He creado el Blog para compartir mi admiración por este singular escritor español, creador de un mundo propio, poético e inquietante, de una obra que trasciende los límites del género breve, del simbolismo y de la literatura fantástica. (Marina Tapia)

viernes, 13 de diciembre de 2024

SIDERAL, por Lilian Haydée Cheruse

SIDERAL, por Lilian Haydée Cheruse



    "Sideral" es una apertura, una invitación a incursionar con pensamiento abierto. Es un nuevo testeo de la realidad terrena y del enigmático Cosmos. Ese Cosmos que Ángel Olgoso ha recreado y que da textura a esta obra. La magia, la extrañeza y el misterio orbitan en estos textos donde nuestro planeta puede mostrar otros mundos dentro de su propio suelo, u ofrecer diferentes visiones que desestructuran dimensiones y rasgan la ‘normalidad’.

    Los numerosos relatos abren ventanas al lector para avistar con anticipo esta mixtura de dimensiones inesperadas, que se abrirán como los escenarios del impresionante "Contraviaje". La primera de las citas, de J.G.Ballard, dice: "El único planeta verdaderamente extraño es la tierra", y así lo expone nuestro autor en muchos de sus narraciones, como es el caso de la aterradora cárcel de "Geometría", o desde la avanzada tecnología donde el amor lo prodiga una máquina ( "Interior con máquina"). La cita de Lezama Lima nos prepara: "El único viaje que me tiente será el que emprenda saltando como un conejo de constelación en constelación". Y Ángel se trepa a las palabras que ya ha domado a lo largo de más de cuarenta años de labor creativa y lingüística, y entonces el universo se agita, gravita en colores, en silencioso movimiento giratorio y se desplaza en armonía.

    Su vocabulario es como de costumbre culto, expresivo, especializado porque incluye conocimiento astronómico y de sus leyes, y esto diseña una prosa gráfica y fantástica con la textura de astros conocidos y desconocidos. Podría nombrar más de uno, pero es suficiente con "Lucernario", que nos brinda un escenario del que quisiéramos ser espectadores directos. Sus descripciones superan toda medida y la lucidez narrativa nos sitúa ante un panorama jamás visto. Algunos relatos se sitúan directamente fuera de nuestro planeta. Un cuadro con vida propia: "El borde de la luz" o "Pantanos celestes". En otros, el ser humano viaja en el tiempo como vemos en "El bucle" o "El mundo en el año uno antes de la nada". En otra serie, aparece una "mano creadora" de este mundo o del universo. Esa deidad posee diferente identidad en cada caso: "El proyecto", o "Dibujé un pez de polvo". El escritor juega también con la posibilidad del último hombre vivo en "Anomalía". O con el descubrimiento de otros mundos en “Van Utt y el millar de mundos o "El calendario quimérico de lo que podía haber sido".

    "Sideral" es un muestrario de los recursos estilísticos y del pensamiento creativo de Ángel, donde el tiempo y las dimensiones espaciales hacen de las suyas. Hay historias testimoniales, impresas como una denuncia, como es el caso del espeluznante "Espanto". La ironía forma parte también de este libro, cito especialmente "Perikhoresis teológica", la vivaz aventura de estilo cinematográfico de "Bárbaro solo" -uno de sus primeros relatos, escrito cuando nuestro autor contaba sólo con diecinueve años-, o la original fusión de leyenda japonesa y occidental de "Los mil cerezos de Yoshitsune".

    Olgoso ha reunido una gama de posibles existencias, de posibles mundos y los ha integrado con su depurado arte de estilista y profundo pensador. Una valiosa recopilación de sus cuentos cósmicos, en una nueva entrega temática de sus cuentos completos, para disfrutar y asombrarse.


Profesora en Letras, escritora y gestora cultural. Posgrado Internacional en Cultura y Comunicación (FLACSO). Ex Directora General de la Comisión de Cultura y Educación Concejo Municipal Rosario. Participación en programas radiales, televisivos y digital por medio de revistas, entrevistas y Canal TV + y eventos literarios. Recibió Diploma por labor cultural otorgó Movimiento Cultural Rosarino (2007). 2010, Diploma de Honor por labor Cultural e Interés Municipal del libro “Lilian Escribe”, por Concejo Municipal Rosario. 2019, Premio Madre Selva por Medios TV+ como escritora y aporte cultural. 2019 Interés Municipal por “Vueltas Locas”, narrativa y “El cometa tiene un secreto”, infantil. Autora de reseñas y prólogos. Ganadora 1 Concurso Infantil “Felices porque sí” con el cuento “El avión Celeste” (2021), Antología. Publicaciones digitales de Eos Villa Argentina e Internacionales. Publicó en mayo 2024 el libro “Céfiro Vuelve (microficciones) /La Mujer Azul” (Poemas).Autora de reseñas. Participa en Antologías internacionales. Asesora cultural de SADE San Pedro-Baradero y Miembro Concejo Asesor del Grupo Lectia/Arte y Cultura.


viernes, 6 de diciembre de 2024

    Agradecido a Andrés Cárdenas, memoria viva de Granada, por este generoso detalle referido al año 1961. Incluido en el primer volumen de sus “Anales de Granada” (Esdrújula Ediciones), con las crónicas de lo más relevante sucedido en Granada desde 1940 a 1980. El pasado lunes se presentó en la Biblioteca de Andalucía.
    “¿Te gustaría saber lo que pasó en Granada el año que naciste o que nacieron tus padres? ¿O qué acontecimientos sucedieron en un año significativo para ti? Durante dos años he estado publicando en el periódico Granada Hoy crónicas sobre lo que ha pasado en Granada desde 1940 a 2024. Ahora las he recogidos en dos volúmenes” (A. Cárdenas).







jueves, 5 de diciembre de 2024

Reseña de "Sideral" por Luis Cerón, en Culturamas

Muy agradecido a Luis Cerón por su reseña de "Sideral" en la revista Culturamas.

‘Sideral’, de Ángel Olgoso: Sublime cosmovisión literaria

Por Luis Cerón Marín

    <<La literatura es la máxima expresión artística departida gracias a la lengua. Y el idioma es el vehículo conductor que hace posible la traslación de ese lenguaje que el autor quiere plasmar en la obra literaria, más allá de ser su composición un intercambio lingüístico radicado entre la relación establecida, obviamente, entre las personas emisora y receptora. A diferencia de un discurso ofrecido como gramático, prosaico y meramente comunicativo, el discurso literario va más lejos de lo que la obra verbal pudiera ofrecer a simple vista. Representa, en suma, una relación muy estrecha con todo lo que atañe a la dimensión estética. Tanto es así, que podríamos decir que la obra literaria pretende denotar una visión más amplia y filosófica. Por esa vertiente discurren los cauces de expresión más profundos del alma humana. Y para exponerlos en el papel (o piedra o papiro o pequeña tabla de arcilla) se necesitan nuevas formas para transmitir esos contenidos. Y dentro de esa amalgama existente de maneras innovadoras caben diversos géneros literarios. Entre ellos, el género narrativo; y dentro de él, el relato breve; y más adentro, la ciencia ficción. Una vez dispuestos los utensilios y artificios varios para gestarlo, tan solo resta hallar autores o autoras que den rienda suelta a sus visiones, percepciones u ocurrencias varias. O sea, dejarse llevar por el torrente desbocado que constituye la imaginación. Y escritores como Ángel Olgoso reúnen toda esa retahíla de requisitos previos a la composición de una obra literaria.

    "Sideral" es el título del nuevo libro de relatos de Ángel Olgoso, de este ingente hacedor de historias granadino, un narrador clave para entender el devenir del relato breve en España. El estudio de su obra merece ser degustado debidamente. Y es que su impronta literaria es tan propia como amena. Ante esta situación, nosotros, los lectores, únicamente tenemos que dejarnos llevar por el deleite sumo de su lectura para dejarnos transportar a otros ámbitos más recónditos e inimaginables, a priori. Pues bien, este libro reúne a la perfección todos los ingredientes necesarios para que nuestra inmersión en sus relatos no nos deje indiferentes. Porque Olgoso no crea su cosmología literaria a vuela pluma. Su profundo corpus fantástico nace, más bien, de la anatomía de un instante sin parangón, en el que cualquier hecho, segundo (o milésima del mismo), destello o nota desbordante acaecidos pasan a ser los eminentes protagonistas del relato, dentro de una atmósfera mágica en la que la idiosincrasia de los acontecimientos que van aconteciéndose se nos ofrecen surrealista y patafísicamente sin plan alguno, tan solo imbricados por la inercia fantástica que destila la escritura de nuestro autor.

    Sirvan como ejemplo relatos tales como ‘El espanto’, en el que la descripción enérgica, rápida y emotiva que Olgoso nos ofrece parece estar trazando un boceto en espiral, yendo de un menor bucle inicial a una mayor ondulación léxico-semántica: "Y su efecto hace que, de pronto, tenga del hombre la percepción -repugnante en el más genuino sentido de la palabra- de algo como una langosta"; o la ‘Historia del rey y el cosmógrafo’, en el que nuestro escritor destape el tarro de las mil y una esencias inimaginables gracias a su locuaz inventiva: "Se dijo que aquel día, hasta su declinación, obraron más extraños prodigios en la sala del trono: brisas del lejano sur soplaron sobre los tapices, se oyó al aire restallar…; […] y después, con cada giro del globo, los aromas tomaron voz […] nueces de cayú…, incienso árabe…, parras y olivos…, violetas de presbiterio..." Todo nos está ofrecido como un placer engalanado. Se nos dispone, por tanto, un buen compendio de luz y color y una exposición de movimiento y estatismo excelentes. Tanto es así, que Olgoso nos consigue sumergir en ese ambiente ideal, en ese locus amoenus tan propicio para soñar otros mundos. "El conjunto se ve reforzado por la placidez del momento, por una calma sobrenatural..." Todo ello nos produce "terror a no ser más que una fotografía". Pero es que nuestro escritor también resulta innovador en el manejo de la técnica narrativa. En ‘La aurora de Zürn’ podemos ver cómo, sin olvidar tampoco su innata capacidad de percepción, nos sigue cautivando gracias a su agudeza y arte de ingenio. En esta ocasión, el autor habla en primera persona constatando así una mayor implicación epistolar, si cabe, a la hora de escribir este relato: "Se me permite salir en ocasiones especiales del lugar en que me oculto"; y prosigue, así: "[debido a] esta raza abominable e inmunda a la que ahora pertenezco". El texto habla por sí mismo. Cobra relevancia per se. Siguiendo con esta entelequia, otro aspecto a destacar es la comicidad que existe en algunos relatos, como ‘La cámara Limehouse’, en el que […] "una cámara catóptrica provista de lentes, espejos y prismas producen un resultado formidable al aplicarse sobre la adecuada zona cerebral del moribundo", cuya perspectiva inicial es, en principio, "balbuceante", tanto que semeja "un infusorio incipiente". Y Olgoso lo hace modelando un caso de transfiguración plena entre realidad y ficción. Muy bien conseguido. Al igual que la evocación onírica latente en ‘El mundo en el año uno antes de la nada’, relato en el que Olgoso hace gala de una miscelánea óptica mitológica que nos adentra en unas imaginarias profundidades abisales…: "Sin sus arcanos, el Universo no sería más que un puñado de polvo en una violenta tempestad". O el cálido fervor erotizante que suscita ‘Iris’, una pieza relevante de este libro. Podría escoger diversos fulgores de este relato. Cualquiera valdría, ya que el irisado resultado ofrecido es sublime. El lector es transportado a los confines de todo ente físico, palpable… hasta hacerle llegar a una sensación de clímax total: "La velocidad y la quietud total se funden en una noche cegadora. Me voy a pique". O el final de ‘Biomórfico Canal Trece’, que como si tal cosa (como si nada fuera), reza así: […] "y las borboteantes esquirlas de espuma no hallaron entre las olas al tembloroso destello con el que siempre jugaban". Inmejorable. O la ternura humanizante que constituyen las almas del astrónomo Ennio Torrese y del leñador Tanabe, protagonistas de los relatos ‘Materia oscura’ y ‘Los mil cerezos de Yoshitsune’, respectivamente; dos pequeños sujetos cuya sensibilidad va más allá de simples observaciones rutinarias: "A Ennio le gustaba contemplar las blancas aspas de los aerogeneradores que se extendían, como el vello erizado de un antebrazo gigantesco, a lo lejos, sobre la línea descendente de las colinas…"; sobre Tanabe, decir que "era bueno, alegre y hospitalario, pero su ejemplar condición y su amor por todos los seres se empequeñecían frente a la curiosidad que sentía por todas las cosas".

    Y podría citar más ejemplos de la fantástica prosa del escritor que nos ocupa. Son tantos los detalles de este astral espectro de lo desconocido, que no resulta fácil poder abarcarlos. Sucumbir a tal deleite no está exento de riesgo. La inspiración y la constancia creadoras de Olgoso son tan profusas como un eminente surtidor de cristalinas aguas, cuyo parterre de frutos silvestres y destellos de fatuas llamas dinamiza a la perfección el matiz predominante que late en el relato. Nada queda al azar. Toda textura tratada en este inusual libro está amenizada por una impronta caótica, inusual y ajena a toda lógica circundante. He aquí el innegable efecto de la ciencia ficción que entinta, espolvorea y baña las entrañas que anidan en este "Sideral" concepto, que tan gratamente enmarca el también escritor y filósofo Juan Jacinto Muñoz-Rengel. Ante esta situación, lo mejor es que el lector se adentre en él y se deje llevar por el innegable rumbo indeleble que late en esta sublime cosmovisión literaria>>.

lunes, 2 de diciembre de 2024

Reseña de "Rizenmuseum", de Custodio Tejada

       


    En 1992 escribí una colección de haikus (“Ukigumo”, Nazarí, 2014) y en cada uno de mis libros de relatos suele habitar una historia ambientada en el Japón tradicional: es lógico que me fascine cualquier nueva publicación que albergue o reivindique formas tradicionales japonesas. Autor de siete poemarios y de una novela, Custodio Tejada demuestra en “Rinzenmuseum” tener muy buena mano para las estrofas japonesas; haikus y tankas sobre todo, pero también gogyokas, jiseis, zappais y senryus. Como dice en su apasionado y sugestivo prólogo, Custodio se propuso “retener la fugacidad de la existencia, capturar la esencia de la vida con su perfume inmaterial”, “disecar el asombro, la emoción y el pensamiento”. “Rinzenmuseum” es, en efecto, un museo de despertares súbitos, de asombros, de negativos fotográficos, de latidos, de epifanías. Con su estética de lo inefable, el arte taxidérmico de Custodio Tejada liofiliza los instantes, convirtiéndolos en esencias, en imágenes reveladoras e indelebles, crea breves cobijos de ámbar, gotas de rocío muchas veces liberadas del corsé del ‘kigo’ (esa referencia a la estación del año), y sin hacer asco a la mezcla de las actividades mundanas, las localizaciones geográficas, el fútbol, los cuatro elementos, la Semana Santa, el fado, la Filosofía, la consulta del dentista, la llama del deseo, las vacaciones de verano o ese “puente místico” que es la poesía y, al cabo, el lenguaje. Custodio, que divide esta obra en cuatro partes (“El jardín de los instantes luciérnaga o los trinos panojas”, “Luminiscencias gyotaku”, “Cámara obscura” y “Puente místico”), trae al haiku, con habilidad y pertinencia, motivos occidentales, peninsulares, granadinos. Este ‘haijin’ nacido en Purullena logra el momento hecho consciencia, el instante como motivo sagrado, el aquí y ahora que apela a las sensaciones, alcanza la sutileza y la asimetría del haiku, su condición iluminadora. “Rinzenmuseum”: contemplación y comunión, la eternidad atrapada en solo tres versos.


domingo, 17 de noviembre de 2024

Reseña de "La era de los últimos propósitos", de Begoña Callejón

Comparto mi reseña de la primera y magnífica novela de Begoña Callejón, “La era de los últimos propósitos” (Loto Azul Editorial). En la revista CaoCultura.



EUTHANASIA COASTER


Hace falta un acto de valentía para crear algo y Begoña Callejón arriesga en su último libro, la novela ”La era de los últimos propósitos”, una obra cosmopolita, variada, compleja y escrita con pulso, un estudio necrópsico rico en referencias y perspectivas, un caleidoscopio de personajes que tejen su tapiz de recuerdos, de presencias y ausencias. La premisa es potente y basada en un concepto real: una montaña rusa de acero, la más gran grande jamás vista, diseñada para el suicidio de veinticuatro personas por viaje. Euthanasia Coaster. Un nuevo amanecer, como reza el folleto. Altura de 510 metros, velocidad de 360 km/h., y aceleración de 8 a 10 G. La autora hace catas en distintas geografías del mundo, sondea el cerebro de veinticuatro personajes (por algo es especialista en neuropsicología), en el rencor, el odio, la desesperación, la fatalidad, las separaciones, las enfermedades, el vacío. Personajes que ansían la aniquilación del yo, colgarse de sus propias ramas, personajes que ansían ser tierra, que piensan en cómo será su muerte: “Ella había admirado siempre a todas aquellas personas que eran capaces de sobreponerse a la adversidad, al sufrimiento”.

El lector se topará con travesuras escalofriantes de la IA, con cambios de parámetros, con ‘chatbots’, con traumas y excitaciones brillantes como las escamas de una serpiente, con un estilo limpio y sincopado, rico en registros expresivos, punteado de tecnología, de emails, sueños, diálogos o de la viveza de monólogos como el soliloquio descoyuntado de Ian Curtis o del intensísimo episodio en el Gran Bazar. El lector asistirá a la representación del mundo como una ‘performance’ siniestra, como una búsqueda de consuelo, un mundo de una actualidad asoladora, de crueldad, soledades y miedos, de noticias atropelladas, “un caos organizado, instaurado por algún tipo de dios”. La novela va dedicada a los que ya no están, pero se podría extrapolar perfectamente a los que no estarán y, en definitiva, a todos nosotros. Porque a la montaña rusa de la muerte todos hemos subido ya: será el último viaje, del que los pasajeros no regresaremos vivos, pero donde nos sentiremos al fin libres. Será el último momento, el último aliento. Euthanasia Coaster realizará ‘loopers’ cada vez más pequeños, con un efecto devastador para el organismo humano mediante una hipoxia cerebral prolongada, que pasaría primero por una visión túnel hasta un síncope causado por visión negra. “En algo más de tres minutos habrá acabado todo”. Es cierto que quizá la voz narrativa de los veinticuatro personajes debería haber tenido discursos más diferenciados; en cualquier caso, resulta toda una proeza manejar a la vez tantos y tan dispares hilos, como lo hace la autora sobre todo en la reunión final en Hill Station Resort (cuyos capítulos demuestran la buena mano de la autora para los títulos). Begoña imagina, da vida, penetra omnisciente en la identidad de esos veinticuatro personajes, levanta una máquina monstruosa y sin embargo verosímil, un lugar que no existía: “Me di cuenta, tiempo después que, al igual que los pasajeros, los lugares también mueren”.

Es curioso cómo a veces se coagula en el aire una especie de interés común, una concreción temática, cómo coinciden en una misma cuestión diversos creadores aunque se realice a través de lenguajes diferentes: sin salir de España, “La habitación de al lado” de Pedro Almodóvar y “Polvo serán” de Carlos Marqués-Marcet, son acercamientos cinematográficos a la muerte deseada, del mismo modo que esta novela de Begoña Callejón, “La era de los últimos propósitos”, interesantísima, insólita, contrapuntística, heterógenea y coherente al mismo tiempo. Una obra que de alguna forma conecta con esa hermosa idea del ‘cielo oblicuo’ de Clarice Lispector, donde sólo pueden entrar los que se han ido torciendo de tanto sentir, de tanto sufrir, de tanto vivir, de tanto llevar el peso del mundo en su espalda. Una obra que es, a su vez, una enérgica montaña rusa, un columpio mortal de pasajeros que devienen más que un número, una obra que se cifra en un axioma irrefutable: “Toda esperanza tiene un final”.

sábado, 5 de octubre de 2024

Círculo Literario de la Zubia, presentación y lectura

Ayer, en La Casa Con Libros, nuestro grupo Círculo literario de La Zubia dio a conocer su proyecto y ofreció un pequeño recital. Nuestro agradecimiento a todos l@s amig@s que se acercaron y apoyaron esta iniciativa de sinergias creativas.








miércoles, 2 de octubre de 2024

Entrevista de José Antonio Muñoz en Ideal a raíz de "Sideral".

Entrevista en el diario Ideal de Granada a propósito de "Sideral", por José Antonio Muñoz.



El granadino Ángel Olgoso, uno de los maestros del relato en España, publica “Sideral”, la segunda parte de sus obras completas en este género.

(José Antonio Muñoz)


-¿Qué es “Sideral”?

Es la destilación de todos ms relatos escritos con tonos de ciencia ficción, de distopía o con alguna vibración técnica, y de otro donde la realidad se presenta alterada por lo extraño como un campo magnético. Aquí reúno narraciones espigadas de entre las 700 escritas en los últimos cuarenta años, que incluyen -entre otros muchos temas- el desmantelamiento del atrezo del universo, una nueva versión de la Creación, un ‘zoom’ a las profundidades del espacio, un apagón cósmico, un prisma que contiene todas las vidas alternativas, historias de amor entre máquinas, prisiones geométricas, astronautas en busca de vida extraterrestre, metamorfosis, homúnculos artificiales, pruebas patentadas de la existencia del Más Allá, comunidades humanas subacuáticas, deslizamientos de planos temporales y espaciales, un viaje al centro de la Tierra, un dios olvidado en un remoto desván entre las estrellas, una ‘road movie’ apocalíptica, o la aparición de nuevas lunas en el cielo.


-¿De dónde surgió su interés por la ciencia ficción y qué características diferenciales tienen estos relatos con respecto a los ‘leitmotivs’ del género?

Siempre me ha embelesado la música de las esferas, la astronomía, la astronáutica (quizá porque nací con la carrera espacial, en las mismas fechas en que Gagarin se elevaba sobre el planeta) y, además, la ciencia ficción forma parte indisoluble de la literatura imaginativa que practico, esa que permite suspender la incredulidad, forzando incluso aún más los límites hasta lo vertiginoso; por tanto, era inevitable que entre los centenares de relatos hayan germinado casi espontáneamente muchos de ficción más o menos científica. Como cada uno es un yo irrepetible, un universo con su propio espacio-tiempo, resulta lógico que la mía sea una ciencia ficción muy personal, con una impronta propia, que se abre no sólo a historias de alcance especulativo sino a perspectivas poéticas, metafísicas o satíricas. Tal vez en ellas haya un intento -seguro que inconsciente- de ampliar las expectativas estrechas que suelen tener los lectores acerca del género.


-A propósito de esto, ¿sigue siendo la ciencia ficción un género menospreciado en el ‘mainstream’ literario?

Me temo que sí, a pesar de la proliferación de obras y autores muy interesantes (Chiang, MacInnes, Cixin o Doctorow) y de su galopante hibridación con otros géneros, y es una verdadera lástima, porque la ciencia ficción, además de un sismograma del presente, puede ser también una búsqueda de sentido, una tormenta de ideas, una reflexión sobre lo humano y lo no humano, sobre cuál es nuestro lugar en el universo.


-¿Quiénes han sido sus referentes en el género?

Más que los autores de la Edad de Oro de la ciencia ficción, la más puramente científica y humanista de Asimov o Clarke, me ha interesado en especial el halo poético y romántico de Bradbury, los simulacros paranoides y realidades alteradas de Dick, lo residual humano en Ballard o la fusión de lo ético y lo grotesco en Lem. También disfruté enormemente las visiones peligrosas de Ellison y el bastardismo salvaje de Farmer. Imagino que en “Sideral” habrá algún eco de ellos, pero creo que estos relatos míos se alinean de forma mucho más orgánica con las geometrías insólitas de Kafka y de Borges y, sobre todo, con las alegorías irónicas, existenciales y fantásticas de Buzzati.


-Hay en estos relatos un cuidado del lenguaje no muy habitual en la ciencia ficción.

El esmero con la prosa es consustancial a mi labor creativa. En fin, ya sea frondoso o minimalista, el lenguaje -al menos en mi caso- es siempre el personaje principal. Y, por otro lado, siempre me ha fascinado el reto de describir poéticamente la astronomía, sus cuerpos, sus movimientos, sus magnitudes, de acercarse al sentido de las cosas y a su pasmosa fugacidad.


-¿Sirve la ciencia ficción para denunciar los excesos del progreso?

Por supuesto, y del peligro de hacerlo con secretismo. Se diría que flota la sensación de que realizar todo lo que permite la ciencia puede conducirnos al abismo. El ser humano ya ha pagado un alto precio por algunas utopías y comienza a pagarlo por algunas distopías, tras las que está el simple negocio. Apenas llevamos aquí 200.000 años y nos comportamos con una arrogancia suicida.


-La imaginación, en la ciencia ficción, ¿conviene embridarla o desbocarla? ¿Cómo le gustaría que acogiera el lector los relatos de “Sideral”?

Desde luego, la imaginación va mucho más deprisa que el cálculo, más que la luz irradiada desde las gigantescas antorchas de las estrellas. La definición de ciencia ficción es, en realidad, el arte de lo posible, de las ideas que no existen pero que lo pueden cambiar todo. En cuanto a la segunda cuestión, ojalá algunas de estas historias parezcan sacadas literalmente de otro planeta, flotar entre la realidad y el ensueño, entre el microcosmos y el macrocosmos. Ojalá renueven la capacidad de asombro del lector. Y no estaría mal que sirvieran, de paso, para enmendarle un poco la plana a la sugestiva frase de Éluard: “Hay otros mundos, pero no están sólo en este”.

Círculo Literario de La Zubia

La Zubia comienza a ser un centro magnético para la literatura. Este viernes, a las 20’00 h., se podrá comprobar en la deliciosamente singular Casa con Libros, durante la presentación del proyecto del Círculo Literario, que incluirá lectura abierta de sus miembros (de España, Chile, Puerto Rico y Argentina). 





domingo, 22 de septiembre de 2024

Mi prólogo de "Céfiro vuelve", de Lilian Cheruse, en el diario argentino Mirador



Mi prólogo de "Céfiro vuelve", de Lilian Cheruse, en el diario argentino Mirador:

<<Autora de dos volúmenes narrativos, “Lilian escribe” y “Vueltas locas”, y de dos obras de literatura infantil, “El cometa tiene un secreto” y “El avión celeste”, Lilian recoge ahora en “Céfiro vuelve” una nueva muestra, verdaderamente inspirada, de su talento para el relato. Pleno de variados registros y extensiones, nos reencontramos en este libro con el estilo cristalino, luminoso, tintineante, colorista y poético de Lilian, con sus imágenes genésicas o con su conmovedora sencillez, con sus infalibles toque de color local unas veces y exótico otras. En ocasiones, los textos toman prestado su material de la vida; otras, en cambio, lo toman del espejo empañado de la memoria, o de la historia, y del espejo sensual de la naturaleza.

Ante la imposibilidad de citar los numerosos relatos que componen el volumen, haré referencia a los que me han parecido más destacados: “Barranca arriba” tiene un equilibrio perfecto de los elementos poéticos y sensoriales, una sabia dosificación del tempo narrativo; es un texto precioso con un final perfecto, con su dosis de ambigüedad, de emoción contenida, con su proyección más allá de la historia. Un relato genial “Mi reino no es de este mundo”, con su sutil aroma a Denevi y a Buzzati, con todos los atributos del poder enumerados en el densamente trabado espacio del primer tramo; impresionante el parrafito final, y la conclusión contrastante, brutal y poética a la vez, tan liberadora. Excelente también “Alta mar en Pandemia”, cuya documentación para este cuaderno de bitácora proporciona una plena verosimilitud; la alternancia del avance del barco y de la pandemia, así como el paralelismo de los confinamientos, le dan vigor y profundidad a la narración, y una inquietante resonancia. “El canto del aire” es redondo, con un final sorpresivo pero de una coherencia absoluta, y su simbolismo encaja como un guante en la desasosegante y mustia época actual.

“El gato de los sueños” resulta muy colorista, brillante, casi ‘art déco’’, como una de las joyas diseñadas por René Lalique; las acciones en el sueño están integradas como muñecas rusas, y sus logradas sensaciones oníricas describen una especie de movimiento ondulante hasta el estupendo broche final. “El regreso de la barca”, tan plástico, posee una ambigüedad en el desarrollo que lo abre a distintas interpretaciones. En “Las llaves del reino” la autora sabe establecer, dosificar perfectamente la progresión y la complejidad psicológica de la situación y los personajes. Muy bien resuelto “El restaurador”, relato en la noble tradición fantástica del personaje misterioso y del objeto mágico. “La catedral sumergida” es un pequeño prodigio sensorial, colorista, musical, con ecos de Debussy y de Lord Dunsany. “Sombras de estanque” o el vértigo del dolor contado breve y limpiamente. “Revival de un mito”, una historia de amistad -o de amor- muy sensual sobre fondo onírico. “Ocho puntas”, otro texto de historias locales que se abre a inesperados puntos cardinales de la historia y la cultura. "La fuerza del débil" es claramente una ‘vendetta’ anunciada, y merecida, contra la condenada "cofradía" de los bancos, como muy bien la llama Lilian. “Del otro lado” habla de selvas, de colonos y civilizaciones perdidas, con su evocador hálito a Conrad.

También está el costumbrismo plástico y más narrativo de “Keops” y el costumbrismo vivísimo de “Aventura en Pecadores”; la riqueza expresiva del realista “Coto de caza”; el tapiz sensorial de “Hay nieblas en el cosmos”, con su lindo viaje en el tiempo; el vacío metafísico, casi sideral de la noche austral en “Larga noche”; o el exotismo a lo Schwob de “El pescador del Tigre”, facetado de detalles.

Mención aparte merecen microrrelatos como “Encantamiento”, una delicada filigrana, un fino bordado sentimental; “Caleidoscopio”, un texto hecho de impresiones, movimientos de cámara e imágenes; el micro poético “No existen cerrojos”; el estupendo microrrelato “Cortar por lo sano”, con la gradación perfecta de sus enunciados; el poético y a la vez concreto y detallista “Testigo en isla Mocha”, microrrelato atmosférico con final amplificador; o “Ese otro”, excelente micro sobre la fuerza de los anhelos (tener un hermano en este caso).

Y, para finalizar, un millón de gracias a la autora, a Lilian, por dedicarme “Gráfico de una leyenda” -hermoso pentagrama de conexiones en la distancia-, así como por sus sugestivas creaciones y por su entrañable amistad>>.


BIO

Lilian Haydée Cheruse:

Profesora en Letras, escritora y gestora cultural. Posgrado Internacional en Cultura y Comunicación (FLACSO). Ex Directora General de la Comisión de Cultura y Educación Concejo Municipal Rosario. Participación en programas radiales, televisivos y digital por medio de revistas, entrevistas y Canal TV + y eventos literarios. Recibió Diploma por labor cultural otorgó Movimiento Cultural Rosarino (2007). 2010, Diploma de Honor por labor Cultural e Interés Municipal del libro “Lilian Escribe”, por Concejo Municipal Rosario. 2019, Premio Madre Selva por Medios TV+ como escritora y aporte cultural. 2019 Interés Municipal por “Vueltas Locas”, narrativa y “El cometa tiene un secreto”, infantil. Autora de reseñas y prólogos. Ganadora 1 Concurso Infantil “Felices porque sí” con el cuento “El avión Celeste” (2021), Antología. Publicaciones digitales de Eos Villa Argentina e Internacionales. Publicó en mayo 2024 el libro “Céfiro Vuelve (microficciones) /La Mujer Azul” (Poemas).Autora de reseñas. Participa en Antologías internacionales. Asesora cultural de SADE San Pedro-Baradero y Miembro Concejo Asesor del Grupo Lectia/Arte y Cultura.




martes, 10 de septiembre de 2024

Mi reseña de "La Novena" de Miguel Arnas en la revista Quimera

Comparto, en el número de septiembre de la revista Quimera, mi reseña de otra extraordinaria muestra del poderío narrativo de Miguel Arnas: su última novela publicada “La Novena” (Ed. Nazarí).




<<OBSEQUIO PARA LOS DIOSES.


Miguel Arnas es nuestro Anthony Burgess. Caudalosos, prolíficos, totalizadores y grandes amantes de la música clásica, ambos han intentado integrar las estructuras musicales en la literatura. Si el autor de ‘La naranja mecánica’ acometió el reto en ‘Sinfonía napoleónica. Una novela en cuatro movimientos’, nuestro patafísico, nuestro catalán y granadino de adopción lo acaba de hacer con ‘La novena. Un trasunto de la Novena Sinfonía de Beethoven’, también en cuatro movimientos pero con mucho más: hay textos reflexivos que operan como puentes enlazando los temas familiares, musicales y literarios que se persiguen a sí mismos; hay interludios que revisitan la vida de esos músicos que, como el propio Beethoven, compusieron su ‘Novena Sinfonía’ y murieron; hay un riquísimo y peculiar vademécum con 39 (número cabalístico) personajes representativos a la vez que esquinados de Europa; y, entretanto, la narradora, cercada por la muerte, cuenta la vida y milagros de las familias López, Pedrosa y Rodero (a la que pertenece) a lo largo del inmoderado siglo XX español hasta bien entrado el XXI.

A excepción de sus poemarios en prosa ‘El árbol’ o ‘Piano en pájaro’, la narrativa de Miguel Arnas es por lo general dionisíaca (véanse si no esos impresionantes hitos, ‘La insigne chimenea’, ‘Nos’, ‘Lejos de todo esa gente con ideas’, ‘Ashaverus el libidinoso’ o ‘Ashaverus el creador’) un torrente que sin embargo arrastra de manera armoniosa -en ocasiones incluso sincopada- realismo, metafísica, escatología, psicologismo, historia e intrahistoria, poesía, experimentación o mitología. Entre las páginas de esta poderosa obra última aprendemos que la creación artística es heroica y viene del trabajo, y que son Beethoven, Schubert o Burgess (y añado a Arnas) quienes obsequian a los dioses con su fuego. Aprendemos, entre una profusa pero suculenta cornucopia de imágenes, asociaciones y conceptos, que los arces sonrojan el cielo, que la sorpresa es pajarera, que la ciencia es fe carboneril, que el olor de los perales en flor recuerda al de unas medias femeninas. Que el placer artístico es anomalía, y que nos ayuda a no morir de tanta realidad. Miguel, pletórico de recursos, de armonías, de acordes y desarrollos, arde una vez más en su zarza. Y el lector de La novena es arrebatado por la efervescencia de este juego imposible, de esta novela laberíntica dentro de la novela, de este puzle de múltiples piezas divisibles en otras más pequeñas, de esta música despiezada; es arrebatado por la música como morfina, como rapto, como resoplido de cetáceo, como elixir que inunda por dentro; es arrebatado por los cuatro movimientos de la sinfonía convertidos en capítulos: “lo heroico, lo orgiástico, lo bucólico con algo de marcha fúnebre, y por último, Europa, lo épico y lo anodino de este continente”.

Sí, cuando el arte es grande guía al hombre al firmamento. Sí, la música logra expresar lo inexpresable mejor que la palabra porque está más cerca del espíritu. Sí, la belleza es elixir que inunda por dentro. Sí, para aprender a escribir novelas quizá haya que escuchar con atención la ‘Novena Sinfonía’ el genial sordo de Bonn, y leer ‘La novena’ de Miguel Arnas>>.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Reseña de "Sideral" en Culturamas

Reseña de "Sideral" en Culturamas, por J. Antonio Tamez-Elizondo:




‘SIDERAL’, UN PEQUEÑO JARDÍN CÓSMICO
(J. Antonio Tamez-Elizondo)


<<Hace cosa de unos días —o al menos hace unos días al momento de escribir estas líneas— recibí por correo el volumen #1 de los relatos completos de J. G. Ballard. La edición suma más de 700 páginas, fue publicada por Harper Perennial en 2006, y parece aún más antigua de lo que es debido a los dobleces, cortes y manchas de tinta y café que se encuentran entre sus páginas. Marcas todas ellas de la arqueología del libro usado, dejadas ahí por un dueño anterior. Tal vez la misma persona quien me lo vendió por unas cuantas libras a través de un servicio por internet.

La historia viene a cuento y no es un simple detalle. La llegada del libro ocurrió tan solo una hora después de que concluyera mi lectura de ‘Sideral’, publicado este mismo año por Eolas Ediciones, y firmado por uno de los mejores representantes del relato corto en nuestro hemisferio lingüístico; Ángel Olgoso. Como ocurre siempre que termino con alguna de sus colecciones, mis sentimientos sobre lo recién leído eran fáciles de entender para mí, pero complicados de verbalizar para terceros. Ocurrió así que, al abrir el texto de Ballard por su primera página, la de la introducción escrita por él mismo, tuve la fortuna de toparme con lo que buscaba: “Curiosamente”, escribió el inglés, “existen muchos relatos cortos que son perfectos, pero no existe una sola novela que sea perfecta”.

Y qué cierta me parece esta sentencia. Pues lo que ocurre con ‘Sideral’ es que es una colección de gemas que son perfectas en virtud de su brevísima duración, ya que su brillo sería mucho más vaporoso si el número de palabras se hubiera inflamado e inflamado fuera de proporción. Difícil sería para una novela lograr el mismo efecto y tono que consiguen textos como ‘El calendario quimérico de lo que podía haber sido’, o ‘Las montañas flotantes de Plutón’. El primero, sobre un pequeño artefacto que permite apreciar todos los momentos de la vida que no ocurrieron. El segundo, una reflexión sobre la capacidad de la alta tecnología para el artificio. Ideas ricas en posibilidades que cualquier otro autor hubiera explorado en gruesos ladrillos de miles de palabras y cientos de páginas, pero que nuestro autor nativo de Granada logra en solo unas pocas líneas o en un puñado de páginas.

Muchas son las atmósferas y situaciones que se encuentran en las 51 estampas que construyen el paisaje de ‘Sideral’, pero todas se desarrollan dentro de una misma sensibilidad literaria. Esta es la segunda entrega que publica Eolas Ediciones en su gran proyecto por reunir en seis volúmenes toda la obra de ficción de Olgoso, cada uno ordenado alrededor de una idea o temática. El primero, ‘Bestiario’ (2022), sobre animales verdaderos y fantásticos. ‘Sideral’, por su parte, se enfoca en la ciencia ficción. O al menos así es como se lee en la contraportada, extraída de la introducción escrita por Juan Jacinto Muñoz-Rengel, la cual por sí misma ya vale el precio de admisión.

Decir que ‘Sideral’ es una antología de relatos de ciencia ficción es solo una manera de aproximarse a lo que en realidad se encuentra ahí dentro. Estos relatos son “ciencia ficción” tan solo en cuanto a la presencia en ellos de artefactos, ideas y decorados típicos del género: las naves espaciales, los viajes en el tiempo, la robótica, la mente de Dios. Sin embargo, las ficciones de Olgoso tienen más parentesco con las fantasías científicas de Italo Calvino, Bioy Casares, Ursula Le Guin y Ray Bradbury (y el propio Ballard), que con la ciencia ficción dura y ducha de Isaac Asimov, Arthur C. Clarke o Kim Stanley Robinson.

La diferencia entre unos y otros está en la manera de abordar al género. Mientras que los representantes de la ‘hard science fiction’, como los últimos, se interesan más en la posible veracidad científica y tecnológica de lo que escriben, los representantes de la ‘soft science fiction’, como los primeros, se interesan más en los aspectos psicológicos y filosóficos, por lo que no dan demasiada importancia a los mecanismos que posibilitan la ocurrencia de lo extraño. De esa forma, en ‘Los mil cerezos de Yoshitsune’, a Olgoso no le interesa saber cuál es el curioso fenómeno de la física que permite a Tanabe, un leñador de la era Kenji (1275-1278), aparecer de pronto en una época remota del futuro, sino hacernos pensar en las curiosas relaciones que vinculan hechos distantes en el tiempo. De igual manera, en ‘Lucernario’, tampoco le interesa comprender de qué forma es posible el roce entre universos paralelos, sino hablarnos de la muy extraña sensación que, de vez en cuando, nos invade al toparnos con algo por lo demás mundano, pero totalmente fuera de lugar. Algo de lo que es mejor guardar silencio, no sea que la gente piense que somos unos chiflados.

Como ocurre con cualquier autor que se tome su tiempo en desarrollar la propia voz, hay algo muy “olgosiano” en la prosa de Olgoso. Construidos con las pinzas del miniaturista, pero con la precisión de un reloj atómico, nadie confundirá un relato suyo con el de otro autor, aunque eso no significa que no se puedan hacer paralelos. En otros lugares y tiempos se le ha comparado con Borges, con Francisco Ferrer Lerín, con Cortázar, con Joan Perucho. Y con razón. Al igual que ellos, el suyo es un universo muy propio, muy personal. Uno en el que ha desarrollado una estética que no puede replicarse en otro sitio; rica en referentes, y sin otra pretensión que no sea la del buen narrar. Se lo lee por sus argumentos y sus tramas, pero también por su manejo de la prosa. Por sus atmósferas barrocas y situaciones fuera de lo común. Por la manera cómo juega con las palabras. Más que a cualquiera de los autores mencionados antes, hay algo en él que me recuerda mucho a la finlandesa Leena Krohn, quien por desgracia no ha visto mucha traducción en nuestra lengua, pero que comparte con Olgoso la exactitud de las palabras y una sensibilidad muy particular por lo fantástico.

Los textos se leen fácil y se concluyen en cosa de minutos. Algunos de ellos, como ‘El bucle’, son brevísimas variaciones muy originales sobre lugares comunes (el viaje en el tiempo). Otros, como ‘Prodigio austral’ y ‘El manuscrito de Argyll Moor’, remiten a las aventuras de los padres del género, como H. G. Wells o Julio Verne, pero con algún pequeño giro moderno. Luego están los relatos que se encuentran en un limbo curioso, ciudadanos únicos de un mundo fantástico propio.

‘Sideral’, junto con ‘Bestiario’, pertenece a la colección “Las puertas de lo posible”, con la que Eolas da espacio a la difusión del género fantástico en nuestra lengua. Es muy bueno saber que, entre sus proyectos, se encuentra el darle un hogar definitivo a la obra completa de Ángel Olgoso, la cual se encuentra dispersa en diversas colecciones, algunas de ellas difíciles de encontrar. Ahora solo queda esperar los siguientes cuatro tomos>>.

domingo, 21 de julio de 2024

Carta al Director de Ideal por Miguel Mochón

Hace veinte años el pintor iconoclasta y patafísico Miguel Mochón de la Torre envió esta carta al director del diario Ideal.



jueves, 18 de julio de 2024

LITPRAX

“Literatura en práctica: Retos profesionales de lectura, traducción y edición en la era digital” (LITPRAX) es un proyecto de un equipo de docentes e investigadores procedentes de cuatro países, Eslovenia, Rumanía, Serbia y España, para contribuir a la formación de unos lectores más avezados y más exigentes. El Manual y cuaderno de actividades LITPRAX está organizado en dos grandes bloques: un panorama de la literatura escrita en español en el siglo XXI y un cuaderno de actividades destinadas a inspirar un acercamiento práctico al estudio de la literatura.
    En sus casi mil páginas comparecen textos -y comentarios sobre los mismos- de Enrique Vila-Matas, Eduardo Halfon, Laura Restrepo, Pablo Katchadjian, Agustín Fernández Mallo, Gioconda Belli, Alejandro Zambra, Edmundo Paz Soldán, Samantha Schweblin, Mario Levrero, Angélica Liddell, Danna Chaviano o Juan Mayorga.
    Mi relato “Lucernario” cuenta con una introducción de Bojana Kovačević Petrović, profesora titular de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Novi Sad (Serbia) y gerente del Centro Iberoamericano. Ha traducido más de 30 libros del español al serbio, ha escrito más de 50 artículos académicos y en 2022 ha sido condecorada con la Orden de Isabel la Católica por sus méritos.



Ángel Olgoso: “Lucernario” (2007)

    El escritor español Ángel Olgoso (Cúllar Vega, Granada, 1961), autor de más de una decena de libros de cuentos y microrrelatos, explica en una entrevista su atracción por la prosa fantástica en estos términos:“A mí, por lo menos, la realidad me parece insuficiente, lo cotidiano me resulta banal, casi siempre sórdido y en ocasiones terrorífico […] Mi forma de luchar contra la tiranía de lo real es intentar alcanzar lo ‘otro’, lo que está más allá de nuestro alcance y de las limitaciones del espacio y el tiempo, mediante ensoñaciones y especulaciones que dejen al descubierto lo que no es obvio, lo que se oculta bajo la fina película de la realidad” (Marques Viana Ferreira, 2013: 248-249). La in-satisfacción ante la realidad pedestre acerca pues a Olgoso a una pos-tura con raíces en el romanticismo que caracteriza en su conjunto una Alta Modernidad abrumada por el horror ante lo previsible, lo aburrido y lo repetitivo. Se trata de lo que el poeta francés Charles Baudelaire llamaba “l’ennui” (tedio), revelándolo como una categoría existencial fundamental y que en la literatura en español se ilustra de la forma más patente en la concepción del escritor argentino Julio Cortázar de una realidad esquemática en la cual es preciso encontrar “huecos para entrever algo menos insoportable que todo lo que cotidianamente sopor-tamos” (1998: 11). Para Cortázar, lo fantástico es, evidentemente, una de las principales vías de salirse de una cotidianeidad común y predecible, y por el mismo derrotero avanza Ángel Olgoso.El cuento “Lucernario”, del libro distinguido con el Premio Internacional de Terror Villa de Maracena Los demonios del lugar (2007), permite una lectura en la mencionada línea cortazariana de resistencia por lo fantástico ante una realidad banal, al presentar a un personaje común, satisfecho con una vida carente de grandes ambiciones fuera del plano material, que tiene una experiencia de índole sobrenatural cuando ve en el cielo tres fascinantes lunas en vez del conocido único satélite de nuestro planeta. El objeto que desencadena esta visión no es de tipo mágico, tratándose, al parecer, de sus gafas cotidianas, pero la perspectiva que le abre es tan sobrecogedora que le hace tomar conciencia de su clara inautenticidad (“leí la tarjeta impresa con mis falsas credenciales como si no me reconociera en ella”) y lo transforma para siempre. Es preciso observar que en la preparación de esta epifanía existen múltiples referencias a los relojes: por un lado, la prodigiosa obra maestra de relojería encargada por María Antonieta,que es el móvil material de su viaje a Graz; por otro lado, los relojes hidráulicos en que reconoce una metáfora de su propia vida mecánica, de “hedonista inconmovible”. La contemplación del cielo poblado por tres fascinantes lunas arranca al personaje de una vida ritmada por los relojes ordinarios, le ofrece una experiencia fuera del tiempo (emparentada de cierta forma con la visión del aleph borgeano) y le hace todavía más insoportable “la amargura de no volver a contemplar jamás otra luna distinta de nuestro solitario, momificado y pueril satélite”. La incursión fantástica en un universo alternativo –en este caso, de una in-comparable belleza– impugna una concepción estática, unívoca, sobre la realidad, pero también afianza la nostalgia por las realidades alternativas vislumbradas en unos momentos únicos de transportación milagrosa. En otras palabras, el aburrimiento que provoca un mundo presentado por la razón como inalterable se transforma en una honda desesperación cuando, por medio de lo fantástico, se descubre que este carácter inalterable es inequívocamente falso, pero que las vías de acceder a la verdadera realidad quedan para siempre cerradas.

(Bojana Kovačević Petrović)




domingo, 14 de julio de 2024

Entrevista en Sexto Continente sobre "Sideral"

Miguel Ángel de Rus me entrevista acerca de "Sideral" en su programa Sexto Continente, el café literario de Radio Exterior de España. 

<<Comenzamos Sexto Continente con relatos de ciencia ficción y uno de los grandes autores de relatos de la actualidad: Ángel Olgoso, que publica “Sideral” en Eolas. Es el segundo volumen de sus relatos completos y están unidos por su temática. Para indagar en los antecedentes de la imaginación extraterrestre de Ángel Olgoso, en su forma de soñar, cósmica, lúdica, preciosista, a veces macabra, habríamos de revertir toda la historia de la civilización, abrir nuestra mente y desprendernos de los rigurosos esquemas del género fantástico. Encontramos en su obra, donde los robots se pueden enamorar, un pálpito, un escalofrío, una conmoción, un diminuto seísmo. Para Olgoso la realidad no es lo que perciben nuestros sentidos>>.







jueves, 11 de julio de 2024

Reseña de "Nos tragará el silencio"

Mi reseña (un poco a destiempo) de un libro y de un amigo extraordinarios: “Nos tragará el silencio” y Miguel A. Zapata. En la revista Kopek.


CÁRCEL INVISIBLE


“Nos tragará el silencio” (Ed. Baile del Sol), de Miguel A. Zapata (Granada, 1974), es una de esas novelas totales y ambiciosas que justifican toda la obra de un autor. Una ‘ucronía que es a la vez fábula y ensayo y documento confesional’, una alegoría que muestra la desolación y la pesadilla en que ya estamos instalados, la degeneración de la existencia global, el cansancio propio de los roedores enjaulados. Nos encontramos ante un híbrido poderosamente desarrollado, ante un apabullante fractal que se multiplica en sus páginas como La Hiedra -ese enemigo difuso del que formamos parte, que crece y fagocita todo a su alrededor-, ante un volumen proteico a la vez denso y sincopado, administrativo y conversacional. Porque el autor se hace el encontradizo con el lenguaje arduo de cualquier informe funcionarial, antropológico o sociopolítico y, sin embargo, no puede evitar insuflarle vida, descreimiento, fluidez, complejidad, mala leche. Estamos ante un libro kafkiano y orwelliano, pero mucho más fresco y ágil: es como leer “El castillo” o “El proceso” y toparse de pronto con la línea de una canción en inglés, con un listado bibliográfico o con expresiones como ‘posmillennial’, ‘bombástico’, ‘compadre’, ‘orgásmico’ o ‘de puta madre’. A veces incluso parece que estemos leyendo a Boris Vian: ‘Traguito de regaliz’, ‘jodido sol’, ‘vodka rudo’ o ‘follan con ánimo estatuario’. Miguel A. Zapata continúa con la creatividad tipográfica marca de la casa (aunque más atenuada que en “Las manos”), con onomatopeyas (‘pfff’, ‘bip, bip. bep’, ‘blablablaetcétera’) que le prestan su viveza al discurso, y con toneladas de siglas, de fichas de trabajo, de Perfiles Cívicos y Certificados de Idoneidad. Pero es que “Nos tragará el silencio” no es producto de ‘un checo alegórico y neurasténico’, sino de un granadino ingenioso, imaginativo y vitriólico trasplantado a Madrid.

Tras leer las casi quinientas páginas de la novela, sentí que el corazón de esta distopía reside en la idea de Swedenborg según la cual un error de los condenados al infierno es creerse en el paraíso. Y eso, en efecto, es La Hiedra, un Estado intangible y ubicuo que muta, absorbe y desactiva, un sistema perfecto de obsolescencia ideológica que devora el idealismo de revolucionarios y reaccionarios, donde la burocracia se confunde con la vida, donde se finge una doctrina para acabar con las doctrinas, y donde la aparente descentralización administrativa esconde una profunda centralización. Los humanos desconocemos por lo general la farsa de la historia, al igual que las piezas que se van añadiendo una a una a La Hiedra permanecen incorpóreas e inasibles. ‘Se acabaron los cambios: somos la Antihistoria’, ‘No solo de Historia reduccionista y Lengua selectiva viven el hombre y la mujer’, ‘Puede una planta crecer sin que nadie consiga afirmar la existencia de esa planta’, ‘El destino humano es una mezcla de azar, voluntad e iniquidad del sistema’. A La Hiedra, ese Estado con las características propias de cualquier democracia contemporánea, enemigo de la algarada, y que ni quita ni otorga la libertad, no le interesa algo tan arcaico como el pensamiento único o el control de la información, sino el silencio a través del ruido multiplicado de los dispositivos y, con él, el vacío. La Hiedra ofrece un pragmatismo absoluto, una cínica flexibilidad, un utilitarismo perverso que da sentido a la inercia de toda la ciudadanía, a una ‘middle-class’ de cartón, ‘dejando que cada uno elija su forma de libertad y su condena y el grado que adquieren estas, porque la merma de libertad no siempre significa presidio ni agravio’. Su nacimiento proviene de EGONO, anagrama de Elegimos Gobernar Nosotros, antiguo partido que dio vida al Ministerio de la Centralidad, a una estructura estatal ambigua y no obstante poblada de Secciones Periféricas, Módulos de Superficie y Módulos Subterráneos, Consignadores y Agentes de Control Interno, Unidades Pedagógicas de Regeneración.

Novela colectiva escrita en primera persona en El Buche del Lobo, en los dominios de La Hiedra, “Nos tragará el silencio” resulta como mínimo el equivalente patrio de “Nosotros”, una impresionante puesta al día de la novela distópica publicada en 1920 por Evgueni Zamiatin. También un hito insoslayable de la literatura más vigorosa y renovadora del siglo XXI en castellano (que forma parte además de su ciclo de novelas sobre la degradación de nuestra cultura, junto con “Las manos” y “Arquitectura secreta de las ruinas”). Y, sobre todo, una prueba del asombroso talento de Miguel A. Zapata, capaz de levantar esta proeza hecha de elementos heterogéneos amalgamados a la perfección entre sus nutridas páginas (los despachos, el subsuelo, la cosmética programática, la naturaleza de los símbolos y del lenguaje), capaz de demostrar literalmente la sugestiva pintada que aparece en un baño de profesores: ‘Nadie te ha robado la libertad si no notas su pérdida’.



lunes, 10 de junio de 2024

Relato en en monográfico sobre faros de la revista Litoral

Feliz por esta contribución al último número de la revista Litoral, un espléndido monográfico sobre los faros. Y además haciendo compañía a Carlos Edmundo de Ory, al que en su momento tuve el honor de otorgar el II Premio Internacional A. F. Molina al Espíritu Patafísico. Os dejo con mi viejo relato (lo escribí hace casi cuarenta años).







BIOMÓRFICO CANAL TRECE


    El farero se pasó los dedos por los labios: necesitaba un trago. Se sirvió ginebra rebajada con agua y volvió a echarse lánguidamente en la mecedora, frente al televisor encendido. Había permanecido así casi toda la noche, como todas las noches anteriores desde que se hizo cargo del puesto, las pupilas inmóviles, fijas, plegadas en su cautiverio de anodinos programas y pésimo cine, pugnando por evitar los insoportables clavos con que la monotonía remachaba insistente sus horas. El último farero, flemático y experimentado noctámbulo, le previno que nunca desconectara el aparato y, aunque el no desoyó el consejo, optaba simultáneamente por otras acciones para contener esa soledad infinita que se filtraba a través de cada poro: seguir el acrobático vuelo de una mosca, fumar hasta desbordar el cenicero, acodarse en el frío de la barandilla exterior y pensar en Irene o contemplar la líquida desolación que se extiende hasta la línea del continente africano, mar velado esta noche por una gélida y profunda niebla y escarpado por un violento oleaje. Hacía meses que el farero no veía a Irene, ni sabía nada de ella. Le asaltó una idea subyugadora. Se acercó a la mesa, abrió el cajón donde guardaba los prismáticos, la brújula, los Alka-Seltzer y los cigarrillos, y arrancó tres hojas en blanco del cuaderno de notas en que consignaba la memoria semanal: le escribiría una carta. Distraídamente, con el aire decidido que le procuraba su nueva y salvadora ocupación -aunque sintiendo de forma vaga la profanación de una costumbre, la violación de una regla no escrita-, el farero apagó el televisor, desconectó el cuadrado azul y electrificado del televisor, del Ojo Único, de la Luz Que Guía En La Oscuridad.

    Esa noche, desamparados y ciegos en mitad de la niebla marina, después de hacer crujir sus cascos en inútiles virajes, los barcos se estrellaron contra los furiosos rompientes de la costa, y las borboteantes esquirlas de espuma no hallaron entre las olas el tembloroso destello con el que siempre jugaban.

viernes, 17 de mayo de 2024

Reseña de "Sideral" en Quimera

Mil gracias a José Abad por su estupenda reseña de “Sideral” (Eolas) publicada en el último número de Quimera.





CAOS VERSUS COSMOS
Por José Abad


<<La fantasía no es una sola, sino múltiple, y cualquier intento de clasificación con pretensiones de exhaustividad está condenado al fracaso. Así y todo, en “La infancia recuperada”, Fernando Savater propuso una distinción aceptablemente funcional entre ‘fantasías blandas’ y ‘fantasías duras’, sirviéndose de un par de adjetivos que tal vez llamen a engaño. (Tengo que aclarar que estos empeños taxonómicos responden al deseo de entender mejor el género, no con el fin de establecer jerarquías; tan odiosas, siempre). ¿Qué las diferencia? En las llamadas ‘fantasía blandas’ puede suceder absolutamente cualquier cosa -”todo es posible menos el orden”, escribe Savater- pues todo depende del temperamento o la imaginación del soñador; en las ‘fantasías duras’, en cambio lo extraordinario se cimenta en unas reglas fijadas por el autor que, dentro de la ficción, adquieren el rango de verdad inamovible; el soñador se autoimpone unos límites que no osa franquear. Personalmente, diría que Ángel Olgoso prefiere la alegre compañía del primer grupo, porque desconfía del segundo.

En una preciosa pieza incluida en “Sideral” intuimos el porqué de esta predilección: en “Geometría”, el prisionero encerrado en un calabozo triangular sufre el cruel diseño de un castigo exacto, mesurado, matemático. Las frías disposiciones de lo racional parecen ideadas para menoscabar la libertad del individuo. “El borde de la luz”, por su parte, invita a sospechar de ese orden que asociamos insensatamente a la idea de perfección: tenemos a un hombre sentado en un promontorio ante una idílica estampa marina: el sol, unas gaviotas en el cielo, la piel del mar delante y un bosque no muy lejos, “todo es amarillo y azul y eterno”, afirma el narrador, antes de confesar: “Pero bastaría mirar atentamente cualquiera de los detalles que esta escena acota para desconfiar, para advertir en ella algo inquietante, artificial, regido por una excesiva perfección”. La realidad como espejismo o simulacro recorre este volumen. En otro relato magnífico, uno de mis preferidos, “Contraviaje”, Olgoso contrata a dos operarios para que desmonten, poco a poco, uno a uno, los paneles del mundo circundante, que ocultan la nada más absoluta. No hay certezas. “La única certeza es el miedo”, afirmaba el narrador de “El borde de la luz”.

La idea de que en las ficciones olgosianas “todo es posible menos el orden” tiene una base epistemológica. Sus historias responden a la convicción de que el Cosmos es únicamente otra máscara del Caos, de ahí su preferencia por las fantasías desbocadas o -como él las llamó en un relato no incluido en este volumen, “Gabinete de maravillas”- fantasías infundadas. Para Olgoso, la fantasía es un modo oblicuo de acercarnos al despeñadero de la existencia; en algunos relatos sentimos sus manos en nuestra espalda y el impulso irrefrenable de empujarnos abajo, como en “Lucernario”, en el cual el circunspecto protagonista, de vuelta al hotel ya de noche, descubre tres lunas en el cielo; o en “Anomalía”, en el que, al salir de cortarse el pelo, un tipo corriente y moliente descubre que el mundo ha desaparecido y, en su lugar, “hay una neblina que tiene la viscosidad de la miel”. Estas ficciones son desafíos a nuestra inteligencia que nos sacan de nuestra zona de confort y nos abandonan a la intemperie. Se equivoca quien vea la fantasía como una mera evasión de la realidad. La fantasía es una invasión, en realidad; una horda bárbara que arremete furiosamente contra nuestras defensas e irrumpe en nuestras vidas al grito de: ¡Rendíos! Y no queda otra: nos rendimos>>.