duro, dejándolo sobrecogido, admirado y aturdido; tampoco puede faltar en este libro un rasgo característico del universo narrativo de Olgoso como es el uso de la ironía y del humor inteligente, que actúan como terapia para tratar, con cierto distanciamiento, los aspectos más desconcertantes y tenebrosos de la naturaleza humana.

Aparecen, también, los rendidos homenajes a los grandes maestros cuentistas y los guiños metaliterarios que exigen un lector atento y culto (“Carta al hijo” es, probablemente, el ejemplo más evidente). Por último, y como reza el propio título del libro (holobionte es un término acuñado por la ciencia biológica que hace referencia a la convivencia de distintos organismos, uno de ellos el anfitrión, que colaboran para sobrevivir), los relatos muestran la complejidad de los comportamientos humanos, las paradójicas relaciones de dependencia y de cohabitación que se establecen, a veces, entre opresores y oprimidos, entre víctimas y verdugos, entre perseguidores y perseguidos>>.

(Félix Ángel Moreno Ruiz)

https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2026/06/13/coexistir-duela-131204219.html

domingo, 15 de febrero de 2026

Relato hiperbreve o cuántico, por Luis Santillán

Muy agradecido a Luis Santillán por la parte que me toca en esta breve reivindación de lo brevísimo, del microrrelato, publicada en Cuadernos del Sur del diario Córdoba.



<<RELATO HIPERBREVE O CUÁNTICO.
Los siglos XIX, XX y XXI han deparado grandes cuentistas.

Ya me he referido en alguna ocasión al relato breve o hiperbreve, un género literario considerado menor y maltratado por la historia. No en vano la literatura de los siglos XIX, XX y XXI nos ha deparado grandes cuentistas, maestros del relato corto, y por encima de cualquier otro continente, los hispanoamericanos se llevan la palma. ¿Habrá alguien que no haya leído las minificciones de Juan José Arreola, Augusto Monterroso o Julio Torri? Pero la literatura española también es rica en dicho género. Ahí tenemos a Ángel Olgoso, por ejemplo, para no pocos el maestro, o Juan José Millas, todo un alarde literario de la brevedad llamado a acompañarnos en la mesilla de noche durante bastante tiempo. O Andrés Neuman, poeta, novelista, autor de relatos y «contador de historias», o los «relatos cuánticos», de Juan Pedro Aparicio en los que cobra más dimensión «lo que no está que lo que está, aunque todo esté». Podríamos citar a muchos más… aunque yo al menos me quedo por su escasa presencia en el género con Cristina Fernández Cubas, autora de alguno de los más maravillosos hiperbreves de la literatura española. Sin embargo, el microrrelato, hiperbreve, relato cuántico, cuento corto, minificción…, por fin ha alcanzado la madurez como género literario. Es más, se codea de igual a igual con sus hermanos mayores, la poesía, la novela, el aforismo…Y rebuscando en los anaqueles de las librerías, gracias al buen hacer de las Editoriales Paginas de Espuma y Menoscuarto, podemos encontrar maravillosos cuentos de Luis Mateo Diez, Medardo Fraile, Juan Pedro Aparicio, Max Aub, Manuel Moyano, Javier Tomeo, Max Aub, o Ana María Matute, compartiendo espacio con Fernando Quiñones, Ángel Olgoso, Juan José Millas, José María Merino, Oscar Esquivias…y tantos otros. Solo cabe decirle al lector: por favor, sean breves al leer los microrrelatos, pero déjense enredar por la magia de sus palabras. Porque como decía Julia Otxoa, otra cuentista, microrrelatista, «en este umbral del siglo XXI es absolutamente necesario acabar con la estrechez de miras en la percepción de otros géneros que no sean la novela, el ensayo, o el cuento clásico».

Se precisa urgente la apertura de la comprensión intelectual a otras formas de escritura breve cuya creación ha dado nombres como Kafka, Max Aub, Borges, o Monterroso, y cuyo legado literario es indiscutible. Y cuando se dejen imbuir por la maravilla del género, acudan a la historia del Círculo Cultural Faroni, quien, de la mano de Luis Landero, que por cierto acaba de publicar novela, fue pionero y hacedor de uno de los premios literarios de mas solera a finales del siglo pasado>>.

(Luis Santillán)


lunes, 27 de octubre de 2025

Reseña de "Madera de deriva" por Francisco Morales Lomas en Cuadernos del Sur


Francisco Morales Lomas publica este completísimo y generoso acercamiento a "Madera de deriva" (Libros del Innombrable) en el suplemento Cuadernos del Sur del Diario de Córdoba:


<<NUEVO CICLO NARRATIVO.

El granadino Ángel Olgoso se halla entre los ilustres que han obtenido en dos ocasiones el Premio Andalucía de la Crítica, en su caso en la modalidad de relatos, además de más de treinta premios como el Internacional Julio Córtázar, el Clarín, el NH, Caja de España… Es uno de los escritores andaluces con mayor proyección nacional, habiendo sido antologado en más de setenta antologías del género. Su obra es amplia desde que en 1991 publicara ‘Los días subterráneos’. En 2022 comenzó la publicación de sus cuentos completos (700) en seis volúmenes temáticos, por parte de la editorial Eolas en su colección ‘Las Puertas de lo Posible’. Además es fundador y rector del Institutum Pataphysicum Granatensis, miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada y de la Amateur Mendicant Society de estudios holmesianos con textos traducidos al francés, inglés, alemán, italiano… Con ‘Madera de deriva’, se inicia una nueva etapa en la que los elementos autobiográficos poseen un espacio e identidad propia tanto como la reflexión metaliteraria. Se trata de un escritor con oficio bien aprendido. Con apenas unos trazos puede construir una historia atractiva, solvente y singular para el lector. Obras con la sabiduría del equilibrio (ese difícil arte del relato para que no sobre ni falte nada) en la creación de mundos precisos y en la resolución fáctica (qué complicado resolver el final de un cuento) de esos inestables armónicos narrativos, con un lenguaje cuidado, certero, eficaz e imprescindible. Son breves argumentos que proyectan la búsqueda de la identidad perdida, la injusticia del ser humano, su afán de venganza o de equidad, la justificación de los actos, la reacción extraña ante lo insólito del mundo, la superación de la realidad del misterio, la sensación de amenaza permanente que soporta el ser humano, el despliegue de las obsesiones, lo sobrenatural humano, la amistad o la repulsión…

‘Madera de deriva’ es una obra enormemente rica, heterodoxa, plural… Por momentos pueden parecer reflexiones de tipo ensayístico; en otros una evidente crítica social (que no se ha prodigado en su obra) o la más íntima presencia de su mundo siempre fantasioso, lejano de la realidad aunque esta se encuentre presente a su modo con un cierto costumbrismo, como en el relato «Chile en el corazón», donde cuenta su viaje a ese país con Marina. Historias que siempre mueven a la expectación y al encuentro con un lenguaje cuidado, esmerado y sutil, muy preciso, y un recorrido por sus grandes autores que aquí están presentes: Borges, Bioy Casares, Cela, Cortázar o José María Merino, su gran amigo. Su obra se mueve a caballo entre los axiomas y la enciclopedia, entre las abigarradas lecturas y la presencia de un modo personal, original y muy olgosiano, que puede ser una reflexión ecológica, sobre la lectura o sobre la poesía… y no menor por momentos es su concepción culturalista y diletante del texto literario. Con una enorme inventiva y singular capacidad para fantasear por los vericuetos del ser humano, su mundo y su existencia. En el prólogo de Óscar Esquivias nos habla de un libro «variopinto, raro, sabio, misterioso, lleno de fervor por la literatura, en el que relata historias reales que parecen fábulas y cuenticillos con aspecto de noticias o crónicas». Esta versatilidad y variedad tanto temática como formal es un elemento fundamental en esta nueva etapa tanto como ese amor por la vida y la literatura con la que tiene mucho que ver su compañera de viaje, la poeta chilena Marina Tapia. Todo ello hacen de ‘Madera de deriva’ un libro de gran calidad literaria y de gran personalidad en donde se muestra de nuevo la facilidad de creación, el amor a la palabra y al rescate de lo vivido, donde temáticas sociales o ecológicas se abren paso, así como las reflexiones metaliterarias o cuasi biográficas a las que hasta ahora había sido bastante remiso.

Es un escritor para el que la facilidad del verbo le permite adentrarse en aventuras culturalistas, en cuadros, glosarios, pero también construcciones memoriales como el citado texto «Chile en el corazón», el relato más extenso. Hay mucho de idealismo creador y también de análisis crítico cuando habla de algunos escritores como la pocilga, «cochiquera gremial» para referirse aquellos que no transigen con la dificultad creadora y apuestan por la simplificación. La variada presencia de significantes dotan a esta obra riqueza y le dan un carácter definitivo, con la construcción de historias realistas, axiomáticas, críticas o surreales como la del predicador en la Antártida. Su pasado, sus sueños, sus derrotas, junto con una mirada siempre presta al asombro nos permiten hablar de un autor esencial, con un discurso ético profundo que defiende la fraternidad y un mundo decente. Un escritor en el que su rica fantasía le permite adentrarse por cualquier temática con una guía siempre presente: «Escribir es una inmolación consciente y razonada que el verdadero escritor hace de su tiempo».

(Francisco Morales Lomas)

domingo, 9 de febrero de 2025

De una entrevista a Luis García en Cuadernos del Sur

De la entrevista realizada por el escritor Francisco Antonio Carrasco y publicada en el suplemento literario del Diario de Córdoba "Cuadernos del Sur", a propósito de su libro Cuentos desde la puerta del infierno:

<<...- ¿Qué cuentistas son los que más le han influido?

Qué difícil es hacer una relación de los autores que más te pueden haber influido. Pero siempre estarán los españoles Luis Mateo Díez, José María Merino, Juan José Millas... y, como cortesía particular, un escritor de cuentos maravilloso, de los llamados de culto y que considero que no ha tenido la repercusión mediática que se merece: Ángel Olgoso, a quien descubrí hace tantos años que ya ni recuerdo. España es cuna de grandes cuentistas, pero siempre tendremos en la memoria los latinoamericanos Cortázar, Borges, Arreola, Quiroga, Peri-Rossi…y, cómo no, Juan Rulfo.>>



sábado, 6 de noviembre de 2021

Reseña de "Devoraluces" en Cuadernos del Sur

El escritor Francisco Antonio Carrasco, jefe de Cultura del Diario Córdoba y coordina el suplemento cultural Cuadernos del Sur, publica en este último una magnífica reseña sobre Devoraluces.



"¿Alguien dijo que Olgoso era oscuro? ¿Quién se atrevió? Pues para demostrar que tal afirmación no es cierta ha escrito precisamente ´Devoraluces´, una colección de relatos en los que el amor, la bondad, la alegría, la esperanza o los sueños brotan gozosamente a través de un lenguaje plagado de belleza".

HÁGASE LA LUZ

Francisco A. Carrasco

Hay libros en los que su autor desarrolla una idea, defiende una teoría o nos cuenta una historia. Para ejemplarizar, para conmover, para liberarse... O sencillamente para divertirse. Y hay otros en los que se exprime, soltando lo mejor de sí mismo: el amor a la literatura, la pasión por contar, el dominio de la fabulación y la lengua...; descubriendo incluso los entresijos de su propia vida. Uno de esos libros es Devoraluces, en el que Ángel Olgoso se desnuda y nos ofrece su mejor versión. Y que conste que –como lector de su obra– en algún momento he echado en falta la precisión estilística de su literatura más negra, su «predisposición genética a la palabra justa», de la que habla en una reciente entrevista. En Devoraluces se deja arrastrar por el lenguaje, se desata verbalmente en su intento por reflejarlo todo, por incluir el más mínimo matiz, lo que a veces se traduce en un cierto barroquismo. Pero el resultado general es bello. Mágico, tantas veces.

Ángel Olgoso es uno de los más reconocidos cuentistas españoles. Autor de más de una docena de libros desde que en 1991 publicara Los días subterráneos, en su obra destacan títulos como Cuentos de otro mundo (1999), Los demonios del lugar (2007), Astrolabio (2007), La máquina de languidecer (2009), Las frutas de la luna (2013, Premio Andalucía de la Crítica de relato, 2014) o Breviario negro (2015). Ahora publica Devoraluces (Reino de Cordelia, 2021), con el que, anuncia, se despide del relato. Aunque no es esta la única novedad: con Devoraluces, fruto del trabajo narrativo de los últimos cinco años, pone fin a su literatura más sombría y se abre a un territorio más luminoso. Ángel Olgoso había sido hasta ahora un autor oscuro «que creía en la elegancia de habitar las sombras» e «interpretaba el mundo a través de una mirada inquietante y sombría», según confesaba el pasado 3 de octubre en la presentación de Devoraluces en la Feria del Libro de Granada. Una idea que abandona ahora argumentando que «la desesperación no es más hermosa ni más inteligente que la esperanza» y que toda biografía «tiene sus instantes luminosos». Y, así, escribe sobre la bondad, la gratitud, la solidaridad, la fuerza arrolladora de la pasión o los sueños. También de la literatura, que protagoniza algunos de sus cuentos (La Rosa de los Vientos, Villa Diodati, La arena de las historias, Nomenclatura Borghini para los dedos de los pies) o aprovecha cualquier resquicio para introducirse en ellos (Medio real).

El libro se inicia con un cuento ejemplar, especialmente luminoso: Las luciérnagas. Y no solo por la luz que emiten estos pequeños coleópteros al anochecer, sino por la recreación de aquel mundo salvaje y bucólico en el que se desarrollaban los juegos de los niños de la década de los sesenta, por la libertad con que se movían («…alcanzábamos dulzonas brevas pajareando por higueras que, como nosotros, no pertenecían a nadie»), unos recuerdos marcados por la luz de las luciérnagas, que ya no les abandonará nunca. Otros cuentos destacables son Fulgor, sobre un hombre cuya bonhomía arrastra en «cruzada clamorosa» a quienes desean conocerlo; Okitsu, cuyo protagonista es un fantasioso, encantador y mentiroso incorregible del que afloran las palabras «como un cortejo alborozado»; El calendario quimérico de lo que podría haber sido, sobre un dispositivo capaz de condensar la complejidad de todas nuestras posibles existencias; Medio real, en el que se descubre el manuscrito de El Quijote; La arena de las historias, en el que se reinterpretan Las mil y una noches; y Odres nuevos, sobre la supervivencia de un moribundo.

Curiosamente, las historias que guardan una mayor relación con la literatura, como es el caso de La Rosa de los Vientos y Villa Diodati, son las más desconcertantes para el lector, al carecer de una línea argumental. La primera porque, como toda odisea que se precie, Ulises viaja sin rumbo, al albur del destino, que le fija los encuentros con los más variados personajes de la historia de la literatura: el capitán Nemo, John el Largo, Ahab, Tom Sawyer, Madame Bovary, Lázaro de Tormes o Don Quijote; la segunda porque solo nos ofrece detalles de la estancia de Lord Byron, P. B. Shelley, M. Shelley y J. W. Polidori en Villa Diodati, aquel encuentro de 1816 que dio origen a las dos obras más conocidas del género del horror gótico: Frankenstein y El vampiro. Mención especial merece Émula de la llama, historia de una pasión sin reglas (solo las del amor) y sin argumento (solo el de vivir). Un amor apasionado, literariamente explícito, sin censores que lo marquen ni remilgos que lo detengan. Más que un cuento, es un diario de experiencias y sensaciones, un canto al amor gozoso e insaciable.

Y, finalmente, la coda: Nomenclatura Borghini para los dedos de los pies, una serie de consideraciones en torno al cuento en las que reivindica la página en blanco y se muestra deseoso de «escribir un libro de relatos compuesto únicamente por sus títulos», ya que, argumenta, «imaginar es más rico y más bello que contar».

Ángel Olgoso es un autor especialmente dotado para la fábula, creador de unas historias fascinantes, narradas en un lenguaje sensorial que acaba convirtiéndose en el verdadero protagonista. No vayan leyendo ávidamente, disfruten más bien de la forma de contar, porque, como se indica en La arena de las historias, las palabras son todopoderosas y, enlazadas unas con otras, se convierten en cuentos maravillosos.