He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

domingo, 28 de marzo de 2021

DEVORALUCES en La Opinión de Málaga

 



 
Juan Gaitán

Ángel Olgoso cierra cuatro décadas de dedicación al cuento con “Devoraluces”, su último libro, en el que se aleja de su habitual tono “oscuro”


Ángel Olgoso es uno de los autores de referencia del cuento en español. Una treintena de premios, la traducción de su obra a varios idiomas (entre ellos inglés, alemán, italiano…) y la inclusión de sus relatos en más de cincuenta antologías del género avalan una trayectoria literaria que siempre giró en torno a lo asombroso, lo extraño y lo inquietante. Olgoso era (habrá que decirlo, desde ahora, en pasado), un autor que miraba a la sombra y extraía de ella el material para su obra.

Fue el crítico Jesús Cotta quien, al reseñar “La máquina de languidecer”, uno de los libros de Olgoso, se lamentó de que, a pesar de ser unos relatos que le maravillaban, aquellos textos se asomaran siempre a un mundo oscuro, y tuvo el atrevimiento de “retarle” a escribir textos “donde de pronto se haga la luz allí donde había solo oscuridad”.

Y precisamente ahora, en la época más sombría que han vivido las últimas generaciones, Olgoso acepta el reto y se despide del género sorprendiéndonos con la publicación de “Devoraluces”, una obra en la que, de pronto, la luz lo invade todo. “Devoraluces” es un libro como una ventana, como una balconada, como una azotea. Quien se asome a él verá la dimensión más luminosa, sensual, vitalista de la existencia. Catorce piezas literarias que celebran la parte buena de eso que llamamos vida. Como si hubiese pretendido hacer, consiguiéndolo, un inventario de las bondades de estar vivo, Olgoso nos asoma a la alegría en varias de sus dimensiones.

Aunque sea, como es, un copernicano cambio de registro, no se aleja el autor de su estilo, de su huella digital, de su voz. Olgoso escribe con la delicadeza, la precisión, la exactitud a la que nos ha tenido acostumbrados. Todo en el lenguaje de este escritor tiene sentido, connotación, belleza. Son relatos cargados de una necesaria hondura lírica con la que expresar la levedad de la alegría, su fragilidad.

En las catorce piezas que componen “Devoraluces”, y como es también marca personal, descubrimos una amplia variedad de registros. Podemos encontrar homenajes intertextuales a “Las mil y una noches”, “El Quijote” o la “Odisea”, con un viaje a la esencia misma de la literatura occidental en el que el mítico Ulises se pasea por distintas obras hasta llegar al siglo XX; y también una interesante y original revisión de la literatura erótica en una suerte de “Cantar de los cantares” desgranado en microtextos, para finalizar con una soberbia poética sobre el cuento breve, un texto con el que el autor deja atrás la ficción entendida como invención para entrar en una nueva etapa creativa.


sábado, 13 de marzo de 2021

Entrevista sobre 'Devoraluces' en Todoliteratura.es

 



-¿En qué se diferencian los relatos de Devoraluces de los de sus libros anteriores?

Me temo que mi gusto por el Romanticismo Negro embridó durante cuarenta años el gusto por la vida. Literariamente hablando, procedo de la tradición de la extrañeza, la que obtiene revelaciones de mundos desconocidos, inquietantes, oníricos, la que consigna visiones intensas y turbadoras, entre la sorpresa y la quimera, siempre imaginativas, siempre un tanto sombrías y que a lo sumo rezuman un humor negro. Devoraluces, en cambio, tiene una dimensión celebratoria, resalta el lado gentil de la existencia, los avaros instantes de dicha, la poderosa y a la vez delicada belleza del universo, la felicidad de amar y ser amado, todo lo que simplemente es, todo lo que tiende a la luz. Devoraluces resulta así, mi libro más vitalista (con desnudo integral incluido), un libro abierto a los sentidos donde remite el pesimismo y se insufla al lector un ánimo benigno y positivo. Es, en definitiva, un catálogo de las efímeras dulzuras del ser humano. Sabemos que los momentos espléndidos son tan raros como el fulgor de las luciérnagas, y esa quizá sea realmente la experiencia de la literatura, ver el cosmos como un milagro. Cada uno de los catorce relatos de Devoraluces intenta celebrar a su modo la bondad, la alegría, la capacidad de maravilla, la fuerza arrasadora de la pasión -ya sea amorosa o creativa-, la esperanza, los sueños, la fascinación de las historias, la solidaridad, la devoción filial, el consuelo que procura el arte y la exaltante afirmación de sentirse vivo.


-¿Ese giro en su narrativa ha sido premeditado o surgió de forma natural?

Nació espontáneamente -o al menos se potenció- tras conocer en 2013 a la poeta y artista chilena Marina Tapia. Mi encuentro con ella fue un bien inesperado Escribí casi todos los textos de Devoraluces bajo el influjo benéfico de ese tornado personal, de esa dulcísima y enriquecedora colisión, en cuyas órbitas sincrónicas aún estamos (y seguiremos por siempre) rotando. Aunque imagino que también influyó la evidencia de que, con el paso del tiempo, uno se da cuenta de lo fugaz y frágil que es todo y desarrolla como defensa cierto vitalismo. En este volumen no sólo asumí esa defensa lógica sino que, bajo el risueño auspicio de Marina, quise escribir un libro que diera gusto leer e hiciera soñar, que presentara a cada renglón algo hermoso, que imprimiera un tratamiento poético a la materia narrativa, dotándola de sensualidad, que buscara los instantes de plenitud entre los pliegues a menudo tenebrosos de los días. Un libro que fuera un ungüento para tiempos amargos como los que ahora vivimos, una ola fluyendo sobre el lector como el sol sobre un campo. Ya sabemos que las palabras nos salvan y que, sin lenguaje, el amor no existe. Ojalá este libro ponga siquiera una gota de claridad en la vida de alguno de sus frecuentadores. Estoy pensando ahora que, inconscientemente, tal vez tuvo algo que ver un reto que propuso hace años el escritor y crítico Jesús Cotta cuando, en su reseña de La máquina de languidecer, se lamentaba de que a pesar de estar maravillado con mis relatos, estos se asomaban a un mundo oscuro y en ocasiones espantoso, y me invitaba a escribir textos 'donde de pronto se haga la luz allí donde había solo oscuridad'.


-En los relatos de Devoraluces, como en el resto de sus libros, vuelve a apreciarse una gran variedad de registros, texturas y épocas, quizás hermanados por el esmero casi preciosista del lenguaje.

Hace años que vengo explorando un territorio fronterizo entre lo narrativo, lo poético y lo metafísico, y Devoraluces no es un excepción, con la diferencia de que aquí he regresado a los orígenes del cuento (Homero, Las mil y una noches, Cervantes, etc.) para en cierto modo despedirme de él. Entre sus textos hay una rememoración del mágico encantamiento de las luciérnagas en las noches de verano de la infancia; está el mar que contiene la suma de todos los sueños de todos los hombres desde los albores del tiempo; la narración mítica de una cruzada en busca de un hombre de sencillo y alegre corazón; un viaje a la médula de la literatura con Ulises brincando sobre distintas obras señeras de la cultura occidental hasta llegar al siglo XX, infiltrándose en cada una de ellas; la salvación, a través del color azul, en el infierno de los campos de concentración; la crónica de las noches en Villa Diodati llevada a cabo minuciosamente por la misma casa; una radical vuelta de tuerca a la premisa de Las mil y una noches; la descripción y propiedades de una máquina que cobija todas las vidas alternativas que fueron descartadas por cada decisión; los hechos que llevaron los papeles de Cide Hamete Benengeli hasta las manos de Cervantes; una especie de Cantar de los Cantares del frenesí erótico en los primeros tiempos de una pareja, expuesto por orden alfabético. Creo que Devoraluces podría estar en la órbita de un delicioso cuento de Chéjov titulado Alegría, de la 'luz viajera' de la canción de Leonard Cohen, o bajo la advocación de Lord Dunsany, creador consagrado a un mundo personal de fantástico encanto. Su escritura preciosista -como la que sugiere con buen criterio su pregunta- estaba llena de un aroma exótico y fabuloso, lleno de detalles, de lírica y simbolismo.


-La numerosa secuencia de citas iniciales parece insistir, cronológicamente, en la luz como visión fugaz de un inefable paraíso.


La escuela Shingon enseña que todos somos seres iluminados aunque no lo sepamos. Si se mira con detalle, y si se tiene suerte, se pueden descubrir los instantes dulces y luminosos, encontrar ese sentimiento de iluminación que atraviesa todas las cosas y que puede transformar a la persona en un ser feliz y eterno, esa luz blanca del asombro que brilla inalterable en la memoria. Algo así como lo que era la gloria para Raymond Roussel, representada a veces como una estrella en la frente o como un líquido luminoso, como una sustancia radiante que permite a los cuerpos no descomponerse y revivir indefinidamente el episodio esencial de su vida, como un resplandor, como un éxtasis de los sentidos, como ese supremo deleite, como ese anhelo del paraíso que en contadas oportunidades nos regala la existencia. La idea que rige Devoraluces -apólogos sobre la búsqueda de lo precioso en esta tierra- se halla cerca de aquellas palabras que escribió en su diario Etty Hillesum, asesinada en Auschwitz en 1943: "Quiero estar en medio de todo aquello que la gente llama 'atrocidades' y aun así decir luego: la vida es hermosa. Quisiera ser un bálsamo derramado sobre tantas heridas". Quizá ahí resida la más honda verdad, en el pálpito espontáneo de un acto de bondad, en la ternura, el respeto, el candor, la delectación de los placeres, unos niños que ejercen su libertad jugando en el campo, la pulsión vehemente de inventar historias, toda la belleza del mundo encarnada en un rumor de fábulas o en un cuerpo en sazón.


-El título parece un curioso neologismo, ¿por qué elige esta palabra?

La oscuridad -como el dolor, la codicia, la aflicción, la crueldad y otras miserias que tiznan y empequeñecen la aventura humana- es parte de la vida. En esta tragedia muchas veces absurda y angustiosa, la mujer y el hombre son infelices y mueren, y sólo el arte y el amor (o la riqueza de un universo interior propio) proporcionan consuelo y nos reconcilian con nuestra fragilidad. Por eso, al igual que el sol se abre paso tras la tiniebla nocturna, se precisa atravesar las sombras para llegar a la luz y alimentarse de ella; es decir, celebrar la condición caduca pero embelesadora de las escasas ocasiones de goce o serenidad, su lado benefactor. La belleza estética, la armonía, el resplandor, son endorfinas de la mente. El título de Devoraluces es una sola palabra, una palabra que no existía hasta que la situé en la portada, es la ilusión puesta en un vino nuevo, en un hálito, pero no se trata en modo alguno de un gesto gratuito sino propio de alguien a quien le preocupa la calidad estilística tanto o más que el tema, aunque ello reclame del lector un ejercicio sostenido de atención. Cualquier escritura que sea una declaración de amor incondicional por el lenguaje, requiere una exigencia y un estado de calma propicio para su lectura. Los relatos de Devoraluces caminan morosamente en pos de la belleza, ya sea anhelo, estado o huidizo misterio, sirviéndose para ello de una intensificación de las sensaciones, de una sensorialidad que espero resulte sugerente. Es importante también el elemento del deslumbramiento al lector, mediante el asombro o la ruptura de sus esquemas. Volviendo al tema de los títulos, el último de los textos del libro, Nomenclatura Borghini para los dedos de los pies, es, además de una bisagra que separará en dos mi producción literaria, la exposición de un sueño de juventud: escribir libros de relatos compuestos únicamente por sus títulos, concentrar historias apasionantes en esa línea, eliminar la trama y la retórica, represar las historias sólo en la palabra o en las pocas palabras de su encabezamiento -vigorosas, indelebles, poseedoras de la concisión fatal del rayo-, como un blasón que contenga en sí todo el sabor del argumento, todo un reino de posibilidades que el lector podría completar a su gusto. Con este texto entro ya de lleno en una nueva época creativa, más híbrida y libre, dejando atrás para siempre la ficción entendida como invención.


-¿Este será entonces su último libro de relatos?


Me temo que sí. No se trata de ese 'último cansancio' del que hablaba Cioran (comprensible tras escribir unos setecientos relatos en los últimos cuarenta años), o de ese creer que has soñado todos los orbes posibles, aunque es cierto que las ganas de escribir pueden flaquear, quedarse en unas brasas o incluso desaparecer. Pessoa, por boca de su heterónimo Bernardo Soares, decía que 'a fuerza de vivir imaginando se gasta el poder de imaginar, sobre todo el de imaginar lo real'. Me siento como un abuelo que cada noche ha llenado a sus nietos la cabeza de cuentos, suspendidos al borde del misterio, y que ahora está variando el rumbo y dejando atrás exclusivamente lo narrativo, la ficción pura, pero no los mundos sumergidos, remotos y fascinantes de la imaginación. Voy moviendo poco a poco el tablero, hago preguntas con otros formatos, estoy comenzando a explorarlos y representarlos de una manera múltiple y más libérrima, a combinar géneros, a usar todos los mimbres posibles (memoria, reflexión, crónica, evocación, invectiva, extrapolación, epigrafía, inventarios, esbozos, etc.); sin desatender las volutas de lo real, los excitantes de lo inmediato, con su horror, sus estafas, su desintegración social, con su caótica circunstancia. Devoraluces me reconcilió con la vida. En sus textos traté de ensalzar con magia y júbilo la existencia en la que nos consumimos, sabedor de que Dante condenó al infierno a aquellos que fueron tristes 'en el dulce aire que del sol se alegra'. Pero puede que en próximos libros -tal y como están los inciertos tiempos y el abrumado ser humano- vaya acumulando estupores y prime la rabia, la ira o, cuando menos, la melancolía. De hecho, el libro que escribí durante el confinamiento, Madera de deriva, apunta en esa dirección. Tal vez Chesterton formuló las palabras adecuadas: "Para aquellos que ven el último rayo a través de la oscuridad, la luz parece más misteriosa que cualquier oscuridad".


DEVORALUCES

 


QR Devoraluces-Youtube

sábado, 6 de febrero de 2021

GRANADA, AÑO 2039 (9ª y última entrega)

 




ÁMBULO V (Florilegio)



3.- MUJERES.

Suplicatoria para el «gaid» provincial de Cristóbal Amarilis Schmeck, asesino múltiple de mujeres, extractada de la "Gazetilla curiosa" y del "Semanero bereber". (Este desalentador granadino se entregó voluntariamente anteayer en el aeropuerto abandonado, bajo una palmera en celo y noqueado por una indigestión de guirlaches de comino, de cilantro y de cúrcuma. Su última víctima, amordazada y con los pies cortados, apareció en un cochambroso retículo del Darro, antiguo río que se rellenó a principios de siglo con el aglomerado de chatarra de toda suerte de vehículos de motor, inutilizables ya en aquella época. La investigación de los casos de las doce jóvenes reveló tan sólo una asombrosa característica común: todas las víctimas presentaban abundantes durezas y callos en las plantas de sus pies cercenados):

"Deseo llamar la atención del público sobre un asunto harto significativo que, sin embargo, no suele manifestarse sin «in absentia», la indecorosa falta de prejuicios de las granadinas acerca del estado de sus pies, celestial extremidad donde las haya. Si bien es cierto que la naturaleza, en su sapiencia, ha provisto a las mujeres de bien formadas estructuras y delicados rostros y dermis que la técnica ha modelado después, si bien es cierto que no se muestran cohibidas ante las acciones reflejas que provoca su paso entre los hombres; si bien es cierto que la luz solar se eleva sobre sus cabezas y brilla cegadora a través de sus cabellos como si del astrolabio de Ibrahim Ibn Said al-Shali se tratara; si bien es cierto que se alimentan igual que el resto de los humanos hoy obleas de cereal de amaranto y salsa tucupí de mandioca-; si bien es cierto que su promesa de un instante de amor constituye mayor tentación que una precipitación atmosférica o una mítica olla de San Antón, no lo es menos que las plantas de sus pies les importan un pimiento. Inseminadas por la errónea creencia de la condición eminentemente utilitaria de tal zona corporal y de su engañosa invisibilidad, se niegan en consecuencia a visitar al callista. Mi suprema y galante misión y mi viacrucis, desarrollados silenciosamente entre los bloques de sombra contra esas mujeres de pies-pezuña, aspiran a extirpar de nuestra provinciana sociedad esa horrible costumbre de mal tono, a consagrar la silbante caricia del deslizamiento de unos pies sobre sábanas de raso, a restituir en fin el contacto suavísimo, candoroso, infantil de esas tiernas y despreciadas extremidades".


4. - GRUPOS SOCIALES. (Descuartizamiento generalizado en 13 interpelaciones).

¿Por qué es posible aún la continuidad, consentida por autoridades y ciudadanos, de los Clubs de Internamiento de Esclavos (rusos, hindúes y africonios en su mayoría) establecidos en antiguos aparcamientos subterráneos ya obsoletos?

Por extensión, ¿por qué el Tratado de Trigonometría Esférica es más hospitalario que nosotros?

¿Por qué nuestros sesudos científicos y economistas municipales pierden el tiempo asistiendo a las Procesiones de Animas ataviados, sin el menor recato, con corpiños de terciopelo negro, punto de garbancillo y refajos de la Alpujarra en lugar de abordar la inexcusable tiranía de la aridez, las infaustas plagas de langosta o la búsqueda de un sistema pertinente de normalización y estabilización económica que rompa el circulo vicioso de huelgas constantes en pos de subidas salariales constantes (el sueldo medio actual se cifra en dos millones de federicos mensuales) y así, al mismo tiempo, restarle color al mercado negro hasta dejarlo en un desvaído color pastel?.

¿Por qué el rufián del pendón, es decir, el último tremolador del Estandarte Real en el balcón del Ayuntamiento Isósceles Canavah Xocoyotzin, tiene un nombre como éste?

¿Por qué se sigue obligando a los homosexuales granadinos de horquillas multicolores sobre brillante pelo azabache a desempeñar los durísimos trabajos del Servicio de Abastecimiento, de la carga y descarga de Contenedores Químicos y del despliegue de Estructuras de Fuselaje, mientras los robots «boogie», creados a este efecto, no sólo se limitan a labores de vigilancia sino que sus dedos mecánicos ni siquiera están programados para magrear viciosamente los tímidos y caldeados órganos de estas almas atormentadas?

¿Por qué, para mayor desdoro de las estadísticas nacionales el 999% de los granadinos muere -moriremos- sin haber dedicado más tiempo a pensar en los placeres del arte y la inteligencia que a la posibilidad de visitar Saturno en patinete durante esta reencarnación?.

¿Por qué no?

¿Por qué ha resucitado intempestivamente este año la edición de Granasex? (esto lo sé, es porque su nuevo director -el sabio hierofante Juan Hódar- fue muy amigo de Fray Leopoldo de Alpandeire)

¿Por qué los integrantes de la Coral "Tralará-de-la Santísima-Virgen- Amarrada-a-la Columna” viven de las rentas y los pobres diablos de los Trovos de Murtas lo hacen de chicha y nabo?

¿Por qué en el último Congreso de Mendigos Severos, celebrado en el nuevo Carmen de los Mártires y sufragado con fondos públicos, la única conclusión de las ponencias fue: "el lado deprimente de los tiempos modernos es la molesta necesidad que implica de nulidad de los tiempos antiguos”? (Una reflexión sin gran originalidad, por lo demás.)

¿Por qué todos los niños se llaman Junior?. ¿Por qué no se administra jarabe sedante "Battley" a la ingente, ávida, aulladora y sobreexcitada población de pensionistas, o bien no se les coloca directamente a cada uno ese niquelado anillo automático de Nuch (provisto su interior de diminutos dientes rígidos) con el fin de evitar las erecciones desproporcionadas que, tras la regular ingestión excesiva de licor de silicona y de caramelos de hashish, les llevan a realizar entre ellos y en plena calle ejercicios amorosos de maceración de la ajada carne? O mejor incluso, ¿por qué no se sigue al pie de la letra el "Manual práctico del disecador de animales y plantas" del licenciado Bernardo Montón (Madrid, 1737)?

¿Por qué no se transporta a Granada una cuarta parte de la hiperbórea Finlandia?


5.- COCKTAIL "GRANADA ETERNA".

Inclínese sobre la ciénaga financiera del aparato administrativo local y llene la coctelera con ese espeso y suculento líquido residual; vierta a continuación una cantidad variable de taquitos de planes industriales inexistentes; triture un expediente incoado por fraude, la mitad de un recurso de amparo y la mitad de otro de súplica; rocíelo todo de forma somera con polvillo de cerámica de Fajalauza y con sal del “Duz” (puerta del desierto) de La Malahá ; finalmente, para que la transmutación de estos reactivos sea perfecta y sus efectos fulminantes, sitúese, el Día de la Toma, sobre una alfombra morisca de imitación al pie del nuevo Cristo de los Favores, y baile con gracia e ímpetu un fandango cortijero o una seguidilla enreá, indistintamente, hasta que el precipitado adquiera ese color verde y blanco superpuesto, tan característico.



POST SCRIPTUM.


Sentado en la mecedora patafísica de recapitulación y mientras me rizo con las tenacillas al rojo vivo el bigote, del cual carezco por completo:

a) Espero la cortés contradicción.

b) Desearía ruborizarme retrospectivamente.

c) Nada que ver... había que completar la página.

                                                                    

Agosto de 1991

                                                                       Grannada (Gran-hada)


Astrolabio en Revista de Letras

Nada mejor que comenzar el año con esta magnífica reseña de Astrolabio (Ed. Reino de Cordelia) a cargo del escritor mexicano Antonio Tamez-Elizondo, publicada en la Revista de Letras.

 


    En su libro, La posibilidad de una galaxia, poco más que un panfleto de escasa circulación, Guillermo de Maquís, más conocido por su alquimia y ocultismo entre las sociedades secretas que por sus oficios artesanales, escribió que trabajaba en el diseño de una caja de madera, provista de sellos y cámaras ocultas, en la que podría guardarse la entereza del cosmos. Prometía, en esas mismas páginas, que más adelante revelaría el plano del cofre sólo a un puñado de iniciados, a sus amantes en los cabarets de Montmartre, a cualquier buen cristiano que le ayudara con una cena caliente y una buena cama para llevar la noche.

    Se sabe que de Maquís llegó al fin de sus días en la pobreza más vil. Su cuerpo nunca se encontró, o al menos es así como versa el romance. Pocos amigos le extrañaron y se corrió el rumor de un cadáver engullido por el Sena. Su vida, como su obra, fue grandiosa dentro del secretismo, pues suya fue la gloria de las almas que trabajan en las periferias. De su caja se conocen dos detalles; sería de roble ornamentado y sus cámaras secretas, que las presumía de interminables, estarían contenidas en un volumen apenas poco mayor que su puño de señorito caído en la desgracia.

    Al igual que de Maquís, Ángel Olgoso ha hecho de lo pequeño una caja en la que se contienen mundos. Sobrados son los practicantes de la prosa brevísima, pero contados son quienes la elevan a un arte tan personal y rico en detalles. Con derecho, se le considera uno de los más fascinantes cuentistas de nuestra lengua, con tantas publicaciones en revistas y colecciones, hispanas y extranjeras, como hay estrellas en las noches campestres. Leerle se asemeja a hurgar en los detalles del Bosco o Bruegel, capaces de contar historias en los rincones menores de sus pinturas. «Escribí un relato de tres líneas», comenta Olgoso en uno de sus cuentos, «y en la vastedad de su espacio vivieron cómodos un elefante de los matorrales, varias pirámides, un grupo de ballenas azules con su océano frecuentado por los albatros y los huracanes, y un agujero negro devorador de galaxias».

    Así comienza Astrolabio, una magnífica colección publicada hace más de una década, pero traída de regreso a principios de 2020 por Reino de Cordelia, en una edición ilustrada por la artista y poeta chilena Marina Tapia. Un muestrario de la vasta cultura e imaginación de su autor, el libro abre con una cita de Dunsany que se lee como una clave de biografía artística y filosófica.

    Como la caja de de Maquís, los compartimentos de este libro guardan las maravillas y los terrores de la vidia terrena, la de los cielos y, en especial, la de los infiernos; una Wunderkammer paginada. Más comparados con piezas de relojería, o las miniaturas en los textos iluminados del medievo, los 43 relatos van desde las flaquezas del amor en un matrimonio que se marchita, como ocurre en La mujer transparente, hasta laberintos metaliterarios y cervantinos, como es el caso de El incidente Avellaneda, que bien podría pasar por algún cuento desconocido de Borges.

    Más maravillosos aún son los relatos que insinúan inmensidades. Ya de Maquís había escrito, años antes de su desaparición, y en supuesta correspondencia con Fulcanelli, sobre cajas que contienen universos donde se ocultan cajas que contienen otros universos. Parecido a como pasa en El lamento del dinosaurio, en el que un hombre recién apuñalado se niega a morir hasta saber la biografía completa de su asesino, con todas las ramificaciones que el ejercicio requiere. O, más vasto aún, en Si mi cabeza cae, donde se encuentra un panorama cósmico que retrata al Absoluto, ese que no puede mirarse a los ojos sin encontrar lo perverso y la bajeza humana en el propio corazón. Materias, estas últimas, que se visitan en estampas como El eremita, en la que lo sagrado y lo profano se niegan a compartir sitio en una sola persona, o Caballeros de los puentes, que, sin sentimentalismos, comenta sobre lo fácil que es para las placideces domésticas convivir con las mejores perversiones.

    Marina Tapia aporta con sus ilustraciones una novedad sobre la edición de 2007, a cargo de Cuadernos del Vigía en aquel entonces. Su paleta es de negros y rojo, y aunque complementan a la narrativa que se tiene entre manos, son por sí mismas historias independientes, tan abiertas como el resto de los relatos a toda clase de interpretación posible.

    Sobre la brevedad abundan sentencias y recomendaciones, aunque en la mesa de la literatura hay manjares para el gusto de todo el que se siente ante ella. Olgoso no necesita teorizar al respecto. Estoy condenado a la brevedad, dijo en alguna parte, por convicción, por gusto, por respeto al lector y porque no sé hacerlo de otra manera. Su talento ha hecho de él un miniaturista de grandes paisajes en los que se viven aventuras, lloran desgracias y disertan metafísicas.

   Guillermo de Maquís compartía la misma lucidez de mente en la aplicación del ingenio en su arte. Conocidos, también, fueron sus tratos con los demonios de la Goetia, y hubo quienes creyeron que, al final de su vida, cansado de los sinsabores de este mundo, y cobarde de los terrores del siguiente, simplemente desapareció en el mundo interior de su caja. No muy diferente de lo que ocurre con quienes lean esta pequeña gran obra que Reino de Cordelia, se les agradece, tuvo la inteligencia de traer de vuelta en un formato sofisticado y elegante. Tal vez, en un futuro, veremos el mismo trato con otros libros de su autor.