He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

sábado, 1 de mayo de 2021

Reseña de Devoraluces por Marina Tapia

 

Comparto con gusto mi reseña de Devoraluces, el extraordinario último libro de relatos de Ángel Olgoso.

 

  

En el Día Internacional del Libro quiero celebrar la felicidad que me regala la lectura -que tanto ha enriquecido mi vida- con un breve texto acerca del último libro de mi escritor favorito y compañero del alma Ángel Olgoso.


En ‘Devoraluces’, Ángel realiza la difícil tarea de llevar al lector por senderos distintos a los que nos tiene acostumbrados. Quiero aclarar que esos viajes por el movedizo mar del cuento no siempre son fáciles para un lector poco habituado a este género, generalmente acostumbrado a encontrar -en la mayoría de los libros- soluciones rápidas y convencionales, argumentos de una emotividad digerible o un lenguaje plano sin la carga sensorial y simbólica, sin la fuerza misteriosa, sin la vitalidad creadora que nuestro escritor suele desplegar en sus sorprendentes composiciones. Pero este sello intelectual y un tanto hermético con que de modo habitual se certifica la obra de Ángel, oculta un perfil totalmente fascinador y humano que conecta -me atrevería a decir- no sólo con nuestra mente sino también con el inconsciente y que, de una forma casi mágica, nos hace ver el mundo bajo otro prisma.

Tal cualidad tienen los libros que perduran en el tiempo y sobrepasan las modas. Con esta vocación de raíz que deja en el terreno del corazón su semilla destinada a germinar, cada uno de los textos de ‘Devoraluces’ es una invitación a reflexionar sobre nuestra relación con la esperanza, a caminar por las veredas de las narraciones que aún laten en nuestro imaginario desde la infancia, pero que el autor revisa y reinventa con el fin de hacernos sentir intensamente vivos -a través de la palabra- en estos tiempos oscuros. Recorramos con él su universo personal, fantástico, intransferible, dejémonos fascinar nuevamente por las virtudes que esta obra ensalza de una manera afectiva y novedosa: el júbilo, la alegría, la placidez de los días benévolos, la pasión sin cortapisas, la calidez que otorga la narración oral, la utopía, la generosidad, la doble vida que dan los sueños… en fin, todas las emociones que nos enlazan a la existencia de una manera plena. 


Disfruté cada uno de los catorce relatos, pero en especial me sentí fascinada por dos conjuntos, no solo por su calidad y solidez, si no también por la originalidad y por el riesgo que corrió el autor al escribir sendas proezas: se trata de ‘Villa Diodati’ y ‘Nomenclatura Borghini para los dedos de los pies’. En el primero, el reto de poner voz a un espacio, en este caso la célebre vivienda a la orilla del lago Lemán, para narrarnos las conversaciones y aventuras de los personajes que vivieron en ella en 1816, la imbricación de la materia con la humanidad, la sensibilidad oculta y metafórica que guardan los objetos y elementos que creemos nimios pero que quizás nos conocen mejor que nosotros mismos. Me encantó “escuchar” esa voz relatando no sólo los hechos presenciados, sino también la psicología, los impulsos y las contradicciones que estos escritores notables experimentaron en la Villa. El relato transporta al lector hasta el ambiente efervescente, casi alquímico, que propicia y precede la creación, y solo por esta forma tan original de acercarnos al alumbramiento de una obra, merece la pena la lectura atenta de este texto y el excelente ejercicio de personificación que Olgoso realiza.

En el texto final, Nomenclatura Borghini para los dedos de los pies, situado en esa habitación llamada “Coda”, Ángel despliega un hermoso tapiz lleno de nudos, colores, flecos, puntadas abiertas y cerradas, una urdimbre sinuosa para justificar un postulado tan inusual como plausible con el que -al parecer- sueña desde la adolescencia: entregar a los lectores únicamente el título de los relatos. Bajo una defensa encubierta de la pereza y del vuelo de la imaginación por la imaginación, se esconde un pequeño cosmos metaliterario que linda con lo poético y lo vanguardista. Es un texto verdaderamente magnífico. Justificar lo injustificable (porque no le perdonamos al autor que nos prive de sus relatos ni de su lenguaje, porque nos oponemos a que se conforme con plantear solamente un título) a través de esa manera tan excelsa de sincerarse sobre su anhelo constante de ser breve, argumentando una supuesta empatía con un lector cansado de tramas vacías, y levantar justamente dicha defensa a través de palabras perfectamente escogidas, llevará a nuestra mente hasta los hemiciclos griegos donde la oratoria lo era todo y lo que se defendía podía pasar a un segundo plano si emocionaba al oyente, si disparaba las sinapsis de las neuronas. Y eso es lo que hace justamente este potente texto. En él encontramos a un autor más confesional y menos fabulador. Hasta parece que podamos seguir la huella de sus pasos, de sus especulaciones, de sus recorridos mentales, que estemos con él debatiendo en algún café de Granada, frente a frente, sorbo a sorbo, sobre la vigencia de la narración o el fin de los relatos, en este mundo que precisamente pide a gritos otras historias, más lúcidas, más combativas, más arriesgadas, menos predecibles.
 

 

domingo, 25 de abril de 2021

Reseña de 'Devoraluces' por Miguel Arnas

Sabrosa reseña de Devoraluces a cargo del querido amigo Miguel Arnas Coronado en las páginas del diario Ideal.







DEL PLACER

Miguel Arnas Coronado


Este es libro para saborear. Y no es de cocina. No se prodiga Olgoso, que es comedido publicando, con sus cuentarios, pues al igual que hay poemarios, él construye cuentarios. La unidad de esas narraciones es característica y marca de la casa. Marca que consistía, hasta ahora, en la fantasía, la condensación y un horror suave, un ensueño inusual. Varía imperceptiblemente esa marca y conservando las dos primeras características, sustituye la última por una adoración de la alegría y una belleza esplendente. Con todo, ya en algunos cuentos de Breviario negro o de Las frutas de la luna, inició un camino que aquí desemboca.

En cuanto al estilo, indudablemente poético. Las metáforas, la elección del lenguaje, los adjetivos. La sorpresa de cada imagen, porque ese es el secreto: hay un ritmo poético, sí, pero no es exactamente el de la prosodia, que también, sino el de las mismas imágenes, que se presentan ante el lector como uno de esos platos de los que se dice que hacen explotar el sabor en el paladar. Imágenes. Colores. El tema de los cuentos, si bien lo tienen, es lo de menos: son las palabras, las figuras e ilustraciones que se nos presentan como los cuadros de un museo donde todo estuviera mezclado al tiempo que en riguroso orden. No se barrunte dificultad en la lectura: el placer no tiene porqué ir unido al obstáculo. Y luego, sus invariables enumeraciones, listas que son letanías laicas, de adoración al mundo y a las palabras, allí donde más se siente ese ritmo que “seduce y enamora”.

“Años después aprendí que el silencio es más elocuente que el sonido”, dice en el cuento Okitsu. Y Olgoso siempre ha defendido aquello de que mejor son quintaesencias que fárragos. Son 14 los cuentos que integran este libro intenso y embriagador, el último integrado en una coda, que la RAE define como versos añadidos al final, aunque yo prefiero el significado musical: “adición brillante al periodo final de una pieza de música”.

Desde el hombre alegre que atrae a multitudes, pasando por el erotismo más desaforado y confesión de amor que de tan ardiente, hace ascuas el papel, hasta la infancia rozando ya la adolescencia, con la inversa de Scherezade y Schariar o el hallazgo, por un hidalguillo maduro y desilusionado, de un manuscrito firmado por Cide Hamete Benengeli, acabando con la metaliteratura, o reflexión sobre la misma literatura, siempre en un tono poético y nada técnico, plasmada en un buen número de títulos, sin cuento que los siga. Esos son algunos de los asuntos.

No solo este libro, sino todo Olgoso: perdérselo es como tener a mano a Paul Newman o Rita Hayworth en sus buenos tiempos, y preferir pasar la noche emborrachándose.

Reseña de 'Devoraluces' en El Fescambre


Magnífica reseña de Devoraluces por parte de Jimy Ruiz Vega en el blog de referencia El Fescambre.

 




LUCES Y GERMINACIONES

Jimy Ruiz Vega


Para todo escritor, aprender a trabajar sus historias desde la incertidumbre es asumir que, en esencia, narrar es producir tiempo, contar lo indecible e insólito, un arte que celebra la vida y nos da nuestra medida como seres humanos. Los cuentos de Ángel Olgoso (Granada, 1961) poseen ese predicamento. Apelan a la imaginación y a la fantasía. Expresan la complejidad de la vida en unas pocas páginas, produciendo sorpresa y sensación de conocimiento y extrañeza, una resonancia de decir mucho en poco tiempo sobre cualquier cosa sobrenatural que pida ser escrita, un efecto parecido al de un poema.

De hecho, para un cultivador como él del cuento fantástico, hay una predisposición para ese tipo de literatura de lo sobrenatural que presenta lo extraordinario, lo inaudito, como una posibilidad permanente de explorar lo inexplicable. Inmerso en ese imaginario suyo que va de lo cotidiano a lo excepcional, de lo normal a lo anómalo, los cuentos de Olgoso ponen en alerta al lector que quiera entrever todas las obsesiones delimitadas en la propia naturaleza de los acontecimientos que se cuentan. El autor cuida hábilmente de no mostrarse intrusivo con consideraciones morales en ninguna de sus historias. Sin embargo, es la extrañeza la que mejor se manifiesta en sus relatos, la que nos hace denotar un clima y un halo de incertidumbre que hace que el lector experimente un acceso singular a lo inesperado con inusitada perplejidad.

Los catorce textos reunidos en Devoraluces (Reino de Cordelia, 2021) sorprenden al lector por el giro acometido en su narrativa. Los relatos de ahora se apartan del lado turbador, extraño y sombrío acostumbrados para buscar otros ámbitos y escenarios más luminosos y contemplativos en los que la emoción provienen de la misma Naturaleza, del pálpito del amor, del gozo, de la gratitud y de la capacidad de asombro que reverbera todo ese crisol balsámico y maravilloso que la propia vida pone a nuestro alcance. El libro, desde sus prolegómenos, invita a descorrer las cortinas de la inventiva para dar paso a la luz. Un buen puñado de citas la invocan en su arranque con ese propósito de marcar sus destellos, un camino propicio donde la luz se incorpore con fulgor, no solo al relato, sino también al lenguaje.

En Las luciérnagas, el primero de los relatos, el narrador evoca su infancia remota de veranos cálidos, de juegos intensos y ensueños efímeros, compartidos con el resplandor de aquellos gusanos de luz que se hacían ver en las charcas como hadas mágicas. En Fulgor nos acercamos al encanto luminoso de un hombre menudo y sencillo provisto de una rara capacidad de sortear las adversidades con alegría. A casa de El Pajarillo, como así se le conocía, todo el mundo quería llegar para conocer su entusiasmo y aprender de su regocijo. En La rosa de los vientos, otro de sus relatos más destacados y evocadores, hace coincidir a varias figuras señeras de la literatura universal. Ulises viaja a la Ítaca literaria de tantos personajes memorables. En ese periplo nos encontramos con John el Largo. El héroe griego atisbará también al capitán Ahab a bordo del Pequod, así como a otros tantos que pusieron rumbo a su aventura, gente llena de sueños que ponen rumbo a su Ítaca y siguen perpetuándose en el imaginario colectivo de la literatura y de la vida.

En Devoraluces hay un sedimento entendido de todo ese periplo que se deja ver y que retorna al origen del cuento y a todas esas historias que se perpetúan a lo largo del tiempo, que van desde Homero a Las mil y una noches, de Cervantes a Flaubert o a Borges y otros grandes. Pero también es un libro nacido de la gratitud a la vida, nacido del corazón y del encuentro feliz, como confiesa el autor, con la poeta y pintora chilena Marina Tapia, a quien le dedica el libro, causa y estímulo del sentir lírico de sus textos más íntimos y encendidos en los que la voz narrativa y el mismo escritor se funden con emoción desmedida. Todos los relatos, sin excepción, parten de una obsesiva búsqueda de lo inusitado, de lo que trastoca la realidad anodina, del espacio, del discurrir del tiempo y de todo lo que tiene la literatura como caladero de inspiración y espejo de la vida.

La peripecia narrativa de estos cuentos camina en pos de la belleza y se encuentra entre las propias esquirlas del texto que junto a la elipsis buscan su sentido y razón de ser. Devoraluces es una recopilación brillante de todo eso, una hermosa edición acorde a su tono lírico y atmósfera hipnótica, un libro de prosa cuidada y rica, con una voz narrativa cercana e íntima, bien atenta al detalle de lo que sucede. Lo que le interesa a Olgoso es fabular con la virtud de una voz modulada que se inspira en provocar el asombro en el lector sin tener que recurrir a ningún final redentor, tan solo buscando la luz de lo insólito y sus germinaciones.

miércoles, 14 de abril de 2021

Consagración de la Primavera

Organizado por Isacio Rodríguez y su Asociación Secretos de Granada, el pasado domingo, 11 de abril, se celebró en Granada una deliciosa ruta cultural en la que participaron algunas poetas radicadas en Granada. Invitado también al paseo, Ángel Olgoso leyó sus relatos EspejismoLas barbas del cieloEl golpe maestro del leñador mágico y un breve fragmento de Aramundos.

“Celebración de la primavera con su esplendor de savia nueva, colorido y explosión vital. Olvido del covid, apuesta por la poesía y la alegría con Marina Tapia, Ángel Olgoso, Josefina Martos, Mercedes Elorza, Teresa Flores, Mercedes de los Santos, Mari Ángeles Yagüe y otras voces que animarán nuestros sentidos por la senda de un momento nuevo, como las de Juan Ramón Jiménez, Keats, San Juan de la Cruz o T. S. Elliot. Más el acompañamiento musical, grabado o en vivo, con Naget como sorpresa del día. El recorrido incluirá espacios propicios, cármenes y jardines privados, miradores y placetas del Albaizín”.















lunes, 5 de abril de 2021

DEVORALUCES en Zenda

Las luciérnagas (el relato que abre Devoraluces) en la revista Zenda, precedido de una reflexión propia sobre las señales luminosas y mágicas que alumbran el camino de la creación.



Las luciérnagas (Devoraluces)