Compartimos la extraordinaria presentación que el escritor Miguel A. Zapata realizó de la reedición ilustrada de 'Astrolabio', de su viejo amigo Ángel Olgoso, en la librería La Sombra, de Madrid, el pasado mes de febrero. Con nuestra gratitud para Miguel Ángel, el editor Jesús Egido, todas las personas que acudieron y para Malena por el soporte audiovisual.
Jesús Egido, Ángel Olgoso, Miguel A. Zapata y Marina Tapia
PRESENTACIÓN
DE ASTROLABIO, POR MIGUEL ÁNGEL ZAPATA
Como
ha expresado Jesús Egido en su intervención, "Astrolabio"
es un clásico contemporáneo de la narrativa fantástica y de la
cuentística en lengua castellana que Marina, con sus ilustraciones
tan orgánicas, ha llevado a otra dimensión. Por eso considero que,
aunque técnicamente sea una reedición, se trata de una obra nueva
porque le ha aportado una -podríamos decir- carnalidad muy
sustancial y el libro se ha convertido en un objeto aparte, bello,
hermoso, disfrutable visualmente y a nivel intelectual. Muchas
gracias, Ángel, por haberme hecho partícipe de este momento y de
esta gozada de publicación.

Ángel
y yo nos conocimos hace trece años, cuando ya había leído parte de
su primera obra, y el mismo año que se publica la primera edición
de "Astrolabio". Él presentó también mi segundo libro en
Granada y hubo una conexión muy inmediata: yo creo que casi desde
ese mismo año nos consideramos hermanos. Y así es como desde
entonces nos carteamos, porque hay una sincronía desde el punto de
vista intelectual, narrativo, de los temas que tocamos, y el
magisterio de Ángel lo asumo como una suerte, la de tenerlo además
como amigo y como hermano.

Cuando
releí el libro, me dio por pensar que podría ser la obra que habría
escrito, que habría trazado un escritor del siglo XVIII que viajara
en el tiempo al siglo XXV o al XXX, en todo caso proyectado al futuro
en un juego temporal muy afín a los cuentos de Ángel. Porque hay en
él un regusto por la hibridación, por mezclar la razón ilustrada
(recuerdo una entrevista que le hicieron donde reconocía que sería
feliz viviendo en el Siglo de las Luces), el equilibrio por un lado y
también la enajenación fantástica por otro, los mundos futuros,
las distopías, los juegos espaciotemporales, los mundos increados
que son -en definitiva- lo que particulariza y hace muy personal la
labor literaria de Ángel. Es decir, en esa mezcla de lo racional y
de lo irracional está el tuétano de su trabajo creativo, y que lo
ha convertido, yo creo, en el principal autor de narrativa fantástica
de los últimos veinte años, en un triunvirato con José María
Merino y Cristina Fernández Cubas.

Miguel Á. Zapata, Ángel Olgoso y J J. Muñoz Rengel
Todos
los escritores somos un producto decantado de muchas lecturas, de
muchos ensayos, de muchos folios en la papelera, y hay un punto en el
que uno considera que ha conseguido ya el estilo o hay algo que te
indica, en algún cuento o en algún párrafo que has perfilado tu
estilo. Creo que Ángel es el resultado, la decantación final de una
tradición insigne que parte de E. T. A. Hoffmann, de Poe, con ese
extrañamiento primigenio que viene del Romanticismo, y que recoge
también elementos de Lord Dunsany, de Algernon Blackwood, de todos
los que trabajan la semántica de lo insólito, o de una nueva
interpretación de la misma, Cortázar, Borges, Bioy Casares. Cuando
leía a John Collier, me ha recordado mucho a esa cotidianeidad
fantástica, feérica, inquietante, que encontramos en muchos textos
de Ángel y que llega de la mano de otros autores contemporáneos
hasta hoy. Sin embargo, Ángel Olgoso es una rara avis, un
escritor que no se parece a nadie. Pero a pesar de esa singularidad,
hay unos rasgos distintivos en la narrativa de Ángel que voy a
intentar desglosar. Yo creo que la suya es una concepción del
fantástico singularmente canónica; es decir, se pueden establecer
unos parámetros reconocibles, pero paradójicamente es original. Da
la sensación de que cuando uno reconoce algo lo puede encorsetar; en
el caso de los cuentos de Ángel, no son fácilmente reducibles,
siempre hay una segunda lectura, una tercera lectura incluso, una
frase que aporta un significado extra. Entonces, el extrañamiento,
que yo creo que es uno de los elementos que caracterizan el
fantástico clásico, ese extrañamiento va a surgir de la propia
materia narrativa tanto como de las pequeñas trampas o señuelos que
Ángel va diseminando a lo largo del texto. La intención de Ángel
es hacernos caer en una trampa gozosa, como en "El pozo y el
péndulo" de Poe, hacernos disfrutar, hacernos creer que hay
salida en el cuento de Ángel cuando en realidad ya estamos metidos
totalmente en su tela de araña. Por tanto, es una mezcla portentosa
de imaginación narrativa al alcance de muy pocos autores en la
historia, y -esto es muy importante- un dominio de los recursos
técnicos que permiten que esa imaginación cuaje en obras que se
levantan. Porque autores con imaginación hay muchísimos, pero
autores que puedan elevar ese edificio con una imaginería y con una
potencia visual, poner ese ámbito delante del lector y hacerlo
participar de las coordenadas propias de ese universo, sólo lo
pueden conseguir los autores verdaderamente grandes.
Hay,
por cierto, una reivindicación por parte de Ángel del propio arte
del cuento en "Espacio", el texto que abre el volumen. Lo
que no creo que deba entenderse -porque no es así y además hay
mucha ironía en ese relato- como un menoscabo de la novela o de los
géneros más extensos. Es una reivindicación porque es necesaria,
ya que hablamos de un género habitualmente maltratado en nuestra
cultura literaria, que ha dado siempre la sensación (con respecto a
la novela o, incluso, a la poesía) de ser el hermano menor, el
hermano díscolo que debe estar siempre pidiendo perdón por existir
en esa voluminosa área de tochos importantes que encontramos en
todas las librerías. Autores como Ángel han conseguido que tal
nicho vaya agrandándose, y que disponga ya de un espacio de
privilegio en no pocos críticos que consideran al cuento un arte
mayor. Como en cualquier país latinoamericano, donde por fortuna sí
ha encontrado una aceptación más amplia.

Miguel A. Zapata, Fernando Clemot, Ginés Cutillas y Ángel Olgoso
Entrando
ya en materia acerca de las claves para entender la obra de Ángel,
no se podrían entender sus historias sin la exquisitez en el
tratamiento léxico, sin esa elección del adjetivo preciso -no
cualquier adjetivo, sino ése adjetivo- y no sólo desde el punto de
vista semántico, sino también del ritmo, de la prosodia del texto,
de la intención lírica, de la poesía que conlleva. Da la sensación
de que los cuentos de Ángel son mecanismos de relojería, pero no
una relojería mecánica y fría sino una que se bifurca, que está
viva y al servicio de la historia, que nos da la hora que a él le
conviene y no la hora que es (por eso decía lo de las trampas que
Ángel va diseminando a lo largo de los relatos). Su cuento brevísimo
"Cuenta atrás" abarca, a nivel cronológico, lo que muchas
novelas son incapaces en un desempeño de mil páginas. En una línea
y media, Ángel condensa una vida, una biografía. Con su técnica
-el recurso de la cuenta atrás- en el que cada elemento ejemplifica
un momento, consigue un relato magistral y resumir un mundo con
poquísimas palabras.

Otros
elementos que llaman mucho la atención de la narrativa de Ángel son
la especulación espaciotemporal, que también requiere de muchas
sutilezas lingüísticas y argumentales (tenemos el ejemplo de "Las
tres ascensiones de Hui Ji"); la querencia por los temas
orientalizantes, que tienen un regusto borgiano pero que él le da un
toque muy particular (ahí está en Astrolabio "Los guardianes
del trueno" o su viejo libro de haikus "Ukigumo" que
quizá mucha gente no conozca); o el propio tiempo como protagonista,
como en el relato que ha leído Marina, "Todas hieren",
donde el tiempo como devorador de vidas, el miedo a su paso o incluso
la premura con la que vivimos, se convierte en la propia materia
narrativa; el tejido existencial, ejemplificado en el texto "Será
como si no hubieras existido", una reflexión trenzada de
sutilezas semánticas, de adjetivaciones ambiguas (Ángel suele
trabajar la ambigüedad del término, dándole sentidos polisémicos,
de ahí la importancia del vocablo exacto, de la palabra justa) en
torno a la vejez y lo que nunca debería degradarse, o la belleza
mitológica de las sirenas en "Los bajíos". En ese texto
aflora una melancolía provocada por el paso del tiempo, que hace
perder la belleza, las capacidades, las condiciones naturales con la
que los humanos, o incluso los seres mitológicos, vienen al mundo.
También
son elementos que a mí también me resultan muy afines las
transformaciones, las mutaciones, los travases identitarios. "Árboles
al pie de la cama" es un buen ejemplo de ello. En este cuento
-que condensa tantísimo en tan poco espacio- hay toda una filosofía
de la vida y la muerte y de la fina línea que separa a la una de la
otra, una filosofía de la falta de identidad, de que no existe una
idea concreta de lo que somos realmente, sino que las circunstancias
o el deseo pueden modificar también esa identidad.

Esto
nos lleva a la lucha metafísica entre el bien y el mal. Al releerlo,
he notado en este libro una carga mayor de perversión, algo que en
obras anteriores de Ángel como "Los demonios del lugar"
-que también tiene un componente oscuro, sombrío- quedaba más
insinuado. Aquí yo creo que Ángel se ha lanzado a tumba abierta, a
trazar esas fronteras complicadas entre el bien y el mal. En
ocasiones las entiende como un desdoblamiento clásico entre la
virtud y su reverso, el pecado, pero también en la mutua necesidad
que tienen el bien y el mal para existir, esa filosofía entre lo
monista y lo dualista. El ejemplo más claro sería "El eremita"
donde ese hombre renuente a la vida en sociedad se ve obligado a
hallar la redondez de su santidad y, para ello, se desdobla en una
especie de alter ego que es perverso, que desea encontrar el
lado oscuro de la vida y de las emociones, transitarlo, conocerlo,
para saber realmente qué es la santidad y poder descansar en paz. Es
decir, esta idea de que lo blanco es blanco y lo negro es negro, de
que el bien está definido en contraposición con el mal, en este
cuento no queda tan claro: a veces hay que degustar la sombra para
descubrir la parte de luz que hay dentro de nosotros.

La
presencia de la vida en la muerte es otro tema que trabaja mucho
Ángel, o viceversa, la delicada línea entre morir e iniciar el
abandono de lo material, y la innecesaria distinción entre ambos
estados, porque básicamente se trata de una convención que depende
de numerosos factores. En el cuento de Ángel "La visita"
queda ejemplificada esta ambigüedad a la perfección, cuando un
heraldo paterno que viene del otro lado parece no recordar que esto
es sólo una sala de espera. En la narrativa olgosiana no es lo mismo
estar vivo que estar viviendo, morirse no es lo mismo que haber
muerto, o que se indique la probabilidad de morir en todos nosotros
por el simple hecho de la oxidación que supone respirar. Para Ángel
esas fronteras se encuentran absolutamente desdibujadas, y eso hace
inquietante y apasionante la lectura de muchos de sus cuentos. Dentro
de este ámbito, un humor negrísimo hace presencia como en el relato
"El espejo", esa sonrisa que nos provoca la semejanza de la
muerte con nuestras ocupaciones de vivos. La poesía del horror
también se puede encontrar en algunos textos, una poesía muy
baudeleriana, muy decadente, terrible y, mágicamente, hermosa. Eso
sólo se puede conseguir con una técnica y una sensibilidad especial
a la hora de escribir. Algunos me han recordado a Bruno Schulz, a las
perversiones de Sade, perversiones líricas que no hay que ver desde
un punto de vista literal sino como una metáfora de la gloria y de
la decepción que supone a veces la carne.

También
hay algunos ingredientes de ciencia ficción casi especulativa,
sutilmente distópica y fatalmente poética, como "Si mi cabeza
cae" o "La quinta extinción", que cierra el libro con
una reflexión que podemos considerar cósmica y que viene a ser un
epítome de lo que es la concepción del fantástico en "Astrolabio":
hablar de lo inabarcable, de aquello que no se puede medir, de
aquello que no se puede contar y que Ángel cuenta y lo consigue, del
bien y el mal, de la física y la metafísica, todo cabe en esta
obra, hasta explicar lo pequeño a través de los grandes movimientos
cósmicos, algo que intentan muchos autores pero que pocos logran que
cuaje en un escrito, en un cuento que nos lleve de lo minúsculo de
un grano de arena a toda una concepción de la vida, de la muerte, de
lo feo, de lo hermoso. Todo ello es, en definitiva, el alimento de la
prosa destilada por Olgoso en la totalidad de su obra y concretamente
en este volumen que -como he dicho al principio- es una obra maestra,
una joya de la cuentística contemporánea en nuestro idioma. Si no
lo habéis leído todavía, o si lo habéis leído y queréis
releerlo veréis que el libro muta, cambia, y más aún con estas
ilustraciones de Marina que lo han convertido en una obra que alcanza
otra dimensión. Este libro debe estar bien cuidado en el anaquel
adecuado de cada biblioteca porque en el futuro, cuando haya que
salvar libros, "Astrolabio" estará entre ese top de
lo que merece ser salvado.
