He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

lunes, 12 de junio de 2023

Presentación de "Nubes de piedra"

Os dejo con mi texto para la presentación de Nubes de piedra (Fagus Editorial), con ilustraciones de Marina Tapia y prólogo de José Luis Gärtner. Se celebró en la librería Picasso de Granada el sábado 10 de junio de 2023.




    No puedo estar más feliz por el nacimiento de esta criatura de papel: fue gestada hace casi cincuenta años (¡qué barbaridad!) y sin embargo llega hoy lustrosa al mundo, como un recién nacido arropado por los mejores padrinos y madrinas posibles, por la editora Silvina Elías y el escritor Beni Domínguez con su entusiasta labor a favor del cuento en Fagus Editorial; por José Luis Gärtner con su generoso, ingenioso y completo prólogo, tan heterodoxo como él mismo; y por Marina Tapia con su arte, con sus vislumbres, con su delicadeza especial para mirar el mundo, con su capacidad para destilar poética y sugestivamente cada relato dejándolo en sus elementos esenciales.


    Aunque fui uno de esos niños repelentes que a los once años ya está escribiendo versos debajo de las sábanas (mientras estudiaba en La Salle), no creo haber sido uno de esos jóvenes letraheridos y arrogantes que se imaginan que el mundo está esperando su prosa. De hecho, fue un servidor el que tuvo que esperar veinte años a ver un libro suyo en el escaparate de una librería y treinta a ser publicado por una editorial nacional. Pues bien, tras aquella etapa en La Salle y tras cinco años escribiendo poesía, en 1978 cayó en mis manos la Antología de la literatura fantástica, de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, y sufrí una combustión espontánea. La lectura de aquel libro me inoculó para siempre el veneno del relato imaginativo. El formidable, el nutricio impacto de aquellos textos (junto con el de otros autores menos conocidos descubiertos, por ejemplo, en la valiosísima antología publicada en 1977 por Bruguera en dos volúmenes, Narraciones de lo real y lo fantástico) me hicieron abandonar la poesía y entregarme con brío a la imaginación, capaz esta de convertir las historias en alfombras voladoras. Aún me veo escribiendo con furor desbocado, tecleando con fuerza en una Olivetti verde, en mi dormitorio, rodeado de posters de cine, imágenes de cómic y fotografías de escritores, envuelto en un papel pintado lleno de espirales que mareaban a todo el que entraba en la habitación. Aún recuerdo ese milagroso impulso, esa poderosa excitación, esa pasión creativa caudalosa y libre. Aún recuerdo a la mente hirviendo, encendiéndose como un tizón que alumbrara un lugar encantado, cuando uno se creía capaz de ponerle herraduras al diablo. Aún revivo esa intensidad, esa ebriedad de la imaginación haciéndome planear sobre las tierras y mares del tiempo, sin miedo a la gramática, a la sintaxis, a los anacronismos o los neologismos, haciéndome vivir febrilmente en el interior de los seductores espejismos de las ficciones. Eran los jóvenes años en que uno anhelaba que lo imaginativo fuera, como en el primer Romanticismo, hermoso, loco, embelesador. Eran los años de un convencimiento absoluto: que la imaginación proporciona un sustituto soberano a la vulgar realidad de la experiencia veraz. Me fui acostumbrando, sin saberlo, a que sólo lo extraño me resultara familiar. Pronto sentí predilección por las historias extraordinarias, desaforadas, especulativas, visionarias, enemigas del día, por los desvaríos de la percepción, por los gabinetes de maravillas, por el lado de la sombra en definitiva.



    Este libro que hoy presentamos, Nubes de piedra, es mi prehistoria literaria, mi punto de partida, pero no es sólo un libro de tanteo; creo que en él, escrito a finales de los 70 y comienzos de los 80 (cuando, como dice José Luis Gärtner en el prólogo, “era rubio y hermoso como la cerveza”; ahora, me temo, no soy más que un chupito de ron pálido y añejo) ya está presente el germen de los principales temas de mis libros posteriores: lo extraño, lo inquietante, lo sorprendente, la ironía e incluso la sátira, las premisas extravagantes, las composiciones pesadillescas, las propuestas asombrosas, los retos narrativos. Aquel narrador en ciernes ya comenzaba a gozar con la capacidad subversiva de la escritura breve. Ya comenzaba a pulsar las notas espectrales, a desarrollar ángulos de visión inusuales, historias inauditas, mundos alternativos, a violentar las reglas de los posible, a percibir el mundo con una mirada curiosa y perpleja. Que lo haya conseguido o no, es ya otra historia. De lo que sí tengo certeza es de que, al principio, en mis relatos las palabras caían más como meteoritos, mientras que con el tiempo he intentado de que lo hagan como suaves copos. Pese a todo, aquella prosa era de alguna forma más relajada, más permisiva con el material que dejaba entrar en ella. Al no existir Internet, al no disponer de libros de consulta a mi alcance aparte de una pequeña enciclopedia de tapas rojas, al verme obligado -cada vez que necesitaba hacer alguna consulta en la Biblioteca Provincial de Granada- a coger dos autobuses desde el pueblo y caminar andando por la Vega de noche en caso de perder el último, opté en no pocas ocasiones por inventarme flora, fauna y vocablos diversos; algo que, al tratarse de literatura más o menos fantástica, le venía como anillo al dedo. Al fin y al cabo, estas historias me las contaba a mí, me complacía hablar de lo que no conocía, y no tenía ningún interés en la reproducción a escala real del mundo. Al fin y al cabo, hasta el mismo Marcel Proust, en una carta a madame Straus, reconoció que la única forma de defender el lenguaje es atacarlo.



    Más tarde descubrí la Patafísica e hice mío con ganas el lema de Boris Vian, uno de sus más inspirados príncipes: me esfuerzo de buena gana en pensar cosas en las que pienso que los demás no pensarán. Máxima creativa que empezó a dar sus frutos en este volumen, donde hay alojados dos relatos estrictamente patafísicos, Pulstar y El Club de los Novecientos Flautistas. Supe luego que la literatura se oxigena mediante los desafíos, que aquellos que no tienen imaginación se refugian en la realidad, que en la guerra contra la realidad la imaginación es la única arma. Y la mía, en aquella época, era un tanto perversa, como podréis comprobar en muchos ejemplos de incorrección política que espolvorean estas Nubes de piedra, a años luz de nuestro tiempo de fábulas esterilizadas por el buenismo o la moralina. Sigo pensando que se lee para sumergirnos en otros mundos, precisamente en esos mundos remotos, exóticos, fascinadores y -por qué no- desasosegantes de la imaginación. Es sabido que lo que se sueña, lo que se desea, tiene también su realidad, aunque de ordinario las ordinarias preocupaciones de la vida práctica no dejen volar al daimon de los sueños. Por esa razón adoraba -y trataba de emular- a los profanadores de realidades, a los creadores de asombros, a los exploradores de los márgenes, a los que construyen en el lomo del misterio, a los que buscan el sentido de lo inaudito, del milagro, del estupor. Por ese motivo pensaba que los escritores que son esclavos de la realidad están penosamente limitados. Pascal, en sus Pensamientos, confiesa que nada hay más inquietante que oír el giro de una veleta de noche sin viento. Esa sensación, ese escalofrío, esa reverberación especial de la mente es lo que buscaba en mis narraciones, adobadas además con frecuencia (sobre todo en aquella primera etapa), con dosis abundantes de humor negro.



    Creo que los 35 relatos de Nubes de piedra viven en ese estado fronterizo entre el sueño y la realidad, entre la humorada y la insolencia propia de la primera juventud, entre la fantasía y una incipiente exigencia formal. Son como una sonrisa sin gato del personaje de Alicia en el País de las Maravillas. Lógicamente, muchos los escribía sobre la base de mis lecturas mientras luchaba por encontrar el vínculo entre literatura y vida. Me parece, pensándolo ahora, que la ironía presente aquí se debía tal vez a un innato sentido de la injusticia, al deseo de emular por ejemplo la salvaje indignación de Swift, de vengar (al menos sobre el papel) la que sufren aquellos miembros de la especie que son víctimas de la estupidez, la ambición, la crueldad o la hipocresía de sus semejantes. Por otra parte, con estos textos comencé a tantear las posibilidades de ese cubo de Rubik que es el relato corto: en poco espacio hay que crear la premisa, el conflicto, los personajes, la atmósfera, la voz narrativa y la resolución, y todo ello intentando mantener el interés de la página. 48 años después, ya he abandonado el cultivo de ese primoroso y sugestivo jardincillo de la ficción por el terreno sin bardas de lo híbrido. En cualquier caso, a estas alturas, tengo la impresión de que si llevo la penitencia del carácter minoritario de mi obra es debido, entre otras cosas, a una independencia insobornable, a mi condición de autor periférico, a mi preciosismo estilístico y a que solía anteponer la invención y la imaginación a la calderilla de la realidad ordinaria. Como Jules Laforgue -o como todo buen epígono del Romanticismo- me lamento sin cesar de que la vida sea demasiado cotidiana, objetiva y chata, me lamento de no vivir en el lugar en que ocurren los prodigios.



    Se dice que las obras de juventud son fuego y oro y las de madurez sobriedad y plata. Ojalá este libro sea al menos, para el lector, como morder una fruta desconocida, en su doble sentido de obra inédita y extraña. Un fruta refrescante que todavía conserva su acidez. Y espero que las historias que contienen resulten interesantes no sólo para el seguidor que ya me ha tomado cierto apego, el especialista o el curioso, sino también para el aficionado al género del relato en particular y el amante de la literatura en general. En fin, como solía decirse, si sale con barba san Antón, y si no la Purísima Concepción.



martes, 23 de mayo de 2023

Castilla y León, territorio mítico

Un honor participar en la antología Castilla y León, territorio mítico (M. A. R. Editor) con el relato Las huellas de los pájaros en el aire.


INFORMACIÓN DEL LIBRO:

Castilla y León, territorio mítico reúne cuentos de los autores más destacados de la actualidad, que nos presentan la magia de unos espacios a veces olvidados; narraciones legendarias, criminales, históricas o fantásticas, que nos llevan a ver estas tierras con ojos nuevos. José María Merino, Luis Mateo Díez, Ángel Olgoso, Juan Pedro Aparicio o Gonzalo Calcedo, grandes maestros del cuento, junto con los nuevos narradores castellanos y leoneses, ofrecen al lector historias reales de otros tiempos pasadas por la leyenda o la recreación literaria, e invenciones que suceden o pudieron suceder.

Destacados personajes de nuestra historia se unen a seres que quizá existieron, a espíritus errantes que vagan por las viejas calles ahora abandonadas, a conocidos personajes que viven aquí una nueva y asombrosa existencia. Los escenarios: iglesias, cementerios, cines que estuvieron llenos de vida, campos en los que hubo ritos religiosos antes de existir la religión, pueblos deshabitados, paseos de ciudades por las que desgranan las horas libres las gentes del lugar, monumentos que pueblan las calles y que casi no mira el lugareño, pero que atraen al viajero que llega de territorios lejanos.
Amor, pasión, muerte, rivalidades por un trono, peregrinos, santos y pecadores comparten con nosotros sus historias y nos recuerdan que muchas de las vidas más apasionantes de la Historia transcurrieron en Castilla y León, cuna de la sociedad actual, territorio que expandió la civilización, los valores occidentales y su cultura.

sábado, 29 de abril de 2023

Un unicornio fuera de su tapiz (Entorno Gráfico)

Desde hoy, ya está “cazable” este unicornio en la página de la editorial Entorno Gráfico. Aquí va mi texto de la presentación del volumen en la Feria del Libro de Granada 2023, donde me acompañaron Marina Tapia y Francisco Acuyo.





Un escritor necesita poco para ser feliz, le basta con unos cuantos lectores agradecidos (Michaux decía que un escritor no es un verdadero escritor si tiene un solo lector, o si tiene sólo dos lectores; en cambio, si tiene tres, ya sí puede considerarse rotundamente como tal).  Le basta con estar rodeado -como hoy- por un editor intrépido y emprendedor, José Antonio, y por dos poetas genuinos, Marina y Francisco, por dos creadores cuya curiosidad los convierte en esponjas que absorben el mundo para destilarlo de manera exquisita en múltiples alambiques. Muchísimas gracias a todos por vuestro interés y vuestra compañía: este libro que hoy presentamos -como han explicado maravillosamente mis generosos compañeros de mesa- es un compendio que reúne textos diversos de no ficción, presentaciones, artículos, reseñas, prólogos, conferencias, evocaciones, retos, poéticas, laudatios, la entrevista más en profundidad que me han hecho jamás (me llevó dos meses contestar las preguntas), algunas cartas, algún poema y hasta algún cuestionario; es una miscelánea de escritos que, por lo general, permanecen dentro de las bardas ensayísticas y literarias y que no he condenado al olvido por considerar que quizá tengan algún valor.

Curiosamente, las recopilaciones de textos donde cada pieza es un género autónomo no tienen muy buena fama; sin embargo, hay quien piensa -entre los que me incluyo- que esos libros tal vez aguantan con mejor salud el paso del tiempo que muchas novelas y mamotretos monográficos. Siempre por supuesto que se hagan con finura y sutileza, con gracia y eficacia. No estoy pensando en esos escritores que acampanan la voz con solemnidad o en esos críticos que inyectan formol académico a las obras que analizan, ni en esos tan anticuados que cuando abres sus libros las letras salen volando como una nube de polillas. Estoy pensando, por ejemplo, en los volúmenes de artículos de Azorín, de Pla, de Cunqueiro, de José Jiménez Lozano, de Umberto Eco o de Alfonso Reyes, que alcanzan el máximo de matices con el mínimo de elementos, que, ingrávidos, despliegan una especie de alegría sensual en la lectura, que merecen se releídos porque constituyen una delicia gozosa y amablemente reveladora. Hace poco recordaba Trapiello que los artículos no dicen lo mismo cuando se publican en el periódico que cuando se recogen después en un libro. ¿Cómo sucede ese misterio? Quizá, al igual que el vino, el reposo, la temperatura constante y el silencio de la bodega lo transforman. Y si, además, los artículos o cualquier otro texto volandero, pasaron inadvertidos en su momento, parecen mejorar con el tiempo.

Se preguntaba Cees Nooteboom por qué los pensamientos no se plasman en materia para que podamos localizarlos en algún lugar. Me permito responderle que la respuesta evidente reside en los libros. Gracias a ellos podemos acceder a las reflexiones y a la experiencia del mundo a través de una conciencia que no es la nuestra. Esto, si se mira bien, resulta bastante sorprendente y tiene un punto de milagro. Me gusta pensar que este libro (hermosamente editado por Entorno Gráfico, como todos los suyos) es una humilde plasmación en materia celulósica de mis pensamientos en torno a la creación literaria, una marginalia que deja fuera los textos de ficción, un patchwork de distintos formatos y registros, una cartografía literaria y, por qué no, una involuntaria autobiografía del paladar lector o del gusto artístico.

Esta recopilación de paratextos sigue la línea iniciada por un libro mío anterior, Tenue armamento. El título del nuevo volumen, Un unicornio fuera de su tapiz, equivale, en su sentido literal pero también irónico, a la frase hecha “sentirse como un pez fuera del agua”. Como autor de setecientos relatos en más de cuarenta años, de setecientos trucos de magia para tratar de adecuar la realidad a los sueños, he trabajado siempre con la ficción, con la invención, con la imaginación. Pero en ocasiones, fruto de compromisos amistosos y estimulantes retos o encargos, me he visto impelido a sobrepasar el ámbito más creativo. Al final, esa producción lateral se ha revelado bastante copiosa. Más de lo esperado en alguien al que nunca la ha apetecido demasiado reflexionar sobre la escritura, en alguien que siempre ha creído que lo que un escritor piensa sobre el mundo ya lo ha dejado expuesto en su obra. Algunos autores odiaban hablar sobre el oficio de escribir, como Joyce o Hemingway, quien afirmaba que cuanto mejor es un escritor menos habla de lo que ha escrito, que no se le daban bien los análisis post mortem, y que ya hay forenses literarios y no literarios disponibles para ocuparse de esos asuntos. Ana María Matute era más taxativa aún: los libros se leen o se escriben, pero no se para uno a hablar de ellos. Incluso tengo en contra al mismísimo Goethe, que decía: “Toda teoría es gris, querido amigo, y verde es el dorado árbol de la vida”.

Pese a todos estos hándicaps, en Un unicornio fuera de su tapiz, en esta compilación forjada en la variedad, donde es posible que cada texto se proyecte de manera especular en una retícula de referencias, el lector podrá encontrar semillas que espero estimulantes, una serie de pequeñas confesiones encubiertas, así como una guía sumergida de lecturas y de autores (Chateaubriand, Marina Tapia, Kafka, Josefina Martos Peregrín, Gregorio Morales, Miguel Arnas Coronado, Boris Vian, Félix J. Palma, Santiago Caruso, Elena Alonso Frayle, José Vicente Pascual, Carlos Edmundo de Ory, etc.), una apuesta por voces necesarias que me han permitido ejercer de modesto altavoz de sus obras. El lector podrá asistir a un baile de meditaciones, interpretaciones y obsesiones que se desarrolla en el salón literario (mejor dicho, saloncito, por su carácter íntimo), sobre todo, en los contornos del misterioso proceso de escritura que, por fuerza, acaba entrelazándose con los mimbres de la propia vida.  Siempre he visto la escritura como un instrumento para dar forma a los sueños, para crear una realidad alternativa, asequible, placentera, enriquecida, perfecta, para vivir cómodamente en un castillo interior tras puentes levadizos que uno puede subir o bajar a voluntad. En este libro aparecen combinadas varias devociones mías: la literatura de imaginación, la Patafísica o la fascinación por el estilo como cumbre para cualquier narrador, por el lenguaje bien calibrado. Algunos sabéis que adoro arropar los textos con cierta exuberancia verbal -propia del ornamentado, luminoso y sensorial barroco andaluz- que, junto con los recursos prosódicos de la poesía, ayuda a crear una emoción estética, una atmósfera, a conferirles cierto espesor y a que trascienda el argumento, hasta el punto de que interese no sólo la anécdota sino también la reflexión sobre los hechos narrados. Reconozco que me gusta el escritor como gusano de seda, el estilismo, el idioma aquilatado, engarzar una palabra bien traída en un discurso como un trozo de ámbar; y si se consigue además que ahí siga latiendo viva, miel sobre hojuelas. En definitiva, intento una prosa donde no haya un solo vocablo sin causa y sin efecto. Para el admirable Chateaubriand, las palabras tienen alma. Sin embargo, según él, la mayoría de los lectores y de los escritores sólo les piden un sentido. Es preciso encontrar ese alma, que sólo aparece en contacto con otras palabras.

Ojalá -al menos en alguna medida- haya logrado fijar este anhelo también en los textos de Un unicornio fuera de su tapiz. Confío en que este libro no sea sólo para la intimidad e indulgencia de los amigos, sino para todos aquellos interesados en la literatura en su sentido más amplio. Y confío magnánimamente en que no me sientan entre sus páginas como un pez fuera del agua o como un unicornio escapado de su colgadura; que ellos, que vosotros al leerlo ojalá os sintáis más bien -en palabras de Huidobro- como esos pájaros sedientos que beben los espejos y dejan hueco el marco.

sábado, 25 de marzo de 2023

Breve Manual para lectores microfictivos

La editorial Eos Villa lanza mundialmente "BREVE MANUAL PARA LECTORES MICROFICTIVOS" dentro de su colección Literatura de las Américas, cuyo curador es el escritor argentino Piero de Vicari:

"Desde el mes de julio de 2018 hasta el mes de abril de 2019, se publicaron -a través de mi muro en la red social Facebook- diversas entrevistas que realicé a escritores hispanoamericanos dedicados al género microfictivo. Las mismas se dieron a conocer bajo el título “En pequeño formato: los microficcionistas tienen la palabra”. Cada uno de los autores convocados contestó un cuestionario base, brindando sus impresiones sobre esta modalidad narrativa. La pregunta que iniciaba la presentación de la entrevista (“¿qué rasgos identifican a la microficción por sobre el resto de los otros géneros literarios?”) fue un verdadero acicate para que cada entrevistado desgrane su pensamiento dejando definiciones y posturas enriquecedoras que bien pueden vislumbrar una futura (¿y concluyente?) definición de estas joyas literarias de lo ínfimo".

Aquí están las opiniones de 58 autores hispanoamericanos, entre los que me incluyo, para los amantes de la brevedad.

Link de descarga directa y gratuita:

https://drive.google.com/file/d/1ZHMstbpg02IuAGrikr5xCaPlceWbK9cj/view





jueves, 23 de marzo de 2023

Velorio Poético

Con nuestra gratitud a todos los que hicieron posible el LXII Velorio Poético de marzo en la sala Clasijazz de Almería. A Perfecto Herrera por convocarnos, a Jonathan García por su novedoso acompañamiento musical, a los presentadores del acto, a Antonio Almécija por las fotos y al público que asistió a este entrelazamiento de poesía y relato.